Nuevo capítulo amigos míos!!! No quiero hablar mucho, sólo quiero que lean este lo antes posible para imaginar que ya escribo el siguiente. En verdad quiero escribirlo pronto :3 lo he esperado desde febrero…
Bueno, sin más:
Station
Sin duda es el desperdicio más grande que haya pasado jamás. Estúpida fiebre venida de la nada y por nada que me hicieron quedar como una boba. Todo estaba mal. Nada era como había creído.
-Debió de haber sido el cambio de altura- Sentenció el médico de la base cuando Ross lo llamó.
Claro, la altura iba a ser cuando ya estaba de vuelta a 20 metros sobre el nivel del mar, y que se note toda mi carga de sarcasmo en la frase. De algo podía estar segura: la altura no había sido la causa.
-Haber, saca la lengua- me indicó Doc. Obedecí, nada más que por pura cortesía, cuanto me habría gustado sacarle la lengua en mi particular forma de picardía. Pero no, recuerda Steph, tus modales, me recordé. Michael rió, y me instó a hacer lo mismo.
-¡Ay no, Steph!- se preocupó más de la cuenta Mariana.
-No se preocupe señora, es el efecto de la puna*- (N/A:*puna: enfermedad que padecen las personas cuando se enfrentan a grandes alturas a las que no pertenecen, producto de la baja de presión, sólo me detengo a aclararlo, porque no se como se diga en otros países, si se dice así, mejor).
Genial, ahora nadie podría decirme loca, por una vez, Michael estaba completamente justificado. Volví a reír, sí, quizás la fiebre sí me estaba trastornando un poco.
-Será mejor que la deje descansar- Ví el gesto de Mariana ante la idea de quedarse sin hacer nada con mi temperatura y Doc también –Si quiere puede ponerle unas comparsas de agua fría para que se refresque un poco, pero ya pasará, quizás para el amanecer, cuando el efecto del viaje se haya desvanecido.-
Mariana asintió y se puso de pie para guiar al médico a la salida. Yo me quedé ahí mirando a Michael, no tenía nada mejor que hacer que dedicarme a ver la perfección de su rostro. El doró los ojos con falsa modestia ante mis pensamientos. Sí, definitivamente es mejor que duermas, rió, quizás luego me termines viendo con rabo. Reí y continué en mi faena de observarle haciendo caso omiso a lo que había dicho, pero ni modo, al rato caí dormida de nuevo.
***
¡Sin duda es el desperdicio más grande que haya pasado jamás! ¡Estúpida fiebre venida de la nada y por nada que me hicieron quedar como una boba! ¡Todo estaba mal! Nada era como había creído. ¡Maldición! No lo puedo creer.
Ja, ja, ja. Rió Michael con su aterciopelada voz junto a mí cuando me acerqué a la ventana a ver la primera vista de la Antártida.
No había Bunkers como los del día anterior ¡ni siquiera estábamos en uno! No podía creerlo, ¿acaso me estaba volviendo loca? Bajé las escaleras a toda carrera para tomar desayuno en la cocina como de costumbre. ¿Qué ocurrió? ¡¿Qué ocurrió?! Seguía preguntándome. Ya te dije que quizás me vieses con rabo, Michael seguía atacado por la risa.
No te burles de mi inconciencia ¡Michael qué vergüenza!
-¿Qué te pasa torpe?- preguntó Jen de mal humor cuando por poco vuelco su vaso de leche al tropezar en mi ingreso a la cocina.
-¡Jen! Tu hermana ya tuvo una noche bastante mala, como para que la sigas atormentando-
-Oh, sí- rió mi dulce y adorable hermana (nótese el sarcasmo por favor)- Yo también tuve una noche bastante mala: "¡Oh, Michael! ¡Michael! ¿Dónde estás? Michael no… "- Me imitó y luego rió malévolamente como todas las brujas ¿Qué más esperaban?
Mis dientes castañearon.
-Yo no…- pero era tarde, ya me había enrojecido completamente. No la escuches, todo está bien. Intentó persuadirme Michael a mi espalda. Agradecí el gesto, pero no pude evitar que las palabras escaparan por mi boca -¿En serio dije eso?-
-No te preocupes, Steph- dijo Mariana acercándose con mi desayuno en una mano y con la libre tocándome la frente en busca de fiebre –Lo bueno es que ya estás bien, toma tu desayuno-
Fui a sentarme al asiento de cara a la ventana, y al hacerlo, reparé que del otro lado había otro edificio, este de un piso, y frente a él algunos coches, incluso había algunos coches en la "calle", si es que así se le podía llamar. Una visión muy parecida a la que había visto desde mi ventana, lo que me hizo recordar mi histeria.
-No, mamá, no- dije de pronto sobresaltándola.
-¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?-
-Sí ¡Nooo! Lo que pasa es que todo está mal. Los Bunkers…- comencé a decir sin medir las consecuencias de mis palabras.
-¿Qué Bunkers?- preguntó de pronto Ross entrando en la cocina con su uniforme puesto. Besó a mamá – algo incómodo de ver – y luego se sentó en la mesa junto a mí.
-Los que…- tomé aire resignada de que fuese como fuese me tomarían como una loca -creí que viviríamos en un Bunker-
-Ya lo creo- se burló Jen con más ganas que cuando había mencionado a Michael anteriormente -¿Tú en serio te crees que yo iba a vivir en un Bunker?-
Claro, si lo ponía de esa forma era obvio que no. ¿Qué haría una princesa tan linda y delicada en un bunker de guerra? No habría sobrevivido ni dos miserables segundos, pero me habría gustado que lo intentase. Eso habría estado bueno. Entonces terminé por convencerme de que el médico sí podía que tuviera la razón y hubiese sido por la altura, aunque todavía no lograba entender como. Quizás ya tenías fiebre cuando llegamos aquí, aventuró Michael. Sí quizás. ¿Tú lo sabías? Pregunté. Claro que no, ¿cómo sabría si es tabú que te toque?
Entonces recordé que aún quedaba una conversación en la cocina, y no iba a dejar que Jen se saliera con la suya: todo menos callar. Eso te fortalece.
-No, por supuesto que no, un Bunker tiene demasiada clase y tacto como para que tu hayas podido entrar en él sin que pasara inadvertido. La idea es que el enemigo no sepa donde está la base…- moví mi cabeza para demostrarle lo obvio: sus gritos se habrían oído hasta el continente Americano, lo más seguro.
Puso cara de sapo.
-Parece que sí te sientes mejor- exclamó Mariana haciéndome un signo de advertencia para que me comportase.
Ross rió, pero no creo que haya sido exactamente por la expresión de Jen, algo que simplemente me habría encantado.
-No, no, no hay Bunkers aquí desde algún tiempo Steph. Pero habría sido interesante haber vivido en uno, claro que se estarían congelando en estos momentos-
-¿Y por qué creías que vivíamos en un Bunker Steph?- preguntó Mariana sentándose a la mesa.
-Yo…- ¿Cómo explicarlo? -… un amigo me dijo que así se vivía aquí- la salida más fácil: mentir. Que mentirosa era, ja, ja.
-¿Michael?- aventuró Jen aún con su sonrisa burlona en los labios.
-¿Qué…? No, no le hablo a Michael.- Gracias, oí su sarcasmo. No a ti y lo sabes. Me disculpé.
-O sea que sí hay un Michael- apuntó Jen con su cuchillo para el pan.
Intenté con todas mis fuerzas disimular lo roja que me pondría de un momento a otro si no cambiaba de tema al instante. No quería que Michael quedara al descubierto, pero tampoco quería verme forzada a aceptar una falsa ilusión con mi compañero de Química, que ya saben… para nada mi tipo. Y menos, quería aceptar públicamente que mantenía un romance imposible con Michael, un vampiro imaginario. Sí, seguro eso sería… de lo peor… su tono de depresión reveló lo poco que le gustaba la idea de no ser real.
Así que cambié rápidamente de tema, y pregunté a Ross qué sería de su día. No es que no me importase, pero sencillamente, tenía mejores cosas en las que pensar. Por ejemplo, estaría Michael, realmente afectado en esos momentos. ¿Era realmente tan malo no ser real? Más de lo que te imaginas. Lo siento, es que no soy capaz de imaginármelo. Y no lo era, realmente, no lo era. Es que sencillamente se me hacía difícil entender que un ser salido de mi conciencia o inconciencia, de todas formas ya poco importaba, tuviera sentimientos propios y deseos también.
Así que de ese modo, con suerte lograba captar algunas pocas palabras de lo que Ross me iba contando. No importaba mucho la verdad, tendríamos bastante tiempo en la Antártida como para que me las volviera a contar. O quizás, hasta ocurriese que yo misma las averiguara por las mías.
Cuando hubo terminado el desayuno me dirigí a mi cuarto. Guau. En serio que debí de haber estado mal la noche anterior, ni siquiera me había percatado de la computadora que yacía instalada en la pared de mi cuarto. Me senté en la silla del escritorio y presioné el botón de encendido.
-¿Puedo?- preguntó Michael sentándose en el mesón junto a la computadora.
Claro, dije, ya estás sentado y además… ¿Qué más da?
Lo primero que hice fue revisar mi correo, no había pasado mucho tiempo desde la última vez, de paso por Florida lo había revisado preguntándome cuándo sería la próxima vez. Pasé ahí hasta el medio día comentando con Michael cada cosa que era chistoso. Sobre todo las cosas que ponían mis amigos en las actualizaciones de Facebook. Guau. ¡Qué extraño es el mundo! Pensé para mí. ¿Por qué? Preguntó Michael aunque ya sabía la respuesta. Antes odiaba Facebook aunque tenía uno por cultura general. O sea, sabía de sus múltiples funciones y lo útil que resultaba a veces, pero como siempre había vivido cerca de mis amigos, no había mucho que agregar que no pudiese decírselo en forma presencial. Siempre sería más divertido así. Ente medio le escribí un mensaje a Lu contándole sobre mi puna y mis delirios al confundirlo todo. Probablemente reiría de eso.
Finalmente llegó la hora de almorzar y Mariana me pidió la ayudara a hacer el arroz – Jen haría las verduras – así que no me quedó otra, aunque me sentía feliz de hacerlo, si iba a tener una computadora en mi habitación y tiempo ilimitado lo menos que podía hacer era sentirme feliz ante la mínima acción que tuviese que hacer, o si no, en un par de meses ya habría conocido toda la Internet – aún cuando los expertos afirmen lo contrario –.
El almuerzo no fue para nada digno de contar, burlas entre Jen y yo, Mariana reprochándonos cada cierto rato. Bah, lo de siempre. Incluso Michael había optado por quedarse callado sentado en el sofá de la sala. Tendría que pensar algo o le aburriría esa rutina. ¿Puede haber algo peor que un vampiro imaginario estando aburrido? ¡Hey! Escuché eso. Temí que me dejara. No seas tonta, sabes que no lo haría. No podría aunque quisiera, aunque no es el caso. ¡Vaya! Vaya consuelo.
-Ma', estaba pensando en salir a dar una vuelta, ya sabes, para conocer un poco el barrio y todo eso- dije luego de comer, mientras llevaba mi plato al fregadero.
Mariana se quedó en blanco mirando por la ventana. Estaba pensando. Tardó un rato de meditación antes de mirarme y darme una respuesta.
-Supongo que está bien, sólo ten cuidado y abrígate-
Por supuesto que me abrigaría, el hielo ya tenía cubierto los vidrios de las ventanas aun cuando Ross los había limpiado antes de irse.
La nieve era firme, el viento azotaba contra mi gorro. Sí, vaya que hacía frío. Menos mal me había abrigado, y aunque parecía una bola de lana, me sentía como si anduviese con polera en un día de lluvia en Nueva York. Caminé sin rumbo por entremedio de los edificios – si es que se les podía llamara así a las edificaciones con tres pisos como máximo – reparando al instante lo pequeña que era la base. ¿Cómo era que había dicho Ross que se llamaba?
-Palmer Station- me respondió Michael.
-Que curioso- dije en voz alta aprovechando que estábamos solos –Palmer, me suena a palmeras, como Florida, pero aquí lógicamente no hay ni el más pequeño vestigio de alguna palmera-
Michael rió aún cuando él ya sabía lo que iba a decir antes de que lo dijera. Ja, ja, a pesar de todo, seguía siendo tan cortés como siempre. Y que suerte tenía yo de que me amase.
-¿En serio no temes por tu sanidad mental?- comentó medio en broma.
-¿Por qué?-
-Pues cualquiera en tu lugar se sentiría patética de ser amada por un ser de su imaginación-
Sus palabras dolieron fuerte en lo más profundo de mi corazón e hice un mueca de dolor. Después de todo, no dejaba de tener razón.
-¡Oh, no!- dijo aproximándose a mí –No quería decir eso, ya sabes que… ¡rayos! He sido un imbécil, lo siento. Sabes que te amo y es por mí. Lo sabes ¿no?-
Hice una mueca. ¿Cómo iba a saber si eso era cierto? Oh, vamos. No aguantó más y utilizó la comunicación mental.
-Está bien, está bien, al menos me ayudas a no sentirme sola-
Sentí su dolor ante mi negativa como si fuese propio, pero intenté no darle muchas vueltas, aunque lamentaba que se sintiera así.
Un fuerte sonido rompió el aire. Parecido al de un tren, pero diez veces más fuerte aunque se escuchase a una buena distancia. ¿Qué será?, me pregunté y caminé hacia el epicentro del ruido. Michael me siguió de cerca con una mueca de inseguridad ante el sonido. De pronto suspiró, y supuse que sería porque aunque fuese la parte más pequeña de mi subconsciente, ya sabía lo que era. Intenté averiguarlo, pero no pude. Michael era mejor en ver lo que me ocurría que yo.
-¿Qué es?- pregunté.
Shhh. Me respondió de vuelta. Hay gente cerca.
OK… entonces, ¿Qué es?
Un barco.
Duh. No lo había imaginado. ¿Por qué diablos Michael siempre lo sabía todo? Ya sabes que es porqué tú lo sabes. Me sonrió. ¿Incluso entonces debía ser tan lindo? Puso los ojos en blanco y en seguida cambió el tema.
-Bueno ¿Vamos a ir a ver o no?-
Asentí y caminamos hacia el epicentro de aquel sonido. Tardamos unos 15 minutos en llegar al muelle, pero el barco lo habíamos visto desde antes.
Había gente en el muelle descargando una serie de cosas del barco. Entre ellas encontré a la única persona que conocía: Ross. Vestía su uniforme de militar y acababa de bajar una pesada caja del barco.
-¡Steph! ¿Qué haces aquí?- preguntó con una sonrisa al verme. Me encogí de hombros. En realidad no hacía nada, sólo dar una vuelta -¿Quieres ayudar?- preguntó con una mueca de no saber si era lo apropiado decir o no. Por lo general no nos daba órdenes, y salvo la vez que se le ocurrió la idea de la ducha cronometrada. Nunca se interponía en nuestra vida (la mía y la de Jen), por eso me gustaba, no era ese clásico sujeto que tras enamorar a tu madre se instala e intenta dárselas de padre. No. Ross no era así. Y descontando también el hecho que era su culpa que ahora viviésemos ahí, no tenía ni una sola queja de él.
Por eso tomé su solicitud como una forma de tratar de hacer algo "divertido" y pasar el tiempo. Aunque, claro está, nadie puede divertirse descargando cajas – que no sabes siquiera qué traen – de un barco con un grupo de personas completamente desconocidas. ¡Pero que va! No tenía nada mejor que hacer.
Cosas buenas salieron de esa tarde.
-¿Ross?- pregunté mientras descargábamos entre los dos una caja lo demasiado grande como para que la llevara una sola persona entre sus dos brazos.
-¿Sí?-
-¿Qué es…?- titubeé, de alguna manera, no lograba encontrar las palabras indicadas, aunque no se tratara de un asunto delicado o algo por el estilo -¿Qué es Palmer Station? A lo que me refiero ¿qué es exactamente lo que se hace aquí?-
Ross soltó una carcajada que me sacó de mi sitio unos instantes. ¿Por qué se reía? ¿Qué había dicho? Repasé las palabras en mi mente nuevamente, no, no había nada que pudiese resultar gracioso. No al menos que yo me diese cuenta.
-¿No ponías atención en la mañana? ¿Verdad?- volvió a reír, pero luego agregó – Es un centro de investigación, Steph, aquí se hacen ciertas investigaciones sobre la fauna-
-¿Fauna?- pregunté. No tenía idea de que en la Antártida hubiese fauna. ¡Animales! Vaya, realmente me estaba descubriendo una ignorante sobre el tema ¿Por qué no me había metido a Internet a averiguar antes? Seguro habría hecho menos el payaso.
-Sí, ya sabes, ballenas, pingüinos…- Vaya, esa clase de fauna. Ya sabía que ese tipo de fauna estaría presente al menos. Me preguntaba si habrían osos polares o algo así.
-Así que de eso se trata todo esto…-
-Sí bueno, pero siempre debe haber cierto contingente militar, ya sabes, un lugar tan apartado, necesita ciertas condiciones mínimas de seguridad-
-Y ahí es donde entras tú-
-Exacto-
-Ven- me dijo luego. Y me guió donde las otras personas que ya habían terminado de descargar lo que serían nuestros víveres las próximas semanas.
-Steph, estos son Paul, Steve, Stuart, Roger, Jason, Ruth y James; James es representante de la National Science Foundation, el jefe de base. Ruth lo secunda, y Roger y Stuart son de la milicia, al igual que yo; chicos, esta es Steph.-
-Mucho gusto- dije tímidamente a lo que todos respondieron a coro.
Memorable. Mi primer encuentro con otros humanos que no fuera el doctor – humanos que recordaría – en el continente antártico.
Como dije antes: cosas buenas salieron de esa tarde. Saber que no encontrábamos cerca al mar y que la base se dedicaba a la investigación de la zoología, me otorgaron la idea de un nuevo hobby y Michael también se entretenía con ello.
Cada tarde a partir de ese día nos dedicamos a aventurarnos hacia la costa en busca que fauna a la que poder tomar fotos. Mi cámara había terminado por convertirse en mi tercer brazo y mi amigo, novio, lo que fuese que Michael fuera, había terminado por convertirse en la esencialidad de mi vida. Mi confidente. No había nada que él no supiera de mí – ¿y cómo iba a ser de otra manera si podía ver todo lo que yo pensaba? –.
A veces por las tardes lográbamos atrapar con la cámara un ave volando a gran altura, lo cuál significaba para mí – y Michael también – una de las mejores fotografías. Pues, costaba enfocar la cámara y demandaban de mí cierta destreza para una buena captura.
-Vamos, más a la derecha, espérala ahí, ¡Ahora!- indicaba Michael emocionado cuando un ave resultaba ser realmente esquiva – aunque inconcientemente claro –. - Vaya- se lamentaba luego cuando fallaba –Habría sido una buena toma-
Así que así aprendimos –ambos – a vencer el aburrimiento, de noche habla con Lu por MSN y a veces le enviaba una que otra foto. Luego a la hora de dormir, Michael me contaba historias hasta que caía inconciente. Aunque muchas de esas historias ya las conocía, de alguna u otra manera, debía de ser así, pero realmente me sorprendía cuando las historias eran realmente invenciones de Michael.
¡Hey! Pensó una noche, con lo que conozco tu mundo, es de esperar que haya aprendido lo suficiente como para inventar algo. Aunque sea que algo propio tenga. Lo miré fijamente esa vez, cuanto habría deseado besarle en esos momentos. Era tan tierno, tan sencible…
No seas tonto, pensé en respuesta, por supuesto que tienes cosas propias, tu humor, tu sensibilidad, tu…
En verdad quería besarlo y sabía por el brillo en sus ojos que él también, pero no se podía. Maldito tabú. Lo siento, se disculpó de algo que no logré comprender y luego se quedó en silencio. Aunque pregunté por qué lo bastante bajo como para que nadie me escuchase en la casa él no respondió. Pero en su rostro seguía marcada la desilusión y la impotencia de no ser real.
Yay!!! ¡Pobre Michael! Todo lo que daríamos porque fuese real…
Sí, lo sé, lo sé… muy técnico el capítulo, pero de alguna manera había que ponerse en contexto. Aunque en lo personal me gustó la última parte de Michael.
Quiero agradecer a tres personas que me inspiran cada día en todas las historias que escribo, porque son un apoyo para mí en mí forma de ser y la forma de escribir: a Kathi, mi compañera de curso que tiene la paciencia de leer todos los capítulos que escribo, sean de lo que sea. Gracias. A Maggy, que desde el año pasado que nos conocimos aquí en Fanfiction siempre me escucha aunque ni siquiera me conozca en tiempo real y a Danika Lefreve que ha leído todos mi fics, y se ha encargado incluso de ver las serie cuando no las conoce para poder leer los fics. ¡Gracias Danika, you rock!!
Y gracias a todos ustedes también que leen este fic. En verdad que cada uno de sus reviews es como un abrazo que me dice: "Vamos Carime, tu puedes, sigue" Y me dan las ganas de inventar nuevas cosas para sorprenderlos y todo eso.
Muchas Gracias :)
