NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Este FanFic o serie de historias es mi intento de narrar como imagino yo la vida del grandioso Reed Li Clow, uno de mis personajes favoritos de CLAMP ^^

Este FanFic esta narrado en primera persona. Principalmente por Clow pero puede que Yue y Kerberus también tengan algo de protagonismo...

¡De vuelta con los Li! LOL Creo que con eso se dice todo XD

Dedicado, especialmente, a Tsuki no Youkai, Melissa-yueirishu y a Laurus Nobilis. Ellas y sus obras son muy especiales para mí *O*

FanFic CLAMP

El mago más poderoso del mundo - El verdadero Patriarca del Clan Li

(Clow Reed)

Lo creáis o no, la maravillosa idea de Symond de que retomase tierras orientas a fin de librarme de la continuación de una guerra civil en Inglaterra no resultó tan maravillosa ya que China en esos momentos también vivía momentos muy crudos, el Imperio Ming había finalizado desde el primer instante en que fuese hallado sin vida El emperador Chongzhen justamente colgando bajo un árbol en pleno parque Jingshan, cual me era desconocido hasta ser mencionado por Fei Wang, mucho más puesto al tanto de la situación que yo. El general Wu Sangui acompañado por una buena cantidad de soldados estaba esforzándose en frenar al agitador y principal líder de fuerzas rebeldes recientemente surgidas, Li Zicheng, que sería desterrado tras una merecida victoria pero el caos persistiría unos dieciséis o diecisiete años más.

-No sé si alegrarme o entristecerme de tenerte de vuelta, Clow. -Serían las palabras que brotarían de su boca tras ofrecerme un cordial y correcto saludo inclinando su cabeza ante mí. En su voz no aprecié ni un ápice de furia o enojo sino una emoción de las que no se desvanecen con esa facilidad igual de momentánea a su aparición. Suspiró y echó a andar hacía el interior de la residencia Li.

Lo breve de mi sonrisa fue debido a que aún habiendo pasado un tiempo sin usar el idioma del lugar, entendí sus palabras perfectamente. Hikari permanecía unos pasos alejada en total silencio y cabeza gacha percibiendo al inquieto Kerberuss moverse de un lado a otro rasgando sus ropas en busca de atención. Yue cruzado de brazos se limitaba a esperar con expresión muy seria, demasiado seria para un chiquillo de su edad. Tomando parte de mi equipaje a pesar de la insistencia de mis pequeños por librarme de esa tarea, le propusé a Hikari que me acompañase:

-Ya que estamos aquí, entremos juntos. -

Ella rechazaría la propuesta, negando la cabeza lentamente replicó:

-No puedo, Amo Clow. Ya no formó parte de este lugar, fui despedida ¿recuerda? -

-Lo recuerdo pero me gustaría recordarte que ahora eres mí criada y si yo entro a la residencia Li, tu también. -Le aseguré con firmeza aunque probablemente mi frente estaba arrugada.

Hikari levantaría su cabeza con ojos brillantes arrugando la frente un poco y apretando sus rosados labios asintió. Poco a poco, cogiendo la otra pesada maleta disputada por Kerberuss y Yue, caminó junto a mí procurando dejar un pequeño espacio entre ambos como llevaba haciendo en Londres tras mi recaída. Atravesar el ancho patio mientras el imponente edificio que me era la residencia Li se tornaba más cercano me atrajo la ya lejana sensación de nerviosismo y extrañeza que hiciese tanto tiempo sintiese parado ante el grueso portal con todas mis pertenencias encima. Suspirando dejando entrever una sonrisa de medio lado rememoré que mi entrada a la casa no fue igual de tranquila. Los ovalados farolillos que aportaban algo de luz al camino teñían de rojo nuestros cuerpos o el de todo aquel sirviente que continuase despierto a esas horas rondando el patio. Ninguno se comportó excesivamente amable pero no eran tiempos muy apropiados para sociabilizar. Eran tiempos de hambre, miedo y recelo.

-Honorable Clow, sea tan amable de seguirme. -Me pediría una voz procedente de una doncella dudosamente familiar. -Le guiaré hasta sus aposentos. -

Pestañeé arrugando ligeramente mi frente tratando de reconocerla pero como no lo conseguía y todos estábamos muy cansados para pasarnos un buen rato esperando a que esa chispa se encendiese, asentí inclinando la cabeza y en pocas zancadas me dirigí tras ella al dormitorio que menos hubiese podido imaginar como mio. Dejando caer la maleta que portaba, me quedé quieto con la boca abierta junto a la puerta recién corrida.

-Vamos, no se quede ahí parado, entre y descanse. -Me animaría ella antes de alejarse, rápida pero sin emitir apenas sonido sobre la madera.

-¡P-Pero este es el dormitorio de Fei Wang Li! -Conseguí decir sin salir del todo del fuerte asombro. Ella esbozaría una dulce sonrisa y me replicaría dándome un pequeño empujón:

-Pues ahora le pertenece al Honorable Clow. -

El rápido y definitivo sonido que produjo la puerta al ser corrida para ser cerrada me obligaría a girarme con brusquedad pero sólo conseguí un momentáneo dolor de cuello. Frotándome la parte dolorida con los ojos cerrados me desplomé en el suelo. Estaba tan agotado que en cuanto me acomodé en el suelo los gritos de protesta de mis pequeños guardianes carecieron de importancia. Estaba lejos ya de ese mundo y todo lo que ocurriese en él.

Honorable Fei Wang Li:

Recitó en voz bien alta el aludido a la mañana siguiente, a primera vista mucho más despejado y centrado que yo, con su firme y recia voz al instante de coger y abrir la notificación con la que el señor Windson, mi mejor amigo, me había traído de vuelta al hogar materno. El breve instante que despegó sus almendrados ojos para lanzarme una mirada fulminadora no pude sostener mi cabeza alta, esos ojos ardían de furia, furia muy contenida como todo guerrero sabe guardarse y sacar en plena batalla, bajé la cabeza tragando saliva esperando a que finalizase de leer la carta que agrandaría una nueva distancia entre Fei Wang y yo. De todos modos, era mejor observar el suelo que desviar la mirada y chocar con las ariscas miradas de los otros residentes en el hogar Li.

Me he tomado la molestia de escribirle esta carta para hacerle saber lo ocurrido y mi posterior decisión de devolverles al señor Reed.

Sé de sobra que nuestra relación jamás ha sido muy agradable dadas nuestras marcadas diferencias en un sin fin de temas pero apelando a su lado más responsable y compasivo, me gustaría mucho poder contar con Usted y su familia para acoger en estos tiempos tan turbulentos en nuestra tierra a nuestro prometedor Clow Reed. Usted sabe igual de bien que yo que su muerte no sólo nos podría afectar a nosotros dos, ¿qué sería del Clan Li sin su miembro más poderoso? Además, si me permite el atrevimiento, me gustaría que cuidase de su bienestar, no sólo físico, aunque no lo parezca, probablemente sentado con una sonrisa aparentemente feliz, esconde una pena peligrosa que no sólo casi lo consume por completo sino que provocó una serie de muertes horripilantes... Y todo en gran medida por mí culpa, lo reconozco...

Aún habiendo escuchado cada palabra como el resto de los presentes, me esmeré tanto en no prestar atención a lo que brotaba de los labios de Fei Wang que incluso la parte más dolorosa había perdido intensidad pero el acto que vendría tras una pausa sí recobró mi atención pues me parecería oír la modulada melodía de una risa. Levantando la vista ví la fugaz sonrisa de mi medio hermano, que se quedó por un momento como congelada antes de que sus labios se desdoblasen.

-Honorable esposo, ¿os parece gracioso? -Se me adelantaría Xia He, con la misma incertidumbre y curiosidad que sentía yo.

Sonreí antes de dirigir mis ojos hacía su esposo de destacado temperamento. Con suma calma, alzando la vista del grueso papel que sostenía entre sus dedos, ladeando ligeramente su cabeza le respondió levantando una de sus puntiagudas cejas negras:

-Porque ya sabía cual sería la solución a ese problema por parte de ese druida irresponsable. -

La respetada y bella Xia He quedaría en silencio, asintiendo mientras sostenía su delicado rostro entre algunos dedos como si no supiese que sentimiento regalarme entre la lástima y la indignación que nacía en sus entrañas.

-Pero ha cometido un gran error al mandarte a China precisamente en estos momentos. -Agregó Fei Wang Li. En su voz percibí algo más que disgusto, creí percibir temor, lo que me desconcertó conociendo toda la carisma y orgullo que parecía desprender siempre. -No sólo Inglaterra está sufriendo por culpa de innumerables rebeldes. El mandato del cielo fue quebrado hace poco. -

Todos los presentes parecieron pensar lo mismo pues ese desasosiego o miedo se hizo muy fuerte en el silencio que hubo y que no fue roto hasta que el resto de individuos sentados a nuestro alrededor se fue marchando. Las miradas que algunos de esos eminentes invitados me brindaron me recordarían que no era del todo bienvenido o que a sus ojos debería continuar pagando por mis errores. Era una vuelta a empezar pues esa especie de resentimiento hacía mí no se iba a ir sola, suspirando me incliné y meneé la cabeza, notando como algunos finos cabellos del color de la noche se escapaban y descendían imploré en silencio alguna ayuda, alguna voz amiga en ese lugar en el que nunca acabaría de encajar al completo.

-¡Esperad! -Se escucharía por toda la periferia la desesperada y agobiada voz de Hikari. -¡No se puede entrar a menos que el señor de la casa así lo desee! -Nos dió la impresión a Fei Wang y a mí de que advertía a alguien.

Con reflejos propios de un guerrero, el sereno Fei Wang dejaría su cómodo asiento lanzando sus gallardos ojos hacía la puerta que sería corrida pocos instantes después mientras colocaba todo su corpulento cuerpo bajo su largo traje de seda verde oscuro con algún que otro estampado de clara tonalidad en posición de defensa. Yo simplemente levanté unos centímetros la cabeza a fin de atisbar las dos raudas y pequeñas figuras que se posicionaron a mi derecha y a mi izquierda. La pobre Hikari, por mucho que hubiese corrido tras esos dos inquietos, no logró impedirles el acceso a esa sala. Agotada, apoyándose contra la puerta fue participe de la disputa entre mi pequeño ángel y el patriarca del clan Li.

-¿Es posible lo que mis ojos ven? Esas dos abominaciones continúan con vida. -Sentenció él con un desprecio que superaba lo marcado como tal, tornándose un odio escalofriante en su timbre de voz, al principio sorprendida pero poco después severa. A cada paso que procedió a dar para acercarse, el pequeño y dorado león comenzaría a gruñir apretando su mandíbula al mismo tiempo que cambiaba la dirección de su peludo cuerpo.

-¡Eso es porque Padre nos la dio para protegerle de gente como Ud! -Le espetó en admirable chino Yue encarándose a él sin una gota de miedo en el cuerpo, su determinación y amor hacía mí era inmenso y aunque me tenía alerta, me hacía sentir cada vez más y más orgulloso.

La osadía del chiquillo de plateados cabellos e imperturbable seriedad enojaron aún más a mi medio hermano pues agarrándolo con violencia de algunos cabellos revueltos y sobresalientes en pleno centro de su cabecita atrayéndolo, con voz desafiante le gritó:

-¿Cómo te atreves? ¡Sólo por eso debería eliminarte ahora mismo! -

La fría y segura mirada de Yue ni se inmutó cuando la gruesa y luminosa espada oprimió su delgado y pálido cuello. Kerberus, su compañero y hermano preparó rápidamente una abrasadora bola de fuego que llegado a un tamaño mediano saldría de sus fauces quemándolo todo a su paso, surgidas sus doradas alas, éstas se agitaban frenéticas. ¡Eso no podía repetirse! Comprendía los motivos que impulsaban a la bestia guardiana a usar su magia pero no iba a dejar que nadie saliese herido por lo que levantándome, todo lo firme que el cuerpo me permitió, alcé mi voz para poner fin a esa futura tragedia:

-¡Basta! ¡Ya basta! ¡Nadie tiene por qué morir! -

Me derrumbé ahí mismo, ni mi espíritu ni mi cuerpo pudieron sostenerme y caí de rodillas al suelo. Tanto Yue como su hermano Kerberus dejarían su rabia a un lado para centrarse otra vez en mí, sentándose sobre sus patas traseras, el león arrugando su frente no cesó de mover su cabeza mientras susurraba:

-Padre... ¿Se encuentra bien?... Diga algo... Padre... -

Levantando una de sus patas delanteras lentamente, haciéndola retroceder un momento inseguro, intentaría tocarme. Antes de que su suave piel pudiese rozar la lisa tela de mi ropa, presto como punzado por una aguja, reaccioné y me levante del suelo. Mi medio hermano observó suspendiendo una ceja como ya a su altura, más o menos, me ajustaba el traje que me cubría y posteriormente llevaba esos cabellos rebeldes hacía atrás con una mano recuperando una imagen menos pésima de mí mismo. Por el rabillo del ojo me llegó la visión de una Hikari que aliviada posaba una mano sobre su pecho en el cual su palpitante corazón se tranquilizaba poco a poco. Frunciendo el ceño, hice saber a Fei Wang Li lo que sentía hacía esos dos:

-Ahora que creo he conseguido serenarme, quiero que sepas que no son ninguna aberración o abominación, ellos serán los que guarden mi legado. -

Tal y como deduje al profundizar en busca del significado de ese lejano pero revelador sueño que tuve la noche anterior a que mi tranquilo mundo se trastocase. El dorado león alado y el plateado ángel, los hijos de la luz y la oscuridad. Los seres que cada día hacían de mi existencia una serie de eventos más amenos. Respirando hondo, agregué con un dedo levantado:

-Y me gustaría que lo comprendieses pues sin ellos no podría continuar con lo que he comenzado. -

A ese detalle le sumé una encantadora sonrisa que le irritó bastante a juzgar el modo en que liberó al pequeño Yue, cerrando sus fieros y castaños ojos aceptó mis palabras pero me obligó a estar bien pendiente de ellos y de meterles en sus cabecitas que en China había otra clase de costumbres y maneras. Asentí sin parar de sonreír y le vi abandonar la sala en pocas zancadas, ni se molestó en dirigir una mirada o una palabra a Hikari, ella para él no era nada sin embargo ella inclinó su cabeza al apartarse de la puerta. Para el cotilla de Kerberus debió de ser un acto fascinante pues volviendo a sentarse de gracioso modo al relajar todas sus extremidades preguntó señalándola, sin disimulo ni discreción:

-¿Por que ha hecho la Ama Bianca eso al hombre gruñón? -

-Porque aunque a mi anterior amo yo ya no le importe, el ha sido muy importante para mí. -La propia Hikari le aclaró exhibiendo una frágil sonrisa. Agachándose sin perder un ápice de esa gracia tan oriental que poseía lo tomó entre sus brazos y añadió ladeando un instante su cabeza. -Pero ya no me duele tanto porque sé que siempre contaré con el apoyo del Amo Clow y el Amo Symond. -Cuando sus ojos se fijaron en mí con esa dulzura casi estuve a punto de echar una lagrimita por fortuna pronto saltaron hacía Yue, que continuaba en el suelo rascándose su cabecita dañada al ir a darse contra el suelo en su liberación del enorme enemigo anterior.

-Oh Yue... -Musité compungido al mirarlo ponerse en pie de mala gana para marcharse con Hikari.

Como vagamente recordaba, durante la comida, cada uno sentado en el lugar que se le había asignado según edad o rango, nos dispusimos a comer al rededor de una gruesa y rectangular mesa repleta de los alimentos más apropiados según dictaban sus creencias. Ninguno se mostró especialmente comunicativo, detalle que en otro tiempo me hubiese molestado pero que tal y como estaba mi animo no poseía gran relevancia. Como tampoco albergaba mucho apetito tampoco me preocupó ser de los segundos en darle uso a mis instrumentos de cocina, ese honor era para los padres de Xia He pues ellos eran forzosos invitados de los Li. Tras reposar la comida acompañado por uno de los innumerables libros que me recomendó la jovial Constance sentado en un banco de piedra bajo el cobijo de aquellos bellos cerezos que tanto me cautivaban pensé en encontrar orden y cohesión a lo que estaba a punto de probar pero además de mucho más entretenido, me era más sencillo compartirlo con alguien, soltarlo en voz alta y tomar nota a posibles sugerencias o modificaciones pero mi cabeza no colaboraba, sólo sacaba esos pensamientos que tanto mal me hacían lo que impedía que mi razonamiento y conocimientos pasaran con fluidez. Sosteniendo mi cabeza contra los nudillos me obligué a sacar los malos pensamientos como cualquier minero haría con las rocas abriéndose paso en un oscuro camino.

-¡Vamos, Clow, tienes que concentrarte! -Me ordené a mí mismo ejerciendo mayor presión a mi cabeza.

Por muy terco que me pusiese, mis ideas no se aclaraban y un sutil dolor de cabeza empezaba a hacerse patente entre múltiples resoplidos. Chasqué la lengua y adopté una postura menos tensa. Juntando mis manos me pasé gran parte del tiempo con la vista perdida entre las pequeñas y rosadas flores del árbol tras de mí que a cada roce del delicado viento parecían menearse como una gruesa carpa de tela muy fina o como ese ingrediente fino y rosado que se empleaba en la repostería italiana. Ni debí de enterarme de que estaba quedándome lentamente adormilado hasta que una voz me forzó a abrir los ojos y fijarlos al frente, sin embargo la sensación de estar atontado permanecía.

-Honorable Clow, me temo que he de informarle de una mala noticia. -Hablaría el dueño de la temblorosa voz, un joven delgado con atuendo de tonalidades marrones, tras una profunda inspiración y una reverencia añadió poniendo un rostro muy serio. -El Honorable Fei Wang Li ha sido hallado muerto... -

-¿Cómo? -Sería todo lo que yo atinaría a exclamar agitado, como si hubiese recibido el golpe que necesitaba para salir a continuación de ese estado tan etéreo.

-Le preguntaba acerca de pedirle un favor. -Me repitió la verdadera persona que se había parado ante mí con voz molesta. Pestañeando varias veces conseguí definir lo que mis pesados ojos me enseñaban, carraspeando, asentí esbozando una sonrisa que compensará mi aturdimiento. Descruzando sus brazos la dama de cabellos color chocolate que era Xia He aclararía su garganta para repetir la petición, ligeramente azorada. -Me gustaría que Usted mantuviese unas palabras con mi Honorable esposo. -

Su propuesta fue apabullante.

-Pero querida, dudo mucho ser la persona más adecuada para eso... -Protesté con la mayor educación posible sin embargo ella, haciendo visible una faceta casi inimaginable en ella, insistió rápidamente:

-Sin embargo, Usted es su hermano, aunque no le agrade, estoy completamente segura que hará un esfuerzo por escuchar sus palabras. -Agachando la cabeza continuaría exponiéndome los motivos que la habían llevado a tan humillante solicitud de ayuda. Sus mejillas ya lucirían con una tonalidad similar a la de la flor de cerezo puesto que no había sido educada para revelar flaqueza. -A mí cada vez me escucha menos, ni siquiera me dedica una burlona mirada al oír mis consejos y soy su Honorable esposa sin embargo Usted es un hombre y un miembro del Clan Li, quizás eso haga más sencillo hablar con él... Temo que le este ocurriendo algo malo y no quiera compartirlo conmigo... Es mi deber como su Honorable esposa saberlo. -Finalizó ganando coraje y determinación en su sincera y agradable voz.

-Está bien. -Me conmoví. -Veré que puedo hacer. -

Y procedí a abandonar tan tranquilo lugar aunque la percepción de un tenue gracias produjo que me parase un momento. El hielo es frío pero a su vez muy frágil, quizás esa fragilidad fuese lo que embellecía tanto a la endurecida agua me dio por pensar encogiéndome de hombros alejándome de esa zona del fastuoso patio con la intención de obrar algo parecido a un milagro o una proeza. En absoluto silencio después de una incesante búsqueda por el interior de la casa dí con él pero en el lugar más insólito, el que se había convertido en mi dormitorio. Entre sus manos creí ver un objeto que no me fue desconocido, justamente la cajita que un día mi padre me otorgó, el fatídico día que hallamos su consultorio presa de las llamas. Aproximándome a él poco a poco, contuve el aliento.

-Fei... -Le llamé frenando mis pasos a poca distancia de él en la inmensidad de la habitación más dándose la vuelta con calma, él anuló mis palabras nada más hablar, sin apartar sus ojos aún rebosantes de fuerza pero tenue brillar:

-Clow... -Arrugando su ancha frente suspiró al tiempo que cerraba los ojos un momento como si le costase un gran esfuerzo continuar hablando antes de proseguir. -Ha sido Xia He, ¿verdad? últimamente he tenido a mi Honorable esposa muy preocupada pero la decisión ya ha sido tomada y cuando una decisión es tomada, no hay vuelta atrás... -

-¿Significa eso que realmente vas a...? -Exclamé al venir a mi memoria las palabras del joven sirviente.

-Sí, Clow, dentro de pocos días te convertirás en el verdadero Patriarca del Clan Li y podras hacer y deshacer a tu antojo. -Bajo la esa rabia contenida fue que empece a percibir todo el resentimiento que guardaba para sí mi medio hermano, mezclado con resignación y gran dolor en su masculina voz. ¡Cómo deseé hablar en ese momento pero el miedo o probablemente la prudencia me lo impedían! Al fin y al cabo yo tampoco me sentía el más indicado en esos momentos para reprenderle o aconsejarle. Sólo continué mirando como acariciaba la fascinante caja con la que fuí enviado allí por primera vez. -Ella así lo creía y aunque yo nunca lo oí decir de sus labios, en el fondo siempre supe que había otro al cual caería todo el peso de la familia Li pues su magia siempre sería superior... -

-Pero morir porque yo sea más poderoso no es motivo para quitarse la vida. -Repliqué con una mano sobre el corazón, meneando la cabeza. Errado en mid deducción pues aún presa de un dolor desgarrador, Fei Wang Li era como un guerrero, jamás moriría de forma deshonesta sino luchando como el fiero animal al que se asemejaba. Su gruñido así lo indicó:

-No me preocupa morir pero tampoco es que me desagrade tanto vivir como para... ¡Mira que pensar semejante cosa! -

Una gota de sudor frío recorrería parte de mi rostro, mi equivocación se hizo más clara e innegable. Sonrojado, me eché a reír mientras Fei Wang me dedicaba una mirada desdeñosa, entrecerrando sus ojos. Esa pesada preocupación se aligeró, su muerte no sería a causa de su propia mano. Lo que originaría su muerte sería por una razón más noble que me forzaría a tomar una decisión un tanto particular. Acoger el titulo de Patriarca conllevaría aceptar deberes y tratos nunca antes tenidos en cuenta o meramente existentes en mi atropellada sesera. Estaba a punto de irme cuando le oi decir con cierta picardia en su grave timbre de voz:

-¿Eso es todo? ¿No hay nada más que desees saber? -

Girándome sin poder aguantarme más, formularía la venenosa pregunta:

-Sí, esa caja que tienes entre los dedos no te pertenece... ¿Qué estabas haciendo con ella? -

-Dejándote un regalito de despedida, supongo. -Respondería él dejándola sobre la lisa superficie de madera del mueble más primordial de toda la habitación. Le lance una mirada de incomprensión total lo que produjo que añadiese burlón. -Cuando la abras lo sabrás. -

Sin perder esa media sonrisa, levemente entristecida, avanzó hacía la puerta pero antes querría colocar una de sus grandes y fuertes manos sobre uno de mis hombros como señal de buena fe sin embargo yo, cual animal receloso, me aparté bruscamente.

-Definitivamente, nunca debiste ir con ese irresponsable druida inglés. -Volvería a lamentarse endureciendo sus facciones. -Fuese lo que fuese que te ocurriese, no le permitas vencerte, tienes un gran futuro por delante y todos se sienten tan orgullosos de ti. No los decepciones, no te atrevas a decepciones a nuestra madre. -Me aconsejaría no obstante hallaría amenaza también al final, apretándome contra sí teniéndome bien agarrado por el cuello.

Fue como una terapia de choque pues cuanto más hice por separarme de él, él más fuerza ejerció. ¡Para una abrazo que me daba, se negaba a que se lo rechazase! Me soltó cuando empece a relajarme, en eso Symond y él eran idénticos y sonriendo sentado sobre la amplía cama me esmeré en retener ese pensamiento pero aún me aterraba sostener un contacto así con el ser más puro y bello que había en mi desastrosa vida...

El mago más poderoso del mundo - Su valiosa obra maestra

-Amo Clow, la muerte del Honorable Fei Wang Li no es culpa suya... -Escuché a Hikari repetirme entristecida pero con una dulce y tranquila sonrisa en su rostro arrodillándose como una madre frente a mí.

-Pero yo lo sabía y no hice nada por impedirlo. -Repliqué bruscamente, incómodo, asediado por la culpabilidad, una culpabilidad que hacía tiempo no sentía tan intensa. Entre mis dedos, ese fino papel permanecía fuertemente estrujado, papel que encontré en la caja de madera que tan importante era para mí. Era un mensaje expresamente realizado para mí el dibujo que se apreciaba al dejar de ejercer fuerza sobre éste. -Pero lo peor es que con su muerte, me he quedado solo. -Añadí notando como cada palabra salía con un pesado y amargo sabor. Un torrente de nuevas lagrimas se desbordó.

Hikari suspiró desviando la mirada, en ese lento desplazamiento sus ojos color agua marina quedarían detenidos en mis guardianes, un alocado león de dorado pelaje que no se daba por vencido en su obsesión por atrapar a alguno de los majestuosos ejemplares que recorrían el jardín cual reyes y el silencioso chiquillo que aburrido y de seguro abochornado se aproximaría a este rincón, oscureciéndose así sus finos cabellos hasta recobrar una tonalidad menos irreal. Quieto junto a ella, entornando sus preciosos ojos de sutil azul a juego con su clara piel y cabello, colocando una de sus manos sobre su pecho envuelto en sencillas y anchas ropas de colores desfavorables anunció con certera voz:

-No está solo, siempre nos tendrá a nosotros. -

Y tenía razón sin embargo no era lo mismo o no debía sentir que fuese lo mismo dada su naturaleza. La sonrisa de Hikari reapareció y dedicándole una tierna mirada, asintió y agregó:

-Los dos únicos capaces de seguirle hasta el fin del mundo... Más de una vez Symond y yo hemos llegado a tener celos de lo mucho que le quieren. Con que no se preocupe por eso. -

Y se puso en pie con la agilidad que sólo la juventud da para continuar con sus labores de criada. Yue sería una buena compañía pero el sonoro rugido del cada día más desarrollado Kerberus la retuvo un ratito más. Era fascinante verlo correr, desplegando sus vigorosas patas aunque el final de la carrera nunca terminase con la misma gracia.

-¿De qué hablabais? -Quiso saber tras agitar su cabeza y sentarse de una manera menos humillante. -No os estaréis burlando de mí a mis espaldas... -Agregó entrecerrando sus rasgados y dorados ojos girándolos hacía Yue. Respirando hondo, al instante me sequé las lagrimas y negando con la cabeza le respondí mostrándole el dibujo que albergaba el papelillo:

-Hablábamos sobre este dibujo, Yue no sabe lo que es, ¿lo sabrías tú? -

A lo que él gruñiría cruzándose de brazos:

-¡No vale! ¡Estabais hablando de algo serio y yo no me he enterado! -

Hikari me lanzaría una mirada ligeramente regañona mientras que la mía fue más bien una mirada de complicidad. Suspirando, dijo:

-Es verdad Kerberus, sólo estábamos jugando pero ya sabes como es el Amo Clow... ¿Vienes a echarme una mano? -

El dorado león se quedaría un momento pensativo pero levantando su peludo culo del suelo, la seguiría alegremente. Yue en cambio se sentó a mi lado, en su plateada cabecita habían empezado a originarse dudas y miedos con respecto a mis obligaciones como único representante del Clan Li, más especialmente con lo que supondría aceptar y tolerar al contraer matrimonio con Xia He. Petición complicada de aceptar para mí, el futuro esposo pues aún suponiendo que las familias poderosas o en desacuerdo lo tramaban a fin de afianzar poder o traer paz venidera fuese en la parte del mundo que fuese, el incorregible romántico que llevaba dentro me decía que no era correcto unir tu vida a alguien que realmente no fuese tu persona especial y me hubiese impulsado a una alocada huida como cualquier muchacho pero las palabras que me dedicó junto al enigmático papelillo hicieron tal efecto sobre mí que actué acorde el rango que me estaba siendo concedido. Ya que no pude salvarlo, me esforzaría en no decepcionarlo.

-Padre, Usted... ¿De verdad ama tanto a la Honorable Xia He como para contraer matrimonio con ella? -Ahí apareció ese pero que dificultaba mi conformación con la responsable decisión tomada. -En Inglaterra, aprendí que las personas contraen matrimonio cuando su amor es tan grande que no pueden vivir el uno sin el otro y piden a Dios que les una por siempre. -Me expuso apoyando su barbilla en los nudillos que se entreveían bajo las largas mangas de su traje. Asentí confirmando que su información era cierta sin ser del todo consciente de lo que saldría después de su boca. -¡Entonces cásese conmigo! -

No supe que responder, la propuesta me había dejado bastante perplejo, aturdido incluso pues conseguí atisbar algo que nunca había atisbado con tal magnitud pero lo peor llegó cuando proyectó sobre mi sus ojitos azules. Notando como un fuerte rubor subía por mis mejillas como si la pregunta hubiese sido formulada por una jovencita muy apreciada y me avergonzase herir sus sentimientos o hacerle creer lo que no debía me costó bastante aclarar que un matrimonio previamente pactado entre el Clan Li y la familia de mi futura esposa no requería tanto amor.

-Pues si en China no se puede, vayamos a Inglaterra y pidamos lo a Dios. -Me diría, yo creo que sin comprender mucho de lo que había tratado de explicarle. Lo que me alteró más:

-¡Yue! -Se me escaparía un sonoro grito. -¡Eso tampoco podría ser! ¡Dios sólo permite esa unión entre hombre y mujer! -

-¿Entonces qué pasaría conmigo? Yo quiero estar contigo para siempre... -Me planteó descendiendo poco a poco su voz al igual que bajaba su cabeza con los ojos humedecidos pero sin dar mayores muestras de congoja.

-Y lo estarás. -Le prometí venciendo ese miedo a tocarlo para que fijase sus preciosos ojos sobre mí. Esbozando una sonrisa hice la pertinente y última aclaración. -Pero de un modo totalmente diferente al de ella. Los padres y los hijos comparten otro vinculo irrompible. -

A su felicidad se sumó la sorpresa pues aunque había buscado en alguna que otra ocasión hubiese intentado tocarme al igual que Kerberuss nunca había tenido la suficiente convicción para obtener el contacto y prolongarlo por lo tanto que yo le hubiese tocado significaba que volvía a ser ese yo que tanto añoraban más como sucede cuantas más experiencias vives, las malas vivencias y las obligaciones me iban encaminando a ser otro hombre, justamente ese hombre que en mi sueño tanto me costó identificar como mi futuro yo. Recobrando naturalidad, le pedí ir a buscar a Kerberuss pues tenía ganas de completar mi baraja, esa locura a medias que me catapultaría a la gloria y la cual necesitaba como cualquier baraja de Tarot, un orden y unos principios a la hora de ser usada. Junto a Yue y a Kerberuss, la clasificación saldría sola ya que sus disputas, comentarios y preguntas me sacaban tantas ideas, entre los tres componíamos algo parecido a una familia cuyos miembros más importantes serían el Sol y la Luna, regentes de los cuatro elementos presentes en la naturaleza continuados por las respectivas variaciones de cada uno resultando meramente necesario recordar la clasificación con la consecuente disposición mágica según:

LUNA (Yue)

Oscuridad ligada al Guardián representante del Astro

Ejerciendo una fuerte influencia sobre Viento y Agua

SOL (Kerberuss)

Luz ligada al Guardián representante del Astro

Ejerciendo una fuerte influencia sobre Fuego y Tierra

Teniendo en cuenta que cada elemento sería parte de la esencia de un espíritu de dicho elemento o la invocación de éste, para no provocar su ira les correspondía comanda sobre el resto de seres mágicos cuyas cualidades provendrían de cada uno de ellos fue uno de los puntos en los que hice mucho incapié, sobretodo ante ellos. Con las ideas claras, con igual velocidad a la empleada en despejar la lisa superficie de madera en la sala bien considerada por salón para anotar y esbozar todo lo compuesto en diversos papeles que se amontonarían en mi inseparable cuaderno de sombras abandoné mi asiento seguido por los entusiasmados guardianes con la mala pata de ser interceptado por la mismísima Xia He, seguida como ya no era de extrañar de sus doncellas más fieles, en mitad de los amplios pasillos cuyas paredes componían bellos fragmentos de un paisaje sólo interrumpido por los diferentes motivos que las puertas corredizas albergaban los tres nos paramos de golpe. La alegre expresión que ambos niños poseían se esfumó en un cerrar y abrir de ojos resultando la de Kerberuss la más graciosa. Entrecerrando sus dorados ojos el anaranjado león arrugó el hocico exageradamente masculló:

-Con lo bien que estábamos... Ahora esa bruja nos arrebatará a Padre. -

-Kerberuss. -Le reprendí en voz baja aunque el adjetivo que le había dado por emplear me parecía bastante gracioso gracias a la ironía que poseía.

El relajado ceño de Yue se frunció endureciendo su sereno rostro al oír el quejido del abierto león dorado. Aún guardando una débil esperanza de estar conmigo siguiendo estrictamente lo marcado detestaba que ella fuese a tener mayores privilegios a raíz de una unión que afianzaría su lugar como señora ¿de la casa? Comprendiese o no esa emoción que provocaba tanta tensión en su cuerpo, era algo que no sabía ni podía disimular cada vez que ella avanzaba hasta mí y se refería a mí como futuro esposo así como hizo en esa ocasión.

-Futuro esposo, ¿tenía pensado salir? Sería una estupenda idea hacerlo solos, a fin de ir conociéndonos mejor como nos aconsejó el Astrólogo. -Habló parada detrás mio tras la obligada inclinación por parte de ambos. Encogiéndome de hombros, a sabiendas que todos me miraban expectantes, posicionando una mano sobre mi cuello apenas visible bajo el cuello de fino material dorado, busqué una replica no muy doliente que darle:

-En realidad no porque bien pensado, lo que deseaba hacer, puedo hacerlo sin necesidad de alejarme de la propiedad Li. -

-¡Perfecto pues! -Exclamaría ella agradada. -Podríamos charlar junto al Pozo. Es un lugar tan hermoso. -Agregaría pestañeando con coquetería, provocando mayor irritación a mis dos guardianes.

-¿Ahora? Espero que no estés pensando en preparar nada ahora pues estoy a punto de realizar algo que de seguro me llevará bastante tiempo... -Salté yo viéndomela venir, los guardianes se mirarían entre ellos sintiendo cercana la victoria pero al observar como su iluminado rostro se apagaba aunque el cuidado maquillaje no hubiese perdido ni una pizca de color, añadí con todo mi buen corazón. -Mañana seré todo tuyo ¿eh? -

Ella se ruborizaría suavemente ante mi original manera de aplazar lo que parecía tanto desear compartir conmigo, cerrando sus ojos asintió y me dejó marchar. La verdad esa clase de cosas sólo se me ocurría decirlas en voz alta porque admiraba la maestría y la picaresca que le echaba mi padre, conquistando siempre a toda la dama que se proponía más posiblemente esas ráfagas de chulería y teatralidad me perjudicaban ya que despertaban pasiones en una Xia He que era tan humana como cualquier otra dama, deseosa de amar y ser amada. Siendo sincero, creo que lo dije para poner a prueba a Kerberuss, cuya cara de asco fue la más divertida que le había visto adoptar. Lejos de Xia He y sus acompañantes, quieto y cerrando los ojos, avivé el recuerdo de todo lo concerniente a lo que pretendía hacer. Los chinos como me figuré al observar a mi medio hermano emplear magia solían valerse de peticiones escritas a la hora de invocar el poder de cada elemento, proveniente de un dios bien diferente pero los sabios druidas se valían de otro método. Mordiéndome el labio inferior me tiré un rato dudando cual me convenía usar, originando una pequeña discusión entre Kerberuss y Yue.

-¿Qué pasa con Padre? ¿Acaso ya no sabe hacer magia? -Se mofaría moviéndose inquieto. Podía oír sus patas deslizarse ruidosamente.

-¡Kerberus! -Le gritaría Yue disgustado. -¡Lo que ocurre es que necesita concentrarse y tú eres muy ruidoso! -

-¿Yo? -Fue su replica, fingiendo gran ofensa en su voz de animal asemejándose a un bufido. -¡Pues... Pues a lo mejor eres tú! -Rugió. Su defensa no fue elocuente pero bastaba para picar al ángel plateado.

No debían pero sus infantiles discusiones faltas de argumentos pero llenas de chispa me hacían tanta risa aún tapándome la boca con una mano, una carcajada se escapó por mí parte dando así fin a su disentimiento. Al abrir los ojos, tras las redondeadas lentes les vi mirarse extrañados antes de mirarme a mí ligeramente molestos. Trasformando ese signo de pura diversión en algo más comedido como una sonrisa les dije:

-Me río porque ambos tenéis parte de razón. -

-¿Entonces habrá magia o no? -Preguntó el león de dorado pelaje con emoción e impaciencia en sus ojitos. -¡Me muero de ganas de conocer esas entidades de las que nos has hablado! -Exclamó sonando su voz similar a un maullido animado.

Asentí risueño. ¡Qué más daba el método a usar! Hasta el momento mis conocimientos de la magia empleada en Occidente no me habían fallado por lo que solicitando un poco de espacio a los dos guardianes procedí a materializar mi báculo, cuya longitud y brillo impactaban bastante a los pequeños y en cierta forma, así tenía que ser como prolongación de mi cuerpo y transmisor de esa colosal poder que todo el mundo opinaba yo era dueño. Al principio tanto su fulgor como el calor que desprendía eran un pelín insoportables pero con paciencia iban menguando. Aferrado a él creé el circulo de protección girándome a la misma vez que lo movía según giran las agujas de cualquier reloj. Poco a poco una luminosa linea apareció en el terreno produciendo dificultad en observar al individuo que había en el interior del resplandeciente y complejo dibujo que tomó forma tras completar la linea circular. Apoyado sobre el báculo, aclaré mi garganta y proclamé en voz bien alta cual sacerdote o mendigo demente:

"¡Espíritus Elementales, acérquense a mí!

Gnomos, compartan su humor conmigo.

Ondinas, jueguen en mi presencia.

Silfos, que la brisa me acaricie.

Salamandras, muévanse en las llamas de las velas.

¡Espíritus Elementales, Gracias por venir!"

Tal y como Symond me la había hecho aprender y mantener en mi mente sin embargo la llamada al espíritu elemental fue en mi querida lengua, inglés siendo simplemente comprendido por los atentos Kerberuss y Yue, que no apartaban ni un instante sus ojos de mí aunque les costase abrirlos totalmente. Tome aire percibiendo como el lugar se llenaba de algo inexplicable o de costosa credibilidad y trace el circulo mágico tres veces más, éste emitiría cegadores fulgores tres veces como un faro contra la lejanía al rotar, lo que dejaría a mis pobres guardianes unos momentos desorientados, con los ojos llorosos bajo una de sus manos cerradas, usada como único escudo. Pronto, tras una sofocante subida de calor en el ambiente, el elemental tomó forma surgiendo de la nada una llama de intenso rojo suspendida en el aire que a veces al agitarse suavemente se tornaría anaranjada. Armándome de valor, le dediqué una cuidada reverencia como el ser tan relevante que era merecía más chascando los dedos, creando una pequeña llama, traté con él:

-¡Oh gran Farisilles, señor del fuego! Aquí este humilde mago os ruega hagáis un trato con él. -

La fogosa figura humana que se atisbó al desplazarse unos pasos inquietando a mis guardianes pareció mirarme entre fastidiada y curiosa. Como poco a poco fui aprendiendo debido a que el termino que usé era para un rango inferior al que justamente ese espíritu poseía. Como sus palabras parecían el crepitar de fuego al adentrarse en madera, continué prudentemente hablando:

-A fin de corregir un error con respecto al uso de magia que estoy elaborando, me gustaría que Usted me permitiese formar parte de la futura jerarquía creada recientemente en mis cartas mágicas, si le parece bien y acepta a cambio será regidor de todas aquellas cartas que alberguen un poder relacionado al fuego pero si no le parece bien, me gustaría en su lugar que me cediese parte de su esencia para crear a su sustituto... -

La criatura de fuego se detuvo bruscamente como si mis palabras fuesen un tremendo insulto o peligrosas. Temeroso de haber cometido un error bajé la cabeza sintiendo mis mejillas ganar color. Symond me decía que eran seres tan importantes al igual que Fei Wang Li, no deseaba atraparlo cual animal pero si las palabras no lo convencían me vería obligado a ello, con todo lo que acarrearía.

-¡Por favor señor Fuego, no se asuste de Padre, Padre le tratará bien si acepta! -Le suplicaría Kerberuss, captando la total atención del ardiente ser, que no sólo desvió sus ojos hacía él sino que velozmente se plantó frente al león sintiendo algún tipo de conexión con él. -¡Ey! ¿Qué hace? ¡Eso quema! -Chillaría al sentir la abrasadora caricia del ente de fuego, que ignorando las protestas lo acarició varias veces como un niño mimoso.

Al espíritu del Fuego le encantaba Kerberuss, como deduje se sentiría terriblemente atraído a su poder pues cuando el león dorado comenzó a lanzarle ráfagas de fuego para alejarlo, obtuvo el efecto contrario. Entonces se me ocurrió un trato mejor que desde luego, el elemental no despreció convertiéndose así en Fuego, la primera criatura mágica elemental de las cuatros que regirían a las demás. Mientras Kerberuss se esperaba hecho un ovillo de dorada lana a que los ungüentos mitigasen el escozor de las quemaduras bajo algunas vendas de seda cuidadosamente enrolladas alrededor de su lomo, observaba todavía con asombro y embeleso la imagen de aquella nueva carta pues al ser liberado ningún ojo humano podía percibir con tanta claridad esa figura humana toda de voluble fuego que se prolongaba o disminuía cuales alas fatuas, puesta sobre la mesa por encima de las otras cartas de igual forma y colores. Sólo la llegada de Yue con los materiales requeridos para escribir me sacó del influjo.

-Muy amable, Yue. -Le alabé retirando las cartas rápidamente de modo que el niño pudiese poner el frasquito relleno de oscura tinta además de algunos papeles y un grueso pincel ocupando todo el espacio que esa mesa disponía. Una sonrisa embelleció su ya hermoso rostro. -Estoy convencido de que esta carta dejará con la boca abierta a nuestro buen amigo Symond. -Pero meditativo, habiendo tomado el pincel y alargado el brazo hasta el frasco para humedecer sus cerdas de negra tinta me retracté y alejé el pincel.

-¿No va a escribirle al señor Windson? -Querría afirmar Yue pestañeando sentándose a mí lado.

-Si pero he pensado que quizás no sea tan buena idea... -Le respondí sensato. Nadie podía asegurarme que la información llegaría correctamente y eso, en esos tiempos tan convulsos que corrían era un riesgo que no tenía por qué correr. -Además, considero que será más divertido contárselo en persona, viendo su cara de incredulidad al mostrarle las cartas. -Expliqué adelantándome a su siguiente y obvia duda.

Yue asintió y no lanzaría más cuestiones sin embargo Kerberuss revolviéndose despaciosamente y levantando su cabeza, notando su estomago demandar comida, me hizo una suplica enternecedora.

-Padre, ¿podría recibir mi ración de comida diaria aquí? Todavía me escuece... -

-Mira qué tienes cuento. -Le soltó Yue con su cuerpo girado al igual que el mio desde su asiento, cruzado de brazos.

Kerberuss entrecerró sus ojos un instante pero fingiendo con maestría no haber oído al otro guardián, insistiría quejicoso. Como él siempre fue más amigo de las bromas y las tretas, queriendo comprobar hasta que nivel tenía razón, le tendí una pequeña trampa, arrugando la frente con suma preocupación le dije:

-¿De verdad te encuentras tan mal? -Suspiré apenado y añadí encogiéndome de hombros mientras él asentía con gesto de dolor. -En ese caso, se lo consultaré a la Honorable Xia He. -Y apartándome con brío de la mesa, emprendí el camino hacía la salida.

El pánico y repulsión hacía la persona mencionada lo activó justamente como me había imaginado sin embargo aunque se puso rápidamente en pie para correr a detenerme gritando, a mitad de su exasperada carrera se desplomó emitiendo un incontenible aullido de dolor. Yue acudió hasta él arrepentido y yo tuve que darle el capricho pues por muy exagerado que fuese a veces, en esa ocasión no mentía. Arrodillado a su lado, con la frente bien arrugada le comuniqué que quizás necesitaba que le extendiésemos una dosis mayor del ungüento curativo. En sus dos orbes doradas sutilmente divididas por una alargada pupila oscura un brillo de molestia y orgullo herido. Desde ese momento tuve claro que a la dorada bestia guardiana no le entusiasmaba enfermar o ser herido pero con el tiempo aprendería a aceptarlo como parte de esa tarea que tanto orgullo le daba o bien le fastidiaba estar a merced de los cuidados y consejos de Xia He como me comentaba Hikari, la observadora Hikari.

-Para tener una apariencia tan fiera, eres un blando Kero. -Le reprochó burlona Hikari recogiendo del suelo los cuencos vacíos.

-¡Pero he conseguido que Padre pase la hora de la comida conmigo y Yue! -Replicó con satisfacción.

-Sigo sin creer que tus quemaduras requieran tanto escándalo. -Le dijo ella mientras le daba un leve golpe con un pie, provocando que el anaranjado león gritase dolorido a la par que disgustado. Son las consecuencias de ser un bribón. -Sin embargo ahora estás solo... -

-¡Padre y Yue han ido a por otro espíritu elemental! -Rugió Kerberuss ofendido del mal pensar de nuestra amiga. -En cuanto me ponga mejor, Padre lo hará aparecer para mí. -Añadió con los ojos brillantes de ilusión juntando sus peludas manos.

-¿Está haciendo magia? ¡Ahora mismo voy a verlo! -Exclamaría ella saliendo apresurada para mayor fastidio del animal.

En el patio como ya hiciese esa mañana, otra invocación tomaba parte pero esa vez el elemental ni dominaba ni provenía del mismo elemento. Nuestro invitado era un ser más bien etéreo y de naturaleza tranquila como la brisa que nos rodeaba provocando que nuestros ropajes y cabellos cobrasen actitud. Asemejada a una dama cuyo cuerpo carece de solidez como bien le sucede a un fantasma, poseedora de unas grandes alas capaces de batir enrojeciendo el cielo y cabellos tan indefinidos como el finalizar de su cuerpo. Poco después de reverenciarla y presentarme como lo más cortés posible desde mi circulo mágico con un leve gesto indiqué a Yue que se acercase y a pocos pasos de el ente, arrodillado sostuviese el incensario encendido a modo de regalo por nuestra parte.

Mago... Me hiciste sentir halagado... Hágame saber el motivo de este encuentro...

Creí oír como susurrado por el viento que recorría diversas direcciones. Una melodiosa y dulce voz femenina que encogió mi corazón. Sosegando mis emociones, pedí a Yue que se apartase pues el regalo ya había sido tenido en cuenta. Puesta la mano que no sostenía el báculo del color del sol, procedí a exponer por segunda vez mi idea al espíritu elemental del aire, que durante un tenso momento de silencio, haría brotar una nueva serie de susurros.

Mago... Puesto que no hallo maldad en sus palabras... He decido aceptar su propuesta y guiar a las criaturas surgidas a partir del elemento que domino...

Finalizados los susurros, la criatura avanzó hasta mí y cubriendo su cuerpo con sus grandes alas se tornó tan luminoso que mis estupefactos ojos fueron cerrados mientras dirigía a tientas el báculo hacía el frente como la brisa me empujaba a hacer. Todo vibró y al instante siguiente lo que se encontraba suspendido frente a mí era una nueva carta alargada y brillante que al ser tocada me proporcionó un fresco escalofrío como si alguien hubiese soplado tras de mí, justo en el cuello. Declarando el circulo abierto dí por termina esa invocación.

-Padre, ¿va a convocar a algún espíritu más? -Querría saber Yue al verme salir del circulo trazado, cuyo brillante dibujo se desvanecería poco a poco.

Negué con la cabeza mientras continuaba apoyándome en el báculo cual anciano hasta dar con un asiento.

-Será mejor que antes descanse un poco. -Fue todo lo que le contesté esbozando una cansada sonrisa acomodándome en el tosco banco de piedra.

Pero aquel mismo anochecer me las vería con un elfo cuyos rasgos poco tenían de orientales sin embargo su carácter tajante sí me era muy de esos lares. Con ella no hubo manera pero empleando mi magia logré debilitarla lo suficiente como para tomar algo de su poder y de inmediato crear a la criatura que sería Tierra. Jadeante en la seguridad que me había ofrecido durante la trifulca mi circulo mágico, hice un último esfuerzo por mantenerme lucido y declaré el circulo abierto finalizando el día con una caída al suelo amainada por el pobre Yue que sujetaría mi cuerpo como bien le permitió el suyo. Como me hubiese gritado Symond certero, me había excedido.

ACLARACIONES

¡Sí! Por fin aquí esta el capítulo nueve ^^

Lo primero que me gustaría comentar es con respecto al papelillo que Clow lleva consigo tan a menudo poco después de la muerte de Fei Wang Li ya que sería una pista relacionada con TRC pues aunque mi OC no es ni la mitad de poderoso que Clow (como le pasa a Syaoran con Sakura LOL) algo de clarividencia domina el hombre pues su madre era la que podía ver en sus sueños el futuro... Y podría decirse que es la última advertencia que le hace (y hasta ahí puedo deciros LOL)

Yue: ¡Te digo que es un murciélago negro sobre un fondo rojo!

Kero: ¡Anda ya! ¿Y qué tiene de amenazante eso?

Con respecto al resto pues sumergiéndome en el siempre fascinante mundo de la magia más la lectura y revisión del manga y anime de CCS he empezado a darme cuenta de cuan brillantes son las CLAMP (Qué novedad XD) pues en efecto el aspecto que tienen algunas cartas coinciden con criaturas mágicas y espíritus existentes en culturas tan nuestras y maravillosas como la griega o la nórdica, especialmente las cuatro cartas elementales como son Fuego (The Firey), Agua (The watery), Aire (The windy) y Tierra (The Earthly) aunque de la última no estoy tan segura por lo que Clow ha tenido que valerse de un plan B LOL Y guiada por la similitud, dispuse que Clow tramará tratos al invocar a uno de cada elemento siendo cada uno:

ELEMENTAL FUEGO

SALAMANDRA: La cabala las considera como el espíritu elemental compuesto de las mas sutiles partes del fuego.

Farisilles (masculino), Shallones (femenino). Como Firey parece más un chico, Clow se refiere a él como Farisilles ^^

Dirigen el elemento fuego; lo controlan. Trabajan durante las tormentas, tratando de orientar los rayos cuando se producen. Después de haber cumplido el período terrestre dentro de su línea, se transforman en:

Farrallis o líderes en su área; trabajan como maestros.
Aspiretes son los ejecutores de los planes elaborados; controlan varios elementos.
Hiarrus son como una especie de gobernadores; elaboran los planes a ejecutar.
Ra-Arus es la máxima categoría dentro de la línea de los elementales y sería la misma que dentro de los humanos tienen los arcángeles.

ELEMENTAL AGUA

ONDINAS: Espíritu elemental del agua de carácter similar al de las sirenas. A la luz de la cábala, dice que "están poseídas de un espíritu maléfico que les hace atrae a sus victimas a las profundidades de las aguas". Son de una gran belleza.

Ondinas (femenino), Wallanos (masculino).

Aman el agua y se encuentran en sus profundidades, dirigen grupos de Minutes, que trabajan continuamente, guiando el agua por su cauce natural y hasta su salida al mar.

NEREIDAS o HADAS DEL MAR: Son las que controlan las aguas del mar, sobre todo cuando hay tormentas, ya que sin su trabajo el efecto del agua en las costas sería devastador. Prestan gran ayuda al hombre, sobre todo en alta mar.

Nerenes (masculino), Ensines (femenino).

Miden alrededor de 5 cm. Permanecen l año en plano físico y 100 años en plano astral.
Trabajan en grupos y forman dentro de éstos, sub-grupos. Tienen ya un poco de conciencia y forman parejas. En las parejas de los elementales se intercambian poder.

ELEMENTAL AIRE

SILFIDES o CEFIROS: Ayuda en los planos mentales. Son las que controlan los vientos. Así como en el agua, hay canales invisibles para nosotros que corresponden a los vientos.
Cuando el aire se descontrola y produce una tempestad, causa estragos no sólo para el hombre sino también para las hadas que trabajaban. Esto se produce cuando elementales de baja frecuencia vibratoria atacan por sorpresa y logran derribar a las hadas que estaban dirigiendo al viento.
Son las más grandes en estatura y según diversos autores de diferentes épocas poseen grandes alas y cuerpos etéreos como el propio aire pero su descripción varia mucho.

ELEMENTAL TIERRA

ELFOS: Los elementales de Tierra es el grupo mas numeroso y de mayor clasificación. De entre ellos destacamos :

Elfos Trabajan alejados del hombre, generalmente en los claros de los bosques o montañ ían en sus tareas a los congéneres de niveles inferiores Generan círculos de poder y trabajan dentro de ellos. La belleza de sus cuerpos esta en función del poder adquirido a base de esfuerzo. Están alrededor de 500 años en plano físico; deciden cuándo volver, pero rara vez lo hacen antes de los 5000 años.
Los Gnomos trabajan el suelo y las raíces de los árboles dándoles poder. Hacen sus casas en los troncos de los árboles..
Los duendes son los mas traviesos y conocidos por los humanos. Hay buenos y malvados.

Aunque como sucede con los elementales de Agua, os recuerdo que en los elementales de Fuego pueden existir otras especies además de La Salamandra como los Liminiades o los Dedos de Luz ^^

Sin embargo y lo añado porque me parece super interesante los chinos en su filosofía sobre el cosmos o en los elementos fundamentales que lo constituyen hacen cierta variación curiosa como:

En el ciclo de generación (también se escribe "cheng"):

La madera nutre el fuego,

El fuego forma tierra "dando lugar a cenizas",

La tierra forma la base del metal,

El metal contiene el agua (como en una tetera o un cubo).

El agua hidrata la madera.

O en el ciclo de dominación (también se escribe "Ko"):

La madera retiene la tierra,

La tierra contiene el agua,

El agua apaga el fuego,

El fuego funde el metal,

El metal corta la madera.

Finalizamos con la aclaración de algunos terminos y la mención de algunos personajes importantes en ese periodo, que comienza a ser el final del Siglo XVII (Un siglo lleno de guerras civiles ¬¬) Espero que os haya gustado y bueno, perdonad mis posibles faltas ortográficas y tiempos verbales raros, es algo que no puedo remediar LOL y sabed que podéis comentar para dar vuestra opinión o pedir más información (con educación, por favor ^^U)

Libro de Sombras: Así se le denomina a una especie de cuaderno o diario que los magos wiccanos usan para escribir pensamientos, hechizos o impresiones al celebrar alguna reunión o celebración. (Como en la Wicca parece haberse salvado o recuperado actos y principios muy propios de las practicas mágicas de los Celtas, es una gran base de inspiración e información para mí)

El mandato del Cielo: fue un concepto muy utilizado en China para explicar los vaivenes políticos de cada época, y ayudó a mantener a los gobernantes bajo control de alguna autoridad extraterrenal.

Wu Sangui: General chino que ayudó a los manchúes a establecer la Dinastía Quing.

Li Zicheng: El rebelde de turno que liderando una multitud llegó a hacerse con Beijing, ciudad en la cual residía el Emperador y su familia.

Emperador Chongzhen: Último emperador Ming ya que con su muerte, se dice, acabó la Dinastía Ming.

MARYXULA