"Martes seis de Marzo, El día de las Presentaciones I"

Para él, San Valentín, era de las peores fechas del año, si no es que la peor; había pensado que ese año sería igual a los anteriores, hasta que halló aquel regalo tan peculiar en su lugar. Era un enrome corazón rojo, con un cinto negro, y pensó que sería interesante…

Nunca se imaginó que ese presente sólo marcaría el principio de una turbia racha de eventos desconcertantes en su vida.

Día tras día, incluyendo domingos, fue recibiendo un regalo de Sn Valentín, eso en un principio le pareció mortificante, pero como los chocolates, y demás postres, estaban deliciosos, y que su admirador le pareció interesante, acabó por tomarle gusto a esos presentes, al grado de esperarlos con ansias cada día. Cada regalo venía con una nota, cada una con palabras bastante particulares, muy lejanas de las cursilerías típicas de la fecha, todas esas atenciones lo hacían sentirse muy fue emocionante hasta el día veintiocho de febrero, ese día decidió dejarle una nota a su admirador, haciendo que la sensación de ansiedad ante la espera de una respuesta aumentara casi al nerviosismo...

Cada día que siguió era casi como si estuviera a la espera de tener una primera cita, esperar la contestación lo mantenía al borde del asiento, y con falta de sueño, todas las noches. El intercambio de "Letras" apenas duró unos días, pero ese pequeño lapso de tiempo fue suficiente para pensar que ese chico le estaba comenzando a gustar, Por su forma de escribir, de expresarse, y desde luego por su forma de cocinar. Además del hecho de que, en definitiva, parecía no esforzarse en esconder su verdadera personalidad, ya que le daba pistas, y que su identidad aun fuera un misterio lo hacía mucho mas entretenido e incluso hasta le parecía algo sexy, dejar ese misteriosos enigma para el final era en verdad sensual y provocador, tanto que hasta se entrecortaba su respiración al pensar en la respuesta que lo esperaban cada mañana, junto a su presente del día…

Sí, le había dejado las pistas, pero no podía encontrarles sentido alguno ¿Cómo entraban un murciélago y un gato en todo esto? ¿Qué se suponía que quería decir con esos chocolates? ¿Dijo que se habían conocido antes, no? ¡Imposible! Recordaría a alguien tan peculiar sin duda alguna. Además, no encajaba en lo absoluto con ninguno de sus compañeros, ni actuales ni con los de la secundaria…

Había mencionado que "Él" era una persona que sobresalía del resto… "Si estuvieras frente a todos los alumnos de la escuela es seguro que me notarías en seguida" Le pareció que sonaba arrogante, pero podía ser muy cierto, como en el caso de Kurosaki Ichigo, o Abarai Renji, ambos resaltaban de inmediato por sus colores de cabello, pero no podía asegurar que fuera el mismo caso con su admirador, ya que la razón por la que sobresalía podía ser otra, como su altura, o color de piel, tal vez algún tatuaje… ¿Cómo saberlo con certeza?

También lo había llamado "Chupasangre" ¿Tendría ese "apodo" algún contexto escondido que no hubiese notado con anterioridad? Aunque no le parecía que esa palabra llevara otro significado además del literal, parecía ser nada mas un apodo común, sin embargo, ni en la escuela elemental, o en la secundaría, menos aún en la actual, nadie le había puesto semejante sobrenombre…

Después había mencionado el Futbol, y el Kendo, él mismo era parte del Club de Kendo, al igual que Kuchiki Imouto, y no había nadie en ese club que encajara en el "perfil" de su admirador, y en el club de futbol… Esperaba que no… El futbol era el deporte que menos le gustaba de todos…

Había tratado de hacerlo enojar, como la vez que lo llamó esposa, para que se presentara frente a él para que le reclame y conocerlo, pero la treta no había funcionado… Sin embargo ese mismo sábado todo terminó, un acontecimiento inesperado en su vida había cambiado todas las cosas, ya que había encontrado a la persona más "Increíble" de todas las que había conocido…

Aquel sábado tenían prácticas, todos los clubs, por lo que fue al plantel para acudir a sus practicas de kendo, y a jugar Ajedrez, y por su puesto para poder recibir su regalo, mas que nada por ese último que por los demás; al leer la nota se sintió emocionado, tenía una pieza mas del rompecabezas, devoró su obsequió después del entrenamiento, tratando de hilar todas las pistas que tenía, aun sin llegar a ningún resultado, y llegó a pensar que tal vez su "Valentín" tenía razón: Tanta azúcar, junto con todo ese ambiente "romántico" que se habían montado, le estaba aletargando el cerebro… Pero no le importaba, se sentía bien, y feliz…

Iba de salida, pues sus practicas ya habían terminado, cuando su mejor contrincante de Ajedrez apareció, justo como una loca, frente a él, gritando cosas incoherentes, ella estaba mucho mas que feliz, daba brincos como un conejo súper drogado, con los ojos de "estrella", únicamente diciendo que su querido "Bebito" iba a jugar ese día contra otra escuela, en un partido improvisado, ahí en su mismo plantel. La chica delirante de "felicidad", aunque él juraría que era a causa de alguna droga, llamó a todos sus amigos y compañeros, así como a conocidos de todas partes, para echarle porras al equipo de su escuela…

No pudo evitar quedar atrapado ahí, ella no lo dejó escapar, pero al menos estaba a una prudente distancia, de cinco asientos, lejos de la loquita "esa", incluso no deseaba quedarse mas de lo necesario, ya que el básquetbol era lejanamente uno de sus deportes "soportables", sin embargo escapar era casi imposible, así que estaba condenado a prestar atención al juego por las circunstancias…

Justo al inicio del partido las cosas se pusieron muy ruidosas, con lo mucho que a él le gustaba el ruido, pensó sarcásticamente, las chicas comenzaron a gritar completamente fuera de si, ¿La razón? Los jugadores estelares de básquet, del equipo de su escuela, estaban entre los más populares de todo el plantel.

El primero en salir, con el número diez, el capitán del equipo, un rubio que tenía el cabello largo hasta los hombros, cortado de forma recta, tenía una sonrisa extraña y era muy popular, muchas chicas hasta temblaban de emoción cuando las miraba, y él repartía besos para todas…

El segundo fue un castaño de gafas cuadradas, del número cinco, tenía una sonrisa tierna y dulce, y justo cuando se quitó los anteojos, para jugar, su rostro cambió a uno mas sexy y pícaro, aquella sonrisa fría derretía a todo un centenar de chicas que gritaban su nombre como posesas…Ulquiorra sabía que lo conocía de antes, sí, ese chico castaño había sido su senpai en la secundaria…

El tercero fue un peliazul, del número seis, con una sonrisa desquiciada y de aspecto salvaje, saludó hacia todos, en especial a esa loca que lo obligó a asistir a ese estúpido partido, las chicas, de uno de los barandales, lo llamaban a gritos, esperando que las mirara, todas gritaban su nombre hasta el hartazgo.

El cuarto era un joven de cabellos negros y despeinados, tenía el número sesenta y nueve, una sonrisa sincera y coqueta, quizás era el mas natural de todos ellos, igual tenía un club de fans innumerable, todas ellas tenían cara de "morir a causa de un orgasmo" cuando lo miraban, pensó que esas chicas eran sólo unas pobres estúpidas…

El quinto fue un joven de cabellos negros azulosos, hasta casi los hombros, con el número once, tenía un semblante serio y calmado, pasó a la duela como si todos los demás no existieran, a él lo conocía por otras personas, aquel joven de tercero era conocido como su "Alteza", tanta era su fama que tenía un grupo de porristas "profesionales" que lo animaba en cada uno de sus partidos, seguramente era la envidia de toda la escuela, y ahí estaba Kuchiki Imouto animándolo entusiastamente.

Tenía que reconocer que los cinco eran muy atractivos, cada uno a su manera claro, aunque uno en particular llamó su atención, su forma de moverse, de hacer fintas, de robar pases, aquel instante en que el tiempo parecía detenerse mientras saltaba para meter una canasta… Sus movimientos tan veloces, el brillo de la luz sobre su piel, esos ojos que con una mirada le habían robado el alma, quería conocerlo en persona, ya sabía su nombre, cortesía de las loquitas gritando, ahora sólo le faltaba averiguar todo lo demás sobre él… Todos esos detalles resaltaban a su vista, haciendo que perdiera la noción de todo lo demás.

Su cerebro dejó de funcionar realmente, dejó todo lo que hasta ese momento había analizado sobre las pistas de sus regalos, y "Su" Valentín pasó a ser "el" Valentín, se enfocaría con toda su mente, alma y demás, en aquel chico que se movía como un dios en esa cancha… Sí, un Dios, precisamente eso es lo que ese hombre era, un Dios. Por unos instantes le pareció estúpido que antes no lo hubiera notado, que antes ese jugador no lo hubiera "flechado", pero así era el amor: Impredecible.

El domingo, por la mañana halló su regalo… Y se maldijo mil veces mentalmente, había estado tan eufórico, internamente claro, con su nuevo enamoramiento, que se había olvidado por completo del "otro", y ahora tenía que pensar en como deshacerse de él. Se juró a si mismo, el día anterior, que se le declararía a su nuevo amor el día de St White, es decir, el miércoles, dentro de tres días. ¿Cómo podría declarársele a uno y salir con el otro el mismo día? Con esa actitud sólo daría a entender que era un maldito miserable sin sentimientos que sólo jugaba con la gente, lo cual era, en parte cierto, pero su nuevo flechazo no tenía porque saberlo ¿Cierto?

En esta ocasión no quería que se pensara eso de él, quería ser lo mas sincero y honesto que fuera posible, porque sólo así se puede ganar verdaderamente el corazón de alguien, o al menos esa era la idea que su madre le había metido desde temprana edad en la cabeza, pero como nunca le había interesado nadie, pues no se había esforzado por no ser "Insoportable"… Aunque… ¿Si se portaba amable y agradable, no estaría fingiendo lo que no es? Que complicado era pensar con las neuronas embobabas por el amor…

Apenas tenía tiempo, tenía que deshacerse del idiota de los regalos como fuere, por eso le dejó una nota desagradable el lunes que siguió, esperando que desistiera, pero su esfuerzo fue nulo, falló rotundamente… Quiso resolver la incógnita de su identidad para que no tuviera que salir con él, pero le fue imposible siquiera hilar las pistas, así que, nuevamente, había fallado ¿Cómo no fallaría si su cerebro rememoraba constantemente a ese "Adonis"? Mal, iba por muy mal camino… No quiso contarle a nadie de su situación, por lo que le tocaba resolverlo él solo.

Llegó el martes y aun no había pensado en nada, le había dejado una nota muy explícita, no quería nada con él, pero ese cabeza hueca no entendía y seguía insistiendo, incluso lo había retado aun más: no negaría que el hecho de que su admirador fuera perseverante le agradaba, pero precisamente esa obstinación le complicaba cada minuto más las cosas…

Descartó a casi medio plantel, es decir a casi todos los varones que pudo recordar, y simplemente no podía dar con él, hizo una investigación "Express" del tal "Gato", pero no pudo hallar a nadie con ese apodo. Estaba perdido, ya se acercaba la hora de la verdad… Justo ese día, martes trece de marzo, a las ocho de la noche tenía que encontrarse con él…

Tenía que ir, no debía de plantarlo, ni huir, pero no pensaba arreglarse en lo absoluto para verlo, simplemente se puso un pantalón deslavado cualquiera de su closet, una camisa negra ajustada ligeramente a su cuerpo, que lucia bastante bien pero que él consideraba de "diario", sus tenis de deportes y nada mas; salió de su casa sin decir nada a sus padres, quienes pensaron que su hijo solo daría una vuelta por ahí, y camino despacio hacia el lugar acordado, lo mejor era acabar con eso pronto, bien decía un dicho "Al mal paso darle prisa" .

No sabía como iba a lograrlo, pero tenía que evitar todo contacto con él, aun si tenía que herirlo profundamente. Por eso mismo es que odiaba los catorce de febrero, sólo le traían problemas a su vida, eran una tortura, y el de ese año había sido el peor de todos…