Era mediodía y los cuatro acabaron de comer. Como siempre, la comida era escasa, pero Ludwig y Feliciano la repartieron lo mejor posible, dejándoles a los niños lo mejor. Al acabar, los dos se echaron en la cama algo somnolientos y se durmieron.

-Creo que me voy.- dijo el alemán mirando la hora en el despertador de la mesita.

-¿Ya? Reposa un poco la comida al menos, no vaya a ser que te siente mal.- le dijo el italiano intentando convencerlo para que se quedaran juntos.

-No, prefiero seguir cavando. Cuanto antes acabe, antes saldremos.-

-¿Sabes cuándo será la próxima ejecución?-

-Ni idea. Lo preguntaré cuando vuelva.- se levantó y cogió las sobras.

-Vale, que se te dé bien.- le sonrió. –Y si te sientes mal, descansa, ¿eh?-

-Claro que sí, meine liebe.- lo besó en los labios y entrelazó su mano, haciendo que Feliciano la agarrara fuertemente mientras recibía ese beso, pero Ludwig tuvo que separarse para marchar y con todo su pesar, se fue. –Hasta esta noche.- se fue.

-Sí.- le respondió risueño mientras se abrazaba a sus hermanos para caer en el sueño con ellos.

Ludwig se aseguró de que nadie lo viera y cogió un par de palas de un cobertizo que por suerte o por desgracia, estaba cerca de las cabañas de los judíos pero aún así, no se veía absolutamente nada del túnel desde esa distancia. Entró con cuidado de que no lo vieran sorprendiendo a los que estaban adentro, que dejaron de hacer todo lo que estaban haciendo para callarse y quedársele mirando mientras esperaban sus órdenes.

-Tomad.- les fue pasando palas a cada uno y él se quedó con una. –Los que no tengáis palas, esperad vuestro turno. Estaréis todo el tiempo que podáis cavando, hasta que os canséis y les paséis el relevo a los que no están cavando, ¿de acuerdo?- todos asintieron serios como soldados. –Pues, sin más que decir, empecemos. Trataremos de hacerlo ancho, porque tendremos que salir un montón de gente en el menor tiempo posible.- Se abrió paso entre todos y salió en dirección al túnel por el agujero de la pared con todos detrás de él.

Empezaron bastante bien; todos se esforzaban mucho y nadie parecía pasar por ahí pero al cabo de unas horas, acabaron exhaustos. El único que seguía eran un par de hombre menos y Ludwig que, a pesar de que tenía todo el cuerpo dolorido, cavaba lo mejor que podía.

-Si quiere le relevo, señor Beilschmidt.- se acercó uno sin tratar de molestarle.

-No, puedo seguir.- le respondió mientras seguía con su trabajo concienzudamente. Asintió y se apartó, volviendo a cavar por sí mismo con la pala de un compañero. Pasaron incluso más horas, y empezó a oscurecer. Ahora el único que seguía con la faena era Ludwig, quien les ordenó a los demás descansar por hoy.

-Tiene que tener muchas ganas de salir de aquí para estar durante tanto tiempo.- le dijo uno de ellos a otro.

-Sí, pero él puede salir de aquí cuando quiera, ¿no?- preguntó el otro.

-No lo creas. El ejército alemán es muy duro y severo, dudo que lo dejen abandonar e irse a su casa tranquilamente.-

Todos lo miraban asombrados de lo que aguantaba hasta que finalmente paró tambaleándose de un lado a otro muerto de cansancio. -¡Señor Beilschmidt!- todos fueron a cogerlo antes de que se cayera mareado al suelo.

-Gracias por todo lo de hoy…- dijo exhausto entre sus brazos y con los ojos cerrados. –Mañana tengo que salir con los demás, pero espero volver aquí para seguir.-

-Ni en broma, usted mañana no va a hacer nada, lo haremos nosotros. Ahora vuelva a su cuarto y descanse, se lo rogamos.- lo ayudaron a ponerse en pie.

-Sí, hasta pronto.-se fue intentando mantener el equilibrio. –Acordaos de tapar el hoyo.-

-Sí.- dijeron todos mientras veía cómo se alejaba, preocupados por él.

Como pudo y sin caerse, el alemán llegó exhausto a su dormitorio y, sin decir nada, cayó dolorido por todo el cuerpo en el diván.

-Ludwig, ¿qué te ocurre?- como pudo, Feliciano se levantó hasta llegar a los pies de la cama, donde justo al lado se encontraba el susodicho diván. Le agarró de la mano preocupado y los niños se quedaron mirándolo también preocupados. Iba despeinado, con manchas de tierra por la cara y con algunas heridas en las manos.

-Sólo estoy cansado, eso es todo.- dijo cuando recobró el aliento.

-Te he dicho que descansaras si te sentías muy mal.- le regañó. -¿A que mañana te toca salir con el ejército? Te va a doler todo el cuerpo.-

Ludwig tardó en responder. –Mira el lado bueno, seguro que mañana lo acabo y pasado mañana podemos salir.- sonrió cogiéndole de la mano. Feliciano empezó a acariciarla y le notó las heridas.

-¿Qué es esto? ¿Heridas?- las tocó más aún hasta que se quejó del dolor, aunque no apartó la mano. –Ya lo que me faltaba.- la soltó y se echó enfadado. Los niños los siguieron mirando a los dos.

-Feliciano, no te preocupes por mí, estoy bien, seguro que para mañana se me pasa.- se levantó y fue hacia él.

-Sí, estarás lleno de agujetas y dolorido, pero nada más aparte de eso.- abrazó la almohada y se giró dándole la espalda enfadado.

-Mira, lo último que me hacía falta hoy era que tú te enfadaras conmigo.- se levantó molesto y se fue. Feliciano se quedó tal y como estaba y abrazó fuertemente la almohada llorando.

-No pasa nada, Feli, verás cómo se le pasa cuando vuelva.- Caterina se acercó y lo abrazó.

-Ha tenido un día duro, sólo es eso.- le consoló Bertram.

Feliciano abrazó a sus dos hermanos llorando. –Gracias por el consuelo, chicos.- los besó a cada uno. –Me siento realmente mal cuando se va, temiendo que no pueda volver o le hayan hecho algo por estar aquí los tres y sobretodo yo, que soy una carga para él y para vosotros.-

-No eres eso, eres nuestro hermano y te queremos muchísimo.-respondió Bertram animándolo.

-Además, si nos dejaras, nos pondríamos muy tristes y Ludwig también.- le dijo Caterina haciendo pucheros.

El alemán entró en la habitación con la cena, gasas y desinfectantes para sus heridas y las de Feliciano, las cuales iba a ver hoy para comprobar si habían mejorado. Feliciano supo que llegó, pero siguió llorando con sus hermanos. Él lo dejó todo en el escritorio y fue a abrazarlos también. -Sólo quiero lo mejor para vosotros.- dijo mientras los abrazaba a los tres con los ojos cerrados. –No me importa quedarme sin aliento o incluso, morir si es por vosotros.- Feliciano puso su mano en su espalda y lo abrazó fuertemente sin parar de llorar. Ludwig le besó la frente y le apartó las lágrimas sin decirle nada.

Tras esto, recuperaron energía cenando y al acabar, Ludwig se fue al baño con Feliciano. Los niños se quedaron en la habitación hablando entre ellos de la escena que acabaron de presenciar.

-Yo creo que están enamorados.- le dijo Caterina cargada de razón mientras se cepillaba el pelo con un peine que les dio Ludwig días atrás.

-Sí, yo también lo creo.- se echó en la cama. –Sólo espero que se quieran entre ellos y no se peleen más.-

-A ti parece que Ludwig ya te cae bien, ¿eh?- dejó el peine en la mesita y se echó junto a él.

-P-pues claro.- se sonrojó. –Acepto que está haciendo un gran trabajo y si es la pareja de Feli, habrá que tratar de llevarnos bien. Además, no se le ve tan malo…- se tapó. La niña se le abrazó sonriendo y se tapó con él para dormirse, aún con el aplique encendido.

Mientras tanto Ludwig sentó a Feliciano desnudo y empezó a lavarlo, con cuidado de no hacerle daño en las heridas y moviéndolo delicadamente.

-Siento lo que te he dicho, soy un estúpido.- dijo cabizbajo mientras le frotaba la espalda.

-No lo eres. Te preocupabas por mí, y eso es normal.- se puso frente a él y le frotó el brazo. El italiano alzó el rostro y lo besó con lengua sorprendiendo a Ludwig, que movió su lengua jugando con la del italiano dejando la esponja caer al suelo. -¿Quieres dar el siguiente paso?- le preguntó ruborizado.

-¿Siguiente paso de qué?- intentó reflexionar pensando a lo que se refería, hasta que lo acertó y se puso nervioso.

-Hey, tranquilo. Si no quieres no lo hago, te doy mi palabra.- volvió a coger la esponja.

-N-no.- le respondió. –Sí que quiero, pero me da algo de miedo…-

-Te doy mi palabra de que seré gentil.- lo miró a la cara.

-B-bueno, entonces está bien. No es que no me fiara de ti, quiero decir, yo.- le puso un dedo en la boca para que se callara.

-Silencio, no digas ni hagas nada, ya me ocupo yo.- empezó a acariciarle el pecho. –Sólo encárgate de no hacer ruido, ¿de acuerdo?- el italiano asintió nervioso mientras lo cogía y lo sentaba en su regazo.

Ludwig fue bajando su mano y empezó a masturbarlo despacio, haciendo que gimiera excitado agarrándose a su brazo. Le besó el cuello para que se tranquilizara un poco.

-Lud…wig… te… a-mo.- dijo mientras gemía agarrado a su brazo, haciendo que se excitara. Bajó su mano y lo cogió de las piernas alzándoselas con cuidado, y le fue penetrando poco a poco con cuidado de no hacerle daño. Empezó a gemir, pero le tapó la boca mientras le besaba el cuello.

-Tranquilo, no te pongas nervioso.- fue más deprisa, pero con sumo cuidado. –Sólo dime si te duele.-

El italiano negó girando la cabeza. En realidad era una sensación algo extraña; le dolía un poco porque, lógicamente, era virgen y era su primera vez, pero la verdad es que le gustaba y no quería parar, quería seguir un buen rato ahí, recostado en el pecho de Ludwig mientras lo besaba y le movía las caderas para sentir más placer pero al mismo tiempo, velaba por su bien estar. Estuvieron así durante bastante tiempo, hasta que sintió un escalofrío dentro de él haciéndole gemir de nuevo.

Finalmente, acabaron y Ludwig siguió limpiándolo con la esponja. Él no se atrevía a mirarle a la cara ni a hablarle.

-¿Te ha gustado?- El italiano alzó el rostro bruscamente y asintió. -¿De verdad? No hace falta que me mientas, lo comprenderé.-

Se acercó a él y le besó intensamente. –Era mi primera vez, pero me ha gustado mucho.- le sonrió.

Se sonrojó y le enjuagó el cuerpo. –Bueno, pues me alegro.- sonrió nervioso mientras le echaba agua. Lo tapó con una toalla y él siguió duchándose, quitándose toda la tierra que cogió por la tarde en la excavación. Acabó y salió con una toalla en la cintura a por los desinfectantes y las gasas para Feliciano.

-¿Están durmiendo mis hermanos?- le preguntó Feliciano cuando llegó.

-Sí.- se sentó y le quitó las gasas sucias que tenía. –Vaya, esto ya está cerrado.- dijo mientras le miraba los cortes, convertidos ya en muñones.

-Sí, ahora me siento extraño.- sonrió. -Aunque ya no me duele tanto.-

-Eso es normal.- le echó los ungüentos y se los tapó rápidamente con las gasas, apretándolas con cuidado. -¿Qué tal tus cuencas?- le abrió un párpado mirando su interior.

-Aún tengo heridas por los párpados, pero por dentro no me duele nada. Pareces un médico- rió.

-Qué va, lo que pasa es que uno ya se acostumbra viendo tantas heridas, aunque...- le desinfectó los párpados con un algodón mojado y soltó un pequeño gemido de dolor. –…antes de entrar aquí, hice un curso de medicina, pero no vi heridas de este grado, la verdad.-

-Pues se te da bastante bien…- dijo mientras se quejaba del dolor, pero sonriéndole.

-Por cierto.- cambió de tema mientras guardaba todo en el botiquín tras curarse sus propias heridas de las manos. –pasado mañana, a mediodía, harán la ejecución de todos los judíos. Nos dará tiempo a escapar porque nosotros escaparemos ese mismo día de madrugada.-

-Me parece bien, pero sigo preocupado por ti.- Ludwig guardó silencio y le dijo que no le iba a pasar nada, pero él no respondió.

Finalmente, acabaron en el baño. Le puso un camisón limpio y lo recostó en la cama. Ludwig salió de la habitación con camisón también, y fue a bajarlo todo. De camino a su habitación, vio una silueta por el pasillo que se acercaba a él.