Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.
Sus manos temblaban, no sabía cómo había llegado hasta ese punto, donde su vida pendía de un hilo.
Miró a su alrededor, su amigo y hermano estaban igual, aterrados y sin saber que hacer, por su mente pasaron varias ideas para librarse de la situación, pero ninguna le hacía sentir que era buena o que funcionaría.
- Entonces... - dijo Sigmund, todos voltearon a verlo - ¿decidiste venir a vernos?
- Sí - dijo Freya sonriendo -como hoy no tuve clases quise pasar un rato con ustedes y ver cómo estás Utgard- lo volteó a ver.
- Bueno, gracias por preocuparte por mí - el chico le sonrió.
- Ahora que lo pienso - Sigmund se levantó de la mesa en la que estaban sentados - eres nuestra invitada, no deberías de estar preparando la comida.
- Es verdad - Utgard también se levantó - deberías de sentarte y contarnos cómo van las cosas en la escuela.
Sigmund le sonrió a su hermano que permanecía sentado en la mesa. Buscaba una solución rápida para safarse del problema, y sacar a su hermano del mismo por supuesto; también estaba Utgard, no podía olvidar a su amigo que también necesitaba ser salvado de ese problema culinario.
Era bien sabido por todos del increíble talento de Hilda para cocinar; era como si los dioses la hubieran bendecido con eso para contrastar con su carácter controlador. Contrario a su hermana, y a lo que algunos podrían pensar, Freya no poseía tal talento, era agradable y fácil de tratar, pero fatal en la cocina.
Sabiendo eso era un peligro para todos el que la joven se pusiera a cocinar. Por eso Sigmund y compañía temían por su vida.
Cómo el hermano mayor que era esperaba que eso hiciera desistir a Freya de su intento por cocinarles una pasta que parecía todo menos pasta.
- No gracias - dijo Freya sin soltar la cuchara con la que movía sus ingredientes - estoy bien, además hace mucho que no cocino, y quiero prepararles algo rico.
Ante esas últimas palabras los dos de pie no tuvieron más opción que sentarse.
Siegfried miró a su hermano y amigo; parecía que se habían quedado sin ideas. Era el turno de él de intentarlo.
- Oye Utgard - dijo llamando la atención de todos - ¿qué no te tomaste tus pastillas para el dolor hace ratito?
Utgard lo miró confundido, pero no tardó en entender que era lo que quería decir.
- Sí... es verdad - Utgard se llevó la mano a la cabeza apenado - siempre que me la tomo me da un poco de mareo, tal vez sea mejor que no coma, puedo sentirme mal.
- ¡Oh, es una lástima! - Siegfried se llevó la mano a la cabeza haciendo una pose dramática - tendrás que perderte de la comida de Freya.
- ¿De verdad no puedes probar ni siquiera un poco? - preguntó Freya desanimada.
- No, de verdad lo siento mucho.
- No te preocupes Freya - dijo Siegfried - nosotros comeremos.
Sigmund miró como su hermano controlaba la situación. Sin duda estaba orgulloso, pero también una sensación de tristeza lo invadió. La independencia que mostraba Siegfried le indicaba que realmente su hermano menor no lo necesitaba; era en momentos como ese que Sigmund descubría lo fuerte que se había vuelto su hermano.
Eso no significaba que Siegfried no quisiera a Sigmund o viceversa, sólo que habían madurado.
A pesar de todo Sigmund estaba orgulloso de su hermano y la forma en la que manejaban las cosas, sin duda el chico flacucho que soñaba con ser un gran guerrero había crecido y tal vez ya era un gran guerrero.
Lo único que le costaba trabajo a Sigmund aceptar era la forma en la que Siegfried parecía dispuesto a sacrificarse por sus amigos sin importar su propia vida, algo sin duda característico de los guerreros.
Sigmund observó cómo Siegfried recibía con un sonrisa el plato de esa cosa viscosa.
- Gracias Freya - dijeron ambos hermanos al mismo tiempo.
- Oye Freya - Utgard sabía que era hora de pagar su deuda - ¿me acompañas a mi habitación para decidir que traje debo de usar mañana para mi visita en el hospital?
- ¡Claro! - la chica se quitó su delantal - y ustedes dos, disfruten la comida.
Una vez que los dos menores se retiraron Sigmund miró a su hermano, esperando que esté develada su siguiente paso.
- Bien, pon tu comida en mi plato - dijo Siegfried.
- ¿Qué? - Sigmund miró sorprendido a su hermano.
- ¡Rápido Sigmund!
- ¿Por qué?
Sigmund miró confundido a su hermano, era verdad que este no dudaba al momento de sacrificarse, pero eso era demasiado.
- No te preocupes por mí - Siegfried jaló el plato de su hermano y comenzó a poner en contenido en el suyo - sálvate tú.
- Pero... pero... no puedo permitirlo, tu eres mi hermano menor, debes de salvarte tú...
Siegfried sonrió y le devolvió su plato a su hermano.
- Demasiado tarde Sigmund.
Sigmund miró a su hermano; un par de lágrimas aparecieron, sin duda Siegfried había madurado y se había convertido en todo un guerrero fuerte y valiente, dispuesto a sacrificarse por su familia.
