¡Hola! Este capítulo tiene un guiño a una conocida peli de ciencia ficción. A ver si sois capaces de encontrarlo, jeje. Además, hay una escena en particular que me ha costado escribir ya que es algo complicada. He intentado hacerla lo más simple posible. ¡Espero que se entienda!
Muchas gracias por parar aquí.
Besos
- P.D: Todos los personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia.
"A través"
[…Todo sucedió muy deprisa…]
Pasó casi una hora y Lyna se había quedado algo traspuesta. Abrió los ojos con preocupación mirando a su alrededor pensando que ya sería de noche, pero aún había luz del día. Poca, porque era un día muy nublado, pero aún había suficiente claridad – "Aún quedan varias horas de luz pero sigue lloviendo, aunque con menos intensidad parece…"-pensó Lyna mientras miraba por la única ventana de la cabaña. Desviando su mirada hacia Fenarel, vio que él estaba aún con los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta. Su cabeza estaba inclinada hacia su torso y los brazos cruzados entre sí delante, intentando mantenerse sentado en esa postura en la silla sin resbalarse. Todavía estaba dormido. Se le quedó mirando un rato, pensando en todo lo que habían vivido desde el día anterior de dejar el campamento.
"Demasiadas cosas… y pocas buenas." – pensó tristemente Lyna. Cada vez que su mente volaba hacia la noche anterior, veía una y otra vez las caras de los bandidos mirándola, riéndose con esa sonrisa torcida y manchada. Veía al elfo Sorven encima de su cuerpo, tocándola fuertemente, intentando violarla. Veía a la sanguijuela de Bran tocarse, oía sus amenazas y revivía los gritos de Fenarel. La angustia y la rabia que sintió era algo que iba a marcarla de por vida. Pero lo que iba a manchar su alma por siempre era la forma en que ella había acabado con la vida de esos hombres. Sin piedad, sin duda, sin dolor ni miedo. Fría y calculadamente. Es como si en ese momento, después de sentir que su corazón se inundaba en angustia y rabia, su cuerpo se hubiera vaciado de todo sentimiento y miedo. Su mente iba veloz como un rayo y no dudaba. Esa noche tan terrible confirmó que ella ya no era ella. Ella era otro ser, otra criatura diferente a aquella niña que entrenaba con su maestro y que estaba repleta de ilusiones y ganas por probarse a sí misma. Diferente a esa pequeña que soñaba con ver mundo y ser la mejor de su clan para orgullo de sus seres queridos. Ahora ella se sentía como un monstruo más. Un monstruo cruel, calculador, que creaba estrategias de forma instintiva para eliminar un obstáculo y que le daba igual que fueran personas; ella nunca –jamás- perdía.
Era la primera vez que se había tomado el tiempo para pensar más profundamente en lo que sucedió y no pudo aguantar las ganas de llorar. Tapándose la cara con las manos, comenzó a sollozar despacio y silenciosamente. No quería que Fenarel se diera cuenta de que todo le estaba pesando demasiado; ella tenía que ser la fuerte, tenía que demostrar que era sólida como una roca y que nada le afectaba, aunque, de puertas para dentro, ella era igual de vulnerable que aquella pequeña niña solitaria que una vez fue.
Así estuvo varios minutos, intentando desahogarse, intentando soltar todo rastro de dolor, decepción y tristeza. Quería quitarse la horrible sensación de odio y asco a sí misma por haberle quitado la vida tan fríamente a cuatro personas. "¿Tendrían familia?... ¿Hijos?...Oh dioses…. debería haberles dado una oportunidad. Debería haberles amenazado…" – la mente de Lyna no dejaba de torturarla y cuando lograba calmar sus lágrimas, volvía a recordar lo sucedido y otra vez vuelta a empezar. Un pequeño gemido la sacó de su ensimismamiento – "Ngh…no…corre…nghhh…no…" – Lyna miraba a Fenarel debatirse en sueños. Dejando de lado sus propios pensamientos, se levantó y fue hacia él. Cuando llegó, levantó una mano para acariciar su antebrazo y dijo suavemente- "Lethallin… despierta" – "Nnnggh….vhenan….no…suelta-suéltala….¡Nooooo!" –
*Crack* *Thuddd*
"¡Aaargghhhh!" – gritó Fenarel al caer al suelo clavándose partes de la silla rota en su espalda.
"¡Fen!" – Lyna se agachó deprisa alcanzando los brazos de Fenarel e intentando incorporarle antes de que se clavase alguna astilla más en la espalda.
"Maldita silla. Sabía que no debía sentarme aquí…" –refunfuñó Fenarel mientras se sentaba en el suelo al tiempo que hacía una mueca de dolor.
Lyna se agachó y mientras aún le sujetaba los brazos, le preguntó – "Fen, ¿Estás bien?"
"Si tener una pierna destrozada, el culo mojado aún y la espalda llena de astillas es estar bien, entonces estoy fantásticamente bien. Muy amable por preguntar." – replicó sarcásticamente Fenarel mientras fruncía el ceño.
Lyna no pudo evitar una sonrisa y sin quitarle los ojos de encima, comenzó a reírse descontroladamente. Todo le parecía tan absurdo. Estaba llorando de nuevo pero esta vez de la risa. Al comienzo, Fenarel quitó bruscamente sus brazos de las manos de Lyna pero al verla reírse así sin reservas, comenzó a reírse también y ambos terminaron sujetándose la barriga mientras la risa remitía lentamente.
"Ayyy Fen… por eso me gustas tanto. Sólo tú me haces reír así…" –dijo Lyna aun sujetándose la barriga e intentando controlar su risa.
"Está bien saber que su majestad ha disfrutado del espectáculo ¿Quiere su merced que, la próxima vez, la entretenga disfrazado de Halla?" – contestó Fenarel mientras sonreía levantando una ceja y simulaba una reverencia.
"Oh Fen, ¡pagaría por verlo!" – Lyna seguía riéndose pero al cabo de unos segundos, logró calmarse y continuar – "Bueno, déjame ver qué tienes en la espalda. Al menos ya no puedes caer más bajo…nunca mejor dicho" – dijo en tono de broma mientras se desplazaba hacia la espalda de Fenarel –
"Ja-Ja muy graciosa…" – replicó Fenarel mientras hacía una mueca de burla-"¡Ouch!, cuidado…"
"Lo siento Fen, pero tienes algunas astillas profundas. Te dolerá, pero nada del otro mundo. Sé fuerte… por una vez, quejica"- *Zas*-
"¡Ouuuuch! ¡Lyna! Eres más bruta que un Golem ¿Seguro que no te han tallado los enanos? Hasta tienes las mismas dimensiones" – *zas* "¡Ayyyyy! Esa ha dolido" –
"Quizá si no hablases tonterías, te las quitaría con más cuidado…pero como soy un Golem…parece que no soy capaz…" – el tono sarcástico de Lyna indicaba que se estaba divirtiendo especialmente.
"¡Uh, está bien!... Lyna, eres tan grácil como… como…. "-
"¿Sí?"-
"…Como… un Halla…."- dijo Fenarel, e hizo una pausa para continuar – "Un Halla de 20 metros con pezuñas de Golem" - *Zasss* - "¡Auuuuuuu!... Dioses…. Eres una mujer malvada…" – dijo Fenarel mientras apretaba los ojos en señal de dolor y enseñaba los dientes.
"Jajaja, Fenarel… yo sólo soy un Halla con pezuñas de Golem, ¿Recuerdas?... no tengo culpa" – contestó Lyna entre pequeñas risas.
Después de haber quitado todas las astillas, alcanzó en su mochila un trapo untado con poción de raíz élfica y frotó fuertemente la espalda de Fenarel, no sin sacar antes unas cuantas quejas de la boca de su amigo.
"Listo. ¿Te ayudo a levantarte? ¿O tienes miedo de que esta Golem se tropiece y caiga inexorablemente encima de ti?"- bromeó Lyna mientras se levantaba y le ofrecía una mano.
"Bueno, es una ventaja. Así no tengo que padecerte más" –contestó Fenarel mientras aceptaba la mano de Lyna y empezaba a hacer esfuerzo para levantarse.
Fenarel intentó incorporarse, pero su pierna todavía le dolía demasiado y el suelo estaba aún mojado, así que sin poder evitarlo, su pierna sana resbaló justo al apoyarse y se llevó a Lyna consigo, cayendo los dos fuertemente al suelo. – "¡Dioses!"- refunfuñó Fenarel mientras Lyna se caía encima de él. Después de recuperar el aliento, los ojos de Fenarel se enfocaron en la cara de Lyna que yacía a pocos centímetros de la de él. Ella estaba riéndose y él sentía su dulce aliento en su cara con cada carcajada que ella soltaba. Su cuerpo se agitaba con la risa y, al no tener armadura ninguno de los dos, sus cuerpos estaban más juntos que nunca, tan sólo unas pequeñas capas de fina tela separando ambas pieles. Mirándola fijamente y con una media sonrisa, Fenarel dijo – "Mujer, creo que tu intención es matarme…" – Lyna le miró y volvió a reírse – "¡Oh Lethallin! Lo siento"- no paraba de reírse y él la miraba con ternura. Hacía tiempo que no veía a Lyna reírse de esta forma, así que sólo se le quedó mirando. Sin darse cuenta, sus manos sujetaron fuertemente las caderas de Lyna, hasta que una de ellas se alojó en la espalda baja, mientras sus dedos buscaban el calor que su piel emanaba por debajo de la camisa. Sentir ese calor en su mano, le hizo darse cuenta finalmente del atrevimiento y abrió más los ojos cuando Lyna paró de reír y se le quedó mirando fijamente, con una expresión de miedo y duda. Sin embargo, él no quitó su mano y su respiración comenzó a agitarse. La pierna de dolía, pero ahora mismo él sólo sentía esa corriente de deseo, cubriéndole su cuerpo de pies a cabeza.
Fenarel era presa de esos ojos verdes, de la forma en que su pelo rubio tenía de recordarle lo suave, largo y brillante que era y lo maravillosamente bien que bordeaba su delicado pero definido cuerpo. Los labios rojos rubí de Lyna, su mirada brillante y nerviosa, su mano en su pecho y el calor de su cuerpo, despertaron nuevamente deseos en él. Inclinó su cabeza ligeramente hacia abajo, para disminuir el espacio entre los dos y la miró más intensamente con los ojos entrecerrados; como si estuviera esperando un desenlace inevitable. La mano que tenía alojada en la espalda de Lyna, comenzó a moverse, acariciando tímidamente su columna. La otra que conservaba en las caderas, la levantó y la usó para alejar de la cara de Lyna un mechón de pelo y así despejar los ojos y labios de esos hilos de oro, cubriendo después su mejilla con ella en una caricia. "…Me quitas el aliento…" – susurró Fenarel mientras observaba con hambre los labios de Lyna. Lyna abrió más los ojos y subió ligeramente las cejas, en señal de sorpresa. Su labio inferior comenzó a temblar, como si estuviera intentando decir algo pero ningún sonido salía de su garganta.
Lyna se le quedó mirando fijamente, sintiendo que su cuerpo comenzaba a temblar de nervios y deseo. No pudo evitar sentir miedo; miedo por tener a Fenarel tan cerca y no poder controlarse. Ella no quería arrepentirse de nada después y esta era otra situación en la que tendría que controlarse demasiado para no dejar sus ganas fluir libremente y estropear, posteriormente, la amistad con él. Ella primero debía sincerarse, aclarar sus sentimiento y ahora no era el momento, pero Fenarel se lo estaba poniendo tan complicado. Lyna se perdió un instante en la mirada de él, tan intensa, tan ardiente. En sus labios húmedos, en su cuerpo caliente pegado al de ella. En la mano áspera pero fuerte acariciando su columna. Sentía como si un rayo hubiera atravesado su cuerpo y estuviera aún enviando chispas a todos sus órganos. Tenía tantas ganas de besarle, de sentirle dentro de ella que en cuestión de unos pocos segundos, su vientre comenzó a responder enviando oleadas de calor y humedad que la incomodaron – "…Esto es patético….."-pensó Lyna con incomodidad. No sabía qué decir, ni cómo, así que sólo dijo – "Fen… Eso es…" - ¿Qué se podía decir en estos casos? En casos cuando los dos cuerpos piden a gritos un mayor acercamiento, cuando las miradas hablan a voces y donde la piel arde.
Fenarel al verla tan incómoda, frenó sus impulsos y con una sonrisa, dijo tranquilamente – "…No puedo respirar, porque pesas como un Golem, lethallan. ¿Demasiada mermelada de bayas para desayunar?" – y quitó ambas manos de Lyna, en un gran esfuerzo por control. A pesar de que su cuerpo le traicionaba y sentía una fuerte presión en sus ingles, pudo evitar los impulsos de su cuerpo.
Ante ese comentario, Lyna sonrió y levantando parte del torso mientras seguía encima de él, dijo sarcásticamente – "Yo habré comido demasiada mermelada de bayas, pero tú has comido demasiadas galletas, pues parece que en vez de caerme encima de un cazador, me hubiera caído encima de un *snoufleur embarazado" – y diciendo esto, movió la mano que tenía en el pecho de Fenarel, hacia abajo, haciéndole cosquillas en el abdomen. Lyna sabía que Fenarel tenía el torso fuerte y firme, pero tenía que devolverle la broma de alguna forma.
Ante la broma de Lyna, Fenarel no pudo evitar reírse y cuando vio que le hacía cosquillas, su impulso fue lanzarla hacia un lado, cosa que hizo. Lyna le regaló un gruñido y un "Hey", pero al poco tiempo estaba ya incorporada y ofreciéndole de nuevo la mano.
"Venga lethallin, a este paso hacemos noche aquí tres días" – Y se agachó ligeramente abriendo las piernas para coger impulso y levantar a Fenarel de un rápido y fuerte movimiento. Fenarel no estaba preparado para tal esfuerzo, pero se equilibró fácilmente esta vez, no sin hacer su respectiva mueca de dolor y su pequeño gruñido.
"Vistámonos y marchémonos ya. Aún quedan horas de viaje y vamos a ir más lento de lo normal" – dio Lyna mientras recogía las cosas.
"Estupendo majestad Golem" – replicó Fenarel en tono divertido mientras saltaba en una pierna y recogía su armadura del suelo.
Lyna le miró de reojo con una sonrisa y siguió recogiendo. Se puso rápidamente la armadura y apagó el fuego. Cuando hubo terminado dijo – "¿En marcha caballero snoufleur?" – Lyna aprovechó para reírse suavemente mientras acomodaba su trenza en la espalda.
"Sé mi guía. Aunque con esas dimensiones será fácil seguirte" – replicó Fenarel entre risas. Lyna le sacó la lengua y se aventuró primero a salir de la cabaña. Afuera estaba aún lloviendo pero era lluvia más fina aunque persistente.
Se pusieron en marcha. Lyna de vez en cuando tenía que pararse para atender a Fenarel de su herida en la pierna que sangraba de vez en cuando. En un par de ocasiones tuvo que volver a levantar a Fenarel del suelo porque éste se había caído por culpa de una piedra, el barro o porque la pierna buena le fallaba del esfuerzo.
Al cabo de unas cuantas horas, comenzó a caer la noche sobre el bosque. Lyna quería continuar un poco más pues habían perdido mucho tiempo en la cabaña, pero se dio cuenta de que Fenarel estaba ya muy cansado. Así que continuó durante unos minutos más hasta que encontró un buen lugar donde acampar.
Pararon en una especie de elevación de piedra que era realmente grande. Era muy extraño ver en mitad del bosque una elevación de roca así, pero aprovecharon esa localización para montar el campamento sobre roca en vez de sobre barro. A pesar de que seguía lloviendo y habiendo truenos, el propio terreno hacía que el agua resbalase hacia los bordes, alejando así el agua de las tiendas. "Qué suerte"- pensó optimista Lyna. Antes de encender la hoguera, tenía que tejer unas ramas entre sí para cubrirla del agua. Mientras, Fenarel esperaba de pie apoyado en un árbol, respirando fuertemente. Cuando Lyna terminó de tejer la cobertura, la ancló en una hendidura de la roca y lo fortificó con piedras a su alrededor preparando así un pequeño techo para la hoguera. No sin esfuerzo, logró prender la hoguera y ya con la luz, pudo montar las tiendas. Cuando terminó, dijo – "Fen, métete en tu tienda. Yo te llevo la cena allí, ¿de acuerdo?" – "Sí, ma serannas, Lyna. Te lo agradezco" - Fenarel se sentía agotadísimo, así que no perdió ni un instante y se dirigió pegando saltos a su tienda. Una vez dentro, se quitó con cierto esfuerzo las botas y hombreras y se tomó dos viales que Lyna le había preparado para la herida. Aprovechó para echarse un cataplasma de raíz élfica en la herida y se recostó mientras esperaba a que Lyna le trajese la cena. Su mente se perdía de vez en cuando en recuerdos del tacto de la piel de Lyna, su aliento, su calor – "Sin duda quiere matarme" –susurró Fenarel al tiempo que soltaba un suspiro.
"Tsk, Tsk…Qué mal piensas de mí, Fen" – Lyna entraba justo en ese momento con un cuenco de comida caliente y un pichel de té de flores con miel – "Y yo que te traía tu cena con todo el cariño. Si quieres me voy con ella y así te mato de hambre…" – bromeó Lyna mientras simulaba volver a salir de la tienda.
"¡Oh Lyna! Ir abelas. Estaba…pensando en mis cosas" – dijo Fenarel moviendo una mano como para quitarle importancia a lo que ella acababa de escuchar.
"Ya…tus cosas" – le miró escéptica Lyna mientras se agachaba y depositaba el cuenco y el pichel – "Bueno, te dejo con tus cosas entonces, snoufleur" – y se giró para irse – "¡Espera!" – interrumpió Fenarel – "¿Quién…hace la guardia ahora?" – "Jajaja, Fen. ¡Qué pregunta! Pues claro que yo. La siguiente si quieres tú, pero mi guardia será más tiempo. Tú no podrías hacer mucho, así que te dejo vigilar durante las dos últimas horas antes del alba. Así descanso un poco justo cuando menos peligro hay" – "….E-está bien, ma nuvenin Lyna" – dijo Fenarel con resignación. Lo que decía Lyna era verdad; él no estaba en condiciones para proteger a nadie – "Bueno, pues que descanses Fen. Yo ceno y luego recojo tus cosas; tú no te muevas ¿Sí?" – "…Como quieras lethallan….pero, ¿Puedes hacer algo por mí?" – preguntó con voz suave Fenarel – "Claro Lethallin, ¿Qué deseas?" – "Cena conmigo aquí y luego puedes irte….si….quieres" – esto último lo dijo intentando dejar claro de alguna forma que, si ella quería, podía quedarse con él. Lyna se le quedó mirando un rato a los ojos y dijo finalmente – "Está bien. Entonces, ahora vengo".
Al cabo de unos pocos minutos, Lyna apareció con un cuenco lleno de comida y su pichel de té con miel. Se sentó junto a él y estuvieron conversando agradablemente sobre rumores e historias de sus compañeros del clan. Entre risas, comentaron que la custodia había regañado a Pol varias veces recientemente por haber alterado a Maren al contarle historias sobre la elfería de Denerim y la forma en la que vivían allí, en situación de semi-esclavitud. Maren era muy ingenua y le asustaban muchas cosas. Pol simplemente quería demostrarle a Maren que él era valiente y que podía contar con él para protegerla – "Tenías que ver a Maren con los ojos como platos, tapándose la boca y Pol inclinado sobre ella, gesticulando mientras le explicaba cómo el hijo del Arl de Denerim castigaba a las mujeres que se oponían a acudir a su finca a su llamada" – contaba Fenarel – "El muy tonto no se da cuenta de que Maren ya tiene los ojos puestos en otro" – concluyó Fenarel de forma despreocupada. En ese momento, Lyna bajó la mirada y hubo un silencio incómodo – "Lo-lo siento lethallan…" – dijo Fenarel medio avergonzado por su imprudencia. Él sabía que Lyna sentía algo por Tamlen y que ella era consciente de que Maren iba tras él, con lo que hacía toda la situación un poco complicada – "Ah Fen, no te preocupes. Creo que… Maren es buena chica y Tamlen sería muy feliz con ella si quisiera" - dijo Lyna en tono resignado – "Ya… pero…. Teniéndote a ti, él no querrá a nadie más…" – Lyna levantó la mirada para ver directo a los ojos de Fenarel. No había pensado en esto antes. ¿Cómo no se había dado cuenta? Mientras Lyna diera esperanzas a Tamlen, éste seguiría detrás de ella; y eso era muy injusto para él, pues Lyna no podía prometerle nada. – "…Yo…bueno….él no me tiene, así que… puede elegir a quien quiera…" – contestó Lyna, girando la cara intentando esconder la confusión y dolor que sentía – "Ya… pero… ¿Él lo sabe?" – preguntó Fenarel con cautela – "Claro que lo sabe Fen… se lo dejé claro… no puedo prometerle nada pero aun así él sigue teniendo esperanzas…" – Fenarel se quedó callado. Lyna ya le había dicho que no se habían unido, pero tenía la sensación de que había algo más. Sin embargo, no pudo evitar bajar la mirada y entristecerse. Su mejor amigo, Tamlen, había sido el primer amor de Lyna y él sentía la picadura cruel de los celos cada vez que lo recordaba – "Bueno… si te sirve de consuelo… yo tampoco perdería las esperanzas…" – confesó Fenarel con timidez, mientras mantenía su mirada en sus manos. Lyna sintió un pinchazo de culpabilidad y se mantuvo callada varios minutos más. Ambos estuvieron en silencio algún tiempo hasta que Lyna rompió el hielo – "Ehm, bueno Fen. Creo que voy a irme. Me espera una larga noche y debo prepararme por lo que pueda pasar" –
"Ma nuvenin, lethallan. Que la noche te sea breve y fácil"- contestó Fenarel con tono amable.
"Ma serannas, lethallin. Hamin. Buenas noches" – y le dio un beso en la mejilla. Lyna se levantó y, recogiendo las cosas, se dio la vuelta y se marchó mirando una última vez a su amigo.
Fenarel aún miraba la entrada de la tienda. Tenía la sensación de que ella volvería para acurrucarse a su lado como la otra noche. Jamás pensó que dormiría tan bien después de esos terribles acontecimientos, pero con Lyna todo era un descubrimiento, una sorpresa. Ella le desconcertaba. Recostándose en su petate, se cubrió con una manta y colocó sus brazos detrás de su nuca, mientras miraba al techo de su tienda. Su mente comenzó a divagar y a buscar el tan deseado sueño; necesitaba descansar urgentemente.
Lyna salió de la tienda, algo nerviosa por el momento incómodo de hace un momento, pero su mente comenzó automáticamente a entretenerse con la preparación para la guardia que le tocaba ahora. Guardó los cuencos y los picheles y se sentó cerca del techo de la hoguera para afilar a sus dagas. Una vez terminado con ello, se dispuso a cubrir sus flechas con diferentes tipos de venenos; ninguno mortal si se trataba a tiempo. Cada noche, saliera o no del campamento, preparaba sus armas: su arco "Virassan", las flechas de pluma de cuervo y sus dagas. El maestro la había entrenado para estar siempre preparada para lo que pudiera suceder. El nuevo arco que le había regalado su maestro Ilen era una verdadera obra de arte. Era incluso más ligero que el anterior, pero mucho más tallado y adornado. La madera principal era de corteza de hierro, un raro y escaso material de fabricación, y había retazos de madera de Silvano. Tanto el material como la factura, eran impecables. Curiosamente, el arco tenía, además, motivos élficos honrando a la diosa Mythal, igual que su armadura – "Pensaste en todo, ¿verdad, hahren?" – susurró Lyna mientras enceraba su arco y su cuerda con mimo.
Una vez hubo terminado, se dispuso a recoger las armas que había dejado en el suelo secándose, cuando su ojo divisó una figura que se movía rápidamente entre las sombras. A Lyna se le heló la sangre. Sus ojos de elfo la permitían ver mucho mejor en la noche, pero no dio crédito cuando, por el rabillo del ojo, vio que a esa figura, le seguían varias más que se ocultaban en diferentes zonas alejadas de la luz de la hoguera. Lyna tensó completamente el cuerpo. Se quedó estática, no sabía a qué se enfrentaba. Giró lentamente la cara hacia donde había visto el primer movimiento para intentar enfocar en las sombras. Al girarse, sus ojos se toparon con otros ojos brillantes, amarillos y grandes – "Lobos" – pensó rápidamente. Ella sabía que los lobos iban en manadas de varios individuos. Los primeros en avanzar serían los alfa, macho y hembra, y los que atacasen primero serían los protectores de aquellos menos fuertes. Conocía muy bien la forma en que estas bestias se organizaban. Sin embargo, un recuerdo cruzó su mente – "El ataque a las Hallas" – pensó. Ese ataque fue diferente al resto. Fue atrevido, perseverante y muy agresivo e imprudente. ¿Serían estos lobos iguales?. Los lobos no solían acercarse a zonas donde hubiera un fuego y sin embargo aquí estaban ellos; acechándola. ¿Qué ha podido atraerles? – se preguntó – ¡Oh Dioses! Fenarel – confirmó para sus adentros. Cuando los lobos notaban escasez de presas, su comportamiento podía variar de cazador a carroñero según la oportunidad, aprovechando cualquier presa herida o incluso muerta que encontrasen por el camino, pues el instinto de supervivencia era superior al de caza. En esta ocasión, esa presa era Fenarel. "Dioses…¿Qué hago ahora?"- pensó con angustia Lyna. Ella seguía sin moverse, pero había clavado la mirada en el primer lobo que, intuía, debía ser el alfa. El lobo no le quitaba la mirada de encima y, detrás de él, comenzaron a aparecer otros ojos brillantes que hicieron que Lyna estuviera a punto de saltar de miedo. "Deben ser más de siete. Mythal, protégenos" – ella sabía que, seguramente, la tendrían rodeada. Los lobos atacaban desde varios frentes a una misma presa o a varias. En este caso, ella era la presa peligrosa, con lo cual la atacarían primero antes de buscar a Fenarel.
A pesar del repiqueteo constante de la lluvia, sintió cómo el sudor comenzaba a invadir su cuerpo – "Estúpida, no des muestras de miedo. Ellos lo huelen"- se dijo a sí misma. Seguía congelada en el sitio, y sin quitarle la vista de encima al lobo alfa, comenzó lentamente a agacharse para coger, por lo menos, una de sus dagas. En ese momento el lobo avanzó un paso hacia ella y comenzó a enseñar los dientes. Lyna observó cómo el blanco perfecto de sus dientes, brillaba divisándose desde su situación; vio el tamaño de sus colmillos y la mirada penetrante del animal – "Sin miedo Lyna… "- se intentó calmar. Justo en el momento en que intentó continuar para coger la daga, escucha de repente – "Ehm, Lyna… no puedo dormir" – dijo Fenarel abriendo la cortina de la entrada de la tienda – "¿Me das ese menjun-" – Fenarel paró de inmediato. Vio la postura de Lyna y logró divisar los pares de ojos que se veían en las sombras. Su corazón casi se paró – "Lobos" –pensó con terror. La otra mano que tenía escondida dentro de la tienda, tanteó las cercanías en busca de su daga y recordó que la había colocado más lejos –"Demonios".
Lyna sintió un miedo irracional y cuando oyó a Fenarel hablar, ella, actuando por instinto, aprovechó para recoger la daga. En ese momento, una serie de gruñidos guturales intensos plagaron los alrededores y el lobo alfa, emprendió el ataque con las fauces abiertas completamente y con ojos inyectados en sangre mientras que el resto avanzaban rápidamente hacia ella.
Todo sucedió muy deprisa.
"Fen ¡Adentro!" – Lyna dio una voltereta en el suelo para llegar hasta su mochila y sacar algún frasco de ácido que lanzar a los lobos mientras que con la otra mano, sujetaba firmemente la daga recién afilada – "¡Lyna! Cuidado" – oyó gritar a Fenarel. Lyna se giró y se encontró con un lobo gris enorme a punto de caerle encima. En un giro veloz y limpio, le cortó la cabeza de un tajo, mientras su cadáver caía fuertemente sobre la roca. La sangre salpicó su pelo dorado y su piel pálida, dándole una imagen aterradora. Escuchó el aullar de algún lobo cercano. Sus latidos aumentaron de ritmo considerablemente y la adrenalina comenzaba a agudizar sus sentidos.
Fenarel no perdió el tiempo y entró más en su tienda para buscar su Dar'Misu. Al girarse para intentar salir de la tienda y defenderse, sintió un gran peso encima que le lanzaba hacia atrás, dejándole completamente tumbado boca arriba y soltando, no lejos, la daga en la caída. Con rapidez, colocó su antebrazo entre la boca del lobo y su cara y fuertemente empezó a empujar para liberarse de las garras y fauces de la criatura. La bestia le apretaba brutalmente los brazales, contorsionando y estriando el cuero reforzado. Las patas del can, rajaban sus muslos y peto. Él no podía moverse casi, pero aun así con la mano que tenía libre, logró alcanzar la cara del lobo y apretar fuertemente el hocico. Esto hizo que el lobo dejara de empujar y morder y se apartara un poco, con lo que le permitió a Fenarel moverse con algo más de libertad para coger su daga. Moviendo desesperadamente sus dedos en las cercanías de donde pensaba que había soltado su puñal, logró hacerse con su daga y en un rápido e instintivo movimiento, clavó la punta de su Dar'Misu en un costado del lobo, perforándole un pulmón. El animal gimió profundamente, echándose para atrás en el proceso y retorciéndose mientras que, de su boca y hocico, salía sangre a borbotones. Fenarel estaba paralizado por el miedo. Vio a la bestia retorcerse hasta que se dio cuenta de que iba de nuevo a por él. Justo cuando se disponía a parar la embestida de nuevo con su antebrazo, escuchó un silbido, un desgarro y un crujir húmedo. De repente, todo estalló en sangre y sesos, y la bestia yacía con el cráneo reventado en el suelo de su tienda. Atónito, Fenarel parpadeó varias veces, hasta que vio a Lyna acercarse corriendo a la tienda – "Fen. Enciérrate. Y, oigas lo que oigas, no salgas. Toma esto" – le lanzó tres frascos de ácido y una poción curativa y se marchó, sellando con una flecha la salida de la tienda – "¡Lyna! Demonios, ¿Qué crees que estás haciendo?" – "Lyna, abre ya" – dijo desesperadamente mientras intentaba abrir la cortina de la tienda sin éxito. Lyna había bloqueado la cortina con una flecha, traspasando las varias capas de tela de esta forma evitando que Fenarel pudiera abrirla por dentro. Buscó desesperadamente una forma, pero la tienda estaba bien sellada por todos lados y él no podía moverse con facilidad debido a su herida. Sólo le quedaba la apertura que había dejado en la cortina la flecha que Lyna había lanzado al lobo. Así que decidió echar un vistazo a través de ella – "A tu derecha Lyna" – Lyna se movió a la velocidad del rayo mientras, la mano que sujetaba la daga, atravesaba el pecho de uno de los lobos, al tiempo que con la mano que sostenía el arco, golpeaba fuertemente en las fauces a un lobo joven que iba a por su yugular, cayendo posteriormente en la hoguera con un sonido sordo y gimiendo de dolor. Ella aprovechó para rematarle, quemándose en la mano mientras lo hacía. Fenarel observó el gesto de dolor de Lyna y su frente se llenó de sudor cuando vio que cuatro lobos más comenzaban a rodearla mientras exponían sus grandes colmillos en señal de agresividad.
Fenarel necesitaba hacer algo, así que se le ocurrió tensar su arco y usar el agujero que Lyna había hecho en su tienda para enviar sus flechas por ahí hacia las bestias. Sus manos le fallaban. Estaba sumamente nervioso pero no podía ver cómo esas criaturas devoraban a su amiga.
Lyna no podía creer su suerte. "Oh demonios… estoy perdida" – pensó mientras miraba desesperada a su alrededor en busca de una solución. El lobo alfa estaba más cerca que el resto de los lobos y todos caminaban sumamente despacio hacia ella enseñando sus fauces y rodeándola por completo. Si todos atacaban a la vez, no podría salir de esto ni aunque la mismísima diosa Mythal viniera en persona. Pero tenía que hacer algo. "El alfa es el más fuerte y grande, así que si lo elimino primero seguramente el resto se irá. Debo intentarlo" – con suma determinación y sintiendo la adrenalina fluir rápidamente por su cuerpo, Lyna cerró los ojos y comenzó a sentir que el tiempo a su alrededor se detenía. Su respiración y sus latidos se calmaron. Era una sensación similar a lo que sintió cuando asesinó a los bandidos y, aunque era consciente, en vez de sentir miedo o aprensión, se sintió invencible, se sintió feral. Al cabo de unos escasos segundos, abrió los ojos y con rapidez, soltó su arco y se preparó para atacar al alfa. De repente escuchó un silbido y una flecha que caía justo en el tronco de un árbol cercano al macho dominante, desconcentrando a éste y al resto de lobos que miraban a su alrededor buscando el origen de la amenaza. Sin cambiar su postura, ella giró ligeramente la cabeza para ver a Fenarel que, tembloroso, lanzaba flechas a los lobos a través de la hendidura que ella había hecho al matar al lobo que le atacaba.
Inmediatamente Lyna vio, por el rabillo del ojo, moverse al lobo alfa y, girándose, observó cómo él miró a sus compañeros y éstos, obedientemente, se alejaron corriendo en dirección a la tienda de Fenarel.
Fenarel vio cómo tres lobos iban en su búsqueda y cuando los tuvo a una distancia más o menos cercana, lanzó, a través del roto de la tienda, un frasco de ácido. Los lobos se pararon instantáneamente y comenzaron a gemir y gruñir, mientras que con las patas delanteras se frotaban el hocico y la cara desesperadamente intentando eliminar la nube tóxica que les inundaba sus sentidos y los cegaba. Fenarel sentía el corazón a mil por segundo. Tendría que prepararse por si los lobos se recuperaban y decidían atacar su tienda. A pesar de la fuerza de la tela de su refugio, eran tres lobos grandes y no tardarían en entrar y destrozarle. Por encima de la nube tóxica, vio a Lyna mirar fijamente al gran lobo que tenía delante y gritó de terror cuando fue testigo del veloz ataque del alfa – "¡Noooooooo!" – chilló desesperadamente. No podía hacer nada. Ya Lyna no estaba de pie. No la veía. Los lobos y la nube tóxica dificultaba la visión y no podía salir de su tienda. "Va a morir… dioses, salvadla por favor….Mythal, protégela…." – rezó para sus adentros mientras sus ojos comenzaban a cargarse con lágrimas.
Lyna no lo vio venir. A pesar de que el tiempo pareció pararse, no pudo reaccionar con suficiente antelación al veloz y poderoso ataque de la bestia. Seguía teniendo sus sentidos parcialmente enfocados en los otros lobos que habían ido en busca de Fenarel. Su prioridad era protegerle a toda costa pero fue ingenua al considerar que el alfa se quedaría quieto esperando ayuda – "Imbécil…" – se dijo a sí misma mientras caía al suelo fuertemente, empujada por el alfa.
Sus sentidos estaban alerta, pero sus manos estaban vacías. El ataque del alfa había lanzado su daga a unos centímetros de ella y el lobo la estaba aplastando. Era una bestia increíblemente fuerte y grande; más del doble que ella y cubierta de un pelaje oscuro como la noche. Sus fauces estaban a unos pocos centímetros de su cara; tan cerca que olía su aliento putrefacto y sentía su saliva caer en sus mejillas. Los ojos del lobo perforaban los suyos. Por un momento, la serenidad que había logrado antes, desapareció. Sus manos se aferraban al cuello del lobo, haciendo todo lo posible por estrangularlo. Las patas de la bestia estaban en ambos hombros de Lyna, rompiendo las hombreras y desgarrando la carne que había debajo. El corazón de ella comenzó a latir fuertemente, casi a punto de estallar. Sintió un calor inmenso rodear su cuerpo, atravesarlo e inundar sus sentidos. Su respiración se agitó considerablemente y sentía que las fuerzas le fallaban. El tiempo se aceleró y no encontraba la forma de moverse. El lobo avanzó su cara un poco más hacia ella, pegando mordiscos en el aire mientras escupía grandes cantidades de baba que se metían en la boca y ojos de Lyna, mojándola completamente y dificultando su visión. Necesitaba buscar una solución. Necesitaba su arma, ¿Pero cómo? – "Mythal… ma halani… no me abandones ahora…" – rezó para sus adentros Lyna. Parpadeando varias veces, logró despejar sus ojos de la saliva del animal. Volvió a fijar su mirada en la del lobo e intentó calmarse. Cerró los ojos durante un segundo, respiró profundamente, y los volvió a abrir. En ese momento vio los grandes colmillos del lobo aún más cerca de su cara y cada vez ganaba más terreno. La repentina realización de su muerte inminente agitó algo en su interior. Su corazón se paró, su respiración se calmó y el miedo atroz que sentía, dejó paso a una fuerza sobrenatural. El tiempo volvió a pararse. Veía los mordiscos que lanzaba el lobo con varios segundos de retraso, como si estuviera imbuida en una nube ralentizadora, donde no se escuchaba apenas sonido y donde no sentía dolor, ni miedo, ni preocupación. Sólo veía caer las gotas de saliva lentamente en su cara, los ojos salvajes del lobo inyectados en sangre y buscando saciar su hambre. En ese momento, logró apartarle ligeramente con ambas manos pudiendo mover una de ellas después para buscar la daga en las cercanías mientras que con la otra mano, apretaba fuertemente la tráquea del animal y le mantenía alejado de su cara, al menos por el momento. Sus uñas se clavaron en la garganta del animal. En ese instante, el lobo abrió más los ojos, mostrando desesperación y agitándose bruscamente con el fin de acabar, de una vez por todas, con la vida de Lyna. Ella volvió a mirar fijamente a los ojos del lobo y en ese instante, el lobo le devolvió la mirada. De repente, Lyna sintió su mundo fundirse a negro para despertarse nuevamente en un lugar del bosque que no reconocía. Flashes de momentos que no eran suyos, se le presentaban delante de sus ojos. Sensaciones, olores, emociones que no pertenecían a su cuerpo, inundaron sus sentidos doblegando su voluntad y aplacando su consciencia. Millones de imágenes se suceden en momentos en su cabeza -
"Horas persiguiendo bajo la lluvia. Muchos enfermos, muchos pequeños, inexpertos. Pocas presas. El olor a carne invade sus fosas nasales. La lluvia hace más complicada la persecución. Pierde el rastro pero lo vuelve a encontrar. Llevan días vagando, huyendo. Algo se acerca. Él lo sabe, él lo siente y huele. Algo sucio, podrido, algo que enferma. No es el único. Las presas se han ido o muerto. Quedan las enfermas o las raquíticas. Semanas sin comer, cachorros muertos y luego devorados. Tenían que hacerlo. Tenían que sobrevivir. El bosque no les quiere, los abandona. Logran acercarse a la presa herida, pero se ocultan en una cueva de madera. Lo rodean. La lluvia deja de mojar pero no para, y esas grandes presas vuelven a salir. La boca pide carne. El hambre duele. Los mayores se debilitan, él se debilita pero debe ser fuerte. Mucho tiempo protegiendo a su manada. Debe seguir, por él, por sus compañeros.
Pasan más horas. Las presas se detienen. Encienden fuego que duele en los ojos, duele en la nariz, pero el hambre es más fuerte que la prudencia. Ella tiene miedo, pero yo la protejo. Ella tiene cachorro dentro y debe cazar, comer para que ambos vivan. Él espera paciente a que los otros se confíen. Ve a la presa hembra cerca del fuego. La ve con palos y filos brillantes que traen recuerdos de anteriores cazas, peleas con grandes presas como ellos. La presa hembra es muy peligrosa, piensa. Se posiciona más cerca. Otros le siguen detrás. Algunos se ponen más lejos. Un error. La presa hembra los ve. Ella no se mueve, sólo le observa. Él la mira. El hambre golpeando fuerte en su boca y rugiendo en su interior. Ella se mueve despacio pero él la ve y enseña los dientes. Huele el miedo en el aire. De repente, oye un ruido. La presa herida se asoma de su cueva y ruge. Él le ve, pero devuelve la mirada a la hembra peligrosa. Demasiado tarde. La hembra va a por el filo brillante. ¡Peligro! ¡Atacad!, ruge."
En ese instante, Lyna sintió volver y se dio cuenta de que su mano sujetaba con fuerza la daga que logró encontrar mientras que su otra mano apretaba brutalmente la garganta del lobo, aplacando sus gruñidos. Actuando por instinto y completamente aturdida por lo que acababa de experimentar, clavó fuerte y velozmente la daga en el costado del alfa, girando la empuñadura a su vez para hundirle el filo hasta el corazón.
Destellos de imágenes cegadoras pasaron de nuevo por su mente. Se vio a sí misma mirándose. El intenso dolor que sentía le impedía respirar, hablar. Su boca enviaba torrentes de sangre hacia su propia cara pero, ¿cómo puede ser, si yo soy la que me ve? - pensó con miedo e incertidumbre. Sus patas temblaron, su garganta se contrajo y sintió que la presión de la mano que tenía en su tráquea disminuía. El dolor punzante en su costado enviaba oleadas de terror a su cerebro. Gemía, pero no paraba su ataque a pesar de que ya no tenía fuerzas – "Mi manada morirá sin mí… no puedo…. huid."-pensó. "¡Huid!" – gimió al final con las pocas fuerzas que le quedaban. Su corazón comenzaba a pararse, ya no le entraba el aire pero ya no tenía hambre, ni miedo, ni cansancio. Tantas estaciones sobreviviendo, tanta desesperación ya no importaba. Todos esos momentos se perderían en el tiempo como lágrimas en esta lluvia…. Es…. hora de morir." - se dijo con tristeza, y con unas últimas sacudidas, su visión se oscureció para siempre.
Lyna se despertó como de una pesadilla violenta. Abrió los ojos con desesperación y vio el cuerpo del alfa sobre ella que yacía bañada en sangre de lobo. Gotas grandes de sudor se mezclaban con la fina lluvia de la noche. Abrió la boca para gritar pero sólo salió un sollozo que no pudo controlar – "…esos momentos se perderán….como lágrimas en la lluvia" – su mente estaba volviéndose en su contra. Su cuerpo estaba temblando como jamás pensó posible y sus pulmones buscaban ansiosamente una brizna de aire. Su costado le dolía enormemente y la garganta ardía como el fuego más intenso. ¿Qué había pasado? Ella no lo sabía. Sólo necesitaba respirar, necesitaba que dejase de doler. Nerviosamente se arrastró hacia un lado mientras sacaba la daga del pecho del lobo y buscaba una forma de controlar sus temblores y su confusión. Sus ojos buscaron inmediatamente la tienda de Fenarel y vio que los lobos que allí se encontraban estaban mirándola. Con manos temblorosas levantó la daga de nuevo en postura amenazante, pero no podía parar de llorar. Los lobos la miraron por un momento más, y comenzaron a alejarse rápidamente del campamento entre gemidos y lo que parecían llantos. Al cabo de unos segundos, a lo lejos, se oyó un lastimero aullido que le heló la sangre y llevó más lágrimas a sus ojos desbordando así el poco control que de ella quedaba.
Durante unos instantes Lyna se mantuvo sentada, cubierta de sangre y con la daga aún en el aire. Sus ojos buscaban ansiosamente señales de más lobos, pero sólo encontró oscuridad. Su visión seguía algo desenfocada y sólo lograba ver cuatro cuerpos oscuros esparcidos por el campamento en charcos de sangre y vísceras. Parpadeando rápidamente, respirando con dificultad y todavía con lágrimas en los ojos, quiso incorporarse pero sus piernas le fallaron – "Patas…" no, patas no. Estaba confusa, dolorida, sus hombros le sangraban profusamente, su mano estaba quemada, temblorosa. Su costado y garganta le dolían intensamente pero no tenía herida alguna. ¿Qué demonios…? - pensó con angustia mientras miraba los cuerpos de los lobos. Deteniendo su mirada en el cuerpo del alfa que yacía a su lado, estiró una mano suavemente y tocó el pelaje. A pesar de que estaba mojado, seguía caliente. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y cerró su boca mientras se ponía la mano quemada, que aún tenía el puñal, en la boca para evitar sollozar de nuevo. Eran demasiadas emociones, sensaciones. Ese lobo se había comunicado de alguna forma con ella. Ella se sintió parte de él por un instante – "No, fui él…" – se dijo a sí misma mientras intentaba comprender.
En ese momento de duda y confusión, Lyna escuchó que alguien la llamaba – "¿Lyna? ¡Lyna! ¿Estás bien?" – "¡Lyna!" – oyó decir a Fenarel – "S-sí….aquí" – dijo Lyna con voz débil mientras no le quitaba los ojos de encima al cadáver del lobo alfa – "Lyna, demonios, no puedo salir. ¿Estás bien?..." – Lyna no podía controlar sus temblores. Al menos le quedaba el consuelo de saber que Fenarel no la podía ver desde donde estaba – "He de ser fuerte… debo… serlo" – pensó.
"Sí Fen. Espera, ya voy" – dijo Lyna intentando controlar el miedo y la confusión de su voz.
Con gran esfuerzo, logró levantarse. La piel de sus hombros colgaba hecha jirones y, cada vez que daba un paso, sentía cómo los trozos de carne chocaban con zonas lisas de su piel, mojándola de sangre y haciendo el dolor más intenso. Su mano derecha dolía y ardía. Allí donde el fuego había quemado, se encontraba una gran zona rosada y blanquecina, donde la piel se arrugaba, dando paso a los músculos y tendones – "Dioses… esto dejará cicatriz" – pensó Lyna mientras llegaba a la tienda de Fenarel y cortaba de un tajo la flecha liberando la cortina de la entrada.
"Gracias a los dioses, Lyna. Pensé que te perdería…" – dijo Fenarel mientras intentaba levantarse. Lyna le ayudó a incorporarse y dijo al cabo de unos momentos – "¿Estás bien, Fen? ¿Te han herido?" – Lyna le inspeccionaba la cara, cuello y brazos en busca de señales de heridas graves.
"No lethallan, sólo unas pequeñas heridas en el muslo pero…" – "¡Oh creadores! ¡Lyna estás herida!" – replicó con miedo Fenarel mientras abría los ojos de par en par e intentaba sujetar a Lyna por los brazos.
"Oh, bueno… no es nada. Ya me lo curaré." – dijo Lyna con una pequeña sonrisa, mientras seguía intentando ocultar su confusión.
"¡No! Hay que curarlo ya. ¿Dónde está tu mochila?" – dijo Fenarel mientras baja la mirada intentando buscar la mochila de Lyna – "Aquí está" – dando saltitos se dirigió al bolso de Lyna y extrajo varias cataplasmas y pociones que ayudarían a Lyna a curarse – "Ven, siéntate. Déjame que te ayude" – dijo Fenarel en tono de súplica mientras se agachaba poco a poco para sentarse.
Lyna le miró durante unos instantes y, a pesar de que seguía aturdida por la experiencia con el lobo alfa, obedeció sin rechistar. Se sentó cerca de Fenarel y bajó la mirada, mirando la daga que tenía en su mano sin prestar verdadero interés.
"Lyna… ¿Seguro que estás bien?..." – preguntó desconfiado Fenarel mientras fruncía el ceño.
"¿Hm?...Ehm, sí… no te preocupes…. No es…. Nada…" – contestó Lyna mientras volteaba la cara hacia el otro lado.
Soltando un suspiro, Fenarel continuó – "Lethallan, puedes contarme lo que sea… Algo te pasa…. Lo sé, te conozco muy bien"
"Nada Fen… necesito primero comprender algo de lo que ha pasado…" - contestó Lyna con cierto aire de angustia.
"¿Con los lobos?... Bueno, es muy raro que se hayan acercado a un campamento iluminado y se veían especialmente desesperados, pero no creo que haya que comprender mucho más…" – replicó Fenarel medio confuso. Si algo era Lyna, es una excelente cazadora. Tenía especial intuición con respecto a las intenciones y motivaciones de las bestias y le extrañaba que ella no comprendiese el ataque.
"No… no es eso. Sé…. Yo sé perfectamente qué pasó con los lobos. Es…. Es otra cosa. No quiero hablar ahora, por favor" – Lyna no quería mirarle a los ojos. Sabía que si lo hacía, no podría parar de llorar y eso despertaría más preguntas de Fenarel de las que podía ahora soportar.
"…Está bien lethallan, cuando estés preparada… hablamos, ¿Sí?"- Fenarel acarició la mejilla de Lyna en señal de apoyo. Ella disfrutó del tacto, cerrando los ojos ligeramente por un momento.
Fenarel cogió un trapo, lo humedeció con poción de raíz élfica y comenzó a limpiar las heridas de Lyna. Comenzó con la de la mano, suavemente, colocando delicadamente el trapo sobre la mano para apenas rozar la superficie y así empapar la herida. Debía de doler, pero Lyna no hizo señal alguna. Al terminar, untó una cataplasma curativa con dos dedos por toda la zona y cogió de nuevo el trapo para continuar con los hombros de Lyna. Se acercó más a ella, y al mirarla a los ojos, pudo ver la tristeza inmensa que ella intentaba contener. Verla así, le angustió y tuvo que morderse la lengua para no volver a preguntarle. Desviando la mirada hacia la herida de nuevo, continuó sus atenciones. Esta vez pasó el trapo suavemente por el hombro de Lyna. Allí la piel estaba hecha jirones – "Las garras del lobo"- pensó - "Uau Lyna… esto debe dolerte. Me temo que te dejará cicatrices profundas." – dijo – "Una lástima… con tan bellos hombros" – comentó para sus adentros mientras seguía limpiándole las heridas.
"Sí… bueno. No serán las primeras ni las últimas cicatrices que tenga." – dijo Lyna intentando quitarle hierro al asunto – "Hay cicatrices que no se ven" – pensó con tristeza. Recordaba lo que había experimentado y sentía que algo del lobo formaba parte de ella ahora y para siempre. Aún podía sentir el dolor en su costado y la angustia de la muerte. ¡Dioses! Había experimentado la muerte y agonía en el cuerpo de otro ser- pensó con desesperación al tiempo que intentaba controlar sus expresiones faciales.
Fenarel terminó de limpiar las heridas y untar el cataplasma. Aprovechó para limpiarse las suyas en los muslos y la herida del cepo y, cuando hubo terminado, dijo – "Bueno Lyna, queda poco tiempo para el amanecer. Ve a descansar. Me quedo yo" – Fenarel se levantó con esfuerzo, pero Lyna se incorporó de un salto y le ayudó a ponerse finalmente de pie – "No Fen, no puedo dormir y tú debes reposar. Mañana necesito que estés bien. Tenemos que llegar en la noche a Gwaren. No podemos retrasarnos más"
Fenarel no quería obedecer, pero sabía que ella no se echaría para atrás. Y, en cierta forma, tenía razón. Él estaba retrasando más la travesía y a este paso no llegarían nunca – "Ujj, está bien Lyna…. Como quieras. Al menos ahora creo que podré dormir. Pero por favor, si algo pasa, lo que sea, grita" – dijo mientras se daba la vuelta. A medio camino se paró y se giró con el ceño fruncido – "Y Lyna" – "¿Hm?" contestó ella – "No vuelvas a encerrarme, ¿Entendido?" – replicó seriamente mientras la miraba a los ojos. Lyna sonrió por un momento y concluyó – "Ya veremos. Además, debo cuidar bien de mi snoufleur… ¿Qué haría yo si algo le pasase? ¿Eh?" – bromeó. Fenarel hizo un sonido que podía bien ser un gruñido y finalizó – "Testaruda"- y habiendo dicho esto, se fue caminando a trompicones a su tienda. Al entrar, se encontró con el cadáver del lobo que sencillamente apartó y se acostó como un peso muerto en su petate. Estaba mortalmente cansado y todo le dolía. En unas horas debía emprender de nuevo el viaje y necesitaba energías – "Menuda nochecita… parece que los dioses no están a nuestro favor" – pensó. Al cabo de unos instantes, su mente se sumió en un profundo sueño.
Lyna se quedó un rato sentada cerca de la hoguera, mirando arder el cadáver del lobo. Su cabeza se levantó y olfateó el aire que flotaba a su alrededor, como si intentase descubrir más información – "¿Pero qué hago?" – ese gesto desconcertó nuevamente a Lyna. La lluvia había parado por un instante y pudo comprobar el destrozo que había en el campamento. Levantándose por inercia, comenzó a recoger las cosas desperdigadas por toda la zona en silencio absoluto y con la mirada perdida. Lentamente, empezó a arrastrar los cadáver uno a uno, apilándolos a un lado del campamento. El último cadáver en arrastrar fue el del gran macho alfa. Antes de cogerle, se le quedó mirando un largo rato y susurró – "¿Qué me has hecho?...¿Qué soy ahora?" – su voz se entrecortaba pues estaba llena de dolor y angustia. Sus ojos amenazaban con llorar y tuvo que cerrarlos fuertemente para controlar sus impulsos. Su mente daba vueltas en torno a una idea "Fen'Harel" – pensó –¿Será que el viejo dios la había cambiado? ¿había profanado su alma mostrándole visiones y enseñándole la muerte? – la superstición era común entre su clan, pero ella era racional. No podía permitirse pensar semejantes cosas. Tendría que haber una explicación lógica a todo esto.
Sin más preámbulos, se agachó y recogió las patas delanteras del lobo, cuyas garras enormes aún mostraban trozos de piel, carne y sangre de Lyna – "Luchaste bien…" – pensó con dolor mientras arrastraba su cuerpo hacia donde estaba el resto.
Después de más de una hora, Lyna terminó de recoger y se sentó al borde de la tienda de Fenarel, escuchando sus suaves ronquidos e intentando meditar. Era algo que siempre la aliviaba y la llenaba de energía, pero esta noche era diferente. Su meditación derivaba en la repetición de esas visiones, alojando más incógnitas en su corazón – "Marethari… ojalá estuvieras aquí" – pensó mientras suspiraba. Cerró los ojos un instante y se concentró en los latidos de su corazón. Su respiración se volvió estable y puso su mente en blanco. Mañana tendrían un camino aún más largo por delante; debía recuperar algo de energía. Y así, pasaron las horas hasta el amanecer…
Virassan: Camino de la Flecha (Nombre del Arco de Lyna)
Dar'Misu: un tipo de daga élfica.
Snoufleur: un animal mezcla de jabalí, con oso hormiguero, regordete y perezoso.
Hahren: anciano. Muestra de respeto.
Ma serannas: Gracias.
Ma halani: ayúdame
Ma nuvenin: como desees.
Lethallin: término de cariño hacia un hombre.
Lethallan: término de cariño hacia una mujer.
Hamin: descansa.
