Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


EMBRACE

Capitulo nueveCastillo

Ella dijo

Francamente, no estaba segura de qué hacer con Edward Pantalones Malhumorados. Era raro tenerle en mi jardín por invitación mía y no porque estuviera merodeando sin buenas intenciones.

Había sido tentador dejarle solo en su lado de la verja cuando los chicos vinieron. Realmente tampoco había querido invitar a Emmett y Jasper, pero Rose obviamente tenía algo con Leñador y ahora Alice le estaba poniendo ojitos al rubio, así que tuve que intentar ser una buena vecina. Él había, después de todo, mostrado buena fe al despegar mi puerta principal y comprarse un cubo de la basura decente. Y... vale, era mono. Realmente mono. Incluso con la ropa puesta.

¡Sobre todo con la ropa puesta!

Le eché una mirada. Estaba de pie a un lado, bordeando a las parejas felices con una cerveza en la mano.

Taciturno, cabizbajo.

¿Qué le había pasado a la mariposa social?

― Um... Edward, ― le llamé, moviendo la espátula que estaba usando para darle la vuelta a las hamburguesas.

Él hizo una pausa y luego se acercó lentamente, con sospecha, como si fuera a cocinarle a él después.

― ¿Cómo... ya sabes... te gustan las hamburguesas?

― Oh. ― Cambió el peso de un pie a otro. Estaba a punto de preguntarle si necesitaba ir al baño cuando respondió. ― Medio hechas.

― ¿De verdad? Vale...

Él resopló. ― ¿Por qué? ¿Cómo te gustan a ti?

― Poco hechas.

― Por supuesto.

Removí las hamburguesas. ― ¿Qué se supone que significa eso?

No dijo nada. Yo hice un gesto hacia los platos y él cogió uno y me lo dio.

...*...

Él dijo

No sabía lo que eso significaba, excepto que Bella parecía típica; la tenía calada. Tenía la sensación de que también bebía solo cerveza y vino light. Y comía sushi.

Sin embargo, decidí no decirle eso. Nuestra tregua era débil.

Ella me dio mi hamburguesa y movió la cabeza hacia la mesa de condimentos.

― Gracias, ― murmuré, sintiéndome como un tonto. Casi la prefería siendo una perra insufrible. Esto era incómodo.

Aunque, verla en ese bikini era como un oasis en el desierto. Ya si no hablara, nunca, sería la chica perfecta.

― ¿Tenéis patatas? ― gritó Emmett con la boca llena.

― No, ― dijo Rose, sacudiendo la cabeza. ― Pero tenemos ensalada de fruta.

― Oh, vamos. ¿Qué tipo de barbacoa es esta? ― bromeó, guiñándole el ojo.

Ella rodó los ojos y frunció los labios. ― Una barbacoa a la que os hemos invitado porque nos dabais pena.

― Ouch. ― Jasper dejó su plato, con una mirada de diversión. ― Creo que Edward tiene patatas, ¿verdad?

Las tenía. Pero simplemente me encogí de hombros.

Jasper me ignoró y fue a la puerta de al lado, seguramente para coger las patatas.

― Están increíbles, Bella, ― dijo Emmett, cerniéndose sobre la parrilla con el plato extendido. ― No he comido hamburguesas tan buenas desde nuestro viaje por carretera hasta White Castle.

― ¿White Castle? ― Alice frunció el ceño, limpiándose las manos con una servilleta. ― No creo haber estado en uno por aquí.

― Oh, no hay ninguno, ― le aseguró Emmett. ― Nosotros simplemente... salimos a la carretera hasta que encontramos uno. Ya sabes, ¿cómo en la película?

Alice sacudió la cabeza. ― ¿Qué película?

Emmett la miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza. ― ¿Harold y Kumar van a White Castle?

Ella se encogió de hombros. ― Nop.

Vi a Bella acercarse a nosotros, ajustándose la parte de abajo con su mano libre. Oh tío, tenía una línea de bronceado muy pequeña...

― No te pierdes mucho, Alice. Es una película estúpida, ― dijo.

― Es un clásico, ― rebatí, vagamente sorprendido porque ella la conociera.

― Es un desastre, ― disparó.

― Que es la razón por la que es un clásico.

― Como sea.

― ¿Sabes qué? Que le den. ― Me puse de pie y tiré mi basura justo cuando Jasper volvía con las patatas. ― Es imposible hablar contigo. Nunca he conocido a nadie tan estirado como tú.

Me miró con la boca abierta. Un segundo.

Entonces se levantó, convirtiendo las manos en puños. ― ¿Sí? Bueno, tú eres un imbécil. Tampoco es que vivir a tu lado sea como un día de picnic, déjame que te lo diga.

― Por lo menos yo me divierto. No es culpa mía que probablemente necesites echar un polvo.

Lo siguiente que supe era que media hamburguesa venía hacia mí, completa con mostaza, mayonesa y ketchup.

Dándome cuenta de forma distante del silencio que nos rodeaba, caminé con calma hasta la mesa de condimentos y cogí el bote de mostaza. Antes de que Bella se diera cuenta de lo que estaba pasando, la enchufé con ella, llenándola de salsa amarilla.

Ella gritó y corrió hasta el ketchup.

Yo cogí la mayonesa. La puse buena.

Ella cogió una cerveza, la sacudió y me la enchufó.

No quedaba nada más, así que cogí una cerveza e hice lo mismo.

Escupiendo, se lanzó a mí, tirándome al césped.

― Pero qué... ¡bruja loca!

― ¡Te odio! ― gruñó. ― ¡Desearía que te mudaras! ¡Muy lejos! ¡Por que no te vas a... a... White Castle!

Evité por los pelos un rodillazo en las pelotas.

― Eso no tiene sentido, ― gruñí, rodando para quedar sobre ella.

De repente, fuimos empapados con agua fría.

Rose estaba a nuestro lado con la manguera apuntando en nuestra dirección; Alice, Jasper y Emmett estaban detrás de ella con la misma expresión de fascinación.

― Chicos estáis... completamente locos. No sé qué está pasando aquí, pero creo que deberíais hablarlo. O... tener sexo.

Mojada y resbaladiza, Bella se removió debajo de mí, apartándome.

En ese momento me di cuenta de que la parte de arriba de su bikini se había movido.

El pezón.

Más bonito.

Que había visto jamás.

...*...

Ella dijo

Seguí su mirada y casi me muero. Mi pecho estaba... colgando fuera de mi traje de baño. Soltando un grito ahogado, lo arreglé -pero era demasiado tarde. Edward miró de mi pecho a mis ojos y otra vez abajo.

Rose dejó caer la manguera, estremeciéndose.

Alice estaba morada con el esfuerzo que hacía por no reírse.

Jasper simplemente comía patatas.

Emmett se acercó y me echó una mano. ― Maldición, Bella. ¿Dónde has estado toda mi vida, chica?

Me fui hacia la puerta, a punto de explotar.

Ese día ganaba totalmente...

…como la mayor mierda de día. Poco después de que cerrara de un portazo, la puerta se abrió de nuevo.

― Bella, ― dijo Edward, jadeando como si hubiera estado corriendo.

― ¿Qué?

Cruzó la cocina, me empujó contra la pared, y me besó tan fuerte que me dolieron los labios.


Hola!

¿Qué os había dicho de la diversión?

Espero que os haya gustado.

Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells :)