NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

FictionNews

A pesar de que la autora de FanFiction, Nefertari Queen, prometió una rápida actualización para su fanfic "Safe and Sound" en recientes declaraciones pidió disculpas a sus lectores "La universidad me ha dejado agotada" expresó a los medios "Pero no los olvido. Estoy determinada a terminar esta historia, me cueste el tiempo que me cueste" declaró. Algunos de sus lectores afirman que no les molesta esperar siempre y cuando las actualizaciones lleguen, otros se muestran preocupados de que las constantes pausas muestren un abandono de la historia. En cualquiera de las dos situaciones, la escritora ha declarado que no piensa darse por vencida y que, a diferencia de Luis Fonsi, buscará todos los medios para seguir en su lucha por escribir.

Reviews:

lupita leal: No hay de qué, créeme que yo también estoy muy feliz de regresar ^^

Ericka Kida: jajaja, pues tu petición está algo cumplida. Lo sé, por ahora el Equipo Avatar está muy disperso, pero no te preocupes, pronto se reunirán =)

DragoViking: haré lo mejor para no tardarme tanto.

Nieve Taisho: ¡Nieveeeee! no sabes cuánto te extrañaba yo también jeje. Pensando en ti estoy ideando un triángulo amoroso para este fic jeje, y sobre "Destinos" aguántame un poquito, déjame agarrarle ritmo a este fic antes de adentrarme más a ese =D


Capítulo 8

Lo miró a él y pudo sentir la penetrante mirada que escudriñaba todas sus facciones. Se acercó a pasos lentos, cuidadosos, como si temiera hacer algún movimiento brusco. Ella se quitó el sombrero y, al hacerlo, él quedó sorprendido ante los ojos azules que lo analizaban, ojos llorosos pero firmes.

—¿Aang?

No pudo responderle. Parpadeó rápidamente, como si con eso pudiera despejar su vista, pero no sucedió así. Aquella mujer que tenía frente a él era idéntica a la que aparecía en el retrato del Templo del Sur. Muy parecida a la mujer que soñaba todas las noches. Esa mujer le era tan familiar…

…Y al mismo tiempo, le era una completa desconocida.

Lo primero que sintió al ver a esa mujer fue un inmenso alivio, fue como estar cargando durante años con una incertidumbre que finalmente se disipaba, no estaba seguro de por qué estaba preocupado por ella, y eso se relacionaba con lo segundo que experimentó al verla: una sensación de que no era la primera vez que la tenía enfrente, y que tampoco sería la última. El verla en sus sueños no era razón suficiente para sentirla tan familiar, y tan ajena al mismo tiempo.

Pero los ojos azules de ella estaban cristalizados por las lágrimas, sus facciones se alteraron ante el dolor y la confusión. Katara se sentía herida, traicionada, abandonaba, desahuciada… mil sentimientos negativos daban vueltas en su mente aturdiéndola.

—Aang—susurró otra vez, luego gritó.—¿¡Cómo pudiste!?

Dio un paso hacia él, con claras intenciones de echársele encima, pero en eso Toph dio un paso adelante y la detuvo con fuerza. Al ver a su princesa amenazada, los soldados sacaron las espadas, pero se detuvieron cuando la propia princesa bajó el rostro hacia la mujer ciega y le dijo:

—¿Cómo te atreves a…?

—¡Cálmate!—gritó Toph, con un tono fuerte y decidido—Él no es quien tú crees.

—¿Qué no es? ¿¡Qué no es!?

—¡Katara cálmate!

—¡No me digas que me calme, Toph!

Los soldados veían todo sin saber cómo reaccionar. Adam permanecía de pie, contemplándolas y sintiendo que todo eso le era extrañamente familiar, como si lo hubiera visto alguna vez, hace mucho tiempo.

—¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudieron? ¡Me traicionaron de ésta forma! ¿¡Cómo pudiste hacerme esto, Aang!?.—entre gritos y forcejeos se soltó de Toph y corrió hacia él—¡Eres un…!

De pie, frente a frente, viendo hacia sus ojos grises, se congeló. Esa mirada era distinta. Las facciones eran las mismas: misma barbilla pronunciada que detonaba seguridad, mismas mejillas alargadas, misma nariz recta, mismas cejas pobladas, un pañuelo cubría su frente, pero tenía el mismo tono de piel, los mismos labios gruesos y alargados…

…pero no tenía la misma mirada.

La mirada de Aang siempre había sido cálida y amorosa. Cuando la veía, podía sentir que él penetraba en lo más recóndito de su alma y la hacía sentirse amada y protegida a un nivel que ni su padre en la infancia pudo inspirarle. Pero el hombre que tenía enfrente, aunque tenía ojos grises del tono exacto que Aang tuvo, la miraba con confusión y un dejo de susto. Era como si no la conociera.

—Yo…

Aprovechando que Katara se veía más calmada, Adam retrocedió un paso y bajó el rostro.

—Lamento haberla confundido, señorita—le dijo suavemente—Pero yo me llamo Adam.

Cuando lo escuchó, algo se movió en el interior de Katara. Llevaba años sufriendo por la muerte de su pareja, y de repente verlo ahí parado frente a ella con Toph le había causado una confusión entre ira y despecho que sobrepasó toda su lógica. Al verlo a los ojos, dedujo que ese no podía ser el Aang que ella conoció y del que se enamoró, esa no era su mirada y él mismo reconocía que no se llamaba así.

Pero esa era su voz, y que un rayo bajara del cielo hasta su cuerpo si la obligaban a decir lo contrario, esa era su voz… jamás podría olvidar la voz del hombre que más había amado. Era la voz que recordaba todas las noches para intentar dormir, la que evocaba cuando estaba desesperada para calmarse, la que parecía susurrarle día con día que tuviera el ánimo elevado y la frente en alto para enfrentarse a la vida y sus retos.

Era su voz, nadie podría hacerla cambiar de opinión. Pero ¿por qué no eran sus ojos?

—Toph…

Susurró el nombre de su amiga en voz tan baja que nadie excepto ella lo escuchó. La bandida ciega se puso al lado de la maestra agua y, contrariando su imagen de persona ruda, tomó su mano dándole un fuerte apretón.

—No es él…

Katara apretó tan fuertemente la mano de Toph que la otra frunció el ceño por el dolor. Si ella, que era una Bei Fong fuerte y orgullosa, había sentido su corazón desquebrajarse cuando conoció a Adam, no podía imaginar la maraña de confusiones y sentimientos atorados en el pecho de su amiga.

Miró nuevamente hacia el chico, para ese punto había silenciosas lágrimas mojando sus mejillas. Adam se sintió terriblemente mal cuando la vio llorar, sintió el impulso de caminar hacia ella, abrazarla y hacerle sentir que todo estaría bien. Pero no podía hacer eso, ella era una desconocida ¿por qué entonces todos los músculos de su cuerpo lo llamaban a abrazarla?

Se estaba volviendo loca, no existía otra explicación. Verdaderamente era parecido a Aang, podría pasar como su gemelo sin problema alguno, pero no podía ser él. Aang había muerto, ella lo sabía, y de haber sobrevivido sabía que el Avatar hubiera movido cielo, mar y tierra para regresar a ella. Entonces no podía ser él ¿cierto?

—Lo lamento—dijo Katara, haciendo uso de la voz solemne que todos los miembros de la realeza poseen—Lo confundí con alguien más. Alguien muy querido.

Antes de que Adam pudiera responderle, Katara volteó hacia un oficial que estaba cerca y ordenó:

—Sargento, por favor disponga de un caballo-avestruz para estos viajeros. Los llevaremos al campamento.

Preocupado por su princesa al verla llorar, y molesto con los extraños por haberla puesto en esa condición, el oficial hizo una mueca que a nadie le pasó desapercibida.

—Alteza, no quiero faltarle al respeto pero ¿está segura de poder confiar en estas personas?

El sargento los miró con desconfianza, Adam se encogió un poco incómodo ante esa sensación.

—Ella es Toph Bei Fong, una de mis mejores amigas. Que, por cierto, me debe muchísimas explicaciones.—agregó lo último con un tono molesto.

Toph resopló, pero se dejó guiar por el sargento cuando la ayudó a subir al animal. Aunque le encantaba caminar, agradeció poder descansar un poco y sintió el viento algo más fresco mientras se desplazaban al lugar que no conocía. Adam sujetó las riendas de manera insegura ya que nunca antes había montado animal alguno, pero no había manera de pedirle a Toph que dirigiera ella, así que se limitó a imitar a los demás soldados, con mucha más experiencia que él, y cuyos movimientos eran muy naturales, en contraste con los suyos, más torpes.

—Bato, Feng, Kene, ustedes vayan al pueblo y compren los víveres que necesitamos—indicó Katara, subiéndose a su caballo-avestruz—Los demás, escolten a nuestros invitados, vamos de regreso al campamento.

Cuando la tropa comenzó a moverse, Adam se tensó, y tiró de las riendas con algo de miedo. Uno de los soldados le dio indicaciones sobre cómo hacerlo, y Toph le reclamó con tono exasperado que no fuera un miedoso. Consiguió después de unos intentos que el animal hiciera un trote constante a un ritmo adecuado. La hermosa mujer, tan parecida a la que veía en sus sueños, lideraba al grupo, pero seguido volteaba a verlos, como si quisiera asegurarse de que seguían ahí.

Veinte minutos después llegaron a un campamento, que casi podía confundirse con una pequeña villa, perfectamente organizada. Las tropas de Katara llevaban instalados ahí medio año, así que habían tenido tiempo de organizar las tiendas y construir un modesto edificio de madera, anexado a la tienda de Katara, que funcionaba lo mismo como habitación de la princesa y como sala de reunión.

—Toph y yo hablaremos a solas, no quiero que seamos interrumpidas.

Un soldado se acercó hacia la bandida ciega y trató de ayudarla a caminar, pero ella lo apartó de un codazo muy brusco y anduvo con perfecta naturalidad hasta la choza de madera, que tenía puerta, y en donde se encerró con su vieja amiga maestra agua. Mientras eso pasaba, el resto de la tropa llevaba los caballos-avestruces a unos sencillos corrales, donde se quedó Adam, inseguro de a dónde ir o qué hacer.

Ya a solas, Katara abrazó fuertemente a Toph, que aunque no era muy afecta a las demostraciones físicas de cariño, respondió al abrazo por la nostalgia. Después de todo, llevaban cinco años sin verse.

—Me encantaría molestarme seriamente contigo—dijo Katara, terminando el abrazo—Pero en el fondo nunca creí que estuvieras muerta.

—Me conoces muy bien, reina azucarada.

—Eso no quita el hecho de que esté molesta ¿por qué nunca me mandaste alguna carta, para quitarme la maldita incertidumbre?

—No quería que nadie supiera que estaba viva. Ansiaba mi libertad, lo sabes.

—¿Alguien sabe que estás viva?

—Sólo Sokka, el tarado me encontró hace algunos años.

—¡Así que él…!

—No te enfades con él, le supliqué que no dijera nada a nadie, incluido a ti.

Katara suspiró con enfado, se acercó a una mesita donde estaba un jarrón con agua limpia y la sirvió en una tetera. Había un fogón al centro de la choza, con fuego encendido, donde colocó la tetera justo al lado de una olla más grande. Hacía mucho calor como para querer tomar té caliente, pero estaba tan conmocionada que si no ocupaba sus manos en algo colapsaría y era lo que menos ocupaba.

—Tienes muchas cosas que contarme.—decía Katara—¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?

—Básicamente, ser una ladrona y contrabandista para sobrevivir. Estuve en Omashu, es una buena ciudad. Te gustaría.

—Claro, la única hija de la familia más rica de todo el Reino Tierra robaba en los barrios bajos de la ciudad sureña más importante. Que irónico.

—Créeme que fueron años felices.

—Entonces ¿por qué estás aquí? ¿Y quién demonios es el chico que te acompaña?

Toph escuchó el tono de voz contenida que usaba la maestra agua, y supo que no le quedaba mucho antes de colapsar.

—¿es acaso una broma de mal gusto? Dime ¿por qué, si estabas tan feliz allá en Omashu, vienes a Ba Sing Se justo ahora, con ese chico?

—Katara, debes calmarte.

—¡No puedo hacerlo! ¿tienes idea de cuánto se le parece, Toph? ¿¡Tienes idea!?

—Claro que la tengo ¡llevo semanas viajando con él!

—Entonces espero que tu explicación sea muy buena.

—Te explicaría si tan sólo me dieras la oportunidad.

—¡Llevas cinco años lejos, fingiendo que estabas muerta, sin importarte en ningún momento las personas que te queremos y lo que hemos sufrido por ti! ¡y ahora apareces como si nada hubiera pasado, con un sospechoso acompañante! Toph ¿qué rayos te pasa?

—¿Me vas a dejar hablar o no? ¡Si no, para irme en este mismo instante! ¡No vine hasta aquí sólo para que me gritaras, reina azucarada, no eres mi madre!

—¡Eres…!

El grito de Katara fue ahogado por el sonido de agua hirviendo. La princesa se inclinó y agarró un trapo para poder sujetar la tetera y apartarla del fuego. Sirvió el té ya listo en dos tazas, luego retiró la tapa de la olla y removió el guiso dos veces, verificando la cocción. Le tendió una taza de té a Toph, y la otra la sostuvo en sus manos, acercándose para poder relajarse con el aroma a hierbas.

Toph bebió de su té, que le supo delicioso tras cinco años de té barato en los barrios bajos de Omashu.

—Lo siento—dijo Katara—Es sólo que…es demasiado por asimilar.

—Siempre has sido emocional, aunque ésta vez te doy la razón—se terminó el té con un gran sorbo—Sírveme más, por favor.

Así lo hizo Katara, ambas guardaron silencio.

—El muchacho que viene conmigo, lo conocí en Omashu. Me buscó porque quería llegar a Ba Sing Se cruzando el Reino prohibido. Al principio me negué, pero noté que el chico tenía pies ligeros, y su voz me era demasiado parecida. Cuando comenzamos a viajar, encontré muchas más similitudes.

—¿cómo qué?

—Es vegetariano, aunque es maestro tierra no le gusta caminar, tiene pisadas increíblemente livianas, y es exasperantemente pacifista. Pero si eso no me hubiera convencido lo suficiente, después vinieron sus sueños.

Katara dejó su té de lado, escuchando con atención a su amiga.

—Nunca me dijo exactamente qué soñaba, pero lo oía murmurar palabras como "agua" "templo" "ataque" y "escapen". Pero la cosa más grave fue hace unos días, él murmuró…

—¿qué murmuró, Toph?

—Dijo "Aang", en voz muy baja.

Jadeando, la princesa se volteó hacia el fogón y dejó que su vista se perdiera en el fuego. Podía sentir a su corazón, que palpitaba ansiosamente, aunque su mente se esforzaba por mantenerlo tranquilo.

—Toph ¿te das cuenta de lo que esto significa? ¿cómo es posible que él… pueda ser él?

—Esas son mis deducciones, que por cierto sólo se agudizaron tras la escenita que hiciste allá.

—Es idéntico a él.

Toph asintió, dándole la razón.

—Desde el primer día que lo conocí, pensé lo mismo, que era igual a él—agregó en tono más bajo—No sabía qué pensar, ni cómo reaccionar. Él quería llegar a Ba Sing Se, y pensaba buscar alguna excusa para mantenerme cerca de él. Sabía que estabas por esta zona, porque Sokka me lo dijo, pero no tenía idea de cómo buscarte.

—¿No ha hecho nada de aire-control?

—No, ni una vez. Y como puedes ver, soy incapaz de notar si tiene o no tatuajes—pasó una mano sobre sus ojos, recordándole su ceguera—¿Se los notaste?

—No vi nada por su ropa. Ocupo que se quite al menos el pañuelo.

—¿Lleva un pañuelo?

—Sí, aunque es común ese tipo de vestimenta en la zona.

Un pesado silencio se instaló en la habitación, les faltaban cosas que hablar pero estaban tan emocionalmente exhaustas que requerían de pequeños descansos para aclarar su mente. Tras otra taza de té, Toph se animó a hacer la pregunta que llevaba torturándola desde que se encontraron.

—¿cómo va la guerra?

Escuchó el suspiro contenido de la maestra agua.

—Muy mal. Los Dragones nos están empezando a acorralar. Conquistaron un puerto llamado Gohen, al sur de la Nación de Fuego, con lo cual aislaron a la Tribu Agua del Sur. El asedio en el Polo Norte es crítico, Sokka fue allá a ayudarlos. Todas las naciones estamos al límite.

—¿creen que tengan posibilidad de ganar?

—Quizá, pero debemos reajustar muchas estrategias. Yo pronto tendré que moverme, sé que me ocuparán al sur.

—Katara… si él resulta ser él… ¿qué significaría, para el mundo?

No dijo nada por varios segundos.

—Aang es de las personas más responsables que alguna vez haya conocido, se comprometería con la causa. El Avatar es muy poderoso, balancearía la batalla a nuestro favor… pero Aang no controlaba los demás elementos cuando sucedió el Genocidio.

Su voz se quebró en la última palabra.

—Lo sé, por eso me sorprende que este muchacho sea maestro tierra. Y lo más extraño, es que es un buen maestro tierra. No mejor que yo, desde luego, pero en sus movimientos se nota que ha sido entrenado.

Katara rio en voz baja.

—¿Te das cuenta que estamos haciendo todas estas conjeturas por un muchacho que es parecido a él?

—Demasiado parecido.

—Y sin embargo, no hemos comprobado nada.

—Aún no, pero es momento de hacerlo.

Se puso de pie.

—Katara, tú eres la única entre las Cuatro Naciones que puede comprobar si aquél chico extraño es o no es Aang. Quería buscarte, y por alguna mística razón tu misma nos encontraste. Así que ve y habla con él, y no pierdas el tiempo.

Ansiosa y preocupada, la maestra agua tiró de sus trenzas en un gesto que hacia siempre que algo la estresaba en exceso.

—Toph, no sé, si resulta no ser él…

—Sé que es difícil para ti, más que para nadie, pero tienes que hacerlo. No es sólo por ti, es por el mundo.

—Sé que tienes razón.

—Bueno ¿qué estás esperando? ¡Hazlo!

Refunfuñando, se inclinó nuevamente hacia la olla.

—Primero comeremos, luego hablaré con él a solas ¿de acuerdo?

-o-

Mi muy querido amigo

Una parte de mí se destroza cuando recuerdo aquellos días alegres en que hablábamos del futuro con optimismo y bebíamos té entre pláticas amenas. Recuerdo que entonces tu vislumbraste nubes grises sobre el prado verde que habitábamos, y yo no quería creerte, porque detestaba la idea de que una lluvia arruinara mi felicidad. Pero tenías razón, y gracias a las precauciones que tomaste, seguimos vivos, aunque mucha gente que amamos no corrieron con la misma suerte.

Así como tú me confiaste tus presentimientos, he de confiarte los míos. En mis meditaciones diarias veo siempre el mismo escenario: la bandida ciega, convertida en una hermosa mujer, guía a un muchacho cuyo rostro no puedo ver, pero que sobre su espalda lleva el halcón blanco mensajero de la paz y bajo sus pies todas las armas de color morado se rompen. Se trata de una señal, nuestra querida bandida ciega guiará a una persona que podrá ayudarte a terminar con ésta guerra de una vez por todas.

Sé que es un muchacho, pero no puedo darte indicaciones específicas de cómo es físicamente. También sé que se dirigen a Ba Sing Se, y como tengo entendido que estás cerca de esa ciudad, te pido de la manera más amable que estés atento a cualquier señal que te puedan dar los espíritus que pueda encaminarte a conocer a dicho muchacho. Te escribiré sobre cualquier otra señal o visión que tenga.

Aprovecho esta carta para confiarte mis inquietudes. He sabido que Sokka se dirige al norte, pero la difícil situación que ahí se vive pone en peligro su vida, y temo que su gran astucia pueda no ser suficiente en ésta ocasión. Temo también por su hermana, la bella Katara, quien para mí siempre fue como una hija y que se encuentra tan sumergida en los sentimientos de ira y venganza que está perdiendo su luz interna. Tus sobrinos, tan íntegros y comprometidos con la causa de proteger a su país, no se libran tampoco de los peligros que acechan a los príncipes de las tribus agua. Confío en tu juicio, tu sabiduría y tu conocimiento del mundo terrenal –que siempre ha sido más amplio que el mío– para que puedas guiarlos. Ellos son, después de todo, el futuro del mundo, y sin ellos ten por seguro que toda brújula será rota y las naciones caerán en espiral a un caos que tiemblo sólo de imaginar.

Me despido sabiendo que cuento contigo en todo momento, y recordándote que cuentas conmigo. Estaremos en contacto.

Gyatso.

Iroh releyó la carta, ésta vez para deleitarse con la exquisita redacción del monje. Desde la charla que había tenido con Katara, presentía que algo lo llamaría pronto a intervenir en alguna situación. Guardó el papel en un pequeño cofre, justo al lado de la nota que le mandó Zuko. Su sobrino deseaba reunirse con él en el puerto de Yon Se, cerca de Ba Sing Se, para hablar sobre estrategias militares.

Los pensamientos daban vueltas en la mente de Iroh. Por un lado le preocupaba mucho que su sobrino viajara al Reino Tierra en una etapa tan crítica de la guerra. Por otro, las condiciones militares de su nación demostraban lo desgastada que se encontraba tras cinco años de guerra, pronto colapsarían. También estaba la situación que Gyatso le mencionaba, pues si estaba en lo correcto ponto Katara y Toph lo ocuparían, tanto o más de lo que sus tropas lo necesitaban.

Había muchas cosas que hacer, y el tiempo se le acababa.

—General—saludó un soldado, entrando a su tienda—Está todo listo para marcharnos a Yon Se.

—Muy bien. Partiremos en media hora.

—Sí mi general.

El soldado de marchó. Iría él y una pequeña tropa de infantería, el resto de la división se quedaría bajo el cuidado de su segundo al mando. Esperaba que las pláticas con Zuko transcurrieran de la forma más rápida posible.

Al cerrar su cofre, vio el retrato de Lu Ten, al fondo de su escritorio. Era un cuadro que mostraba a su hijo poco antes de haber sido asesinado, con el rostro amable, muchas de sus facciones heredadas de su difunta madre. Su esposa había fallecido tanto tiempo atrás, que el dolor de su ausencia se fue diluyendo con los años. En cambio, la muerte de su hijo, desgarradoramente inesperada en el genocidio de Diciembre, destrozó tanto su corazón que poco le faltó para perder la cordura.

Fue Gyatso el que lo ayudó a sobreponerse de su desdicha, y en memoria de su hijo tomó la espada y el fuego para enfrentarse a los Dragones. Cuando veía a la princesa Katara, tan determinada en vengarse, veía un poco de él mismo en ella, con la diferencia de que el tiempo lo ayudó a sanar, comprendiendo que la venganza no resolvería sus problemas. En cambio, Katara parecía perdida en sus confusiones, algo natural pues era mucho más joven, y por eso le inquietaba su bienestar emocional.

Suspirando, Iroh tomó asiento en el escritorio, recordando que aún faltaban varios minutos antes de partir. Miró el retrato de su hijo, y cantó la misma melodía que tarareaba en su mente casi a diario:

Hojas de vid

viento sopló…

-o-

—¿Hola?

La niña, ataviada con un grueso abrigo encima de su vestidito con encaje, lo miró algo asustada. Él nunca había visto a una niña así, con vestidos tan elegantes y hermosos, con un peinado tan elaborado y con joyas decorando su cabello y muñecas. Era la niña más bonita que nunca antes hubiera visto, con los ojos más azules que el mismísimo océano.

—¿Quién eres?—preguntó la niña.

Se acercó a ella sonriente, sorprendiéndose cuando ella dio un paso hacia atrás, asustada.

—¡Me llamo Aang!—le dijo, intentando calmara—¿Cuál es tu nombre?

—Yo me llamo Ka…

.

—¿Adam?

Parpadeó de sorpresa, no se había percatado de cuándo se perdió en sus pensamientos. Frunció los labios, pues esto era grave. Una cosa era soñar cosas extrañas cuando se está dormido, y otra muy distinta es soñarlas despierto. La bella mujer estaba parada frente a él, con los brazos ligeramente cruzados y una expresión inquieta.

—Disculpe—le dijo—Estaba pensando.

Era mentira, y los dos lo sabían, pero no dijeron nada más.

—Yo… la comida está servida. Por favor, acompáñanos.

—Claro, claro.

La manera en que él hablaba, sus movimientos, el tono de su voz… todo era idéntico a él. La princesa se esforzaba por buscar diferencias, pero no las encontraba ¿o sería que no deseaba encontrarlas?

Katara reprimió sus emociones, caminaron rumbo a la tienda donde dejó a Toph buscando todas las distracciones posibles que alejaran sus pensamientos de aquél muchacho que caminaba a su lado. Por su parte, Adam la veía de reojo y notaba que esa preciosa mujer, idéntica a la que soñaba. Pero ¿cómo podía él soñar con ella, sino la conocía? ¿qué lógica había en eso?

No había lógica, y como no tenía sentido, entonces todo eran ideas suyas. Lo repetía una y otra vez en su mente, intentando convencerse, con poco éxito. Intentó recordarse a sí mismo que debía ir al Templo Aire el Norte, esa había sido la razón por la que estaba en las afueras de Ba Sing Se después de todo, pero un llamado extraño lo motivaba a permanecer ahí, con ella.

Y esa sensación se acrecentó cuando llegaron a la habitación de la princesa, que olía a deliciosa comida recién hecha, té y recuerdos borrosos.

.

—¡Aang!

Entre risas, volteó cuando lo llamaron. Corrían por la colina, sintiendo la brisa que jugueteaba con sus cabellos y ropas. Una chica y dos chicos lo estaban siguiendo tan rápido como podían; ella tenía que levantar su falda para correr, y ellos se burlaban de que podían rebasarla rápidamente.

—¡Aang, vas muy rápido!—se quejó la chica—¡No podemos seguirte el ritmo!

—Habla por ti, princesita—dijo uno de los muchachos, el más joven, en tono de burla.

—No seas tan pesado Zuko—le reprendió el muchacho mayor en tono amable.

—No es mi culpa que ella sea lenta, Lu Ten.

—Puedo escucharlos perfectamente—ella se cruzó de brazos, enfadada—Aang ¿por qué nos dejaste atrás? ¡me dejaste sola con este par de tontos!

Los chicos rieron, él la miró con ternura antes de ver hacia las ramas de los arbustos, en donde se asomaban los primeros frutos de la temporada. Era su parte favorita del año, los monjes siempre decían que, así como florecen los arbustos en primavera y se cosechan los frutos en el verano, las personas maduraban acorde a sus propios ciclos.

—Acércate más.—le dijo a ella, luego hizo que un poco de viento meciera los arbustos—¿puedes olerlo?

La dulce fragancia inundó las fosas nasales de todos los presentes, lo cual combinado con la suave luz solar del crepúsculo volvió la experiencia muy agradable. Sí, estaban creciendo, y ellos también.

—Pronto las uvas estarán maduras.—agregó.

.


Espero que les haya gustado la analogía del último flashback.

Escribí como tres versiones diferentes sobre la reacción de Katara y su charla con Toph, siendo ésta la que más me gusto. Espero que también la hayan disfrutado.

¡Gracias por leer!