El reloj marcaba las 19:00 cuando Clarke abrió los ojos poco a poco acostumbrándose al lugar en el que estaba.
Estaba en el sofá de Lexa, tapada con la manta, supuso que se habría quedado dormida después de comer.
Buscó con la mirada a Lexa pero no la encontró.
Debía admitir que se preocupó más de la cuenta.
Removió los cojines del sofá desesperadamente en busca de su teléfono móvil.
Buscó el número de la morena e inmediatamente llamó.
"Teléfono apagado o fuera de cobertura" - Escuchó.
"Genial" -Pensó, y volvió a sentarse en el sofá, dejando el móvil en la mesa y respirando profundamente para pensar mejor.
Sabía perfectamente que en ese tipo de situaciones llevaba sus pensamientos al límite, y una vez más, lo estaba haciendo.
"¿Y si le había pasado algo?"
"¿Por qué se había ido sin avisar?"
Llamó una vez más pero nada, no daba señal.
Se levantó para mirar por la ventana, quizás así podría pensar con más claridad.
No sabía en qué sitio de la ciudad se encontraba exactamente, desde ahí no sabía volver a casa.
Además no quería irse sin saber dónde estaba Lexa.
Así que despejó de su mente la idea de salir de allí corriendo, a pesar del miedo que le daba estar sola en sitios desconocidos y tan grandes.
Estaba comenzando a anochecer y a través de la ventana podía ver perfectamente cómo las nubes rosas y naranjas se perdían en el horizonte dando paso a la noche.
Volvió a fijarse en el banco y sonrió.
Algún día llevaría allí a Lexa.
Si es que volvía, claro.
Empezaba a hacer frío en aquel gran edificio, se acercó al sofá y cogió la manta para pasársela tras los hombros y recogió los restos de pizza, la cerveza y la botella de agua y buscó una basura donde tirarlo, pero no encontró nada así que volvió a dejar las cosas donde estaban.
No sabía qué hacer para entretenerse y dejar de pensar en todas las salvajadas que le podían estar pasando a Lexa, hasta que encontró con la mirada un pequeño armario apoyado en una de las paredes blancas y húmedas.
Supuso que habría cosas interesantes que encontrar ahí, así que se acercó para abrirlo.
Quizás encontrara alguna pista sobre la vida de Lexa; fotos de sus padres, algún diploma, cartas, libros…
Pero no.
Sólo había alcohol.
Frunció el ceño sorprendida. "¿Qué clase de persona guarda tanto alcohol en un edificio abandonado?"
Se respondió a sí misma.
"Lexa"
Podía haber conocido alguna cosa de Lexa aquellos días, pero sentía que lo que sabía era una pequeña pieza de un gran puzzle. Y eso la asustaba en parte.
Lexa era misteriosa.
E interesante a su vez.
No se lo pensó dos veces y cogió una botella cualquiera del armario, la miró, alzó los hombros y cerró el armario.
Hizo el amago de buscar algún vaso donde servirse el tequila, pero recordó que no había vajilla.
Así que se sentó una vez más en el sofá, se tapó con la manta y abrió la botella de tequila.
Alargó su brazo para coger el mando a distancia y encendió la televisión, pero no prestó mucha atención.
Sabía que lo que iba a hacer era un poco bestia.
Le dio un pequeño trago a la botella e inmediatamente un escalofrío recorrió su cuerpo de la cabeza a los pies, con los que pataleó el suelo.
Era asqueroso.
Tomó otro sorbo, espero unos segundos y tomó uno más.
Soltó una pequeña arcada.
Entonces recordó el día que vio a Lexa por primera vez.
No pudo evitar sonreír.
Había sido en El Blue, el bar de la esquina, cerca de su apartamento. Era sábado y había pasado la tarde pintando en la colina, ese día el atardecer fue precioso.
Bajó con Raven a tomar algo y cuando fue a pedir a la barra la vio por primera vez.
Lo primero en lo que se fijó fue en sus impresionantes ojos verdes, nunca había visto algo así, y si lo hacía no lo recordaba.
Le pidió una cerveza y un chupito de tequila, a lo último, sorpresa para Clarke, invitó Lexa.
Ambas tomaron el chupito y ahí fue cuando Lexa la hizo reír por primera vez.
"Tengo un máster en tomar chupitos" -Recordó.
"Qué imbécil" -Dijo mientras movía la cabeza y soltaba una pequeña carcajada.
Volvió a beber.
-¿Qué es tan gracioso?
Se asustó tanto que sin darse cuenta se subió al sofá y agarró un cojín.
Lexa comenzó a reír mientras miraba a Clarke.
-Gilipollas, ¡me has asustado! - Gritó Clarke lanzándole el cojín que había usado para "protegerse".
Lexa se acercó hasta Clarke y se sentó a su lado cogiendo un trozo de manta para taparse también.
Clarke alucinó ante lo que estaba pasando, ¿no se daba cuenta de que se había ido sin avisar y de que ella estaba preocupada? Y se sentaba así, sin más, en el sofá.
La miró pero Lexa parecía no entender lo que quería decirle con la mirada.
-¿Dónde estabas? -Preguntó tras unos segundos de disputa mental sobre si hacerlo o no, en los que finalmente ganó el sí. Sabía que Lexa no hablaría por sí misma.
-He bajado a dar una vuelta. -Dijo simplemente, sin ni siquiera mirar a Clarke.
-Podrías haberme avisado. -Le reprochó.
Entonces Lexa giró la cabeza para mirarla.
Una vez más se puso nerviosa.
Quizás no tenía derecho a reprocharle nada.
Continuó mirándola durante unos segundos pero no dijo nada. Así que Clarke le quitó la mirada y la dirigió a la televisión.
Notaba cómo Lexa continuaba mirándola y eso la incomodaba.
-¿Has estado bebiendo? -Preguntó Lexa al cabo de un rato mirando a la botella de la mesa.
Clarke asintió con la cabeza.
A lo que Lexa respondió frunciendo el ceño.
-¿Por qué?
-¿Por qué, qué? -Preguntó Clarke. No quería parecer molesta, pero realmente lo estaba. Sabía que exageraba, pero le daba igual. Se había asustado al despertar y no ver a Lexa allí.
-Que por qué las flores florecen en primavera. ¿Qué va a ser?
Clarke se mordió el labio para no sonreír.
Odiaba que le hicieran reír cuando estaba molesta.
Pero a la vez le gustaba.
Lexa sonrió y agarró una de las manos de Clarke.
-¿Te has preocupado? -Le preguntó mirándola fijamente a los ojos.
Clarke negó con la cabeza intentando hacerse la dura.
Lexa soltó una carcajada y soltó la mano de la rubia para pasársela por la mejilla.
Así era imposible continuar enfadada.
No podía aguantar.
Sonrió.
-Así me gustas más. -Dijo Lexa devolviéndole la sonrisa y apartando su mano de la mejilla de Clarke.
La morena se levantó del sofá e hizo una mueca de dolor.
Clarke la agarró por el brazo para que se volviera.
-¿Te duele? -Preguntó Clarke mirando a la cintura de Lexa.
-Un poco, pero no es nada.
-Déjame mirarlo.
Lexa se levantó un poco la camiseta para dejar que Clarke echara un vistazo a una de sus heridas que se encontraba justo encima del hueso de la cadera.
Clarke tuvo que contener el aliento y hacer un enorme esfuerzo para controlarse y no lanzar a Lexa al sofá.
Pasó una de sus manos por la zona de la herida provocando que la piel de Lexa se erizara de inmediato.
Clarke sonrió sin mirar a Lexa.
-Tienes las manos heladas. -Dijo justificándose.
-Ya… Eso. -Contestó Clarke intentado reprimir otra sonrisa.
Continuó mirando la herida durante unos segundos.
-¿Tienes gasas?
Lexa negó con la cabeza y Clarke bajó cuidadosamente la camiseta de ésta.
Se levantó para ponerse a su altura, de manera que podía sentir el aliento de Lexa y mirarla fijamente a los ojos.
Eso pilló por sorpresa a la morena, que se puso un poco nerviosa. Y Clarke lo notó.
Le gustó.
Le gustó sentir cómo Lexa se ponía nerviosa por su presencia.
Y deseó que eso ocurriera más veces.
-Pues vamos a tener que ir a mi casa. -Alzó los hombros y se acercó al sofá para recoger su chaqueta.
-No es para tanto, ¡ya no me duele!
-Me da igual.
Lexa suspiró.
-Te recuerdo que de no ser por mi, ahora mismo estarías en el hospital pudriéndote del asco. -Le dijo con una sonrisa pícara.
-Gracias señorita, no sé qué haría sin usted. -Hizo una reverencia e inmediatamente dejó salir un gemido de dolor.
Clarke comenzó a reír y se acercó para ayudarla a caminar hasta el coche.
Una vez llegaron al apartamento se encontraron a Raven ahí, tumbada en el sofá y comiendo palomitas.
La viva imagen de la fiesta.
Se levantó rápidamente en cuanto vio a las dos chicas entrar y se dirigió a ellas.
-¡Hola Lexa! ¿Ya estás mejor? -Preguntó y se acercó a Clarke para darle un beso en la mejilla.
-Sí, gracias. -Dejo salir media sonrisa.
Raven alargó la mano haciendo entender a Lexa que pasara, y así lo hizo. Seguida por Raven y después por Clarke.
En el camino Raven volvió la cabeza y miró a Clarke preguntándole con la mirada qué había pasado.
Clarke negó con la cabeza.
Raven continuó andando mirando a Clarke y de repente chocó con Lexa haciendo que esta perdiera el equilibrio y estuviera a punto de caer de no ser por que se apoyó en el marco de la habitación de la rubia.
Clarke no pudo evitar reír a lo que su amiga y Lexa respondieron riendo también.
-Lo siento, no estaba atenta. -Se justificó Raven. -¿Te he hecho daño? -Agarró del brazo a Lexa y esta se sorprendió por la confianza de Raven, a penas se conocían.
-Tranquila, estoy bien. -Sonrió durante unos segundos y buscó con la mirada a Clarke, que le sonrió también.
Las tres se sentaron en el sofá y Clarke se levantó para ir a buscar el maletín con las gasas y demás cosas para curar a Lexa.
Raven miraba a Lexa de tal forma que Lexa comenzó a incomodarse en el asiento.
Entonces Raven se dio cuenta y dejó de hacerlo.
-¿Tienes novio, Lexa? -Preguntó así sin más.
Lexa se sorprendió por la pregunta. -No. -Contestó.
-Guay. -Asintió Raven e inmediatamente sonrió.
Clarke volvió con las cosas y Lexa lo agradeció.
Miró a Raven antes de quitarse la camiseta, pero finalmente lo hizo.
Se puso de pie delante del sofá para que Clarke pudiera trabajar mejor, y ésta se agachó a la altura de su cintura.
Raven sonreía y levantaba las cejas detrás de Lexa de manera que sólo la rubia podía verla, y le costaba enorme trabajo no reírse por las muecas de su amiga.
-"Está muy buena" -Dijo Raven con los labios.
Clarke se sonrojó y continuó examinando la herida con cuidado.
Cuando terminó, Lexa se bajó la camiseta de inmediato y agradeció a Clarke.
La rubia se levantó del suelo y recogió el material para devolverlo al cajón donde se encontraba.
Cuando comenzó a andar escuchó a Raven.
-Lexa, ¿te gusta Mickey Mouse?
Lexa alucinó ante la pregunta de la amiga de Clarke, cada vez pensaba que era más rara.
Se aclaró la garganta.
Desde la cocina Clarke se pasó las manos desesperadamente por el pelo, no podía creer lo que acababa de escuchar.
-¿Q-Qué? -Preguntó Lexa.
-Que si te gusta Mickey Mouse. -Aclaró Raven mirando a su amiga que ya volvía de la cocina.
-No sé, sí, supongo. -Se limitó a decir Lexa.
-A Clarke también. ¿A que sí? -Raven cambió la mirada desde Lexa a su amiga.
Clarke no pudo evitar sonrojarse pero evitó contestar.
-Es tarde. ¿Quieres que te lleve a casa? -Dijo mirando a Lexa.
-No hace falta, iré andando. -Contestó.
-Pues qué pereza. -Interrumpió Raven sin ni siquiera mirarlas.
Clarke volvió a mirar a la morena.
-No puedes andar tanto con todas esas heridas, Lexa.
El teléfono de Lexa sonó interrumpiendo la conversación. La morena se levantó y se apartó un poco para hablar.
Cuando volvió Clarke esperó a que hablara.
-¿Puedes llevarme a casa de Lincoln? Dice que me invita a cenar para celebrar el alta.
Clarke asintió, agarró la cazadora y se apresuró en salir del apartamento.
-¡Adiós! -Lexa se despidió de Raven y siguió a Clarke que ya esperaba en el pasillo para bajar.
Cerró la puerta del apartamento y la siguió.
Entonces una voz la hizo frenarse en seco.
Esa voz…
No podía ser.
