Todos los personajes son creados por Stephanie Meyer, los créditos de esta historia son todos para la autora Amethyst Jackson, la traductora de los capítulos del 1ro hasta el 26 es Ana Fluttersby. Yo traduje y edite del capítulo 27 hasta el 41, agradeciendo a las chicas de Elite fanfiction que tradujeron 38-39-40.

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Capítulo Nueve

La mañana del lunes me vio sonreír de anticipación. Había dejado a Bella en paz el resto del fin de semana, tratando de preservar cierta distancia entre nosotros, pero tenía todas las intenciones de seducirla hoy.

Biología pasó lentamente mientras esperaba a verla. Claro que biología siempre pasaba lenta. Hoy había una fascinante charla sobre el ADN... la única que realmente ponía atención, era la estudiante de pre-medicina sentada en primera fila.

Llegué muy temprano a sociología, antes que los estudiantes de la clase anterior salieran del salón. No podía evitarlo. Simplemente no tenía la paciencia de llenar mi tiempo con nada más.

Bella apareció veinte minutos antes de que la clase empezara, pero no pude invocar la voluntad de molestarla por ello... porque estaba usando una falda.

No sé por qué me excitó tanto. Blanca y bordada con pequeñas flores azules, la falda caía sobre sus rodillas, una cosita modesta e inocente. Tal vez era el conocimiento de que se había puesto esa falda para la clase de sociología después de haber escuchado mi fantasía de doblarla sobre el escritorio delantero...

Supongo que yo no era el único con planes de seducción hoy.

¿Qué habría debajo de la falda?, me pregunté. Observé más de cerca la tela. Con mi visión mejorada pude a penas discernir unas bragas azul claro. Inocentes calzoncitos, bajo su inocente faldita.

Maldición, era buena... y probablemente no tenía ni idea.

—Linda —sonreí, chequeándola abiertamente. La ajustada camisola abrazaba sus pechos agradablemente. Definitivamente que se venía conmigo después de esta clase, le gustara o no.

Se ruborizó y se apoyó en la pared contigua a mí y opuesta a la puerta del salón. —Viniste temprano.

—Tú también —señalé, sonriendo entre dientes. — ¿Esperando conseguir un buen asiento?

Bella se rió. —Sip, hay un chico lindo junto al que me quiero sentar y no quiero que las otras chicas lleguen primero a él.

—Qué raro —dije, despreocupadamente —. Hay una chica junto a la que esperaba sentarme —me incliné hacia ella y le dije al oído—, y hoy lleva puesta una falda que me hace querer rasgarle las bragas y cogérmela hasta que pierda el sentido.

Bella se estremeció y un acalorado rubor se esparció hasta su cuello y su pecho. Me sonreí, satisfecho de un trabajo bien hecho.

—Va a ser imposible sentarme durante toda esta clase, ahora.

Sonreí, percibiendo una entrada. Había planeado convencerla de faltar a las clases que tenía después de ésta, pero realmente bien podría faltar a ésta, también...

— ¿Por qué no faltamos a clases? —sugerí, quedándome cerca, con la esperanza de tentarla con mi proximidad.

—No vale la pena —Bella dijo, sacudiendo su cabeza—. Tengo álgebra justo después de ésta...

—Falta a esa, también —la insté.

— ¡De ningún modo! Esa clase es lo suficientemente difícil para mí cuando de hecho voy —Bella dijo, sacudiendo vehementemente su cabeza.

—Te ayudaré a ponerte al día —la engatusé—. Vamos, Bella, vive un poco.

Suspiró, mirándome con ojos suplicantes. —Por favor, Edward, sabes lo difícil que es para mí decirte que no.

Me reí. —Bella, decir cosas como esa sólo me alienta. ¿Por favor, Bella?, ¿cuándo más podremos pasar tiempo juntos esta semana?

Su mirada se suavizó y supe que estaba convencida. —Está bien. Pero me tienes que ayudar con Álgebra.

—Trato hecho —acordé, agarrando su mano—. Vamos, salgamos de aquí.

Quería montarla en mi hombro y correr con ella hacia el carro, pero ya que esa era una idea enteramente estúpida, aplasté el impulso y la llevé de la mano. Capté su sonrisa con el rabillo del ojo, y supe que a pesar de su renuencia inicial, estaba emocionada por esto, también.

La metí en mi carro, consciente de que probablemente parecía que la estaba secuestrando al hacer eso, y me apresuré al lado del conductor. Justo cuando daba vuelta a la llave en la ignición, escuché un triste gorjeo desde el estómago de Bella.

— ¿Tienes hambre? —pregunté, divertido.

Se sonrojó y encogió sus hombros. Siempre tengo hambre a esta hora del día.

—Entonces, te llevaré a almorzar —decidí, ya acelerando hacia la calle principal de la ciudad donde se encontraban todos los restaurantes y cafés.

—No, no tienes que hacer eso —protestó rápidamente—. Nunca puedo comer, sino hasta más tarde, de todos modos. Estoy acostumbrada.

La ignoré. —Voy a alimentarte, Bella, porque vas a necesitar tu energía cuando estemos solos. Además —continué, muy consciente de la forma en que capturaba su labio con sus dientes en anticipación—, ¿cuál es el punto de faltar a clases si no lo haces bien?

—Okay —consintió.

—Y yo pago —dije, antes de que intentara evitarlo.

—Pero...

—Sin peros —insistí—. Yo te invité. Yo pago.

Volví a ver a Bella y noté su expresión dividida. Quería discutir más el asunto. —Bella, por favor. Tengo más dinero del que necesito y tú, no. La lógica dictaría que yo sea quien pague por el almuerzo.

—Soy una mujer adulta, Edward. Mis finanzas no son tu responsabilidad —dijo, frunciendo la frente.

— ¿Me dejas, tan sólo, que cuide de ti? —suspiré, a la vez que me parqueaba rápidamente con un sólo movimiento que sobresaltó a Bella.

— Es sólo que no entiendo por qué quieres hacerlo —admitió, después que yo apagara el motor.

Me moví en el asiento para estar frente a ella. ¿Cómo responder a eso? ¿Inventando alguna mierda sobre las relaciones? Eh, a lo mejor y me convenía ser honesto. Si se daba cuenta de mis motivaciones, entonces, al final, mejor para ella.

— Soy una criatura egoísta, Bella. No me sirves hambrienta o incapaz de pagar las cuentas, si a eso vamos. Te quiero cerca y haré lo que sea necesario para mantenerte cerca.

La sonrisa de Bella lentamente se amplió y supe que ella aún no entendía. Ella veía sentimientos donde sólo había conveniencia. Oh, podría admitir que estaba encariñado con ella... pero era como el aprecio que uno tiene por un buen libro. Disfrutaba de explorar su mundo, desenredar sus secretos, pero eventualmente el libro terminaría y satisfecho, la pondría de regreso en el estante.

Pero, ¿qué importaba si entendía o no? Mi respuesta claramente la complació, así que debería estar contento con eso.

Bella miró fuera de la ventana para ver dónde estábamos. —Amo este lugar. ¿Cómo supiste?

—Por suerte —respondí, con honestidad. Sabía de cada cafetería en la ciudad por los pensamientos desperdigados que escuchaba, y éste estaba supuesto a ser casual y barato sin sacrificar la calidad. La tranquilizaría un poco saber que no estaba gastando mucho en su comida.

En este café uno debía buscar su propia mesa y escogí un sitio íntimo en la esquina del fondo para nosotros. Bella tomó asiento y me lanzó una sonrisa antes de revisar el menú. Miré uno, también, para tener algo en qué ocuparme. Dado que la comida humana me interesaba muy poco, no pasó mucho antes de que me aburriera del menú y lo pusiera a un lado.

Bella se decidió poco después y un mesero, que había estado observándonos, se acercó de inmediato. Tenía sus ojos en Bella, pero afortunadamente para él —era un tipo espinilludo y nerdo— parecía comprender que ella estaba fuera de su alcance.

— ¿Qué puedo traerle? —le preguntó a Bella. Ella pidió un té frío y una suerte de envuelto de pollo, ese era un concepto que yo no entendía. El "envuelto", hasta donde pude ver, no era más que un sándwich glorificado, que era, en general, más caro y más pequeño. Los humanos eran tan extraños a veces. Ningún otro animal sentía la necesidad de aliñar su comida para hacerla, de esa manera, adoptar formas estéticamente más agradables

El mesero se volteó renuentemente hacia mí, y yo lo despaché con un movimiento de mi mano. —Nada para mí.

Bella entornó los ojos. — ¿No vas a comer?

—No tengo hambre —le dije.

—Pero no tomas desayuno... no deberías saltarte el almuerzo, también —protestó. — ¿No eres anoréxico, verdad?

Me reí. — ¿Te parezco anoréxico?

—No...

Los ojos de Bella deambularon por mis brazos y hombros, y no pude evitar sentirme un poco creído con su apreciación de mi cuerpo.

Bella sacudió la cabeza y se re-enfocó. —Si no vas a comer, entonces no deberías pagar por mí... eso es ridículo...

¿Por qué tendría que ponerse tan difícil con estas cosas? Realmente, esto se estaba volviendo mucho esfuerzo sólo para asegurarme de que su estómago no estuviera rugiendo mientras me la cogía.

—Yo no como mucho, Bella. Sólo déjame invitarte a almorzar, ¿está bien? ¿No es eso lo que los novios hacen? —Casi me río, al llamarme su 'novio'. Estaba lejos de ser un chico, pero ciertamente yo no era su amigo.

— Esta bien —cedió, sacudiendo la cabeza—. Pero no hagamos un hábito de esto.

Yo sólo me reí.

Después de que Bella comiera, la llevé directo a mi apartamento. La falda era demasiado tentadora para ser ignorada por más tiempo. Frustrantemente, Bella no parecía sentir la urgencia. Ciertamente se tomó su tiempo en las gradas a mi apartamento y cuando desenllavé la puerta para ella, entró tranquilamente como si sólo viniera a pedir prestada una taza de azúcar.

Yo no tenía ni un poco de azúcar, maldición. Ella debía saber por qué estábamos aquí.

Después de cerrar la puerta, se volteó hacia mí con una sonrisa relajada. — ¿Qué querías hacer?

¿Qué creía ella que quería hacer, jugar damas? Entorné los ojos y la rondé, acercándome a ella. —Creo haberte dicho temprano lo que quería.

— ¿Lo hiciste? —parecía genuinamente confundida. Suprimí la necesidad de voltear mis ojos y caminé en círculos tras ella.

—Sí, Bella. ¿No recuerdas? Tenía que ver con tu falda.

Se tensó toda y supe que se acordaba. Sonreí ampliamente al oler el fresco flujo de su deseo.

Presionándome contra su espalda, la guié al mueble más conveniente y más cercano, el piano. —Agáchate —la instruí, una vez que sus caderas hubieron golpeado el borde del instrumento. Me obedeció ciegamente y mi lado animal se excitó al verla tan completamente a mi merced.

Bella extendió su torso contra el instrumento, estremeciéndose por la frialdad de la madera y el aroma de su excitación aumentó. Oh, un día, ella sería mi muerte.

Con excitación a penas reprimida, subí su falda y eché un buen vistazo a su pequeño y lindo trasero, con sus pequeños, lindos y celestes calzones... con un parche de humedad en la entrepierna. Gruñí y no perdí tiempo en jalarle el trozo de tela hasta los pies, y luego no pude resistir dejarme caer de rodillas e inclinarme para saborearla.

Bella soltó un alto quejido cuando mi lengua tocó sus pliegues. Me incitó a continuar y lamí salvajemente su escurridiza humedad, rozando su clítoris con cada pasada. Después de menos de un minuto de este tratamiento, sus piernas estaban temblando. No quería dejar de saborearla, pero quería que estuviera de pie cuando la tomara, así que me retiré. Ella gimió en protesta.

—Paciencia —murmuré, desabrochando rápidamente mi faja y bajándome el zipper de los jeans. Mis pantalones y mis boxers cayeron hasta mis rodillas y la penetré rápidamente.

Su ahogado grito de sorpresa ante la inesperada penetración se perdió al tiempo en que establecía un rápido ritmo. Se sentía tan estrecha en esta posición; casi era insoportable. No iba a durar mucho, para nada, y ¡joder!, ella ya estaba terminando. Sus músculos se apretaron con fuerza en torno a mí e indefenso por la sensación, me perdí. Me enterré lo más profundo que pude dentro de ella y terminé, potentemente.

Bella se estremeció y suspiró cuando me salí de ella. —Si así vas a reaccionar —balbuceó, cansada—, me pondré una falda todos los días.

—Oh, por favor, hazlo —concordé, recolectando su cuerpo y levantándola en mis brazos. La cargué hasta la habitación.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó, un tanto alarmada.

—No terminé de saborearte —expliqué, mientras la ponía sobre la cama. Sus ojos se abrieron de par en par y me reí entre dientes. Oh, cómo me encantaba provocar a esta chica.

Quería mantener a Bella en la cama toda la tarde, pero me hizo cumplir mi promesa de ayudarla con álgebra. No fue tan terrible. Era divertida cuando estaba confundida.

Después de eso, debía llevarla a su casa. Necesitaba cenar —y se negó, de antemano, a dejarme alimentarla de nuevo, lo cual estaba bien, porque no pensaba que creyera que aún no tenía hambre— y luego debía alistarse para el trabajo. Estaba tentado a cumplir con mi promesa e ir a visitarla, pero decidí contenerme. Yo no iba a seguirla a su trabajo cada noche como su perrito faldero.

De algún modo, pasé el resto de la noche sin darme por vencido e ir en busca de Bella. Sólo que pasaba tan aburrido estos días cuando ella no estaba cerca. Era muy frustrante.

El martes, entre clases, recorrí el campus, esperando captar el rastro de su aroma, para "encontrármela" por casualidad y quizá robar más de su tiempo.

Alrededor de las diez de la noche, había decidido buscar a Bella. No lo soportaba más. Ya debería haber terminado en su trabajo; la cafetería cerraba a las 9:00, pues no tenía suficiente demanda de la población estudiantil para mantenerse abierta más tarde. Los estudiantes que necesitaran cafeína más tarde, se veían forzados a ir al mini-súper del pueblo, que abría las 24 horas.

Cuando llegué a su puerta, pude darme cuenta de que ella no estaba ahí, pero su compañera de habitación sí, y sus pensamientos aún no se volvían discontinuos por los sueños. Golpeé ligeramente.

¿Quién podrá ser a esta hora? —Ángela se preguntó mientras caminaba hacia la puerta. Estaba sorprendida de verme ahí.

—Hola, Edward. Bella no está aquí.

—Oh... —Monté un espectáculo de decepción—. ¿Sabes dónde está? Esperaba verla esta noche.

—Sí, está en la biblioteca, trabajando en sus tareas. Le gusta esconderse al fondo —me dijo amablemente. Ella pensaba que yo le convenía a Bella. Qué irónico.

—Gracias, Ángela —sonreí. Me despidió agitando su mano y me dirigí a la biblioteca.

Se me ocurrió, mientras conducía hacia la biblioteca, que esto sería mucho más fácil si Bella simplemente tuviera un teléfono celular. Así sólo la llamaría para saber dónde estaba, en lugar de andarla persiguiendo por todo el campus. Desde luego, eso requería que yo obtuviera un celular, también... jamás había necesitado uno antes.

Habiendo resuelto hacer mañana la compra para ambos, me parqueé fuera de la biblioteca. Seguí el aroma de Bella directamente hacia el fondo, justo como Ángela había dicho.

Y estaba profundamente dormida. Tendida sobre sus libros, una de las páginas estaba arrugada bajo su mejilla. Murmuró algo sobre café con leche, sin grasa y sin azúcar.

Podía admitirlo, sentía lástima por ella. Estaba claramente exhausta y a juzgar por la cantidad de libros y papeles esparcidos a través de la mesa que ocupaba, estaba demasiado sobrecargada de trabajo.

Suspiré y me agaché junto a ella para sacudirla con cuidado y despertarla. Bella saltó y se incorporó, sentándose recta en su asiento antes de que sus adormilados ojos se enfocaran en mí.

— ¿Edward?, ¿qué estás haciendo en mi habitación?

Me reí. —Bella, no estamos en tu habitación. Estamos en la biblioteca. Y en cuanto a por qué estoy aquí, vive a buscarte y te encontré desmayada sobre tu tarea. Pensé que era mejor despertarte, ya que creo que no disfrutarías de despertar en la biblioteca en la mañana.

—Sí, eso sería vergonzoso —Bella concordó, aunque su rubor sugería que ya estaba avergonzada tal y cual estaban las cosas.

—No hay razón para avergonzarse —le dije—. Si estás cansada, estás cansada.

Suspiró con tristeza. —Hacer café es un trabajo más difícil de lo que pensé que sería.

Me reí entre dientes. —Sí, hueles un poco a café, también—. Eso era una mentira; apestaba a café. Desde luego, no sería muy obvio para un humano.

Bella hizo una mueca. —Grandioso.

—Al menos no hueles a papas fritas —señalé.

—Detallitos —Bella masculló. Me reí de nuevo.

— ¿Por qué no te ayudo con todo esto? Tal vez termines más rápido. Y si no, al menos puedo mantenerte despierta.

Bella sonrió suavemente. —No tienes que hacer eso, Edward. Estoy segura de que tienes algo mejor que hacer que estar en la biblioteca conmigo.

Me encogí de hombros. —Yo vine a buscarte a ti, ¿no? El lugar no hace mayor diferencia.

Sonrió de nuevo. —Bueno, me encantaría la compañía, si deseas quedarte. Pero, estoy trabajando en un ensayo para literatura, así que no creo que me puedas ayudar mucho.

—Hmm—. Miré alrededor, notando que la mayoría de los libros eran sobre crítica literaria. — ¿Por qué no me dices tú tesis? Puedo ayudarte a investigar.

—De acuerdo —acepto, con una gran sonrisa, feliz de hablar sobre su materia favorita, estoy seguro.

Resultó que Bella estaba escribiendo sobre la crítica social a la poesía modernista. Era un tema bastante interesante, y como no estaba familiarizado con el Modernismo Americano, no me importaba investigar. Disfrutaba de obtener nueva información cuando se presentaba la oportunidad.

Trabajamos en silencio por un par de horas. Le señalaba pasajes importantes y ella trabajaba en crear un concienzudo bosquejo de su ensayo. Finalmente, cuando las campanas del campus dieron las doce, Bella se recostó en la silla y se desperezó.

—Pienso que es suficiente por esta noche. No deberá tomarme mucho redactar el resto mañana.

La ayudé a devolver los libros al lugar al que pertenecían. — ¿Te gustaría que te llevara a tu dormitorio? —ofrecí, mientras empacaba sus cosas.

Se mordió el labio y me miró tímidamente. —Um, ¿te importaría si... si tal vez... me quedo contigo esta noche?

Me sorprendió que reuniera el valor para preguntarme. ¿Quería que se quedara esta noche? Seguramente se dormiría tan pronto como tocara la cama, así que obviamente no haría lo que quería con ella esta noche. No obstante, si se quedaba a pasar la noche, significaría que estaría en la mañana y que quizá habría tiempo entonces...

—Seguro. Aunque me da curiosidad saber por qué quieres, ¿no será más difícil para ti en la mañana?

Frunció el ceño. —Supongo que será problemático para ti, también, llevarme de regreso en la mañana...

Me encogí de hombros. —No me importa—. No si iba a haber sexo en la ducha. —Como dije, sólo era curiosidad.

Se mordió el labio. —Sólo... quiero estar cerca de ti. Aunque esté dormida.

¿Qué podía decir a eso? Tomé su mochila en lugar de responder y gesticulé para que guiara el camino fuera de la biblioteca.

Ahora ya estaba suficientemente familiarizada con mi carro para distinguirlo y dirigirse a él sin que se lo señalara. Caminé detrás de ella, disfrutando el vaivén de sus caderas.

El camino fue silencioso. Cada vez que volvía a ver a Bella, sus ojos estaban pesados. Definitivamente no estaría consciente mucho tiempo. Sin embargo, estaba suficientemente despierta para subir las gradas y llegar a mi cuarto.

— ¿Me prestas una camisa para dormir?" preguntó, señalando mi vestidor. Se dirigió hacia él en calcetines y pescó una camiseta suave. La observé subrepticiamente mientras se cambiaba y me deshice de mi ropa, también. Fue un placer especial mirarla quitarse el brasier; qué lástima que estuviera tan cansada.

Bella eventualmente se metió a la cama vistiendo únicamente mi camiseta y sus calzones. La deseaba desesperadamente, pero presentía que ni el mejor sexo del mundo la mantendría despierta en este momento.

—Ven a la cama conmigo —dijo, somnolienta, dando palmaditas al espacio junto a ella. Consentí. Supuse que sería un tanto extraño negarme a ir a la cama con ella cuando ya era pasada la media noche. Podría levantarme nuevamente cuando se durmiera.

De modo que me deslicé bajo las sábanas junto a ella, y de inmediato se acurrucó a mi lado. Mmm, tibieza.

Se durmió rápidamente, pero permanecí donde estaba por un tiempo, relajándome bajo su calor, escuchando los sonidos de su suave respiración y el latido de su corazón.

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