Danganronpa y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Jin Kirigiri se posicionó delante de todos los chicos con semblante serio. Como el verdadero director de la escuela, su deber principal era el de velar por el bienestar de sus estudiantes y sobre todo, de su hija. Aunque no lo demostrara, estaba asustado, su hija estaba en extremo peligro y él no podía hacer nada.
— ¡Te dije que te alejaras de ella! —dijo Jin.
— ¡Usted no me da órdenes! —Le respondió Junko enojada— ¡Yo soy la directora de esta escuela!
—Ya has torturado lo suficiente a estos chicos—comenzó él. Miró a los chicos y prosiguió con sus palabras—Todo lo que vivieron aquí fue una ilusión: cada muerte, cada ejecución…fue montada por ella, actuó como si fuera una ilusionista, manipulando sus mentes para que trataran de matarse entre sí. Haciéndoles creer cosas que no eran. Borró sus memorias para que sus recuerdos no interfirieran con sus planes y así, manipularlos a su antojo—Los chicos se sorprendieron a más no poder; eso sonaba a ficción—Para sus padres, ustedes están en un intercambio escolar y ella, ponía grabaciones de voz como si fueran ustedes los que les informaban como les estaba yendo, para que sus padres no sospecharan nada.
— ¿Pero dónde estaban encerrados los chicos que "habían perdido"? —preguntó Asahina.
—Nos tenía cautivos en una especie de celdas; cada vez que alguien "moría" o era "ejecutado", era encerrado en una de ellas.
— ¿Qué es lo que pretendía con todo esto? —preguntó Fukawa por primera vez.
—En realidad…quería manipularlos a todos hasta que el juego acabara y sólo una persona quedara en pie, para luego, ejecutarlos a todos frente al ganador; sólo para que presenciara ese horrible espectáculo—Los chicos quedaron atónitos, ¿hasta dónde era capaz de llegar esta chica?
Kirigiri no había dejado de mirar a su padre. No le sorprendían sus palabras; sabía que ésta chica era inestable mentalmente. Ahora sólo pensaba en que el hombre que le dio la vida, estaba a unos metros de ella. Quería hablar con él, quería abrazarlo y decirle tantas cosas. Salió de sus pensamientos, cuando sintió como algo frío y metálico se apoyaba en la parte trasera de su cabeza: el cañón del arma. ¿Ese era su fin? ¿Todo acabaría sin antes empezar? No podía ser así, no debería ser así.
—Ya lo saben todo y en verdad…no me importa—dijo la chica despreocupadamente. Una sonrisa malévola se plasmó en su rostro—Demasiada plática—posicionó su dedo en el gatillo — Hasta la vista…Kirigiri-chan
— ¡No! —gritaron desesperados Naegi y Jin. Kyouko cerró los ojos, esperando el impacto; Junko, sin dudar por un segundo, jaló el gatillo y…no pasó nada.
— ¡¿Qué pasa?! —exclamó frustrada la chica, golpeando el arma repetidamente. Kirigiri aprovechó ese momento. Giró ágilmente, pateó la mano que sostenía el arma, haciendo que la misma saliera volando. Junko la miró furiosa y pronto se recuperó y arremetió contra la chica, Kirigiri saltó a un lado, sintiendo de inmediato un mareo. Maldijo por lo bajo, ¿justamente ahora debía sentirse débil? Junko aprovechó ese instante y le propinó un puñetazo en el estómago. Kirigiri cayó al suelo.
— ¡Kyouko! —gritó Naegi. Era frustrante no poder hacer nada para ayudarla; no era una pelea justa: Kirigiri estaba débil, aunque debía admitir que se estaba defendiendo bastante bien. No peleaban como generalmente lo hacen las chicas: no habían tirones de pelo, ni arañazos, ni bofetadas…peleaban prácticamente de manera profesional.
— ¡Si Kirigiri-chi pelea así estando débil, no me imagino como lo hará estando totalmente sana! —exclamó Hagakure totalmente sorprendido al igual que los demás chicos ante esa pelea.
Mientras tanto, Kirigiri sólo pensaba en una cosa y no necesariamente en defenderse. Pateó a Junko en las piernas. La chica cayó al suelo, algo aturdida, y de su bolsillo, salió el pequeño control remoto. Kyouko trató de correr a él, pero no pudo; estaba realmente mareada. Se arrodillo y gateó rápidamente hasta alcanzarlo. Lo tomó y presionó el único botón que tenía. De inmediato, se escuchó el sonido de unos engranes en movimiento y la gran puerta detrás de los chicos, se abrió, dejando entrar la luz del sol y el aire fresco que tanto habían extrañado.
— ¡Váyanse! —ordenó Kirigiri aún sentada en el piso, con ambas manos en su cabeza.
— ¡No me pienso ir a ningún lado! —le respondió Naegi automáticamente, pegándose de la reja.
—Yo tampoco—apoyo Jin; no dejaría a su hija bajo ninguna circunstancia.
—Iremos por ayuda—dijo Maizono, saliendo acompañada de León.
— ¡Por favor…váyanse! —suplicó la chica débilmente. Les había dado la oportunidad de huir de ese infierno y no la estaban aprovechando. Los chicos seguían negándose a irse; no la iban a dejarla sola. Mientras tanto, a pocos pasos de Kyouko, una recuperada Junko estiraba su brazo lentamente hacia el arma cerca de ella; la tomó sin que nadie se diera cuenta. El arma no necesitaba dispararse para hacer daño. Antes de que los chicos pudieran percatarse, Junko se incorporó.
— ¡Cuidado! —gritó Naegi, pero Kirigiri no pudo reaccionar. Enoshima la había golpeado con la base del arma, con una fuerza bestial, en el mismo lugar en el que la habían golpeado antes. Kyouko cayó al suelo al borde de la inconsciencia. Su vista estaba completamente borrosa, escuchaba todo muy lejos y estaba muy desorientada; lo último que sintió antes de perder la consciencia, fue una sustancia cálida descendiendo a un lado de su rostro.
— ¡Kirigiri-chan! —gritó Asahina
— ¡Kyouko! —Naegi vio todo en cámara lenta. ¡Dios! ¡No se estaba moviendo! El chico, totalmente en pánico, comenzó a golpear frenéticamente la reja.
— ¡Eres un monstruo! —Gritó enfurecido el padre de Kyouko— ¡Aléjate de mi hija!
—Y si no quiero, ¿Qué vas a hacer? —preguntó altaneramente—Pobrecita, está sangrando mucho; a este ritmo…la perderemos en unos 10 minutos.
— ¡Abre la reja! —gritó Naegi enfurecido.
—Es más divertido que la vean agonizar desde ahí—Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos del chico; la impotencia de no poder hacer nada para salvar a la chica que más le importa, lo estaba desesperando—A propósito, sabían que…—y sin previo aviso cayó desplomada. Todos miraron sorprendidos a la persona que estaba detrás de ella: Oowada Mondo, quien había apretado un punto especifico en su cuello para dejarla inconsciente. Sin perder el tiempo, se quitó su chaqueta y la puso en la herida de su hermana menor tratando de parar el flujo de sangre. Se levantó por unos instantes y jaló una palanca que estaba a unos metros de él y casi de inmediato, la reja volvió por donde vino.
—Vamos…mantente conmigo, hermanita— la cargó en sus brazos y se asustó por lo relajado que estaba su cuerpo: parecía una muñeca de trapo.
— ¿Dónde estabas? —preguntó Ishimaru.
—Atrapando a la cómplice; la hermana gemela de Junko; Mukuro Ikusaba—todos miraron a la chica amordazada a unos metros de ahí—Les explicaremos luego; ahora hay que llevarla al hospital.
Cuando salieron, los equipos de emergencias, gracias a Maizono y León, ya estaban en el lugar.
—Naegi, acompáñala al hospital—dijo Jin—Mondo y yo debemos entregar a las hermanas a la justicia; llegaremos pronto…por favor…cuida a mi pequeña—Naegi asintió y de inmediato subió a la ambulancia. El chico sólo miraba como los paramédicos hacían todo tipos de cosas para estabilizarla. Le habían puesto una máscara de oxigeno y trataban por todos los medios de parar la pérdida de sangre que había empapado la venda que llevaba en su cabeza.
—Aquí, llevamos una chica de alrededor de 16 años, trauma craneal severo, hemorragia y fiebre alta; tiene dificultad para respirar, su pulso está bajando y no responde a ninguno de los estímulos; al parecer puede haber algún daño en el cerebro; esta muy delicada—decía el paramédico a través de la radio. Naegi tomó su mano y la besó; rezando para que todo saliera bien; no quería perderla.
Fueron los minutos más largos de su vida. Al llegar al hospital, ingresaron a Kirigiri rápidamente; y comenzaron a tratar la herida. Naegi observaba como trataban de estabilizarla en vano. Se la llevaron a una habitación y le negaron el paso. Esto no le daba buena espina.
— ¡Díganme dónde está mi hermana! —Naegi giró y vio a Mondo, prácticamente atacando a un enfermero.
—Ahí está Naegi— exclamó Jin. Tanto el director como los alumnos corrieron hasta él— ¿Cómo está?
—No lo sé, nadie me ha dicho nada—respondió angustiado.
Pasaron las horas y aún no sabían nada de la chica. Uno por uno, los chicos se fueron del hospital; le pidieron a Jin, que cualquier cosa que supiera se lo hiciera saber; debían irse al encuentro de sus padres en la estación de policía, quienes ya estaban informados de todo lo acontecido. El único que se quedó fue Naegi, quien se negó rotundamente a irse hasta no saber cómo estaba.
—Familiares de la señorita Kyouko Kirigiri.
—Somos nosotros—respondió Jin. Tanto Naegi como Mondo se levantaron y se pusieron al lado del hombre— ¿Cómo está?
—Los traumas que recibió en la cabeza han afectado partes del cerebro muy importantes; ha desarrollado una apoplejía y si no actuamos inmediatamente, ella podría morir en pocas horas—Los tres hombres palidecieron; esto era realmente serio.
—Haga lo que tenga que hacer doctor¸ sólo salve a mi hija—el médico asintió y caminó hasta desaparecer en el pasillo. Más horas pasaron y aún no sabían nada de ella.
—Naegi…tu familia debe estar preocupada, deberías…
—No me iré —respondió serio—quedaron en silencio, hasta que vieron al mismo doctor de antes, acercarse a ellos.
—Logramos sacar el coagulo de sangre que le había provocado la apoplejía, pero aún sigue en estado crítico; el golpe afectó zonas del cerebro que controlan muchas capacidades básicas como respirar y el latir del corazón, y otras como el habla, el caminar, podrían verse afectadas; aun no está fuera de peligro; podría caer en coma en cualquier momento—Naegi sintió una opresión fuerte en el pecho—Está en cuidados intensivos, si quieren estar con ella.
—Muchas gracias, doctor—agradeció el señor Kirigiri. Mondo pateó con fuerza un bote de basura cercano, llorando, cosa muy rara en él.
—No puedo perderla como perdí a mi hermano; no puedo…no otra vez, ¡la acabo de encontrar!—Jin puso su mano en el hombro de su hijo para consolarlo. El también estaba asustado; no imaginaba una vida sin su princesa, simplemente no podía.
Naegi estaba sentado en el suelo, abrazando sus rodillas. ¿Por qué pasaban estas cosas? ¿Por qué no podían ser felices? ¿Qué mal habían hecho para que todo esto sucediera? No podía entenderlo, no lo comprendía. Sólo sabía que quería estar a su lado, velar por ella y rogar para que pudiera salir de ésta. Ella era su prioridad numero uno y haría lo imposible para estar en todo momento.
Se levantó del suelo y siguió a Mondo y a Jin a la habitación de cuidados intensivos en la que se encontraba. Cuando llegaron, los tres miraron a través de una ventanilla a la chica. Aún había enfermeras en la habitación vigilando cada uno de los múltiples aparatos a los que estaba conectado Kyouko. El semblante de Naegi se ensombreció aun más al ver el estado en que se encontraba su novia. Una nueva venda rodeaba su cabeza, cubriendo la herida más grave que antes; tenía una cánula nasal para brindarle oxigeno, así también, como múltiples aparatos conectados a su pecho, para monitorear cualquier eventualidad en su corazón; cada latido de su corazón, acompañado con un "bip"; tenía intravenosas en sus brazos…no podía creer que esa era la chica con la que estuvo compartiendo hace unas cuantas horas. Dolía mucho verla así, en verdad dolía tener esa incertidumbre de no saber qué pasaría con ella. Pegó ambas manos al cristal y bajó la cabeza; no quería perderla.
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Abrió los ojos lentamente, esperando un fuerte dolor de cabeza, que nunca llegó. Su ropa ya no era la misma: vestía un sencillo vestido blanco con una chaqueta del mismo color, al igual que sus zapatillas. Se sorprendió bastante por ese hecho y comenzó a mirar a su alrededor para averiguar dónde estaba; parecía una habitación de hospital. Escuchaba unos sonidos entrecortados y giró hacia esa dirección. Vio a alguien acostado en la cama, conectado a ese aparato que parecía monitorear los latidos del corazón; se acercó aún más a la cama y su expresión se volvió a una de sorpresa. La persona en la cama… ¡era ella! ¿Cómo era posible? ¡Ella estaba parada justo ahí! Esto no tenía ningún sentido. ¿Acaso ella…?
—No estás muerta—una voz infantil habló a sus espaldas, casi automáticamente giró y se encontró a una pequeña niña. La niña tenía unos alegres, vivaces y brillantes ojos verdes, los cuales estaba segura de haber visto antes; de rasgos finos; su cabello era largo y estaba recogido en dos coletas bajas, que caían por sus hombros; estaba vestida igual que Kyouko, por supuesto, en su talla. Kirigiri frunció el ceño; esa niña era idéntica a ella cuando tenía su edad, exceptuando sus ojos verdes— ¡Hola! Soy Amy, pero no te puedo decir más que eso.
— ¿Por qué estás aquí? —le preguntó extrañada; el parecido entre esa niña y ella era inquietante.
—Bueno…estas muy grave de salud, como ya has notado, pero no depende de los médicos salvarte, depende de ti—dijo la pequeña alegremente.
— ¿De qué hablas?
—No te puedo decir todo con exactitud porque eso debes averiguarlo por ti misma—dijo la chica sonriente—Sólo te diré que tienes cadenas de tu pasado que debes romper; ya me tengo que ir.
— ¿Qué? ¿Te vas y me dejaras sola con esto? —preguntó Kirigiri desanimada.
—Sólo me iré por ahora, voy a volver después— comenzó a dar unos pequeños saltitos y a reír armoniosamente
—Antes de que te vayas, me podrías decir de dónde vienes y el por qué te pareces tanto a mí, ¿acaso eres una representación de mi infancia? —la pequeña niña le dedicó una brillante e inocente sonrisa, que inexplicablemente, llenó a Kyouko de alegría y paz; era como si estuviera una conexión especial con esa pequeña.
— Aún no existo, pero si logras lo que te dije hace un rato, nos reencontraremos en otra situación— Kirigiri quedó más confusa que antes— Nos veremos pronto—la pequeña desapareció. Kyouko suspiró; aun no entendía todo el asunto, pero sabía que algo tenía que hacer. Miró su figura postrada en esa cama, conectada a un sinfín de aparatos, que prácticamente la mantenían con vida. Miró hacia la ventanilla de la habitación y vio a su padre, a su hermano y a su novio, parados ahí. Los semblantes de los dos primeros denotaban preocupación y tristeza, pero el que realmente le rompió el corazón fue Naegi, tenia ambas manos apoyadas en el cristal, con su cabeza gacha, aun así podía ver como las lágrimas se deslizaban libres por sus mejillas. Conociendo a Makoto, se sentía culpable de todo lo que estaba pasando; seguramente pensaba que no la había protegido bien. No quería verlo así; quería poder despertar y decirle que estaba bien, pero no sabía que tenía que hacer para lograrlo. La niña de hace un rato no le dijo mucho y ella no sabía que pensar. Entonces, ¿Qué iba a hacer? Aun no lo sabía, pero lo averiguaría si o si, después de todo, ella era Kyouko Kirigiri.
Fin del Chapter 9. Intrigante, ¿no? ¿Quién será esa niña? Esto tenía que pasar para que unas cosas puedan resolverse, ¿Qué cosas? No se los puedo decir; es una sorpresa. Sé que el capitulo está un poco corto, pero necesitaba subirlo, para avisarles algo: lamentablemente, tardaré mucho tiempo más para actualizar, no sé cuando subiré el próximo capítulo, pero no se preocupen, ya sé como acabara toda la historia y no la abandonaré; sólo deberán tener más paciencia. Gracias por leer y como siempre, les invito a dejar su review. Pues sin más, hasta una nueva actualización. Bye!
