HE VUELTOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

Me ha costado, mucho, sí, pero por fin estoy aquí. ¡ALELUYA!

Quiero dar las gracias a todas esas personas que siguen este fic y pediros disculpas por mi injustifiable retraso. Las musas se habían tomado unas vacaciones demasiado prolongadas y me dejaron aquí, sufriendo la enfermedad del escritor sin inspiración.

Espero que os guste este capítulo. En el anterior nos quedamos después de que Victoire se descargara a gusto con Rose, delante de la mayoría del colegio!!! Y aquí está el día siguiente de nuestra serpiente protagonista. Pobre. Se ha metido en un berenjenal del que no sabe cómo salir.

No os entregengo más.

Ya sabéis. Los reviews aligeran el alma y embellecen el exterior.



Rose abrió los ojos y por un mísero segundo no recordó absolutamente nada. Las nieblas del sueño le impidieron deshacerse de esa sensación somnolienta que la hacía incapaz de ubicarse en un tiempo y un espacio. Miró directamente al techo del dosel verde de su cama y después paseó perezosamente la vista por las pesadas cortinas del mismo color. Estaba en Hogwarts, en su habitación, un día más y no un día cualquiera, sino el día que comenzaban sus vacaciones de navidad.

De repente como un rayo cruel y certero, los recuerdos de la noche anterior y del baile hicieron acto de presencia en su memoria.

"Mierda…"

Un sabor agrio comenzó a ascender por su cuerpo desde la punta de sus pies directamente hasta su boca. Mortificada, la morena hizo a un lado la pesada colcha que la cubría y se frotó los ojos con fuerza. Cuanto más lo pensaba, más detalles bochornosos aparecían y eso no era nada bueno. Antes de hacer una locura, trató de serenarse e insuflarse el valor suficiente para crear una falsa ilusión de una dignidad que no sentía, delante de unas compañeras que, Rose estaba segura, estarían esperándola despiertas a que ella le contara con pelos y señales todo lo que las habladurías no les habían podido confirmar.

Así que después de un par de minutos en los que deseó que aquella cama enorme se la tragara entera, soltó todo el aire que había estado conteniendo de una vez y descorrió sin ningún miramiento los doseles.

-Buenos días –sentenció firmemente cuando comprobó que, tal y como se temía, las dos slytherins estaban esperándola sentadas en sus camas. Sin prestarle atención a ninguna de aquellas dos sonrisas cínicas y deseosas de chismes, Rose miró un par de veces por la habitación tratando de localizar algo. -¿Habéis visto a Stella?

-No –le contestó rápidamente Hestia, una sangrepura de piernas largas y cabellera pelirroja, proveniente de una larga familia aristocrática irlandesa. –Ya se había ido antes de que nosotras nos despertáramos. –la bruja le lanzó una mirada cómplice a su compañera y volvió a dirigir su atención a Rose. –No estará demasiado deseosa de oír todo lo que estás a punto de contarnos.

Rose las sopesó durante un momento. Desde que había llegado a la escuela y había compartido su primera noche con sus compañeras de habitación, la situación había sido la misma: Hécate, con su larga cabellera y sus enormes ojos verdes no solo cautivaba a la mayoría del sector masculino de su casa y algunos también de las otras, sino también a Emily, un niña rubita, más bien retraída, que la miraba y la trataba como si la pelirroja fuera alguna clase de diosa pagana a la que adorar y dejar que la adoraran.

Esta mañana no era ninguna excepción. La voz cantante de todo aquello la llevaba la irlandesa, mientras la otra muchacha se limitaba a asentir y sonreír mientras se agarraba dulcemente a la mano de su amiga.

-Vamos, Rose. Deja de hacerte de rogar. –insistió y al cabo de unos segundos añadió: –Emily me ha contado un par de cosas que necesito oír de tus propios labios para creérmelo.

Rose le lanzó una mirada fulminante a Emily que la hizo retroceder interiormente. Un apretón por parte de Hécate le dio el empujón que necesitaba para encararse con la morena.

-Yo lo vi. Os vi.

-¿Y qué es lo que se supone que viste? –preguntó la muchacha con un tono agudo de miedo que sus compañeras confundieron con ira.

-Yo… yo… -tartamudeó la rubia.

-Emily dice que os vio a ti y a tu primo Teddy en una situación no demasiado fraternal. –la cortó Hestia. -¿Qué has hecho Rose? Puedes buscarte algo mucho mejor que un sucio león. Sin ir más lejos, Herald Pucey de séptimo no para de mirarte y de entrarte cada vez que tiene ocasión.

-¿Entrarme?

-Sí, entrarte. Si no fuera por el entrometido de Scorpius, seguro que Pucey hubiera sido más directo y certero en sus ataques. ¿Qué hay entre vosotros dos exactamente?

Rose la miró sin saber qué decir. Ahora que lo pensaba bien, la amistad tan estrecha entre ambos debía de verse desde fuera muy distinto a como ellos lo hacían. De eso estaba más que segura. La gente podría malinterpretar fácilmente su relación con algo bastante más que amistad.

-Somos buenos amigos, nada más. –contestó no demasiado convencida.

-Pues acéptame un consejo y dile a tu "amigo" que mantenga un poco las distancias. Cada vez que os veo juntos me recuerda más a un enorme perro rabioso marcando su territorio alrededor tuyo. Es bastante intimidante y si no para, te espantará a cualquier tío que se interese por ti –la muchacha resopló y tomó un poco de aire para seguir con su retahíla. -Odio a los hombres y su estúpido instinto de macho dominante.

Una sonrisa dulce y comprensiva se dibujó en los labios de Emily. Al cabo de unos segundos ésta desapareció.

-Nadie puede acercarse a ti pero eso no le impide escabullirse del baile en cuanto puede para ir a darse el lote con esa payasa de Isabella Melton en los jardines.

Algo se retorció dentro de Rose, en una zona demasiado cercana al pecho. La ausencia de Scorpius y la de su supuesta compañía era algo que su mente se había obligado a omitir deliberadamente. Teddy también había comentado algo del rubio saliendo a los jardines con esa ravenclaw, pero ella se había contentado con achacarlo todo a un arranque de celos exacerbado por el alcohol. Hécate seguía con su retahíla pro-feminista, sin percatarse del dolor momentáneo que había causado en la morena. Emily era la única que parecía reparar en el tono ceniciento que había adquirido el rostro de Rose. Cuando ésta le dio un ligero apretón a la mano de la pelirroja que tenía agarrada para llamar su atención, Rose ya se había recompuesto y no dejaba traslucir síntoma alguno de malestar en su rostro.

-¿Qué? –la boca de Hécate se abrió cargada de indignación. –Bueno, no me hagas cambiar de tema. Todo el mundo habla de lo que ocurrió ayer en el baile.

-¿Y qué es lo que dicen?

-Pues que Victoire te pilló besándote con Teddy detrás de las escaleras.

-¡¿QUÉ?! -Rose las miró alternativamente sin dar crédito a lo que oía.

-No pongas esa cara, Rosie. Tú sabrás lo que hiciste. ¡Por Merlín, es tu primo! ¿En que estabas pensando?

-Bien, para empezar Teddy y yo no somos primos. Así que deja de repetirlo. Es el ahijado del marido de la hermana de mi padre. No nos une ningún parentesco. Y segundo: ¡No estábamos besándonos! Solo estábamos discutiendo… asuntos familiares –agregó rápidamente.

-¿No es tu primo? –Hécate se volvió rápidamente hacia Emily –Me dijiste que eran primos.

-Yo creía que…

La pelirroja volvió a girarse hacia Rose.

-¿Entonces nada de primos ni uniones de sangre?

-No –le respondió ésta indignada.

-Eso cambia enormemente las cosas –la cara de Hécate se iluminó y Rose supo que aquello no era una buena señal. –Teddy es bastante guapo, no me extraña que te des achuchones con él de vez en cuando en el cuarto de las escobas.

-¡Yo no me achucho con Teddy en el cuarto de las escobas!

Mentira

-Vamos Rose, no seas tan mojigata. Ya sé que tú y yo no es que hayamos sido las mejores amigas del mundo, pero en cuanto a amores puedes confiar en mí para que te guíe –Emily le lanzó una mirada reprobatoria. –Teddy está bastante potente y tú no estás demasiado mal, es normal que esas cosas pasen.

-Pero…

-Ay, me acabo de acordar del problema Victoire. Esa sí es prima tuya, ¿no?

Rose no daba crédito a lo que oía y solo fue capaz de asentir ligeramente atónita a todo lo que estaba oyendo.

-Pues eso sí que es un gran problema.

La pelirroja se mordió el labio inferior mostrando el esfuerzo que hacía al tratar de encontrar alguna solución factible al problema de una novia celosa. Rose, anticipándose al desastre que su silencio podría acarrearle se decidió a romperlo y a zanjar todo de una vez por todas.

-¡NO! No es ningún problema porque no hay, ha habido ni habrá nada entre Teddy Lupin y yo. Así que deja de fantasear y liarla aún más y ayudadme a que esto no se haga más grande de lo que ya es. Victoire es mi prima y ahora mismo estará odiándome y bufando por todas las esquinas de Hogwarts. ¡Por Morgana! ¿Qué se supone que voy a hacer ahora? –añadió desesperada.

-¿Rose?

La morena se dejó caer sobre su propia cama, cansada, con los ojos cerrados, sin emitir sonido alguno mientras escuchaba murmurar a sus compañeras.

Hécate se levantó lentamente, se acercó hasta la cama de Rose y se apoyó tranquila contra uno de los cuatro postes de la cama de su amiga.

-Vamos, Rose. Tranquilízate, ahora menos que nunca puedes tener un aire derrotado. Levántate y date una ducha bien fría para despejarte. Eres una Slytherin y las serpientes siempre sabemos salir vencedoras. Paséate altiva por Hogwarts mientras preparas tus cosas y deja bien claro que no le temes a ninguna leona chillona.

Rose separó los dedos que cubrían sus ojos y miró directamente a la slytherin sin apartarse las manos del rostro.

-Me tiró un vaso con algo pegajoso por encima –le dijo con una voz lastimera.

-Lo sé.

-Y tuve que salir corriendo hasta el baño del segundo piso por delante de más de la mitad de Hogwarts.

-Sí, eso he oído.

-Además de eso, mi pareja estaba morreándose con una ravenclaw estúpida mientras yo vivía mis quince minutos de fama en Hogwarts.

-Si te consuela, me topé con Malfoy después de que salieras huyendo escaleras arriba y estaba hecho una auténtica furia. Tuvieron que sujetarlo los Potter para que no le partiera la cara a Teddy.

Rose se sentó enérgicamente sobre la cama y miró directamente a Hécate. La pelirroja esbozó una sonrisa comprensiva y amistosa previendo lo que la morena estaba a punto de preguntarle.

-¿En serio?

-Absolutamente –sentenció.

-¿James y Albus?

-He incluso también tuvo que meterse Wood de por medio y ayudarlos.

Los ojos de Rose se volvieron soñadores.

-Guau –susurró.

-Sí, guau, pero venga –Hécate la cogió del brazo y tiró de Rose hasta que consiguió levantarla de la cama. –Dúchate de una vez y baja a desayunar. Enséñales a todos lo peligrosa que puede llegar a ser una serpiente herida.

Rose echó un último vistazo a sus compañeras, agarradas de nuevo de la mano, después de coger la ropa y su capa del armario y su neceser del baúl a los pies de su cama. Si alguien le hubiera dicho hace una semana que quien la consolaría después de una de las peores noches de su vida sería Hécate McMarling, no hubiera podido evitar reírse y desmentirlo enérgicamente. Ahora, sin embargo, y después de los treinta minutos más cercanos e intensos que había vivido con esas dos serpientes, la idea no le resultaba tan descabellada y ridícula, sino más bien atractiva y repetible.

-Te esperamos abajo –se despidió la pelirroja mientras tiraba de Emily y salían por la puerta.

-Gracias.

-¿Gracias? Si crees que por esto te has librado de contarme con pelos y señales todo lo de anoche, vas lista.

Las dos chicas desaparecieron escaleras arriba hacia su sala común. Rose sonrió durante unos segundos y se precipitó hacia la puerta contraria que las otras habían tomado. Directa a darse la ducha más fría de toda su vida.

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-Si no apartas de mí ahora mismo esos huevos revueltos, te voy a potar encima.

James lo miró de reojo con una frialdad nada acostumbrada en el mayor de los Potter. Teddy, a su lado, tenía los ojos cerrados mientras se sujetaba a duras penas la cabeza con las manos y los codos apoyados en la mesa del Gran Comedor. Sus mejillas pálidas y sus labios deformados en una muesca de asco le dieron al moreno una idea de lo mal que tenía que estar pasándolo en esos momentos.

Los recuerdos de lo que pasó la noche anterior acudieron a él y le barrieron como un vendaval, aumentando gradualmente la ira que poco a poco iba creciendo dentro de él. James estaba a punto de salir a dar una vuelta por los jardines con Rosmina Greensash cuando el barullo y alboroto de sus compañeros le hizo darse la vuelta para ver cómo un enfurecido Scorpius Malfoy se dirigía a Teddy gritándole toda clase de insultos y amenazas. Sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo fue corriendo hasta ambos, abriéndose paso entre los chismosos que se habían reunido alrededor de ellos, a tiempo de ayudar a su hermano Albus a sujetar a ese slytherin engominado antes de que descargara sus puños sobre el lamentable estado de embriaguez de Lupin.

-Aléjate de ella –había gritado el rubio mientras ellos lo alejaban lo máximo posible del capitán de gryffindor. -¿Me oyes, Lupin? ¡No vuelvas a acercarte a Rose o la próxima vez ni toda la camada de Potters y Weasleys que pululan por aquí serán suficiente para que te maldiga y te convierta en el gusano asqueroso que eres! ¡Soltadme joder!

'¿Rose?'

James había mirado alternativamente a su hermano, a Teddy y a Scorpius, sin comprender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo. Lupin, sentado de culo sobre el suelo se restregaba con la manga el labio partido y Scorpius se recomponía a su lado la camisa y la chaqueta que se le había arrugado durante el forcejeo. En un último momento, le lanzó a James una de sus miradas de autosuficiencia características de los slytherins y antes de marcharse escaleras arriba se acercó y le susurró algo al oído, asegurándose que sólo él sería capaz de oírlo.

-Esta navidad va a ser muy divertida.

Cuando James se volvió hacia él, dispuesto a preguntarle qué demonios quería decir con eso, él ya había desaparecido y lo único que le quedaba allí eran un montón de adolescentes susurrando un incidente excitante que evolucionaría y se deformaría durante los siguientes meses, un hermano tan atónito y perdido como él y un Teddy borracho y malherido que tendría que responderle a muchas cosas.

-La cabeza me va a explotar –volvió a decir el peliazul a su lado.

James se metió un poco de huevos revueltos en la boca y los masticó tranquilamente.

-Te lo mereces –le respondió simplemente.

-No jodas James –Teddy se volvió hacia él enfadado.

-No, no me jodas tú, Lupin. –el moreno se acercó a él y bajó la voz. Era tarde y ya casi todos los gryffindor se habían ido del Comedor para seguir empaquetando sus cosas, pero aún así nunca se sabía que oídos indiscretos podían estar oyéndolos. –Aún tienes que explicarme qué quería decir Malfoy con eso de que no volvieras a acercarte a Rose –su amigo no respondió. –Espero que no tenga nada que ver con lo que tengo en mente. Las dos son mis primas y te juro por Merlín…

-No seas tan melodramático, James. Ni vayas ahora de hermanito mayor. No tiene nada que ver con eso.

Teddy desvió la mirada y se llenó una copa con zumo de calabaza.

-Puedes estar tranquilo. No va a volver a repetirse nada de lo de ayer.

El peliazul ya estaba bebiendo cuando James le arrancó de un manotazo la copa de las manos.

-¿Te han contado lo que Victoire le hizo a Rose ayer? –por la mirada de su amigo, el moreno dedujo que no sabía nada de nada. –Por lo visto mi querida primita le derramó una copa entera a Rose por encima. Da igual lo que me digas Teddy, mire por donde lo mire, piense lo que piense, solo llego a la conclusión de que esas dos estaban peleándose por ti. ¿Por qué sino iba Vic a sacar las zarpas como lo hizo ayer y más contra nuestra propia prima?

-Yo…

-Mira, cállate. Solo procura solucionar esto lo antes posible y dejar las cosas bien claras antes de que volvamos de las vacaciones. Vamos a pasar Nochebuena en la Madriguera y ahí podrás hablar lo que tengas que hablar con las dos.

El gryffindor no dijo nada, incapaz de reaccionar y de procesar todo lo que su amigo le estaba diciendo.

-¿Y bien? –le apremió el otro, impaciente.

-Sí… Sí, claro que lo haré.

-Bien. –James volvió su atención de nuevo a su desayuno. Teddy cogió otra copa y la rellenó. –Además, no creo que a mi tío Ron le haga mucha gra… ¡Oh Mierda!

Teddy dejó de beber y siguió con la suya propia la mirada de su compañero, directa hacia las puertas del Gran Comedor. Entre un par de hufflepuff que salían y algún que otro alumno de primero descarriado aparecieron Rose y Victoire, a una distancia nada prudencial la una de la otra.

Los dos chicos observaron en silencio como la una pasaba al lado de la otra sin apenas dirigirse la mirada. Rose, con el pelo mojado y las mejillas muy sonrojadas por la larga ducha de agua caliente que había optado por tener, se movía altivamente por el Salón en su camino a la mesa Slytherin. Dejando atrás los murmullos, las risas y los vacilantes dedos que la apuntaban de vez en cuando trató de localizar a Stella y lo hizo en la esquina más alejada de la mesa. Se encaminó hasta ella, pero antes de que pudiera alejarse demasiado una mano fuerte y poderosa la agarró del brazo y le impidió seguir adelante.

-Buenos días, Rose. –la voz aterciopelada de su prima la lamió de una manera muy desagradable de arriba abajo. La slytherin se giró hacia ella y le regaló una mirada cínica cargada de resentimiento.

-Victoire.

-Supongo que nos veremos el día 24 en casa de la abuela Molly.

-Supones bien –se limitó a decir mientras conseguía zafarse de su agarre de un tirón.

-Ayer dimos un espectáculo lamentable. –Rose no dijo nada, simplemente la miró. –Espero que no vuelvas a repetirlo.

Sin esperar respuesta Victoire se alejó de ella directa a la mesa Gryffindor donde la esperaban su primo James y Teddy. La morena se quedó quieta donde estaba observando cómo Victoire se sentaba al lado de su novio y le daba un casto pero posesivo beso de buenos días, mientras no apartaba los ojos de ella. Cuando se separó, Teddy un poco desconcertado y con los estragos de lo que ella deducía era una resaca de mil pares de narices también la miró. Rose fue incapaz de descifrar lo que le decían aquellos ojos, pero haciendo acopio de un poco del enorme orgullo slytherin que había nacido y crecido dentro de ella con el paso de los años le sonrió e inclinó la cabeza a modo de saludo. Él movió lo labios, en silencio, tratando de decirle algo que ella ni se molestó en interpretar. Se dio media vuelta y se fue a reunirse con el resto de las serpientes.

Hécate le hizo señas para que se sentara junto a ella, pero la morena las declinó amablemente cuando se hizo la ciega y se fue directa al hueco libre que había al lado de Stella.

-¿Puedo sentarme? –le preguntó tímidamente.

Stella, por primera vez en aquella mañana, separó su mirada del plato y la dirigió directamente hacia ella. En aquellos ojos marrones, Rose no solo vio rencor como llevaba haciendo las últimas semanas, sino también cierto grado de desaprobación y la clase de irritación que le despertaba su mera presencia.

-Preferiría que no lo hicieras, la verdad –le contestó la serpiente.

-¿Vas a decirme de una puñetera vez lo que te pasa conmigo, Stella? Necesito hablar contigo de lo que me pasó ayer. Necesito hablar con mi amiga –rogó.

-Ya me han contado lo que pasó ayer y no creo que yo sea la indicada para ayudarte. No me apetece demasiado escuchar tus lamentos sobre cómo dejaste que la inútil de tu prima te humillara de esa manera.

Stella dejó los cubiertos a un lado sobre la mesa y se levantó del banco.

-¿Qué es lo que habrías hecho tú en mi lugar? –la voz de Rose dejó traslucir la desesperación y el cansancio que todo aquel tema le estaba produciendo. Como si no fueran suficientes las burlas que escuchaba a sus espaldas, ahora también su mejor amiga tenía que echarle en cara lo estúpida que había sido y lo débil que era.

-Le habría cruzado esa bonita cara que tiene y que tanto le gusta pavonear por ahí –agregó Stella desapasionadamente, como si aquella conversación no fuera nada trascendental.

-Es mi prima. Jamás podría hacerle eso.

-Aquí es una leona y tú una serpiente. Quizás cuando se te meta eso en la cabeza empieces a comprender un par de cosas más.

Zabini se giró para marcharse del comedor cuando la mano de Rose volvió a detenerla.

-¿Qué te he hecho yo para que estés así conmigo? ¿Eh, Stella? Dímelo para que pueda solucionarlo. Te necesito. Por favor…

Stella vaciló.

-Lo siento, pero no puedo.

La morena se soltó del agarre de Rose y se alejó de ella. La niña la vio marcharse y un nudo en su garganta y el poco orgullo que aún le quedaban le impidió gritarle que le esperara y salir corriendo en pos de ella. Aturdida, se giró al resto de los pocos compañeros de casa que aún seguían desayunando y se sentó al lado libre que había junto Hécate. La pelirroja la recibió con una enorme sonrisa deseosa y curiosa y la instó a servirse un par de tostadas mientras le rellenaba una copa con zumo de calabaza.

-No pongas esa cara, Rose. Hoy vuelves a casa y no tendrás que ver a toda esta gente en al menos dos semanas.

Rose se giró hacia ella y se preguntó si debería contarle que pasaría las vacaciones con las únicas personas a las que no tenía ganas de ver. La morena desvió un poco la vista hacia Emily y percibió el entendimiento que la rubia le mandaba. Decidiendo que aclararle las cosas a Hécate solo serviría para aumentar su curiosidad desmesurada y para dar pie a más rumores, optó por desviar el tema a un terreno más seguro.

-¿Habéis visto a Scorpius?

-¿A Malfoy? No. No desde ayer, ¿por qué?

Rose tragó el trozo de tostada que tenía en la boca y bebió un poco de zumo para ayudar a bajarlo.

-Necesito hablar unas cosas con él.

-Rose, ya hemos hablado antes de esto –le dijo Hécate con el tono de una madre compasiva deseosa por poder usar las famosa frase "Ya te lo dije" después de que a su hija le rompieran el corazón.

-No es nada de eso –respondió la morena automáticamente.

-Bueno, tú sabrás lo que haces.

Ninguna dijo nada más. Simplemente se limitaron a acabar sus desayunos lo antes posible. Aunque Rose no se dignó ni una sola vez a dirigir su mirada a la mesa de los leones pudo notar durante los quince minutos que tardó en devorar su comida, las miradas furtivas que le lanzaban desde la mesa gryffindor.

No le fue difícil imaginar de quién se trataba.

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A Rose no le costó demasiado encontrar un vagón vacío en el que asentarse hasta que llegara a Londres. Si había algo de beneficioso en ser la comidilla de toda la escuela, era todo el disimulo mal fingido y la falsa consideración de la que todos lo que chismorreaban sobre ti hacían gala. La mayoría de los alumnos de Hogwarts, los de su propia casa y los de la que no, huían de ella como de la peste solo para poder seguir destripándola en un sitio lo bastante lejos y seguro para que ni ella, ni ningún otro slytherin de su círculo interno pudiera oírlos.

Al fin y al cabo ella seguía siendo Rose Weasley, la serpiente más venenosa y peligrosa de todas cuantas pudiera haber en la madriguera. No es que su peligrosidad residiera en su altanería ni ese aire nobiliario y feroz que desprendían slytherins como Malfoy, Nott o Zabini, sino que a pesar de las pecas, sus piernas largas y ese gusto extraño por los jerseys caseros con sus iniciales bordados en ellos, ella seguía siendo una Granger. Lo que podía traducirse en una capacidad inusual por conocer embrujos bastante extraños y efectivos que aún no habían sido enseñados en clase y por un ansia natural de supervivencia y mala leche que se desataba inesperadamente a cualquier hora y lugar.

Algunas personas abrían la puerta del compartimiento y en cuanto veían quién había dentro soltaban una rápida disculpa y se iban rápidamente de allí. A Rose no le molestaba, al principio, pero cuando las disculpan empezaron a ir acompañadas de miradas de lástima se dio cuenta que aquello era más de lo que ella podía soportar.

La décima vez que alguien abrió la puerta decidió que ya había alcanzado su límite.

-¡Ocupado! –gritó, pero en cuanto se dio cuenta de quién se trataba el resto de palabras se quedaron congeladas en su garganta.

-Por fin te encuentro –Teddy cerró rápidamente la puerta, cerciorándose antes de que nadie le había visto entrar. –Te he estado buscando.

-Y yo he estado huyendo de ti. ¿Qué haces aquí?

El gryffindor se acercó a ella y se sentó a su lado. Cuando Rose encontró el valor necesario para devolverle la mirada, vio con cierta irritación que la lástima que llevaba recibiendo toda la mañana también estaba allí, en los ojos de la persona que había hecho posible aquella situación.

Algo dentro de ella estalló.

-Lárgate, Lupin. Lo único que me faltaba es que me vieran contigo aquí.

-Yo solo quería disculparme por lo de ayer. Creo que algo me sentó mal y…

-Sí, el whiskey de fuego fue lo que te sentó mal y yo pagué el pato –la morena retiró enérgicamente la mano cuando él intentó tocársela.

-Lo siento –repitió él.

-Eso debiste habértelo pensado antes de montar el numerito de anoche. ¿En qué demonios estabas pensando?

Él la miró fijamente.

-No lo sé –admitió. –Anoche, cuando te vi entrar en el Gran Comedor del brazo de Malfoy dejé de pensar racionalmente. Estabas tan hermosa y él te llevaba tan arrogante. Exhibiéndote como si fueras un trofeo. No pude soportarlo.

-¿Y por eso tenías que lapidar a mí y a mi vida social dentro de este colegio? ¿Sabes lo que van diciendo por ahí de mí? ¡Solo de mí! Esto ha sido cosa de los dos pero al parecer yo soy la única culpable de –Rose agudizó la voz, imitando al innumerable número de voces que lo habían estado repitiendo a lo largo de la mañana. –"seducir y atraer con malas artes al enamorado novio de Victoire Weasley". Esto es horrible, Teddy. ¿Qué se supone que debo hacer ahora?

La morena se derrumbó sobre el mullido asiento del tren y cerró los ojos, tratando de serenarse. Lupin dudó, pero al final se armó de valor, se aceró un poco más a ella y le dio un reconfortante apretón en las manos que la niña mantenía recogidas sobre su regazo.

-Pídeme lo que quieras, Rose. Y lo haré.

-¿Que lo harás? –ella abrió los ojos y aunque él presentía que volvería a alejarse en cuanto recobrara un poco la cordura, siguió ahí, sin moverse.

-Sí. Hablaré con Victoire y lo aclararé todo con ella. Le contaré la verdad y cómo fui yo quién inició todo esto. No sé, cuando volvamos a Hogwarts incluso podría tratar de hablar con la gente para que dejaran de murmurar cosas sobre ti. Haré cualquier cosa para que no te alejes de mí, Rose. Ya lo sabes.

En cuanto acabó de decir todo aquello, Teddy se lanzó hacia delante y besó cariñosamente la punta de la nariz pecosa de Rose. Tal y como había hecho tantas veces antes. Ella siguió allí, sin mover un solo músculo. Mirándolo fijamente a través de sus largas pestañas negras.

-¿Cualquier cosa? –repitió poniéndolo a prueba.

Él lo tomó como un avance positivo y asintió entusiasmado.

-Entonces no hagas nada –él pareció confundido. Ella se levantó y se soltó de su mano, para acto seguido dirigirse hacia la puerta. –Ya me las arreglaré yo para solucionar todo esto. Tú simplemente quédate al margen, lo único que harías interviniendo sería empeorar aún más las cosas. Conozco a mi prima y olvidará todo esto en seguida si sabe que se ha salido con la suya. Así que no le digas nada y sigue con ella como hasta ahora, por favor.

-No creo que pueda hacer eso –añadió él al comprender todo lo que ella le estaba diciendo.

-Dijiste que harías cualquier cosa por mí.

-Pero es que yo te quiero, Rose. –fue lo único que se le ocurrió.

-No, Teddy. Tú me deseas pero todo esto no es más que un sinsentido. ¿Un león y una serpiente? Tú acabarías envenenado y yo destrozada.

Rose salió del compartimiento cerrando la puerta a sus espaldas. Teddy no tuvo tiempo ni para asimilar ni para reaccionar a esa despedida amistosa que ella le había ofrecido.

La niña suspiró. Aquella había sido una de las cosas más difíciles que había hecho en su vida y por mucho que quisiera ignorarlo, sabía que algo dentro de ella se lamentaba y la odiaba por haber pronunciado aquellas palabras. Había un vacío, lo sabía. Uno que solo Teddy había sido capaz de llenar y ahora volvía a arrancárselo dejándola sola y perdida.

Una mano fría le acarició dulcemente la mejilla y ella se sobresaltó. Cuando sus ojos fueron capaces de enfocar la figura masculina que se erguía ante ella, un sentimiento de alivio la bañó. ¿Dónde demonios se había metido todo este tiempo? Llevaba toda la mañana buscándolo.

-He visto a Lupin entrando ahí dentro hace un momento –señaló la puerta cerrada tras Rose. -¿Estás bien?

La morena asintió.

-Bien. Vamos, tengo mis cosas en otro de los vagones.

Él le tendió la mano. Rose tardó un par de segundo en sopesar la situación y en pensar qué debía decirle a su amigo. Luego se adelantó y se agarró fuertemente a él, abrazándole por detrás de la cintura.

-¿Dónde demonios te habías metido? –demandó contra la curva de su cuello, erizando con su aliento los pelos de la nuca de Scorpius.

A él le costó más de lo que creía necesario contestar.

-Tenía algunas cosas que arreglar –dijo al fin. –No ha sido fácil convencer a mi madre de que no mandara a todo un ejército a tu casa para que rescatara a su querido pequeñín para navidad.

Ella se irguió sin soltarse de su abrazo. Scorpius era mucho más alto que ella, por lo que la niña tuvo que inclinarse hacia atrás y él bajar considerablemente el rostro para que pudieran hablar cara a cara.

-Lo siento –se disculpó ella por todos los problemas que su arranque infantil y egoísta le estaban suponiendo a su amigo.

-No te preocupes –él se separó de ella. Incómodo por primera vez desde que la conociera por tanta proximidad e intimidad entre ambos. Sin ser capaz de mantener la mirada fija en los ojos de ella añadió mientras la tomaba rudamente de la mano y la arrastraba a través de los vagones hasta llegar a donde él tenía sus cosas. –Ya pensaré en algo para que puedas recompensarle por las molestias.

Rose sonrió y aligeró el paso.

Aquella mano, aquella fuerza que la dirigía a través de los alumnos callándolos e intimidándolos simplemente con el poder de su mirada, aquel rubio que había aparecido como su ángel salvador cinco años atrás, era lo único a lo que necesitaba agarrarse para superar este bache que se había interpuesto en su camino.

Por eso y porque ahora mismo era lo único verdadero que le quedaba, ignoró deliberadamente el olor a perfume que desprendía su camisa.


¿Qué debe hacer Rose a partir de ahora? ¿Cómo demonios va a enfrentarse a toda su familia durante estas dos semanas? ¿Nochebuena y Fin de año? ¿Un Malfoy en casa de los Weasley?

La trama está más que servida.

Quien quiera un Teddy arrepentido y haciendo pucheritos o un Malfoy enfurecido y vengador solo tiene que darle al GO y dejar algún que otro review!

Besos