En fin, aqui esta el mini capítulo que salió de mi mente xD Espero que no se espanten y dejen de leer xD
El "recomenzando" también es para mi, a partir de ahora prometo, al meno, un capítulo por semana!! Nos vemos pronto!!
Recomenzando
El abrazo duró algunos minutos. Luego se separaron y Miyu seguía mirando el suelo. Haruto gruñó algo molesto por la actitud de la humana, ¿qué demonios le había hecho él para que estuviera así de enojada? Además, ¿por qué estaba llorando sola en aquel parque?
La tomó de la barbilla otra vez y la obligó a mirarlo.
- ¿Qué es lo que pasa? – le dijo calmado. Ella apartó la vista de sus ojos ámbar.
- Nada, Kuchiki-sama – otra vez ese "Kuchiki-sama", ¡eso le molestaba más que si no le hablaba!
- ¡Deja de llamarme así! ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡Hace más de dos meses que no me hablas, que evades todos los llamados que te hago!
- ¿Llamados? – preguntó confundida, nunca en ese tiempo había recibido ningún indicio de él que le diga que quería hablar o algo.
- No es que te haya llamado por teléfono, pero alteré en varias ocasiones mi reiatsu para llamar tu atención y nunca viniste – dijo intentando calmarse y acercándola más a él, intensificando el abrazo.
- Por favor, suéltame
- No te soltaré, dime qué te pasa
- Mi mamá regresó – no quería hablar sobre lo que había pasado en la fiesta y después de la fiesta, prefería desahogarse sobre lo que estaba pasando con Orihime.
- ¿Tu madre volvió? ¿Y por qué no estás con ella?
- ¡Porque no quiero verla! – nuevas lágrimas se asomaron en sus ojos. Haruto llevó una de sus manos a la nuca de Miyu y la recostó sobre su pecho.
- No llores, por favor – le pidió en un susurro.
En la casa de los Kurosaki…
Renji había subido a ver a Rukia, llevándole las famosas frutillas con crema. Ichigo aprovechó para ir a darse una ducha. Lo mejor era echarle el fardo a Renji por un momento.
- Buenas tardes… - dijo cantarinamente entrando al cuarto - ¿se puede?
- ¿Para qué preguntas si ya entraste? – contestó irónicamente Rukia. Después sonrió.
Estaba sentada en la cama, con un vestido azul claro de mangas cortas. Todavía no se le notaba la panza porque apenas si llevaba tres meses de embarazo. Su rostro reflejaba lo bien que se sentía.
- Bueno, bueno, parece que estamos de buen humor hoy… - bromeó Renji, sentándose en la cama. Le dio la copa con las frutillas y la cucharita a Rukia, que inmediatamente comenzó a comer.
- ¿Dónde está Ichigo? – dijo con la boca llena.
- Se fue a bañar… estaba algo cansado…
- ¿Tú crees? – preguntó incrédula.
- Si que lo creo… seguramente no lo dejas un instante en paz… ¿no recuerdas cómo quedé yo después de que nació Haruto?
Los dos comenzaron a reír. Rukia apoyó la copa en la mesita de luz.
- ¿Por qué viniste? ¿Pasa algo?
- No, tu hermano me pidió que le alcanzara una carta a Haruto. Son órdenes del comandante general…
- ¡¿Pasa algo, Renji?! – gritó Rukia entrando en la desesperación.
- No, tranquila – Renji la tomó de la mano – son unas simples órdenes para que controle algunas cuestiones del nivel espiritual de los ciudadanos de Karakura, nada del otro mundo – le sonrió.
- Ah…
- Pero no le digas a Haruto que te conté, me matará… - volvieron a reír.
- ¿Cómo está todo en la Sociedad de Almas?
- Bien, muy bien. El capitán Ukitake y tus compañeros te mandaron muchos saludos
- ¿Y mi hermano?
- El capitán está bien, tiene mucho trabajo últimamente. Desde que se fue Haruto no deja de hacer papeleríos… está demasiado tiempo en el escuadrón. Es más, él mismo podría haber venido a darle esta carta, pero sin embargo, no quiso…
- Oh… - sonrió de repente - ¡dile que venga para la graduación de Haruto! ¡Es en tres meses!
- ¿En diciembre?
- Si, no se la fecha todavía… luego te diré bien… ¡tú también podrías venir!
- Voy a tener que inventar una muy buena excusa para que nos dejen venir a los dos, pero te aseguro que traeré al capitán a como dé lugar
- ¡Perfecto!
En el parque…
Seguían en silencio y abrazados, ya estaba atardeciendo y el cielo era rojizo.
- ¿Qué harás ahora? – le preguntó Haruto – No puedes quedarte aquí para siempre
- No quiero verla, no ahora… siento… que ella…
- No digas tonterías, estuviste esperándola todo este tiempo, debes ir y verla
- Pero
- Nada… ¿quieres que todo lo que sufriste por esto haya sido en vano? ¡Ella es tu madre!
- Si… lo sé…
- Ahora ve a casa y arregla las cosas
Se separaron y se miraron a los ojos. Miyu sonrió levemente.
- Gracias
Cuando se iba a retirar, Haruto la tomó de la mano y la atrajo nuevamente hacia él. La tomó de la nuca y la besó. Ella se sorprendió, pero luego correspondió a su beso. Tanto tiempo había esperado por eso, tantas noches pensando en que quizá nunca más lo besaría…
Se separaron y se volvieron a mirar intensamente.
- ¿Volverás a decirme Kuchiki-sama? ¿O podremos hablar de esto mañana? – Miyu sonrió tras escuchar el comentario del chico.
- Hablaremos mañana después de clases, ¿sí? – Haruto gruñó - ¡Gracias! – ella se acercó y le dio un beso fugaz en los labios. Luego se fue dejándolo solo.
¿Qué debía hacer? ¿Qué era lo que era necesario hablar? Si en definitiva nadie era culpable de lo que pasó… ¿o sí?
Ella le había pedido que le demostrara que la quería frente a todos… pero no podía hacer eso… simplemente era imposible que demostrara una debilidad semejante… no, no podía hacerlo…
En la oficina del hospital…
- No puedo esperar más, tengo que ir a verla – Orihime estaba angustiada… tanto tiempo sin verla y dejarla correr así, después de haberla visto… simplemente, no podía soportarlo.
Se levantó sin escuchar lo que Uryu intentaba decirle. Abrió la puerta y se encontró con Miyu del otro lado. Se miraron a los ojos. Los de Orihime se llenaron de lágrimas y los de Miyu, al ver las lágrimas de su madre, también. Se abrazaron con fuerza.
Uryu se acercó, observándolas con ternura. Al fin su hija y la mujer que ama se reencontraban… tanto tiempo esperaron eso… Se separaron y se miraron nuevamente, con una expresión serena.
- Vamos a charlar – dijo Uryu indicándoles que entraran. Cerró la puerta y los tres se sentaron.
- ¿Dónde estuviste todo este tiempo? – le preguntó Miyu.
- Necesitaba ordenar mis ideas, todo fue tan rápido y complicado…
- No me contestaste mi pregunta…
- Estuve en Kyoto
- ¿Por qué no me llamaste siquiera? ¡Sólo quería escuchar tu voz! Pensé… ¡pensé que no me querías más!
- Perdóname
- No sirve que me pidas perdón… ¿es que sólo me tuviste porque querías estar con Ichigo a toda costa?
Las palabras de Miyu eran duras y ásperas. No era su intención herir a su madre, sino sacarse toda la bronca que acumuló esos meses de ausencia. Uryu las miraba sin decir palabra.
- No… cuando supe que estaba embarazada… sentí miedo, mucho miedo… yo… sé que estuve muy mal, sé que no merezco que me perdonen… - Miró a Uryu y luego a Miyu.
- No se trata de perdones, ¡ni siquiera llamaste una sola vez para hablar conmigo! Si no fuera por papá yo nunca me hubiera enterado que te preocupabas por mi – Orihime volvió a mirar a Uryu.
- Nunca… nunca quise lastimarte… es que pensé que era mejor dejarte con ellos… con las personas que no te lastimaron, que no te mintieron…
- Entiendo lo que hiciste, pero eso no quiere decir que lo acepte
Uryu recordó que Ichigo dijo esas mismas palabras cuando lo fue a buscar la noche de año nuevo aquella vez… realmente se parecían… los dos eran efusivos y decían lo que querían decir en el momento en que se les daba la gana… y a quien sea… y hasta pensaban parecido… esbozó una sonrisa…
- ¿Eso quiere decir que puede quedarse con nosotros? – habló por primera vez Uryu.
- ¡Escuché cuando decías "ella no tendrá problemas"! ¡¿Por qué otra vez quisieron pasar sobre mí?! ¡¿No pensaban consultarme al menos?!
- No es así. Simplemente supuse que cuando te lo preguntáramos estarías de acuerdo en que vivamos los tres juntos algún tiempo, al menos hasta que Orihime encuentre un departamento donde vivir
- Está bien, pero sólo por un tiempo
Casa de los Kurosaki…
Ichigo había salido del baño y estaba en la habitación junto a Rukia.
- Ahora qué haremos que ya se fue Renji
- ¡Quiero más frutillas!
- ¿Qué tal si voy al supermercado y traigo algo comestible? – dijo irónico.
- ¡Haz lo que quieras! ¡Pero tráeme mis frutillas!
Ichigo se acercó y la besó.
- Ahí tienes tu frutilla – le dijo con una sonrisa. Luego se fue.
