Capítulo 9.- Prohibido

El viento soplaba suavemente aquel día, mientras que el joven solo se limitaba a permanecer recostado sobre el césped del gran jardín principal.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí tendido, lo único que recordaba era que, en vista del buen clima, había decidido salir a dar un paseo.

No era adepto a ese tipo de cosas, pero últimamente andaba de mejor ánimo y aquel recorrido le parecía de verdad tentador. Así pues, salió de su habitación, con un libro bajo el brazo, mismo que ahora yacía entreabierto sobre su pecho, para luego tenderse sobre el verde pasto.

Al estar ante esa comodidad, su objetivo inicial se esfumó, ya que, nuevamente, aun después de dos semanas, volvió a perderse en sus cavilaciones.

Desde el día de la partida de su hermano, Winry había expresado sus sentimientos, al igual que él, lo que dio como resultado una relación secreta.

Era moralmente incorrecto, ambos lo sabían, pero ya resultaba imposible reprimir aquello. Se amaban, y estaban seguros de eso, por lo que deseaban estar juntos, y no preocuparse por nada hasta que llegara el momento de enfrentarlo.

Era la parte más difícil. A pesar de que Edward trataba de convencerse a sí mismo, no podía evitar una punzada de culpabilidad. Alphonse era su hermano, una de las personas a las que más quería en el mundo, pero el amor dominaba completamente a su cordura y ya no había nada que hacer.

Estaba consciente de que le destrozaría el corazón, y lo lamentaba en verdad. Ed conocía perfectamente aquel dolor, ya lo había experimentado, pero sabía también que el tiempo y la persona indicada podían sanar las heridas.

Al no tendría un motivo realmente válido para reprocharle. Winry no lo amaba, ella no era la persona indicada para él, y a la larga, aquello podría provocar un sufrimiento aun mayor que el que le causaría dejándolo ahora.

Todo aquello podía sonar como una simple excusa, una justificación para aquella aberrante traición, pero era la verdad absoluta, y debía comenzar a verlo de esa manera, ya que, de cualquier forma, no pensaba separarse de ella.

"Seguramente voy a irme al infierno" pensó Edward mientras sonreía con amargura. Sus pensamientos resultaban curiosos aun para él mismo, ya que desde hacía muchos años, poco después de la muerte de su madre, había perdido por completo su fe en Dios, y por tanto también en el cielo y el infierno. Para una persona tan racional como Ed, la condena solo estaba aquí en la tierra, y se sufría mientras se permanecía con vida.

Comenzaba a parecerle increíble, pero sentía que el estar con esa mujer poco a poco iba ablandándolo. Sus esperanzas y deseos resurgían, y le ilusionaba pensar en un futuro… solo con ella.

Suspiró resignado mientras se incorporaba en el césped. No iba a resolver nada sumiéndose en sus reflexiones. Debía ser paciente y esperar a que su joven hermano regresara, para así dejar todo en claro. Aquel solo pensamiento le hizo sentir ansioso. Moría de ganas de estar con ella sin tener que esconderse de los demás, sin sentirse culpable de sus propios actos. Deseaba ser libre junto a Winry.

Volvió a dejarse caer con pesadez sobre el pasto. Definitivamente debía empezar a relajarse.

Momentos después, levantó su brazo izquierdo para observar el reloj colocado en su muñeca, y volvió a sonreír, solo que esta vez con más entusiasmo. Era casi la hora de verla.

Se levantó de forma apresurada para después sacudir su vestimenta. Luego, subió de nueva cuenta a su habitación y se dedico a enlistarse.

Busco uno de sus trajes más elegantes, color azul oscuro, y lo combinó con una camisa blanca. Parecía una vestimenta sencilla, pero le hacía sentir más que suficientemente bien para lo especial de la ocasión que le tenía preparada.

Ya sin más distracciones, el muchacho tomó una pequeña maleta de un rincón de la recamara, y así abandonarla.

Caminó un poco por el pasillo que lo conducía hasta las escaleras, cuando una voz conocida le hizo detenerse.

-¿Alguna prisa?- preguntó Dante con algo de sarcasmo. -Asumo que no llegaras a dormir.- agregó ella al ver la maleta en una de las manos de Edward.

-Asumes bien. Estaré fuera todo el fin de semana. Hazle saber eso al viejo.-

-Y… si no es indiscreción ¿puedo saber a dónde iras?-

-No es de tu incumbencia pero… tengo pensado visitar la cabaña. Hace años que no voy.- respondió el joven con cierto aire divertido. -Me voy, ya estoy retrasado.-

Ed siguió caminando hasta llegar a su coche, el cual abordó sin advertir la presencia de la esposa de su padre, que lo había seguido.

-¿Vas a conducir?- cuestionó ella sin ocultar su sorpresa, provocando que el muchacho arqueara una ceja.

-No sé porque te sorprende. Hace años que tengo mi permiso.-

-No me refería a eso sino al hecho de que no llevas contigo a ningún chofer. Eso me hace pensar que este viajecito es algo… más privado.-

-¿Y que si lo fuera?-

-¿Ira Clara contigo, o… ella perdió también la contienda?-

-No te interesa.-

Dante soltó una pequeña carcajada, provocando algo de furia en Edward, la cual trató de controlar.

-Dime algo, cariño ¿acaso tienes pensado llevar a todas tus amantes a ese lugar? Espero que no lo conviertas en una especie de tradición.-

-¡Deja de decir estupideces!- contestó Ed de manera tajante, poniéndole fin al interrogatorio, para luego, hacer avanzar el vehículo, dejando a la mujer aun con una mueca de diversión, la cual se fue ensombreciendo mientras el auto se alejaba.

-Tengo que averiguar pronto quien eres.-

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El fuego consumía poco a poco aquel cigarrillo sobre el cenicero, mientras Roy volvía a acercarlo a sus labios, aspirando una bocanada. Más que un hábito, ahora era una forma de relajarse.

Maldecía la hora en que había tomado aquella decisión. Era ese el motivo que no le permitía estar ya tranquilo. Su mayor problema ahora se llamaba Riza Hawkeye.

Y no es que ella fuese una persona desagradable, ni nada por el estilo, sino que había traído consigo algo que Mustang desconocía: la confusión.

Desde un principio, Roy nunca pretendió llevar aquello en serio. Su intención siempre fue orillar a Riza a estar con él, hacerla rogar por su atención y cariño.

Sabía que si se mostraba distante con ella eso sucedería… y no se equivoco. Su error estuvo en creer que lo que esa mujer sentía por él era algo superficial, solo deseo o posiblemente interés. Creía que la chica solo se reprimía para no aparentar ser una presa fácil, pero que al final solo sería como todas las demás.

Nunca le pasó por la mente la verdadera situación. Riza estaba realmente enamorada de él.

Mustang no tardó mucho en caer en la cuenta, y su primera reacción fue negarlo. Era ilógico e increíble que ella pudiera sentir eso hacía una persona como él.

Se consideraba a sí mismo como alguien ruin, despreciable, y nunca le había molestado en lo absoluto su actitud.

Había llevado una vida en la que el amor era algo falso, inexistente, lo cual lo había obligado a no sentirse comprometido con nadie, y de hecho, resultaba agradable no sentirse atado por nadie.

Una relación verdadera resultaba un impedimento para su libertad, además de un problema para su razón, ya que le parecía increíble que un sentimiento tan frágil fuera capaz de mantener unidas a dos personas. Aquello podría resultar más aceptable si se hiciera mención del deseo y la lujuria, pues son meros instintos básicos, contra los que un ser humano no puede luchar.

¿Qué debía hacer?

Alejarse de ella era lo más sensato, pero era ahí donde radicaba el problema: no podía hacerlo.

De alguna manera esa mujer lo había cautivado. Se había percatado ya de que el estar con ella le resultaba una de las cosas más agradables, pero no lograba entender la razón.

Riza era hermosa, pero Roy estaba seguro de que ya había compartido intimidad con mujeres aun más bellas; Riza no perdía oportunidad de demostrarle cuanto lo amaba, ya fuera con palabras o caricias espontaneas, siempre estaba ahí cuando él la necesitaba y siempre parecía dispuesta a todo por Roy, y aún así, existía entre las otras tantas mujeres de Mustang algunas capaces de matar o morir por él.

No tenía en aquella rubia más de lo que hubiese tenido antes, más sin embargo, ya comenzaba a creer que en ella lo tenía todo.

Dio la última fumarada al cigarrillo, para después presionarlo sobre el cenicero de cristal.

El tabaco parecía no haber tenido el efecto esperado. Se mostraba exasperado. Necesitaba verla en ese mismo instante, por lo que, sin pensarlo

más, tomó el saco que colgaba del perchero de la entrada y se apresuró a salir de su casa.

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Edward estacionó su vehículo en una calle cercana al hospital donde trabajaba Alphonse. Aquel era el lugar siempre acordado para los encuentros. Ahí no se sentían inseguros, puesto que nadie parecía pensar mal de su "amistosa" relación, después de todo, pronto serían familia, o al menos era el pensamiento de sus conocidos, que aun asumían que la boda con el joven doctor estaba por realizarse.

Estaban además las obligaciones que la chica debía realizar en ese lugar. Winry no deseaba abandonar por nada sus visitas voluntarias a los niños del hospital.

Así pues, Ed tomó uno de los elevadores para llegar hasta el área infantil, donde ella lo esperaba. Una vez ahí, abrió con sigilo la puerta de una de las estancias, no advirtiendo a nadie de su presencia.

Permaneció de pie en la entrada, observando con curiosidad a la joven, quien se encontraba dándole la espalda, sentada en el borde de una de las camas al fondo de la habitación, rodeada de unos ocho o diez niños. Todos parecían entretenidos en alguna especie de juego, por lo que aun nadie le había visto.

Edward los observaba atento, con una ligera sonrisa y su expresión tranquila. Luego de unos minutos, la pequeña mueca de su boca se ensanchó al escuchar a los pequeños explotar en carcajadas, mientras Winry se ponía de pie atrapando a uno de los niños que se encontraba a su alcance, para después acostarlo en una de las camas y atacarlo con cosquillas.

Un extraño sentimiento lo invadía siempre que miraba a la chica en aquella situación. Pensaba en ella como una persona admirable desde la primera vez que la observó en su labor altruista. Le encantaba hacer sentir bien a los pequeños, y ellos le tenían bastante cariño. Pero desde hacía algunos días, Edward no podía dejar de imaginarla con familia propia. Se preguntaba qué tan diferente sería ella con sus hijos.

"Seguramente no mucho" se respondió el muchacho mentalmente mientras sacudía un poco su cabeza. Al parecer, comenzaba a darse cuenta que de manera inconsciente el ya estaba maquinando un futuro al lado de ella.

Un estremecimiento involuntario se hizo presente. No temía a la idea de tener una familia, al contrario, era una de las cosas que más deseaba, pero aun había cierto temor en él.

La última vez que había amado tanto a una mujer, al grado de desear que fuera la madre de sus hijos, esta le abandono de una manera cruel, y no pensó que volvería a sentir eso por alguien más. Era aquella la razón por la que se mostraba ahora más cauteloso. No quería más falsas ilusiones. Sabía que a esas alturas de su vida la decepción acabaría consumiéndolo, y probablemente ya no podría recuperarse.

El sentimiento que lo había unido a esas dos mujeres era el mismo, el amor, pero estaba presente de diferentes maneras, y podía asegurar, sin temor a equivocarse, que el que sentía por Winry era aun más fuerte. No solo porque fuera algo reciente, sino también porque lo sentía con mayor intensidad. Sin duda… era distinto.

Edward se encontraba ensimismado, por lo que se vio sorprendido cuando la voz de la chica lo sacó de sus cavilaciones.

-¡Ed!- llamó Winry al aludido con una sonrisa, mientras se acercaba a él seguida de los niños.

-Hola.- respondió con una sonrisa tranquila, al tiempo que repartía leves caricias entre los infantes, que en dos semanas, ya estaban más que acostumbrados a su presencia.

-¿Van a quedarse un poco más?- cuestionó una pequeña a la que Winry llevaba de la mano.

-Lo siento, pero mi horario de visita ya ha terminado. Volveré a verlos el lunes.-

Los chicos mostraron su frustración con un pequeño gemido.

-Les prometo traerles algo del lugar al que iré.- dijo la rubia esperando mitigar un poco la decepción de los niños.

-¿Adonde piensan ir?- preguntó otro de ellos.

-Es una sorpresa para Win.- contestó Edward guiñando un ojo. -Y ya vamos tarde.-

Una vez dicho aquello, la joven se apresuró a repartir besos en señal de despedida, para luego salir de la estancia.

Caminaban manteniendo algo de distancia uno del otro para no levantar sospechas, mientras se dirigían a la recepción del hospital, de donde Winry recogió una pequeña maleta.

Ya sin más, se apresuraron a salir del hospital.

-¿Ahora me dirás para que me has pedido que haga una maleta?- preguntó la chica ya más confiada ahora que se dirigían al auto.

-Creí que te había aclarado que era una sorpresa.- contesto Ed con tranquilidad, esforzándose por ocultar la satisfacción que le provocaba tenerla ansiosa, mientras guardaba el equipaje en la parte trasera del coche.

-¿De verdad estaremos fuera todo el fin de semana?- Winry aun se resistía a la idea. -¿No has pensado que Alphonse se enterara de esto?- agregó ella al tiempo que cerraba la puerta del vehículo.

-Si me conoces bien entonces entenderás que no estoy actuando estúpidamente, y que si planee esto es porque sé que Al no se enterara, o al menos no sospechara nada.-

La muchacha se mordió el labio inferior. Deseaba preguntarle al mayor de los hermanos el por qué de su seguridad, pero algo en su interior le advirtió que ya no debía darle vueltas al asunto.

Aquello no había pasado desapercibido para Edward, por lo que, ya habiendo avanzado varias calles, se detuvo unos momentos.

-¿Te preocupa demasiado?- soltó luego del prolongado silencio.

-Sabes a la perfección como me siento al respecto.-

-Igual yo.-

-Sí, pero… yo soy la que dio su palabra en este asunto.-

-Eso no te hace más culpable. El es mi hermano.-

Volvieron a sumirse en el silencio. Tratar el tema no ayudaba demasiado, ambos recordaban lo culpables que se sentían, pero ninguno daba marcha atrás a la relación.

-¿Es tanto el remordimiento que te persigue?- preguntó Ed luego de exhalar un suspiro.

-Algunas veces, pero… quiero estar contigo.-

-Entonces creo que ya es momento de que los dos comencemos a olvidarlo. Habrá consecuencias, pero ambos ya tomamos la decisión y no tiene caso atormentarnos ya. ¿O acaso ya cambiaste de parecer?-

-¡No¡No es eso! Es solo que… tengo miedo.-

Winry bajo la mirada, lo que provocó que Edward sonriera con algo de tristeza. Luego, el muchacho tomó gentilmente el rostro de ella con ambas manos, para depositar en sus labios un beso suave.

-Alphonse no va a llamar a casa este fin de semana.- susurró el rubio aun con la cara de la chica frente a la suya. -Va a estar muy ocupado. Ayer me lo dijo.-

La joven sonrió con tranquilidad, devolviéndole a su amante el beso que él le diera segundos antes.

-Gracias. De verdad necesitaba saberlo.-

Habiendo aclarado todo, Ed volvió a echar a andar el auto para dirigirse a su destino.

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Tres horas conformaron el recorrido, el cual le resultó agradable en compañía de ella. Normalmente no acostumbraba conducir demasiado, pero la presencia de Winry le había hecho llevadero el viaje.

Ahora Edward bajaba del coche, estirando su cuerpo en el proceso, para luego, ir hacia la puerta del copiloto y ayudar a la rubia a descender, ya que ahora, ella permanecía con una venda en los ojos, a petición de él.

Ed dejo a la chica de pie frente a la cabaña, aun con la visión obstruida, mientras que él se dedicaba a llevar el escaso equipaje al interior.

Una vez hecho aquello, volvió a lado de Winry.

-¿Estas lista?- preguntó divertido, recibiendo de ella solo un asentimiento con la cabeza.

El muchacho comenzó a desatar la cinta de los ojos de la joven, retrasando el momento tanto como le era posible. Ella ya estaba exasperándose.

Al sentir que el ya había terminado con su trabajo, Winry apartó rápidamente la venda, sorprendiéndose ante lo que estaba enfrente suyo.

Se trataba de una construcción de tamaño razonable, elaborada con fina madera de pino. Desde fuera podía apreciarse que contaba con dos niveles. Adentro, las luces ya estaban encendidas y el humo ya podía verse saliendo de la chimenea.

Edward le tendió la mano, invitándola a entrar, a lo que ella acepto de inmediato, aun maravillada por las flores y el pasto que se situaban alrededor del sendero de piedra por el que ellos avanzaban.

Ed abrió sin esfuerzo la gruesa puerta de la entrada, permitiéndole primero el paso a la chica, quien se mostró aun más entusiasmada por el interior.

La sala de estar se encontraba iluminada por la tenue luz que arrojaba el fuego de la chimenea, lo que por el momento era suficiente.

Era bastante espaciosa, con un par de sillones a los extremos laterales y una gran alfombra rodeada de cómodos cojines a un par de metros del fogón.

De lado derecho a la entrada, sobre la pared, descansaba un estante enorme repleto de libros, los cuales era de suponer pertenecían a Edward. La estancia era, sin duda acogedora.

El primogénito de los Elric siguió guiándola en el recorrido por la cabaña, en el que la joven no había encontrado nada que llamase más su atención. Si bien era cierto que las cuatro habitaciones, situadas en el segundo nivel, tenían una vista maravillosa del bosque y las montañas, y la cocina era inmensa y contenía un precioso y gran comedor de caoba, nada se comparaba con la impresión que la sala de estar le provocaba. Quizás, porque a su parecer, aquel le parecía el sitio adecuado para una perfecta velada.

En vista de que ya había oscurecido, Edward llevó la maleta de Winry a la habitación que tenía destinada especialmente para ella, la más cómoda y la que tenía la vista más hermosa del bosque y sus alrededores.

La chica desempacó sin contratiempos las pocas prendas que llevaba, al tiempo que Ed hacía lo mismo en alguna de las habitaciones contiguas.

Luego de terminar con su labor, los jóvenes se reunieron en la cocina, donde el rubio se disponía a calentar los alimentos que habían sido preparados con anterioridad a su llegada.

-¿Tienes servidumbre aquí?- preguntó Winry curiosa.

-Algo así. Tengo gente de confianza que se hace cargo de la cabaña mientras esta deshabitada y les avisé que vendría. Cuando estoy aquí rara vez requiero de su ayuda.-

-¿Es de tu familia esta cabaña?-

-No, es mía. Cuando Al y yo éramos pequeños mi madre solía alquilar esta cabaña para que pasáramos aquí las vacaciones. No volvimos a venir después de su muerte, pero yo guardaba recuerdos muy especiales de este lugar, así que años después convencí a los dueños de vendérmela.-

En poco tiempo, la cena estuvo lista, por lo que Edward se dirigía con los platos hasta el comedor, cuando se vio interrumpido por Winry.

-Ed… si no es molestia… preferiría no cenar aquí.-

-¿Dónde quieres hacerlo entonces?- cuestionó el aludido frunciendo el ceño confundido.

-¿Podríamos… ir a la estancia?-

El muchacho sonrió levemente y suspiró.

-También es mi lugar favorito de esta cabaña.- expresó él, adivinando el pensamiento de la joven.

Así pues, llevaron todo lo necesario a la sala de estar, y lo colocaron sobre la alfombra que se encontraba frente a la chimenea.

La cena continuó tranquilamente. La tenue iluminación hacía relajado el ambiente, mientras los enamorados reían y conversaban de algunas trivialidades. Ya habiendo terminado sus alimentos, Edward se incorporo para retirar la bandeja con lo que habían utilizado.

-Dejaré esto en la cocina. Ahora regreso.- dijo él avanzando hacia su destino.

Mientras tanto, Winry también se levanto, abandonando la agradable y cálida alfombra para dar un pequeño recorrido por la habitación. Caminando de un lado a otro, dirigió una mirada a la extensa colección literaria de Ed. No era un misterio el por qué aquel sitio era su favorito, ya que asumía, al percatarse de un pequeño escritorio colocado a lado del estante, que era donde él podía concentrarse para leer y escribir.

Al echar otro vistazo al librero, un cuaderno pequeño de pasta gruesa llamó la atención de la chica. Abrió la libreta, encontrándose con un contenido hecho a mano. Sin duda alguno de los trabajos de Edward.

La rubia comenzó a leer, cautivada por la genialidad de aquel hombre. Estaba tan absorta que no se dio cuenta de que Ed estaba a pocos pasos frente a ella.

-Creí que me había deshecho de eso.- murmuró el joven, haciendo que Winry saliera bruscamente de su distracción.

-Lo siento.- repuso ella en tono tímido. -Sé que no pedí tu autorización para tomar tus cosas.-

-No, no es eso. Me refería a que creí que ese viejo cuaderno ya estaba alimentando el fuego de la chimenea.-

-No deberías pensar así. Esto que escribiste es hermoso. Deberías ser poeta y no novelista.-

-Esa etapa de mi vida ya paso.- expresó Ed con su típica amabilidad fría, mientras tomaba la libreta de las manos de ella, dispuesto a arrojarlo a la hoguera.

-¡No!- se adelantó la chica, arrebatándole el libro de las manos -No permitiré que hagas un derroche de tu talento.-

-Eso es estúpido, Winry.- declaró Edward con cierta amargura. -No quiero conservar esto.-

-En ese caso, yo si quiero. Voy a quedármelo.-

-Me niego. No quiero que tengas algo que no fue hecho para ti.-

Aquellas palabras le restregaron a la joven una realidad que había olvidado, algo que hasta ahora se había negado a aceptar. Ella no era la única en la vida de Edward.

En ese leve instante de descuido, el muchacho arrebató con cuidado el cuaderno, y sin miramientos lo arrojó al fuego.

-Lo siento.- musitó la mujer. -Por unos instantes… lo olvidé.-

-Ya no importa.-

Nuevamente, en lo que iba del día, el silencio volvió a formarse entre ellos. Edward permanecía serio, mientras que Winry, avergonzada, se esforzaba por no llorar, lo cual el no ignoró.

-No es tu culpa.- le susurró Ed una vez que logró levantar el rostro de ella por el mentón.

-Yo… no quería aceptar que ella había sido tan importante y…-

-¿Estás segura de querer saber la historia?- interrumpió el joven de repente, dejando a la chica confundida.

Ella seguía mirándolo, perpleja, dudando de la veracidad de su pregunta, ya que en ocasiones anteriores él se había negado a tratar el tema. Era evidente que le resultaba doloroso. Pero ahora, sus ojos reflejaban un brillo de seguridad que ella no podía ignorar. Empezaba a creer que Edward lo estaba superando.

-Si… deseo saberlo.-

El mayor de los hermanos asintió levemente, aun con esa mirada segura, listo para rememorar aquellos tiempos.

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¡Hola! Ya estoy actualizando de nuevo, y lamento que no pueda ser tan seguido, pero a estas alturas está de más aclarar los numerosos compromisos que tengo, sumado a la pequeña depresión que tuve hace unas semanas (y con la cual sigo) la cual ahora convierto en inspiración (debo agradecer a Stephenie Meyer y a su maravillosa saga). Pero en fin, no soy de las personas que se tiran a llorar pero si tuve un pequeño bloqueo, pero les puedo asegurar que no sucederá más.

Sobra decir que haré cuanto pueda por actualizar pronto, ya que en el próximo capítulo el fic cambiara a Rated M, y me tiene algo entusiasmada la idea.

Solo me resta agradecer a todos los que leen y los que dejan reviews, como:

Penrril, Brune, Blue-Bird07, Bianjie, Iare, Branca Takarai, Noah Elric, Leiram, Sakura012, Genesis-ahome, Hideta666 (espero que tomes en cuenta mi sugerencia de otro EdxWin), Laura (espero que este capítulo también te guste amiga), Paula Elric, Raven-Vidaurreta, Dzec chan y aLee preTt

¡Gracias, y ojala siga contando con su apoyo!