Capítulo 9 - Giros del destino.
Al llegar Kyouya al apartamento de Haruhi, supo que había llegado tarde para evitar lo que sea que hubiese ocurrido en aquel sitio. La puerta del lugar habia quedado abierta y las luces permanecían apagadas, a excepción de la habitación de Kotoko que sí estaba iluminada. Enseguida, el heredero Ootori tomó su móvil y comenzó a hacer algunas llamadas mientras se dirigía de nuevo a su auto.
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Tamaki caminaba en círculos con completa ansiedad por la sala de espera del ala de urgencias de un hospital. De tanto en tanto, tomaba asiento algunos segundos sólo para levantarse y comenzar a caminar de nuevo. No podía evitarlo. El rubio había vuelto a desplomarse sobre una de las butacas...pero la visión de Kyouya acabando de arrivar al lugar le hizo levantarse con una prisa asesina.
-¡Tú! ¡Largo de aquí!- Tamaki se aproximó con aire amenazante.
-¿Qué sucedió? ¿Qué ha pasado con ella?- preguntó el heredero Ootori, ignorando el peligro.
Ranka había llegado también.
-¡Te digo que te largues!- insistió el rubio, sujetando el cuello de la camisa de su rival.
-¡Mierda, Tamaki! No es ni el momento ni el lugar. ¿Cómo está ella?
Ryouji sujetó la muñeca del joven Suou y la oprimió con fuerza para lograr que soltara a Kyouya.
-¡Para ya, idiota! ¿Acaso no lo entendiste? Lo que importa ahora es saber cómo está mi hija. ¿Qué fue lo que sucedió?
Tamaki tomó su adolorida mano y le dio un ligero masaje.
-Todo ha sido culpa de ese bastardo.- susurró mirando al heredero Ootori con rencor. -Yo...jamás he querido hacerle daño.
-¡Mi nieta! ¿Iba con Haruhi? ¿Donde está?
-Marie se encuentra a salvo.
Kyouya le dirigió una mirada fría a Tamaki. Finalmente se hacía una idea clara de los acontecimientos. Él había querido chantajearla quitándole a la niña.
-Cobarde imbécil.- le dijo apretando la mandíbula, conteniendo su furia.
Ranka los miraba uno al otro, alerta por la abierta hostilidad en el ambiente. Sabía por Kyouya un panorama general de la situación. Una joven ataviada con bata blanca se acercó a ellos.
-¿Familia de la señorita Fujioka?
-Soy su padre.- se adelantó Ryouji.
-La paciente sufrió traumatismo craneal cerrado. Hay conmoción cerebral y se encuentra inconciente. Se le están dando los cuidados necesarios. No hay daños considerables en las extremidades, salvo hematomas. No parece haber consecuencias en la columna pero eso podremos evaluarlo mejor en cuanto ella reaccione. Tiene una fractura en la costilla izquierda. Afortunadamente, el producto se encuentra fuera de peligro. Continuamos monitoreando sus signos vitales.
-¿Producto?- cuestionó Kyouya desconcertado. Estaba lo suficientemente familarizado con el lenguaje médico como para saber qué implicaba.
La doctora le dirigió una mirada confundida.
-¿Es que no lo sabían? La paciente está encinta. De cuatro a cinco semanas de gestación, aproximadamente.
El heredero Ootori hizo una mueca de sufrimiento. Ranka se llevó una mano a la boca, ahogando un gemido y Tamaki endureció su semblante.
-Es posible que ella no estuviese tampoco enterada de su condición.- aclaró la médico al notar sus reacciones. -Pero les reitero que no corre ningún riesgo por ahora.
La mujer hizo una reverencia y luego se retiró, dejándolos solos.
-¡Embarazaste a mi mujer!- bramó el rubio, rechinando los dientes.
-¿Quieres que vayamos afuera?- la voz de Kyouya resonaba con esa calma suya tan peligrosa mientras se desanudaba la corbata.
-¡Ustedes dos, basta!- intervino Ryouji.
-Le ofrezco disculpas, Ranka...pero Suou y yo tenemos un asunto que arreglar ahora mismo.
Habiendo dicho aquello, el heredero Ootori salió por la puerta de acceso al hospital seguido de cerca por Tamaki. Cruzaron el área de aparcamiento de las ambulancias y siguieron de largo hasta llegar al estacionamiento general. Una vez ahí, Kyouya dio media vuelta para encarar al rubio. Ambos tenían ya las manos en puños.
-Vas a tener que rogar para que Haruhi y mi hijo se salven...si los pierdo, vas a desear estar muerto también.
-¿Te atreves a amenazarme, traidor?
-Ella ya no te pertenece. Lo sabes
-Las leyes son muy claras. Todavía es mi esposa.
-Pero dejó de amarte hace tiempo. Nada la ata a tí, salvo esa niña que tendrías a bien devolver lo antes posible. Sabes que con mis recursos no me será difícil dar con ella.
-Deja de hablar, Ootori. Voy a matarte aquí mismo.
Entonces Tamaki se abalanzó contra Kyouya, inclinando su cuerpo antes de impactarlo para derribarlo empujando sus piernas. El joven Ootori dio de lleno contra el suelo, haciendo que sus anteojos cayeran de su rostro y quedaran en algun punto del pavimento. El rubio dio dos puñetazos en su rostro, Kyouya reaccionó y empujo a su rival a un lado, ganando la posición encima de él. Sujetó a Tamaki por la camisa y lo hizo chocar violentamente contra el piso, golpeándole la nuca, luego le proyectó tres puños con furia. Sin embargo, el joven Suou recuperó fuerzas para deshacerse del agarre. El ciclo se prolongo varios minutos, dejando labios rotos, mejillas inflamadas y narices ensangrentadas.
Las luces de un vehículo que se detuvo justo frente a ellos los cegó un instante. Luego, Kyouya, quien estaba sobre Tamaki en ese momento, sintió que tiraban de él y le sujetaban los brazos con más fuerza de la necesaria.
-¡Mierda! ¡Paren ya! ¿Es que quieren matarse? ¡Sostenlo bien, Mori!- aquella era la voz de Hikaru.
Takashi rodeaba las extremidades del heredero Ootori, haciendo presión con una llave, sometiéndolo. Los gemelos y Mitsukuni contenían a un muy enfurecido Tamaki. Kyouya, por su parte, había dejado de resistirse al comprender que no tenía oportunidad alguna contra alguien como Mori. Este último sintió la falta de oposición de su antiguo compañero y poco a poco lo fue liberando. Kyouya hizo una mueca de dolor al llevar una mano a su cuello.
-Lo siento.- se disculpó el joven Morinozuka, sin apartarse de su lado.
Honey y los hermanos Hitachiin hicieron lo propio con Tamaki cuando confiaron en que se había tranquilizado un poco. Respirando con agitación, el heredero Suou posó su fría mirada violácea sobre Kyouya, quien también lo enfrentaba mientras se limpiaba la sangre con el dorso del brazo.
-Haruhi...Haruhi está tan mal...y ustedes, par de imbéciles, solo se preocupan en ajustar sus cuentas.- susurró Hikaru con evidente dolor.
-Casi los mata...ese bastardo francés.- declaró el joven Ootori.
El resto de los ex miembros del club lo miraron sin comprender.
-Ya te lo dije, no era mi intención que eso sucediera...y no sabía que ella espera un bebé.- replicó Tamaki.
Sus amigos se mostraron consternados al escuchar aquello. Hikaru lanzó una maldición. Ellos no habían sido puestos al tanto de las circunstancias pero no eran lo suficientemente ingenuos para no atar cabos. La saña de esos puños compartidos con anterioridad sugerían que había algo.
-El hijo que espera Haruhi...¿es tuyo, Kyouya?- cuestionó Kaoru, impresionado porque algo en su interior le decía que sabía la respuesta.
-Sí.- se limitó a contestar.
Se hizo un breve instante de silencio. Las palabras estaban de más por ahora. Luego, el mayor de los gemelos levantó el rostro con dignidad.
-Nosotros hemos venido a ofrecer nuestro apoyo y cariño a Haruhi. No somos quienes para juzgarla por sus actos. Vamos a entrar a ese hospital ahora. Ustedes dos...- su mirada viajo de lado a lado, posándose sobre Kyouya y Tamaki. -...pueden matarse si les viene en gana. A ella no le será útil tener a un par de estúpidos fastidiando su existencia.
Y así, el pequeño grupo avanzó rumbo a la entrada, dejándoles solos. El heredero Ootori lanzó una profunda exhalación y le dio la espalda al rubio.
-Debes traer a Kotoko de vuelta. Cuando Haruhi despierte, ella tiene que saber que tiene a su hija de regreso.
Entonces comenzó a caminar también al interior del nosocomio.
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Luego de varias horas, la situación de Haruhi no mostraba ningún cambio. Ella no reaccionaba aún. Ante la insistencia de Ryouji, se le permitió pasar a verla unos minutos. Ahora él volvía a la sala de espera, despojándose del equipamiento médico que se le había otorgado con ese fin. Kyouya lo miró desde su asiento, con su cuerpo agotado inclinado hacia adelante, apoyándose en sus muslos.
-¿Nada aún?- preguntó el joven Ootori.
Los antiguos integrantes del club de anfitriones posaron su atención en el recién llegado. Ranka negó con suavidad.
-Le he hablado...no se movió.- la voz del padre de Haruhi tenía un dejo de desolación, por más entero que el quisiese mostrarse.
-Siéntese un momento.- le propuso el heredero Ootori.
Ryouji hizo una mueca adolorida al mirarle el rostro. Tenía un ligero raspón sobre la frente y otro en la mejilla izquierda, que además lucía muy lastimada con un considerable moretón. El labio inferior tenía una línea sanguinolienta justo en medio y había aumentado un tanto su tamaño. La nariz no parecía rota o dañada pero aún había rastros de sangre en los orificios nasales.
-Deberías preocuparte un poco por ti. Quizá necesites que atiendan esas heridas.
-Estoy bien. No me moveré de aquí.
El mayor lo miró y de repente su mirada se tornó más severa.
-Mi hija y tú...¿hace cuanto que pasaba esto?
-Apenas muy poco. Señor, le aseguro que mis intenciones hacia Haruhi son honorables.
-Eres un hombre casado, Kyouya.- le acusó.
-Lo sé. Planeo divorciarme para casarme con su hija.
-Eso no lo voy a permitir.- intervino Tamaki, quien también escuchaba esa conversación.
-¡No digas una palabra más, pedazo de idiota!- le reprendió Ryouji. -Agradece que estamos en un hospital o sería capaz de acabar contigo. Arreglaremos cuentas cuando esto haya terminado. Y quiero a mi nieta de vuelta.
Tamaki cerró la boca y apretó los puños. Enseguida tomó asiento de nuevo. Ranka volvió a dirigir su mirada al joven Ootori.
-Que quieres casarte con Haruhi, ¿dices? ¿Ella qué opina sobre eso?
-Ella está de acuerdo, con sus consabidas reservas.
-¿Tú la amas?
Kyouya fue tomado por sorpresa por aquel cuestionamiento. Mantuvo su mirada fija sobre Ryouji pero no mostraba esa entereza tan habitual. En cambio, parecía...consternado. El padre de Haruhi tuvo la intención de escudriñar en esos ojos grises. ¿Qué era lo que le causaba ese temor? Incapaz de mantener el contacto visual, el joven Ootori exhaló profundamente, cerrando los ojos.
-Mis sentimientos por ella...son intensos y honestos.
-He preguntado si la amas. ¿Lo haces? ¿Lo que sientes es lo suficientemente fuerte como para querer hacerla feliz? Eso es todo lo que yo quiero para ella.
-Yo...daría mi vida por hacerla feliz. Sí...la amo.
Tamaki frunció el entrecejo y negó con la cabeza. Ranka suspiró y su semblante pareció ablandarse.
-¿Hace cuanto?- le preguntó el rubio, irrumpiendo otra vez. -¿Desde cuando sientes eso por ella?
La mirada de Kyouya se tornó serena de nuevo.
-Siempre. Desde aquellos días del club.
El joven Suou lanzó una maldición por lo bajo. Luego se levantó de su asiento y se fue a vagar sin rumbo. Los demás continuaron silenciosos. El ambiente permaneció así por unas horas más.
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Ya había amanecido y no había novedades con Haruhi. Los chicos decidieron que no tenía sentido permanecer todos en el mismo sitio al mismo tiempo, por lo que determinaron hacer guardias para que algunos tuvieran la oportunidad de descansar. Tamaki no regresó luego de haberse ido. Kyouya y Ryouji habían sido muy claros en el hecho de que no se moverían. Entonces Takashi y Hikaru fueron los primeros en hacer la dichosa guardia, permitiendo que Kaoru y Mitsukuni se fueran a casa. Ellos volverían por la tarde.
Fatigado, el heredero Ootori comenzó a cabecear mientras permanecía sobre su asiento. De pronto, una suave caricia se deslizó por su mejilla lastimada, alertándolo. Cuando levantó la mirada, encontró el rostro amable y comprensivo de Fuyumi.
-Hermana.
Las manos de Kyouya atraparon esa mano protectora entre las suyas. Ella se liberó con delicadeza y tomó asiento junto a su hermano. Entonces el joven Ootori reparó en el hecho de que Fuyumi llevaba un pequeño botiquín. Cuando comenzó con la curación, él se dejó hacer sin objeción alguna.
-¿Te duele, Kyo-chan?
El menor de los Ootori se limitó a sonreír con tristeza.
Cuando ella terminó, guardó su instrumental y sacó un estuche de su bolso. Enseguida se lo ofreció a Kyouya.
-Son un repuesto de tus gafas. Alguien me dijo que las necesitabas.
-Te lo agradezco.- dijo mientras se las colocaba.
-¿Por qué no vas a descansar un poco? Yo me quedaré en tu lugar.
-No pienso irme hasta saber que ellos están bien.
Sin poder evitarlo, un par de lágrimas habían salido de los ojos de Fuyumi. Pedía con todo su corazón que Haruhi y su bebé sobrevivieran. Su joven hermano no podía pasar por aquello otra vez. Lo mataría. La mirada de Kyouya se mostró dolida ante el llanto de aquella mujer tan querida para él.
-Lo siento, hermana. He sido una decepción para tí.
-No digas eso. Perdona a esta hermana tuya por no saber comprenderte.
-No haces más que preocuparte por mí. Además, mis actos no son algo digno de orgullo.
-Dejemos de mirar atrás. Confío en que lo que has aprendido te volverá un mejor hombre. Yo no podría dejar de amarte. Jamás.
El heredero Ootori se inclinó hasta que su frente se posó sobre el hombro izquierdo de Fuyumi. Ella sonrió conmovida y de inmediato acarició el espeso cabello de su hermano. No le había mimado así desde que era un niño. Se mantuvieron de ese modo por minutos, hasta que unos pasos acelerados comenzaron a acercarse. Al levantarse, Kyouya miró que la doctora que atendía a Haruhi estaba frente a ellos. Ranka, Mori y Hikaru regresaron de donde estaban para escuchar las noticias.
-Su pulso baja considerablemente. La estamos perdiendo. A ella y a su hijo. Hacemos lo que está en nuestras manos...pero no responde.
El cuerpo entero de Kyouya se tensó y se levantó de su asiento.
-Por favor...permítame verla.- Kyouya no levantó la mirada. Su actitud era de completa sumisión.
-Lo siento. No puedo permitir visitas ahora.
-Se lo ruego. Tengo que verla...tengo que tratar...-
La mujer lo miró con total desconcierto. Ese hombre tan imponente y respetado, rogando con la voz rota. Ella ablandó su mirada.
-Sea breve, por favor.
Con prisa, el heredero Ootori cruzó las pesadas puertas que llevaban al área de cuidados intensivos. Se colocó los aditamentos necesarios y entró hasta donde Haruhi se encontraba. La miró tendida en aquella cama de hospital. Llena de cables y tubos a su alrededor. Su respiración era casi imperceptible. Lo único que constataba que permanecía con vida era el monitor que reflejaba sus signos vitales, los cuales eran apenas una variación en la línea y un muy ligero pitido.
Kyouya se acercó a la cama. Tomó una de las inertes manos de la joven entre las suyas, acariciándola.
-Haruhi...tienes que regresar.- hizo una pausa para dar un vistazo al monitor. -No puedes dejar todo. No es justo. Hay una vida creciendo dentro de ti. Una niña que te adora y te necesita. Un padre, unos amigos y una vida. Tambien hay un hombre que te ama...y se morirá de tristeza si decides abandonarlo...Te amo, Haruhi.
Entonces él se bajó la mascarilla que lo cubría y depositó un beso fugaz sobre sus labios.
-Señor Ootori, debe retirarse.- le indicó la doctora, disponiéndose a entrar con su equipo de apoyo.
Kyouya se marchó, abatido. Cuando volvió a donde estaban los demás, enseguida buscó los brazos de su hermana. Él ocultó su rostro en el delicado hombro de Fuyumi.
-¿Qué voy a hacer...si la pierdo?
Ella no le dio una respuesta, a cambio, lo rodeó con su calidez y susurró palabras dulces en su oído. El cuerpo de su joven hermano no se estremecía, no derramaba lágrimas, pero la forma en la que él se aferraba a ella, empuñando su ropa era igual a aquellos días en los que consolaba el llanto de ese solitario niño.
A lo lejos, una silueta oculta miraba la escena.
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Ligero. Todo era ligero. Haruhi se sentía flotar en ese espacio etéreo donde todo era tan claro. Su cuerpo ingrávido parecía flotar y dirigirse a algún punto no específico. A pesar de no comprender del todo lo que ocurría, ella no se sentía capaz de sentir miedo, ni desconcierto, ni ninguna otra cosa. Sólo había esa impetuosa necesidad de llegar a alguna parte.
-Haruhi.- le llamó una cálida voz.
Ella giró hacia donde provenía el sonido.
-Haruhi.- insistió.
Fue así que ella vio a quien le llamaba.
-¿Mamá?
-Haruhi...vaya que has crecido.
El rostro animado de Kotoko Fujioka le sonrió abiertamente. La joven le correspondió con serenidad.
-Mamá.
-Mi linda y dulce niñita. Te has convertido en una mujer. Ryouji ha hecho un maravilloso esfuerzo.
-Te eché mucho de menos, mamá.
-Lo sé pero así tuvo que ser.
Ambas compartieron una mirada. Kotoko lucía orgullosa y satisfecha. Haruhi se disponía a acortar la distancia que las separaba.
-No continúes.- le indicó con el gesto amable de una madre. Ella dejó de moverse.
-¿Es que no iré contigo?
Hubo una suave negación.
-No es tu momento. No puedes rendirte aún.
-Pero...-
-¿Es que lo has olvidado? Tienes una maravillosa vida a la que debes volver.
Haruhi abrió los ojos sorprendida. Sí...apenas recordaba. Todo lucía borroso en su mente. Esperó un momento y luego aquellos recuerdos adquirieron uniformidad. Recordaba una alegre risita infantil y el calor de unos brazos pequeños sobre su cuello. Sonrísas, decenas de sonrísas a su alrededor. Unos amables ojos grises.
-Haruhi.- le llamó una voz masculina que le parecía familiar.
Luego, sintió el roce delicado de unos labios.
-No les hagas esperar más. No te preocupes. Cuando la hora llegue para tí, yo guiaré tu camino.
-¿Mamá?
Kotoko ya no estaba. Sus palabras habían resonado lejanas, casi como un eco. Alrededor de Haruhi todo se volvió oscuro...y tuvo la urgente necesidad de correr. Lo hacía. Corría con la avidez de quien tiene prisa, de quien espera ese ansioso encuentro que ha esperado por horas, de quien es consumido por la desesperación. Su corazón, que hasta ese momento no había podido sentir, comenzó a latir con fuerza, rítmico...y aquel vacío que la rodeaba se esfumó. La joven inhaló profundamente y dejó escapar el aire con un gemido. Entonces la luz y unos confusos sonidos se hicieron presentes.
-¡Volvió! ¡Ha vuelto!
-¡Tenemos reacción! Ha abierto los ojos.
-¿Señorita Fujioka? ¿Me escucha? Quédese con nosotros.
-El pulso es estable.
La serie de voces y sonidos llegaban amortiguados. Haruhi estaba desorientada y luchaba por mover su cuerpo, sin embargo, unas amables manos le contuvieron.
-Está bien. Ya estás a salvo.- le indicó una mujer.
Entonces la joven se relajó y permitió que aquellos extraños continuaran su labor.
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-Papá, para. No puedo comer una cucharada más de eso.
Ryouji la miró con fingida severidad y negó enérgico.
-¡Nada de eso! Comerás todo lo que hay en este plato. Necesitas reponer fuerzas.
Cuando Haruhi fue trasladada a la habitación al estar ya fuera de peligro, Ranka había sido el primero en verla. Al notar que su hija no mencionó ni hizo preguntas acerca de su bebé, asumió que ella no estaba enterada todavía sobre su embarazo. No quería agobiarla aún y les había pedido a los otros que tampoco lo hicieran. Ya habría oportunidad de ponerla al tanto.
La joven suspiró resignada.
-Bien, pero déjame hacerlo por mi cuenta.
La mirada de su padre se enterneció por un instante.
-Permite que lo haga yo. No he cuidado de ti desde que eras muy pequeña. Quisiera serte al menos un poco útil.
-¡Vamos, papá! No digas eso. Has sido un gran padre.
Los ojos de Ranka brillaron con exagerada ilusión y alegría mientras se tocaba las mejillas en un dramático gesto de ensoñación.
-¿Lo has oído, Kotoko? Nuestra Haruhi me ha dicho algo muy lindo.
La joven hubiese podido reir de buena gana pero el dolor en su costado izquierdo se lo impedía.
-¡Ah, es verdad!- dijo él mientras se apresuraba a buscar algo en su bolso. Segundos después, sacó su móvil. -Kyouya ha enviado algo para ti.
-¿Kyouya?- la sola mención de su nombre le aceleró el pulso. A él no lo había visto desde que abrió los ojos.
Ryouji manipuló el aparato y enseguida se lo entregó a su hija. Una reproducción de video tenía lugar.
-Haruhi.- el heredero Ootori hablaba de frente a la cámara. -Alguien tiene muchos deseos de saludarte.
-¿Mamá?
La imagen de su pequeña acaparó la pantalla. Haruhi se llevó una mano a los labios, ahogando un gemido.
-¿Mamá pede velme?
-Podrá verte. Envíale besos y deséale que se recupere pronto.- le indicaba la voz masculina.
-¿A mamá le dele?
-Un poco pero va a estar bien.
-¡Te quelo, mamá!
Y los labios de la niña se acercaron hasta oscurecer la toma. Así, la grabación finalizó. La joven permitió que algunas lágrimas bajaran por sus mejillas.
-Kyouya ha hablado con Yuzuru. El hombre no dudó ni un momento en ayudarle a encontrar a nuestra bebita. Si alguien les comprende, es él. Ahora no debes preocuparte más.
Haruhi asintió en silencio y se recostó sobre su cama. Una ligera sonrísa adornó su rostro luego de haber limpiado los rastros de su llanto. La mezcla de alegría, agradecimiento y alivio inundaban su pecho.
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Con un libro entre sus manos, Haruhi veía pasar el tiempo. Su padre había ido a casa a descansar un poco. Ahora Mitsukuni cuidaba de ella pero en ese momento había salido. Ella aguardaba su regreso. La mirada de la joven se dirigió a la ventana. Minutos más tarde, el sonido de la puerta al abrirse le alertó. Haruhi iba a hacer algún comentario gracioso acerca de la prolongada ausencia de su amigo, sin embargo, al notar a la persona que acababa de llegar, el aliento la abandonó.
Nozomi avanzaba hacia ella. La mujer de Kyouya, tan elegante y delicada como era, hizo una reverencia.
-Buenas noches.
-Bu..buenas noches.- respondió la joven abogada.
-Es casi hora de cenar. Imaginé que podrías tener hambre.
Fue entonces que Haruhi reparó en el hecho de que la recién llegada llevaba consigo una canastilla y que comenzaba a sacar de ahí varios recipientes. En un tazón, vertió una especie de sopa con arroz y vegetales. Sopló suavemente y se lo ofreció.
-Cuidado. Está caliente.
Haruhi la miró anonadada, sin ser capaz de moverse. Nozomi se mostró serena.
-No desconfíes. No me pasaría por la mente hacerte daño en la condición que te encuentras.
Al notar que ella no reaccionaba, la esposa de Ootori tomó una cucharada y la llevó a su propia boca.
-¿Lo ves? No hay ningún peligro.
La joven abogada aceptó el tazón. Lo miró un poco más antes de decidirse a sorber el primer bocado. Sus mejillas se ruborizaron levemente al sentir el calor de esa sopa recorriendo su garganta.
-Es...está deliciosa. Gracias.
-La preparé yo misma. Es una receta especial. Será buena para ti y para tu bebé.
Los ojos de Haruhi se abrieron con enorme sorpresa.
-¿Qué?
Nozomi se mostró desconcertada.
-¿No lo sabías? Estás embarazada.
-¡No! No puede ser posible. Comencé a utilizar el parche.- Haruhi quiso morderse la lengua. Aquello había sido muy espontáneo pero le pareció de mal gusto recordarle a su visitante que había mantenido intimidad con su marido.
-Pues...creo que ese tipo de métodos no funcionan cuando la concepción ya se ha dado. Los médicos han confirmado tu estado.
Haruhi tragó con dificultad. Un bebé. Esperaba un hijo de Kyouya Ootori.
-Me disculpo. No ha sido mi intención alterarte. Creí que lo sabías.
-¿Puedo preguntar qué hace usted aquí? No considero que deba sentirse agobiada por mi persona.
-Por favor, no seas tan formal. Casi tenemos la misma edad. Puedes llamarme Nozomi.
-¿Puedo conocer el motivo de tu visita...Nozomi?
-Tienes razón. No he venido por consideración a tí. Lo he hecho por mi marido...-
-Ruego me disculpes...-
-Permite que continúe, por favor.- le pidió haciendo un delicado ademán. -No voy a mentirte diciendo que me ha hecho feliz lo que han hecho. Sin embargo, soy capaz de hacer cualquier cosa por Kyouya...y he de aceptar a ese hijo suyo que ahora llevas en tu vientre.
El rostro de Haruhi estaba contrariado y fue incapaz de replicar algo. Nozomi suspiró profundamente.
-Debes ser fuerte y traer con bien a ese niño al mundo. Si permites que mi marido pierda otro hijo...no te perdonaré.
Haruhi había bajado el rostro, ocultando su mirada que repentinamente se había nublado. No iba a permitirse llorar frente a aquella delicada mujer.
-Amo a Kyouya. Lo amo incluso mucho más que tú. Durante años...traté de encontrar la manera de hacerlo feliz. Supe muy tarde que eso no estaba en mis manos...pero...si puedo proteger lo que es tan importante para él, supongo que será algo.
Ambas compartieron una mirada. La joven abogada pudo notar resignación y soledad en aquellos ojos dorados. Siempre tuvo la idea de que esa mujer era frágil y delicada...pero su semblante no reflejaba aquello. Una fuerte convicción le hacía ver...tan confiable y decidida.
-Anda, come tu sopa o se enfriará. Me enfadaré mucho si no terminas todo lo que he preparado para ti.
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Nozomi cerraba la puerta de la habitación de Haruhi cuando vio a Kyouya avanzar por el pasillo en su dirección. Al verla, él detuvo su paso y se mantuvo en su sitio. Su mirada gris no reflejaba otra cosa más que pesar.
-Se ha quedado dormida.- le indicó ella, con amabilidad.
El heredero Ootori notó que ella cargaba una canasta.
-Le he preparado la cena. Necesitabamos tener una charla. No te molestes.
-No estoy molesto.
-¡Ah! Me alegra.- una suave sonrísa se dibujó en los labios de Nozomi.
Se miraron un momento el uno al otro. Kyouya no podía evitar una extraña mezcla de emociones. Había un poco de pesar pero también...un sincero agradecimiento. Ella se le acercó lentamente.
-Yo...¿me permitirías...abrazarte?
El joven Ootori asintió con serenidad. Nozomi lo envolvió en un gesto amoroso.
-Siempre voy a amarte, querido. No lo olvides.
Él estaba por replicar pero su esposa se apartó apenas de él y colocó una mano sobre su boca para impedirle el habla.
-Lo sé, de verdad lo sé. Pero eso no cambia nada. Te amo y quiero que seas muy feliz. Perdóname por mi egoísmo y mi debilidad. Todo este tiempo...solo busqué sentirme protegida. Tenía tanto miedo. Y ¿sabes? Descubrí que soy capaz de cuidar de mí misma. Ya no quiero regresar a ese sitio oscuro.
La mirada de Kyouya se ablandó. Contemplaba a su esposa con respeto y admiración...por primera vez. Ella soltó una risita melodiosa.
-Creo que...lo que en realidad quiero decir, es que te doy tu libertad.
-¿Qué harás a partir de ahora?- le cuestionó en voz baja.
-No lo sé. Supongo que hay muchas cosas que puedo lograr. Voy a estar bien, de cualquier forma.
Habiendo dicho aquello, Nozomi acarició la mejilla lastimada de su esposo.
-Debo continuar, querido. Y no te preocupes...si está en mis manos, haré lo necesario para que logres la felicidad que mereces.
El heredero Ootori quiso cuestionar el significado de aquella última frase, sin embargo, la joven ya había recorrido una distancia considerable. Resignado, volvió su vista al frente y caminó lento hacia la habitación de Haruhi.
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Tamaki recorrió aquel enorme jardín con el suave viento soplando en su cara. Su semblante de fastidio se ablandó en cuanto vio a su anfitriona. Una joven con rasgos finos y con un largo cabello castaño que se ondeaba con la brisa.
-Ah, señor Suou. Gracias por aceptar mi invitación. Por favor, tome asiento.
El rubio obedeció sin decir una palabra. Ella sonrió mientras le servía té.
-¿Le noto molesto?
-No, confundido. No entiendo que es lo que necesita de mí.
-Me interesa una charla con usted. Después de todo, es el mejor amigo de mi ex esposo.
-Ex mejor amigo.- respondió él con una sonrísa amarga.
Nozomi le miró sin borrar su amable sonrísa. Tamaki no podía evitar cierta...incomodidad. Desanudó un poco su corbata y aflojó la presión de su cuello.
-Le aseguro que Kyouya no le tiene más resentimientos. No tiene mal corazón.
-Pero yo sí. Lo odio.
-¿Y eso aporta algo a su vida? ¿Es la impresión que quiere dar a su hija?
-Sin ofenderla, pero eso no es de su incumbencia.
-No es mi intención ser entrometida. Únicamente deseo velar por el bienestar de ese niñito que viene en camino. Un ambiente con adultos resentidos no puede ser bueno para esos pequeños.
-No son sus hijos.
-Lo siento, considero que la felicidad de un niño está en las manos de los adultos, sin importar si son o no sus padres.
-¿Y qué espera obtener de esta conversación?
-Conocerle un poco. Comprenderlo...Quizá pudiese llegar a convencerlo.
-Pierde su tiempo.
La brisa sopló con mayor fuerza, alborotando el cabello de Nozomi. Los ojos de ella brillaron, presas de una indescriptible emoción.
-Me han dicho...que usted es un excelente pianista.
Los ojos de Tamaki no pudieron apartarse de ella al mirarla pasar un mechón por detrás de su oreja, en un femenino y elegante gesto.
-¿Le importaría tocar algo para mí? Adoro la música de piano.
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La anciana señora Kamiko se acercó al comedor, llevando varios sobres en las manos.
-La correspondencia.- les indicó a Kyouya y a Haruhi, quienes terminaban su desayuno.
La mujer fue hasta el asiento en el que se encontraba Kotoko y la puso de pie sobre el suelo.
-Vamos, cariño. Te mudaré de ropa y saldremos al parque.
-¿No hay escuela hoy?
-No. Es sábado.- explicó la señora Kamiko, caminando con la niña de la mano.
Ya estando solos, el heredero Ootori procedió a revisar las misivas al tiempo que daba un sorbo a su café.
-Está es para ti.- le dijo a Haruhi, quien la tomó de inmediato.
La abrió con rapidez y pronto tuvo el mensaje entre sus manos. Kyouya la miraba a discreción mientras pretendía beber más de su taza. La joven sonrió ligeramente.
-Se ha procesado la sentencia de divorcio. El acta nos será enviada pronto.
El rostro del heredero Ootori reflejó una entera satisfacción.
-Con suerte, nuestro hijo ya habrá nacido para entonces.- agregó ella, acariciando su enorme vientre.
-Espero que no hayas olvidado la promesa de casarte conmigo.
-¿Es que me permitirías olvidar algo así?
Kyouya sonrió de lado y tomó con su mano izquierda la mano derecha de su amada, depositando un suave beso. Ella enlazó sus dedos a los de él. Se mantuvieron así un momento, hasta que uno de los sobres llamó la atención de Haruhi.
-Vaya. Nozomi ha enviado carta.
El joven Ootori dirigió su vista al papel y su mirada se ablandó.
-¿Quieres que la leamos más tarde? Ahora mismo...se me ocurre que mi prometida y yo podriamos aprovechar que cierta pequeña pasará un rato en el parque. Nos quedaremos solos en casa.
Haruhi no pudo evitar ruborizarse.
-Señor presidente, me gustaría que se abstuviera de hacerme ese tipo de proposiciones.
-Olvida que en esta casa usted no es mi asesora, abogada Fujioka.
Se besaron de forma fugaz. Un roce de labios que les provocó un cosquilleo en la piel.
-Vamos a nuestra habitación.- le ordenó él.
-¡Mamá, Papi Kyouya! ¡Vamos al palque!- les llamó una entusiasmada Kotoko.
-¿Es que no quieres que la señora Kamiko te acompañe?- le preguntó Haruhi.
-¡Sí! Quielo que vayamos juntos. ¡Vamos todos!
La sonrísa de la chiquilla era radiante. Provocaba tanta ternura. Kyouya sonrió con amabilidad.
-Te tendré a solas más tarde.- le susurró a Haruhi con una mirada llena de intención, justo antes de avanzar hacia la niña para tomarla en brazos.
La joven madre les dio alcance y él le ofreció su mano libre. Ella la tomó sin dudar, enlazándose en un delicado agarre en el que ambos se decían cuanto se amaban.
FIN
He terminado. Aquí tienen la conclusión de esta historia. Una historia que más que buenos o malos, trato de reflejar seres humanos con emociones y sentimientos. Personas que tomaron malas decisiones y tuvieron que responder por sus acciones. En lo personal, lo he disfrutado, como procuro hacer con cada uno de mis escritos. Espero haber logrado mi propósito.
No me resta más que agradecer el apoyo de mis lectores, en especial de aquellos que me alegraron con sus comentarios.
Sofitkm: Gracias por tu apoyo en todos mis fics de esta pareja. Un gusto leerte. Besos...
Cheshire2313: Te agradezco estar al pendiente. Besos
Mutemuia: Maite...¿a ti que puedo decirte? No puedo más que agradecer tus hermosos comentarios, que reitero, son siempre tan personales que aprecio con todo mi corazón. Eres una autora a la que admiro y a quien, aun sin conocernos en persona, le guardo afecto. No hay palabras para mostrarte mi gratitud. Espero de verdad seguirte leyendo. Un enorme beso...
Cristianrey1980: Amiga, comprendo que puedes tener muchas ocupaciones y aprecio mucho que a pesar de ello me hayas hecho digna de tu tiempo y atención. Muchas gracias. Besos...
Okita Kagura: Preciosa...siempre un placer leerte y escuchar tus opiniones. Las chicas y tú han sido un gran apoyo. Muchas gracias. Continuamos leyéndonos. Besos...
xxxSerinaxxx: Beauty, i very much appreciate your kind comments. I'm flattered to have been worthy of your attention . Thank you very much for your support. I hope to read you again. Kisses...
PaulaGaTo: Gracias por estar al pendiente de esta historia y por el apoyo que me has dado. Besos...
Yurica: Linda, ¿cómo agradecerte a ti también? Compartir impresiones contigo ha sido de lo más enriquecedor. No tienes idea de cuantas veces me hiciste el día con esos comentarios tuyos. Simplemente los amé. Ojalá no sea la última vez que podamos leernos. Besos...
Barbara Gizela: Muchas gracias por leerme y regalarme comentarios. Besos...
Mis más sinceros agradecimientos a ustedes y a quienes lean y comenten en este último capítulo.
Me despido con la "amenaza" de regresar pronto. Un gusto enorme leernos.
Hasta pronto...
