Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Destino

Capitulo 9: Raíces.

Se despidieron rápidamente de Kikyou y partieron lo mas rápido posible, el rápidamente y ella en caballo. No iba a montarse en su espalda, ese lugar era únicamente para Kikyou ahora.

—¿Cómo es que tu alumna se caso con un demonio?—parpadeando de la sorpresa, observo a Inuyasha rápidamente esquivar los arboles sin dejar de mirarla de reojo.

Espoleando el caballo, sonrió.

—Bueno…Hoshiyomi era un demonio que me habían enviado a eliminar, en esas épocas tenia a Tsukiyomi de alumna así que ella debía acompañarme…hubiera seguido pero eso será una historia para después…

Inuyasha rolo los ojos, quejándose en voz alta de humanas lentas.

Rápidamente abandonaron los territorios cercanos a la aldea y empezaron a tomar zonas boscosas cercanas a la montaña, cuando por fin pudo observar el rio, sonrió. El lugar le traía buenos recuerdos.

Inuyasha y los chicos junto con el antecesor de Hojo. Su curiosidad sobre el pergamino y su nombre escrito como la esposa de Akitoki. El rapto por parte de Hoshiyomi, y las palabras de protección de Inuyasha.

Todo eso estaba tan lejos, y ya no existían, pero estarían guardados en su memoria. Le servirían de apoyo, de fuerza, cuando Inuyasha y Kikyo fueran finalmente la familia que no pudieron ser, y ella desparecería de ese cuadro.

Para siempre.

—¡Hey! ¡Sacerdotisa!...¿Que demonios te pasa?—parpadeo una vez mas, sintiendo el viento frio que la noche traía.

¿Cuánto tiempo anduvo pensando que estaba anocheciendo?

—Nada, Inuyasha. Solo estaba meditando—Inuyasha bufo fastidiado y volvió la vista al frente mientras las pequeñas fogatas y luces se dibujaban lentamente por la colina, una aldea—Paremos aquí.

Asintiendo se dirigió para el bosque.

—¡Inuyasha! ¿Para donde vas?

Confundido observo como el caballo de Kagome detenía por orden de ella, retrocediendo lentamente la enfrento.

—Para el bosque…sacerdotisa, acuérdate. Soy un medio demonio—la miro con burla.

—¿Y?...Vamos, la aldea esta cerca…

—No me dejaran entrar.

Kagome se bajo de golpe del caballo y lo miro con una sonrisa maliciosa.

—Claro que lo harán, con gusto.

Inuyasha parpadeo ante la expresión casi traviesa de la sacerdotisa, instando al caballo a andar lo dejo atrás. Un escalofrió lo recorrió. Que sacerdotisa tan extraña. Observo la mano de ella llamándolo y con un resoplido la siguió, cuadrando sus hombros se preparo para la horda de insultos.

El jefe de la aldea una vez lo vio tomo su espada, pero a penas pudo divisar el rostro de Kagome lo miro de reojo y asintió, la aldea empezó a congregarse ante cada paso que entraban mas y mas, susurraban, pero no lo insultaban. Estaban curiosos.

—¿Qué es lo que pasa?

—Bueno, esta aldea fue hace mucho tiempo mi aldea, mi primera aldea. Fui la sacerdotisa encargada, así que me conocen.

—Pero no dijeron nada sobre mi.

La gran sonrisa lo golpe, el rostro de la sacerdotisa estaba luminoso y cálido.

—Te lo dije, Inuyasha—frunció la nariz, el carraspeo sintiendo el deseo de apretarle las mejillas—No me importa la raza de la gente, me importa es la calidad de la persona. Ellos ya me conocen.

—¿Traes demasiados demonios?

Ella negó graciosamente.

—No, solamente me asocio con ellos y la aldea mediante conmigo establecen una sociedad con ellos. Veras, hay una tribu de hombres gato que viven cerca de la montaña, tienen problemas con el agua y algunas medicinas, así que robaban—una pequeña niña, tímida y sonrojada, los guio para una cabaña. Era cálida y olía demasiado a hierbas y flores de sakura. Olía como Kagome—Gracias Shuuko.

La niña sonrió y salió rápidamente.

El se sentó en la esquina, observándola atentamente.

—Bueno, este es mi futon y ese es tu futon—señalo ambas esterillas de bambú recubiertas con varias telas.

Frunciendo el ceño, la miro.

—Ah, claro, la historia. Bueno…ellos robaban y la aldea lógicamente se defendía por cualquier medio, muchas muertes de ambos bandos hizo que tuviera que hablar con ambos lideres y llegaran a un acuerdo, a pesar de que ambos estaban confundidos y reticentes, lo hicieron. La aldea les daría alimentos y medicinas y los gatos vivirían cerca y ayudarían con protección y sembradío.

Sorprendido, encarno ambas cejas. Kagome soltó una pequeña risa y por reflejo el también sonrió.

—Eres extraña—exclamo ronco.

Ella se estremeció, viéndolo directamente.

—No soy extraña, creo en mi deber, que es proteger, y proteger es a cualquier persona—comento suavemente.

Parpadeando se dio cuerna que el ambiente se había vuelto demasiado…intimo. Rápidamente sonrió, turbada y se dispuso a alistarse a dormir.

—Creo que deberíamos descansar, mañana avanzaremos temprano—Inuyasha asintió, la observo un momento… y volvió asentir.

El medio demonio salió un momento mientras la sacerdotisa se ponía el kimono para dormir. Estaba un poco confundido, hace un momento el y la sacerdotisa habían entablado una conversación normal, por lo menos la mayoría, para su preocupación se había sentido cómodo y raramente…intimo con ella.

Ni siquiera con Kikyou había tenido semejante respuesta.

—Ya puedes entrar Inuyasha.

Confundido avanzo, hasta que la sorpresa lo hizo detenerse de golpe y el calor de la cabaña fue mayor, siempre había visto a la sacerdotisa con el cabello recogido en una trenza, pero ahora lo tenia suelto.

Era brillante, sedoso y ella parecía una visión…era realmente bella.

Parpadeando, sonrió incomodo y se fue a sentar en su esquina. Kagome lo observo confundida, y agito su cabello sin dejar de mirarlo.

El olor de sakuras lo volvió a golpear, con mas fuerza.

—Duermete—gruño, enojado con si mismo.

Ella sonrió.

—Mañana te cuento la historia con mi alumna. Que duermas bien, Inuyasha—se tumbo en el futon y quedo profunda. Estaba cansada.

Incomodo, se preparo para dormir también.

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Cuando despertaron tuvo que aguantar que Kagome preparara su caballo y con un chasquido de fastidio y la mirada fulminante de la sacerdotisa, partieron. El paisaje empezó a cambiar cada vez que subían mas y mas, la montaña era bastante extensa.

Rocas destruidas, arroyos cubiertos con telas y caballos muertos.

El olor a demonio era insoportable.

—¿Qué paso aquí?

—Hoshiyomi—comento Kagome seriamente, observando un cadáver de un demonio descomponiéndose—Cuando me mandaron a destruirlo yo no venia con la plena convicción de matarlo, así que primero analice al demonio. Era salvaje y demasiado irascible pero era tratable, se notaba que estaba solo…trato de matarnos a ambas.

—¿Qué paso con el?

—Bueno, curiosamente, un día me toco atender a unas personas así que Tsukiyomi salió sola a la cascada a hacer los baños rituales. Según lo que me conto ella Hoshiyomi estaba herido y ella lo había curado—sonriendo se bajo del caballo—Ella y yo compartíamos ciertas ideas sobre los tratos a los demonios, así que ella era bastante prevenida antes de atacar a alguien. Ella podía defenderse, es realmente poderosa. Desde ese momento supe que el ya no seria un problema…

Ella tomo una de las telas que perteneció a algún aldeano y las reverencio con profunda tristeza. El estaba ciertamente conmovido, su sorpresa nunca acababa con ella.

Kagome era extraña, no lastimaba demonios a menos que sea lo mas necesario, ayudaba a cualquiera y era bastante poderosa. Le había dado la mano a el, le había ofrecido alimento y un hogar.

Un medio demonio.

—¿Por qué?

Ella camino hacia el caballo se monto y se volteo, sonriéndole.

—El se enamoro de ella, cuando ella finalmente se convirtió en sacerdotisa, ambos se quedaron en esa aldea—señalo a lo alto de la montaña—Impusieron un templo y se casaron, yo les di mi bendición. El la protege, además le tengo aprecio.

Insto al caballo a andar nuevamente su camino.

El la siguió.

Lentamente, mas cadáveres de demonios empezaron a aparecer y el olor nauseabundo de la sangre lo golpe, aturdiéndolo. Protegiéndose con su traje, esquivo varios cadáveres.

—Creo que es mejor que vaya a pie desde aquí.

Asintiendo, Kagome amarro el caballo lejos de los cadáveres y protegido por arbustos.

Tomo arco en mano y apretó el rosario. Caminaron un poco mas hasta que observaron el templo alzarse imponente, grande y majestuoso. Algunos aldeanos, heridos y llorando, la saludaron con alegría y lo mismo a Inuyasha.

—¿Dónde esta Tsukiyomi?

Un aldeano señalo en templo.

—Esta ahí.

Avanzando rápidamente, entro, el templo estaba totalmente destruido por dentro. Pinturas rasgadas, el piso roto y ahuecado, algunos rosarios rotos y con las cuencas en el suelo, y lo peor, había mucha sangre.

En el centro, una desconsolada Tsukiyomi.

—¿Qué paso, Tsuki?—le hablo cariñosamente, la mujer al verla sonrió entre lagrimas y se lanzo a sus brazos.

Inuyasha las observo, observo a Kagome señalándole la salida y las dejo solas.

—Hoshiyomi, el…el envió a Kaijimbo a hacer una alabarda y ahora lo manipula, esa arma…—comento entre sollozos—No quiere purificarla y ahora se ha ido, dice que quiere protegerme, dice que nunca tendré que usar mis poderes.

Frunciendo el ceño, le limpio las lagrimas.

—¿Qué pasa con tus poderes?

Ella bajo el rostro, frunciendo el ceño.

—Últimamente me agotan la energía y cada vez me siento mas enferma.

Ella la observo seriamente, una sacerdotisa debía renovar sus poderes, debía hacerlo mediante rituales, bañarse en la cascada para que los ciclos del agua ayudaran a renovar las energías de cada sacerdotisa.

—¿Te has hecho los baños en las cascadas?

Tsukiyomi asintió, un poco ausente. De pronto, se desmayo de golpe, cayendo como una pesada muñeca. Depositándola suavemente en el suelo encima de un futon que afortunadamente sobrevivió a la ira de Hoshiyomi, salió.

Inuyasha la observo seriamente una vez salió.

—Esperaremos a que se mejore la aldea y salimos en busca de Hoshiyomi.

—¿Dónde esta?

—Debe estar lejos, la alabarda necesita sangre demoniaca para sobrevivir—gimió, frotándose los ojos—Pero no los puedo dejar solos, aun.

—No te estreses, sacerdotisa. Encontraremos al demonio y lo traeremos de vuelta.

Las palabras de aliento de Inuyasha la sorprendieron, el la miraba con seriedad, y con fuerza.

Asintiendo, sonrió.

Esperaron hasta que Tsukiyomi recuperara las fuerzas, junto con los aldeanos recogieron todos los muertos, tanto demonios como humanos, y los enterraron con los respectivos rituales de respeto.

—¿Por qué tuvo que Hoshiyomi hacer esto?—la cara compungida de su alumna la entristeció, Tsukiyomi era altamente independiente y detestaba mostrar debilidades, confiaba en ella…

—Te quería proteger pero utilizo medios equivocados—suspiro—Pero lo recuperaremos, antes necesito que me digas mañana temprano donde estas haciendo tus baños.

Ella asintió.

Inuyasha observo ambas sacerdotisas, cómodas y relajadas hablar. Kagome estaba apoyándola incondicionalmente con su matrimonio con el demonio, a pesar de que le trajera medio demonios a sus vidas como hijos. Pero le daba su bendición. Siempre que pensaba en la sacerdotisa custodia se le venia inevitablemente Kikyou a la mente…

Antes, cuando había hablado con Kikyou, ella le había dicho que no se sentía cómoda con el matrimonio entre un demonio y una sacerdotisa, que desconfiaba del youkai y que era previsible lo que había ocurrido. Según ella, el era diferente por ser medio humano.

—¡Hey! Inuyasha…¿Quieres comer?

Asintiendo, bajo el árbol quedando a la misma altura. Ambos empezaron a caminar empezando a escuchar los arboles moverse por las aves que volaban a dormirse, estaba atardeciendo y la luz del sol era cálida y suave.

Kagome sonrió y corrió a una cabaña.

Pequeños niños estaban sentados alrededor de una fogata, sin embargo, para su sorpresa, habían demonios y medio demonios…todos juntos con los humanos.

—¿Sorprendido?—la voz de la sacerdotisa amiga de Kagome lo despertó. Asintió seriamente sin dejar de ver los rostros de los niños, de distintas razas—Cuando logras escuchar a Kagome-sama, logras entender varias cosas…es una de las pequeños concejos que he logrado seguir…

La sacerdotisa apareció en ese momento, iluminada por el sol y la fogata, ayudando con cuencos y sonriendo, de repente, un pequeño niño medio demonio se acerco corriendo y abrazo fuertemente sus piernas.

Conteniendo la respiración, observo como ella le brillaban los ojos y lo cargaba amorosamente, un pequeño de ojos azules y la cara desfigurada, parecía un caballo. Ella lo mimaba, ella le sonreía y lo tocaba.

—El es Jinenji—comento—Ella le enseño a cultivar hierbas para curar y alimentar, un niño encantador y tímido he de decir. Ama a Kagome.

Asintiendo, observo a Kagome voltear a verlo. Sus cabellos se agitaron rebeldemente a pesar de estar en la trenza y la sonrisa que le dio, curiosamente, le calentó el corazón.

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Lentamente se acercaron en compañía de Tsukiyomi, Kagome estaba seria a penas habían llegado a la cascada, todo estaba normal y el agua cristalina destello con el sol.

—Es aquí

Kagome observo seriamente el rio un momento, desprendió una de sus perlas y la rompió, depositando los fragmentos en el rio. Tsukiyomi enarco las cejas sorprendida cuando observo el rio empezar a hervir, ponerse violeta y de el salir una masa negra.

—Un espíritu que roba energía—alisto una flecha y la lanzo con una luz violeta brillante. La masa empezó a chillar y evaporarse—Es débil pero se camufla muy bien. Hay que saber como sacarlo.

—¿Esto era lo que me tenia…débil?

Asintiendo, Kagome dejo su arco, sello el rio y se volteo sonriendo.

—Nos daremos los baños ahora, saldremos en busca de tu esposo a penas acabemos—miro directamente a Inuyasha mandándole señales, el medio demonio se puso nervioso y asintió.

Sonrojado, salto hacia el bosque. Se sentó a esperar, escuchando los cuchicheos felices de la sacerdotisas, una media hora paso hasta que ambas sacerdotisas aparecieron.

Se turbo cuando la vio con el cabello mojado, las mejillas sonrojadas y húmeda. Sin detenerse, los ojos dorados la recorrieron entera, su cuerpo se denotaba por el kimono húmedo que se pegaba a su piel, era curvilíneo y maduro.

Era hermosa, había alcanzado a ver a Kikyou con el mismo kimono, tenia un hermoso cuerpo, el de una adolescente. Kagome era una mujer, su cuerpo era como el reloj de arena y bastante estético, firme de tanto ejercicio.

Frunciendo el ceño, salto a los arboles.

¿Qué le pasaba?

El amaba a Kikyou, pero pensaba mucho en la sacerdotisa custodia como para ser normal.

¿Qué demonios le pasaba?


Amaterasu97

Bueno, creería que tensión entre ellos es palpable y si no es así, pues…¿Ojala lo entiendan?...espero que les haya gustado, ya salí a vacaciones así que espero por lo menos ponerme al corriente.