Karasu entra a la habitación en dónde se encuentra Kurama y lo contempla a lo lejos.

-Te ves tan acabado- Se acerca al chico y jalando su cabello hace que la cabeza de Kurama se levante completamente hasta quedar cara a cara -¿Ya quieres morir?-

La mirada de Kurama ya no es de miedo, ahora parece más de completo odio hacía el demonio –Eres un desgraciado, ¡Eres un cobarde!-

El demonio abre la boca a manera de sorpresa –Pero que agresivo- Aun teniendo el cabello del chico entre su mano, lo vuelve a jalar acercándolo más sus rostros –Me encantó, dilo una vez más-

Esta vez Kurama sonríe y para sorpresa de Karasu, éste intenta convertirse en Youko. Desafortunadamente para el chico su transformación fue un fallo total, no pudo hacerla.

-¡Pero qué pena!- se burla Karasu –No tienes suficiente energía. Parece ser que la has estado utilizando para mantenerte con vida a pesar de todo ese daño que tiene tu cuerpo. Intentas enfrentarte a mí una vez más y tu madre muere-

-¿Y cómo piensas hacerlo?- La forma de hablar de Kurama era cada vez más desafiante, ahora que sabía que su familia se encontraba a salvo y que sus amigos llegarían en cuestión de minutos, se encontraba más que decidido a enfrentar la situación de nuevo.

-¿No recuerdas las bombas?-

-Las recuerdo, pero también sé que ya no están-

Tras eso se da cuenta de que el tiempo que puede pasar con el chico es corto, si él sabía que las bombas se habían ido era porque alguien le había informado, y la verdad es que no había que ser muy inteligentes para saber quién había sido el informador y por lo mismo sabía que aquellos chicos seguro se encontraban en camino.

-¿Y qué? Aquí estás y hay que aprovechar el tiempo que nos queda. Aunque me sorprende mucho que estés dispuesto a que te vean en estas condiciones. Si yo fuera tú me moriría de la vergüenza si alguien se enterara de lo que me pasó.-

Claro que le daba una gran pena que sus amigos lo vieran en su estado actual, pero no podía seguir permitiéndole a Karasu que lo tratara de esa manera, y desafortunadamente para él no se encuentra en su mejor momento, una cosa tras otra lo habían hecho terminar en esta situación.

Karasu se torna más agresivo contra el chico pero antes de poder intentar algo puede percibir 4 energías, pero las sintió demasiado tarde, las 4 energías ya se encontraban afuera de la cabaña –Maldición. Esperemos a que lleguen aquí, y les damos la bienvenida- Le susurra al oído –No te preocupes, no pienso atacarlos pero si me gustaría ver sus cara cuando te mate frente a ellos, después me iré y será como si nada hubiera pasado… excepto por tu muerte, claro-

Karasu se sienta en el suelo de la habitación, abre sus piernas y entre ellas sienta a un adolorido Kurama, después de eso pone sus piernas sobre las de Kurama. A Karasu no le importó llenarse de la sangre del chico, disfrutaba cada momento en el que podía tocarlo y más si sabía que a este le causaba sufrimiento, esta vez no precisamente por lo que Karasu le estaba haciendo, el dolor que sentía el chico era debido a los malos tratos que el captor le había dado.

-Eres un maldito-

-Shhh. Guarda silencio-Pone su mano suavemente sobre la boca de Kurama, le da un beso en su mejilla y hace que una pequeña bomba le explote en el estómago provocando que el chico pierda la consciencia.

Casi inmediatamente después de que Karasu haya hecho eso, la puerta de la habitación se abre dejando ver las 4 siluetas de los muchachos.

Al entrar los cuatro jóvenes quedan completamente anonadados al ver la condición en la que se encontraba su amigo y la manera en la que éste se encontraba sobre el demonio.

Botan, al verlo se tapa la boca para evitar que sonido alguno salga de ella. Mientras que los otros tres muchachos apenas y pueden contener su gran enojo.

-Que importunados son ustedes, además de groseros, ¿acaso no les enseñaron a tocar la puerta?-

-¡Infeliz! ¿Qué le hiciste a Kurama?- Grita enojado Kuwabara.

-¡Oh!- Sonríe descaradamente -¿Realmente quieren saber?-

Botan no puede seguir viendo el estado de su amigo y se da la media vuelta.

-¡Hey, Kurama!- Yusuke le habla a su amigo –Hey, ¡Kurama!- No recibe respuesta alguna –Eres un maldito desgraciado-

-¿Cómo es que Kurama dejo que esto pasara?- pregunta Botan entre llantos –No debió tener problemas en detenerlo- Continua sin voltear a ver a los demás.

-Fue muy fácil, para empezar siempre puedes usar a su familia para ponerlo entre la espada y la pared, pero lo que hizo las cosas más fáciles fue su estúpida decisión de comenzar a meterse de ese mugrero que hacen los humanos, se convirtió en un drogadicto… o por lo menos eso pienso yo, su actitud me recordaba a la de un humano que padecía de abstinencia-

-¿De qué hablas? Kurama nunca sería tan estúpido como para hacer esas cosas.- Recrimina Kuwabara.

-Cómo sea. Miren, no tengo intención de pelear con ustedes, para ser honesto ninguno de ustedes me llama la atención- con su mano derecha toma a Kurama de su cuello y levanta su cabeza para que todos la vean –Es muy hermoso, ¿cierto? A pesar de estar inconsciente su rostro muestra gran dolor – Karasu sostiene a Kurama y se pone de pie –Es hora de que se despidan-

Antes de que siquiera Yusuke y Kuwabara pensarán en prepararse para salvar a su amigo un silencio de apoderó de la habitación. La cabeza de Karasu se encontraba tirada en el suelo junto con su cuerpo, mientras que Hiei se encontraba a un lado de ellos sosteniendo a Kurama.

-Karasu nunca sería un enemigo para nosotros en éstos momentos, ni siquiera debió serlo para Kurama- dice Hiei mientras piensa: esta vez perdiste totalmente el camino, ¿cierto?

-Maldito presumido- Refunfuña Kuwabara.

-Bien hecho, Hiei- Yusuke voltea a ver a la chica –Botan, toma el alma de Karasu antes de que intente escapar de nuevo-

La chica se seca las lágrimas y tan rápido como puede, saca un pequeño frasco y cuando se acerca al cuerpo del demonio lo abre. Apenas es abierto el frasco y el cuerpo del demonio se convierte en humo que entra lentamente al frasco.

-Será mejor que nos vayamos ya. Hay que llevar a Kurama con la maestra Genkai- Dice Hiei.

-Vaya, sí que te preocupas mucho por él, enano. Me pregunto ¿Si hubiéramos sido nosotros, te habrías puesto a buscarnos tan desesperadamente?- lo molesta Kuwabara.

-¿Desesperadamente? ¿De qué hablas?-

-Antes de partir- Yusuke voltea una vez más a ver a su amiga –Botan, podrías sanar algunas de sus heridas. No me gustaría que su madre lo viera en estas condiciones-

-Claro-

Hiei pone el cuerpo de su amigo en el piso y tras echarle un par de miradas se dieron cuenta de lo que le había hecho Karasu, ya no podían hacer nada.

-Tiene demasiadas quemaduras por las explosiones además de que parte de su piel se encuentra desgarrada, y no sólo eso- La chica se pone más triste al también notar lo que los demás notaron un momento atrás –Pobre Kurama, espero que salga bien de esto-

-No te preocupes, Botan. Seguro que con tu ayuda, la de la hermosa Yukina y las técnicas de la maestra Genkai, él se pondrá bien muy pronto-

-Creo que Botan no se refiere a eso- agacha la cabeza Yusuke –Supongo que esas cosas siempre son difíciles, no importa si seas un humano o un demonio-

Botan comienza a sanar un poco las heridas de Kurama.