Capítulo 9. Yakuza y Velocidad. (Primera Parte)

Mayo de 2012. Hong Kong. Un japonés de unos 35 años, llamado Yoshinori Ohara... y miembro de la Yakuza (la mafia japonesa), se esconde en los bajos de un edificio de oficinas. Un muy moderno edificio de oficinas, propietario de Kijiro Ohara: el hermano mayor de Yoshinori Ohara, de 48 años. A la entrada principal de ese edificio, tras las puertas de cristal automáticas, un sospechoso grupo de hombres, se aglutina tras las puertas de cristal. Esos hombres, pertenecen a la mafia china de Hong Kong... y van tras él. Yoshinori se esconde tras unos muebles de diseño de la recepción, mirando aquellos hombres. Los sensores de movimiento del techo de la recepción, disparan las luces, que se encienden. Los hombres, con barras de hierro o directamente a puntapiés, rompen las puertas de cristal y entran.

Yoshinori, coge una granada de humo que lleva encima, le quita la anilla y se la tira a los mafiosos chinos, quedando estos en medio de una espesa nube de humo blanco y tosiendo sin parar. Es entonces cuando el mafioso japonés aprovecha para huir por una puerta trasera y después por un ascensor, hacia el aparcamiento subterráneo del edificio. Allí, por sorpresa total, se topa con uno de esos mafiosos que, parece, le está esperando. Pero ese tipo resulta ser un infiltrado de la Yakuza. El tipo, regordete y feo, le sonríe maliciosamente, cómo queriéndole decir que es de los suyos y que encubrirá su huida. Y así lo hace. Le proporciona a Yoshinori las llaves de un coche KIA K7 con el que huir. Nada más salir del aparcamiento, se topa con dos mafiosos chinos. Uno de ellos, le dispara con una pistola directamente al parabrisas, sin darle. Al final Yoshinori consigue huir impunemente.

Poco después, en Tokio, en otro despacho de un yakuza, Kijiro Ohara llama por teléfono a los de la mafia China.

(Kijiro) -visiblemente preocupado- … Soy Kijiro.

(Mafioso) -al otro lado del teléfono- Que me traes.

(Kijiro) Le hemos perdido.

(Mafioso) Es tu hermano, Kijiro. Si tú no puedes encontrarle, tenemos gente que lo hará. Y tú pagarás lo que cueste el trabajo. -cuelga de golpe-

Kijiro se queda miedoso por lo que le pueda suceder a su hermano. Se encargará de organizar una buena para impedirlo.

Pero mientras tanto, Yoshinori, dos días después, ha llegado a Tokio. A penas son justo las siete de la mañana. Se dirige hacia un hotel de lujo en Assakussa. Entra en recepción y pregunta directamente en información a una de las recepcionistas.

(Yoshinori) Perdone. ¿Tiene algún recado o mensaje para el señor Ohara?

(Recepcionista) Que habitación tiene, señor?

(Yoshinori) Em... no resido aquí.

(Recepcionista) Un momento, por favor.

(Yoshinori) Gracias.

(Recepcionista) -mientras mira en su ordenador- ¿Alguna otra cosa? No es ninguna molestia, señor.

(Yoshinori) Es... Yoshinori Ohara.

(Recepcionista) Sí, señor. … Lo siento, señor. No hay nada.

(Yoshinori) -extrañado- ¿Nada? ¿Está usted segura?

(Recepcionista) Segura, señor. Completamente.

(Yoshinori) Bien. Muchas Gracias. -se marcha descolocado-

(Recepcionista) A usted.

Yoshinori vuelve a salir a la calle, a volver a coger el taxi Toyota Crown que le ha traído al hotel. Mientras mira algo en su teléfono móvil Sony Xperia, el recepcionista del hotel, le abre corriendo la puerta del taxi, antes incluso que el taxista pueda abrirla automáticamente desde dentro (cómo pasa en los taxis japoneses). Aquel recepcionista, por un par de segundos, se queda mirando fijamente a Yoshinori. No sabe que este tipo, es un infiltrado de la mafia china en Tokio. Yoshinori sube al taxi y le da una propina de 100 yenes al recepcionista. Éste, de forma seca, le da las gracias y se le queda mirando fijamente mientras el taxi se marcha. Es entonces cuando, se esconde en una esquina de la calle, saca su móvil y hace una llamada.

(Recepcionista) … Soy yo. Está aquí. En Tokio. … Yoshinori Ohara. … Si, es él, estoy seguro. … Un taxi Toyota Crown de la línea roja. Número de placa ocho siete nueve ocho.

En el taxi, Yoshinori hace una llamada por su móvil. El taxista, por el retrovisor, le mira de reojo de vez en cuando. Descubriendo detalles que mas tarde, serán de importancia.

En ese mismo momento, Isao Ota llega conduciendo su coche particular, un Honda Accord familiar nuevo de color azul eléctrico, acompañado de Mikiyasu Shinshi. Mientas Shinshi espera en el coche. Ota, curiosamente, no va vestido con el uniforme de la primera sección... sino de traje y corbata, al igual que Shinshi. Ota se baja del coche y se va andando hasta la casa de los Richardson.

Andrew y Sonoko, aun están metidos en la cama, dormidos. Ese día lo tienen libre... hasta ahora. Ota, llama insistentemente al timbre.

(Sonoko) -con voz de sueño y dormida- Mmmmm Van a despertar a Edwin. Ve a ver quien es, cariño.

(Richardson) Joder. Cómo sea un vendedor a domicilio me va a oír.

(Sonoko) ¿A las siete de la mañana? Creo que te deben venir a buscar a ti.

(Richardson) -se levanta de la cama, vestido sólo en calzoncillos, va hasta el comedor y contesta al portero automático- ¿Quien es?

(Ota) Soy Ota.

(Richardson) ¿? ¿Ota? ¿Que coño haces en mi casa a las siete de la mañana? ¿Te has peleado con tu mujer?

(Ota) ¡No, tontaina! Tenemos trabajo.

(Richardson) Anda, entra. -le da al portero automático y Ota entra dentro de casa- Buenos días, mañanero. -le dice a Ota aun medio dormido-

(Ota) ¿Aun estabas durmiendo? ¿Y tu mujer?

(Richardson) Durmieeeendo. Todos estábamos durmiendo.

(Ota) ¿A que hora te acostaste anoche, Andrew?

(Richardson) -echando un gran bostezo- A las cuatro.

(Ota) ¿Tan tarde? ¿Que demonios estuviste haciendo? -pregunta extrañado-

(Richardson) -se ríe travieso- Conduciendo. De madrugada es una delicia conducir por las autopistas de Tokio.

(Ota) Aaaahhhh... claro. El flamante Nissan GT-R nuevo que te ha regalado tu padre por tu cumpleaños. Desde luego... que morro tenéis los ricos.

(Richardson) -mientras se viste- Personalmente hubiese preferido un Aston Martin DBS o un Lamborghini Gallardo. Pero menuda caña de coche me ha regalado mi viejo. Y pensar que estuve peleado durante años con él.

(Ota) Vamos, vístete. Me ha llamado la comandante a eso de las seis. No lo he entendido muy bien, pero...

(Richardson) Tú nunca entiendes nada, ceporro.

(Ota) ¬ ¬ Muy gracioso. Te decía que la comandante nos ha mandado un trabajo especial, conjuntamente con los de investigación. Shinshi también ha venido conmigo. Nos espera en mi coche.

(Richardson) ¿Quieres tomar algo mientras me visto?

(Ota) Pues... sí. Aun no he desayunado nada. ¿Puedo cogerte algo de la nevera?

(Richardson) Claro, cómo en tu casa. Pero no te comas la comida de mi hijo, eh?

(Ota) Te he cogido el periódico, si no te importa. -

Ota va hasta la cocina, abre la nevera y se pone un vaso de leche. Vuelve al salón y se pone a leer el periódico en voz alta.

(Ota) "Nuevo avance en la neurología electrónica. Investigadores de la Universidad de Tokio, en colaboración con el MIT de Massachussets, han desarrollado una nueva generación de hardware robótico, el cual, con toda probabilidad, tendrá aplicaciones prácticas y comerciales en la próxima generación de Labors Ginoides, así cómo en nuevos sistemas de Inteligencia Artificial."

(Richardson) ¿Quieres hacer el favor de beberte el puto vaso de leche y callarte? Despertarás a mi mujer y a mi hijo. -dice todo molesto mientras acaba de vestirse-

(Ota) De acuerdo, Andrew. Pero termina de vestirte de una vez. Tenemos que ir a un sitio. Ahora.

Dos horas más tarde, cuando son mas de las nueve de la mañana, Ota, Andrew y Shinshi, se desplazan hasta una lujosa residencia a las afueras de Tokio, en un barrio adinerado. Allí, se está celebrando una recepción y está lleno de "gente bien". Esa residencia, es la de un pez gordo. Un diputado de la Cámara Alta de la Dieta (el parlamento japonés) y miembro del partido gobernante, el PLD (Partido Liberal Democrático). Se trata del diputado Fumihiro Sango. Un hombre de metro setenta, cabello muy corto, casi rapado, bien vestido; ojos marrones rasgados de mirada fulminante y cara redonda. Mientras Ota y Shinshi esperan en el coche, Andrew, entra en la recepción. Uno de los guardaespaldas de Sango se la comunica disimuladamente a la oreja mientras conserva con un grupo de mujeres de alta clase social. En un rincón, en la terraza, ambos se ponen a hablar.

(Sango) -sale de entre la multitud para saludarle amablemente- Hola, capitán. ¿Cómo se encuentra? Gracias por haber venido. Puedo hablarle en japonés, no? Lo entiende. -mientras le da un apretón de manos a Andrew-

(Richardson) Por supuesto. Soy el capitán Andrew Richardson, de la cuarta sección de vehículos especiales.

(Sango) Bien, Andrew. En mi caso, le ruego que me llame Sango. Bien... vayamos al asunto. Tengo una misión importante. Se lo comuniqué personalmente al superintendente Mitsuda y él confió en la comandante Takeo Yamazaki, una mujer extraordinariamente competente. Ella le sugirió a usted. A mi personalmente me ha sorprendido que destinen a un ex militar británico para semejante trabajo. Pero ella asegura que usted es el hombre apropiado para esta misión.

(Richardson) Bueno pues... usted dirá.

(Sango) El próximo lunes, dentro de dos días, se celebra una reunión del Comité Especial de asuntos internos de la Dieta, en la cual, la Cámara Alta tiene un papel protagonista. Tengo un testigo que necesita protección. La intendente Goto me insistió que usted era el hombre adecuado. Y la verdad es que viéndole en persona... no tengo nada que oponer. -le dice con sonrisa confiada-

(Richardson) Protección de quien, exactamente. -pregunta seriamente-

(Sango) De la Yakuza. -Andrew se sorprende- Su nombre es Ohara. Pertenece a la Yakuza, pero también tiene fuertes vínculos con la mafia china de Hong Kong. Por primera vez, los altos mandos del ministerio nacional de policía, estarán unidos en este objetivo. Desenmascarar, aislar y destruir por completo las ramificaciones exteriores de la Yakuza, para hacerla más débil a nivel nacional.

(Richardson) Entiendo. Recuerdo haber leído su discurso en la Dieta sobre este asunto el mes pasado. Pone usted mucho empeño en este tema. Una pregunta. ¿Por qué ha regresado a Japón? ¿Y por qué justamente a Tokio?

(Sango) Ohara estará más seguro aquí. Su única misión será... mantener a Yoshinori Ohara escondido durante cuarenta horas.

(Richardson) Y a donde.

(Sango) Hotel para parejas Muchujiro, en Shibuya. Calle 145, número 79, habitación 115, cuarta planta. Él está allí esperándole a usted y a sus dos colegas. -le sonríe con frialdad a Andrew- Puesto que ya sabe donde está mi casa, capitán... espero que nos veremos a menudo. Especialmente mientras dure la investigación. Una investigación de la Dieta tiene la ventaja de disparar hacia arriba las expectativas de sus colaboradores. Con gran repercusión en la carrera de cada uno. … Será un placer trabajar con usted. -se pone serio de golpe- Que Ohara esté en la cámara el lunes. -cada uno se marcha para su lado. Andrew regresa al Honda Accord familiar de Ota-

(Ota) Y bien. ¿Has averiguado de que va todo este puñetero asunto?

(Richardson) -dice con sorna- Cosas de amiguetes.

(Ota) ¬ ¬ Tú y los peces gordos, hay que ver.

(Shinshi) -en los asientos traseros- Será mejor ir con cuidado. Este tal Sango es poderoso. Tiene mucha influencia en las altas esferas de la política nacional.

(Richardson) Enciende el coche. Debemos ir al hotel para parejas Muchujiro. Shibuya, calle 145, número 79, habitación 115. Un esquirol de la Yakuza con quien haremos de niñeras. Venga, arranca de una jodida vez.

(Ota) Ya voy, ta voy. -arranca el coche-

(Richardson) ¿Traes el termo de café ahí atrás, Shinshi?

(Shinshi) Sí, claro. Me lo ha hecho mi mujer. Es muy bueno.

(Richardson) Por mi cómo si sabe a calcetín sucio. Necesito cafeína para despejarme.

Una hora más tarde, los tres se presentan en el hotel en cuestión. Suben por el ascensor hasta la cuarta planta y llegan hasta la habitación 115. Ota llama a la puerta.

(Yoshinori) -tras la puerta- ¿Quien es?

(Ota) Policía. Abra la puerta.

(Richardson) Shinshi, vigila las salidas.

(Shinshi) Entendido. -se marcha-

(Yoshinori) -abre la puerta un poco, observa cómo Ota le enseña su placa de identificación policial, y les abre la puerta del todo- Pasen. -Ota y Andrew entran y Ohara cierra la puerta- El señor Sango me dijo que estarían aquí a las once en punto. Me lo aseguró. -exclama enfadado-

(Ota) Lo lamento, nos retuvo un atasco de tráfico durante más de media hora. ¿Lleva algún arma de fuego o cuchillo encima?

Mientras Ota interroga al yakuza desertor, Richardson inspecciona la habitación y las ventanas, que dan al puente de una autopista elevada que pasa justo enfrente de la ventana.

(Yoshinori) ¡No, hombre! No llevo nada de eso. Sólo la cartera, el pasaporte y el teléfono móvil. ¿Es que va a cachearme?

(Ota) No, no será necesario. Ponga todo lo que lleve encima sobre la cama, haga el favor.

(Yoshinori) De acuerdo, agente.

(Ota) Es capitán, no agente. -se saca un bloc de notas y un boli- Veamos. … ¿Cómo consiguió llegar desde Hong Kong hasta Tokio?

(Yoshinori) Vine en avión.

(Ota) ¿Sabe si viajó con usted alguno de sus "colegas" de la Yakuza, o le vieron subir cuando embarcó en Hong Kong?

(Yoshinori) ¿Cómo coño voy a saberlo? No tengo ni idea.

(Ota) ¿Cómo es que ha elegido esta habitación para esconderse?

(Yoshinori) -replica muy molesto- ¡Joder! ¡Y a mi que me pregunta!? La escogió Sango, no yo. ¿Por qué?

(Richardson) Procure apartarse de las ventanas. Es peligroso. -se saca su Smartphone de debajo su chaqueta y hace una llamada-

(Yoshinori) Oiga, yo...

(Richardson) Siéntese y relájese, señor Ohara. Tiene todo un fin de semana para esperar.

(Ota) Salgo un momento a comprar algo para comer. Vuelvo enseguida.

(Richardson) Entendido. No tardes.

(Yoshinori) Pero oiga, yo...

(Ota) Estese tranquilo. El señor Sango nos ha dejado muy claro que debemos cuidar de usted y es lo que haremos. Relájese y disfrute de la estancia. -sale un momento-

Richardson, a través de su móvil, llama a la comandante Takeo Yamazaki a su despacho. Ésta, sentada en su silla y vestida con el uniforme azul marino de la policía japonesa, coge el teléfono.

(Takeo) Comandante Yamazaki al habla. Esperaba su llamada, capitán Richardson.

(Richardson) He hablado esta mañana con ese pez gordo que dice que me recomendaste. Al tal Sango.

(Takeo) Vaya. Se nota que es político.

(Richardson) ¿Por qué lo dice, comandante?

(Takeo) Porque miente descaradamente. Yo no te recomendé, Richardson. Fue él quien te eligió a ti desde el principio.

(Richardson) ¿Y que le dijo usted?

(Takeo) Le sugerí que lo mejor es que lo solicitase directamente a Seguridad Pública. Ellos son expertos en operaciones de encubrimiento. Pero desde el principio te quiso a ti. Esto es algo que me huele mal desde el principio.

(Richardson) Entiendo. Bien... que sabe de Yoshinori Ohara?

(Takeo) He hablado con un amigo de la Policía de Hong Kong. Por lo visto, Ohara era un interlocutor muy válido entre la mafia china y la Yakuza. En otras palabras. Es una persona importante para ambas organizaciones mafiosas. Tenía acceso a los archivos, descodificaba las comunicaciones cifradas entre bandas rivales, a través de la empresa de su hermano mayor.

(Richardson) ¿A través de una empresa de Hong Kong?

(Takeo) Sí. La empresa es japonesa, pero tiene delegaciones en Hong Kong y Taiwan. Se trata de una empresa dedicada a la importación de Labors occidentales.

(Richardson) Y eso es la tapadera. ¿No?

(Takeo) Sí, exacto.

(Richardson) Entonces... ¿Para que cojones me ha escogido a mi para esto?

(Takeo) Cómo seguramente te habrá dicho, se está preparando para un alto cargo público. Deduzco que necesita a alguien eficiente, pero que no le haga mucha sombra. Pero en eso se equivoca. Tú eres un auténtico revulsivo para los medios de comunicación. Gracias a ti, la imagen que la División de vehículos especiales transmite a la sociedad, es muy positiva. Es decir, que eres popular entre la opinión pública.

(Richardson) O sea, que sólo me quiere por puro márketing. Menudo pelmazo. -Ota regresa-

(Takeo) Trataré de averiguar más cosas sobre todo esto. Ya volveré a llamarte.

(Richardson) Entendido, comandante. Adiós. -cuelga-

(Yoshinori) Oiga, con quien estaba hablando por teléfono de mi? El señor Sango me dijo que esto es algo entre él y yo, entendido? Entre él y yo, nadie más. -dice algo enfadado-

(Richardson) Ota hará el primer turno. Shinshi llegará a las doce de la noche y yo llegaré el tercero, mañana a las ocho de la mañana. Lo único que tiene que hacer usted es no acercarse a las ventanas, especialmente durante la noche. ¡Ota! Hazme una perdida justo antes de marcharte, entendido?

(Ota) Recibido.

(Richardson) Me voy. Nos veremos mañana por la mañana. Adiós.

(Ota) Adiós, que tengas un buen día. -Andrew se marcha y él y Yoshinori se quedan solos en la habitación-

En la calle, Shinshi y Andrew andan juntos de camino a la estación de tren metropolitano más cercano, para regresar a sus respectivas casas.

(Richardson) La escalera de incendios y la autopista elevada son los puntos más críticos. Deberemos tener cuidado con eso.

(Shinshi) Sí, tienes razón. ¿Quieres que me quede con Ota?

(Richardson) No, vete a casa con tu familia. Si no tu "amorcito" de Tamiko se enfadará mucho. -le dice con sarcasmo-

(Shinshi) º _ º -suspira bajando la cabeza- ¿Por qué os gusta tanto recordármelo, eh?

(Richardson) -se ríe- Por nada, hombre. Si es que tu mujer tiene un carácter... da miedo.

(Shinshi) Sí, ya lo sé. Pero ella es así. A propósito... ¿Qué turno me toca al final?

(Richardson) El segundo. El de noche. Le vigilarás de doce de la noche a ocho de la mañana.

(Shinshi) O _ o ¿Que? Madre mía. Cuando Tamiko se entere...

(Richardson) -le dice en broma- Joder. Cualquiera diría que estás casado con un ogro de las montañas. -se ríe-

(Shinshi) Tú no la conoces. Tamiko es... es tan... tan directa.

(Richardson) ¿Directa? ¿Y eso que quiere decir? ¿Que en la cama te mete mucha caña?

(Shinshi) -se pone muy nervioso- ¡No, digo sí, digo no!

(Richardson) -le da unas palmadas a la espalda, sonriéndole- Tranquilo, Shinshi. Era broma.

(Shinshi) ¿Tendremos que vigilar a ese tipo también el fin de semana?

(Richardson) Claro. Hasta el lunes.

(Shinshi) -suspira resignado- Cuando se entere Tamiko...

(Richardson) -se ríe- Hasta luego. -se marcha-

Más tarde, hacia el mediodía, Richardson llega a la División de vehículos especiales, hasta el despacho de capitanes, todavía vestido de calle, con pantalones tejanos oscuros, jersey de cremallera ajustado y bambas oscuras. Se encuentra a Noa sola en el despacho.

(Richardson) -entra en el despacho- ¡Hola, Noa! ¿Te aburres? -saludándola sonriente-

(Noa) Sí, más o menos. ¿Se puede saber donde os habéis metido tú y Ota toda la mañana? La comandante ya me ha dicho algo, pero no sé de que va exactamente. Veo que ni siquiera te has puesto el uniforme.

(Richardson) Oh, nada del otro mundo. Un trabajillo especial para un pez gordo de la judicatura.

(Noa) -con sonrisa burlona- ¿En serio? ¡Vaya! Seguro que también os pagan una buena prima por este trabajo.

(Richardson) Tal vez. Noa, hazme un favor. ¿Puedes decirle a Sonoko que venga, por favor? Tengo que hablar con ella.

(Noa) Sí, enseguida. -coge el teléfono de su mesa y llama a Sonoko- … Sonoko, puedes venir un momento? Andrew está aquí. … Gracias. -cuelga- Ahora vendrá.

(Richardson) Gracias. … Entonces la comandante ya te lo ha dicho.

(Noa) Sí. Un diputado de la Dieta que quiere desenmascarar a la Yakuza.

(Richardson) Ahora mismo Ota está custodiando al chivato de la Yakuza al que debemos proteger.

(Noa) Ya veo. Suena interesante. Yo sería incapaz de hacer un trabajo así.

(Richardson) -le dice sonriente- Tú dedicate a los Labors, que es lo tuyo, mujer.

(Noa) ¡Sí, ya tienes razón, ya! -exclama riendo estúpidamente con la mano en el cogote-

(Sonoko) -entra al despacho- Hola, cariño. -besa a su marido- ¿Me has llamado?

(Richardson) Sí. ¿A que hora sales?

(Sonoko) A las seis de la tarde. ¿Por qué? ¿Tienes planes para esta noche?

(Richardson) Claro. ¿Que te parece si esta noche vamos a cenar nosotros dos solos a un sitio? Invito yo.

(Sonoko) Caray. ¿Y que sitio es? -pregunta con gran curiosidad-

(Richardson) Es una sorpresa, mi amor. Ya lo verás.

(Noa) -le suena el teléfono y se pone- Capitana Shinohara. … Dime, Shige. … ¿El Ghost número tres? ¿Cual es el problema? … Entendido, ahora vengo. Espérame. -cuelga- Bueeeno. Os dejo solos, parejita. Hasta luego. -se marcha-

(Sonoko) Hasta luego, capitana. … Oye... y Edwin?

(Richardson) Llamamos a Miyuki, la canguro, y asunto solucionado.

(Sonoko) De acuerdo. ¿Me vendrás a recoger en cuando termine a las seis?

(Richardson) Claro. Cuenta con ello. Con el coche que me ha regalado mi padre, llegaré enseguida.

(Sonoko) Vale. ¡Pero no corras!

(Richardson) - _ - De acueeeerdo.

Horas más tarde, de noche, Sonoko y Andrew se presentan en un restaurante muy cool y lujoso de Odaiba, con preciosas vistas de la bahía, el "Rainbow Bridge" y la torre de Tokio un poco más a lo lejos. En la sala, hay otras muchas parejas cenando agradablemente, mientras un pequeño grupo de música elegantemente vestido, toca música jazz. Sonoko está encantada con esa cena tan elegante y agradable, sonriendo a Richardson. A punto de terminar, a eso de las once y media de la noche, mientras toman la última copa, suena el móvil de Richardson. Le llama Ota desde el hotel en el que tienen custodiado a Yoshinori Ohara.

(Richardson) Oh. Disculpa, cariño. Ota me llama.

(Sonoko) No te preocupes.

(Richardson) -se pone al móvil- Dime.

(Ota) -en la habitación del hotel, en la que acaba de llegar Shinshi- Yo me marcho. Shinshi se quedará con nuestro amigo toda la noche. -Yoshinori enciende una radio con música dance a todo volumen- ¡Eh! ¡Baje ese ruido, estoy hablando por teléfono! -exclama enfadado-

(Yoshinori) Vale, vale, poli. No se ponga así. -baja el volumen y se retumba en la cama, poniéndose a leer un manga-

(Ota) Que decías, Andrew?

(Richardson) Que de acuerdo. Márchate ya a casa con Kanuka. A ver si esta noche la pillas de buen humor. Tú ya me entiendes. -se ríe-

(Ota) ¬ ¬ Siempre más salido que un balcón, escocés. Procura no llegar tarde mañana por la mañana. ¿Entendido?

(Richardson) Ya lo sé. Nos vemos mañana, Ota.

(Ota) Hasta mañana. -cuelga-

(Sonoko) ¿Era Ota?

(Richardson) Sí. Sólo para informarme del cambio de turno. -se queda mirando fijamente a Sonoko, con una agradable sonrisa-

(Sonoko) ¿? ¿Que estás mirando? ¿Eh? -haciéndose la estrecha-

(Richardson) -mirando a su mujer con sonrisa cariñosa- Eres preciosa. Te quiero. -le coge la mano y se la besa-

(Sonoko) -dice sonrojada y amorosa- Ay... cómo eres, Andrew. Yo también, tontaina.

(Richardson) -levanta su copa de vino- Por nosotros.

(Sonoko) Por nosotros. -hacen chin chin con las copas-

Tres horas más tarde. Sábado a las dos de la madrugada. Shinshi y Yoshinori Ohara están solos en esa habitación de hotel para parejas en Shibuya. Yoshinori con el equipo de música encendido, donde suena música pop, leyendo un manga. Shinshi por su parte, leyendo un libro electrónico, o al menos intentándolo, porque con la música le está costando concentrarse. La habitación está medio a oscuras, únicamente iluminada con las lámparas poco potentes de las dos mesitas de noche a lado y lado de la cama. De repente, suena el teléfono de una de las mesitas. Llaman desde recepción del hotel. Yoshinori, al oírlo, se asusta. Él ya teme lo que está a punto de suceder. Shinshi se pone al teléfono y...

(Shinshi) ¿Sí, diga?

(Conserje) Aquí recepción. Hay dos señores. ¿Quiere que les diga que suban?

(Shinshi) ¿? ¿Cómo se llaman?

(Conserje) Espere un momento. … El señor Sango y un amigo.

(Shinshi) Dígales que esperen, por favor. Tengo que hacer una llamada.

Sinshi deja el teléfono fijo y llama por su móvil a Richardson. Éste, está en su casa, acostado con su mujer, haciendo "cosas malas", pero tiene que parar de golpe. Mientras Richardson y Shinshi estarán hablando por teléfono, Yoshinori, disimuladamente, abre el pestillo electrónico de la puerta de la habitación, dejándola abierta por dentro.

(Richardson) -se pone- Dime, Shinshi. Sea lo que sea, que sepas que ahora mismo estaba en plena faena. ¡Ay! -Sonoko le pega una colleja-

(Shinshi) No es momento para bromas, Andrew. Sango está abajo con otro hombre, quieren subir aquí.

(Richardson) -se queda muy extrañado- ¿Que? ¿Sango a las dos de la madrugada? No les dejes entrar, estaré allí en un cuarto de hora. Llama a la central y pide refuerzos por si acaso.

(Shinshi) Entendido. Te estaré esperando.

(Richardson) Bien. -cuelga-

(Shinshi) Por favor, apártese de la puerta.

Yoshinori, comiendo una bola de arroz delante de la puerta, se aparta y se vuelve a retumbar sobre la cama. Shinshi, serio, le sigue con la mirada. En cuando vuelve a girar el cuello... y ve el pestillo de la puerta quitado... ocurre lo inesperado. Abren la puerta de una patada desde afuera. Dos hombres de unos cincuenta años. Uno un poco bajo, completamente calvo, de mirada fulminante y vestido con pantalones negros y una gabardina gris. El otro, es alto. Vestido de traje y corbata completamente oscuras, con camisa blanca y unas grandes gafas de pasta, con peinado de ralla. Ambos llevan guantes de látex. Y el hombre calvo... lleva en su mano derecha un arma. Un arma grande y potente. Un revólver Colt Anaconda del calibre 44, largo y plateado. Sin que a Shinshi le de ni tiempo a reaccionar y desenfundar su arma reglamentaria, un mucho más pequeño revólver Nambu Tipo 60, el hombre le dispara un tiro a Shinshi justo en la rodilla derecha, pegando Shinshi un fuerte grito de dolor y quedándose en el suelo herido de gravedad, perdiendo sangre a chorro por la herida de bala. Los dos hombres entran en la habitación... y apuntan el revólver sobre Yoshinori, quien está de pie sobre la cama, asustado e incrédulo.

(Yoshinori) -muy nervioso y temeroso- No. Escuche. ¡Escuche! No... no lo haga. No me mate. ¡Por favor! Ellos... me dijeron...

El hombre le dispara dos tiros seguidos, uno en el pecho y otro en el abdomen. Ambos se quedan mal heridos y llenos de sangre en la habitación. El hombre calvo, esconde el revólver bajo su gabardina, se quita dos bolas de algodón de las orejas y ambos hombres se marchan cómo si nada. Sin duda son dos asesinos profesionales, con los que Andrew se verá las caras en más de una ocasión.

En cuestión de minutos, la zona alrededor del hotel es un espectáculo. Lleno de coches de policía, con un cordón policial alrededor, ambulancias y al ser Shibuya en sábado por la noche, lleno de jóvenes curiosos mirando que está pasando. Es entonces cuando llega Richardson conduciendo un flamante y nuevo Nissan GT-R, de color azul eléctrico, con llantas plateadas. Un coche precioso y muy pero que muy potente, que le ha regalado su padre por su cumpleaños hace cosa de un mes. Se baja y va corriendo al cordón policial. Muestra su placa y los agentes le dejan pasar. Va directamente hacia la recepción del hotel. Ota ya está allí, acompañando a varios sanitarios de ambulancia que bajan a Yoshinori por el ascensor en una camilla, para llevárselo a un hospital.

(Richardson) ¡Ota! ¿Que coño ha pasado?

(Ota) Ha ocurrido hace sólo diez minutos. Dos tipos con un arma de gran calibre han entrado y han disparado a Ohara.

(Richardson) ¿Y Shinshi?

(Ota) También le han disparado. En una rodilla. Los sanitarios le están bajando ahora por el ascensor.

(Richardson) Quédate con Ohara. Acompáñalo en la ambulancia hasta el hospital. No le pierdas de vista.

(Ota) Entendido. -se marcha corriendo-

Richardson espera a que lleguen los sanitarios llevando a Shinshi en una camilla. Antes de esto, habla con uno de los oficiales de policía que custodia la recepción del hotel.

(Richardson) ¡Oficial!

(Policía) Diga, capitán.

(Richardson) En cuando salgan los de homicidios y la científica, sellad la habitación 115. ¡Pero selladla bien!

(Policía) Sí, capitán. -se marcha corriendo-

Ota, después de subir la camilla de Yoshinori, sube a la ambulancia en la que se lo llevan al hospital, siendo visto por decenas de jóvenes curiosos que miran lo que está pasando tras la barrera policial. En cuando la ambulancia arranca, a gran velocidad y la sirena puesta... a unos 50 metros de allí, lejos del gentío, arranca un motor V8 sobrealimentado de 560 caballos de potencia. Son los dos asesinos profesionales de antes, en un nuevo y flamante BMW M5 de color negro. Arrancan su super coche alemán y siguen a la ambulancia a distancia, la cual va escoltada por una moto de la policía.

Mientras tanto, los sanitarios bajan por fin a Shinshi por el ascensor. Richardson se asusta en cuando le ve. Tiene la rodilla destrozada por el disparo de gran calibre. Está muy pálido y débil.

(Richardson) -le pregunta a uno de los sanitarios que llevan a Shinshi hasta la ambulancia- ¿Está mal?

(Sanitario) Muy mal. Pierde mucha sangre.

Los sanitarios suben a Shinshi a la ambulancia y Richardson también se sube, con la intención de acompañarle hasta el hospital... y esclarecer que ha ocurrido en esa habitación. Shinshi, en medio de un gran sufrimiento físico y muy débil, aun está consciente. Durante el trayecto hacia el hospital, mientras la ambulancia corre a toda velocidad por una de las autopistas elevadas del centro de Tokio con la sirena encendida, Richardson, interroga a Shinshi.

(Richardson) -muy serio- Shinshi. Sé que estás muy jodido, pero... tengo que preguntártelo. Necesito saberlo ya. Los dos hombres que te han disparado. ¿Recuerdas algo?

(Shinshi) -en la camilla, tapado con una manta térmica de papel, muy débil y pálido- El... el que dis... disparó, de un metro setenta. Calvo. No... no le vi la cara. Con... con un revólver plateado de cañón largo. S... seguramente un calibre 44. No... no recuerdo más.

(Richardson) -animándole muy preocupado por él- Tranquilo, Shinshi. Tranquilo.

(Shinshi) A... Andrew. El... el seguro de... de la puerta estaba quitado.

(Richardson) Quien lo quitó.

(Shinshi) O... Ohara. Debía estar esperando a alguien. Oh Dios... c... cuando Tamiko se entere de esto. C... cómo está mi rodilla.

(Richardson) Aguanta, Shinshi. Llegaremos dentro de un par de minutos.

La ambulancia llega por fin a su destino: un gran hospital en el distrito de Shinjuku. Médicos del hospital ya están esperando para llevar la camilla con Shinshi a la sala de operaciones inmediatamente. Richardson no se separa de Shinshi hasta la misma puerta del quirófano. Richardson igualmente entra, observando cómo los médicos dan los primeros auxilios.

(Médico 1) Tijeras. … Presión arterial. … Oxígeno. … Deme una venda. …

(Médico 2) ¿Puede mover la mano? -le pregunta a Shinshi, quien sufre una gran angustia física, respirando con rapidez- ¿Quiere salir afuera si es tan amable? No se preocupe, en realidad no es grave. Saldrá de esta. En un mes volverá a estar cómo si nada.

(Richardson) Gracias, Doctor.

Richardson sale del quirófano y se encuentra con Ota.

(Ota) -serio y preocupado- ¿Cómo está Shinshi? ¿Es grave?

(Richardson) Ahora mismo está fatal. Pero saldrá de esta, no te preocupes. ¿Y Ohara?

(Ota) No lo sé, Andrew.

(Richardson) Teniendo en cuenta que le han disparado al pecho con un revólver del 44... es difícil que sobreviva.

(Ota) ¿Te lo ha dicho Shinshi?

(Richardson) Sí. Es de lo poco que recuerda. -suspira preocupado- Llama a Tamiko. Dile que venga a ver a su marido.

(Ota) Enseguida. -se marcha-

Al mismo tiempo, Richardson, aun sobrecogido por lo que ha pasado, abre un poco la puerta de otro de los quirófanos que hay en el mismo pasillo, donde un equipo de cirujanos operan a Yoshinori Ohara. El jefe de ese equipo, es una mujer. Una Cirujana llamada Tsubasa Ochimura.

(Tsubasa) Pinzas.

(Cirujano 1) Aquí tiene.

(Tsubasa) ¿Tensión arterial?

(Cirujano 2) Ha bajado de diez a siete.

(Tsubasa) Tijeras. … ¿Pulso?

(Cirujano 3) Aumentando.

(Tsubasa) Cierre.

(Cirujano 4) Sí.

(Cirujano 2) Tensión arterial subiendo de siete a nueve.

(Tsubasa) Sujete, por favor. … ¿Cuanto Plasma nos queda?

(Cirujano 1) Cuatro de doscientos, pero hemos pedido cuatro más. -Richardson vuelve a cerrar la puerta y se retumba, pensativo, sobre la pared del pasillo-

(Tsubasa) ¿Cómo está el pulso? ¿Sigue en el mismo nivel?

(Cirujano 3) Sí, se mantiene estable.

(Tsubasa) Pinzas. … ¿Transfusión sanguínea?

(Cirujano 1) Estamos en la primera. … ¿Preparamos otra, doctora?

(Tsubasa) Sí.

Veinte minutos más tarde, la operación por fin termina. La cirujana Tsubasa, sale, quitándose el gorro y la máscara verdes de cirujano y mostrando una chica guapa de largos cabellos negros y ojos verde oliva.

(Richardson) ¿Hay esperanzas, Doctora?

(Tsubasa) Un 50%, no más. Después de mucho esfuerzo hemos cortado las hemorragias. Pero alcanzaron vasos y órganos importantes. El hígado está destrozado. Sólo nos queda confiar en que éste se rehaga y en la suerte.

(Richardson) Gracias, Doctora.

(Tsubasa) No hay de que. -se marcha-

Media hora más tarde, Shinshi ya está en una habitación de hospital, durmiendo... con Tamiko sentada en una silla, limpiándose las lágrimas con un pañuelo.

(Richardson) -entra en la habitación- Buenas noches, señora.

(Tamiko) -se queda mirando seria a Andrew y enseguida, se pone a llorar cómo una tonta, lanzándose entre los brazos de Andrew- ¡Aaahhhhh! Ajaaaaaaa ¡Pero que le han hecho a mi Mikiiiiiii! Ajaaaaaaa.

(Richardson) -intentando consolar a Tamiko sin demasiado éxito- Tranquilícese, señora. No pasa nada. Ya está. Ha sido un susto, nada más. Es el riesgo que conlleva ser policía.

(Tamiko) -llorando tontamente a lagrimón vivo- Pero... pero...

(Richardson) -mira fijamente a Tamiko, muy serio- Déjeme que le diga una cosa. Le prometo... que se lo haré pagar a los culpables. A mi nadie... nadie me da por el culo. Y esos dos desgraciados se arrepentirán de haberse metido conmigo. Se lo aseguro. Palabra de ex granadero escocés.

(Tamiko) -coge por el cuello de la chaqueta a Richardson, histérica- ¡Más te vale! ¡O cogéis a quien le ha hecho esto a Miki, o me vais a oír!

(Richardson) -se le cae una gota- - _ - Em... no se preocupe. Lo haré. Adiós. -se marcha-

Richardson va entonces unas habitaciones más allá, donde han puesto a Ohara, cubierto de vendas, con la máscara de oxigeno, el bote de plasma y lleno de sensores de pulso y presión conectados al espectroscopio. Entonces, sin que Richardson le oyese venir... se planta la jefa al lado. La comandante Takeo Yamazaki.

(Takeo) -mirando primero a Ohara muy seria y devolviendo la mirada a Richardson- ¿Cómo está?

(Richardson) Mal. Muy mal. En estado grave.

(Takeo) ¿Y Shinshi? ¿Dónde lo tienen?

(Richardson) Cuatro habitaciones más allá. Nada grave, saldrá de esta. Ahora está durmiendo.

(Takeo) Salgamos al pasillo. Tenemos que hablar.

(Richardson) Sí, comandante. -ambos salen al pasillo y hablan mientras andan lentamente-

(Takeo) He recibido el informe de la Policía Científica. ¿Si no forzaron la puerta, cómo consiguieron entrar?

(Richardson) Ohara mismo, quitó el seguro de la puerta.

(Takeo) Entiendo. Así que él mismo dejó entrar a los asesinos. No... no tiene sentido. ¿Por qué haría algo así?

(Richardson) Créame, comandante, que ahora mismo me muero de ganas de preguntárselo.

(Takeo) Y la forma de actuar. Que me dices de eso. ¿Cual es tu opinión?

(Richardson) Según el testimonio de Shinshi, dos hombres, con un revólver del calibre 44 de cañón largo. Plateado. Un arma difícil de encontrar en Japón, no cree?

(Takeo) ¿Que intentas sugerirme? -dice extrañada-

(Richardson) Asesinos profesionales. Y probablemente, extranjeros. Puede que chinos.

(Takeo) ¿La mafia china de Hong Kong?

(Richardson) Es probable. Pero por el momento, no tenemos ni una sola pista que nos lo confirme.

(Takeo) Entiendo. -llegan hasta un ascensor. Takeo pulsa el botón para llamarlo- Sé perfectamente que en el fondo se enfadará por lo que le diré ahora, capitán. Pero tuve que llamar a Fumihiro Sango.

(Richardson) -se queda mirando a Takeo, algo enfadado- Ya. ¿Y que coño le ha dicho?

(Takeo) No le gustó nada. Me lo dijo con finura, cómo buen político conservador que es. Pero notaba perfectamente por sus palabras, que se cabreó cómo un loco. Esta era su gran oportunidad para convertirse en alguien muy y muy importante dentro de su propio partido y llegar a un puesto de notoriedad. Ministro del gobierno o un alto cargo muy importante del estado. Ya sabes por qué. Ahora ya no podrá presentar este lunes la gran sorpresa en la Dieta que había prometido a todo el mundo y que lleva meses anunciando a bombo y platillo. En consecuencia y cómo haría cualquier político, echará balones fuera y cargará toda la culpa y responsabilidad sobre nosotros, la Policía.

(Richardson) -mirando muy seriamente a Takeo- ¿Ah si? Con todos los respetos, comandante. Eso a mi me la suda. Lo que me importa es que Shinshi está herido de bala. Y estoy decidido a llegar hasta el final y hacérselo pagar a los hijos de puta que le han hecho esto.

(Takeo) -hace sonrisa triste, cerrando los ojos- Yo no lo hubiese dicho mejor, capitán. Pero tampoco es momento para soluciones extremas. ¿Me has oído? -le dice mirándole seriamente-

(Richardson) Sí, comandante.

(Takeo) Desde ahora actúa con mucho tacto. ¿Entendido? La prensa afín al partido de Sango no nos quitará el ojo de encima, así que vete con cuidado.

(Richardson) -se ríe entre dientes- ¿Quien está al cargo de este caso, Sango o yo? ¿Mh?

(Takeo) Lo único que me importa son los resultados, capitán. Y aunque siempre tienes unos métodos fuera de lo común, tus resultados siempre son irreprochables. Haz lo que creas más conveniente. -sube al ascensor- Sabes que únicamente soy la comandante de la División de Vehículos Especiales. Pero aun así... intentaré apoyarte en todo lo que pueda. -las puertas del ascensor se cierran-

Richardson se queda un rato pensativo tras estas últimas palabras de su superior, pero acaba sonriendo, decidido a hacer las cosas a su manera. Mientras camina de regreso a la habitación de Ohara, una enfermera del hospital, con una bandeja de comida con un vaso de leche y dos sándwiches de pollo, le llama.

(Enfermera) ¡Señor!

(Richardson) ¿Sí?

(Enfermera) ¿Es usted el policía que no ha comido?

(Richardson) ¡Oh! ¡Sí! Muchas gracias. -coge la bandeja y se pone a comer uno de los sándwiches, mientras anda de camino a la sala de médicos, para hablar con Tsubasa, la jefa de cirujanos-

En ese mismo instante, ante la entrada principal del hospital, llega un coche de alta gama, un Lexus LS negro nuevo, del que se bajan Fumihiro Sango y dos hombre más. Va directamente a recepción, preguntando por el paradero de Ohara, con enfado y de mal humor. Al cabo de un rato, Sango y sus dos hombres se presentan en la planta de cirugía, hasta plantarse frente a Richardson, quien sigue comiendo su sándwich de pollo tan tranquilo. Pero Sango ni se inmuta. Va directamente en busca de la Doctora Tsubasa. Seco y áspero, le pregunta.

(Sango) ¿Cómo está, Doctora?

(Tsubasa) Todo lo bien que se puede esperar. Sigue bajo los efectos de la anestesia.

(Sango) Soy Fumihiro Sango. Probablemente, ha oído hablar de mi.

(Tsubasa) Sí, señor.

(Sango) ¿Hay alguna posibilidad de obtener una declaración de Yoshinori Ohara antes del lunes?

(Tsubasa) Es imposible predecirlo en este momento, señor. Podría quedarse en estado de Shock.

(Sango) Gracias por todo su esfuerzo, Doctora.

(Tsubasa) No hay de que. -vuelve a su trabajo-

(Sango) -en voz baja a uno de sus hombres- Que venga la supervisora.

Mientras el subordinado sale a la busca de dicha persona, Sango entra en la pequeña sala en la que Richardson termina de comer y abre la ventana, para que todos lo oigan. Le pregunta, con enfado...

(Sango) Qué es lo que falló, capitán.

(Richardson) -imperturbable, con la boca llena- ¿Quien más sabía donde estaba Ohara?

(Sango) ¿Que? -se queda a cuadros-

(Richardson) Que quien más sabía donde estaba Ohara.

(Sango) ¿Qué está insinuando?

(Richardson) Pues... que sabían donde encontrarle y usaron su nombre para entrar.

(Sango) -se ríe entre dientes- Ja. Capitán... ¿Sugiere usted que yo revelé su paradero?

(Richardson) Pues alguien lo hizo. Y no fuimos nosotros. -mirando mal a Sango-

(Sango) -se enfada más aun- Eso no viene a cuento.

(Richardson) -le replica con mala cara- Mire, "señorito". A mi no me jode nadie. Y menos tú. Por supuesto que viene a cuento. Tengo un compañero, casado y padre de tres hijos, gravemente herido de bala. El muy puñetero ha tenido suerte. Podría haber perdido la pierna.

(Sango) -igualmente enfadado- Y yo tengo un testigo que no puede hablar.

(Richardson) Vayamos directos al grano, señor Sango. Explíqueme lo de Ohara. ¿Que trato hizo con él?

(Sango) ¿Trato? -hace una sonrisa confiada y le replica a Richardson- Oiga, no intente eludir su responsabilidad. Cómo dirían ustedes, los ingleses, han metido la pata hasta el fondo.

(Richardson) Joder. Otro idiota que se confunde. Soy escocés. ¡Escocés! -señalando con el dedo sobre el pecho de Sango, quien se enfada aun más-

(Sango) ¡Déjese de tonterías! Usted sabía la importancia que tenía este testimonio y a pesar de eso, no tomó las medidas necesarias para protegerle. Para usted era un trabajo más. Sólo eso.

(Richardson) Ah, ya. ¿Y por qué no hizo caso de la recomendación de la "muy competente" comandante Yamazaki y se lo encargó a Seguridad Pública? ¿No se habría evitado muchos problemas encargándole el trabajo a profesionales en proteger y encubrir testimonios, señor? ¿Que tiene que decirme sobre eso?

(Sango) -sin salir de su enfado- ¡Eso no viene a cuento! Si no se hubiese tomado el trabajo a pitorreo, se habría tomado todo el interés que yo esperaba de usted.

(Richardson) ¡Ja! Puede creer lo que quiera. Usted trabaje en su campo y yo en el mío.

(Sango) -mirando enfadado a Andrew, sin hablar un momento- … Yo, personalmente, me encargaré de que le expulsen no sólo de la Policía, sino que le devuelvan a la vieja Inglaterra, que es donde debería estar.

(Richardson) -vuelve a señalar con el dedo sobre el pecho de Sango, visiblemente cabreado- Escúchame bien, señorito. Cómo vuelva a decir eso... le haré aprender el nombre de mi querida tierra, Escocia, a golpes. ¿Me ha entendido?

(Sango) ¿Me está amenazando?

(Richardson) Sólo es un aviso. Para su información, mi viejo también es alguien importante en Gran Bretaña. Más le vale que no viaje por esos lares o podría tener una sorpresa. -Sango se marcha de allí, furioso- ¡Ah, y otra cosa! -Sango se le queda mirando- Siempre he pensado que eres un politicucho de tres al cuarto. Si fueses a un debate del parlamento de Westminster, se te comerían con patatas. -le dice insultante-

(Sango) Pues yo le lanzo otra advertencia, señor Richardson. Si consigo esa declaración de Ohara, o se recupera antes de la vista, haré ver que no ha pasado nada y todos en paz. Pero si no... prepárese para las consecuencias y búsquese un buen abogado. Le hará falta. Yo no pienso sufrir las consecuencias de su incompetencia. Y aunque no fuera así, podré demostrar ante un tribunal que ha habido negligencia por parte de usted.

(Richardson) -le replica aun más enfadado- ¡Oiga! Si me denuncia a mi... estará denunciando también a toda la Policía. Dese por enterado.

(Sango) Para su consuelo... le digo que deseo lo mejor para su compañero herido. Al menos mantengan bien vigilado a Ohara para que no le pase nada. Volveré mañana por la mañana... con mis hombres. -sale de la sala y se encuentra con la doctora- Gracias, Doctora.

(Tsubasa) -entra en la sala a recoger unos papeles y le dice a Richardson toda burlona- Se ha ganado una buena bronca, eh, capitán.

(Richardson) Nada comparado con las de la comandante. Es un aficionado. -entonces, por la ventana abierta, él y Tsubasa oyen los reproches de Sango a la supervisora del hospital-

(Sango) Buenas noches. Quisiera que substituyera a la Doctora Ochimura. Es demasiado joven, inexperta y no termina de convencerme una mujer cirujano. Prefiero al cirujano de mi seguro privado. Informe al administrador general.

(Supervisora) Pero, señor. La Doctora Ochimura es la jefa del equipo de cirujanos. Es muy competente.

(Sango) No me importa. Preferiría que sea substituida por un hombre con más experiencia. Hágalo venir de otro hospital si es necesario.

(Supervisora) Bien, yo...

(Sango) Muchas Gracias. -se marcha caminando con prisas junto a sus dos hombres-

(Richardson) Que. ¿Te gusta oír cómo ese tipo te llama cara bonita sin cerebro?

(Tsubasa) No se preocupe, capitán. -con sonrisa triste- No es la primera vez que tengo que oír esas indirectas. Estoy más que acostumbrada.

(Richardson) -le pone una mano al hombro y le sonríe- Si no lo quieres decir tú, lo diré yo. Que se vaya a la mierda. Eres bonita y una cirujana muy competente.

(Tsubasa) -sonríe, reconfortada- Muchas gracias, capitán.

En ese mismo instante, mientras Sango y sus hombres salen del hospital, marchándose en su Lexus LS... llega el BMW M5 de los dos asesinos profesionales. Del coche se baja el hombre calvo con gabardina de mirada fulminante y entra en el hospital. Los dos policías uniformados que hay en recepción, ni se inmutan. A dentro, por uno de los pasillos, uno de los médicos del hospital anda por allí, cuando el asesino le para.

(Asesino) Doctor.

(Médico) Sí, que desea?

(Asesino) Un pariente mío está ingresado aquí por una herida de bala. ¿Quiere decirme si es tan amable, donde puedo encontrarle?

(Médico) ¿Por qué no pregunta usted en información del hospital, en recepción?

(Asesino) Allí no hay nadie, Doctor.

(Médico) Pues a lo mejor está en el tercer piso, en la planta de urgencias, señor.

(Asesino) Gracias, gracias, doctor.

(Médico) De nada. -cada uno se va por su lado-

En la tercera planta, Richardson devuelve la bandeja de la comida en la cocina para los empleados, cuando en la sala de administración de la planta, justo al lado, suena el teléfono, cogiéndolo la enfermera.

(Enfermera) Administración de urgencias, dígame? … ¡Capitán! Es para usted.

(Richardson) ¿? -va hasta la enfermera- Deme eso. Y gracias. -se pone al teléfono- ¿Sí?

(Médico) -le contesta el mismo médico que antes ha guiado al asesino hasta la tercera planta- Soy el Doctor Asanji. Verá, tal vez no sea nada importante, pero un hombre acaba de preguntarme si tenemos aquí a un pariente suyo herido de bala. Pensé que debería usted saberlo.

(Richardson) ¿Era un hombre no muy alto y calvo?

(Médico) Sí, exacto. Le dije que quizá estuviera en el tercer piso.

(Richardson) Gracias. -cuelga el fijo de la enfermera y coge su móvil para llamar a Ota, quien está en recepción-

(Ota) -contesta al móvil- Dime, Andrew.

(Richardson) Acabo de enterarme. Uno de los médicos le ha visto. El asesino de Ohara está en el hospital y sabe cual es su habitación. Ocúpate de la planta baja.

(Ota) Entendido. -cuelga y se dirige a los agentes desplegados en recepción- Estad alerta. Si veis un hombre no muy alto y calvo le retenéis y me llamáis, entendido?

(Agente) Sí, capitán.

Mientras, en la tercera planta, Richardson lo organiza todo para evitar que el asesino entre allí.

(Richardson) -dando instrucciones a uno de los agentes de policía- Vigila la entrada de la habitación de Ohara. No dejes entrar a nadie más que la Doctora Tsubasa y las enfermeras. ¿Entendido?

(Agente) A la orden, capitán.

Mientras Ota, junto a otro agente de policía, vigilan la entrada principal y Richardson la tercera planta... el asesino consigue llegar a esta planta por una de las escaleras de incendios y mediante una de las habitaciones de personal cerradas. Abre la puerta. Mira a un lado y ve que el pasillo de las habitaciones de los pacientes están vigiladas por agentes de policía. Mira al otro lado y ve el despacho de las enfermeras, donde hay una sola enfermera trabajando en un ordenador portátil. Se vuelve a meter dentro de la sala de personal, cierra la puerta y se saca el arma para su crimen: un cuchillo japonés enfundado y ligado con cinta adhesiva a la pierna. El asesino se lo saca y lo limpia sobre la manga de su gabardina. En el preciso instante, una enfermera entra con instrumental para desinfectar en esa misma sala... y se encuentra al hombre en la penumbra sujetando ese gran cuchillo. La pobre echa un grito de terror que resuena en todo el hospital y sale despavorida, gritando que hay un hombre con un cuchillo.

Richardson se va él solo hasta allí, corriendo. A distancia, sigue el ruido que hace el asesino, quien baja por la escalera de incendios, hasta el final de éstas, que dan a los subterráneos del hospital, no sin antes intentar salir por la planta baja, pero al ver por la puerta entreabierta a Ota y dos agentes de policía más, sigue bajando corriendo por las escaleras.

Al llegar a los bajos del hospital, empieza un juego del gato y el ratón. Es un lugar medio en la penumbra. Únicamente iluminado por algunos fluorescentes. Richardson sabe que no lleva ningún arma encima, pero el asesino, sí. Debe afinar al máximo sus sentidos y estar al máximo atento. Mientras anda, lentamente y estando con los cinco sentidos al máximo, el asesino, empuñando el cuchillo, le espera tras una columna de hormigón. Ambos hombres están a pocos metros el uno del otro, sin verse. Cuando Richardson llega al final del pasadizo... el asesino sale de detrás la columna y echa a correr. Richardson se pone a correr también, pero termina perdiéndolo otra vez en aquel laberinto oscuro y húmedo. Llega al final de otro pasillo con dos salas. Una tiene la puerta cerrada con llave, la otra está abierta. Entra dentro. Hay una ventana que da a la calle, pero hay barrotes y es imposible salir por ahí. Se asusta al oír un golpe detrás suyo: el de las sábanas sucias que caen por una tubería. Entonces Richardson ve al asesino a fuera, corriendo. Ha conseguido salir a la calle por otra puerta, la cual el asesino ha dejado trabada con el palo de una escoba. Richardson rompe el cristal de la puerta con un extintor que tiene al lado y sale a la calle corriendo, donde se está haciendo de día. En la calle, entre el tráfico y los "Salary Man" más madrugadores que pasan, es imposible distinguir al asesino: le ha perdido.

En ese mismo instante, las cosas se complican dentro del hospital. Yoshinori Ohara, sufre un paro cardíaco, tiene que ser atendido inmediatamente por la Doctora Tsubasa y su equipo. Richardson llega hasta allí y en principio, se queda algo consternado al ver a los médicos intentando reanimar a Ohara, quien muy probablemente, ya no va a salir de esta.

(Richardson) -al policía que custodia la entrada a la habitación de Ohara- Ve al vestíbulo y comunica a Ota que mantengan la vigilancia.

(Policía) Sí, señor. -se marcha-

Después de unos pocos minutos intentando reanimarlo, los médicos se dan por vencidos y dan a Ohara definitivamente por muerto. La Doctora Tsubasa, seria ante lo que para ella es una derrota, el no haber podido salvar una vida, va hasta Richardson.

(Tsubasa) Lo siento, capitán. Hemos hecho lo que hemos podido.

(Richardson) No se preocupe. -le pone una mano en el hombro y le dice simpático- Doctora. Necesito que me haga un favor.

(Tsubasa) -le responde sonriente- Si me lo pide un hombre tan atractivo cómo usted no puedo negarme, capitán. Usted dirá.

(Richardson) -sonríe- Gracias por el cumplido. Verás... si Sango llega a enterarse de que Ohara ha muerto dará el asunto por concluido y yo quiero encontrar al hijo de puta que lo mató.

(Tsubasa) Le sigo, capitán.

(Richardson) Lo que tampoco quiero es que despidieran a una Doctora tan competente y guapa cómo tú.

(Tsubasa) Oh, no, no se preocupe. No quiero meterle en problemas por mi culpa. Pero de todos modos... mi novio puede echarnos una mano en esto.

(Richardson) -haciendo sonrisa burlona- Vaya. Tu novio, eh? ¿En que puede ayudarnos?

(Tsubasa) Es el encargado y administrador de los archivos médicos del hospital. Es decir, que... el historial del señor Ohara puede haberse traspapelado. ¿Me capta, capitán?

(Richardson) Cómo el agua de claro. Tu novio hace el trabajo sucio, tú alegas que el archivo se ha traspapelado y yo me hago responsable de todo. ¿Aceptas el trato?

(Tsubasa) Sí, acepto. Voy a llamarle ahora mismo para decírselo. -ella se marcha y llega Ota-

(Richardson) Ota, tienes trabajo.

(Ota) Dime.

(Richardson) Llama a la comandante. Dile que llame a la Intendente Goto y ésta al juez instructor del caso. Que registren a Ohara bajo un nombre falso. Después, quiero que tú me consigas una ambulancia particular, de las antiguas y pequeñas. Y lo quiero todo con la máxima discreción. ¿Te acordarás de todo?

(Ota) Claro, cuenta con ello. Tendrás la ambulancia antes de lo que cante un gallo.

(Richardson) Perfecto.

Ota se va a un rincón y coge su móvil para hacer esa llamada, al mismo tiempo que Richardson habla con la Doctora Tsubasa y uno de sus ayudantes, para preparar el plan. Sólo veinte minutos más tarde, en el parking subterráneo del hospital, la ambulancia de las pequeñas, cómo Richardson ha pedido, llega. Ota, Richardson y la Doctora Tsubasa suben el cadáver de Ohara a la ambulancia.

(Richardson) Quédese aquí, Doctora. -la doctora se sorprende- Estese tranquila. ¡Ah! Y dele las gracias a su novio de mi parte. Adiós. -La Doctora le sonríe, mientras Ota y Richardson suben a la ambulancia y se marchan de allí, con destino el depósito de cadáveres.

Dos horas después de esto, hacia las ocho y pico de la mañana, Richardson regresa a su casa conduciendo su Nissan GT-R azul eléctrico. Lo aparca no muy lejos de su casa, en un pequeño descampado entre viviendas. Pasa por un quiosco y compra el periódico. Luego se va al supermercado 24 horas, a comprar cuatro cosas para el desayuno y para llenar la nevera. Después, regresa a casa, donde Sonoko y Edwin están desayunando juntos, listos para marcharse.

(Richardson) ¡Ya estoy en casa!

(Sonoko) -exclama un tanto molesta- ¡Hombre, por fin vuelves! ¿Puede saberse donde has estado toda la noche? -Andrew le besa-

(Richardson) Ya te lo dije anoche. Haciendo ese trabajillo especial que nos ha ordenado la comandante. Surgió algo inesperado y tuve que irme cagando leches. Lo siento.

(Sonoko) -algo fastidiada- Sí, ya. Que fastidio.

(Richardson) ¿? ¿Qué te pasa? Te un un poco... malhumorada. ¿Hoy te has levantado con el pie izquierdo?

(Sonoko) ¬ ¬ ¿Aun no te das cuenta? Anoche tuvieron que llamarte justo en el mejor momento.

(Richardson) ¿Eing?

(Sonoko) -desviando la mirada, sonrojada- Tuvo que sonar tu puñetero móvil justo cuando... estaba a punto de tener un orgasmo de los buenos.

(Richardson) º _ º -se ríe a carcajada limpia- Eres lo que no hay. ¿Cómo se te ocurre decirme eso estando Edwin delante?

(Sonoko) Sólo tiene dos años, Andrew. Tampoco entiende de que estamos hablando.

(Richardson) -le dice sonriente- Olvídalo, cariño. Cuando termine con este trabajillo especial... haremos cosas malas en la bañera. ¿De acuerdo?

(Sonoko) -se pone roja cómo un tomate- E e e eh? Oh, sí sí, claro. -se ríe estúpidamente-

(Richardson) Estoy hecho polvo. He pasado toda la noche en vela. Iré a darme una ducha.

(Sonoko) -se pone seria- Andrew... ¿No vas a decirme que es lo que has hecho esta noche?

(Richardson) -serio, sin contestar un rato- … Cuando estés en la primera sección, pregúntaselo a los demás. Ellos te lo dirán.

(Sonoko) ¿Por qué no puedes decírmelo tú? … ¿Que me estás ocultando, Andrew? -dice intrigada-

(Richardson) -sonríe- No es nada, de verdad. Vamos, vete ya o llegarás tarde.

(Sonoko) ¡Oh! Es verdad. Que tarde. -se termina el desayuno con prisas y coge a Edwin en brazos- Me voy a trabajar. ¿Quieres que deje a Edwin contigo o...

(Richardson) No, llévatelo tú. Yo hoy y mañana estaré muy ocupado. Vamos, vete.

(Sonoko) Cojo el Range Rover, de acuerdo?

(Richardson) Claro. Ese coche ahora prácticamente es tuyo. Sólo lo usas tú.

(Sonoko) -en tono burlón- A propósito... ¿Cuando me dejarás conducir el GT-R?

(Richardson) ¿Que? ¡Ah no! ¡Ni hablar! -exclama con con cara ridícula de susto-

(Sonoko) ¿Pero por qué? Soy piloto de un Shinohara JPL-09 Ghost. ¿Que diferencia hay con un Nissan GT-R, eh?

(Richardson) Porque no quiero que me lo destroces a la primera de cambio. Aun recuerdo cuando te dejé mi precioso Jaguar E Type descapotable del 63 de color beige y le hiciste esa horrible rascada en el frontal izquierdo.

(Sonoko) ¬ ¬ Ya te dije que el embrague de ese coche iba mal y no pude controlarlo bien. Además, tenía un volante demasiado enorme. Oigh eres peor que un niño consentido. Eres tan egoísta.

(Richardson) -le exclama enfadado- ¡Coge el Range Rover Evoque y vete de una puñetera vez, cariño! ¡No quiero que llegues tarde!

(Sonoko) Está bieeeen. Adiós, cariño. Me voy. -besa a Andrew- ¡Si esta noche no vienes a cenar, llámame, entendido?

(Richardson) Sí, claro. ¡Lárgate ya!

(Sonoko) Adiós.

Richardson, sonriente, observa por la ventana que da al jardín cómo Sonoko mete a Edwin en la sillita trasera y después se sienta ella en el asiento del conductor del Range Rover Evoque y se marcha. Al menos, tiene la alegría de saber que la experiencia nada agradable que ha vivido esta noche, no ha llegado a conocimiento de su mujer. Pero esto no será siempre así.

En ese mismo momento, el diputado Sango llega de nuevo al hospital con tres de sus hombres tal cómo prometió. Llega hasta la habitación donde estaba Ohara... y la encuentra vacía, limpia e impoluta, cómo si no hubiese pasado nada.

(Sango) Mira a ver si la Doctora Ochimura está aun en el hospital y llama al capitán Richardson por teléfono.

(Subordinado) Sí, jefe. -se va, mientras Sango va hasta dos hombres. Dos periodistas de un medio de comunicación conservador afín a su partido-

(Sango) Lo siento, Omura. Lo han trasladado a otra habitación. -diciendo esto con sonrisa falsa y forzada-

(Periodista) ¿Seguro? Esperemos que sea verdad, señor Sango. -Sango va hasta el despacho de las enfermeras, en la misma planta-

(Sango) Buenos días. ¿Puedo hablar con su supervisora?

(Enfermera) Temo que esté ocupada.

(Sango) Le agradecería que le dijera que Fumihiro Sango desea verla inmediatamente. Es muy urgente.

(Enfermera) Sí, señor Sango. Enseguida. -coge el teléfono de su mesa- … Señora, el señor Fumihiro Sango desea verle ahora mismo. Dice que es muy urgente. … De acuerdo. -cuelga- Vendrá enseguida. ¿Es tan amable de esperarla en el pasillo?

(Sango) Por supuesto.

Sango se va hasta el pasillo, acompañado de otro hombre, quien resulta ser el jefe de Shinshi y Matsui en investigación, el inspector jefe Hongo. Espera aparentemente tranquilo, mientras los dos periodistas, más nerviosos, observan. Entonces, llega la supervisora.

(Supervisora) Buenos días. Que desea.

(Sango) ¿? Quería hablar con la otra supervisora.

(Supervisora) La supervisora de anoche no está de servicio. Yo soy la Señora Kawamoto. ¿Puedo ayudarle?

(Sango) Oh, por supuesto que puede. Verá, tenía un paciente aquí anoche mismo. Su nombre es Yoshinori Ohara. Parece ser que... ha desaparecido.

(Supervisora) ¿Desaparecido?

(Sango) Estaba en la sala de urgencias principal de la tercera planta, pero no hay rastro de su paradero en todo el hospital.

(Supervisora) -algo desconcertada- Pero eso es imposible, señor.

(Sango) ¿Me permite ver el historial médico de Yoshinori Ohara?

(Supervisora) Lo siento, pero el reglamento del hospital...

(Sango) Es una petición oficial del departamento de Investigación de la Policía Metropolitana de Tokio. ¿No es cierto, inspector jefe Hongo? -Hongo, muy serio, le muestra su placa a la supervisora-

(Supervisora) Sí, inspector. Me encargaré de ello ahora mismo. Si me disculpan. -se marcha andando con prisas-

(Sango) Muchas gracias, señora. -uno de los hombres de Sango se pone a su lado-

(Subordinado) Disculpe. La Doctora Ochimura ya no está de servicio.

(Sango) Llámele a su casa. -el subordinado se va corriendo hacia el despacho de enfermeras-

(Subordinado) ¿Tiene usted el número de teléfono de la Doctora Ochimura a mano, enfermera?

(Enfermera) ¿La Doctora Ochimura?

(Subordinado) Sí, por favor.

(Enfermera) Un momento.

(Sango) -a los dos periodistas- Lo lamento de verás, señores, pero ha habido algunas complicaciones médicas relacionadas con mi testigo. Temo que tendré que prescindir de la foto junto a él en la cama. Eso hubiera compensado algo el que no hubiera podido presentar su testimonio mañana en el Senado. Pero sería ir contra la corriente.

(Periodista) Entonces, si no lo he entendido mal... su testimonio sorpresa no podrá hacer ninguna declaración.

(Sango) Estaba casi muerto cuando le trajeron aquí. Después de este atentado contra su persona, comprenderá mis motivos para tenerle apartado y protegido en este sitio temporalmente.

(Periodista) Desde luego, señor Sango.

(Sango) Me alegro de haberle visto. Adiós. -los periodistas se marchan y Sango se aproxima a su subordinado-

(Subordinado) Tampoco puedo localizar a Richardson. No contesta al teléfono.

(Sango) Sigue intentándolo.

(Subordinado) Entendido. -llega la Supervisora-

(Supervisora) Lo siento, pero no puedo encontrar la ficha médica del señor Ohara. Ni la impresa ni en la base de datos informática del hospital. Sin duda ha sido traspapelada.

(Sango) O se han apoderado de ella.

(Supervisora) ¿Apoderado? -pregunta muy extrañada-

(Sango) Muy bien, informaré al administrador general, muchas gracias por su ayuda. -la supervisora se postra y se marcha. Sango habla entonces con el inspector general Hongo- Bueno, inspector. Hablemos de negocios. Quiero una lista del personal nocturno que podría estar involucrado en ayudar a Richardson en secuestrar a Yoshinori Ohara. Estoy seguro que ese puñetero inglés o escocés o lo que sea se ha llevado a mi testigo para su beneficio personal.

(Hongo) Es muy probable, señor. Pero creo que deberíamos cerciorarnos...

(Sango) ¿De que lado está usted, inspector?

(Hongo) Del suyo, por supuesto. Lo que ha hecho el capitán es una irresponsabilidad injustificable.

(Sango) Bien, pues haga algo útil. Busque a Ohara. ¿Entendido?

(Hongo) Sí, señor. Yo me encargaré de ello. -llega entonces otro de los subordinados de Sango-

(Subordinado) Señor Sango, tengo al capitán Richardson al teléfono.

Sango se pone rápidamente al teléfono, muy enfadado. Al otro lado, Richardson, con el albornoz puesto y mojado, acabado de salir de la ducha.

(Sango) ¡Oiga! ¿Me oye? ¿Donde tiene a mi testigo? -pregunta muy enfadado-

(Richardson) Tan agradable al oído cómo siempre, "señorito". Lo tengo yo.

(Sango) Donde está. … Va usted a decírmelo o no.

(Richardson) -dice sarcástico- Pues... me encantaría, pero en este momento, me viene fatal.

(Sango) ¿Ah si? Muy bien. El inspector jefe Hongo quiere hablar con usted.

(Hongo) -se pone al teléfono- Escúcheme, capitán.

(Richardson) No tengo nada que escuchar. Eres de mi mismo rango. Yo sólo obedezco a la comandante Takeo Yamazaki. "Buenos Días", señor. -cuelga de golpe-

(Sango) Quiero que sea retirado del caso. Hable con la comandante Yamazaki. No. Con la intendente Shinobu Goto. Ella podrá influenciar en el Superintendente y terminar con esta absurda historia.

(Hongo) -dice con resignación- Sí... señor.

Mientras Sango y sus subordinados se van caminando con prisas, Hongo le mira de reojo mal, cómo diciendo que se vaya al infierno. Hongo en realidad, cómo jefe de Shinshi, también está del lado de Richardson.

Nuestro amigo escocés, en su casa, se viste. Se viste con una camiseta de diseño ajustada y estampada. Una chaqueta oscura pero fina. Unos pantalones tejanos y unas bambas Nike negras y rojas. Abre un cajón con llave de la habitación de matrimonio. Allí, guarda su pistola reglamentaria en sus tiempos cómo militar británico: una Browning L9A1 de 9mm. Se pone un arnés para llevar su arma y munición y la chaqueta por encima. Por último coge las llaves de su reluciente y precioso Nissan GT-R, el cual lo mira, serio, aparcado frente a su casa. Un coche que aquel mismo día, le salvará el pellejo.