Bueno, no sé cómo empezar esto. ¡Hola! Cuanto tiempo, demasiado en realidad. Mi vuelta se debe a mi hermanita pequeña, ¡que por lo visto ya no es tan pequeña porque anda leyendo estas cosas horribles! Y como no uso alias si no mi nombre ¡me descubrió! y, por si fuera poco, me hecho la bronca por no terminarlo. Así que aquí estoy, amenazado de muerte por mi hermanita para que lo acabe (al menos tendréis la garantía de que lo hare XD).
Mil disculpas a todos/as y un lugar en el cielo para cada uno/a por vuestra paciencia esperando esta conti.
Peccatum meum
Escrito por DelkoDR
Capitulo Nueve
De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes.
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Se rascó la rodilla desnuda distraídamente mientras miraba por la ventana del salón principal del hotel Boscolo de Roma. Estaba sentada en una silla demasiado moderna para el edificio clásico del hotel, con un café helado esperándola en la mesa de madera cara y oscura. Se ajustó las gafas de sol de cristales anchos tras las que se ocultaba, preguntándose donde estaría el maldito Sasuke. Como invocado por sus pensamientos, avistó al moreno por el rabillo del ojo. Entró en el salón haciendo ruido con sus brillantes zapatos negros sobre el pulido suelo de piedra. El traje le quedaba como un guante y llamaba la atención del resto de clientes del hotel que tomaban un tardío desayuno y detenían sus conversaciones para observarles.
Sakura no hablaba ni palabra de italiano, por lo que no podía imaginar que decían. Lo cual no impedía que se pusiera algo celosa. Y encima y el muy idiota venia sonriendo, con esa sonrisa suya tan escalofriante. Retiró con cuidado la silla vacía que había frente a Sakura y se sentó, colocándose el pelo distraídamente con la mano.
- Te veo inquietantemente feliz – señaló Sakura removiendo distraídamente el café.
- Las buenas noticias suelen ponerme de buen humor – cogió el hielo del café y se lo metió en la boca, triturándolo con los dientes. Sakura no pudo evitar un escalofrió al escuchar el desagradable ruido del hielo masticado.
- ¿Y cuáles son esas noticias? Si pueden saberse – preguntó antes de darle un sorbo a su taza.
- Pan está en Hollywood, tendríamos que coger otro avión para vernos con él.
- Al menos sabemos dónde está – comentó Sakura tras dejar el café sobre la mesa – Aunque eso no es una buena noticia del todo, que digamos.
- Quien me ha informado de la posición de Pan también sabe dónde encontrar a Hutgin. Va a concertarnos una reunión con él.
Sakura se mantuvo en silencio, incapaz de dar una opinión al respecto. Eso significaba que iban a enfrentarse a un nuevo demonio, uno que les pondría al alcance de la mano la puerta para que Sasuke viajara al infierno. ¿Qué iba a ser de ella ahora? Ella no podía acompañarle hasta allí y, según le había dicho, tampoco es que le hiciera falta: como ama solo le era útil en la tierra.
- ¿Y quién es ese informador?
- Un demonio, por supuesto.
- ¿Por qué no me has pedido que lo invoque? ¿Cómo lo has encontrado?
- Lo llame por teléfono – contestó alegremente sacudiendo el teléfono móvil.
Sakura agitó la cabeza y volvió a colocarse las gafas de sol, que se le resbalaban por el puente de la nariz.
- Parece que ya no me necesitas para nada – dejó caer como quien no quiere la cosa. Sasuke le sonrió, mostrando su inmaculada dentadura.
- Siempre serás útil para algo, mi ama.
Se mantuvieron en silencio mientras Sakura terminaba su café y luego se levantaron para marcharse. Sasuke le ofreció su brazo y ella se agarró a él, en parte agradecida de sentir su contacto. Estaba angustiada aunque no terminaba de entender el motivo, pero su alma se sentía insegura. No pagaron al salir, ya se lo cargarían a su habitación.
- ¿Dónde vamos a vernos con él?
- Aquí mismo, en el hotel.
- ¿Crees que es seguro? – preguntó Sakura con un susurro mientras se fijaba en donde ponía los pies para no tropezar con los caros tacones negros que se había comprado la tarde anterior - ¿Qué pasa si armamos demasiado "escandalo"?
- Prepararemos la habitación para ello – Sasuke se sacó la tarjeta de la puerta de la suite del bolsillo y la pasó por el escáner del ascensor de puertas doradas, que se abrió inmediatamente y comenzó a subir hacia su destino – Necesitaremos bastantes hechizos por lo que te debilitaras un poco, mejor hacerlo ahora y que tengas tiempo de recuperarte. Estará aquí sobre las nueve de esta noche.
La suite que había reservado Sasuke era muy grande, incluso algo más que su pequeño apartamento de Tokio. A diferencia del exterior del edificio y las estancias comunes, del estilo clásico europeo, la habitación era bastante moderna: suelo de losas de mármol negro veteado, paredes blancas con embellecimientos de madera rojiza. Una gran cama ocupaba la parte central de la estancia, mullida y con un apetecible cabecero negro acolchado. El resto de la habitación lo ocupaban un sofá blanco de cuero en forma de S y una exquisita mesita de cristal con sillas a juego. Detrás de esta había una chimenea de gas empotrada en la pared con cuatro figuras de ángeles sobre ella. Muy apropiado.
- Necesitaremos algunos hechizos extra además de los usuales. Te los marcaré – se ofreció Sasuke tomando el maletín donde Sakura guardaba sus grimorios.
- Iré haciendo los otros – dijo antes de situarse en el centro de la habitación y comenzar a recitar los hechizos en latín. Los conocía de memoria y las palabras salían sin más de sus labios sin más.
Llevaban ya casi una semana en Roma. Sasuke se había dedicado a moverse desde su base de operaciones para buscar los alterums tratando de no llamar la atención de los demonios que, supuestamente, ya debían de estar siguiéndoles la pista. Los primeros días le había pedido a Sakura que no saliese del hotel pero, ante la falta de noticias o presencia hostil en la zona, le había permitido ir de compras por la ciudad. Sakura se lo había pasado bomba fundiendo la tarjeta de crédito de Sasuke, aunque no tenía ni idea de donde sacaba el dinero para pagar todo aquello.
- Ya he terminado – le avisó apenas unos minutos después. Sasuke se había quitado la chaqueta y la corbata y ojeaba con rapidez el grimorio señalando con un lápiz los hechizos necesarios. Finalmente le tendió el libro a Sakura que se sentó en la cama con él. Las primeras marcas le extrañaron.
- Son hechizos para invocar – señaló, sorprendida.
- Así es.
- Creía que teníamos una "cita" con él.
- Nuestro contacto tiene una cita. Cuando estén juntos los traeremos a ambos.
Sakura se quedó con la boca entreabierta y el grimorio entre las manos. Para variar no le estaba contando todo el plan. Se suponía que tenían que matar al alterum del demonio, no al demonio en persona. ¿No había dicho Sasuke que era más débil en la tierra, por qué entonces traerlo hasta ellos?
- Belze ha ordenado la retirada de los alterums prescindibles que se encontraban en la tierra, entre ellos el de Hutgin – contesto Sasuke, aunque ella no había pronunciado sus dudas en voz alta - Opino que será más fácil acabar con él, que debe de creerse ahora a salvo en el infierno, que con el alterum de Pan, que estará alerta para nuestra llegada. Probablemente los alterums que queden aquí se habrán reagrupado y actuaran en grupos.
- ¿Ves como no pasa nada por contarme las cosas? A diferencia de ti, yo no sé leer la mente.
- No leo tu mente, leo tu cara – se desabrocho un par de botones de la camisa gris oscura y se quitó los zapatos, dejándose caer sobre el sofá de cuero blanco – Date prisa, quiero que estés descansada para esta noche.
Sakura asintió y volvió a concentrarse en el libro. No pudo evitar fijarse en la introducción del capítulo, como de costumbre una advertencia:
"¡Oh hombres! ¡Frágiles mortales! los que pretendéis poseer la profunda ciencia mágica: ¡temblad de vuestra temeridad! Para conseguirlo necesitáis colocar vuestro espíritu muy por encima de vuestra esfera, haceros firmes e Inquebrantables y estar muy atentos a observar exactamente cuánto os diré, sin lo cual todo se volverá en vuestro perjuicio, destrucción y completo aniquilamiento, pero si, por el contrario, observáis atentamente cuanto os diga, saldréis con facilidad de la posición pobre y humilde y coronará el éxito todas vuestras empresas. Pasaréis un cuarto de luna llena sin acompañaros de mujeres ni de jóvenes, a fin de no caer en la Impureza."
- Hay un problema. Aquí dice que debo pasar un cuarto de luna sin "acompañarme de jóvenes". Me temo que nos hemos estado acompañando bastante este último cuarto de luna.
- Ignóralo, es parte de la superstición cristiana.
- Impenetrabile, sicut tempus. Sui moenia nihil prohibet evitent. Nullaque vox usquam. Nulla lux. Nec bonum nec malum spiritus…- comenzó a recitar leyendo directamente del grimorio. No le gustaba hacerlo así, según había leído en el Grimorio de Armadel los hechizos iban ganando poder según se iban memorizando e interiorizando, lanzarlos de nuevas a la espera de un demonio de verdad no parecía una idea demasiado sensata. ¿Pero qué otra opción quedaba?
Como Sasuke le había advertido, al terminar estaba exhausta. Era la vez que más hechizos seguidos habían utilizado, había tardado casi dos horas en formularlos todos. Cerró el libro con un golpe seco y se recostó sobre las almohadas de la cama, bajo la atenta mirada de Sasuke. El moreno se levantó y fue hasta el minibar. Saco una botella de cristal llena de zumo y agarró la cesta de pastas que había en el centro de la mesa de cristal, dejando ambos en la mesita de noche mientras buscaba un vaso para el zumo.
- No tengo apetito – se quejó, pero Sasuke no parecía interesado en sus lamentos. Sirvió el zumo y abrió una de las bolsas de pastas, agarrando a Sakura por la barbilla y apretándole los mofletes para que abriera la boca - ¡Sasuke! – intentó gritar mientras pateaba el aire - ¡Para! – lanzó un manotazo que el chico se limitó a esquivar, deteniéndose al ver que ella se erguía contra las almohadas y agarraba el vaso de zumo.
- Come y después duerme un rato. Aún tenemos toda la tarde por delante – ordenó. A pesar de su estúpida y blanca sonrisa, estaba más taciturno que de costumbre, y eso inquietaba a la Haruno. Comió rápido y en silencio ante la fija mirada de él. No le había lanzado ninguna pulla, no la había molestado en toda la mañana. Ni siquiera había intentado aprovecharse de la su debilidad para darle un buen repaso contra el cabecero. ¿Dónde estaba su Sasuke demoniaco?
Se quedó dormida nada más terminar su escuetísima comida y, al despertar, ya atardecía. Agarró una de las almohadas y la lanzo contra la espalda de Sasuke, que la detuvo sin siquiera mirar. Estaba de cuclillas en el suelo, colocando las velas de una estrella de invocación.
- Nunca he entendido lo de las velas – comentó aun medio dormida en la cama. Habia sido una siesta demasiado larga y ahora tenía la cabeza embotada.
- Dan un ambiente muy apropiado. Has dormido mucho.
- ¡Pues haberme despertado! – miró el reloj de la pared y dejó escapar un grito ahogado - ¡Son casi las nueve! Tengo que cambiarme…
- No será necesario, no tienes que combatir ni nada por el estilo. Puedes quedarte ahí recostada si quieres – Sakura se levantó, avanzó descalza hasta la estrella de velas y pateo una de las esquinas, desarmando el conjunto - ¿Qué demonios te pasa?– se quejó Sasuke agarrándola por el tobillo.
- ¿Qué demonios te pasa a ti? – le acusó – Llevas todo el día taciturno y…melancólico – espetó.
- Intento concentrarme en lo que nos espera – se puso en pie, con una vela y el mechero aun en las manos – Intento no cometer errores y mantenernos con vida. ¿Te molesta? – rugió.
- Para variar me esconde algo, ¿verdad?
- Haz el favor de callarte y estarte quietecita, no tenemos tiempo de discutir – siseo, empujándola hacia la cama.
Sakura sentía que le hervía la sangre en las venas. Siempre con verdades a medias, ¿es que por una vez no podía confiar en ella por completo? Como cada vez que su paciencia empezaba a agotarse, se acarició el brazo donde tenía las marcas de inicio de la Threicae. Tenía un par de as en la manga, no debía olvidarlo.
Sasuke termino la estrella, dejando las velas sobrantes sobre la mesa de cristal. Sakura se fijó en que había tres rollos de papel bien enrollados preparados sobre ella. ¿Los nombres para la invocacion? ¿Ni siquiera le iba a decir los nombres de los demonios a los que iban a llamar? ¿Y por qué tres?
- Ya casi es la hora – anunció Sasuke mientras terminaba de desabotonarse la camisa y se acercaba a ella – Cuando den las nueve en punto empieza a recitar la invocación. Tendrás que repetirla seis veces y tardaras unos dos minutos en decirla entera – Sakura asintió, aun enfadada – Cuando llegues a la sexta te daré los nombres a invocar.
- ¿Y para qué son los rollos de papel entonces?
- Ahora lo comprobaras – se sentó en la cama junto a ella y la tomó de la barbilla, obligándola a mirarle a los ojos – Sé que no te fías de mí, y lo entiendo. Pero esta noche tienes que hacer todo lo que te pida sin rechistar y yo a cambio te mantendré con vida. ¿De acuerdo?
- De acuerdo – contestó sin demasiada convicción Sakura.
- Prométemelo.
-¿Te fías de mi palabra?
-Si
- Vale – contesto sorprendida – Te lo prometo – Sasuke sonrió y se agacho para besarla.
- Buena chica.
Se levantó y se situó al otro lado de la estrella mientras Sakura miraba fijamente el reloj. Tan pronto como las agujas marcaron las nueve empezó a cantar el hechizo de invocación. Sasuke la escucho en silencio mientras lo recitaba por primera vez y, cuando hubo empezado con la segunda, se acercó a la mesa y tomó dos de los rollos. Durante la tercera se acercó a dos de las velas que componían las puntas de las esquinas de la estrella y dejo que los rollos se fueran quemando poco a poco. Sakura se sorprendió, pero no se detuvo, siguió cantando el hechizo mientras el papel ardía. Cuando terminaron de quemarse, Sasuke cogió ambas velas y se puso en pie.
- Abre las palmas de las manos y extiéndelas – ordenó Sasuke cuando comenzó la sexta. Sakura hizo lo que le pedía y él dejo caer la cera derretida de las velas sobre las manos de la Haruno. La cera hirviendo le quemaba las manos, pero no paro de catar mientras las lágrimas se le escapaban por las mejillas. La cera había dibujado dos nombres, uno en cada mano: en la derecha Lucifer y en la izquierda Lilith.
Tras varios segundos, nada ocurrió. Sasuke tomó por las muñecas a Sakura y la sacudió.
- ¿Has hecho todos los conjuros que te marqué? ¿No has olvidado ninguno?
- Añadí uno más – susurró Sakura mientras las manos le temblaban de dolor – Uno para anular las invocaciones – a pesar del sufrimiento, sus ojos verdes taladraban, desafiantes, los negros de Sasuke. Esta vez le había ganado.
Tocaron a la puerta. Sasuke la soltó y fue a abrir.
- ¿Sasuke…? – comenzó a preguntar, temiendo que abriera la puerta y dejara ver todo el escenario satánico que tenían montado. La voz se le cortó al ver a Ino en la puerta. Los había encontrado.
- ¿Por qué no me has invocado? Dijimos a las nueve – se quejó empujando a Sasuke a un lado para entrar.
- Sakura ha decidido que no le apetecían visitas hoy – su voz sonaba cansada más que disgustada, pero la furia brillaba en sus ojos. Sakura se estremeció. ¿Había contactado con Ino? ¿Qué plan acababa de estropear?
- Te dije que la poseyeras. Pero tú nunca me haces caso, ¿verdad? – Ino sonrio y el corazón de Sakura termino de detenerse. Su sonrisa era idéntica a la de Sasuke, malvada, blanca y afilada. Nada angelical. No pudo evitar mirarse la mano izquierda donde el nombre de Lilith aún seguía dibujado en cera - ¿Lo vas pillando, eh?
- No, no pillo nada en absoluto – se quejó mientras Sasuke volvia a agarrarla por las muñecas.
- Retira el hechizo contra invocaciones – ordenó.
- No hasta que me des una explicación.
- Llamaré a recepción y pediré otra habitación – sugirió Ino – Podemos hacerlo sin salvaguardas.
- Moriré si lo hacemos sin hechizos de protección – le recordó Sakura.
- No me digas. Que tragedia – exclamó sarcásticamente la rubia mientras descolgaba el teléfono de la mesita de noche – Tu voluntad y tu vida ahora mismo son irrelevantes. Sasuke kun se empeña en mantenerte con vida pero, llegados a este punto, seguro que no le importa – Sakura se giró para enfrentarse a los ojos de él, intentando descubrir la verdad en ellos.
- Si mueres será decisión tuya, Sakura.
- ¿Decisión mía? ¿Cómo puedo tomar una decisión sin saber que desencadeno con ella? ¿Quién me dice que no será quitar el hechizo lo que me mate? ¡Nadie! ¡Porque tú siempre me mientes! ¡Me estas volviendo loca! – gritó, tan fuerte que se le quebró la voz.
Sasuke le tomó las manos y le quito la cera sin demasiado cuidado.
- El hechizo no es ilimitado, para mañana habrá desaparecido. Podemos esperar una noche más – le sugirió a Ino, que hizo una mueca de desaprobación mientras colgaba el teléfono de mala gana.
- Eres un estúpido, Satán.
- Dime algo que no sepa.
- Deberíamos aprovechar el hechizo para jugar con ella. Después de todo es tu ultima oportunidad de hacerlo – Ino agarró distraídamente el brazo de Sakura, mirando las marcas de la Threicae – Con el hechizo activo Lucifer no recibirá señales de la marca.
- ¿Cómo sabes…?
- Teníamos la sospecha, gracias por la confirmación – le agradeció dándole un malvado beso en la mejilla. La Haruno se maldijo. ¿Desde cuándo estaban en contacto ella y Sasuke?
- Encontré su número de teléfono en tu bolso – respondió Sasuke, leyéndole la mente como de costumbre – Le ofrecí venganza a cambio de su ayuda. Pero tú acabas de negárnosla.
- Eso merece un castigo – siseo agarrando a Sakura por la barbilla – No me gustan las niñas desobedientes.
Chasqueó la lengua y, de Dios sabe dónde, una cuerda empezó a deslizarse por su mano.
- ¿La prefieres vestida o desnuda? – le preguntó a Sasuke mientras la cuerda se iba haciendo más larga.
- Me encanta su piel – siseó, subiendo sus manos por las piernas desnudas de la Haruno hasta su falda, bajándola de un tirón.
- Sasuke, por favor, ¡no! – Sakura se tiró contra el cuello de él, aferrándose con ambos brazos y apretando el rostro contra su cuello – Esta vez lo digo en serio.
Él le respondió arrancándole la blusa de cuajo desde los hombros y lamiéndole el mentón.
- ¿Y cómo voy a saber si es verdad? – exigió saber, mordaz. Una chispa de decepción inundaba sus palabras.
- Yo tengo una teoría, está relacionada con el nivel y potencia de grito – dijo Ino mientras desabrochaba el sujetador de Sakura y tiraba de sus brazos hacia atrás hasta juntar sus muñecas -. Lo malo es que solo te permite saberlo una vez que la estas violando – concluyo, atando las manos con la cuerda y pasándole luego el extremo suelto a Sasuke - ¿Te aprieta?
- Si – contestó Sakura con un quejido lastimero. Ino le tiro del pelo haciéndole inclinar la cabeza con un nuevo grito de dolor.
- Pues entonces perfecto – sonrió Ino agarrándole un pezón y tirando sin delicadeza de él.
Sasuke e Ino fueron pasándose la cuerda, atándole los pechos, los muslos y las piernas, quedando estas últimas bien abiertas, hasta llegar a los talones que volvieron a atacar con las muñecas, dejando a la Haruno en una incómoda postura formando casi un triángulo.
- Por favor, duele – lloriqueó, consciente de que ello los alentaría y a la vez sin saber qué otra cosa hacer. Ino volvió a sonreírle con esa dentadura demoniaca y espeluznante. La agarró del pelo y poso sus labios sobre los de la Haruno. Los labios de Ino eran carnosos y cálidos y sabían a todas las cosas dulces del mundo. Sakura no pudo evitar cerrar los ojos y, en el mismo instante en que lo hizo, Sasuke descargó su lengua contra su clítoris. Ahogo un gemido entre los labios de Ino, que aprovecho para introducir su propia lengua en la boca de la Haruno.
Sasuke succionaba su clítoris sin ningún reparo, nada del trato cuidadoso y excitante que siempre le había dado. Estaba siendo salvaje. Necesitaba arquearse para alejar su cadera del endemoniado rostro del moreno, pero cada vez que la boca de él le daba una descarga de placer y su cuerpo se retorcía, la cuerda se apretaba por todas partes devolviéndole otro tanto de dolor. En pocos segundos se volvió una tortura.
- Sasuke, ¡para! – exclamó entre gemidos cuando logró zafarse de los labios de Ino, ganándose con ello otro tirón de pelo. Ino golpeo sus pechos, arrancándole una nueva protesta, antes de empezar a lamerlos, primero haciendo girar su lengua sobre el endurecido pezón para luego apretarlo con los dientes.
Sasuke introdujo dos dedos en la entradita de Sakura y comenzó a moverlos rítmicamente acompañándolos de intensos, rápidos y constantes latigazos de su lengua sobre el clítoris de la Haruno, que gemía sin cesar.
- ¡Sabes que odio que lo hagas con los dedos! – se quejó.
- ¿Qué lo odias? – Ino dejo de juguetear con los pechos de Sakura para observar su entrepierna, mojada e hinchada – Pues a mí no me lo parece – Deslizó su mano derecha por el vientre de la Haruno hasta llegar a su vagina, acompañando a Sasuke con dos dedos más.
- ¡No!
- Que negativa eres, Sakura chan – se burló Ino mientras la masturbaba, observando divertida los gemidos incesantes de la Haruno – Vamos, córrete, Sasuke kun le está poniendo mucho empeño.
Sakura cruzo un instante sus ojos con los de él: el muy cabron lo estaba disfrutando. Sakura se rindió, relajo las piernas que hasta entonces habían estado en una constante lucha y dejó que, con un último y ahogado gemido, la llevaran hasta el paraíso.
Ino soltó una carcajada mientras observaba a Sakura, derrotada y atada, hiperventilando en la cama. Se apoyó contra el pecho de Sasuke y le palmeó el paquete.
- ¿No es demasiado poca cosa para ti? No sabe jugar.
- A lo mejor eres tú la que sabe demasiados juegos – le contesto mientras ella acercaba su boca a la de él para morderle el labio inferior antes de besarle.
- Tenemos una cuenta pendiente – susurró entre besos agarrándose a los bordes de la camisa desabrochada del moreno, deslizándosela por los hombros y dejándola caer al suelo.
- Quítale las manos de encima – siseó furiosa la voz de Sakura tras de ellos. Ino soltó a Sasuke abruptamente, totalmente sorprendida, mientras se giraba para mirarla.
-¿Por qué iba a hacerlo? – preguntó la rubia dejando caer su mano lentamente por el torso del demonio.
- ¡Porque es mío! – rugió Sakura – Soy su ama, me pertenece.
Ino volvió a reír estruendosamente, pero Sasuke se zafó de su mano con delicadeza.
- Ya has oído. No queremos hacer enfadar a mi ama – se bajó los pantalones y apoyó las rodillas sobre la cama – No quiero tener orejas de gato eternamente.
- ¿Orejas de gato? Seguro que estas muy sexy – Ino se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la puerta – Os veré mañana entonces. Procura dejarla viva, Sasuke kun.
Él no contesto, se limitó a esperar a escuchar el ruido de la puerta al cerrarse. Su sonrisa desapareció, y el gesto molestamente sereno que había mostrado todo el día volvió a apoderarse de su cara.
- ¿Y qué desea mi ama que haga? – Sakura vaciló. Observó el cuerpo desnudo de Sasuke, listo para ella, perfecto como siempre. Trago saliva mientras el rubor le subía por las mejillas.
- Tómame. No me desates, solo tómame.
La boca de Sasuke se apretó. Agarró las ataduras de Sakura y con endiablada habilidad las deshizo rápidamente, ante la atenta y confusa mirada de ella. El rostro de él era tan serio que no se atrevió a preguntar, simplemente le dejo masajearle las muñecas y los tobillos hasta que la sangre volvió a fluir con normalidad por ellos. Sasuke la tomo por la cintura y la abrazó contra su pecho, sujetando el rostro de ella contra su cuello.
- ¿Sasuke? ¿He…he dicho algo malo? – notaba los músculos del cuerpo de su demonio tensos, casi podía sentir la furia que emanaba de él.
- No es culpa tuya – contesto, besándola el pelo – No te preocupes: lo voy a arreglar.
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Espero que hayáis disfrutado de este capítulo.
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¡Papi volverá antes de lo que pensáis!
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