―No me importa, se les va a pagar ―Hinata ronroneó todavía adormilada y sonrió con los ojos cerrados al escuchar su ronca voz―. Okey Kakashi, a las cuatro en punto estaremos allí.
Se incorporó en la cama cuidando su desnudez, pasando su mano por su alborotado cabello y mirando por la habitación, en su búsqueda. Cuando lo encontró sintió que podía arrodillarse y agradecerles a los dioses ante semejante vista. De espaldas, todo su cuerpo desnudo a la vista, Naruto era una visión fuera de este mundo que jamás se cansaría de ver. Aprovechó que estaba ocupado para admirarlo más lentamente. Si la ponían a elegir que le gustaba más de su cuerpo, no sabría elegir entre su espalda o su culo. Bueno, su espalda llevaba una ligera ventaja gracias a esos tatuajes. Los increíbles trazos de tinta negra le fascinaban, eran impresionantes, cada una de sus líneas. ¿Tendrían significado como el que tenía en el estómago? Algún día lo averiguaría, prefería aprovechar ese instante para deleitarse con la vista.
Él terminó la llamada en ese instante y se volteó, noqueándola con su increíble atractivo. Le sonrió de medio lado mientras caminaba con desgarbo hacia ella.
Se mordió el labio cuando vio su miembro erecto. Era impresionante y hacía que su vientre se calentara.
―Hola...
―Hola... ―Su voz sonó rasposa por el sueño. Naruto se inclinó sobre su cuerpo.
― ¿Dormiste bien? ―Besó sus labios y Hinata le echó los brazos al cuello riendo cuando él fue recostándola.
―Muy bien ―le respondió y Naruto, utilizando su índice, le bajó la sabana hasta dejar sus pechos desnudos.
Se sonrojó.
― ¿Ya te dije que me fascinan? ―Él se lamió los labios.
Ella soltó una risita.
―Como unas trepescientas veces.
Él enarcó una ceja.
― ¿Trepescientas? ―Hinata asintió.
―Ajá, muuuuchas ―Él le besó el cuello y ella suspiró, sabiendo perfectamente lo que venía.
Naruto arrancó la sabana de su cuerpo y ella le atrapó con sus piernas. Gimió duro y sus ojos se voltearon cuando la penetró y se arqueó cuando empezó a moverse sobre ella, entrelazó sus dedos y la contempló mientras la hacía suya. Ella gemía, jadeaba, se arqueaba y sus profundidades le abrazaban deliciosamente, como nada jamás en su vida lo había hecho. Como si fuese un novato se encontró gimiendo y jadeando cuando ella serpenteó las caderas bajo él, amplificando el placer provocado. Se sentó sobre sus rodillas y se llevó ambas piernas a uno de sus hombros, golpeándola duro y volviéndola, literalmente loca de placer. Hinata se aferró a las almohadas, machacándose el labio inferior y cuando su clímax explotó, lo sintió salir de ella y bañarla con su esencia.
Terminó aturdida, sorprendida del nivel de placer que había experimentado en esas escasas horas que pasaron encerrados en su habitación. Siquiera se había recuperado por completo cuando lo sintió limpiarla suavemente y levantarla en sus brazos.
―Ha quedado usted demasiado sucia, señorita. Permítame lavarla ―musitó él al llevarla al cuarto de baño.
―Creo que un impresionante hombre es el culpable. Por lo que sí, deberá arreglar el desastre que causó ―A él le hacía gracia su sentido del humor. Era como si le hubiese quitado un peso de encima y Hinata por fin mostrara su faceta desinhibida, tranquila y serena.
―Tiene usted razón, y para ese hombre será un placer deslizar sus manos por todo su sensual cuerpo ―Ambos rieron e ingresaron en la bañera, acariciándose y explorándose.
No dejó de besarla mientras se bañaban, asegurándose de limpiarla bien. La noche anterior no pudo contenerse al derramarse en su interior. Descubrir que Hinata era virgen lo había llevado a un nuevo nivel de excitación que jamás sintió antes, por lo que se dio el lujo de reclamarla en su totalidad. Sin embargo, no se arriesgaría más. Primero disfrutaría de su relación todo lo que pudiese y hasta más. Ella era su sueño hecho realidad.
―Cuéntame un poco más de ti ―Le pidió mientras desayunaban.
Ella le miró debajo de sus pestañas, se limpió la boca con su servilleta y bebió jugo. Estaba preciosa y amaba su sencillez. Sus ojos brillaban y lucía radiante con ese precioso vestido rosa pálido y sus preciosos rulos sueltos.
― ¿Cómo qué? Te recuerdo que ya sabes todo de mí ―Le sonrió con ironía.
Él torció los labios, entornando los ojos. Listilla.
―Quiero tu versión.
―Bueno... ―Tomó aire, lamiéndose los labios, aumentando las ganas de volver a perderse en esa boca―. Crecí en Hackney... Ya sabes... "El barrio más peligroso de Londres" Mi madre, como ya sabes... era una alcohólica. Todos los días había un hombre nuevo en su cama. Y nuestra nevera siempre estaba vacía ―Naruto apretó los parpados al escucharla. Nadie merecía vivir así―. Cuando cumplí nueve... nuestra vecina me dio trabajo cuidando a sus hijos, por lo que sobrevivía con esa paga y me esforzaba en la escuela. ―Excluyó aquella maldita experiencia que a veces le atormentaba―. Conforme pasaban los años... mi madre empezó a deteriorarse, a perder peso, lucir enferma. A pesar de que era una terrible madre... era mi madre sabes.
Naruto le tomó las manos.
―Lo comprendo ―Él se sentía igual con respecto a su padre y su hermano.
―Un día... cuando tenía quince entré a nuestro apartamento y... ―La vio encogerse―. No respiraba... después supe que padecía de cirrosis hepática severa. Tanto alcohol... terminó cobrando su vida.
―No tienes idea cuanto lo lamento.
Hinata se lamió los labios.
―Sufrí, sufrí mucho a su lado... y aunque mi vida mejoró después de su muerte ―Suspiró con pesadez―. A veces no puedo evitar pensar si hubiese sido diferente, si le hubiera importado solo un poco.
―Mi madre es estupenda, no podría imaginarme sin ella ―Le susurró él. Se veía tan apuesto con su camisa blanca sencilla―. Lo siento, de verdad.
―Estoy segura de que sí ―Le fascinó su sonrisa sincera.
―La conocerás, y te aseguro que le encantarás.
―Será un placer.
―Bien, ahora cuéntame de tu ex novio ―Hinata le miró ceñuda―. Tu padre me habló de Toneri Otsutsuki.
Ella resopló, empujando un mechón de su pelo lejos de su rostro.
―Un completo imbécil. Estuvimos juntos durante un año, aunque verdaderamente como que juntos, juntos no estuvimos. Él viajaba, yo estaba concentrada en mi tesis. Fue respetuoso y era... ―Hizo una pausa―. Cómodo estar a su lado. Hasta que lo descubrí tirándose a otra en el sofá de su casa ―Se reservó el nombre de Shion, no quería problemas en su trabajo «Aunque probablemente es lo que me he ganado al enrollarme con mi jefe» ― Terminé nuestra relación.
―No lo amabas ―conjeturó él.
―No ―Negó con la cabeza―. Nunca nos entendimos bien. Mi padre... me aconsejó salir con él y... lo hice. Siempre intentó que dejara de estudiar, que él me mantendría y... ya sabes. Estupideces machistas. Me presionaba mucho con lo de... irnos a la cama, pero como te dije anoche ―Vio sus mejillas teñirse de ese rosa pálido precioso, sonrió orgulloso―. Esperaba que fuera... magnífico. Él no lo era, y nunca logró comprenderme.
―Eres demasiado arte para alguien que carece de sensibilidad ―dijo en español y Hinata sintió un incendio en sus mejillas. Estaba segura de que había escuchado esa frase en alguna parte.
―Eso es... hermoso ―Sentía algo cálido en su pecho. «Probablemente sea mi corazón derritiéndose»
Naruto se inclinó por encima de la mesa, alcanzó sus labios y la besó lentamente, dejándola alucinada por lo tierno de su caricia. Su sabor, su aliento... estaba fascinada con la cantidad de sentimientos que surgían en su interior.
―Eres consciente de que esto ―Los señaló a ambos―. No es solo de una noche ¿verdad?
Se lamió los labios y él la mordió allí.
―Lo espero.
Naruto negó con la cabeza.
―Lo es. Estamos juntos a partir de ahora.
Llenó sus pulmones de aire, aspirando con fuerza.
―Bien.
―Bien ―asintió él.
Pasearon de la mano por el famoso Puerto Viejo de Marsella, Hinata contempló fascinada los lujosos yates atracados allí, el olor a sal, el sonido de las gaviotas. El guapísimo hombre le sirvió de guía y le contó algo de historia del lugar, ella lo escuchaba encantada al reconocer que era un hombre increíblemente culto. Almorzaron en uno de los restaurantes a la orilla de la costa y después, Hinata posó para él cuando le pidió hacerse fotos con el atardecer de fondo. Su corazón se convirtió en caramelo derretido cuando contempló como él usaba su foto como fondo de pantalla.
Le miró anonadada por su gesto.
―Me fascina tu sonrisa ―La abrazó, besándola y dejándola estúpida de dicha―, quiero verla siempre.
Hinata se llevó las manos al rostro, cubriéndose por la vergüenza.
― ¿Qué haces, ángel?
―Es... es que es demasiado ―farfulló aun acalorada―. A veces siento que estoy soñando.
Naruto le bajó las manos.
―No lo es, Hinata. Grábatelo. Ya no somos tu y yo. Ahora somos nosotros.
Y la besó enfundándola de seguridad. No era una aventura, no era un simple romance. Estaban forjando las bases de una preciosa relación que era todo de seria, que prometía compromiso. Lo que ambos buscaban después de existencias retorcidas y llenas de tristezas. Se necesitaban y juntos, se iluminaban. La mitad que les hacía falta.
El vuelo de vuelta a Londres fue tranquilo, conversaron e intercambiaron opiniones acerca de la nueva naviera de Grupo Uzumaki. Al parecer, los hermanos Fauré-Dumont habían sido víctimas de estafa; uno de sus contadores de mayor confianza fue adjudicándose dinero en secreto por más de tres años. Fueron aproximadamente 150 millones de euros que se robó, y aunque el culpable ya se encuentra tras las rejas, jamás se pudo saber a ciencia cierta a donde fue a parar esa cantidad. Ella estuvo de acuerdo con él ante el hecho de incrementar las medidas de seguridad y que la nueva dirección de la naviera sería estricta y periódicamente sometida a revisiones. Aterrizaron en Londres a eso de las ocho. Hinata, dormida, solo fue consciente de que alguien la tomaba en brazos, luego el gélido aire frío golpeó su piel, estremeciéndola.
―Lo siento, olvidé colocarte un abrigo ―Ella se acurrucó más contra él, buscando su calor, su rico aroma. Lo sintió besar su cabeza.
―No te preocupes.
El Ferrari los esperaba con las puertas abiertas, primero la colocó a ella y después entró él. Su mano se entrelazó con la suya y ella recostó su cabeza en su hombro.
― ¿Pasará a cenar en alguna parte, señor? ―preguntó el custodio una vez se integraron al tráfico.
―No, iremos directamente al Centre Point ―Hinata se irguió.
―Vivo en barrio Chelsea, en Knightsbridge, señor ―Le indicó su dirección. El hombre asintió sin mirarla.
―Vendrás conmigo ―susurró Naruto a su lado. Ella giró su vista, desconcertada―. Quiero dormir contigo otra vez.
Hinata deslizó la lengua por sus labios, Naruto bajó su mirada a su boca, sus pupilas dilatándose. No podía, aunque quería. Se acercó a su oído, vigilando al guardaespaldas y al chofer.
―No puedo... ―Se sonrojó. El aliento fresco acarició su mejilla al igual que su mano.
―Ven conmigo, por favor.
Ella bajó la mirada.
―Haremos de todo menos dormir ―dedujo sonrojada.
Naruto esbozó su seductora sonrisa de medio lado. Por supuesto que no dormirían. Quería esas piernas en torno a su cadera, su cabello despeinado y sus labios, exclamando esos sonidos que lo enardecían como el motor de un maldito avión.
―Es la idea, ángel ―Lamió su mejilla y ella contuvo un suspiro de puro placer.
―No tengo ropa ―Mordió su labio cuando sintió su otra mano acariciar su muslo.
―No la necesitarás ―Se sobresaltó cuando la sintió acariciarla por encima de sus braguitas. Por eso no podía. Miró hacia los dos hombres del frente que conversaban entre ellos y no los veían por la oscuridad, sino estaría muerta de vergüenza.
―Naruto yo... ―Detuvo su mano―. Todavía... emm... ―Vaciló un poco―. T-Todavía me duele... allí un poco.
Él se echó hacia atrás, su precioso rostro serio.
― ¿De verdad?
Asintió avergonzada, retorciéndose los dedos.
―Yo, necesito... recuperarme un poco ―Miró hacia su regazo―. E-Eres grande.
La carcajada que soltó resonó por todo el auto.
―Oh, ángel, lo siento ―Le dio un beso casto―. Tomé más de lo que debía ¿cierto? ―Mordió su lóbulo y musitó en voz baja―: Me excitas tanto que no pude contenerme de ti.
Despertar tal deseo en un hombre como ese, la elevaba sobre la estratósfera. Hinata creía que tendría que pellizcarse en cualquier momento. Esa no podía ser su realidad.
―Prométeme que mañana si vendrás conmigo ―Le pidió bajito. Ella le pasó los brazos por el cuello y se sentó en su regazo, besándolo por todas partes.
―Lo prometo.
―A Knightsbridge, Kakashi, dejaremos a la señorita frente a su casa ―dijo Naruto al hombre.
―Como usted diga señor ―respondió Kakashi y el auto giró en una avenida tomando rumbo hacia el corazón de Londres. Naruto demandó su boca con ímpetu, danzando su lengua con la suya.
―No olvides que lo prometiste ―Asintió sin aliento, desesperada por besarlo más y él se entregó a su ruego silencioso.
El auto estacionó frente a su edificio de apartamentos y ella lamentó que el trayecto fuese tan corto. Se despidieron con un profundo beso y justo antes de salir, Naruto la detuvo.
―Estamos juntos, ángel ―Le guiñó un ojo y ella se clavó los dientes en el labio.
―Tan claro como el agua.
Hinata tiró de su maleta lamentando tener que separarse de él. Saludó a Hayate y rápidamente entró en ellobby, hacía un frío de perros. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, su celular avisó que había recibido un mensaje. Lo revisó mientras buscaba sus llaves y sonrió idiotizada cuando contempló quien era el remitente.
Ya te extraño.
Se llevó el teléfono al pecho, maldiciendo una y otra vez. Se había enamorado como nunca lo había estado. La había dejado encandilada desde que lo conoció y ahora, estaba totalmente ida por ese hombre. Le daba miedo, pero... estaban juntos y ella confiaría en que eso significaba algo. La puerta de su piso se abrió y miró consternada al chico afligido que se topó. Sus ojos estaban opacos, su tez, ya pálida, tan blanca como el papel. Hinata sintió lastima por Sai. Sabía que amaba a su amiga, pero ella lo escuchó hablar con su ex, poniéndose de acuerdo para verse y Ino simplemente terminó la relación. Ella sabía que debía existir una explicación, pero Ino estaba demasiado herida por su traición como para siquiera escucharle.
―Sai ―susurró.
Él forzó una sonrisa.
―Hola, Hina ―Salió por completo―. ¿Cómo te fue?
―Bien ¿Cómo estás? ―Lo vio fruncir los labios.
―Como una mierda ―le respondió con sinceridad―. Cometí una estupidez.
―Ino está muy herida.
Él estuvo de acuerdo.
―No pasó nada con Yuguito, solo íbamos a cenar. Ya sabes, es mi ex y la quería mucho, sentí cosas cuando me buscó. Pero... no me dolió como en estos momentos, me duele perder a Ino ―Sai buscó sus ojos y le dolió ver que sufría―. La amo.
Hinata estiró el brazo, apretando el suyo en señal de apoyo.
―Solo dale tiempo y no declines, Ino también te ama.
Él suspiró.
―Eso espero ―Metió sus manos en los bolsillos de su abrigo―, pero bueno, no te atraso. Sé que estás cansada.
―Descansa, Sai, ya verás que todo se solucionará ―Sai le sonrió con tristeza y se fue al ascensor.
Hinata ingresó en la sala de estar quitándose el abrigo y dejando su maleta en un sofá. No veía a Ino por ninguna parte, se preocupó por ella y entonces, la buscó. Se la encontró en el balcón fumando un cigarrillo, lo hacía cuando estaba ansiosa o angustiada. Abrió la puerta de vidrio corrediza y su amiga se giró cuando la escuchó.
―Hola perra ―susurró.
―Hola, vi a Sai ―Ino volvió a admirar las vistas de Londres, resoplando.
―Seguro que sí.
―Ino ―Hinata dio un par de pasos en su dirección―. Está arrepentido. Te ama.
―No, Hinata ―zanjó su amiga con dureza, sacudiendo las cenizas del tabaco―. No lo justifiques. Confié en él y traicionó esa confianza. Si tanto me amaba no tenía nada que hacer con su ex.
―Todos cometemos errores y ahora sabe que es a ti a quien quiere.
Ino negó, dándole otra calada a su cigarrillo.
―No quiero hablar de eso ―Lanzó la colilla y giró sobre sus talones―. Vamos por una copa de vino y me cuentas como te fue en el viaje a Francia con tu caliente jefe.
Entraron en la cocina y su amiga sirvió dos copas de vino tinto. Hinata bebió un sorbo sintiendo las mejillas calientes. La que armaría Ino cuando supiera.
―Okey, cuéntame ―Ino recostó su codo en la encimera, sus ojos brillando con maldad.
Ella dejó vagar su mirada por toda la habitación. Solo recordar sus manos, su boca, su lengua, su cuerpo sobre el suyo... Dios, ya lo extrañaba. Debería estar con él en el Centre Point enredada en su cuerpo y gimiendo de placer. No allí con una maldita copa de vino tratando de diluir la vergüenza pues su amiga no la dejaría en paz hasta que confesara.
Se lamió los labios y buscó los ojos azules de su mejor amiga.
―Me acosté con él.
― ¡Zorra desgraciada! ―exclamó su rubia favorita y Hinata pegó un brinco, derramando un poco de vino en su lindo vestido―. ¡Zorra desgraciada!
― ¡Ino!
Ino dio saltitos mientras chillaba y aplaudía de alegría. Hinata alcanzó una toalla para limpiarse.
― ¡Oh por Dios! ―Dio la vuelta a la encimera y la abrazó―. ¡Mi dulce niña ya no es una niña! ―La tomó del brazo tiró de ella hasta el sofá. Hinata solo reía ante la efusividad que brotaba de sus poros―. Cuéntame, cuéntame ¿cómo fue? ¿te dolió? ¿lo disfrutaste? ¿está bueno sin ropa? ¿la tiene grande? y lo más importante ¿hizo que te corrieras?
― ¡Ino por Dios! ―chilló con sus manos en las mejillas―. ¡Basta!
― ¡Cuéntame perra o juro que te amarro y te torturo hasta que me lo digas!
Estalló en carcajadas, esa definitivamente tenía que ser Ino. La amaba ¿Qué sería de ella sin esa rubia loca?
― ¡Dios! ―No podía parar de reír, el aire le faltaba y ya le dolía el estómago.
― ¡Ya dilo!
― ¡Fue grandioso! ―Dejó de reír gradualmente, secándose las comisuras de sus ojos―. Fue grandioso, él...
Contempló a su amiga, estaba segura de que un aura rosa la rodeaba. Había sido una experiencia magnífica.
―Fue... grandioso, Ino. Como en un sueño. Él, fue grandioso.
―Espero que la palabra "grandioso" se refiera también a su polla ―No pudo evitar reír otra vez. Ino era imposible.
Se puso de pie.
―Fue la mejor experiencia, Ino.
― ¿En qué condiciones quedaron? ―preguntó ella, juntando las perfectas cejas casi en una sola―. El tipo debe ser consciente del regalo que le diste.
La sonrisa que se dibujó en su rostro podía encandilar al mismo sol.
―Estamos juntos.
Ino la siguió y la abrazó con fuerza.
―Me alegra, mereces lo mejor, Hina. Dile que le arrancaré las bolas si te hace daño.
Sí, lo sabía. Había sufrido demasiado y ella quería, merecía amor, pero quería que fuera Naruto él que se lo diese. Necesitaba que fuera él. Además, sabía que Ino cumpliría su palabra, incluso le daba un poco de pena que se conocieran. Ella no tardaría en amenazarlo.
―Lo sé, gracias ―Besó a su amiga en la mejilla y se dirigió a su habitación. La voz de Ino la detuvo.
―No me dijiste si la tenía grande ―regresó hasta donde estaba su amiga y se acercó a su oído. La chica sonrió perversa, inclinándose más cerca. Hinata lo disfrutaría en grande.
―Nunca lo sabrás.
― ¡Zorra desgraciada!
Sus carcajadas la siguieron hasta su habitación, donde cayó abrazando su almohada sonriendo como una tonta enamorada. Lo era y podía asegurar que ese era el momento más feliz de toda su vida. Naruto Namikaze aparentaba ser un hombre frío, calculador, arrogante y presuntuoso, pero a ella le había mostrado una faceta dulce, encantadora y tierna que sabía contadas personas habían visto. No podía esperar para verle otra vez y aunque tenían que aclarar cómo sería su relación al ser jefe y asistente, nada que no fuese el mismo Naruto la separaría de él.
Tomó su celular y respondió el mensaje que antes recibió.
Yo también te extraño ya.
No recibió respuesta, por lo que sospechó él se había ido a la cama ya, así que fue y tomó una relajante ducha de agua caliente y lavó su cabello. Luego se colocó un camisón de dormir y embadurnó su cuerpo en su crema favorita. Estaba por irse a la cama, cuando el timbre sonó. Frunció sus cejas, esperando, pero el sonido volvió a atravesar el silencio por lo que supo Ino había caído rendida ya.
Se puso sus pantuflas y fue a abrir la puerta.
Jadeó al verle allí, con una sudadera negra y pantalones vaqueros. La vista de su hoyuelo la dejó estática, pero sus profundos ojos azules la fundieron.
―Naruto...
Él entró, haciéndola retroceder lentamente. Sus manos en su cintura la detuvieron.
―Solo a dormir, lo prometo ―murmuró besando su cuello. Hinata cerró sus ojos, aferrándose a sus brazos―. Solo a dormir...
Le importó un carajo todo. La tenía allí, que era lo más importante, así no pudiese hacerla suya, dormir a su lado era mejor que quedarse dando vueltas en su inmenso ático. Por eso salió corriendo apenas vio su mensaje. La necesitaba y aunque lo asustaba esa poderosa necesidad, sabía que ya nada podía hacer para impedirlo.
Fue en ese momento cuando descubrió que se había enamorado como un imbécil de esa chica.
