VECINOS

CAPITULO 9

Sentado en su despacho, revisaba los papeles para su gran inauguración.

Luego de meses, por fin su restaurante vería la luz.

Era una persona tranquila que sabía controlar sus emociones, pero eso no evitaba que se sintiese ansioso.

― Adivina ¿quién soy?

Unas manos femeninas, suaves y con aroma dulce cubrieron sus ojos, desde atrás.

― Sakura… ―dijo de forma directa sin resistirse al inesperado tacto.

― Hum… adivinaste bastante fácil ―se quejó la rosada, con ligero puchero―. No es justo…

― Más que justo, seria predecible ―argumentó el rojizo, mientras posaba sus manos en aquellas que aprisionaban su mirada―. Pero admito que me alegra verte, tu presencia siempre me reconforta…

― Lo sé, tú también provocas eso en mi ―Sakura deslizó sus manos hacia abajo, para rodearlo en un abrazo―. ¿Listo para ir a casa?

― Si, solo déjame guardar estos papeles…

― ¡Oh, buen trabajo!

― Hoy la galería estuvo muy tranquila, pero gracias por los ánimos. Debemos mantenernos optimistas.

― Ah, me están llamando, estoy que llego tarde ―se quejó uno de los integrantes―. Naruto, ¿puedes terminar de cerrar? Toma, te dejo las llaves…

― Ah, está bien, pero…

― Yo también debo irme.

― Y yo…

― Bye bye Naruto, no olvides cerrar bien.

El rubio se quedó solo, metiendo los anuncios y mesas del lugar.

Con su grupo de arte de la universidad, habían abierto ese café con temática de arte, hacía apenas un mes, primero como proyecto para su tesis final, para luego sobrevivir como pequeño negocio, donde aprovechaban para vender y exponer sus obras.

Al principio había dado buenos resultados, pero ahora apenas llegaban para pagar el alquiler del local.

Suspiró con pesar, luego de bajar la cortina mecánica y ponerle el candado oculto.

A comparación de sus otros compañeros, que no se mostraban preocupados, él dependía de los ingresos de este proyecto.

Estaba tan cerca de graduarse, pero a la vez tan lejos, sabiendo que no tendría como pagar los gastos finales.

El lugar era una explosión de ritmo.

Ensayaban a todo volumen, haciendo vibrar el piso, en aquel sótano de la planta baja.

Ella dejó de cantar, ante la fatiga, por falta de aire fresco en el lugar.

Los demás también se detuvieron al notarla.

― Oí, todavía no es hora, no podemos perder tiempo haciendo pausas ―se quejó Karin, quien tenía amarrado su cabello en un moño deforme―, si tienes que ir al baño…

― Me detuve porque me faltó aire, pelirrojo tonta ―le respondió seria la vocalista, mientras abría la puerta del lugar, y se paraba en el marco de esta―, a comparación tuya, yo me sobreesfuerzo más usando la voz en un sitio tan pequeño como este.

― ¿Ah? ¡¿A quién le acabas de decir tonta, rubia creída?! ―explotó Karin, al escucharla.

― Pues, es obvio que, a ti, ¿o es que ves a alguien más acá que tenga el cabello rojo? ―siguió hablando Ann, sin la más mínima reacción al verla enojada―. Por cierto, ¿tienen agua? Tengo sed…

Karin estaba a punto de saltar sobre ella, mas Suigetsu la contuvo, mientras Juugo se levantaba de su batería, y se iba a la otra habitación, para volver con botellas de agua para todos.

― Ah, aquí tienes ―le extendió la botella a la rubia―. Perdona que tengas que trabajar en estas condiciones, el aire acondicionado y el purificador se averiaron hace meses y no tenemos los fondos para mandarlos a arreglar.

― Si, y también disculpa que tengas que aguantar a esta cretina ―agregó Suigetsu con mirada resignante.

― Bueno, supongo que no puedo ser exigente por el momento, pero ―la rubia se sentó con las piernas abiertas, en una de las sillas que había en el lugar, al revés de lo que normalmente se usa―. ¿Han pensado en hacer extras para tener más fondos? No lo sé, tocar en bares, así sea otro estilo de música. No quiero sonar exigente, pero el micrófono que estoy usando está un poco dañado, y las cuerdas de la guitarra y bajo necesitan un cambio urgente…

Suigetsu se llevó una mano a la nuca, mientras los otros ponían una expresión de lástima.

― Así que también notaste eso…

― Sí, soy consciente de las necesidades de la banda, pero no hemos tenido suerte en conseguir trabajo, así sea como músicos ambientalistas. La demanda es grande, pero la competencia con otras bandas iniciando, es mayor.

― Ah… eso es cierto, de todas formas, tenemos que insistir con eso. No podemos presentarnos a la competencia de bandas, con el equipo deteriorado, seriamos el hazmerreír.

― También te agradeceríamos si nos avisas algún trabajo eventual que encuentres por tu otro trabajo ―agregó Juugo con seriedad, mientras volvía a prepararse para tocar la batería.

― Si, pensé en esa opción, ahora investigaré más, sabiendo que son aptos para tocar otros estilos de música…

.-.-.-.-.-.-

― Ya veo.

Su voz sonaba tranquila, a pesar de la noticia.

― Lo lamento, pero yo y Kankuro estaremos presentes, espero no te desanimes ―se escuchaba una voz femenina del otro lado del teléfono―. Guárdanos una buena mesa ¿sí?

― Esta bien, y no te preocupes por lo otro. No tenía expectativas de que viniese, después de todo…

― Hum… no se sentirme bien o triste por eso. Me gustaría que no fuese tan terco… en fin… oh? Si, por favor deja esos papeles de este lado ―se escuchó como hablase con otra persona de fondo―. Lo siento Gaara, pero debo colgar… estoy ansiosa de probar tus platillos, adiós.

Cortó.

Asentó el teléfono, para luego levantarse y salir de su oficina.

Los acomodadores estaban repasando las superficies para mantener el lugar, lo más reluciente posible.

Al ser la inauguración de un restaurante y bar cinco estrellas, todo debía estar impecable.

Caminó en busca de la planificadora que había contratado.

Tenía que avisarle que la mesa reservada para su familia seria solo para tres personas y ya no para cuatro.

Pero cuando la encontró, esta parecía discutir con una muchacha rara.

― Te he dicho que no puedo contratarte, no insistas y lárgate.

― Pero exijo saber ¿por qué no? ―insistía la chica, mientras le restregaba su currículo, para que lo tomase―, cuento con todos requisitos ¿Cuál es el problema? Si no puede decírmelo, exijo hablar con su superior…

― ¡Que grosera! Seguridad ¿alguien puede llamar a seguridad? ―empezó a decir la planificadora, con enfado, para luego callarse al ver que el rojizo las estaba observando―. Sr Gaara… ―titubeo―si… siento que haya tenido que presenciar esto, pero ya me estoy encargando de ello…

― Eso es lo que veo, pero ¿quién es esta chica? Pensé que el personal de camareras estaba listo desde hace semanas ―inquirió el rojizo, con cierta perspicacia.

― Sí señor, lo estaba, pero hace unas horas una de ellas cancelo su contrato por sufrir un accidente, y puse el anuncio para contratar un reemplazo, y lo encontré, pero esta niñata insiste por el puesto, a pesar de que le dije que ya está ocupado…

― Eso último es mentira ―objetó la chica, interrumpiéndola―, nunca dijiste que el puesto estaba ya ocupado, apenas entré por la puerta, me miraste de pies a cabeza y me dijiste que me marchara, sin siquiera ver mi currículum, la grosera fuiste tú, vieja mentirosa…

― ¿¡Cómo te atreves a insultarme!? Seguridad…

― Esta bien, me retiraré ahora, no es necesario que llames a tus perros guardianes ―protestó la rubia, mientras tomaba su bolso que había dejado en el suelo, con la intensión de retirarse― si me hubieras dado esa respuesta desde el principio, lo habría entendido. Y creer que recibí tal trato en un lugar que parecía decente… los humanos no pueden ocultar y cambiar lo que estás destinados a ser, así sea les disguste…

― Espera.

El rojizo decidió tomar parte en escena, en especial por haber escuchado eso último.

"…los humanos no pueden ocultar y cambiar lo que estás destinados a ser, así sea les disguste…"

Esas mismas palabras había su padre, en el pasado, cuando se le reveló, para cumplir su propio sueño y camino.

No, el no creí eso, jamás lo haría, ni permitiría que pasase frente a sus ojos.

― ¿Eh? ¿Y tú quién eres? Ya dije que me retiraba ¿Quieres problemas o qué? ―expresó la muchacha con expresión molesta, deteniéndose en su caminar, para voltear a verlo.

― Muéstrame tu currículum ―expresó este, mientras extendía su mano, en busca de ello.

―Sr. Gaara, no es necesario que haga esto… yo…

La planificadora se calló al ver que este había dibujado una expresión molesta en su rostro.

― Espero que si lo valga ―articuló con desconfianza la muchacha, mientras se volvía entre sus pasos, para darle su folio―. ¿Tienes más poder en este lugar que esa bruja discriminadora?

― Soy el gerente propietario.

― Oh… ¿en serio? Oye tú, te vez muy joven para ser dueño de un negocio… ―emitió con asombro y curiosidad ingenua―, ¿te ganaste la lotería o eres hijo de gente adinerada que quiere abrirse su propio camino sin usar el apellido de tu familia?

Gaara la observó fijamente por unos segundos, al escucharla decir eso, con tanta libertad.

Podía sentir que no tenía intensión de incomodar con sus palabras, aunque parecía ser de esas personas que dicen las cosas sin filtro, o que no conocen el recato.

Bajó su mirada para ver su hoja de presentación.

No estaba nada mal.

Tenía experiencia de más de dos años, y había trabajado en servicios, en dos restaurantes diferentes, ambos de 5 estrellas.

Un título en etiqueta y atención al cliente como acomodadora de visitas.

Incluso tenia fotos adjuntas, con los trajes de camarera que había usado, bastante elegantes.

― Oh, también soy buena decorando y terminando postres, por si algún día tengo que ayudar en la cocina, no me molestaría ―agregó la chica, mientras sacaba una lapicera de su chaqueta y le quitaba de un tirón el papel, para escribirlo al pie de la hoja, como extra―. Déjame apuntarlo, antes de que se me olvide…

Se quedó un tanto perplejo al ver tan extraña criatura.

Sus cabellos eran dorados como el oro, al igual que sus ojos, de tez clara, aunque un poco descuidada. Vestía con colores oscuros, informal y una chaqueta negra. No llevaba ni una pizca de maquillaje en su rostro, pero poseía cierta belleza natural. Con la vestimenta adecuada, podía pasar como una mesera extranjera.

Eso podría elevar el nivel de su restaurante, desde el punto estético, aunque…

― Muéstrame al reemplazo que aceptaste, y por el cual estabas rechazando a esta chica ―exigió el rojizo, a la planificadora―. Imagino que debe ser un prospecto mucho mejor, pero quiero confirmarlo, tal como aprobé a las anteriores postulantes.

― Bueno, señor… debo recalcar que es algo eficiente…

Con dudas, sacó la hoja requerida, dentro del folio que cargaba consigo.

El la leyó por apenas unos segundos, para luego decidirse.

― Admito que alguien con más de una década de experiencia es atrayente, pero los honorarios que pide son excesivos, no podemos darnos ese lujo, sin mencionar que su aspecto ya no es apto con la imagen que quiero reflejar en mi negocio. Estaría bien como encargada de utilería y bodega, pero como camarera, está bastante mayor, y quiero gente joven y más dinámica en atención. Reubícala o despídela. Te dejaré decidir, a pesar de que no debería, tratándose de que es obvio que la contrataste por tu parentesco familiar ―le devolvió la hoja―. Yo me encargare de agregarla en el folio de contratos, déjalo en mi despacho antes de retirarte.

La mujer asintió, bajando la mirada, conteniendo una mezcla de vergüenza y molestia.

― Sí, señor.

Fue lo único que expresó, para luego retirarse a seguir hablando con el demás personal.

La chica rubia, que hasta ese momento se había concentrado en escribir lo que faltaba en su documento, terminó para luego volver a ofrecérselo.

― Toma, aquí tienes ―se lo extendió con cierta emoción―. Oye ¿entonces me contratarás?

Gaara aceptó sus papeles, con una expresión seria.

― Deberías decir "Sr Gaara, aquí tienes mis papeles. Por favor, reconsidere contratarme. Deme una oportunidad, no lo defraudaré".

― ¿Eh? Pero es raro señorear a alguien tan joven, eso no va conmigo ―expresó la rubia un tanto resistente―. Siempre me ha gustado tutear a mis jefes, creo que se crea una mejor comunicación…

El rojizo la acalló, golpeándola con los papeles en la frente.

― Ay.

― Tengo más de veinte años. Y no permitiré que me hablen de forma tan relajada en el trabajo. Debes dirigirte hacia mí con respeto, a no ser que no quieras que te contrate. ¿Y bien?

La rubia puso cara de puchero, tal vez dando a entender que estaba un tanto rechazante a la exigencia, más cambió de opinión al escuchar eso último.

― Pues yo tengo diecisiete y medio, en un par de meses cumpliré dieciocho ―aclaró, mientras se cargaba en la espalda, de un hombro, el bolso que llevaba consigo―. Está bien… acepto sus condiciones… Sr Gaara…

― Veo que no eres tan irrazonable como aparentas. Considérate contratada. Todo lo que necesites saber y tus horarios te llegaran por correo electrónico. No olvides revisarlo constantemente. Firmarás tu contrato al final de la inauguración.

― Si, si, si… ya sé cómo funciona eso… es como un examen final de desempeño ―respondió la rubia con resignación y aburrimiento, mientras caminaba hacia la salida para personal―, gracias por la oportunidad, sr Gaara… supongo.

― Ha… llega puntual para la inauguración―el rojizo se detuvo en su hablar, para ojear el folio, en busca de su nombre―. ¿Anngelius?

.-.-.-.-.-.-.-

El ascensor se abrió, dando paso a que ellas llegasen a su departamento.

― Es una pena que no puedas acompañarnos en ir a los bolos ―expresó su acompañante rubia, mientras la ayudaba con sus bolsas de compras.

― Hum, lo siento, pero mañana es un día muy importante para mi… ―se excusó Sakura con algo de pena―, sabes que nunca rechazo tus salidas, pero esta vez…

― Si, sé que tu novio va a inaugurar su propio restaurante ―se le adelantó la otra, con gracia―, ah… ya quería yo, conocer un chico apuesto, trabajador y que sepa cocinar…

― Pensé que habías vuelto con Sai…

― Nos encontramos cada cierto tiempo, mas no nuestra relación acabó hace tiempo. Se considera alguien "libre" y yo ya me cansé de querer cambiarlo, simplemente me rendí ―terminó diciendo con pesar.

― Ya veo… pero no te desanimes, estoy segura que algún día encontrarás a alguien a tu medida.

Estaban a un par de metros de llegar a la entrada de su depa, cuando del frente apareció Naruto, con la clara intención de que estaba saliendo.

Esté parecía deprimido, pero apenas vio a Sakura, sonrió de manera inconsciente.

― ¡Sakura-chan!

― Oh, Naruto, hace días que no nos topábamos ―respondió Sakura deteniéndose para saludarlo―. ¿Vas a salir? Deberías llevar un paraguas, parece que lloverá en cualquier momento…

― Ah… ¿tú crees? Solo iré a comprar algo a la tienda de aquí cerca, me arriesgaré…

La rosada estaba a punto de regañarlo, cuando…

― Ehem, ehem… yo no estoy aquí pintada.

Ino parecía un tanto expresiva y con cierta curiosidad ante aquel extraño que tenía frente.

― Jaja disculpa, Naruto, te presento a una compañera de trabajo, Yamanaka Ino ―articuló Haruno con total tranquilidad―. Ino, te presento a Uzumaki Naruto, mi vecino.

― Ah. Si, un placer ―respondió el rubio, más por educación, un tanto asombrado por la nueva visita, ya que Sakura no acostumbraba a traer gente a su departamento, que no se él rojizo de su amigo.

― Hum… el gusto es mío, Naruto ―expresó Ino, con más interés, ya que sus ojos empezaban a brillar y un leve sonrojo se mostraba en sus mejillas.

FIN DEL CAPITULO.

NOTA DE LA AUTORA:

¿Hola? ¿Hay alguien por aquí?

Siento tardar en actualizar :'v espero hayan tenido un buen finde y comienzo de año.

Estos capítulos han estado bastante tranquilos, pero ya saben que es así, antes de la tormenta.

Solo esperen y verán. (Gracias a quienes todavía lo hacen)

Bye bye.