Love Live!
Wild stars
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: ¡Capítulo nuevo! Me la he pasado rumiando este capítulo desde que publiqué el anterior y no he podido avanzar en las otras historias. Tengo pendiente terminar el capi de las fans del manga con un poco de YouMari y el segundo de Sex on fire desde la perspectiva de Honoka. Espero poder tener tiempo esta semana. De mientras dejo este tributo.
No quiero extenderme como verdolaga con la nota, pero sólo quería hacer la observación. Tengo ganas de una historia crossover de Aquors y Star wars, esto después de ver un meme de You como un Sith, le queda bien el caer en el lado oscuro. También me surgió un su world war II con una You y Kanan nazis… oscuro el asunto. Ni que decir de otro donde You sea una adolescente problemática que se la pasa peleando con todos y sólo Riko logré hacerla parar. ¿Ya se dieron cuenta que You es mi favorita? Igual que Tsubasa.
En fin.
Gracias por sus reviews, eso me animo a priorizar el capi y sacarlo lo más rápido que me dejó el tiempo y la lluvia.
De lo que mencionan, pronto vamos a ver que trae el libro y sobre todo qué pasó con las musas. Nada más que Umi va a necesitar un empujoncito. Tengo que prepararme mentalmente para hacer ese capítulo que debe ser uno de los más cargados de la serie.
Erena y Anju van a tener un papel importante. Me las imagino cómo dos grandes y educadas nobles, maduras para su edad a pesar de las cosas malas que han pasado. Van a tener un fuerte impacto en la historia o eso espero.
Por cierto, recién acabo de leer la historia de Otonokizaka private academy y no jodas, que buena esta. Esa Maki me encantó, también Umi y Eli, lo feo es que no sale Tsubasa y Honoka no es relevante. ¡Bah! Eso me choca, pero no le resta nada a la historia. Algún día quiero escribir así. Ojalá pueda. También eso ayudó a mi puerca inspiración-chan para escribir.
Bueno los dejo ya con la historia. Hay NicoMaki, según mi novia quedó lindo, espero que así sea.
Se me olvidaba, cometí una fe erratas, de las muchas que hago, en el capítulo pasado que sí tiene cierto impacto en la historia, creo ¿? Al hacer mención Sora de que si Pile gana va a quitarle la sonrisa a Nan y quitarle el centro, me faltó agregar que le quitara el centro a Mimorin. Ella es el centro en ese momento. Aclarado, ahora sí, a leer.
— o —
—¿En donde está la Sonoda, capitán? —una mujer de cabello purpúreo y ojos aqua se acercó a un hombre sentado en un banco al pie de la barra de aquel bar.
El hombre uniformado le ofreció una bebida y la mujer se sentó a su lado. Esa noche la cantina estaba concurrida con todo tipo de personas, una comitiva del reino de Akiba estaba estacionada en aquel pueblo y muchos de los soldados que la conformaban se encontraban allí pasando un rato libre, incluida una de las princesas hijas del rey Ren. La mayor de las alfa Sonoda, Tsubasa, estaba conviviendo con sus guardias antes de presentarse en la comarca Kurosawa para reclamar el pago del impuesto para la corona.
El bullicio de sus voces que se alzaban escandalosamente cuando algo emocionante sucedía en la partida de cartas que estaban jugando algunos de los guardias molestó a la chica en la barra. Para los locales resultaba odioso tener que lidiar con aquellos extranjeros que sólo aparecían para quitarles el dinero que tanto les había costado obtener con su trabajo. La familia Sonoda no era querida en aquel lugar. No desde que hacía un año habían sembrado el terror al matar a algunos campesinos que se opusieron a sus órdenes.
Muchos preferían evitarlos, sin embargo otros, como el capitán y la mujer a su lado, preferían buscar la manera de vengar a los caídos y hacer justicia por su familia. Estaban cansados de vivir bajo el pesado yugo del reino de Akiba y conspiraban para sacarlos de sus tierras. Esa era la razón por la cual esa noche se habían reunido allí.
—Erena-san, ¿aún piensa seguir adelante? Está a tiempo de echarse atrás —el uniformado le preguntó sin hacer contacto visual con ella.
—No hay espacio para retroceder capitán, no podemos permitir que nos sigan pisoteando —dio un trago a su bebida y el hombre sacó un cigarro que encendió llevándoselo a la boca.
—Sonoda Tsubasa-san lleva un buen rato bebiendo en el fondo, está aceptando apuestas de aquel que sea lo suficientemente tonto para jugar con ella, es muy buena y no ha perdido una partida en toda la tarde —le indicó el hombre—. Tenga cuidado Erena-san.
—Lo tendré capitán, usted tenga listos a sus guardias, hoy vamos a acabar con una maldita perra Sonoda —se expresó con odio al decir lo último.
Erena se levantó de su asiento dando un trago a su bebida vaciandola por completo y se dirigió hasta la mesa donde los caballeros de Akiba se congregaban para mirar la partida de cartas. Los hombres se apartaron al verla llegar con su aire de superioridad y un saco repleto de monedas de oro, una tentación para cualquier apostador. No espero la invitación para sentarse y soltando la bolsa sobre la mesa se hizo un lugar.
Todos se callaron un momento.
Erena vio a la que era su objetivo. Una alfa de cabello castaño, ojos verdes y con una gran sonrisa socarrona que parecía divertirse con un par de omegas que la custodiaban a cada lado de manera cariñosa, unas putas de aquel burdel. Tuvo que contenerse para no mostrar su desacuerdo, le resultaba asqueroso el espectáculo de soberbia que daba la Sonoda. Las dos mujeres, una omega y una beta, se mostraban dispuestas con la alfa que no dudaba en meter mano entre sus ropas o permitir que ellas lo hicieran. Eso favorecía los planes de la joven lugareña pues las dos putas del burdel en realidad estaban confabuladas con ella para hacer caer a la Sonoda.
—¿Quien eres y qué es lo que deseas? —Tsubasa la miró estudiando su figura.
—Toudo Erena-san —pronuncio su nombre—, estoy aquí para apostar contra usted.
—¿Toudo? —repitió su apellido—. Me suena conocido.
—¿Acepta jugar? —sacudió la bolsa de monedas que descansaba sobre la mesa y más que la codicia, fue la curiosidad la que picó a Tsubasa. Se le hacía un rostro extrañamente familiar sólo que no ubicaba de donde.
Erena vestía de acuerdo a su rango, una noble del reino, hija de buena familia y educación esmerada que había caído en desgracia a la muerte de su padre. Siempre comprometida con las causas justas y con la defensa de la que consideraba su gente. Por esa razón servía al regente de la comarca, deseaba probarse y demostrar que podía realmente defender a Kusosawa en contra de los malos líderes que la oprimían. En especial de aquella Sonoda.
Después de unos segundos, Tsubasa hizo la indicación y le cedieron un asiento a la noble así como despejaron su área en la mesa para que tuviera un lugar en la partida. El tabernero apareció colocando un tarro de cerveza y la Sonoda comenzó a barajar las cartas.
—Dado que está ansiosa por perder el dinero, empezaremos fuerte la apuesta —soltó las cartas repartiéndose para ella y Erena.
—No tengo ningún inconveniente —dijo tomando las tres cartas que le habían servido.
Ambas alfas se veían fijamente a los ojos estudiando los movimientos del otro, buscando alguna reacción cuando sus pupilas miraron las cartas para ver cuáles les habían tocado. Erena no dejó que leyera su rostro, de manera fugaz dio un vistazo y volvió a colocar las cartas sobre la mesa. Su mente ya estaba trabajando en la estrategia del juego y en el cumplimiento del plan que debía llevar a cabo.
La primera partida pasó.
Contra lo que pudieran esperar, Erena ganó con cierta facilidad. Tsubasa la había dejado ganar para hacerla entrar en confianza, era consciente de eso. Lo permitió pues le daba por su lado a la Sonoda que también estaba entrando en confianza. Las monedas se apilaron a un costado de la noble.
La segunda partido se jugó.
Tsubasa se mostró implacable y antes de dejarle hacer cualquier movimiento, Erena ya estaba contra las cuerdas. Tuvo que dar el paso y no seguir jugando con esa mano. El puñado de monedas pasó al otro lado de la mesa.
La tercer y cuarta partida tuvieron la misma suerte.
El oro seguía apilandose de un solo extremo y Erena comenzó a sudar al ver que su dote había bajado hasta estar prácticamente en ceros. Tuvo que reconocer que la Sonoda era una jugadora experta, sólo que no iba a perder contra ella, al menos no fuera del juego. Una de las meretrices le guiño el ojo y supo que era el momento.
—¡Esto es inaudito! —exclamó airada—. ¡Está haciendo trampa! —lanzó la acusación.
—Es usted un mal perdedor Toudo Erena-san, acepte que ha perdido limpiamente —extendió la mano para tomar el oro y Erena agarró su muñeca.
—Ha implantado cartas —hizo la observación y jalando una de las mangas de la camisa de Tsubasa dejó ver un par de cartas que se asomaban debajo.
—¡Eso no es mio! —de inmediato negó la pertenencia de dichas cartas pero todos los presentes habían visto ya la escena.
—¡Ha hecho trampa! —la soltó y otro par de cartas cayeron sobre la mesa aumentando su culpabilidad—. Las partidas de cartas son de honor y usted está rompiendo el código. ¡Exijo una retribución! —de su cinturón sacó su arma y con la punta de su espada amenazó a Tsubasa que se mantuvo impasible.
—No se de donde ha salido eso, pero he estado jugando limpiamente, no tengo la necesidad de hacer trampa cuando confío en mis habilidades —se retiró echándose atrás para poner espacio entre la espada y ella.
—Alguien como usted, Sonoda-san, no conoce lo que es el juego limpio —Erena mantuvo su arma en lo alto y ante sus palabras Tsubasa solo soltó una sonora carcajada.
—La mayor parte del tiempo puedo jugar sucio, sin embargo como usted misma lo ha dicho, las partidas de cartas son partidas de honor y no mancharia el mío con algo tan bajo como un puñado de monedas —trono los dedos y los caballeros de Akiba que la acompañaban se alistaron para entrar a la lucha.
El capitán de la guardia de la comarca hizo su aparición en ese momento y se acercó a la mesa junto con una escolta de sus hombres. La situación estaba tensa y cualquier mal movimiento terminaría en una batalla campal en la que no muchos saldrían con vida, Erena confiaba en que al menos Tsubasa fuera una de esas bajas.
—¿Qué es lo que esta pasando aqui? —pidió una explicación el oficial y Tsubasa solo se encogió de hombros.
—Nada está pasando —respondió—, solo un mal entendido.
—Esta mujer ha hecho trampa en nuestra apuesta y estoy exigiendo una retribución por su deshonor —Erena se dirigió al oficial.
—Según las reglas de Kurosawa, aquel que hace trampa durante una apuesta de cartas formal se hace acreedor de la pena máxima, las deudas de juego se pagan con sangre —el capitán dijo a la concurrencia y los lugareños le dieron la razón.
Aunque los caballeros de la comitiva de Akiba eran numerosos, los locales los superaban en cantidad y teniendo de lado a las guardias de la región, las cosas no podían salir bien para ellos. Solo que eso no iba a limitar a Tsubasa.
—Le repito oficial, esto es un mal entendido —la alfa se levantó—, no tengo intencion de armar un alboroto innecesario pero si insisten en su tonteria de acusarme de algo que en definitiva no he hecho no tendré más remedio que defenderme —llevó su mano a la empuñadura de su espada y los guardias de Kurosawa se alistaron para atacar si esa arma salía de su funda.
—¿Acepta entonces que ha cometido la falta? —la interrogó el oficial.
—No, no he cometido ninguna falta… al menos no aún —sonrío con malicia—. Creo recordar... ya sé dónde es que su apellido me resulta familiar, Toudo-san —rodeó la mesa para salir del rincón donde estaba—. Toudo Shiroku-san era su padre, el principal de la casa de Kira, esposo de la prima de mi madre. Ha sido un tiempo desde que nos hemos visto. No te reconocí al inicio —añadió con sorpresa.
—¡Tch! Dudaba que lo hicieras —dijo con desdén siguiendo con la vista el andar de Tsubasa.
Las prostitutas que la acompañaban quisieron irse pero fueron retenidas por los hombres de Akiba que las apresaron manteniendolas sentadas a la mesa.
—Ahora que sé que somos cercanos, podemos hablar con familiaridad —Erena se revolvió en su agarre y los guardias la sostuvieron con más fuerza.
—No eres más de la casa de Kira, sólo eres una perra Sonoda —le escupió a la cara cuando terminó de decir aquello, los caballeros reaccionaron queriendo irse encima de ella pero Tsubasa pidió que no la tocarán haciendo un ademán.
—Vamos prima, ¿aún me guardas rencor? Somos familia después de todo —dijo en un tono afectado que sonaba más a burla que a otra cosa.
—Rencor es una palabra que se pueda corta, vergüenza es lo único que siento hacia ti —le dio la espalda a Erena y reinició su discurso.
—Eres tú la prometida de la hija del regente de la comarca y pronto tendrán la celebración de su compromiso. Permíteme felicitarte —volvió a mirarla e hizo una reverencia exagerada, Erena no pudo evitar ponerse nerviosa—, tu futura esposa es una omega exquisita a la que me gustaría poder visitar para presentarle mis respetos de manera apropiada, aunque no sé si tendré que felicitarle o darle el pésame.
—Hablas con descaro Sonoda-san —gruñó Erena acentuando el apellido de Tsubasa para molestarla.
—¿Descaro? —se llevó un dedo a la boca pidiéndole que guardara silencio—. Descaro es el que tú estás cometiendo, aunque más que descaro es estupidez, querida prima. Levantar la mano contra tu propia familia. Te vuelvo a repetir, como bien lo has dicho, las partidas de juego son partidas de honor y tú, Erena, evidentemente, no conoces lo que es eso —Tsubasa hizo un movimiento y los hombres que tenían sujetas a las dos meretrices las golpearon contra la mesa—. Intentar inculparme de cometer trampa cuando has estado coludida desde el principio en esta estafa —sacudió la cabeza reprobando las acciones de Erena que fue rodeada por otros soldados de Akiba—, eso no es honorable.
—¿Me está acusando a mi? —se mostró ofendida y Tsubasa lo negó.
—Ciertamente, yo no, pero ellas sí —señaló a las dos prostitutas.
Las dos mujeres chillaron por sus vidas cuando las espadas de los caballeros deslumbraron frente a sus rostros para cortar sus manos por haber participado en aquel intento de trampa. Los soldados solo esperaron una señal antes de proceder.
—¡Por favor no! —suplico una de ellas, la hembra beta.
—¿Ustedes están participando bajo las órdenes de Toudo-san? —pidió saber Tsubasa ante el terror de Erena y el capitán de Kurosawa.
—¡No me mate! —la omega también suplico—. Tengo una familia que mantener, ellos me ofrecieron dinero a cambio de ayudarlos a atraparle Sonoda-san. ¡Por favor, piedad! —la mujer estaba hecha un mar de lágrimas pero aún no fue liberada.
—¿Quienes te pidieron eso? —quiso saber, aunque ya esperaba la respuesta.
Los locales se mantuvieron a la expectativa mientras el capitán y Erena, junto con el resto de sus acompañantes, fueron rodeados por completo por los soldados de Akiba para impedir su huida una vez se revelara el nombre de los culpables. De algún lugar salieron más de los que podían manejar. Las cosas no estaban resultando para nada como lo habían planeado.
—¡Habla! —urgió a la mujer que dirigió su mirada de Erena al capitán.
—Ellos, ellos fueron —los señaló a ambos, Erena y el capitán se vieron antes de sacar sus armas y ponerse en guardia.
Las espadas sonaron y su brillo deslumbrante se vio opacado pronto por la mancha roja sobre su superficie producto de la cruenta lucha que se estaba desenvolviendo. Tsubasa atravesó con su espada el torso del capitán antes de que este pudiera siquiera defenderse. El hombre cayó pesadamente sobre el suelo. Las dos mujeres murieron de inmediato empaladas contra la mesa mientras que el resto de los guardias de Kurosawa caían uno tras otro, sino muerto al menos sí gravemente herido. Apenas y hubo bajas de parte de Akiba. Los locales se mantuvieron al margen al ver como sus propios soldados eran arrasados sin piedad.
Erena se defendió de un par de caballeros que la mantenían entretenida tratando de salvar su vida, logró librarse de uno al que cortó el cuello haciéndolo desangrarse, pero el segundo le asestó un golpe a su mejilla y el filo de su espada rozó su brazo inmovilizando la mano que sujetaba su arma. Otro soldado llegó para golpearla también impactando una patada en su abdomen doblandola y plantando sus rodillas al suelo.
Tsubasa dio la indicación de que se detuvieran.
Sus soldados la desarmaron y sujetaron para que su superior se acercara. Tsubasa caminó con parsimonia hasta llegar a su lado. Tomó su mentón alzando su rostro para que la mirara. Erena estaba en muy mal estado, se veía segura de estar a un paso de la muerte a manos del rival que buscaba acabar para defender a su pueblo. Cuán irónico le parecía aquello, morir a manos de quien en algún momento considero un amigo, amigo que la había olvidado por completo. Aún así, pese a su derrota, se mantuvo altiva sin desviar sus ojos aqua de las verdes esmeraldas de Tsubasa que seguían estudiando la particularidad de la alfa.
—Te ha salido mal la treta Toudo Erena-san —sonrió sin soltar su mentón—. Espero que con esto aprendas que no es tan fácil tratar con un Sonoda y creer que te saldrás con la tuya, la vida es lo menos que vas a perder.
—No me importa mi vida si es por defender una causa justa —contestó escupiendo la sangre de su boca al traje de Tsubasa que solo se limpio la saliva que llegó a su rostro.
—Erena-san, no siempre las causas justas son correctas, después de tu falla ahora eres tú quien está bajo mi control de la justicia —empujo su espada en su pecho cortando poco a poco la tela de su traje—. Esos cuentos que tu padre nos contaba cuando éramos unos cachorros sobre el honor, la justicia y la lealtad de los caballeros, son cosas que no funcionan en la práctica, ya deberías saberlo. No existe el bien, lo bueno es relativo, sólo existe el poder y el control y yo, hoy, tengo el poder en mis manos sobre tu vida.
—Veo que has olvidado todo lo bueno que tenías, ya no existe la Tsubasa que conocí, sólo eres una perra Sonoda igual a tu padre —la aludida exhaló con desgana negando sus palabras.
—Esa es mi herencia, soy una Sonoda, ya no hay cuentos de princesas, sólo pesadillas oscuras —se encogió de hombros—. Mi padre me enseñó esa verdad mejor que el tuyo cuando servía a la casa Sonoda, es una pena Toudo Shiroku-san haya tenido que morir para que el rey me mostrara eso.
—¿Vas a matarme entonces? —las pupilas de Erena se dilataron en espera de la respuesta—. Es una pena y una ironía que tenga que morir a manos de tuyas.
—Eso lo sé y créame, no me interesa tomar tu vida cuando puedo hacer algo que realmente llegue a dolerte de verdad —curvó sus labios y soltó un golpe a su estómago que la hizo escupir más sangre—. Creo, es tiempo de presentar mis respetos a su futura compañera y prima —le dijo al oído y Erena solo abrió los ojos desmesuradamente.
—¡No te atrevas a tocarla! —forcejeó del agarre que la sometía y Tsubasa solo se rió de su frustración.
—Si se porta bien tal vez llegue a perdonarle la vida también —golpeó con su puño su barbilla y Erena cayó inconsciente.
— o —
—¿Qué sucedió aquí? —Umi entró en la habitación que compartía con Nozomi y vio el desorden que imperaba por todo el lugar.
De inmediato se alarmó al no recibir una respuesta rápida de la omega que estaba arrodillada al pie de la cama con su hermana recostada en ella. La cara de Tsubasa se veía en un hito de angustia que la inquietó. Caminó hasta ponerse a la altura de Nozomi y tocó sus hombros para hacerle ver su presencia pero la omega seguía ensimismada.
—¿Nozomi-chan? —llamó a la chica y ella apenas alzó la cara dejando ver sus ojos enrojecidos de llorar.
—Umi-chan, no te escuche llegar —se limpio los ojos y con ayuda de la alfa se puso en pie.
—¿Qué es lo que ha pasado Nozomi-chan? —la sostuvo entre sus brazos para permitirle que ella hundiera su rostro en su pecho.
—No lo sé —mintió—, ella vino alterada y de pronto se desvaneció.
Umi notó lo maltratado de su uniforme, la quemadura en su costado y la mancha seca de sangre también. Frunció el ceño al ver eso.
—¿Quien la atacó? —interrogó a la omega—. ¿Ella te dijo algo?
—No, nada, sólo se puso mal —Umi observó con mayor detenimiento el cuarto y el olor ligero que reconocía con facilidad.
—Vino a buscarte para calmarse, ¿no es así? —Nozomi afirmó—. Creí que Honoka-san la había curado.
—Lo hizo, esto no tiene que ver con eso —Nozomi se retiró del abrazo de Umi yendo hasta la mesa donde había estado haciendo sus lecturas—. Tengo un mal presentimiento —le mostró a la alfa la carta de la muerte.
—Eso no quiere decir nada —se giró para ver a su hermana—. Antes has sacado esa carta y no quiere decir que tendrá que ver con… la muerte… ¡Demonios! —se sentó en un sofá cercano cubriéndose el rostro con las manos.
—¿Qué pasó Umi-chan? —Nozomi se arrodilló frente a ella sujetando sus muñecas.
—Acabo de acordar un duelo a muerte entre Ayase Eli-san y Tsubasa-chan —se recostó con desgana echándose atrás en el sofá.
—¡Umi-chan! —el corazón de Nozomi se encogió con la noticia—. ¡No puedes permitir eso!
—No puedo romper el acuerdo ahora —se lamentó—, Ayase-san no querrá deshacerlo.
—Hablaré con ella si es necesario —se levantó decidida la omega pero Umi la detuvo.
—No, eso solo complicaría las cosas, Ayase-san quiere romper el compromiso de Tsubasa con su hermana y no le importa si con eso pone en riesgo su vida matando a la alfa —Nozomi gruñó con frustración con lo que le dijo Umi.
—Algo podré hacer —trató de consolarse tirándose en los brazos de Umi acurrucandose sobre ella.
—Solo hay que mantener a Tsubasa sana y salva para que pueda salir de esta —besó la frente de Nozomi—. Soy una idiota por comprometer a mi hermana de esa manera.
—No es tu culpa —se aferró más a su pecho.
Quería decirle que hiciera lo que hiciera el destino o más bien los planes de su padre terminarían colocando a Tsubasa de cualquier forma en esa situación y ella, ella tenía que acabar de poner el último clavo a ese ataúd.
Lloró sobre el pecho de Umi hasta que logró calmarse muchos minutos después.
Se secó la humedad que aún permanecía en sus mejillas y alisó el traje de Umi que había mojado y arrugado en su arrebató. Las dos estuvieron en silencio hasta que la noche cayó.
—¿Como te fue hoy con Kotori-san? —Nozomi rompió el silencio de la habilidad.
—No quiero hablar de ello —Umi perdió sus ojos más allá de la omega evitando mirarla.
—¿Paso algo malo? —la curiosidad le picó.
—Bueno, además de condenar a mi hermana a muerte —habló con ironía—, asistí a una reunión con la regente Minami-san para que me propusiera una tontería sobre algo de las musas y confabular contra el rey —terminó de hablar con irritación.
Al oír la palabra musas, Nozomi se inquietó. Tenía que obtener más información al respecto.
—¿Musas? ¿Como la leyenda? —se mostró interesada aunque no quería dejar ver ese interés.
—Si, una cosa así —le resto importancia—. Sea lo que sea le advertí que si insistía con eso no me quedaría más remedio que acusarlas de traición —concluyó no queriendo seguir hablando del tema.
—Debe ser importante si Minami-san se atrevió a decirte sobre eso, quizás debas darle una oportunidad —jugó con el cuello de su traje para distraerla.
—Son sólo tonterías —la detuvo sujetando sus manos—. Vamos, llevaremos a Tsubasa a su habitación, estoy cansada y necesito dormir.
Dio por zanjado la conversación por fin y Nozomi no siguió insistiendo, sin embargo antes de que Umi la quitara de su regazo le dio tres toques apenas perceptibles, uno en su cuello, otro en su sien y uno último en su pecho. El gesto no molesto a Umi aunque se le hizo extraño pero lo dejo pasar.
— o —
Después del encuentro con sus hermanas y con la heredera de los Sonoda, Eli se refugió en su despacho por el resto del día. Se sumergió en la pila de reportes de la guardia a su cargo y perdió el sentido del tiempo. Esperaba la visita de su madre pero esta no llegó al menos no durante la tarde, el que sí apareció por su puerta fue un mensajero trayendo una misiva dirigida para ella.
Lo reconoció enseguida, el uniforme, era uno de Kurosawa.
El papel anunciaba la llegada del nuevo regente y su esposa para asistir a las festividades y solicitaba una audiencia con ella. De inmediato tomó pluma y hoja para responder a la brevedad. Despidió al mensajero con su respuesta diciendo que se encontraría con la regente en un par de horas en el lugar donde se estarían hospedando.
Terminó de arreglar el papeleo diario y salió de la oficina de la guardia. No perdió mucho tiempo en ir a las caballerizas, conseguir un caballo y echarse a galope. En cierto modo estaba inquieta por su futuro duelo y en parte también, estaba alegre de ver a una amiga cercana. Otonokizaka guardaba una estrecha relación con Kurosawa, que aunque era un reino diferente, estaba bajo el cuidado de ellos. Eran viejos aliados que cayeron casi al mismo tiempo en manos de los Sonodas. La antigua casa de Kira era la que había gobernado Kurosawa hasta que Ren la tomara y se casará con la heredera de Kira rompiendo el linaje. Fue cuando Toudo Shiroku-san tomó las riendas de Kurosawa hasta su muerte no mucho después. Su hija fue salvada por el padre de Eli cuando Ren decidió terminar por completo con cualquier otro heredero de la casa de Kira y ahora la hija de Shiroku volvía a tomar el mandato de ese reino.
Apeo del caballo cuando estuvo en el mesón donde la comitiva de Kurosawa descansaba. Al ser notificados de la llegada de los Sonoda al castillo de Otonokizaka, la comarca declinó la invitación a permanecer en el palacio pero no la de asistir al evento.
Eli habló a uno de los guardias de Kurosawa y este la guió hasta las habitaciones donde permanecía la regente. Erena la recibió dándole un fuerte abrazo y Anju una reverencia cordial tratando de ocultar su rostro. Fue allí cuando Eli se dio cuenta, hacía meses que no las había visto, desde antes del terrible incidente con Tsubasa, no había podido constatar el estado físico de Anju, sólo el de Erena.
La joven esposa, otrora reconocida por ser una de las omegas más hermosas de los reinos, ahora era un pálido recuerdo de aquella belleza. No había dejado de ser bonita, sin embargo su cara ya no reflejaba la misma felicidad de antaño, sus ojos se notaban tristes y deslucidos y mantenía un constante temblor en una de sus manos. Aunque lo más notorio de su aspecto era la gran cicatriz que surcaba un extremo de su rostro, desde la mejilla hasta la frente en su lado derecho, un burdo corte que atravesaba su ceja y que por suerte no se había llevado conmigo también la luz de su ojo derecho. Eli tembló de rabia al verla pero se contuvo para no inquietar más a sus aliadas.
—Es un placer volver a verte Ayase Eli-san —Erena le ofreció sentarse a la mesa mientras Anju disponia a un par de sirvientes para que alistaran la cena—. Sobre todo el honor de compartir el pan y la sal contigo —Eli la siguió colocándose frente a ella y no se sentó hasta que Anju y Erena lo hicieron.
—El honor es todo mío —dijo con una agradable sonrisa que se vio empañada cuando sus ojos se dirigieron a Anju—. Lamento lo que pasó —la omega sólo asintió con tristeza.
—No tiene por qué su majestad, lo que paso pasó y no hay manera de revertirlo —habló con amargura y Erena la tomó de la mano—, pero mejor tengamos una charla más amena.
—Si… de acuerdo —titubeó Eli—. Espero que el viaje no haya tenido contratiempos.
—Ninguno en realidad, Anju y yo tuvimos un momento agradable al entrar en los dominios de Otonokizaka y ver lo magnífico que sigue siendo —siguió el curso de la plática desviandolo de su esposa—. El reino está en buenas condiciones como siempre.
En ese momento los sirvientes entraron a la habitación y comenzaron a servir el primer tiempo de la cena. Eli les permitió su plato, después de un día tan ajetreado realmente moría de hambre y el aroma de la comida era bastante seductor. Un rico menú típico de Kurosawa fue desplegado delante de ella para su regocijo. Anju siempre había sido especial para ese tipo de detalles. La omega le recordaba a su querida hermana Kotori por su excelente gusto y la buena educación y modales que poseía.
—Es bueno saber que aprecian el reino, se ha hecho un gran esfuerzo por mantenerlo así, libre de la influencia de los Sonodas, al menos todo lo que se puede —tomó una cucharada de la sopa y degustó el delicioso sabor, sin duda Maki apreciaría más ese platillo ya que los tomates son su verdura favorita—. Como siempre exquisito Anju-san, a Maki-san le hubiera encantado probar esto.
—¡Oh! Lo sé, creí que te acompañaría y quería darle la sorpresa —habló con una sonrisa más sincera—. Le haré llegar contigo una parte de la comida, si me lo permites.
—Estaré encantada y ella lo agradecerá bastante —asintió y siguió disfrutando de la cena.
Pasaron el resto de la velada en una plática sobre cosas triviales y algunos temas a tratar de comercio, nada realmente relevante o grave. Eli y Erena procuraron no tocar más allá de la superficie el tema de los Sonoda en deferencia a la omega, aunque era evidente que Erena deseaba hablar de aquello. Sin embargo no se dio la oportunidad sino ya entrada la noche. Anju se despidió de Eli acusando al cansancio del viaje de tenerla en el límite y pidió retirarse a sus aposentos.
—¡Que tenga una buena noche Anju-san! No entretendré mucho tiempo más a Erena-san para que la acompañe en su descanso —hizo una reverencia que fue correspondida de igual manera.
—Tomense su tiempo, se que tienen asuntos importantes por tratar y ya he tomado bastante de su atención con mi egoísmo pero realmente quería distraerme un poco y charlar contigo —pidió disculpas a Eli que minimizó el tema.
—Siempre es un placer el estar en la compañía de tan bella omega y jamás será un desperdicio de tiempo, muy por el contrario —Anju ofreció su mano y Eli la tomó con gusto dejando un beso en el dorso—. Espero poder corresponder a su hospitalidad el día de mañana en el castillo, si me permite hacerle la invitación, procuraré que ningún Sonoda empañe la visita.
—Tendré que declinar su amable oferta para el día de mañana pero estaremos presentes en la apertura del festival —dijo con un leve tremor, aún le producía escalofríos el pensar en toparse con alguien de esa familia.
—Lo comprendo, discúlpeme —se apresuró a ofrecer sus disculpas por su error al ver su reacción física—. Trataré de que su estancia sea lo menos desagradable.
—No te preocupes Eli-san, se que no depende sólo de ti pero muchas grácias por tu amabilidad —le dedico una última mirada melancólica y se retiró de la habitación.
Erena exhaló con fuerza cuando la puerta se cerró tras su esposa y se giró para quedar de frente a Eli.
—Ella hizo eso, ¿no es así? —Eli fue la primera en hablar de nuevo, refiriéndose a la cicatriz del rostro de Anju—. Sonoda Tsubasa.
—Si… —dijo con pesar apretando los puños—, aunque en realidad fue mi culpa, yo… no pude defenderla.
Eli tocó su hombro para darle ánimo, sólo que Erena mantuvo la cara mirando hacia el suelo. La mujer alfa tenía una pesada carga encima, la culpabilidad estaba plasmada en todo su ser, eso irritó a Eli.
—No es tu culpa, es culpa de esa hija de puta que sólo sirve para destruir —se refirió a Tsubasa con rencor—. Estoy más que gustosa de poder tener la otro de arrebatarle la vida en un duelo durante las justas de las festividades.
Al oírla, Erena alzó la cara viéndola a los ojos, el temor cruzó su cara para ser reemplazado por la ira momentos después.
—Se que merece morir pero quiero ser yo quien tenga ese gusto —su voz sonó igual de cargada con rencor—. Quiero acabar con Sonoda Tsubasa y recuperar el honor de la casa de Kira.
—Se que es así, pero el destino ha dispuesto que sea yo quien la enfrente —palmeó su hombro y dio algunos pasos por la habitación—. Sin embargo no tengo la intención de mancharme las manos con su sangre aunque lo desee con vehemencia. Honoka no me lo perdonaría, aunque si no tuviera más remedio lo haría.
—¿Honoka-san? —preguntó extrañada queriendo saber a qué venía la hermana de Eli en este asunto.
—Si… el rey Ren dispuso que sus hijas desposaran a mis hermanas —eso sorprendió a Erena, que aunque ya había oído el rumor, no sabía si era verdad.
—¿Honoka-san se desposaran con Tsubasa? —con todo el dolor de su corazón Eli le dijo que si.
A la luz de esos eventos, Erena se dio la vuelta meditando sus pensamientos. Conocía a Honoka-san, había compartido con ella mientras permaneció en el castillo de Otonokizaka después de que Ikki-san, su padre la trajera. Fue una estancia breve pues al poco tiempo Ikki-san había muerto del mismo modo, ella estuvo allí, lo había visto todo.
Su mente, su razón y sus pasiones se vieron enfrentadas. Honoka-san era una luz para cualquiera que la hubiese conocido, por esa causa Eli había dedicado su vida a mantener esa luz lo más intacta posible. ¿Cómo es que ahora lo más puro de la familia Ayase terminaría con lo más oscuro, después del rey Ren, de los Sonodas? Aquello se le hacía una cruel broma del destino.
—¿Vas a permitir que tome a tu hermana? —fue la primera pregunta de varias que quería formular Erena.
—Por supuesto que no —respondió de forma tajante.
—Pero si la matas, aún estando en un duelo, el rey te matará a ti —no era cosa fácil matar a un príncipe Sonoda, las consecuencias de eso podrían ser catastróficas para quien lo hiciera aún cuando fuera legal.
—Lo sé, aunque parece ser que al rey realmente no le importa —procedió a contarle el evento en el cual el rey le había concedido castigar a Tsubasa en favor de su permiso para despistar a su hermana.
—La estupidez más grande —exclamó abriendo los ojos con asombro—. ¿Acaso no le importa la vida de su hija?
—Al parecer no lo suficiente o confía en que eso no la matará —se encogió de hombros Eli ignorando cual había sido el razonamiento del rey.
—Sea cual sea, si eso llega a suceder a Honoka-san no le espera una buena vida —pronunció lamentándose de esa mala suerte de la omega.
—No lo voy a permitir —regreso a su posición tajante.
La regente de Kurosawa camino furiosa de arriba a abajo, aún seguía debatiéndose. Quería venganza por lo que Tsubasa había hecho a Anju por su culpa, aunque también había una razón más poderosa detrás, la misma que la había llevado a volver a cruzar su camino con ella, el restaurar el linaje de la casa de Kira.
—Eli-san, tengo una propuesta que hacerte —se paró de golpe y tomó de los hombros a la alfa que la vio con extrañeza.
—¿Cual es esa? —quiso saber por curiosidad.
—Tu quieres evitar que Tsubasa despose a tu hermana, ¿no es así? —Eli asintió—. Solo que no quieres matarla para evitar una confrontación con el resto de los Sonoda y con Honoka-san —volvió a darle la razón—. Entonces entregamela.
—¿Qué? ¡Eso no! —se negó rotundamente—. Eso te traería problemas.
—No si actuamos con discreción —insistió—. Kurosawa y Otonokizaka han sido aliados desde hace mucho tiempo, tú y yo hemos sido amigas también, esto nos beneficia a ambas y en esta ocasión sí yo caigo, tú no tendrás que caer conmigo, asumiré toda la responsabilidad —aun así Eli se mostró reacia a aceptar lo que decía.
—Es demasiado, no puedo condenarte a ti a algo como eso —se debatió entre tomar o no la propuesta de Erena, sin duda tener un aliado en esto seria de mucha utilidad, pero era muy arriesgado.
Si seguía sola, podía sólo perder su vida y ya, o matar a Tsubasa y apelar a Sonoda Umi de cumplir su palabra y no tomar represalias, aunque con eso el rey no se quedaría satisfecho, además estaba Honoka. Su hermana no perdonaría tan fácil, su relación ya estaba mal y eso terminaría de fracturarla. Las cosas no serían igual entre ellas.
—Peleas con ella, mantienes intacta tu reputación y a tu hermana y yo me encargo de matar a Sonoda Tsubasa —aún con la vacilación en sus ojos Erena busco algo más con lo cual terminar de convencerla—. Se que Anju estará gustosa de cooperar hablando con Honoka-san y hacerla entrar en razón si es que es ella la que te detiene.
—¿Haria eso Anju-san? —la miró de forma esperanzadora.
—A Anju le agradaría poder ahorrarle mucho sufrimiento a tu hermana si puede evitar que ella esté junto a esa Sonoda —eso pareció ser lo que por fin la logro convencer.
—De acuerdo, pero tendremos que trazar un buen plan o de lo contrario les daremos la excusa perfecta para acabar con nosotras —dijo por último Eli.
— o —
—¿Sigues practicando todavía? —escuchó Maki la odiosa vos de la omega que la sacaba de sus casillas—. Veo que te ha emocionado mucho el descubrimiento de tu habilidad. ¡Puff! ¡Gran cosa!
Tuvo el impulso de responderle con una grosería pero creyó que ignorarla sería suficiente para demostrar su disgusto. Reanudó su intento de provocar que sus manos volvieran a encenderse y Nico sólo bufó al ver lo fallido de sus movimientos.
—¡Lo estas haciendo mal! —la regañó—. No puedes simplemente poner las manos y pujar a ver si sale alguna llama, tienes que desearlo realmente.
—¡Lo estoy haciendo! —le alzó la voz exasperada—. Es sólo que no funciona.
—Y no lo va a hacer si sigues bloqueandote tu sola —la vena de su sien palpitaba furiosa al ver lo mal que lo hacía Maki—. Relájate quieres, ¿cuánto tiempo llevas aquí?
La chica alfa se detuvo enojada evitando hacer contacto visual con Nico que esperaba su respuesta golpeando la punta de su pie con impaciencia contra el suelo.
—¡Quieres dejar de hacer eso! —le pidió irritada yendo a recoger su chaqueta para alejarse de la omega, no estaba de humor para soportarla—. ¡Solo déjame en paz!
—¡Con gusto! —le respondió dándose la vuelta—. Creí que querías dejar de ser una inútil alfa pero veo que no es así.
Dio unos pasos para dejar a Maki allí en el campo de entrenamiento, sólo que antes de que pudiera continuar la voz de la chica la detuvo.
—Espera… yo… lo sien… sólo estoy frustrada —iba a disculparse pero su orgullo no se lo permitió—. Quiero mejorar... esto es increíble y quiero explotarlo… tu sabes… —habló entre balbuceos.
—Ven aquí —la llamó Nico pidiéndole que se pusiera frente a ella.
Maki no sabía si hacerlo o no hacerlo, ya de por sí detestaba tener que seguir sus órdenes todo el tiempo. A regañadientes camino hasta donde le dijo.
Las dos quedaron de frente, la noche ya estaba de pleno con la luna en lo alto dando algo de claridad en medio de la oscuridad, algunas luminarias en los alrededores del campo daban cierta luz y los ojos amatista de la alfa se habían acostumbrado a la tenue iluminación. El fresco nocturno comenzaba a dejarse sentir aunque con el estrés y el ejercicio que había realizado no lo sentía, por el contrario refrescaba el sudor sobre su piel.
Solo los pequeños destellos que surgían de sus manos habían roto la oscuridad por breves segundos. Solo que para su mala suerte no lograba dominarlos lo suficiente para manipularlos y evitar se extinguieron con rapidez.
—Date la vuelta —le ordenó Nico y de mala gana lo hizo no sin bufar ganándose un ceño fruncido de la omega.
—¡Maldita sea! —susurró para ella pero Nico lo escucho con suficiente volúmen sólo que lo ignoro aunque no le faltaron ganas de golpear a Maki.
—Extiende las manos —le habló con brusquedad—, cierra los ojos y respira profundo —suavizó su tono para ayudar a la alfa a relajarse y la rodeo con sus brazos.
—No entiendo como esto me va a ayudar —masculló y ahora sí Nico le dio un golpe en la cabeza.
—Cállate y hazlo —Maki gruñó pero aún así cerró los ojos.
—¡Ya! —dijo exhalando todo el aire y volviendo a llenar sus pulmones.
—Relajate —Nico acercó su boca al cuello de la alfa y el aliento cálido de la omega pegó con su piel produciéndole escalofríos y una ligera ruborización que pasó desapercibida gracias a la poca luz circundante—. Trata de poner en blanco tu mente.
Maki sintió los dedos de la pequeña omega delinear la palma de su mano subiendo por su muñeca, su brazo hasta sus hombros. El gesto lejos de relajarla la estaba poniendo más nerviosa. La cercanía le permitió percibir con mayor fuerza el agradable aroma que desprendía Nico y su nariz acaparaba el olor cada vez que inhalaba el aire. Con cierto disimulo, su cuerpo la traicionó, y daba respiraciones cada vez más profundas y largas tratando de llenarse con ese aroma. Había algunos toques afrutados, como la fresa, pero otros extraños como el olor de la tierra cuando las primeras gotas caían sobre ella. Era sensación extraña que si la tuviera que definir en una palabra era hogareña. El rico aroma de un pastel de fresas recién horneado que esperas con ansias poder probar.
Su mente estaba vagando en ese pensamiento, tan concentrada en descifrar todo lo que aquel olor le decía con los ojos cerrados que no podía ver cómo era ella el objeto de escrutinio de la omega.
Nico aprovechó la distracción de la alfa para poder observar con detenimiento cada recoveco del delicado rostro de Maki así como de los firmes músculos en sus brazos. Tenía fuerza, no tenía duda, lo había probado, el problema no era ese. El problema con Maki era su falta de enfoque y su rápida frustración que no le permitían progresar. Era bruta, un diamante en bruto, para definirlo mejor Maki era un rubí a la espera de ser pulido para permitirle brillar con toda su magnificencia y espera poder ser ella la que pudiera sacar ese brillo interior de la chica.
Solo que Maki era tan estúpida para su gusto que la tentaba más a simplemente romperle la cabeza que otra cosa. Tan testaruda, terca, necia, odiosa, egocéntrica, grosera, idiota, linda, guapa, con un aroma que le provocaba a partes iguales repulsión y atracción, un hermoso trasero que le encantaba patear a la menor excusa y un sentimiento indefinido que la hacía cuestionar porque permitía a esta alfa tantas cosas cuando por menos de lo que ella hacía había mandado al patíbulo a otros.
Su rostro se iluminó.
—Abre los ojos —le dijo con voz tranquila sujetando sus muñecas.
Las pupilas de Maki se encandilaron de inmediato con la luz que sus manos desprendían, además del calor que emanaban produciendo la calidez que alejó la sensación de frialdad de la noche. Por unos instantes la llama se desestabilizó y amenazaba con apagarse.
—Mantén tu mente despejada, concéntrate en lo que estabas pensando mientras tenías tus ojos cerrados —no cambió su tono calmado y Maki respiró hondo.
Llenó sus pulmones que el olor de Nico y eso logró hacer que la flama se estabilizara lo suficiente. Una sonrisa se instaló en su rostro y la euforia que la invadió hizo más grande la flama.
—Eso es, así está muy bien —dio su aprobación Nico—. Lo que sea que estés pensando trata de concentrarte en eso cada vez para ayudarte a generar las llamas.
—S… si… —dijo nerviosa con el toque de los dedos de Nico que se acercaban a la llama como las polillas atraídas a la trampa de fuego.
—Déjame mostrarte algo —movió sus dedos y con sus manos acunó las de Maki—. Mira esto.
La omega se concentró y de pronto las llamas crecieron de forma increíble rompiendo no sólo la oscuridad con fuerza, sino también el silencio. Las llamas rugían y el calor comenzaba a ser sofocante. Nico retiró sus manos y la llama volvió a su forma original para el asombro de Maki.
—¿Como hiciste eso? —se volteó a mirarla apagando por completo el fuego en sus manos.
—Hay muchas personas con talentos en este mundo —dijo de manera ostentosa—. No eres la única especial.
—Ya decía que tu amabilidad había durado demasiado —rodó los ojos con disgusto.
—Puedo controlar el aire o podría decirse algo así —puso una de sus manos a la cintura y la otra la agitó produciendo una ligera brisa—. No es muy útil como ataque si no logro generar ráfagas lo suficientemente fuertes pero como defensa me ayuda a parar o repeler oponentes —empujo la palma de su mano contra Maki y sin llegar a tocarla la arrojó hacia atrás.
La chica cayó sin gracia sobre su trasero para su asombro. Nico no la había tocado pero sin duda sintió el golpe sobre su pecho que la tiró al suelo.
—Bueno para detener alfas idiotas —dijo recordando la primera vez que uso ese poder para detener a su hermana Tsubasa de tomarla.
—Pero… ¿eso como hace que mis llamas sean más grandes? —preguntó levantándose del piso.
—Química básica, idiota —se acercó agarrando su mano de nuevo—. ¿Que necesita el fuego para quemarse? —presionó su muñeca y sin querer una pequeña chispa se generó y la flama surgió.
—¿Un combustible? —dijo tentativamente.
—Si, tú eres el combustible, tus manos generan la chispa pero no habría fuego si no hubiera aire, oxígeno para ser más específicos —Nico produjo una corriente de aire ligera y la llama creció, la retiró unos segundos después—. Solo debes tener cuidado, recuérdalo, tú eres el combustible.
—¿Eso qué significa? —dijo en voz alta pero enseguida ella misma se respondió al comprender lo que Nico le decía—. ¡Oh!
—Vamos, debes comer algo —la tomó de la mano agarrandola desprevenida y sus mejillas se sonrojaron con el gesto pero no lo evito.
— o —
