Después de haber estado largos y tediosos meses sin computadora, regreso con el capítulo final de este fic.
Final relativamente hablando, pues estoy preparando un par de escenas que fueron "eliminadas" en esta primera versión del fic (de las cuales, una será escrita por mi amigo Jeczman n.n) además de un nuevo epílogo; así que esperen el Ficker's Cut muy pronto. (Calculo que para inicios de Diciembre, ya que de verdad quiero terminarla antes de que acabe el año)
Un agradecimiento a todos aquellos que hayan seguido el fic todo este tiempo, muy especialmente a SakuraK Li, Atelier-sama y a la bellísima Shadir, cuyos comentarios me han impulsado a esforzarme a lo largo de la historia. Muchas gracias
What if…? Poseidón se levanta!
por Aither
Decisiones
Capítulo VIII
La decisión del que busca ser dios
Giudecca
Aiolos observó lo que quedaba del templo de Hades. Alguna vez colosal y majestuoso, ahora no eran más que ruinas que ahora sepultaban a sus hermanos dorados.
Sí, siete de los cuerpos de los santos dorados yacían enterrados entre los escombros del lugar. Siete valerosos guerreros que habían entregado sus vidas en batalla contra los dioses gemelos. Siete guerreros que habían cometido el máximo sacrificio para proteger el mundo que tanto amaban.
Bajo esos escombros también se encontraba el cuerpo sin vida de la gloriosa Athena. Diosa de la sabiduría y de la guerra defensiva cuya mayor fuerza y debilidad era el corazón humano, noble y sincero, que había portado ganándole la ira de los dioses.
Aiolos deseo poder rescatar el cuerpo de sus hermanos y su diosa y poder brindarles el respeto que merecían, pero desafortunadamente no había tiempo para ello. No, demasiadas vidas se habían perdido ya. Debía continuar.
-¡Hades! –gritó el santo de Sagitario mientras tensaba el arco de su armadura, dirigiendo la flecha dorada hacia el corazón del dios.
-¿Aun insistes en pelear? –preguntó el dios con aire de fastidio. – ¿Qué puede hacer un solo hombre contra un dios?
Aiolos no contestó, al menos no con palabras. Pero su cosmos se fue incrementando, concentrándose en la punta de su flecha.
-¡No estoy sólo! –respondió Aiolos estirando la cuerda de su arco al máximo. – ¡Mis hermanos se encuentran a mi lado, prestándome su cosmos!
-Así sean doce o dos mil, los humanos jamás podrán derrotar a los dioses.
-Eso lo vere… – Aiolos no pudo completar su frase, tampoco pudo disparar la flecha que brillaba como el Sol y que cayó en el piso perdiendo su brillo.
Un cosmos extremadamente poderoso se había formado a su espalda y le había impactado con una habilidad y destreza digna de un caballero dorado. Aiollos no pudo hacer nada para defenderse de semejante técnica que rápidamente clamó su vida.
Hades miró agradecido al autor del impresionante ataque, el hombre encapuchado que tan bien le había aconsejado hasta ahora.
-Has demostrado tu valía – dijo Hades volviendo a sus aposentos en los Eliseos –serás recompensado adecuadamente.
-Señor, si me permite –habló el encapuchado –creo que deberíamos atacar el Santuario inmediatamente.
-Prometí a Athena que detendría el máximo eclipse.
-Lo sé, señor. Y si me lo pregunta, no pudo haber hecho mejor elección. El máximo eclipse hubiera erradicado toda la vida del planeta. Ahora tiene un mundo bello y radiante para conquistar, un mundo que podría agradar a la bella Perséfone.
Las últimas palabras del encapuchado parecieron tener efecto en Hades quien detuvo su andar.
-¿Y qué te hace pensar que hay urgencia para hacerlo ahora? Ahora que Athena se ha marchado, podremos conquistar el mundo cuando queramos.
-Mi señor, el Santuario no está más bajo el control de Athena. Poseidón ha aniquilado a lo santos que permanecieron en el santo refugio y lo ha reclamado para sí.
Hades voltea a ver al encapuchado, aun de rodillas al pie de la escalinata. Sus palabras eran ahora de verdadero interés para el.
-Como bien sabe, Poseidón puede tener tantos soldados como peces hay en el mar, pero actualmente casi todos sus hombres, incluyendo a sus poderosos shogun y a su sacerdotisa, han perecido. Él mismo se encuentra lastimado.
-Mis fuerzas también se encuentran debilitadas –recalcó Hades.
-La pérdida de los kyotos y los dioses gemelos es lamentable, pero su ejército aun cuenta con cerca de 80 espectros. Algunos tan poderosos como los santos dorados. Usted se encuentra en excelentes condiciones y tiene su espada. Debemos atacar ahora, antes de que Poseidón tenga tiempo de convocar sus fuerzas.
-Seguiré tu consejo una vez más. ¡Avisa a Pandora! Quiero a las tropas listas en tres horas. Asaltaremos el Santuario. –dice Hades sombrío mientras sube la escalinata que conduce a los Eliseos.
-Se hará como usted diga, mi señor. –responde el encapuchado al ver a Hades perderse tras las cortinas del lugar, rumbo a los eliseos.
El misterioso encapuchado se dirige hacia la salida cuando ve una cabellera azul que reconoce al instante. Lo toma sin ningún tipo de respeto y jala de él liberándolo de los escombros. La orgullosa armadura de géminis, aunque en bastante mal estado, se niega a abandonar a su amo, aun después de muerto.
Lentamente se quita la capucha, revelando un rostro idéntico al de aquél que sostiene en sus brazos.
-Pelea con Poseidón todo lo que quieras, ¡Acábense el uno al otro! –exclama Kanon a la vez que vuelve a tirar a Saga en el suelo y camina sobre de él, de uno de sus bolsillos saca el objeto que robó del Santuario Ateniense, una pequeña daga dorada, la daga con la que Saga intentara matar a Athena hace ya 13 años. Una daga capaz de matar dioses.
-Al final yo seré el único ganador, ¡El gobernante de todo lo que existe!
Y así con una carcajada que resuena en lo más profundo de los infiernos, el que pudo llegar a convertirse en el santo de géminis organiza las tropas infernales para pelear contra Poseidón.
Epílogo
Es de noche en el Santuario, una figura cubierta en un manto negro sale de su escondite, en el que lleva ya varias horas. Las densas nubes bloquean la luz de la luna, lo que facilitará enormemente su escape.
-¿Quién está ahí? –pregunta una voz a sus espaldas.
"Maldición" piensa la misteriosa figura. Lleva una caja dorada de inusual tamaño en la espalda y un pequeño bulto en sus brazos. Con una velocidad que supera la del sonido, toma algo de sus bolsillos, y como si de una serpiente furiosa se tratara, un látigo corta el aire, destrozando muro y suelo por igual hasta alcanzar al guardia marina que le había descubierto.
Antes de que el marina pueda pronunciar otra palabra, el sibilante látigo ya le ha arrebatado la vida.
-¿Qué pasa? –pregunta el bulto en sus brazos, un pequeño niño pelirrojo con puntos violetas en su frente –¿June?
-Ya esta bien, Kiki, todo va a estar bien.
-Viniste a rescatarme.
June sólo asiente antes de que vuelva a escudriñar el terreno.
-¿El señor Mu y... –comienza a preguntar Kiki a pesar de que conoce bien la respuesta – ¿Somos los únicos que quedamos?
June no contestó, no se atrevía contestar. Prefirió concentrarse en la caja en sus espaldas, la caja de la armadura de Aries, la armadura que le pertenecía por derecho al pequeño lemuriano en sus brazos.
-Algún día, tú y yo vamos a reconstruir la orden. Te lo prometo –fue todo lo que la mujer dijo antes de perderse en la noche, con una caja de inusual tamaño en la espalda, y un pequeño bulto en los brazos.
