Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer; la trama es mía.


Dedicado a mi amiga SARAH-CRISH CULLEN que se ha roto su magistral muñeca y nos va a privar de su escritura…recupérate, ¡te esperamos!


Que hay detrás


Capítulo 9: La maldad de una mujer

No se de donde vino pero en ese momento sentí la necesidad de confesar mi pasado, de sacar a la luz esos recuerdos que tanto daño me hacían y sentí que Edward era el indicado para ello, él me escucharía y me daría consuelo.

Permanecimos más tiempo allí sentados, no recuerdo cuanto tiempo. Sumergida en los recuerdos me dejé ir, reviviendo aquellos duros años. Más esta vez no me faltó consuelo, unos fuertes brazos me sostuvieron en todo momento diciéndome "eh, estoy aquí contigo, no estás sola".

Cuando el sol llegó a lo más alto algo en mí se activó de nuevo así que me volví hacia el hombre que tan cariñosamente me había abrazado. Una vez que le miré a los ojos pude ver la preocupación grabada en ellos, si bien durante este tiempo nunca me había mostrado como una persona tremendamente dicharachera tampoco lo había hecho como una mujer depresiva, y todo este asunto debió preocuparle.

Pinté una tímida sonrisa en mi cara, un vago intento para que se borrase esa expresión seria de su hermoso rostro. Era hermoso de cualquier forma; cuando sonreía parecía iluminar mi mundo, pero ahora…con esa expresión dura, preocupada y tensa, estaba igual de atrayente. Eché en falta mi cámara de fotos para retratarle de esa forma ya que por mucho que me maravillase ahora de ella y luchase por guardar tal imagen en mi memoria, pronto acabaría por diluirse y perderse, quedando solo un vago retrato de aquello que en verdad fue.

Pero había también otra clase de recuerdos que no se olvidan, recuerdos que te atormenta y te persiguen y por más que hagas por olvidarlos no se van, son como un círculo vicioso, cuanto más luches porque desaparezcan más presentes están.

Me aclaré la voz debido a que mi garganta estaba, producto de las lágrimas, los sollozos y el largo silencio. Pero cuando lo hice no supe que decir. No sabía como empezar. Sólo Jasper me había escuchado contar la historia, Emmet sólo conocía lo más relevante. Se me había hecho muy difícil contarle todo a Jasper, pero al final la confianza entre ambos me permitió hacerlo. Y no me arrepiento porque él me ayudó e intento curar un poco las heridas.

-Estate tranquila Bella, no hace falta que hables. Sólo quiero que estés bien- dijo Edward rompiendo el prolongado silencio. Me sabía leer muy bien, vio que me quedé sin nada que decir y supo intervenir para romper el hielo.

-Gracias-dije con una triste sonrisa- Gracias por haber estado aquí y así conmigo. No me pasa nunca, o mejor dicho ya no me suele pasar, así que te agradezco de corazón todo lo que has hecho.-murmuré algo avergonzada.

-No ha sido nada Bella, somos amigos ¿no?- esas palabras fueron como un aguijón para mí. Amigos. Bueno, obviamente lo éramos de eso no cabía la menor duda. Pero mis sentimientos iban más allá de la amistad y aún cuando deseaba tenerle a mi lado como algo más, también me di cuenta de que no era el momento para preocuparme por ello. Quizás cuando llegase a casa y estuviese cobijada bajo las suaves sábanas de algodón me permitiría pensar en ello. Mientras tanto debía esperar.

-Por supuesto y por lo mismo me gustaría contarte algo para que puedas entender lo que me ha hecho ponerme así.- su cara se destensó, y achinó los ojos mientras me daba una tierna sonrisa, invitándome a continuar.

-Bien, como sabes soy de Forks ¿no?-el asintió-¿y nunca te has preguntado porque desde mi vuelta no me he pasado por allí?

-La verdad es que sí, pero nunca quise ser indiscreto- me dijo.

-No he ido allí porque no guardo muy buenos recuerdos como podrás imaginar. Nací en Forks hace veintitrés años. Mi padre era jefe de policía y mi madre ama de casa. Se casaron muy jóvenes gracias a que yo iba a venir al mundo. Renne, mi madre, tenía solo dieciocho años era casi una niña que no había salido de casa de sus padres. Charlie por el contrario tenía veinticuatro años y había visto algo más de mundo. Los comienzos fueron difíciles para mi madre, ella estaba acostumbrada a ser la reina de la casa y a no mover un dedo para nada, así que tener que ocuparse de la casa y de un bebé no era algo que ella hubiese planeado. Mi infancia transcurrió tranquilamente, sólo era alterada por los delirios de Renne, que de vez en cuando estallaba y no dejaba nada a su paso. Charlie la amaba profundamente y la perdonaba todas sus palabras y reproches. Pero al final todo acabó siendo poco para ella, un pueblo perdido entre bosques, una hija a quien atender, una casa que mantener y según ella nada de diversión "¡tengo treinta años y no he disfrutado ni un solo segundo desde que me quedé embarazada!" solía gritar a menudo- al decir esto sentí como sus brazos me estrechaban fuertemente e internamente se lo agradecí.

Me tomé unos segundos de descanso para luego continuar.

-Renne comenzó a salir muy a menudo y cada vez pasaba menos tiempo en casa. Yo ya era más mayor así que me dejaba sola. Muchas ocasiones llegaba a casa más tarde que mi propio padre. Yo me acostumbré a realizar las tareas de la casa, con razón se cocinar de todo ¡si ya desde los trece años lo hacía!…Charlie seguía sin ver nada y Renne cada vez estaba más lejos de nosotros, sólo venía a casa para dormir y poco más. Incluso a veces desaparecía por días.

Me volvía a detener unos segundos. Respirando acompasadamente, intentando no dejarme llevar por la emociones y terminar de la forma más digna mi penoso relato.

-Finalmente Renne decidió marcharse. De un día para otro hizo las maletas, se despidió de nosotros con una carta y se marchó.- sentí como Edward se tensó. En ese momento las lágrimas corrían por mis mejillas, no eran gratos recuerdos y yo siempre había sido muy llorona.

-Para mí en el fondo no fue tanta sorpresa, me esperaba que ocurriese algún día pero no de aquella manera, no sin decirnos adiós a la cara, una carta no era suficiente para mí, aunque para ella visto lo visto si…Mi padre no pareció alterarse más de lo acostumbrado ante la noticia, es más no comentó nada pese a saber que ella no iba a volver. Yo trataba de hablar con él, pero se hacía el desentendido, era como si nada hubiese pasado, como si todo fuese un berrinche más de Renne, quien pronto se daría cuenta de lo sucedido y volvería a casa. La situación era un tanto tétrica y no sabía como comportarme con él no le podía hablar de la marcha no retorno de ella porque se ponía furioso y lo negaba todo. Se negaba a ver la realidad. Además estaban los comentarios del pueblo, ya sabes, sitio pequeño y todos conocidos… imagínate los rumores…

-¿Te molestaron?-preguntó Edward con extrema dulzura.

-Bueno, lo típico, no se…-si había tenido compañeros malintencionados que habían insultado a Renne y me habían tildado a mi de lo mismo por ser su hija.

-Ya, rumores… la gente puede ser cruel a veces con la gente distinta, no saben medir sus palabras y sus lenguas viperinas expanden todas las mentiras que pueden.- dijo con un tono agrio y cargado de resentimiento, como si él en algún momento de su vida hubiese sido víctima de tal acoso y este le hubiese herido realmente.

En señal de entendimiento le acaricié la mano, maravillándome con su forma, fuerte y amplia, rodeada de un suave vello bajo el cuál se podía distinguir una pálida y suave piel.

Decidí seguir con mi historia después de aquel pequeño receso.

-Llevábamos más de siete meses sin saber nada de ella, ni un simple correo electrónico, una llamada o una triste carta. Pero para nuestra desgracia una tarde al regresar del instituto me encontré con un coche desconocido aparcado en la puerta de casa, era algo raro, Charlie no estaba en casa y nunca recibíamos visitas. Algo asustada entré en casa- en ese momento me vi interrumpida por Edward.

-¿Entraste tú sola? ¿En qué estabas pensando Bella?- me dijo con un tenue tono de reproche, conociéndole estaba segura de que en otras circunstancias me habría ganado una buena reprimenda, pero hoy no era el día adecuado.-Tu padre era policía, ¿acaso no habías aprendido nada?¿unas mínimas nociones de seguridad o simplemente algo de sentido común?

-En el salón estaba mi madre, tumbada en el sofá y con los ojos cerrados. Todavía estaba en estado de shock ¿qué hacía allí? Para mi mayor estupefacción un hombre apareció por la puerta de la cocina. Él si reparó en mí alertando a Renne sobre mi presencia. El resto de la tarde te la puedo resumir. Renne venía con a pedir el divorcio a papá, se iba a casar con aquel tipo mucho más joven que ella. No se preocupó por mí, por que tal había estado, cómo habían sido estos meses… sólo se limitó a contarme lo feliz que había sido. No me podía creer lo frívola que era ¡por Dios era su hija!. Mi mayor miedo era Charlie ¿Cómo se lo iba a tomar?-

-Unas horas después de haber preparado la cena Charlie llegó. Entró cautamente, ante la presencia de aquel coche desconocido. Se le iluminaron los ojos al ver a Renne pero esa mirada se oscureció al ver al hombre recostado sobre su sillón. Cenamos en medio de un ambiente surrealista, los cuatro sentados en la mesa del salón centrando la conversación en torno a mis estudios y a lo que iba a hacer después. Lo nunca visto. Después de aquello me mandaron a dormir y ellos se quedaron abajo. Pero aún así no sirvió de nada porque escuché los gritos. Mi madre se portó como un monstruo le dijo que quería el divorcio ya, que nunca le había amado, que se vio obligada por las circunstancias, que llevaba más de un año de relación con aquel hombre, que nosotros solos habíamos sido un obstáculo en su vida, que habíamos quitado toda la emoción a su vida y la habíamos encadenado a esa casa…- dije llorando lastimosamente, ahogada en lágrimas. Aún podía oír su odiosa voz en mi mente y escuchar con total nitidez el veneno que esa noche había expulsado, hiriendo mortalmente a mi padre.

-Sssschhh…tranquila cariño, estoy aquí.- dijo mientras nos mecía acompasadamente.

El silencio se prolongó durante un tiempo indefinido. No sabía como retomar mi historia y Edward pareció averiguarlo.

-No hace falta que sigas, ya está bien Bella, te estás haciendo daño.-

-Yo quiero- dije con voz trémula.

-No hace faltas que me cuentes todos los detalles.-aún faltaba lo peor, lo que más daño me había causado.

-Renne se fue como alma que lleva el diablo. Charlie quedó hundido en la miseria, apenas hablaba, no comía, sólo trabajaba…me sentía abandona y miserable. Sabía que mi padre lo estaba pasando mal pero no encontraba la forma de ayudarle. A los pocos meses Charlie apareció muerto, había ingerido demasiaos somníferos y los había mezclado con alcohol- de nuevo tuve que detenerme y recobrar la compostura. Me había sentido enferma cuando mi padre había muerto, estaba sola en el mundo y no sabía que hacer, a quien llamar, sobre quien apoyarme. El dolor me consumió en aquel tiempo. No le deseo a nadie tanto sufrimiento.

No sabía como estaba confesando todo aquello, sino hubiese sido Edward quien estaba detrás de mí estaba segura de no haber sido capaz. Estaba desvelando una parte muy importante de mí, de lo que era y de lo que me había hecho ser como era.

-Me había quedado sola en el más amplio sentido de la palabra. Como era menor me tuve que ir con Renne, que con todo el asunto había quedado viuda y podía cumplir sus sueños. Me tuve que ir con ella pero las cosas no funcionaron ni una semana, así que me volví sola a Forks. Faltaba poco para que terminase la preparatoria y me iría a la universidad, podía aguantar esos meses sola, de todas formas nunca había estado mucho más acompañada. Pero la culpa y la pena me comían por dentro, no había sido capaz de ayudar a mi padre, de sacarle de aquello… no fui suficiente para él, me dejó sola…-me había abandonado, él sabía que sólo nos teníamos el uno al otro y no le importó dejarme.

-Eres la persona más fuerte que he conocido nunca Bella, te admiro profundamente por ello, eres muy especial cariño, no te has dejado vencer y has sabido salir adelante. No pienses que no vales lo suficiente, jamás se te ocurra pensar algo así-me reconfortó.-Uno no elige a sus padres.

Decidí cortar ahí la historia y no contar los detalles más escabrosos, lo esencial ya estaba puesto sobre la mesa, él sabía sobre mi pasado.

Seguimos en la misma posición por lo que a mí me parecieron horas. No sentía ni el sol ni la suave brisa azotándome la cara y despeinando mi cabello.

Debía tener una pinta horrible, mis ojos estarían hinchados de tanto llorar y mis mejillas resecas gracias al rastro que sobre ella habían dejado aquellas aguas salinas. Pero ciertamente no me importaba, hay cosas más importantes en la vida.

En un momento dado sentí como Edward nos levantaba.

-Es tarde Bella y el día está cambiando, no quiero que cojas frío.-

Con un leve asentimiento dejé que me condujese hacia el coche, pero no hizo eso sino que me depositó sobre una de las sillas del porche de mi casa y se disculpó, en unos segundos volvía conmigo y así fue.

No me dio tiempo a pensar de que forma reiniciar la conversación cuando apareció con una manta y algo en una bolsa. Me echó la manta por encima y se sentó junto a mí. Me tendió una botella de agua y un pequeño paquete de galletas.

-No quiero…-protesté como una niña de cinco años.

-Hazme caso al menos en esto por favor ¿te parece si compartimos las galletas?-asentí en respuesta.

Me puso una galleta en la boca, fue un gesto que me estrujó el corazón.

Pasamos allí toda la tarde, sentados muy juntos, proporcionándonos calor mutuo, compartiendo significativos silencias, amables charlas y palabras de aliento.

A pesar de todo el dolor cuando llegué a casa una parte de mí se sentía liberada, había superado mi miedo a contar lo ocurrido y había conseguido confiar en alguien.

Todos nos preguntaron por nuestra ausencia al llegar a casa, pero no se si fueron las miradas que Edward les lanzó o que vieron mi rostro que se mostraron muy respetuosos y no me lincharon a preguntas.

Edward me dejó en el comienzo de las escaleras.

-En quince minutos subo a tu cuarto, tomate una ducha.- me dijo mientras me daba una abrazo y me empujaba suavemente hacia arriba.

Hice lo que me dijo y la ducha me sentó de maravilla. En menos de diez minutos estaba sobre mi cama en pijama esperándole.

-Servicio de habitaciones para la señorita Swan- Edward entraba por la puerta portando una bandeja llena de comida. Podía ver una humeante sopa que llenó la habitación con un delicioso aroma a pollo, mientras que los demás platos estaban tapados.

-Hhmmm ¿pero que tenemos aquí? Un linda señorita con un bonito pijama de leoncitos esperando la deliciosa cena que un abogadillo le ha preparado- se le notaba muy animado, todo lo estaba haciendo por mí.

-Bueno veremos que tal chef eres… aunque en este tiempo es imposible que te haya dado tiempo a cocinar tanto, me estás mintiendo…- le dije alzando las cejas.

-Bien, culpable. Pero ahora te voy a dar de cenar-se sentó en la cama y acomodó la bandeja.

-Abre la boca Bella- dijo mientras sostenía la cuchara cerca de mi boca.

-Estás de broma ¿no?-

Negó con la cabeza mientras por su rostro se extendía una sonrisa burlona.4

-Abre-ordenó sin un atisbo de duda en su voz.

-No- le reté divertida.

-Tengo mis armas ¿lo prefieres por las buenas o por las malas?-me dijo aún con la cuchara frente a mi.

No tuve más remedio que rendirme y él sonrió victorioso.

Entre risas transcurrió la cena. No me reía tanto desde hacía años y menos comiendo. Edward me consintió de todas las formas posibles, hasta me subió un Mouse de chocolate al que picó unas nueces.

Después pusimos una película en mi ordenador y nos tumbamos en mi cama a verla tapados por el edredón y fuertemente abrazados.


Aparece Sil con las orejas rojas por la vergüenza…. Ya se que he tardado más de lo admisible, pero lo cierto es que tengo demasiadas cosas que hacer, esto de la universidad es un mal invento… menos mal que sólo me quedan dos meses hasta las vacaciones de verano….

El capi ha sido intenso y eso compensa que haya sido más corto que la media ¿os parece?

Gracias por leer y por esperar, también gracias a todas las por vuestros favoritos, alertas y reviews.

Os dejo un pequeño adelanto de los que vendrá en el siguiente capítulo:

-Tú Bella ¿Qué es lo que quieres?

Quiero a alguien que me quiera y no se canse de decírmelo todos los días, alguien que esté para mí y yo para él en los buenos y malos momentos, alguien que sepa comprender cada circunstancia, alguien que sea feliz conmigo, alguien que en la distancia no pierda la cercanía y que siempre me lleva cerquita suyo, alguien que cuando mire a otras, me guiñe un ojo y se ría de mis celos, alguien que sepa valorar lo que tiene, que me sepa valorar a mí, alguien que no se fije en las apariencias sino que vaya más allá…en lo que hay detrás

En definitiva…alguien

-Y ahora Edward, ¿qué es lo que tú quieres?