Bueno, pues ahora si es la última del año, ya dije el lunes en la actualización de Aprendiendo a Vivir que me marcho hasta el 2013, así que nada, no quiero hacerlo sin desearos a todos/as unas muy felices fiestas, en estas fechas hace un año que empecé a leer drarrys (gracias a mi Rohoshi que me contagió su amor por estos chicos maravillosos) Han sido unos meses intensos, estoy aprendiendo muchas cosas (entre ellas términos del yaoi como suke, el otro dia en twitter porque ya he comentado que no leo de este género y en algunas reviews me pierdo), así que gracias, en especial a mis chicas "drarry" esas que siempre están en cada fic, yo creo que ya sabéis quienes sois, es muy agradable saber que te leen, pero aún más poder intercambiar opiniones y no sentir que andas sola por aqui, así que esto va para vosotras, porque creo que es de agradecer que os tomeis la amabilidad de dejarme vuestras ideas, si no escribir seguiría siendo placentero, pero mucho más solitario.
A Rohoshi y HermioneDrake, mis betas, ellas hacen que esto tenga un aspecto más cuidado y esté mejor, por su paciencia y su ayuda.
Y nada, no me quiero ir sin recordaros que Adigium21 y DarkPotterMalfoy son dos chicos que están haciendo un estupendo trabajo trayendo fics al fandom es español seguro que no necesitais que yo os lo recuerde pero por si acaso hay alguna despistada por ahí, las Navidades son un tiempo estupendo para ponerse al día en lecturas.
Para acabar, este capítulo no tiene título, pero de tenerlo, hubiese sido "Turning Tables", mientras lo escribía, la canción de Adele sonó y sonó, estoy segura que conocéis a Adele, pero la letra de este tema va mucho con la actualización de hoy...
Besos a todos y nada, nos vemos en unos días!
...Next time I'll be braver I'll be my own savior
When the thunder calls for me, Next time I'll be braver
I'll be my own savior standing on my own two feet...
IX
La mesa del salón de Grimmauld Place era un colorido surtido de revistas y folletos, tanto muggles como mágicos. En una esquina, un árbol de navidad de tamaño mediano dominaba la estancia, el intenso aroma del abeto lo inundaba todo, sumándose a los efluvios de las tazas de vino caliente aderezado con especias y los dulces aperitivos que permanecían a merced de Ron Weasley, el único que no participaba de una forma activa en los preparativos de las celebraciones.
La chimenea se iluminó dando paso a un compuesto Theodore Nott, que se había convertido en una visita habitual en la mansión, así que nadie, salvo su novia, se tomó la molestia de dedicarle poco más que un somero saludo. Ginny se colgó del brazo del abogado y le besó como si hiciese una eternidad que no se viesen. Ignorando el bufido indignado de su hermano y la risa apreciativa de Harry, la pareja empezó a cuchichear mientras se acomodaban en una de las esquinas del sofá situado a la derecha de donde Ron holgazaneaba, sus largas piernas extendidas sobre el tapizado color caramelo. El pop de la aparición anunció la presencia de Kreacher, que dejó una taza para Theo antes de volver a esfumarse, no sin mascullar entre dientes los ya habituales improperios contra los hermanos Weasley que todos obviaron haber escuchado.
—Así que... —Nott sorbió apreciativo la dulce y especiada bebida, pensando en la suerte de Draco, que tenía un novio con su propio elfo doméstico—. ¿Qué es lo que preparas, Potter?
—Pasado mañana es su aniversario —explicó Ginny en su lugar, al observar el modo en que su amigo enrojecía sin decir nada.
—¿Aniversario...?
—Seis semanas... —masculló Harry—. ¡Oh, Ron, cállate! —exclamó, lanzándole una pequeña snitch que había estado revoloteando entre sus dedos inquietos al descubrir el modo en que el joven pelirrojo ponía los ojos en blanco—. Incluso tú haces cosas así para Herm...
—¿Incluso yo? —repitió; sentándose con un remedo de dignidad ofendida, se apartó las migas de la sudadera y le sacó el dedo corazón al moreno—. Desde que estás con ese te crees un experto en relaciones, ¿eh?
—¡Oh, por las pelotas de Salazar! —exclamó Ginny desde su puesto sobre las rodillas de su novio—. ¡Ninguno de los dos lo sois, acabad con eso!
Carcajeándose, Theo dio un beso a su poco diplomática pareja, maravillado de su capacidad de resultar inocente aunque usase aquel lenguaje tan colorido. Desde luego, ser la menor detrás de seis varones había educado a la jugadora de quidditch en muchos aspectos poco éticos, pero que le fascinaban, la verdad es que a su lado nunca jamás se aburría.
—He pensado en preparar algo aquí —dijo Harry, mientras apartaba un par de folletos y recogía con una sonrisa un cuaderno muggle lleno de los garabatos que él llamaba letra—. Algo sencillo, ahora que se acerca Yule...
—Potter, ¿algo sencillo? —bufó Theo—. ¿En serio? ¿Crees que vas a invitar a salir a un Hufflepuff? Voy a hacerte un favor. —Chasqueó los dedos y una copia de un diario muggle se extendió obediente sobre la mesa, tomó una pluma y señaló una pequeña nota con un círculo antes de dársela a Harry que frunció las cejas a medida que leía el anuncio.
—¿Hansel y Gretel... eso no es un cuento? —indagó con sincera estupefacción el Gryffindor, con la vista clavada en el ejemplar.
—Por Merlín, Potter, es una ópera, el día doce la estrenan en el Royal Albert Hall, si fuese verano te aconsejaría que eligieses los Proms, pero un palco en el teatro la noche de apertura de una obra de primer nivel no está nada mal, el otro día escuché a Draco comentando que tenía muchas ganas de asistir.
—No sabía que a Draco le gustase la música clásica muggle —musitó, mordisqueándose una uña.
—Ahora sí lo sabes, y puedo asegurarte que le encanta, mientras estuvo en el continente acudía bastante seguido al Das Opernhaus Zürich.
—¿Al qué...? —farfulló Ron con la boca llena de pastelitos. Cielos, amaba a aquel bastardo de Kreacher, ¿cómo alguien tan desagradable podía cocinar tan bien...?
—Toma aire, Weasley —se rió Theo. El abogado se quejó al recibir un ligero cachete de su chica, que le taladró con sus cálidos ojos oscuros—. El teatro de la Opera de Zürich, Ron —aclaró, sonriendo al recibir un nuevo beso.
—A lo mejor es cierto, ¿no? —elucubró Harry, estirando la rodilla un par de veces antes de mirar su reloj—. Lo que no tengo ni idea es de como voy a conseguir algo así con tan poco tiempo de antelación.
—Toma. —Theo le dejó una reluciente tarjeta nacarada antes de levantarse y tomar de la mano a Ginny. Por mucho que le gustase pasar el rato allí, tenían cosas mejores y más entretenidas que hacer, los dos, a solas—. Es de un chico que trabaja allí, es squib y hace poco tratamos a su madre, te buscará algo.
—¡Gracias! —La sonrisa era tan sincera y apabullante que por un segundo Theodore Nott sólo pudo parpadear; bien, ahora comprendía por qué Draco estaba como ido con aquel tipo. Había algo intrínsecamente irresistible en los ojos claros del Salvador de Mundo Mágico y, desde luego, no tenía nada que ver con profecías o guerras encarnizadas. Y si debía juzgar el poder de aquel joven menudo por el rostro soñador que su amigo tenía aquella misma mañana, podría afirmar que, sus capacidades iban más allá de la destrucción de posibles señores oscuros.
—¿Dónde estamos, Potter? —La voz baja y suave de Draco le heló la sangre en la venas, el medimago se soltó del abrazo al que le había sometido al Aparecerlos cerca del Albert Royal House y miró a su alrededor; en su envarada postura se reflejaba un punto de impaciencia—. Tengo que regresar a mi piso, ¿qué significa todo esto? —Alzó una mano y le señaló. Para su sorpresa Harry lucía un traje formal, con chaleco y todo, ¿qué coño...?.
—Me apetecía hacer algo especial esta noche —le explicó con una sonrisa titubeante. Draco iba vestido con un traje de tres piezas gris antracita y camisa de seda azul marino, imaginó que aquel bocazas de Theo le habría comentado algo de la sorpresa que le había preparado, pero por la seriedad con la que Draco le miraba no parecía demasiado contento.
—¿Por qué no has llamado antes? —preguntó observando el reloj—. Tengo que irme, ya había hecho planes.
—¿Planes? —se extrañó. Desde aquella fiesta de Halloween en la que habían acabado en la cama, ambos habían llegado a una especie de status quo. De mutuo acuerdo, Draco había dejado de ser su terapeuta y Harry y él habían empezado a verse de forma bastante asidua. Cuando a mediados de noviembre había regresado a Grimmauld Place había tomado por costumbre pasarse cada noche por el apartamento del medimago, que a veces le devolvía las visitas. Quizás no habían hablado de lo que existía entre ellos, pero Harry, cuya única relación real había sido el fallido romance con Ginny, asumía que si bien no tenían aún un compromiso profundo, sí podía considerar a Draco como su pareja.
Le contempló de nuevo, el flequillo suave y desfilado ocultaba en parte su ceño, pero el rictus que endurecía sus facciones no presagiaba nada bueno.
—Sí, Potter... ¡planes! —asintió, arrastrando las palabras—. ¿Se puede saber por qué coño me has Aparecido sin avisarme siquiera? ¿En qué estabas pensando... acaso no sabes que es peligroso?
—Tenía entradas —explicó—. Hoy es...
—¡No me importa! —barbotó exasperado—. ¡Ya tendría que estar en el Ajenjo Dorado, me estás retrasando!
—¿En el Ajenjo Dorado? —inquirió con asombro—. ¿Por qué...?
—Tengo una cita —masculló, pasándose la mano por el cabello—. Merlín, ¿Cuándo vas a madurar, eh? ¿Crees que llegar a casa de otra persona y desaparecerle sin mediar palabra es normal? ¿Quién coño te crees que eres?
—¿Una cita...? —Se retorció las manos, intentado contenerse, de nuevo volvió a examinar el aspecto prolijo del rubio, desde luego iba vestido para impresionar—. ¿Con quien...?
—Con Arthur Keller —anunció sin mirarle. Aquel tipo y su claro interés en algo más que el trabajo de auditor había sido el motivo de más de una discusión entre ellos. Harry dio un paso atrás, estrujando las entradas entre sus dedos rígidos, pensando en la cuidadosa velada que había planeado; cielos, a él ni siquiera le importaba todo eso de la música clásica, ni el champán, ni el palco que aquel squib le había buscado a costa de una indecente cantidad de oro. Examinando la fría expresión del que hasta ahora había creído que era algo más que un amante, se sintió más ridículo que nunca en toda su vida, lo que ya era mucho decir.
—¿Ese imbécil...?
—¡Sí, ese imbécil! —espetó entre dientes, enfadado—. Maldita sea, no me puedo Aparecer allí porque jamás he estado, había quedado con él en que me recogiese y... ¡lo has estropeado todo, Potter!
—¡Que te recogiese! —exclamó asombrado—. ¿Y por qué no me lo dijiste? ¡Podría haberte acompañado!
—¿Tú? ¿Estás loco, Potter? —gritó, paseando en medio del callejón, era vagamente consciente de que algunos transeúntes que seguramente caminaban rumbo al teatro les observaban al cruzar por la bocacalle. No le importó, estaba demasiado enfadado para medir sus palabras.
—¡Estamos juntos! ¿No? —replicó, notando que tenía las mejillas rojas a pesar de la gélida noche de diciembre—. ¿O lo he soñado? ¿No eras tú el que decías que no te gustaba compartir, crees que me puede parecer bien que cenes con ese idiota que lo único que está buscando es una oportunidad para follar contigo?
—¿Juntos? —Se detuvo y le miró, parecía estar sopesando las posibilidades que tenía para llegar a aquella cita de pacotilla, lo que sólo le ofuscó aún más—. ¿Crees que pegar cuatro polvos ya nos convierte en qué, en una pareja? —Se rió sin rastros de humor—. ¿Nosotros? ¡No sabes lo que estás diciendo, Potter, cuando se te pase el calentón estarás feliz de volver a perseguir faldas o pantalones! No dejes que tu conciencia Gryffindor te haga inventar excusas para algo que sólo es un pasatiempo, ¡no necesitas justificarte ni de paso engañarme a mí!
—¿Engañarte...? —rugió. El dolor se mezcló con la decepción por lo que las frías palabras de Draco le estaban arrojando a la cara—. ¿Es eso lo que piensas, Draco... que te estoy engañando?
—Por Merlín, no tengo tiempo para este tipo de cosas, ¡no ahora! Tengo prisa, Potter —anunció, aún mirando su reloj. Por un instante, Harry sintió el deseo de zarandearle hasta hacerle reaccionar. Sabía que Draco tenía la certeza de que no iba a comprenderle, pero en esas semanas, si algo le había quedado claro era que la Clínica era más que un medio de vida para el antiguo Slytherin. A su entender se había convertido en algo que era casi una obsesión, una forma de reivindicarse, de buscar eso que le habían negado por derecho. Y eso no era malo, el problema era que Draco estaba permitiendo que el resto de su vida quedase al margen. Por momentos, Harry había tenido la esperanza de estar llegando hasta él, de hacerle entender que no todo empezaba y acababa entre aquellas paredes. De pie, en mitad del Londres muggle, con un traje que tenía la certeza que jamás volvería a usar, comprendió que se había engañado a sí mismo. Y que ni siquiera podía culparle, porque jamás se habían prometido nada. Todo había sido producto de su mente y de sus deseos.
—¿De verdad te vas? —preguntó por lo bajo, consternado por el deseo de romper a llorar que agitaba su pecho en desacompasadas bocanadas—. ¿Vas a ir a esa cena, con ese tipo, a pesar de que sabes que en realidad no va a ayudarte, que sólo quiere acostarse contigo?
—¡Cállate, no eres mi padre, ni mi madre, ni siquiera eres...! —jadeó, mordiéndose un labio—. Puedo cuidarme solo, siempre lo he hecho y tengo que ir, tengo que intentarlo. Debo hacer lo que pueda. Para ti es fácil, pero a mí me ha costado mucho conseguir llegar hasta aquí, no voy a dejar que se me escape de las manos, ¿entiendes?, no voy a permitirlo.
Aquellas palabras, insensibles pero llenas de una horrenda sinceridad, le dejaron mudo, se alejó un paso más, mientras escuchaba el hueco chasquido de la Aparición. Estaba solo, Draco acababa de dejarle allí para ir a hacer, ¿qué? Si algo le había quedado claro en esos años de tratar con el Ministerio de Magia era que aquel auditor jamás haría nada por el medimago. Tragó con fuerza, tiritando de frío a pesar del grueso abrigo de paño gris que llevaba sobre aquella ropa ridícula y pomposa. Eres un completo imbécil, musitó dejando caer las lujosas tarjetas al suelo que estaba sucio y fangoso a causa de la capa de aguanieve grisácea. No era más que un patético hombre que se aferraba al primer vestigio de contacto humano que aliviase ese sentimiento de soledad casi enfermiza que le acosaba desde siempre, lo hizo con Ginny, con aquellas otras a las que ni siquiera recordaba, incluso con Dean, Draco sólo había sido el último, el más doloroso, el peor, porque a él sí le quería. Hundió las manos en los bolsillos y se encaminó hasta el Caldero Chorreante, desde allí podría usar la red flú para regresar a su casa, en aquellos instantes no confiaba en su capacidad mágica para nada. El mero hecho de respirar y actuar con cierta lucidez le estaba costando un mundo, no quería ni pensar en la posibilidad de tener que usar algún conjuro.
Cuando despertó a la mañana siguiente, el incesante martilleo de la sangre en la sien le recordó que al regresar de su fallida cita con uno de los auditores que el Ministerio había señalado para revisar el estado de sus cuentas y la farragosa discusión con Potter, había acabado bebiéndose varias copas de licor con la intención de tranquilizar su mal humor. Arrastrándose hacia el cuarto de baño, se obligó a tragar y retener la poción para la resaca que rara vez usaba. Como buen medimago, su botiquín personal constaba de un amplio surtido de viales para las más diversas dolencias, y por una vez agradeció ser tan meticuloso.
Una hora después caminaba hacia su oficina, la mente puesta aún en lo acontecido la noche anterior. Al ser sábado, sólo el personal que cubría algún caso urgente permanecía en sus puestos, por lo que pudo entrar a su despacho sin cruzar palabra con nadie. La verdad es que lo agradecía, cuanto más pensaba en las horas pasadas más inquieto se sentía. Dos tazas de café cargado después y tras varios intentos de acabar con los informes atrasados le hicieron comprender que bien podría haberse quedado en su cama y dormir hasta hartarse. Apartó los pergaminos con impaciencia y caminó por el despacho hasta que sin más se apareció en el salón de su apartamento.
Paseó por la estancia, recogiendo las ropas que había dejado diseminadas sobre los muebles al llegar de El Ajenjo Dorado. Su cita no podía haber ido peor, al retraso se le sumó el mal humor por la escena con Harry, que a su pesar le sustrajo casi por completo de la velada a la que, comprendió, no debía haber accedido. Arthur Keller era un joven brillante: treinta y cinco años, casado, padre de dos hijos, sangre pura y uno de los mejores en su puesto, era el dueño de una empresa que se dedicaba a realizar auditorias externas para el Ministerio de Magia. Que hubiese mostrado un interés poco ético en acostarse con Draco no era una sorpresa, pero mientras miraba su plato, donde la lubina al vapor se enfriaba, con la mano de aquel tipo sobre su muslo, supo que no podría hacerlo. Ni siquiera tenía que ver con Potter, sino consigo mismo. Dejó la servilleta de hilo sobre la mesa, doblada de forma cuidadosa y depositó varios galeones sobre el mantel.
—Debo marcharme, Arthur —anunció sin titubeos. Incluso usar su nombre de pila le produjo un profundo desagrado.
—¿Que te vas? —indagó el auditor a media voz, recorriéndole con ojos ávidos, llenos de una lascivia que se le antojó repugnante—. Había pensado que pasaríamos un buen rato juntos, Malfoy... ya sabes... hay asuntos que podemos dirimir de un modo más placentero que dejando que nuestros abogados interfieran.
—He recordado que tengo algo urgente que hacer, lo siento —se excusó, apartando al fin la pierna del alcance de esos dedos.
—No juegues conmigo, Malfoy, puede irte muy mal. —La frase le hizo sonreír y con suavidad balanceó una pequeña esfera de cristal sobre su palma.
—No me amenaces, Keller, sólo haz un trabajo justo, no tengo nada que esconder pero tú... —sostuvo el cristal con las yemas—. Quizás la señora Keller crea que esto es interesante. ¿Qué opinas?
—¿Quieres chantajearme, Malfoy? ¿A qué juegas, haces de calienta pollas para luego obtener un trato preferente?
Con calma se guardó el pequeño objeto en el bolsillo y le taladró con la mirada antes de levantarse.
—Me aseguro que haces un trabajo limpio, eso es todo. Disfruta de la velada, la cena corre por mi cuenta. —Mientras se alejaba de la mesa, en lo único en que podía pensar era en lo que Harry le había dicho un par de horas antes. Aquel tipo jamás le ayudaría, lo que Draco no le había explicado al Gryffindor era que su intención no era buscar un trato especial, sino asegurarse de que era uno más. Luchando contra la desazón que el recuerdo de la mirada dolida de su amante le producía, se dio cuenta que se arrepentía de no haber confiado en él.
Sobre la alfombra encontró una pequeña pieza de joyería que no reconoció. Giró entre los dedos el diminuto y refinado objeto, era un gemelo, platino y ónix, engañosamente sencillo pero muy valioso, fiel reflejo del dueño. Cerró la palma y maldijo en voz baja, una y otra vez, deseando no haber abierto la boca, repitiéndose que no tenía tanta importancia, que él comprendería que todo aquello había sido fruto de... ¿de qué? Por mucho que intentase justificarse, Draco era consciente que había cometido un tremendo error y que, a buen seguro, merecería todo lo que el Gryffindor quisiera echarle en cara. Merlín, había sido un gilipollas prepotente, ofuscado en conseguir un objetivo que de pronto se le antojaba vacío, carente de sentido, porque nadie le iba a devolver a su madre, nada conseguiría que aquellos obtusos le reconociesen unos méritos de lo que de todas formas se sabía merecedor. ¿Qué importaba la opinión de toda esa gente, a fin de cuentas? Ellos no gobernaban su vida, no le definían y, sin embargo, les había puesto por encima de cualquier otra cosa. Recordó aquella pelea, el modo en que Harry le recriminó su necesidad de ser alguien, cómo se lo negó, escudado en la necesidad de ayudar a otros que como él, se habían visto maltratados por el Ministerio; sin embargo, una minúscula parte de sus motivos era simple y puro orgullo, deseos de volver a ser aquel Malfoy ante el que se postraban. Reconocerlo le produjo una profunda vergüenza.
Armándose de valor, decidió que lo que correspondía hacer era ir y buscarle, pedirle disculpas y aguantar el chaparrón como pudiese, mejor eso que esperar a la siguiente semana cuando de un modo u otro deberían verse por motivos que no eran personales. Cielos, Harry estaba prácticamente recuperado, pero Draco comprendía que muchas de las dolencias a veces eran más propiciadas por desequilibrios emocionales, y si algo destacaba en el Gryffindor era eso precisamente, que tenía los sentimientos a flor de piel. Recogió su chaqueta y con un puñado de polvos flú en la mano pronunció la dirección, ya tan conocida para él. Sin embargo, la red parecía estar bloqueada. Suspiró; bien, no iba a ponérselo fácil, eso estaba claro; con Harry nada era jamás sencillo. Tragó con fuerza y procuró relajarse, porque una vez que estaba convencido de que tenía que hacer algo, él podía ser tan cabezota como el primero, así que tocaba Aparecerse.
Media hora después, mientras era despedido por un anormalmente cabizbajo Kreacher, Draco aceptó que no ponérselo fácil era un eufemismo. Harry parecía haberse esfumado de la ciudad y mucho se temía que lo que en un principio parecía una simple pelea fuese a acabar convertido en una cuestión más seria.
—Joder —masculló, maldiciendo de nuevo su mal genio. Resuelto a permitirle su justa cuota de furia —no era tan obtuso como para no entender los motivos de su actitud—, se dijo que lo mejor sería esperar a la siguiente semana. Como muy tarde el lunes volverían a encontrarse y entonces podría hacer su mejor esfuerzo para hacerse, si no comprender, si merecedor del perdón del auror.
El miércoles llovía, cortinas plomizas que difuminaban el paisaje tras los cristales, y mientras escuchaba a Theo exponer los resultados que esa misma mañana habían llegado desde el Ministerio, comprendió al fin la verdad. Nada de eso le importaba en lo más mínimo. Ante sí tenía la carpeta con la que había fantaseado, la que le concedía de forma oficial el visto bueno del mundo mágico, la que les obligaba a aceptar que ellos, los Slytherin, los que a pesar de todo lo que habían arriesgado en la guerra no habían sido lo bastante buenos para merecer un trato igualitario, eran sobradamente responsables y cualificados, que eran los miembros del Ministerio los equivocados, porque pese a las dudas y trabas, estaban allí para quedarse y triunfar. Cerró el grueso cuero y lo deslizó de vuelta a su abogado, que estaba tan silencioso y serio como si él tampoco acabase de considerar que aquello hubiese merecido la pena.
—No has sabido nada de él, ¿verdad? —preguntó al fin, notando como el corazón empezaba a latirle con un doloroso redoble que parecía percutir contra sus costillas.
Theo alzó la cabeza y le examinó unos minutos, el tiempo, ese que parecía haberse dilatado, estirándose con terquedad desde la fatídica noche del viernes, se detuvo un poco más. Draco conocía al hombre que tenía enfrente, habían crecido juntos, aprendido a volar, a lanzar hechizos prohibidos, habían compartido confidencias que nadie, salvo ellos dos, sabría nunca, podía leer en sus expresiones con la misma facilidad que si lo hiciese en un libro abierto, así que captar que Nott estaba enfadado le llevó poco menos de un somero vistazo.
—¿De verdad te importa, Draco?
—¿Se puede saber a qué viene eso? —se indignó, notando cómo se le enrojecían las mejillas, no sólo por el bochorno que le causaba su conducta, sino porque intuyó que seguramente aquel grupo de idiotas llevaban días al corriente de la estúpida pelea.
—Sabes perfectamente lo que quiero decir —respondió, ocupado en recoger los documentos.
—¿Acaso ahora formas parte de esa pandilla de entrometidos? —escupió, escudando el miedo con una fachada de sarcasmo—. Déjame adivinar, según Potter soy un imbécil sin sentimientos, ¿no es así? ¿Qué, hicisteis palomitas y os dedicasteis a hablar mal de mí...?
La ligera sonrisa de Theo le descolocó todavía más, ¿qué coño les pasaba a todos, se habían vuelto locos? Había intentado hablar con Harry más veces de las que su ego le permitía, no sólo eso, todas las lechuzas habían regresado sin respuesta y tanto la red flú de Grimmauld Place como las protecciones le impedían entrar o ponerse en contacto con el dueño. ¿Qué cojones quería Potter, que se flagelase de forma pública?
—No, la verdad es que no, Draco, sólo tengo la certeza de que Ginny está muy preocupada porque desde el sábado Harry no ha querido hablar con ella, y tanto Ron como Hermione aseguran que está bien, pero que le apetece estar tranquilo y alejado de nosotros, cosa que no veo rara, ya que creo que lo que pasó es culpa nuestra, al menos en parte.
Se dejó caer apoyando la cabeza en el respaldo de la butaca, a medias aliviado por lo que Theo le comentaba y en parte confundido.
—¿Culpa vuestra...?
—Yo le animé a organizar esa... escapada, la verdad es que él quería hacer algo para vosotros en su casa. No tenía idea que las jodidas entradas para la ópera iban a coincidir con esa estúpida cita que te empeñaste en mantener con ese auditor, ¿Por qué mierda insististe, Draco? Todo estaba en orden, no necesitabas... ¿de veras te hubieses...? —Agitó la cabeza y se calló, apartando la mirada con reluctancia—. Lamento haberle animado, sobre todo porque ahora entiendo que tú no sientes lo mismo. Quizás es mejor que te busques a otro con el que follar, Draco, quizás esto es lo mejor para los dos, a fin de cuentas, ¿a dónde ibas a llegar con él de todas formas?
—No lo sé... —musitó, giró la silla y enfrentó la estantería donde se alineaban los volúmenes de consulta, recorrió con los ojos una y otra vez los lomos, como si entre el cuero y el papel pudiese estar la respuesta a algo que no sabía o no quería ver—. Nunca lo pensé, nosotros... —Agitó la cabeza—. No lo pensé.
—Quizás decirte esto es incorrecto, Draco, no soy nadie para dar consejos, ni le conozco, pero a ti sí, y él sí pensó que teníais algo más. En serio, creo que si de verdad no tienes una idea clara de lo que buscas en Potter, lo mejor es que dejes todo como está. No merece que jueguen con él, nadie lo merece.
—Yo no estoy jugando con él, nunca le mentí ni le prometí nada, ni él a mi... sólo... no sé... no me planteé nada, tenía demasiadas cosas en la cabeza —protestó, de pronto el malestar en su estómago se hizo aún más patente. Quizás no de forma consciente, pero... se apretó los párpados hasta que miles de luces blancas llenaron su visión, qué jodido desastre.
—Adiós —concluyó Theo con un ligero rictus de cansancio—. Tengo que viajar a París en unas horas, nos vemos dentro de dos días. Felicidades, Draco, conseguiste todo eso por lo que has luchado, ahora disfrútalo.
No esperaba encontrárselo en la Clínica, la verdad es que aquel viernes se había levantado con la firme decisión de seguir el consejo de Nott y dejar la situación de aquella forma, seguramente era lo mejor, continuar como aquellos últimos diez años. A fin de cuentas... ¿qué significaban unas pocas semanas en comparación con una vida llena de malos entendidos? Por eso verle dándole la mano a Rob, una escueta sonrisa plasmada en sus facciones, le descolocó, había creído que esa tendencia al dramatismo de Potter, a actuar y luego pensar, le haría enfrentarle y eso no había pasado, a lo mejor es que no le conocía tan bien como creía.
De pie, como un pasmarote en mitad del corredor, sólo acertó a embeberse de su presencia, notando los aguijonazos de los celos y la añoranza, todo a la vez, ¿por qué no le habían dicho que estaba allí...? De pronto recordó que había sido él mismo quien insistiese en no seguir tratándole, quien le había hecho comprender que no era ético estar en la misma cama que uno de sus pacientes. ¿Por qué narices esperaba que le explicasen nada? Había sido su idea —desvincularse de Potter—, nadie tenía motivos para informarle de sus avances porque ya no eran nada, al parecer ni siquiera iban a ser amigos.
—¡Potter! —le llamó, apresurando su paso para alcanzarle, dejando atrás a un sorprendido Rob, pero que se jodiesen las buenas maneras, ahora que le tenía allí no iba a dejar que se marchase sin siquiera hacer un intento—. ¿Podemos hablar?
Harry se giró para observarle; como de costumbre, vestía vaqueros y una sudadera negra con un pequeño murciélago rojo en el pecho, arqueó la ceja al reconocer el escudo del equipo de Ballycastle, en alguna ocasión ya le había visto llevando ropas de otros equipos de quidditch y, de nuevo, se preguntó si algún día dejaría de vestir como si tuviese quince años. Sin embargo, los ojos verdes que le escrutaban no tenían nada de juveniles, ni había rastro de la jovialidad a la que se había acostumbrado durante ese mes. Quizás aquel hombre de cabellos revueltos, mentón oscurecido por un poco prolijo afeitado y ropa casual pudiese parecer el mismo de siempre, pero no lo era. De pronto, le recordó a aquel muchacho que le había mantenido al margen de su vida sin darle ni siquiera una oportunidad. Y eso dolió, mierda, dolía, porque lo que de verdad deseaba era tocarle, enterrar los dedos en la espesa melena y fundirse con él, recobrar el tacto de su boca, el sabor de su lengua, escucharle suspirar bajito, mientras se hundía en su calidez y el mundo se desvanecía.
—Tengo un poco de prisa —se excusó, las pupilas fijas en algún punto impreciso a su espalda—. Debo entregar los documentos del alta en el Ministerio.
—¿Rob ha considerado eso...? —indagó con sorpresa—. No tenía ni idea... nadie...
—Yo le pedí que no lo hiciese cuando estuve aquí el lunes —replicó, esta vez sí le miró de frente, el verde intenso taladrándole, frío y lejano—. No creí que fuese buena idea y al fin y al cabo ya no participabas en el tratamiento.
—Oye... —empezó, odiando el temblor que se filtraba en su voz—. Este no es un buen lugar, por favor... ven a mi despacho y hablemos, Harry...
—No —negó con suavidad, apartó el brazo que Draco ni siquiera había sido consciente de estar apretando entre sus dedos.
La suave felpa conservaba el aroma de la loción que el Gryffindor usaba. El perfume, la sutil mezcla de limón, clavo y musgo, le recordó de pronto una imagen tan vivida que le robó el aliento. Harry con sólo unos slips azules, cepillándose los dientes mientras Draco se burlaba de él desde la puerta del baño contiguo al dormitorio que habían compartido la noche antes en Grimmauld Place:
—¿Por qué no usas un hechizo para eso Potter? Es más rápido y sencillo.
Y Harry le había guiñado un ojo antes de enjuagarse la boca y acercarse hasta él para tomarle entre sus brazos, todo piel caliente y aterciopelada, cabellos húmedos, pestañas negras, labios con regusto a menta, mejillas recién afeitadas y aquel olor, voz ronca en el oído, haciéndole temblar de brutal deseo.
—Porque así me hace sentir mejor Draco... ¿para qué quiero un conjuro?
Harry, que a pesar de toda una juventud llena de tragedia era capaz de levantarse cada mañana con una sonrisa llena de pereza y sueño para besarle, y llevarle a la cama antes de susurrarle al oído que le necesitaba, que le quería ya, que no podía esperar, que no había nada en el mundo que le gustase tanto como Draco. Ahora ese Harry ya no estaba y la ausencia dolía, santa mierda, cómo dolía.
—Sé que lo del otro día estuvo mal... —empezó, bajando la voz, por fortuna Rob se había retirado y el pasillo estaba vacío.
—Una vez me dijiste que no era adecuado empezar nada entre nosotros —le interrumpió con un tono calmado que no parecía suyo. Una mano morena apartando los gruesos mechones que le hurtaban la visión de su mirada—. Debí escucharte entonces y no dejarme llevar, lo siento. Adiós, Draco, y felicidades, creo que al final todo ha salido como esperabas. Eres un buen profesional, suerte en todo.
—¿Adiós? —repitió, sosteniéndole del codo—. Espera... déjame hablar, ¿vale?
—¡No! —El fuerte tirón y la intensidad con la que pronunció el vocablo le marearon. ¿Aquello era el final? ¿Acaso Harry creía de verdad que él se había ido con aquel tipo a la cama? No iba a permitir que pensase eso ni un segundo más.
—¡Harry no seas tozudo, déjame explicarte! —rogó, sin importarle que estuvieran dando un espectáculo en mitad de su santuario, del sitio que se vanagloriaba mostrar como un modelo a seguir.
—¡No! No. —Se alejó un par de pasos, estaba pálido y de pronto Draco notó las ojeras que sombreaban los párpados, la palidez de las mejillas, y se le despertaron todas las alarmas, Harry había pasado por demasiado, no podía volver a caer enfermo, detestaba verle con aquella expresión de cansancio una vez más, se odió por ser el causante—. No, Draco, una vez me pediste tiempo y te lo dí, lo que pasó... —La nuez subió y bajó con tortuosa lentitud—... después de Halloween no tuvo nada que ver. Ahora soy yo quien te pide que te alejes y que me dejes en paz.
—¿De verdad es esto lo que quieres? —inquirió, luchando contra la consternación y la incredulidad. Le contempló hundir los hombros un segundo, estaba casi girado, así que lo único que podía apreciar era su perfil, las líneas puras, casi cortantes en su perfección de la nariz y la mandíbula, en franco contraste con la delicadeza de los labios fruncidos y llenos.
—No, ambos sabemos que no es lo que quiero, al menos creía que eras consciente, pero... —contestó, sin girarse ni moverse—. Pero he comprendido que a tu lado tampoco voy a obtenerlo y lo siento, pero prefiero evitarme más decepciones, Draco. No te culpo, ¿vale? Es mi problema, no debí suponer que lo que teníamos iba más allá de un revolcón o de pasar un buen rato sin más pretensiones, fue mi culpa creer que había más. —Escuchar sus palabras, esas que había usado en un momento de rabia, le sobrecogió, bajó la mano y le permitió alejarse, ¿acaso no era cierto? Quizás era lo mejor, en el fondo nunca creyó que el supuesto enamoramiento de Harry pudiese ser real, ¿por qué entonces tenía tantos deseos de suplicar...?
—Harry...
—Adiós, Malfoy —susurró agitando la cabeza. Las manos en los bolsillos, el paso de nuevo seguro y cadencioso, alejándole de su lado, luchó con la horrible sensación de finalidad que le agobió al perderle de vista. Las pisadas silenciosas se perdieron, dejándole con la sensación de que lo más valioso que una vez hubiese poseído se acabara de desvanecerse frente a sus ojos y que él era el único responsable de aquel desastre.
** sólo por si alguien se lo pregunta...Hansel y Gretel no es mi ópera preferida, de hecho iba a escoger otra, pero el doce de diciembre del 2008 se estrenó de verdad en el Royal Albert Hall y me pareció entretenido incluir el dato, si algún verano vais a Londres buscad entradas para los Proms, son conciertos a precios populares y sólo por ver el ambiente merece mucho la pena, os lo aseguro**
Mama Shmi: Hola! Sip, por desgracia esto del fanfiction es un hobbie, y el mundo real siempre está primero, gracias de nuevo, saludos!
Fanfiker-FanFinal: Hola! Respondo los dos coments ya que están seguidos Espero no perderme. Sobre la conversación Ginny/Harry, bueno esa era mi idea, que pareciese lo que tú dices, la conversación entre dos personas que se conocen y que tienen mucha complicidad. Luna siempre me pareció una chica peculiar, divertida y rara, también me hubiese gustado saber más de ella, pero bueno, lo que JK no nos dio que nos lo traiga el fanfiction que para eso está! Cormac la verdad es que es un personaje del que se supo tan poco en lo libros que es un poco un "comodin" al no saber puedes amoldarlo a cualquier "escenario". ¿Hablas del fic "Caminos Insospechados" de la gran Helena? Que yo recuerde es el único que he leido suyo con Cormac y su papel la verdad, fue un malo que se ganó mi más profundo odio por lo que le hizo a Draco, el fic es maravilloso, como todo lo que hace esa mujer. Pues lo del nick te repito, lo tengo desde tiempos prehistóricos, no es nada relacionado con el fandom o los fics, pero tanto tiempo hacen que me identifique con él y la verdad soy perezosa y falta de inventiva con los nombre, así que cuando me registré en ff. lo usé, ¿para qué cambiar?
Pues el fin del mundo no ha llegado lo cual me alivia, porque aún tengo más de una idea en mente, si la RL me da tiempo, quiero ponerme a ellas una vez termine con AAV y ETM.
Sobre las apuestas...ays, sip, son unos cotillas, pero ¿Quien no tiene amigos así o ha sido uno de ellos?
Me ha gustado la apreciación sobre Harry y Draco y creo que resume perfectamente mi idea cuando empecé este fic: Sip, cuando lo empecé tenía claro que quizás iba a parecer que era Harry el pobrecito heroe acabado y desvalido (y hay aspectos en que lo es) pero quería mostrar que no sólo es Harry quien tiene cosas que sanar, sino que Draco arrastra su propio equipaje. Como dice en el resumen, ambos tienen que comprender que se hacen bien el uno a otro.
Me alegra que te gusten los lemons aunque por lo que has comentado en alguna ocasión no te entusiasma ver fics con demasiado sexo...confieso que lo mio es la erótica, con una trama que sustente el asunto, pero erótica, quizás esto me limite, pero por ahora me gusta intentar este género. ¿Mis fics suenan adultos? ¿Te refieres a ellos? Hombre si es esto, la verdad es que intento (y digo intento) que hablen y se comporten en consonancia al entorno en el que les hago vivir, si Harry tiene casi 30 no puedo hacerle comportarse como si tuviese 15.
Espero que pases una estupenda vacaciones! Hoy soy yo la del testamento!
AnnaS: Hola! Antes de nada me alegro mucho que te haya gustado y tranquila mujer, ¿qué voy a perdonar?. Me alegro que te gusten como van los personajes, la verdad es que quería alejarlos un poco de cómo son en AAV y hacer un fic sin demasiadas complicaciones, sólo las justitas para que no sea monótono. Sobre Draco... bueno, esta última parte del fic es "suya" en el aspecto de que le toca a él sanar un poco y abrirse, pero ahí está Harry, esperemos que le ayude y que Draco no le aleje... besos
Adriana11: Hola! Gracias, me alegro un montón que te haya gustado. Saludos!
Xonyaa11: Hola! Bueno es que lo de Harry con Draco más canon no puede ser, aún recuerdo la tirria que le pillé al personaje en el sexto libro, porque literalmente le acosaba, qué pena que JK no se atreviese a darles una oportunidad! Gracias y te deseo lo mismo para tí, un beso!
Bea1617: Hola! jajajajaaj sip, Draco es irónico a muerte y al menos para mí eso sólo le hace aún mas encantador ^^. Coincido con tu apreciación sobre ese momento íntimo, era como más natural que fuese Draco quien llevase a Harry, ya no sólo porque de los dos es el más experimentado (entre mis notas cuando empecé a construir al personaje le di un pasado y me pareció más coherente que ya que él a diferencia de Harry, si tenía clara su sexualidad, fuese normal que como joven, guapo y soltero, Draco tuviese experiencia con hombres cosa de la que Harry carece, si exceptuamos a Dean) Pues si con el adelanto me has odiado, ahora es casi una suerte que no esté o me mandarás un crucio XDDD! Saludos cielo!
kawaiigirl: Hola! Pues si, Harry no es un santo pero tampoco es un tio muy experimentado, ya ha quedado claro por ahi que su vida sexual estaba bastante "dispersa" LOL A Ron le va a tocar hacer horas extra para pagar, al menos por ahora! Espero que el capitulo no te haga desear fulminarme! besos!
HeartSun: Hola! GRacias! Ays esos amigos son metiches pero en el fondo no lo hacen con mala idea! Y si, les queda un poco por hablar, en el fondo como pareja aún no se conocen. Un saludo!
shixa: Hola! Me alegro que te esté gustando el fic y animo con esas novias! Espero que lo que sigue sea de tu agrado. Saludos!
DragonPlateado: Hola! Pues muchas gracias, es un honor estar en tu lista de fics, un placer. Pues espero que la actulización te haya convencido! Y gracias a ti por dejarme tu opinión.
AHORA SI... FELIZ NAVIDAD Y QUE TENGÁIS UNA MUY FELIZ Y DIVERTIDA NOCHEVIEJA Y UN AÑO NUEVO SIN DEMASIADOS PROBLEMAS, NOS VEMOS EN UNOS DIAS!
