Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa v_v….aclarado esto aquí vamos.
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ASHITA NE NAREBA
POR MIMI CHAN
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Capitulo 7
Cita Con El Lobo
Había pasado ya un par de semanas desde que habían empezado las clases en la universidad y bien, no era tan malo como se había atrevido a imaginar.
Solo había pocas cosas que él no dominara ya, la historia del Japón era un libro abierto para él, en ocasiones incluso había querido contradecir algunas aseveraciones sobre el Sengoku jidal y el periodo Edo.
Él se había ocultado entre los soldados de los Shogun por un tiempo. En realidad ocultado no era un término correcto, se había quedado en medio de los humanos por que es lo que Kagome hubiera querido. No fue si no hasta que los Tokugawa habían hecho demasiado alarde de su poder y se había unido a los guerrilleros que defendían a los pueblos, se quedo con ellos solo por un tiempo, la depresión de las personas que habían visto a sus terratenientes y señores finalmente rendirse le había hecho finalmente irse.
Aun ne medio de su viaje había estado al pendiente de lo que había pasado en su tierra, en los diferentes países se entero de los adelantos del arte y su cierre al mundo, sabía que eso terminaría mal; cuando por fin había dejado Escocia se había enterado de los desastres de la era Meiji y lo que siguió después, había estado allí también un tiempo durante el periodo Taisho después de abandonar Escocia y permanecido allí hasta la 2da guerra mundial. Peleo en las diferentes batallas de Japón: en la 1era guerra mundial, la guerra contra China y la Unión soviética y la 2da guerra mundial, cuando Japón empezó a recuperar su estabilidad y la fecha del nacimiento de Kagome se acercaba él se había ido a América para hacer crecer el dinero que los McKeltar le habían heredado. Eso unido al dinero ganado en el ejército y la habilidad que había ganado en reconocer a los humanos, sus necesidades y sus deseos, ayudado por sus habilidades como druida.
Bien, no había sido una labor demasiado difícil hacer crecer la pequeña fortuna en un 1000 %
El mundo también había sido un pañuelo. Mientras el dinero que tenía crecía lo había hecho viajar mucho y de cada tierra que había pisado había aprendido cosas.
Más ahora que le dieran la historia de todos esos lugares le parecía bien, apasionante, con los McKeltar había aprendido mucho de magia e historia de muchos de ellos, pero una viva explicación por hombres que habían dedicado su vida para aprender de esas culturas, era… bien era bastante agradable.
Para su completo gusto para Kagome era lo mismo, escuchaba con la misma atención las explicaciones de los profesores y no perdía una sola nota. A menudo se preguntaba si su deseo de conocer la historia nacía del hecho de que en otra vida había estado en medio de esa historia y la había vivido.
En un ágil movimiento levantó la mano y en el aire atrapó un avión de papel que se dirigía a su nuca, suspiró por enésima vez. Volteó un momento para ver a Shipoou que reía divertido con Miroku a un lado mientras Sango ponía cara de fastidio.
Desteñido el papel y vio lo que tenía escrito.
"Si lo se, te preguntas que hago aquí si me aburre tanto la materia, pero no sabía que Sango y Miroku decidirían estudiar una cosa tan aburrida, solo los estoy siguiendo, salgamos de aquí tomemos unas cuantas botellas de sake, conozco un buen lugar, tu estás tan aburrido como yo de esto, reconócelo, nosotros vivimos esto, no necesitamos estudiarlo."
Inuyasha hizo un nudo de el papel y lo arrojó a su espalda, este cayó de lleno en la cabeza del joven pelirrojo a su espalda, cuando el zorro tomó el papel se empezó a desenredar solo dándole tamaño susto.
"Ni lo sueñes cachorro, eres aun demasiado joven aun para beber sake además. Estás aquí, estudia, no todo es magia zorruna en el universo.
Además no pienso quitarle la vista de encima a Kagome un momento, ese asqueroso lobo no ha parado de rondarla.
Además soy abstemio, hasta yo soy demasiado joven para el sake, déjalo para el anciano de Sesshomaru que debe tener ahora como 2000 años."
- Aburrido – dijo el joven zorro haciendo nudos de nuevo la hoja.
Cuando el joven sintió que algo le quemaba el pelo agitó su cabeza deprisa con miedo, odiaba los poderes de Inuyasha.
Pero cuando vio casi como físicamente la mirada de Kagome regañaba al hanyou como en antaño casi quiso reír.
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- No veo por que todo el tiempo tiene que estar discutiendo.
- No me hagas repetirlo de nuevo Kagome.
Apenas habían salido de clase el adolorido chico había pasado al lado de Kagome quejándose, exagerando sobre la "chispa" en la cabeza que le había arrojado Inuyasha y Kagome, en un instinto sumamente maternal, lo había defendido enseguida.
- Shipoou es un chico adorable y lo tratas como un crió, por eso especialmente la ha agarrado contigo.
- Es un cachorro Kagome, no viste la nota que me mando sino no lo defenderías tanto.
- Defiendo lo que creo correcto Inuyasha – dijo enérgica – además no era una excusa para que pusieras una chispa en su cabello, si no lo hubiera notado podría haberse quemado seriamente, has pensado en eso.
- No hubiera pasado Kagome, el cachorro hace trucos mágicos con fuego – la chica no sabía hasta que dimensión podía hacer "fuego mágico" – sabe de estás chispas.
- De cualquier modo Inuyasha, te portas como un chiquillo de 5 años con él.
- Caramba Kagome habrá alguna vez que me des la razón a mi en lugar de proteger al enano en está vida.
- Inuyasha…
Un escalofrió recorrió la espina de Kagome, por centésima vez, cada vez que discutía con Inuyasha era lo mismo llegaba un punto donde ella quería decir algo y no sabía que era.
Era muy raro.
- Deja de molestar a Shipoou – dijo exhalando aire pesadamente – es un buen chico no molesta a nadie salvo a ti.
- Fhe.
Kagome suspiró exasperada, ese "fhe" que Inuyasha cada vez sacaba más a menudo, era como daba por terminadas sus discusiones, sabía que con cualquier otro chico eso le molestaría pero de alguna manera no lo hacia con él, tenía la más loca impresión de que de hecho estaba acostumbrada.
Sonrió cuando vio a Kouga venir en dirección a ella desde uno de los pasillos de la laberíntica universidad. Miró a Inuyasha que tenía una expresión molesta, así que decidió ir al encuentro del lobo antes de que empezara otra pelea de familias.
- Hola preciosa – dijo el joven de ojos azules poniendo un beso en la mejilla de la castaña – ¿Qué tal tu día?
- Hola lobo, muy bien – dijo con una sonrisa – estamos atrapando el ritmo aun, pero todo parece ir bien, ¿Y tú?
- En mi elemento, pero cansado, al menos ya es fin de semana.
- Si – dijo con un suspiro satisfecho, ella también había estado deseando ese descanso con ansia.
Kouga miró a su espalda en una actitud que ella pudo llamar casi canina, lo que le arrancó una risa divertida.
- ¿Vienes con tu chucho? – dijo con precaución.
- Kouga… - lo reprendió, ella había tomado esa costumbre de llamar "chucho" a Inuyasha aunque sinceramente no lo entendía, pero aun así le parecía muy descortés.
- Bien, es tu guardián – le respondió antes de que lo defendiera aun más – no te deja ni a sol ni a sombra, tienes que reconocerlo.
- Él me ha platicado que entre sus familias ha habido problemas y por eso se porta así contigo – dijo ella sin querer ahondar mucho en el tema, no sabía si era tan delicado para Kouga como lo era para Inuyasha – pero no es mi guardián ni nada por el estilo.
Kouga la vio con ojos amplio, sus pupilas alargadas como las de un gato, era la primera vez que Kagome se daba cuenta de lo extraños que eran sus ojos.
- ¿Que fue lo que te dijo? – preguntó casi alarmado.
- Que un antepasado tuyo le había hecho daño a alguien querido de su familia – dijo sin entrar en pormenores – no me dio demasiados detalles.
Kouga miro irritado a Inuyasha que se acercaba ya con pasos lentos y molestos a donde ellos estaban, ¡Kami sama! incluso su medio hermano ya había perdonado que su manada matara a la pequeña humana, además como todos los humanos, ya había muerto hace mucho tiempo.
Pronto Inuyasha ya estaba al lado de la pareja con cara de pocos amigos.
- McKeltar – saludó por apariencias Kouga a Inuyasha pero con voz anacrónica.
- Okami. – dijo con el mismo tono tranquilo pero cargado de frialdad.
- ¡Oh por Dios! ¿Pasaremos por lo mismo cada vez que nos encontremos? – dijo Kagome irritada – Inuyasha mejor espérame en el estacionamiento.
- Yo podría llevarte en mi moto Kagome – se ofreció Kouga.
- Y matarla en el proceso lobo sarnoso. – dijo con una sonrisa retorcida el joven hanyou
- Tu podrías hacer lo mismo chucho. – dijo aproximándose un paso.
- Basta – dijo Kagome, metiéndose entre los dos hombres aunque cada uno le llevara más de una cabeza y volteó a ver a Inuyasha – espera por mi Inuyasha, por favor.
- No tardes, por favor. – dijo sin mirarla en realidad mandando un ultimo desafió a Kouga con lo ojos antes de dar la vuelta.
Solo cuando Inuyasha se fue Kagome respiró de nuevo, era increíble la tensión entre estos dos hombres, que tan malo pudo haber sido lo que la familia de Kouga le había hecho a la de Inuyasha.
- Realmente Kagome no se que haces a un lado de ese tipo. – le reprochó de inmediato Kouga cuando Inuyasha había tomado ya suficiente distancia.
- Inuyasha es un buen amigo Kouga – lo defendió enseguida – no solo mió si no también de toda mi familia.
- Como sea – dijo y puso una mejor cara – Oye, ¿Qué dices si mañana salimos juntos? haremos lo que tú quieras, no tengo gran experiencia en citas, así que puedes escoger.
- Si, claro – dijo evidentemente incrédula, Kouga podía tener sus puntos, pero definitivamente era la mar de atractivo, solo mientras platicaban allí no había pasado una sola chica que lo le dedicara una mirada apreciativa – te voy a creer que no tienes experiencia en citas.
- Es la verdad Kagome, solo he estado con una chica en toda mi vida y nosotros no tuvimos lo que llamarías muchas citas – los ojos azules de Kouga se llenaban de humo cada vez que hablaba de ella, sea como sea, había adorado a la loba, había sido una chica increíble estando a su lado – cuando ella…
- Lo se – sabía muy bien la historia de Ayame y sabía cuanta tristeza le causaba – me encantaría salir un rato y divertirme para variar, la semana ha sido un poco estresante, ¿Te apetece una película y pizza?
- Hamburguesas. – dijo con animo el chico, pan y queso no comparaba con el sabor de una gruesa loncha de carne en medio de especias, había aprendido a saborear con los siglos la mostaza y la salsa de tomate.
- Bien hamburguesas. – dijo con una sonrisa, Kouga después de todo era 100 x 100 carnívoro, desde que lo conocía.
- ¿Es una cita? – dijo con una sonrisa picara.
- Es… - "una salida entre amigos" quiso decir, ella si que no tenía ninguna experiencia en citas y no sabía que tan… ¡Bien que era lo peor que podía pasar! – una cita, pero ya debo irme o Inuyasha vendrá a armarte la bronca.
- Déjalo que se atreva – dijo inflándose el pecho.
- Hasta mañana lobo – dijo caminando lejos de él con una sonrisa.
- Hasta mañana preciosa – dijo con una voz baja e intima.
"Finalmente" pensó emocionado el lobo, al menos en una cosa tenía que llevarle la delantera al hanyou está vez.
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Lo más tonto de su vida había sido dejarla sola la mañana pasada platicando con el lobo y lo más inteligente era dejarla sola justo ahora.
"Saldremos a comer una hamburguesa y a ver una película, la verdad me moría por hacer algo este fin de semana han sido unas semanas tan largas"
Lo había dicho tan tranquila, como si no significara absolutamente nada para él, y se supone que así debía ser, no debía significar nada para él, por que no era después de todo más que un amigo con el que había tenido que convivir mucho tiempo en los últimos meses, no lo había elegido, él le había impuesto su presencia a su alrededor sin preguntarle si la deseaba o no.
Pero le importaba, ¡Vaya que si le importaba!, el conocimiento de que estaría a solas con el lobo en una cita humana le hacia arder la sangre de ira, si hubiera sabido que esos solos pocos minutos que el día anterior habían significado que el lobo le pediría una cita la hubiera tomado por la cintura la hubiera puesto sobre su hombro y no la hubiera soltado hasta dejarla encerrada en su habitación para que no pudiera ir a ningún lado en todo él fin de semana mientras él acorralaba y mataba al pulguiento lobo.
Cuenta violencia, cuenta ira, cuenta… desesperación.
Durante todos los años que no estuvo cerca de Kagome las preguntas de cuantos humanos pudieron haberla deseado le habían corrompido el alma, deseó por muchas noches poder ir a donde ella y si veía a alguien a su lado romperlo, desgarrarlo a pedazos, el conocimiento de que ella era suya no se iba con su muerte en el pasado, una vez que Kagome había sido marcada como suya, era suya, por todas las leyes posibles, en cuerpo y alma, suya, nadie más que él tenía derecho de ella, solo él, pero ella no lo sabía y eso le estaba haciendo freír el cerebro.
En las citas humanas que él había visto los jóvenes se sonreían, se tocaban, se besaban y la idea de que Kagome pudiera hacer eso con Kouga – para el caso, con cualquier otro ser vivo – hacia que se le revolviera el estomago y tuviera una autentica sed de sangre.
Era terrorífico, si lo sabía pero no podía hacer nada para evitarlo.
Y ahora ella había quedado de acuerdo con el lobo para una cita con él y todo eso que tanto él había temido podía pasar, y sabía que no tenía ningún derecho para evitarlo. Él no era de Kagome en ese momento si no más que un buen amigo y nada más.
Ella tenía derecho en su nueva vida de tener un camino diferente al suyo, la había tenido una vez pero eso no significaba que pudiera tenerla siempre, la vida de Kagome pertenecía a nadie más que a si misma y ella no iba a hacer por mucho que lo deseara que eso fuera diferente.
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Kagome despertó somnolienta esa mañana y apenas se concentraba en su trabajo en el templo, no había podido dormir muy bien.
Había tenido toda la noche el impulso de levantar el teléfono no importándole la hora y llamar a Kouga y cancelar, pero no tenía ninguna excusa o ni siquiera una explicación para ese deseo.
Kouga había sido siempre un caballero con ella, cierto era algo… no sabía como explicar esa sensación que tenía de estar con él, una persona un poco… incivilizada… más que eso, salvaje, medio salvaje. Esa era la sensación que tenía con Kouga, pero no era agresivo ni nada por el estilo, desde que lo conocía, y cada vez que se encontraban en vacaciones él se derretía en detalles y caballerosidad con ella, pero…
Pero… se sentía…
Incorrecto.
Ella se había explicado el sentimiento siempre por el hecho de estar enamorada de Kingin, era tonto, lo sabía pero de igual modo no podía hacer nada para que fuera diferente, así se sentía, como si al salir con cualquier chico, como si siquiera admirar lo guapo que era algún chico le estuviera fallando a Kingin, pero ya no era el quien le preocupaba.
Durante toda la noche en lo único que había podido pensar era en Inuyasha.
Ok, quizás era por que sabía que Inuyasha y Kouga no se llevaban bien, y siendo sincera aunque a veces el chico de ojos dorados la asustaba un poco, por razones que tampoco entendía, le había tomado cariño, y si salía con único que se supone era como un enemigo para él, de alguna manera le estaba fallando a su amistad. Al menos esa era la razón lógica.
Lo que su corazón le decía cada vez que ella le sonreía y él hacia lo mismo para ella le decía una cosa muy diferente, como su corazón latía más rápido y sentía que sus mejillas enrojecían, como disfrutaba cada conversación con él y como sentía que no debía dejarlo solo, más que nada, era eso, sentía su soledad tan adentro que sentía que quería más que nada no dejarlo solo.
Era realmente tan extraño.
Y eso la asustaba.
Así que cuando Kouga había sugerido una cita había aceptado, si veía a otro chico que no fuera a Inuyasha, uno al que pudiera tratar de la misma manera, quizás el sentimiento que estaba alimentando por Inuyasha empezaba a desvanecerse. Le gustaba, obviamente, Inuyasha era increíblemente atractivo, pero le asustaba la forma en la que se sentía con él y lo que él reflejaba en sus ojos.
Si, salir con Kouga era una buena idea.
- Ohayou.
Kagome volteó a ver a Rina que venia como cada sábado al templo.
- Ohayou Rina chan – saludó con una sonrisa.
- ¿Cómo has estado amiga? – dijo acercándose para darle un beso en la mejilla.
- Bien, en lo que cabe – dijo con una media sonrisa.
- Ese "en lo que cabe" siempre significa no del todo bien – le dijo su amiga poniendo una expresión un poco contrariada.
- Bueno hoy… - de todos modos se iba a enterar lo mejor era que se lo dijera ella – tengo una cita.
- ¡Yatto! (finalmente) – dijo encantada uniendo sus manos frente a su pecho – Inuyasha te invito a salir, ¿verdad?.
- No – dijo un poco sonrojada – fue mi amigo Kouga.
- ¿El chico de Okinawa? – corroboró la chica.
- Si el mismo – respondió.
- Vaya – dijo desencantada.
- ¿Solo vaya?
- Kagome – dijo mirando a su amiga bajo sus pestañas – evidentemente a ti te gusta Inuyasha, y tú a él, no he entendido hasta ahora si ya han pasado un par de meses por que ninguno ha hecho un movimiento todavía.
- Yo no hago movimientos Rina, lo sabes.
- Pues que anticuada – frunció el seño – con un chico como ese, yo ya lo hubiera hecho, si no me hubieras dedicado aquella mirada de "tócalo y te cortare la mano" cuando me lo presentaste.
- No lo hice – dijo alarmada, nunca había hecho eso.
- Pues mis ojos lo vieron amiga mía.
- Inuyasha… - busco alguna excusa realmente valida dentro de ella, no estaba clara ni para ella – no es el tipo de chico que me gusta.
- ¡Mochiron! (por supuesto) – dijo con una risa divertida como si hubiera dicho un chiste – solo tiene los ojos como siempre los has soñado, el cabello largo y parece un modelo de Calvin Clain, ¿Cómo va a ser de tu tipo?
- Pues no lo es – se repitió más para ella misma que pasa su amiga – precisamente por eso voy a salir con Kouga.
- Claro y por eso te vez tan feliz – dijo con evidente sarcasmo la chica – en fin amiga espero que te diviertas mucho.
- Seguramente lo haré.
Y regresó a barrer hojas tratando de ignorar a su amiga, que no le dio batalla, solo elevó los hombros en acuerdo y fue a su propia pagoda.
Pasaron las horas mientras esperaba la hora de la cita y Kagome miraba muy de vez en cuando las escaleras del templo, estaba esperando que Inuyasha apareciera de un momento a otro, pero las horas pasaron y él nunca llegó. Se sintió dolida por eso, había esperado poder platicar un poco con él, leer uno de los papiros, lo que fuera, estar tranquila antes de la cita, pero él no había llegado.
Quizás no debió haberle dicho antes que iba a salir con Kouga, pero Inuyasha sabía que entre ellos no había nada, Kouga era solo su amigo.
Peor para él.
Terminó de barrer las hojas y vio el sol en lo alto, debía entrar a arreglarse para estar lista, con la decisión tomada, entró a la casa antes de que se hiciera más tarde.
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Justo a las 12 de la mañana, como habían quedado de acuerdo Kouga llegó por ella al templo. Vestía un Jean negro y una camisa blanca, planchada y fresca, lucía muy bien sin demasiado artificio.
- Lista preciosa – dijo con caballerosidad el joven apreciando a su acompañante que llevaba un vestido de verano azul y zapatos bajos, realmente informal, pero aun así hermosa.
- Si.
Tomó su bolsa, se despidió de su madre y padre y salio de la casa. Kouga le extendió la mano pero ella no la aceptó, solo caminó de largo sin mirarlo, como si no hubiera notado su gesto, pero lo escuchó suspirar y pronto alcanzarla.
- ¿Y el chucho? – preguntó sin demasiado entusiasmo.
- Kouga por favor – dijo ligeramente molesta, empezaba a cansarla realmente ese mote tan poco apropiado.
- Está bien, no vale la pena hablar de él – dijo notando su tono defensivo y eso ardió en su estomago, le molestaba sobre manera que lo siguiera defendiendo – ¿Qué te gustaría ver en el cine? No he visto una película en un montón de tiempo en realidad.
- No lo se, yo tampoco he ido al cine desde hace meses – dijo tratando de sonar más cordial – Pero supongo que no te gustara ver alguna historia de chicas, ¿Verdad?
- Mientras sea contigo – dijo con su tono de voz que usaba para complacerla – veré lo que sea Kagome.
Ella solo bajó la mirada y puso atención en las escaleras para no caer. Abajo, aparcado en frente del templo, estaba un hermoso auto color vino.
- Wow – dijo impresionada, los automóviles así le gustaban mucho – ¿Desde cuando un lobo conduce un jaguar?
- Como si no hubiera escuchado ese chiste un montón de veces – dijo con buen humor.
- Y lo seguirás escuchando mientras tengas un jaguar – dijo más animada.
- Run run baby – dijo abriendo la puerta para ella.
Kagome solo se lo tomó con buen humor y subió al auto, había decidido disfrutar el día y de seguro que lo haría.
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Había solo una pequeña diferencia en el aroma de Kagome ahora, era como si, fuera más intenso.
Silenciosamente, cuando había sentido que Kagome se alejaba del templo Higurashi, Inuyasha llegó, saludó a Rina por disimulo y fingió entrar en la pagoda donde estaban los viejos papiros, en el primer descuido de la joven, salio para ir a la casa y subió como tantas otras veces en el pasado – presente ahora – a su habitación.
La habitación no había cambiado mucho, a como la conocía antes, ahora había más libros, en el armario había un traje de sacerdotisa que en su otra vida Kagome no había tenido, y en un cajón conjuros mágicos y papiros, así como un arco colgado en la pared. Pero igual que había sido hacia más de 400 años, toda su casa estaba llena de su aroma, su esencia estaba regada en cada una de las cosas de esa habitación. Pero había notado que era mucho más intenso, lo había analizado con el tiempo y se había dado cuenta de eso.
Se preguntaba de eso, el aroma de Kagome a lirios y orquídeas no había cambiado, ese era su aroma, cargado de algo de magia gracias su nuevo entrenamiento como sacerdotisa, y no estaba el aroma de la perla, ya no más, solo el de ella y su propia magia, pero no había sido así de intenso antes era justo como si estuviera intensificado, no entendía que significaba pero así era.
"Si una pregunta tiene una respuesta llegara, por si sola sin que la persigas" solía decir Collin así que dejo la cuestión a un lado.
La esperaría, se llenaría de su aroma para consolarse y la esperaría, y le pediría, al último y único dios que alguna vez lo había escuchado y lo había llevado hasta ella, que ahora que estaba a su lado no la alejaran de su camino.
Perderla una vez había sido casi su muerte, perderla de nuevo, realmente no sabía si lo soportaría.
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La película era tan… ¡Aburrida!, habían escogido una película de suspenso para que Kouga no se aburriera tanto viéndola, pero el dialogo y las escenas eran tan predecibles que le era difícil seguirla, volteó de soslayo a ver a Kouga y él estaba auténticamente absorto, al menos eso era un consuelo.
La cita no estaba resultando lo que esperaba, el paseo en auto había sido emocionante, en los lugares donde no representaba un peligro, Kouga aceleraba el auto hasta los 120 Km./h y la adrenalina se disparaba en su sistema como droga, pero cuando por fin había llegado a la cuidad y el efecto había pasado, había venido la culpa.
Y no entendía de donde nacía ese sentimiento de culpa que la embargaba, no estaba haciendo nada malo, no era la primera vez que salía con Kouga, aunque nunca en un plan de cita, pero al estar a solas con él, era como si inconcientemente no quisiera prestarle atención y mantener la distancia. Cuando había querido cerrar su brazo en torno a su cintura, ella había dado un paso a un lado y mantenido una distancia prudente, cuando había intentado darle de sus patatas en la boca ella había rechazado la invitación con amabilidad diciéndole que no le apetecían patatas, y obligando a dejar todas las suyas en la mesa aunque tenían incluso sal y ajo y le encantaban así.
Se había sentido sinceramente preocupada cuando habían entrado a la sala de cine, imaginó que Kouga intentaría tomarla de la mano o hacer algún otro movimiento estando los dos sentados tan juntos, pero hasta ahora nada.
Lo miró de nuevo, sus ojos azules atentos a la pantalla. No entendía lo que le pasaba, Kouga era desde luego su tipo, le gustaba en realidad, pero a pesar de todo no podía dejar de verlo solo como a un amigo, había ido ese día con toda la intención de verlo como algo más, pero había sido inútil, mientras más lo intentaba más era la especie de repulsión que su mente le dictaba y no podía controlar.
Se levantó de su lugar y eso llamó la atención del joven lobo que se perdió una colisión de autos en la pantalla.
- ¿A donde vas? – preguntó con curiosidad.
- Al sanitario – dijo en voz baja – regreso pronto.
No dijo nada más, salio por el pasillo y abandonó la negrura de la sala guiada por las luces tenues de neon en el piso. Cuando estuvo fuera, se recargó en la pared más próxima.
Quería irse, realmente quería irse, si no fuera tan buen amigo suyo solo hubiera tomado sus pasos y se hubiera ido dejándolo allí, pero era una increíble falta de respeto.
En un momento la puerta de la sala que salía se abrió de nuevo y allí estaba el joven de ojos azules. Kagome le miró culpable y el solo sonrió con cierta amargura.
Kouga lo sabía, su aroma mismo se lo había dicho desde el primer momento, ella estaba rechazándolo antes de hacer el primer movimiento, como siempre.
Antes no había sido tan obvio, cuando se habían conocido en Okinawa y Kouga se había dado cuenta que era ella, se había movido con cuidado, ganándose su confianza, haciéndose su amigo, pero cada vez que había intentado hacer un movimiento más, el aroma a rechazo en Kagome se disparaba en todas direcciones, podía que su mente no estuviera de acuerdo con su cuerpo, pero la esencia de su cuerpo sabía exactamente que no debía aceptarlo.
Al menos el tenía la ventaja de eso, como un youkai completo podía notar eso en ella, cuantos chicos se habrían tenido que alejar de ella desconcertado, dolidos por su rechazo sin entenderlo. No lo hacia mas fácil, pero al menos era una explicación.
Maldito fuera ese hanyou había ganado la batalla antes de pelearla.
- Supongo que hay marcas que aun siendo invisibles sin imposibles de borrar – dijo más para si que para ella.
- ¿De que hablas? – dijo completamente confundida Kagome., había esperado que Kouga le dijera algo, pero lo que había dicho no tenía ningún sentido.
- ¿Quieres ir a casa cierto? – dijo con resignación.
- Yo…
- No te preocupes, yo sabía que esto era absurdo antes de intentar – dijo de nuevo sin que ella entendiera – pero debía intentarlo. Vamos te llevare a casa.
- Que significa lo que has dicho Kouga?
- No podría explicártelo – dijo con tristeza echándose a andar y ella presurosa lo siguió – pero por tu propio bien, espero que te des cuenta rápido de que es.
Sin decir nada más echo a andar hasta alcanzar la puerta y salir del cine, ella se quedó un par de pasos atrás sin saber que decir y confundida ¿Qué había querido decir con todo eso?
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Llegaron al templo en completo silencio y ella bajó del auto antes de que él la ayudara con la puerta y empezó a subir las escaleras.
Debería ser él quien estuviera molesto por una cita tan mala, pero la verdad era que era ella la que estaba más que molesta, ¿Por qué había dicho esas cosas si no pensaba explicarle lo que significaban? "marcas invisibles" "imposibles de borrar".
- Kouga…
- Nos veremos otro día Kagome – la interrumpió sabiendo lo que quería decir – espero que una cita desastrosa no afecte nuestra amistad.
- Claro que no pero...
- De verdad Kagome si yo pudiera explicarte lo que te dije lo haría, pero una respuesta solo te confundiría aun más, aunque – dijo y miró a su casa, directamente a la ventana de su cuarto – supongo que llego el momento en que te darás cuenta por ti misma.
- Los criptogramas no me gustan Kouga – dijo molesta.
- Y yo soy malo para jugarlos – dijo con tristeza – solo lo hago por tu propio bien.
Sin decir más Kouga le tomó el rostro entre sus mano y sin previo aviso puso un suave beso en sus labios, Kagome sintió un profundo nudo en su estomago y se empujó hacia atrás con completa repulsión.
- ¡No! – salio de su garganta como una suplica.
- Es todo lo que voy a tomar Kagome – dijo con los ojos grises – gracias por la oportunidad.
Dio media vuelta y con paso rápido se alejó por el patio del templo y llegó a las escaleras en menos de 3 segundos estaba completamente lejos de su vista.
Se llevo una mano a los labios y sin pensarlo se limpio el beso de la boca, cuando lo notó, vio su propia mano con la cual se había enjuagado, el nudo en su estomago apenas y se mitigaba. Estaba mal, y era todo lo que sabía, estaba mal haber aceptado ese beso con tanta facilidad, era completamente incorrecto, pero ¿Por qué?
Se acomodó la correa de su bolso al hombro y echó a andar a su casa, saludó a su papá que estaba leyendo el periódico en la sala esperando la comida y les dijo que enseguida bajaría, subió las escaleras con lentitud hasta llegar a su habitación.
"Como si… como si le fallara a alguien al haber aceptado ese beso" así es como se había sentido, no sabía explicar como lo sabía pero así era.
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Solo cuando escuchó el pomo de la puerta girar Inuyasha se dio cuenta de que se había quedado dormido, para mayor colmo de males era ella, intentó levantarse y salir por la ventana, pero no se pudo mover, ella entró y lo vio allí sentado en el piso de su habitación a un lado de su cama sosteniendo uno de sus libros.
Se miraron allí uno frente al otro y por un pequeño momento él sintió que lo reconocía y sintió el corazón latir como loco.
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Entró a la habitación y lo vio allí, sentado en el piso sosteniendo uno de sus libros. Lo más curioso es que no sintió miedo, ni tensión ni curiosidad ni nada, era como si fuera natural verlo allí a pesar de que nunca lo había invitado.
- Inuyasha…
- Kagome.
La resonancia de su voz al decir su voz, ¿Por qué?, ¿Por qué se sentía así?, ¿Por qué sentía que era como si el hubiera esperado un siglo para llamarla por su nombre?
Avanzó en la habitación y se acuclilló a su lado, y lo miró con casi desesperación.
- ¿Por qué? – le exigió.
- ¿Por qué, que Kagome? – preguntó con calma
- ¿Por qué me miras así? – "como si toda tu vida me hubieras deseado ver" – ¿Por qué tu voz suena así cada vez que me llamas? – "como si suplicaras que finalmente respondiera" – ¿Por qué no tengo miedo de que estés aquí? – "si no todo lo contrario" – ¿Por qué siento como si fuera natural? ¿Por qué siento tanta necesidad de estar contigo? – "cada día, todo el tiempo y toda la vida", había mucho más en las preguntas que no pudo hacer que en las que hizo.
- Kagome…
- ¿Quién eres?
- Solo soy yo, Inuyasha. – "el ser vivo que te adora de una forma que me aterra y me alimenta, que lo hará hasta el ultimo aliento de mi vida sin importar cuanto este llegue, que hará todo y lo dará todo para que estés conmigo"
- Solo Inuyasha…
"Solo Inuyasha" eso no le respondió nada, él era mucho más que solo un nombre. Sin saber realmente por que, llevó una mano a su pecho y buscó el pulso de su corazón; allí estaba fuerte y vivo, no era un producto de su imaginación, sin duda alguna su corazón latía existente. Recargó su frente contra su pecho y pegó su cabeza a él y escuchó de más cerca el acelerado latido de su corazón, se sentía tan, tan bien oírlo latir, cerró sus ojos y dejó que el sentimiento cualquiera que fuere que le inspiraba Inuyasha la llenara de pies a cabeza, sentía algo por él, algo increíblemente intenso y poderoso. Sintió los brazos de Inuyasha rodearla y lo rodeó ella a su vez, estaba feliz de por fin poderlo abrazar, de poderlo tener tan cerca y solo deseaba poder fundirse en ese abrazo y no soltarlo hasta que el tiempo terminara. Sintió como la levantaba hasta quedar recargada solo en sus rodillas y lo miró a los ojos. Su propio corazón latía a mil por hora, miró dentro de sus profundos ojos de oro y notó el color blanco de su cabello, plateado y brillante con la luz del crepúsculo que los iluminaba desde la ventaba.
- Por que te amo – lo escuchó decir y su voz le llenó el alma, tan familiar y calida – por eso te miro así, por eso digo tu nombre así, y nunca te haría daño, antes moriría antes de verte lastimada por mi mano – deslizó su mano por su mejilla, Kagome sintió el filo de sus uñas arañando su mejilla – la ultima pregunta no puedo responderla, pero lo daría todo por que la respuesta fuera, que empiezas a recordarme.
- ¿Recordarte…?
Repitió mirándolo a los ojos, si lo había conocido, ¿Cómo iba a olvidarlo?, Cómo iba a olvidar alguien que la sostenía así, que anunciaba que la amaba con esa mirada cristalina e intensa en sus ojos que la hacia desear que fuera verdad y poder corresponder a esa clase de amor que él le declaraba con la misma pasión y necesidad.
Cuando él recargó su frente contra la suya y sintió el leve rumor de su aliento sobre sus labios sintió que el corazón se le detenía y no podía respirar. ¡Dios! sentía que si la besaba se moriría, pero sentía también que si no lo hacia igual pasaría.
- Inu… yasha.
Y todo fue oscuridad.
Inuyasha sostuvo a Kagome en brazos flácida como una muñeca, se alarmó enseguida y la levantó en brazos para ponerla en su cama, seguía respirando, lentamente, pero respiraba y su corazón bombeaba sangre. Había perdido el conocimiento.
Se sintió casi decepcionado, solo un poco más y hubiera probado de nuevo uno de sus besos, la idea de poder besarla lo había quemado a fuego lento desde que la había vuelto a ver y ahora justo un momento antes.
Salio de la habitación para pedir ayuda para devolverle la conciencia.
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Kagome sintió el olor picante de el alcohol alcanzarla y lo apartó.
- Kagome hija despierta.
El aroma la alcanzó de nuevo, y está vez abrió los ojos, toda su familia e Inuyasha estaban a su alrededor, alarmados.
- Kagome, estás bien – su mamá se alejó un poco de ella cuando la vio reaccionar, Kagome se sentó en su cama.
- Mamá – dijo confundida, ¿Qué había pasado? – ¿Qué pasa?
- Por Dios hija, te has vuelto a desmayar.
- ¿Qué? – dijo incrédula.
- Lo siento Kagome – dijo Inuyasha de pronto – fue mi culpa.
- No, fue mi culpa – dijo su mamá – debí haberte dicho, pero no te escuche entrar y tu papá no sabía.
- ¿Saber que? – dijo igual de confundida que antes.
- Creo que te he pegado semejante susto – dijo Inuyasha – estabas apenas entrando a la habitación y te asuste, no pensé que fueras a perder el piso.
- ¿Asustarme?
- Inuyasha me pidió permiso para subir a tu habitación a recoger un libro que te había prestado, – le explico su madre finalmente – como habías salido con tu amigo no tenía caso que te esperara, le pregunte si sabía donde lo podías haber dejado y lo deje subir.
- Estaba buscando en tu librero – continuo el chico – como está fuera de campo de visión creo que cuando te salude te asuste un poco.
- No lo recuerdo – y no, no recordaba eso.
- De veras lo lamento – dijo con sinceridad el chico – pero creo que has empezado a desmayarte muy a menudo, estás comiendo bien ¿Verdad?
- Claro – respondió de forma mecánica.
- No quisiera que fueras a ser una de esas niñas por mantenerse delgadas se saltara la comida, - dijo tratando de picarla, sacarla de sus pensamientos con otro – podría darte anemia, ¿No sería prudente que te hicieras un estudio de sangre?
- Estoy bien – dijo un poco molesta por ese comentario que le hacia ver demasiado vanidosa – quizás solo me acalore, Kouga conducía sin el capo y quizás tome demasiado sol.
- Voy a hablar con ese lobo – dijo con un entrecejo el chico.
- No – lo detuvo. Kouga ya había tenido demasiado con su desastre de cita – yo se lo pedí, nunca había viajado en un jaguar, me emocione.
- Bueno descansa un poco hija – dijo su mamá – dejémosla sola para que descanse, te subiré un plato en un rato hija.
- Me siento bien mamá, puedo bajar a cenar – le respondió.
- Has caso a tu mamá Kagome – dijo Inuyasha – descansa.
- Bien – dijo recostándose de nuevo.
- ¿Te quedas a cenar verdad hijo? – le dijo la mamá de Kagome.
- Claro, un placer.
Todos fueron saliendo de su habitación dejándola sola. Así, trato de recordar que es lo que había pasado, realmente Inuyasha la había asustado cuando entraba y había perdido el sentido, pero no recordaba eso, recordaba haber estado un momento arrodillada a un lado de Inuyasha, haciéndole preguntas que él respondió, pero… ¿Qué le había respondido?
Fin capitulo 7
20 de julio de 2009
11:55 p.m.
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Nota de autora: ya se han de decir "Aha como ya la hizo tardada" mis dos tortolitos merecen ya estar juntos pero ya falta muy poquito, prometo que valdrá la pena cuando llegue, por favor ténganme paciencia, solo que ya saben, me encanta torturarlos antes de que ese momento llegue ^_^
Como diria kouga Run run baby mama me espera en desde hace 10 minutos y sigo aqui me va a horcar.
de nuevo muchas gracias a todos los lectores de la historia espero que el capitulo les haya gustado, especial agradecimiento a:
knd.03
sakurapauand
yuiren3
Peachilein
Sheccid Cullen
Iloveldess
Otaku-SIG
RefiraM
LadyOscar
Fabramo
Elizabeth
Les-kane
La AvIa
Trish Black
ya sabes si el capitulo te ha gustado dejame un review para saberlo, lo agradecere con el alma.
shien shen
Mimi chan
