La Fragilidad de la Flor Lunar

Castaño: Hazme Justicia

Estaba acostumbrado a verla todos los días, puntualmente en la montaña atendiendo las flores. Ciertamente nunca imaginó verla en su propio departamento, aquel al que se había mudado hacía solo dos días, apenas más grande que el anterior, allí sentada en el suelo a un metro de su cama en la posición senza que acostumbraba usar desde que la había visto dos meses atrás por primera vez.

Para gusto o disgusto, de todas formas, había despertado para ver a la otra jonin sentada en el suelo dentro de su rango de visión, cosa bastante escalofriante de por si, como buen shinobi solía dormir con un ojo abierto por lo que no era fácil superar las trampas de su departamento y además sobrepasar su sentido del peligro.

O quizá era eso lo que le despertó ya que el sol no parecía aún terminar de salir en el horizonte, tiñendo el cielo en rosados sutiles y un lila vespertino.

Apenas notó que Sakura no se había movido ni un centímetro desde que había despertado, quieta y sin expresión como todas las tardes cuando iba a visitarla, solo parecía moverse estrictamente para respirar y para ello estaba usando una respiración superficial que hacía parecer que su pecho no se movía realmente. Con algo de curiosidad se giró para sentarse en la cama frente a ella que aun no levantaba la mirada para encontrarse con sus ojos, ni siquiera parecía interesada en ver si estaba su máscara puesta, que de hecho, no la tenía, aunque como una gracia hizo que las sábanas se pegaran a su piel para no dejarlo expuesto.

Casi esperaba el sonido frustrado de la Jonin, pero se decepcionó al notar que no le estaba mirando, causando que dejara el juego con la sábana y sin molestarse en apurarse se colocara la máscara fukumen viendo que había perdido toda gracia el secreto frente a alguien que no lo consideraba importante.

"Sakura-chan... ¿alguna razón para estar tan temprano en mi casa?" Preguntó finalmente, leyendo 6:23am en el reloj de su mesa de luz.

"Venía a pedirle algo importante." Al decir eso llamó su atención, borrando todas las otras distracciones para enfocarse en la chica frente a él.

"¿Pedirme algo?" Repitió como solía hacer cuando necesitaba que elaborara más su oración.

Esta vez, sin embargo, no elaboró con palabras, si no que sus ojos, más muertos que lo habitual, se posaron en un estante frente a su cama. Aunque quisiera decir que no entendía lo que quería decir, en ese instante lo supo perfectamente al seguir esa línea directa al objeto en cuestión antes de regresar a ella la mirada.

"Estoy dispuesta a pagar por él de la forma en que considere necesario."

Por una vez la observó detenidamente, esa forma en que no lo había hecho al despertar, y un escalofrío recorrió su espalda, era algo que no esperaba y que parecía tan... mal, mal en tantos niveles diferentes, el hecho de que un hormigueo recorriera bajo su piel al verla solo lo empeoraba sintiéndose asqueado de si mismo al considerar algo así.

Y es que delante suyo, Sakura-chan, su alumna genin, se encontraba sentada con un kimono que dejaba ver sus hombros, un kimono de pocas capas, negro con vivos rojos llamativos, el labio inferior pintado de un rojo intenso y principalmente, el obi de ese extraño kimono se encontraba atado delante, cosa que solo podía significar dos cosas...

Viendo que en su mano solo perduraba el anillo que él mismo le había regalado hacía poco, no creía que un marido le estuviera esperando en la casa.

"Sakura-chan..." Se frotó el rostro tratando de olvidar lo que estaba viendo o deseando que fuera su imaginación, su alumna le estaba ofreciendo servicio sexual a cambio de la espada que perteneció a su padre. "¿Por que haces esto?"

"Konohamaru la necesita." Fue la respuesta rápida y desapacionada. "Si desea puedo usar un Henge, solo me debe decir que..."

"No." Interrumpió antes de tener que escuchar lo que ella quisiera decir, efectivamente llamando al silencio. "Es muy temprano para esto." Agregó dejándose caer nuevamente en la cama, un brazo tapando sus ojos mientras el otro llamaba a la chica a que se acercara, la cual con una expresión confusa obedeció hasta sentarse en el suelo pegada a la cama y observándolo fijamente, esperando la respuesta de ella.

Claro que no esperó que él tomara la mano, su cuerpo entrenado no reaccionó a su accionar, pero si lo hizo su mente a las palabras de él que con cuidado entrelazó sus dedos aun sin mirarla.

"Llevatela, no importa, pero no vuelvas a hacer esto." Apenas movió la cabeza para verla. "No sé en que piensas, Sakura, no sé que te hicieron, pero... no debes venderte para pedirme algo a mi, ¿comprendes?" Esa reacción confusa era tan adorable como exasperante, los ojos verdes perdidos, la inclinación de la cabeza y el cabello rebelde que caía por el hombro en ese gesto hecho para seducir deliberadamente.

"Sensei, pero... usted no usa los servicios que ofrecemos en los cuarteles. ¿Acaso su novia se enojaría?" Preguntó como si esa fuera la única explicación que se podía dar a su rechazo, lo cual causó unas risas ahogadas y una negación rotunda. Si, los cuarteles ANBU tenían servicio de prostitutas disponible ya que la mayor parte de los miembros no tenían vida fuera del cuartel y se consideraba una necesidad primigenia lo de tratar de reproducirse. Sabía perfectamente que aunque ya no fuera un ANBU activo la mayor parte del tiempo era capaz de acceder a los servicios. Personalmente los rechazaba porque no le gustaba la idea de pensar en estar con alguien con un turno que tiene principio y fin, para eso prefería buscar a una mujer sin ánimo de enlaces permanentes que no le importara que esto fuera un arreglo de una noche y disfrutar de lo ofrecido sin ataduras. No que tuviera realmente ánimo de esas cosas la mayor parte del tiempo, realmente prefería su novela romántica de escandaloso contenido sexual... al menos hasta que sus caminos volvieron a cruzarse.

"Escúchame bien, si algo pasa, si en algún momento se da que estamos en la misma página y algo debe pasar..." Por un momento frunció el ceño, perdiendo de golpe la diversión con la que hablaba antes, y es que hacía unos meses jamás hubiera considerado posible estar con alguien de la edad de sus alumnos, eran 14 años de diferencia casi. A sus ojos ellos carecían de la madurez física y mental como para poder estar a la par, no podría nunca verse al lado de alguien que no entendiera del todo su vida y su pasado, pero las cosas habían cambiado; no, no se veía teniendo una vida junto a alguien como la chica Yamanaka, la hija de Inoichi, o con la hija de Hiashi, carecían lo que a Sakura ahora le sobraba, experiencia. "... será porque lo deseamos ambos y no por obligación." Aclaró finalmente, apretando un poco sus manos unidas para que ella lo mirara directo. "No soy ellos, no voy a hacerte daño y no usaré tu cuerpo para mi beneficio."

Quería decir más, jurarle que hasta que no fuera mayor no la tocaría de una forma indecente y que nadie la lastimaría, quería jurar que en el momento que ella fuera suya nadie más la vería como lo que era, una prostituta glorificada en nombre del poder político y militar de la aldea. No pudo hablar más, sabía que todas esas eran palabras vacías, todas esas promesas que desearía poder hacerle estaban fuera de su rango, porque en el momento en que saliera de su departamento ella volvía a estar en manos y a disposición de los ancianos.

Apenas sintió el movimiento de ella al lentamente ponerse de pie observándole como si aun no terminara de comprender lo que decía, los dedos de la mano libre de ella acercándose a la frente de él, dibujando allí como si escribiera.

"Tranquila, sé que esperas a Sasuke..."

"Yo no espero a Sasuke-kun." Nuevamente se congeló, sintiendo su corazón helarse con ¿esperanza? Era algo lejano, pero realmente esa pequeña chispa estaba allí. "Ya deberías saber que 'Sasuke-kun' no existe." Agregó con ese gesto desdeñoso que a veces aparecía en su rostro cuando la gente que no conocía se le acercaba demasiado en los meses que llevaban del reencuentro.

"Entonces, ¿qué llamarías a Uchiha Sasuke?" Preguntó con algo de diversión pero solo consiguió una mirada que parecía preguntar si estaba de tonto, alegrando su mañana al notar que ella comenzaba a recobrar la vida que había ganado en el último tiempo y que parecía haber sido absorbida por la oscuridad de su habitación en el momento en que despertó. "Si esperas que me cambie podemos ir al café de en frente a desayunar." Agregó en invitación solo para retroceder unos pasos en su progreso cuando ella separó sus manos y dio dos pasos al estante sin seguir viéndolo.

"Lo siento, debo marcharme." Sonaba un poco absurdo considerando que hasta hace unos instantes la joven ofrecía servicios sexuales y esperaba que no hubiera pensado que él con solo 5 minutos de coito estaría satisfecho.

"¿Aun no ves a los chicos de tu generación?" Preguntó con un tono preocupado.

"Apuesto que son buenos shinobis si todos son chunin ya, no es a ellos que no quiero verlos." Lo observó sobre su hombro antes de tomar el tanto que había pertenecido a Hatake Sakumo para luego desaparecer con una diminuta nube de humo.

'No es a ellos' podía implicar muchas cosas, pero tras la demostración de esa mañana sabía que no era 'ellos', eran 'ellas' el problema. Envidia, Sakura envidiaba a las mujeres shinobi, porque estas no conocían la verdadera extensión de la palabra kunoichi, todas eran onashinobi en realidad por muy liberal que fuera el uso del término kunoichi, eran fuertes guerreras que disfrutaban siendo acariciadas por el sol y los halagos abiertos de los civiles de la ciudad, no se habían ensuciado tanto las manos...

Después de todo, Sakura llevaba un rango que superaba las 30 muertes mensuales de las formas más rastreras y engañosas de todas.


"¿Sensei?" Konohamaru se encontraba perdido, había sido citado una hora antes que sus compañeros por su taicho en el viejo puente rojo al cual llamaba con algo de cariño 'Puente Nana'.

Sinceramente estaba confundido, estaba seguro que su capitán iba a ser Ebisu-oji, pero de repente, de la nada, apareció la chica que supuestamente estaba muerta o perdida luego de que Naruto-Onīchan se fuera a entrenar con el viejo de cabello blanco, el alumno del abuelo Hiruzen, pero no estaba muerta evidentemente.

Aunque ahora daba miedo, era como si su sonrisa estuviera rota. Recordaba verla sonreír cuando era pequeño, pero ya no lo hacía y eso daba miedo. Pero aun así, todos los días llegaba antes que todos ellos y se quedaba leyendo en algún rincón hasta que lograban encontrarla para luego entrenarlos, tras almorzar solían hacer un par de misiones de rango D antes de que ella se fuera a la roca Hokage mientras les dejaba terminar alguna misión.

El día anterior habían ido a tomar las medidas para armas, habían encontrado un Gusen de hierro de tamaño medio para Moegi, este tenía el tamaño de su antebrazo así que podría usarlo como escudo de ser necesario, Sakura-sensei dijo que cuando lo manejara bien le enseñaría con los Tessen, más resistentes y pesados pero que con sus dibujos servían para enlazar genjutsu menor. Udon, por lo que dijo, iba a pasar por un periodo de prueba ya que por su decisión de ser médico necesitaba un arma que le diera distancia y ventaja a la hora de evitar heridas. Él había visto una ninjato, sin embargo ella en cuanto vio su elección lo observó de forma pensativa antes de indicar que ella tenía el arma indicada para él, pero que recién hoy se la podría dar.

Así que en el pasto, junto al puente que sobrepasaba el arroyuelo la encontró arrodillada frente a un Tanto, cabeza baja y manos en posición de oración para rendirle sus respetos.

"Konohamaru-chan." Lo llamó aun antes de que este pudiera avisarle de su presencia por lo que solo corrió para quedar sentado frente a ella, el filo envainado entre ellos. "Te presento el legado de Hatake Sakumo, la Espada Chakra de Luz Blanca, Hakko Chakura Tō."

Los ojos bajaron al arma con curiosidad infantil, viendo como la mano de la maestra desenvainaba causando un destello blanco del metal que comenzaba a alimentarse del chakra de ella.

"Esta espada posee lo que quiero que representes y lo que no quiero que seas." Explicó apacible mientras tomaba con su otra mano el filo de la espada, causando que la sangre marcara el filo, como un rito, tomó una tela blanca y limpió el metal antes de enfundar y extendersela. "Todo jonin al tomar un equipo genin debe hacer un juramento, cuidar, proteger, nutrir y respetar. De la misma forma en que presentaré a Moegi y Udon sus armas, te entrego este arma a ti en muestra de mi compromiso para contigo."

Cuando llegó no esperaba algo como esto, haciendo que se congelara ante ella un momento, un ligero sudor frío escurriendo por su frente. Este era un rito algo antiguo, no tan diferente al que tenían los clanes Akimichi, Yamanaka y Nara con los aros que representaban su infancia en los rangos genin hasta que se convertían en chunin. Realmente debería haber prestado atención al abuelo Hiruzen. De hecho, este rito no lo practicaba nadie, era un reconocimiento de adultez cuando aun los rangos no existían. Estaba reconociendo que era lo suficientemente fuerte como para unirse a la guerra y morir en ella.

Se rascó la cabeza en un gesto que recordaba a Naruto, observando la espada corta que le estaba siendo ofrecida, incómodo ante la responsabilidad. Era lo que siempre quiso, ser reconocido por su propia fuerza y no por ser el nieto del tercer Hokage.

"Esta espada perteneció a Hatake Sakumo, primero y posteriormente a su hijo, mi jonin-sensei, pero no es el legado de Kakashi-sensei el que quiero para ti. Sakumo, era un hombre fuerte como ninja, fuerte en sus convicciones pero débil de corazón." Explicó posando la espada sobre sus dos manos para que la tomara, cosa que esta vez obedeció con un pequeño titubeo. "Hatake-sama tuvo en sus manos una misión importante, tan importante que podría haber inclinado la segunda guerra a favor de Konoha, tan significante que los ninjas de Sunagakure formaron un plan para sacarlo del paso. Fue emboscado y su equipo decimado a la mitad. Con dos opciones entre manos en lugar de seguir delante y cumplir su misión la canceló, retrocedió para salvar a su equipo, prefirió la vida de sus amigos antes que los honores de un héroe."

El rostro de él no podía esconder la fascinación ante la idea del arma de alguien tan importante, pero las manos de ella cubrieron las de él firmemente para poder continuar su historia.

"Todos salvo tu abuelo recriminaron el deshonor de prolongar la guerra, el apellido Hatake pasó a ser un nombre al cual se le veía mal, esto fue una carga inmensa para él, su desgracia seguía a su hijo, un niño con el potencial de un prodigio, pero alegre y normal que iniciaba la academia recién. Esta carga lo llevó a cometer suicidio." Acabó finalmente mirando fijo a Konohamaru para que entendiera que eso era lo que no deseaba que repitiera. "No fue capaz de confiar en la fuerza de su hijo o el deshonor, las muertes que su deseo de proteger causó. Así que unas semanas después de regresar de su última misión y habiendo perdido gran parte de sus habilidades se suicidó usando venenos. Encontraron su cuerpo caído y a su hijo a su lado."

Se mordió los labios conteniendo el deseo de llorar como un niño y gritarle que era injusto que le diera ese legado, preguntarle por que a él y no a Udon.

"Hatake Sakumo era un héroe de verdad." Concluyó ella. "Era de esos héroes que en silencio salvan vidas, un verdadero héroe de la aldea, alguien que trabaja con la voluntad de fuego latiendo en su corazón. El Colmillo Blanco de Konoha." Declaró finalmente al soltar el legado para ponerse de pie y retroceder, dejando que el chico quedara pensando allí. "Él protegió a las personas que quería, los habitantes de Konoha, con esa espada, ¿Que protegerás tu?"


"Konohamaru-kun aun no sale del campo de entrenamiento." Mencionó horas más tarde al dejarse caer junto a la pelirrosa en el campo de flores de todos los días.

"Tiene mucho que pensar. Le di el colmillo blanco y le conté la historia." Explicó sin más, nuevamente los dedos enterrados en la tierra, los ojos brillando con chakra que se movía bajo su piel fuera de las sendas naturales del cuerpo.

"¿Y tus armas?" Indagó observando los dos cortos tubos que descansaban en su cadera pegados al cuerpo, debajo de las bolsas de carga. "Los Tessen no son normales como arma, más lo esperaría de los espadachines del País del Hierro, o los Uchiha, pero estos están... bueno, muertos." Comentó curioso a lo que ella negó.

"En la antiguedad, cuando ser Shinobi era cosa de hombres las mujeres solo usaban dos tipos de disfraces, de doncellas de la noche y de sacerdotisas. El tessen y los bo-shuriken eran las dos formas que tenían de esconder armas las oiran." Explicó sin expandir mucho en el tema, deteniendo las atenciones a la tierra para ver la aldea debajo de ellos.

"¿En que piensas? ¿Es sobre esta mañana?" Preguntó algo inquieto, pero para su sorpresa ella sonrió y negó, una sonrisa serena, que no parecía preocupada por el rechazo o peor, la aceptación, de él en la mañana, cuando irrumpió en su casa. Tan rápido como su sonrisa apareció, desapareció dando paso a la seriedad.

"Cuando regresamos con Naruto comenzaste a entrenarlo, nuevamente, Naruto y Sasuke se están haciendo más fuertes, tan fuertes que me son inalcanzables, no importa cuantas personas he... asesinado, no importa cuantos disfraces, que tan buena soy en lo que hago, no los alcanzaré." Respondió dejando ver su preocupación. "Siempre estoy viendo la espalda de ustedes tres, y Uchiha Sasuke se encuentra cada vez más lejos, si sigo así nunca lograremos traerlo de regreso, hice todo esto y ahora me estoy desviando del objetivo final, no puedo permitirlo."

La observó con claridad, entendiendo finalmente a que se refería con la distinción de 'Sasuke-kun' y simplemente Uchiha Sasuke.

"No tengo un maestro que me enseñe técnicas avanzadas como ellos, ahora siento que me estoy estancando nuevamente. ¡Hice todo para que no me volvieran a dejar atrás y nuevamente lo están haciendo! ¡Todos tienen poderes superiores! Sharingan, un demonio sellado y yo... unos tontos abanicos y el poder de saltar espacio-tiempo."

La miró un poco condescendiente, realmente parecía que la chica no entendía el poder que tenía en sus manos, pero por el otro comprendía a donde iba todo el tema a pesar del curioso gesto de ella al tapar sus ojos con sus manos.

"Sakura." Trató de llamar la atención de ella, relajándose a su lado. "Aun tienes un maestro que no te ha enseñado todo." Comentó indicándose con un dedo señalando su propio rostro, nuevamente esa mirada de confusión que le comenzaba a parecer tan conocida como adorable. "Quizá no tengas un sharingan, pero puedo adaptar mis técnicas, puedo crear una técnica para ti, así como Sasuke aprendió el Chidori y Naruto el Rasengan... pero nos tomará tiempo el crear algo nuevo, dejame pensar en que podremos trabajar y algo haremos."

El contacto le sorprendió, era la primera vez que él no era el que lo iniciaba, pero la mano de ella en la de él era evidente, haciendo un recorrido tímido hasta sus dedos para entrelazarlos como esa mañana.

"Gracias... Kakashi."


"Realmente hay una buena vista aquí." Comentó con una sonrisa, alzando su rostro al sol desde ese pequeño balcón en uno de los laterales de Konoha. Era una zona residencial, bastante tranquila. Podía oler los dulces del Dangoya frente al departamento que tenía una habitación de invitados y una cocina con comedor bastante espaciosas.

Bajo sus ojos pudo distinguir dos figuras, una de ellas conocida en la realidad, la otra era completamente extraña a su memoria. Sabía que en este mundo no todos los Uchiha habían sido eliminados, solo los problemáticos dejando a los inocentes seguir con sus vidas, Obito cargando con el peso de la mayoría de los juicios y ejecuciones, por ende, Uchiha Itachi seguía en la aldea y siendo un buen hermano mayor a Sasuke que solo se fue de la aldea como medio de entrenamiento y no de redención o búsqueda desesperada de poder.

Sin embargo, allí estaba un joven Itachi caminando tomado de la mano de una chica de cabello castaño lacio, por sus ojos oscuros podía ver que poseía el Sharingan igual que él, pero el dojutsu se encontraba desactivado de momento.

"Ah, Itachi le propuso matrimonio a Izumi anoche, me avisó que renunciaría a ANBU tras el casamiento en unos meses. Ya era hora, están juntos desde que iban a la academia prácticamente."

Las palabras le congelaron, no por la información que le ofrecían, ya que en este sueño sabía que todo tenía una base en la realidad, si no por la voz que la ofreció. Así que se giró con lentitud y sorpresa...

Desde aquel día en que estuvo en Suna y se enfrentó a Akasuna no Sasori había tenido muchos sueños, casi todas las noches le atormentaban imágenes de lo que podría haber sido si el mundo no estuviera tan jodido, aún así, aunque él era mencionado y había interacciones referentes a él, nunca habían realmente cruzado caminos, esta era la primera vez que lo veía allí de frente.

"¿Que ocurre, Sakura-chan? No me digas que estás celosa... creí que te gustaba Sasuke-kun." Preguntó el hombre de quien solo podía ver un pequeño trozo del rostro.

"Algo así..." Respondió escueta, observando que de los dos allí abajo él era el que se había llevado el dango, mostrando su eterno amor por los dulces.

"Aquí podrías soñar un final feliz a su lado..." Escuchó otra voz, una simple sombra de ojos rojos que se escondía y Kakashi parecía no poder ver, solo ella.

"De donde vengo no se nos permite soñar finales felices." Fue la única respuesta, dejando los ojos descansar en la pareja Uchiha. Quizá no habría finales felices para ella, pero podía soñar con los de otros, ¿verdad?