Hola bebés~ Tanto tiempooooo!

No les quito tiempo y comencemos!

DISCLAIMER: Los personajes de POM no me pertenecen. Este fic no tiene fines de lucro.

ADVERTENCIA: La idea no es mía, me inspiré de una novela que vi meses atrás. Pero claro, tendrá su magia POM.


Capítulo 8.

Private tragó saliva al caminar por los pasillos oscuros. Sus pasos hacían eco como en las películas de terror que no le gustaban ver, pero que, a veces, Skipper le obligaba a ver. Aceleró lo más rápido que pudo hasta que finalmente dio con una puerta de acero. Sacó su credencial como miembro de la asociación, pero esta fue rechazada.

Inserte la clave, por favor.

¿Clave?

—Debí imaginármelo. Rockgut jamás dejaría entrar a cualquiera por aquí. Ni siquiera a Skipper —Murmuró por lo bajo—… Pero…—Frunció el ceño, pensativo—… Eso es.

Se dio media vuelta y salió corriendo del pasadizo secreto del edificio.


—La veo rondar mucho por aquí.

Eva sonrió al oír la voz de Kowalski detrás de ella. Se giró elegantemente para regalarle una coqueta sonrisa. El rostro del agente se tiñó de rojo.

—Y yo noto que no le soy indiferente —El agente más alto de su grupo soltó unos murmullos incomprensibles para sus oídos, casi balbuceaba—. No se preocupe. Si le sirve de consuelo, usted también me parece bien parecido —Delineó su dedo en la línea de la mandíbula de Kowalski, quien pasó saliva casi con esfuerzo. Eva se rio—. Nos vemos, señor. Tengo trabajo que hacer.

La rubia albina se dirigió al ascensor, y antes de que se cerrara la puerta, ella le guiñó el ojo una última vez.

—… Wow.

—¿A-mor?

Kowalski chilló del susto y se giró para ver la curiosa expresión de Rico.

—¿D-De qué hablas, Rico?

Él solo hizo un vago gesto a la dirección donde se había ido Eva, para después, señalarlo a él. Kowalski solo se rio con nerviosismo y se hizo el desentendido. El agente de la cicatriz entrecerró los ojos, pero prefirió ceder. Su compañero se veía muy interesado en la mujer, pero si nada ocurría… No tenía por qué preocuparse.


Marlene abrió la puerta de su departamento y se quedó de piedra al encontrarse con unos intensos ojos verdes mirándola.

—… Antonio —perdió el aliento al decir su nombre. Su garganta estaba apretada.

Marlene —le sonrió él—. Estás más bella que nunca —dio un paso hacia ella y la abrazó. Marlene correspondió el gesto y sonrió.

Qué bueno verte —murmuró ella—… ¿Cuándo volviste? —Se separó para verlo. Sus facciones se veían más maduras y tenía su cabello pulcramente peinado hacia atrás.

Ahora mismo. Apenas bajé del avión, fui en tu búsqueda —Marlene reprimió una sonrisa—. ¿Qué ocurre?

—… Umm… Se nota mucho que estuviste en España… Tu acento —se rio antes de continuar—… Te delata.

Je… Recuerdo que me habías dicho que amabas España —posó sus manos en su cintura—… Supongo que no pude evitarlo.

¿A qué te refieres?

Antonio iba a contestar, pero el teléfono de Marlene sonó. Al ver de quién se trataba, la castaña suspiró.

Discúlpame —se alejó para contestar—. ¿Hol…?

¡¿Dónde estás, Marlene?! ¡La misión comenzará en cinco minutos!

¡Eso no es cierto! —le recriminó la joven, indignada—. Comienza en una hora…

¡Pero siempre llegas a esta hora! ¿Qué estás haciendo?

Te explicaré al llegar —rodó de ojos y colgó. Miró a Antonio—. Lo siento, Antonio… Pero tengo que irme, ahora.

¿Quieres que te lleve?

No, no es necesario…

Oh… ¿Puedo recogerte, entonces? Así nos pondremos al día —la idea pareció agradarle a Marlene, así que asintió—. ¡Perfecto! Nos vemos a las…

Oh, estaré en casa a las ocho.

¿Vamos a cenar? —La invitó.

Claro. Me vendría bien algo de comida fina, si no te molesta.

Para nada —se rio.


Private apagó las cámaras de la oficina de Rockgut, donde Marlene trabajaba. La castaña había ido a una misión y aún no regresaba. Debía aprovechar y conseguir lo antes posible la clave para acceder al cuarto de honor de los soldados caídos. Abrió todos los cajones, vio debajo de las plantas, de los mismos muebles…

Nada.

Escuchó unos pasos acercarse, alertándolo. No tenía tiempo para escapar, así que… Se escondió debajo del escritorio de la castaña. Agradecía que la parte frontal bloqueaba toda visión.

Los tacos de Marlene resonaron por la oficina, seguidos de otro par de pasos.

—Cuando termine mi turno, iré a tu casa. ¿Suena bien?

—Bien. La psicóloga también estará allí —Private parpadeó, sorprendido. ¿Desde cuándo Skipper y Marlene habían vuelto a hablar? ¿De cuánto se había perdido durante su investigación?

—A propósito, ¿quién es ella?

—Su nombre es Eva White, es una de las mejores psicólogas en todo el país.

Marlene se sentó y cruzó sus piernas, sin tocar a Private, quien estaba hecho un ovillo para evitar ser descubierto.

—He oído de ella. Si dice que está bien decirle la verdad a James, me parece bien —Apoyó sus codos en el escritorio y entrelazó sus dedos—. Saldré en un par de horas más, tú puedes irte.

Skipper alzó una ceja, Marlene le devolvió el gesto.

—¿Qué?

—Sigo sin acostumbrarme a que seas tú la que da órdenes ahora —formó una ladina sonrisa en sus labios. Marlene rodó de ojos, pero lo dejó pasar—. Te sugiero que vengas ahora conmigo a casa. James está acostumbrado a dormirse temprano.

Marlene presionó sus labios, complicada.

—Bien, dame cinco minutos e iré enseguida.

El agente sabía que Marlene le estaba ocultando algo, pero prefirió no comentar nada al respecto. Se giró y se fue rápidamente. Marlene contó mentalmente hasta cien, esperando y rogando que Skipper no volviera. Cuando terminó se apartó del escritorio, no sin antes dejar caer un trozo de papel ante los ojos de Private.

—Ten cuidado con lo que haces, Private —susurró ella antes de coger su bolso—. Asegúrate de contar hasta cien antes de salir, vuelve a encender las cámaras y ve a casa —dicho esto, se fue.

El menor se había quedado rígido cuando Marlene había dicho su nombre, pero pronto comprendió qué era lo que le había dejado la castaña: el código. Entonces… Marlene sabía lo que estaba haciendo, y le estaba permitiendo hacer esto. Él tenía razón. Marlene no buscaba venganza de ellos, ¡era todo lo contrario!

Obedeció a pie de la letra las instrucciones de la joven tras irse. Después, salió de su escondite, prendió las cámaras y salió corriendo de la oficina.


Te llevo a casa.

Oh, no. No, gracias —negó Marlene.

Los cuatro se detuvieron y se giraron a verla con gran confusión. La castaña nunca se negaba a irse con ellos.

¿Por qué? —Skipper frunció el ceño.

Tengo ganas de caminar —el líder entrecerró los ojos y alzó una ceja, escéptico.

Kowalski. ¿Qué dice tu detector de mentiras?

Pues… Detecta peligrosos niveles de… mentiras —comentó casualmente su compañero.

¿Tenemos que llamarte una pequeña mentirosilla? —Le sonrió con mofa.

Ay, sí… Que graciositos… —murmuró con molestia—… Bien, les diré —jugó con sus dedos, nerviosa—… Lo que pasa es que… Umm… Hoy, volvió un viejo amigo a verme… Y… Me invitó a cenar.

Silencio.

Kowalski, Rico y Private miraron automáticamente a Skipper, quien no pareció reaccionar con la noticia. Sus brazos estaban rígidamente cruzados y sintió un tic en su ojo. Sus hermanos intercambiaron miradas, pero Rico sintió unas enormes ganas de jugar.

¡Mawhlene! —Corrió a abrazarla y girarla en los aires—. ¡No-vo! ¡Yay!

¿Qué? —Parpadeó, confundida—. No, no es mi novio… Al menos, ya no…

¿Ya no? —Intervino Private rápidamente. ¡No! ¡Él "shippeaba" a Skipper y a Marlene! — ¿Fueron novios?

Pues, sí… Les había hablado de Antonio.

Chispitas —se mordió las uñas.

¿Dónde estuvo todo este tiempo? —Preguntó Kowalski.

En España.

—… Amas España…—murmuró el agente más brillante, acariciando su mentón—… ¿Le gusta cantar?

Sí, solía tocar en las calles su guitarra.

¡Son demasiados puntos a favor! —Se escandalizó Private, llevándose ambas manos a su cabeza.

Relájense, es solo una cena —se rio.

Marlene, la mayoría de las cenas de a dos implica romance —le informó Kowalski.

Marlene lo miró mal.


Private soltó un grito al sentir su teléfono vibrar. Sacó el aparato de su bolsillo y vio que era Skipper. El menor tragó saliva y decidió abandonar su misión personal por hoy. Subió las escaleras y, finalmente, contesto.

—¿Sí, Skipper?

—Necesito que estés en casa. Decidí seguir tu consejo y lo haré: le diré a James que Marlene es su madre. Pero tienes que estar presente.

—… Esa es una excelente noticia —no pudo evitar regañarse mentalmente. No había sonado sorprendido, ni mucho menos feliz.

Escuchó un suspiro de la otra línea.

—Private, sé que nos hemos distanciado desde que Marlene volvió. Entiendo cómo te sientes y…—El menor no pudo evitar sonreír. Disculparse era una de las cosas más difíciles de realizar para su líder. Decidió hacérsela fácil.

—Sé lo que quieres decir. Yo también lo siento.

—… Bien —tras una pausa, carraspeó—. ¡Muy bien! ¡Te quiero en casa: en cinco! ¿Estamos claros?

—¡Señor, sí, señor! —Hizo un saludo militar.


Muy bien. Eso es todo, amigos!

Nos veremos para la próxima!

James sabrá que Marlene es su madre! Wujuuu!