Summary: El vampiro Edward Cullen sabe que su destino es reclamar a Bella Swan como suya.

Bella es una Darklighter, mitad demonio, mitad ángel, y ha jurado destruir al hombre que casi la mata. Si tiene éxito, tendrá que asumir su lado demoníaco y transformarse al mal.

La única manera que Edward tiene de salvarla, es acostarse con ella y absorber sus poderes oscuros.

Pero aunque ella se siente tentada después de tener una visión erótica compartida con él, Bella se resiste a sus encantos.

Edward tendrá que utilizar todo su poder de seducción para lograr que Bella se rinda a su destino y... a su deseo. Porque si él falla, ella morirá.

Mordida por el vampiro

Advertencias

Este Libro pertenece a la Bonnie Vanak, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE y cambiando el conducto regular, como podrán ver, esta vez es un libro algo un poco más largo a lo que he realizado alguna vez y hace parte de una serie de cinco libros llamada Serie Los Antiguos, no sé si los adaptaré todos… Haré lo que pueda.

(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de este libro, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)

[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]

{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}

La cuenta de GN, las reglas de GN…

-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-

¡Enjoy it!

- Empieza la historia -

Capítulo 9

El camino pavimentado hacia la casa, se parecía más a una pequeña calle que atravesara el bosque. Hectáreas de pinos y robles, y suaves colinas, rodeaban la casa de ladrillos rojo. El cielo gris y el aislamiento, causaba en Bella, nacida y criada en la ciudad, una ligera irritación. Era el hogar perfecto para un vampiro que quería esconderse.
Pero para ella, estaba demasiado apartada del mundo.
Cerca de la casa se veía un edificio, que Bella pensó que sería un garaje, lo suficientemente grande como para guardar un yate. Ella estudiaba el terreno mientras planeaba su fuga, fijándose en todos los posibles lugares donde poder esconderse de Edward. Ocultó ese pensamiento, consciente de que Edward podía leer su mente.
— Hay es donde se queda Bree. — Dijo Edward. — Por si te lo estás preguntando.
— ¿No es el pequeño burdel donde seduces a todas tus amantes? — Contestó mirándolo fijamente, mientras señalaba hacia el garaje.
— Es el santuario de Bree. Sólo nosotros tenemos la única llave, en caso de que pienses que el garaje es un buen lugar para encontrar un medio de escape y alejarte de mí.
Bella abrió y cerró la boca como un pez. Tenía que proteger mejor sus pensamientos. Edward inclinó ligeramente la cabeza, con expresión divertida.

— Entra. — Le dijo él, abriendo la puerta. — Date prisa, se está haciendo de noche.
La casa decorada con lujosos muebles y antigüedades, estaba en silencio. Mientras Edward preparaba la cena, Bella se paseaba por las habitaciones. Pero ni siquiera la cama con dosel y los elegantes muebles la impresionaban.
El que Edward la dejara marcharse sería lo único que la impresionara de verdad.
Desde que se había despertado dentro de una limusina, estaba intentando reprimir sus emociones...

Tener sexo con este vampiro había hecho que sus sentimientos fueran vulnerables. Acostarse de nuevo con él, podría hacer que Edward absorbiese todos sus poderes. Era demasiado peligroso. Edward con sus ojos oscuros y sus perversas manos, podría convertirla en una sombra de sí misma, y quedar indefensa ante futuros ataques. Eso significaba que tenía que resistir la atracción salvaje que su demonio sentía por Edward, y luchar contra el deseo de su ángel de vincularse con él.

El armario contenía bastante ropa elegante, toda de su talla, pero eligió una camiseta larga y unos pantalones de chándal con el logotipo de la Universidad de Michigan. Edward había comprado toda esa ropa para ella. Bella se cambió y recogiéndose el pelo en una coleta descuidada, se miró en el espejo de la cómoda.
Si el elegante vampiro se excitaba al ver una camiseta de algodón, ella se encontraría en problemas. Con una sonrisa, bajó las escaleras y entró en el lujoso salón. Recostado en el sofá de cuero, Edward estudiaba las llamas en la chimenea. Sostenía un vaso de líquido rojo con sus delgados dedos.
A Bella se le cortó la respiración cuando vio que sólo llevaba la parte inferior de un brillante pijama de seda roja. La luz del fuego brillaba en su pecho desnudo, mientras Edward la miraba con una sonrisa sexy.
Ignorarlo iba a costarle casi todo su control.

— Buenas noches, Bella. Por favor, siéntate.
Cuando se dirigió hacia una silla, pero Edward levantó una ceja al ver a donde se dirigía.
— En el sofá. No te voy a morder...
Reuniendo todo su valor, se acurrucó en una esquina del sofá.

Entonces Edward añadió. — Todavía.

Bella metió las piernas debajo de ella.
— Ten cuidado con eso de morderme, Edward. Llevo la sangre de mi padre y estoy seguro de que sabrá a fuego, o a vino barato.
— El gusto es siempre algo muy personal. Pero hablando de vino, ¿compartirás una copa conmigo? — Él tomó un sorbo. — Es excelente. Como tú, deliciosa y original.
La humedad inundó la unión entre sus muslos. — Ya basta Edward. ¿Tienes cerveza? ¿Cerveza barata?
— ¡Ah...! Debes olvidarte de tus gustos plebeyos.
Edward amplió su sonrisa y haciendo un gesto con la mano, se abrió el pequeño frigorífico de detrás de la barra de madera del bar. Una botella marrón flotó hasta las manos de Bella.

— A Bree le gusta. Prefiere la cerveza caliente, pero tengo algunas botellas refrigeradas, por si cambia de idea.
Uff. Bella abrió la botella con los dientes, tomó un largo trago y eructó.

Edward la miró por encima de la copa.
— Si estás intentando que mi interés por ti disminuya, no está funcionando, Bella. La camiseta me hace imaginarme lo que hay debajo y beber cerveza me da ganas de besarte, y probar el sabor que tiene en tu lengua. Y además, la coleta me tienta a soltártela y pasar mis dedos por tu pelo, mientras me apodero de tu boca.
Todo el cuerpo de Bella se estremeció por el deseo.
Edward se inclinó hacia ella, con una mirada feroz en los ojos.
— Y cuando vuelva a montar tu cuerpo de nuevo, no habrá nada entre nosotros, solo tú y yo, y la conexión que creemos.
Bella bajó la botella con los dientes apretados.
— Es solo sexo, Edward. No puedo volver a hacerlo. Hay un monstruo allí fuera, que seguirá haciendo daño a los demás, y de todos modos, yo ya estoy condenada. Voy a matar a Witherdale. Él merece morir.
— Pero tú mereces vivir.

Bella empezó a responder, pero al ver el sufrimiento en los ojos de Edward, cambió de opinión. Su corazón se encogió de pena.
— ¿Por qué estás tan decidido a salvarme, Edward?
— Me recuerdas a... alguien. Tienes la misma fuerza y dulzura.
— ¿A quién?
La mirada de Edward se volvió distante.
— Alguien a quién quise salvar. Y fallé.
La luz blanca inundó el cuerpo de Bella, con la necesidad de confortarlo. La visión que llegó a su mente, la sorprendió fuertemente.
— Fue otra Darklighter.
A juzgar por cómo se abrieron sus ojos, ella había acertado de pleno.

— ¿Qué es lo que pasó, Edward?
Un silencio helado impregnó el aire. La mandíbula de Edward se convirtió en piedra, mientras miraba como la lluvia golpeaba la ventana. Se estaba formando una fuerte tormenta, pero él sintió que la tormenta que había en su interior era mucho más brutal.
— Fue una de mis misiones. — Dijo finalmente. — Tenía que destruirla.
— ¿Cómo a mí?
Edward le dio una mirada de soslayo.
— No. Esta Darklighter había perdido su inocencia y se volvió mala. Eso es lo que me dijeron en ese momento.
Un escalofrío recorrió la espalda de Bella. — La mataste.
El silencio se prolongó. Podía sentir que el vampiro estaba sufriendo profundamente. Se había visto obligado a poner fin a una vida, y había sufrido mucho por eso. A diferencia del verdadero mal, Edward no sentía placer lastimando a la gente.
Bella se deslizó del sofá y se acercó a él. Por primera vez, iba a hacer caso a su mitad angelical y seguir a su corazón.
— Nunca te has olvidado de ella. — Bella tocó su mano para consolarlo.
— Ella era especial para mí... — Susurró.

Edward dejó la copa de vino. Su mano estaba fría, y Bella se la frotó con las suyas, para que entrara en calor.
— No se había convertido al mal. Más tarde descubrí que me habían engañado. La Sociedad había contratado a un consejero para encontrar a los seres malignos, y él mintió acerca de los crímenes que ella había cometido. Cuando me enteré, quise destruirlo yo mismo, pero no lo pude hacerlo. La Sociedad le había jurado protección y cualquier ser paranormal que le hiciese daño, sería severamente castigado. Lo expulsaron de la Sociedad, pero ya era demasiado tarde para esa Darklighter.
Parecía tan lejano, sus ojos estaban nublados por los recuerdos y el corazón de Bella se encogió todavía más.

— No se puede arreglar el pasado. Me di cuenta de eso cuando asesinaron a mis padres. No soy el tipo de mujer que se refugia en el pasado. Lo único que puedes hacer es continuar viviendo. Hay mucho más en la vida, eso ya lo sabes. Lo has estado haciendo mucho más tiempo que yo.
Su rostro cambió ligeramente cuando Edward la miró con una expresión de deseo. Él la necesitaba.
Agarrando uno de sus dedos, Bella lo chupó lentamente.
— Quiero probarte... entero.
Edward gimió mientras veía como su lengua rodeaba su dedo.
— La cena se enfriará. Tienes que comer.
— No tengo hambre... — Contestó ella, comprobando que su mandíbula se tensaba. Bella le acarició la boca, pasando un dedo por ella. Un nuevo poder surgió dentro de ella, el poder femenino de provocar que un hombre se consumiese de deseo. — Al menos no de comida.
El cuerpo de Edward se tensó mientras Bella seguía provocándolo.
— No me presiones Bella. Si nos volvemos a unir, esta vez esta vez será diferente. No hay vuelta atrás.
Esas palabras sonaron siniestras, pero no lo suficiente para anular la curiosidad que sentía por sus palabras. Bella se excitó por ese desafío.

— Pareces peligroso.
De repente Edward agarró su dedo. El deseo la recorrió cuando él mordió suavemente, y lo rodeo con la lengua mientras lo retenía entre sus dientes.
— Soy muy peligroso, más de lo que te puedes imaginar
— Como ya te he dicho, no soy el tipo de chica que se echa para atrás.

El deseo en los oscuros y convincentes ojos de Edward, encendió su cuerpo.
Su pelo negro estaba revuelto y la barba sombreaba su tensa barbilla. Tan alto, fuerte y musculoso, posó sus ojos en Bella, como si ella fuese una corza y el un lobo hambriento.
Edward se agachó y agarrándola se la echó encima del hombro. Bella protestó, pero él se limitó a darle una palmadita en el trasero y correr a su habitación en el piso de arriba.

La tiró sin ceremonias en la cama y le quitó la ropa, desnudándose rápidamente a continuación.
La fascinada mirada de Bella recorrió todos sus abultados y esculpidos músculos, siguiendo la línea fina de vello negro que iba disminuyendo hasta acabar en el nido de rizos de su virilidad.
Un rebelde mechón colgaba sobre su frente, mientras la observaba en silencio.

Bella sintió el fuerte impulso de fijar su mirada en él y llenarle con su luz, aliviando su angustia.
¿Sus ojos brillaban de amor? ¿O era solo lujuria?
No deseaba saberlo. Sólo quería hundirse completamente en la ilusión de ser apreciada y amada por este hombre. Ser acariciada y saciada por él.
Y ya no pudo pensar en nada más, de pronto todo se desdibujó en una neblina de placer. Edward le acarició el desnudo trasero, susurrándole tiernamente, reclamando que se uniera a él. La lengua de Edward se arrastraba lentamente a lo largo de su cuerpo tembloroso, notando sus colmillos prominentes, cuando la besó.
Cuando rozó lentamente su abertura con la mano, la humedad de su excitado cuerpo aumentó. Bella gritó de placer.
Edward se alzó sobre ella, con su musculoso cuerpo presionándola contra el suave colchón. Su erección empujaba contra sus resbaladizos pliegues. Un sollozo escapó de su garganta, pero esta vez Bella se abrió completamente a él.

De repente, Edward la giró sobre su estómago. Intrigada, ella miró hacia arriba para ver como sujetaba un tubo. La travesura bailaba en sus ojos.
Calentó el aceite perfumado de mora bajo sus experimentadas manos, y empezó a masajear suavemente sus músculos, haciendo una pausa de vez en cuando, para pasar la lengua por el lugar que acariciaba. Bella apoyó la cabeza en sus brazos, gimiendo mientras sus manos mágicas trabajaban.
Edward separó sus nalgas y deslizó un dedo engrasado a lo largo de su tensa fisura. Sus movimientos eran ligeros y provocadores cuando llegó hasta la suavidad de su clítoris. Ella sintió que su hendidura goteaba de deseo. Arqueó la espalda, alterada por la intensa necesidad de tenerlo en su interior, y suplicándole silenciosamente que la llenara.
— Ahora ya estás lista para entregarte a mí. — Murmuró con satisfacción.

Edward agarró sus caderas y la levantó, haciendo que se apoyase en la cama con las manos y las rodillas. Bella sintió la dureza de su grueso eje moviéndose entre sus suaves pliegues, hasta que Edward deslizó su pene en su humedad, con largas y lentas embestidas. Su vagina se apretaba en una agonía de ardiente necesidad.

Poséeme, rogó ella en silencio.
Entonces él volvió a empujar en su abertura, pero esta vez cambió el ritmo por uno más fuerte y más rápido, mientras con la mano estimulaba su clítoris excitándola aún más.
Bella se arqueó y gritó cuando la tensión explotó en su interior. Al instante, él se unió al orgasmo de Bella, vaciándose profundamente dentro de ella y gritando roncamente su nombre. Cuando el cuerpo de Bella finalmente se calmó, Edward todavía estaba detrás de ella. Poderoso, fuerte y peligroso.
— Eres mía, Bella. Para siempre. — Susurró Edward, acariciándole el cuello con la boca.
Y entonces la mordió.
El dolor dio paso al éxtasis, cuando Edward perforó su piel con sus afilados dientes. Edward bebió profundamente de ella, cada sorbo era como un toque de fuego entre sus piernas. Bella intentó moverse, pero Edward la retuvo entre sus brazos fuertemente, sujetándola contra él, mientras le provocaba otro intenso orgasmo que hizo que todo su cuerpo se estremeciera con violencia.
Edward retiró la boca de su cuello, acabando con una sensual y lenta lamida a la herida.

Temblando, Bella se derrumbó en la cama, sintiendo todavía las oleadas de su orgasmo.
Dos pequeños pinchazos, eran el único recuerdo de sus dientes en su piel. Pero en su interior, Bella sintió al demonio dar un último grito de protesta, mientras la luz blanca también lloraba por su pérdida. Entonces, tanto la luz como la oscuridad desaparecieron, dejándola vacía y hueca.


No era diciembre y ya habíamos pasado de las 50 visitas! Al momento deben haber unas 80, creo. No obstante las fechas de actualización están establecidas, no se adelanta pero si se atrasa.

Gracias por todo su apoyo y... BESOS! LAS QUIERO!

GN

Ps. Mañana... o más tarde, mejor dicho, ACTUALIZACIÓN so... estén al pendiente!