Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.


LAS VUELTAS DE LA VIDA


IX

Todo son buenas noticias

No recuerdo la última vez en mi vida que me sentí así, feliz. Mierda, no tengo ningún recuerdo que sea feliz de por sí. Todo lo vivido, todo por lo que tuve la "suerte" de pasar, todo por lo que muchas veces deseé morir, todo, ahora es nada. Meros recuerdos que están encerrados muy profundamente en mi subconsciente, guardados allí para recordarme lo que fui y lo que dejé de ser. O al menos intentaba no volver a serlo, una persona sin sentimientos, sin vida, sin amor, sin nada. Sólo tenía dinero. El flamante heredero de una fortuna tan grande que podía morir diez mil veces y aun así, no se acabaría. Pero... ¿qué podía hacer el dinero por mí? Podía tener todo lo que deseara con tan sólo pedirlo, pero… ¿y lo demás? No tenía nada y a la vez lo tenía todo.

Por Merlín, no tuve derecho a vivir plenamente mi vida. Simplemente vivía como las otras personas de mi alrededor me decían. Órdenes y más órdenes, castigos, rencor, odio. A veces simplemente deseé no nacer, y más cuando las cosas fueron a peor, ahí no pude hacer nada para evitar pensar de ese modo. Ahora nada de eso importa, nada. Maldición, ¿por qué me debería importarme? Tengo a mi lado a la persona más bella con la que he estado jamás, la única con la que verdaderamente quería estar.

Y ella se entregó a mí. Por Salazar, era virgen y se entregó a mí. Fui su primer hombre en su vida. Y por Merlín que haré todo lo posible por ser el único.

Definitivamente, si esto es un sueño, no quiero despertar, no quiero abrir los ojos y darme cuenta de que no está a mi lado y que todo pasó en mi cabeza...

Pero no es así. Abro los ojos y aquí esta, acurrucada en mi pecho. El sol ya ha salido. La habitación está muy iluminada, y su larga cabellera roja está esparcida sobre sus hombros, brilla resplandeciente. Es tan hermosa cuando duerme. No puedo evitarlo y sonrío. La acerco más, si es posible, a mi pecho. Acaricio su piel desnuda, es tan suave.

Quisiera no apartarme de ella jamás. Siento como se mueve entre mis brazos, puede que ya esté despertando. Se lleva una mano a su rostro y se estruja los ojos, sonrío una vez más, parece que la luminosidad de la habitación le molesta. Se remueve y abre los ojos lentamente, me mira y sonríe. Agrando más mi sonrisa y se vuelve a acurrucar en mi pecho…

-Hola -dijo Ginny perezosamente.

-Buenos días... ¿has dormido bien? -Preguntó él dándole un beso en la frente.

-Maravillosamente... ¿y tú? -Espetó ella con aire risueño.

-Definitivamente ha sido el mejor amanecer de mi vida -dijo él y ambos rieron-. ¿Tienes hambre? Hay que bajar a desayunar.

-Sip… y mucha -dijo ella con una sonrisa acariciándole el pecho.

-¿Qué te parece si nos damos un baño y bajamos a desayunar?

-Me parece perfecto -contestó sonriente.

Draco se acercó y le dio un tierno beso en los labios, ambos sonrieron. Él cogió su barita de la mesita que estaba al lado de su gran cama y con un leve movimiento, convocó albornoces para los dos, se lo pusieron y fueron al baño. Después de varios minutos, él salió del baño y con un accio, la ropa de Ginny que estaba en la sala de los cojines, voló hacia la habitación, junto con su bolso y su varita.

-Menos mal que ya está seca -dijo él en un murmullo. En ese momento ella salía del baño.

-¿Decías? -Preguntó.

-Tu ropa... está seca -dijo con media sonrisa.

Ella asintió y sonrió. No quedaba más remedio que ponérsela, ya que no tenía ropa allí, se lo había llevado todo cuando salió la última vez de la Mansión. Ya vestidos, ambos bajaron agarrados de la mano al comedor para desayunar. Conversaron mientras se alimentaban. Después de varios pasteles, bocaditos y zumos de calabaza, quedaron saciados. Ambos le dieron las gracias a Elia. Él la llevó a dar un paseo por el jardín. Ya llevaban allí varios minutos, sentados y abrazados, dándose besos de vez en cuando, cuando él habló.

-Oye, Ginny, me gustaría decirte algo.

-¿El qué? -Preguntó ella extrañada.

-Quiero que seas mi novia -dijo él mirándola a los ojos. Ella pareció sorprendida unos segundos, pero instantes después, mostró una sonrisa amplia y, moviendo afirmativamente la cabeza le dio un gran beso-. ¿Eso quiere decir que sí? -Preguntó él contento.

-Sí, Draco, claro que quiero ser tu novia -dijo ella sonriendo, segundos después, abrió mucho los ojos y se apartó bruscamente del pecho de él.

-¿Qué te pasa, Ginny? -Preguntó él extrañado y preocupado.

-Draco, yo… yo no tomo pociones, yo…

-Tranquila -dijo abrazándola- explícate mejor, Ginny, no te entiendo… ¿qué pasa?

-No nos protegimos, Draco, y yo no bebí la poción antiembarazo…

Él sonrió y ella casi se enfadó por su actitud. ¿Por qué sonríe? ¿No sabe que puedo quedar embarazada? Por Merlín…

-Ginny, no te preocupes… Tengo un hechizo semipermanente de control de natalidad desde los quince años-. Él pareció avergonzarse un tanto, ella lo miró sorprendida.

-Tienes relaciones… ¿desde esa edad? -Preguntó ella más que curiosa. Él negó cabizbajo.

-No… Ehhh, realmente… desde los catorce.

Ginny estaba en shock. Draco un tanto avergonzado.

-Bueno, ehhh, no sé que decir… realmente son muchos años de… mmm, ¿experiencia…?

-¿Casi diez años? Sí, realmente… Padre tenía miedo que yo dejara embarazada a alguna chica y tomó cartas en el asunto… Pero si he de serte sincero, nunca, ninguna chica, me ha entregado algo tan valioso para ella como tú… Ginny, eres especial en todos los sentidos.

Ella sonrió azorada, lo tomó por las mejillas y lo besó. Después de eso, no hablaron mucho más, sólo se dedicaron a besarse tiernamente. Después de varios minutos, Draco se disculpó con ella y se dirigió al estudio donde trabajaba, tenía que ponerse al día. Mientras, Ginny se quedó allí, vagando en sus pensamientos. No puedo negarlo, me siento tan feliz. Había acudido a buscar respuestas... mandarlo a la mierda quizás, pero me sorprendió gratamente. Sonrió. Se disiparon todas mis dudas, pesó ella. Ahora sólo puedo pensar en él, sé que fue sincero cuando me dijo lo que sentía por mí. El modo en que me trató, por Merlín, fue tan dulce… Llevaba media hora en sus pensamientos, cuando una lechuza marrón con pequeñas manchas doradas fue hacia donde ella estaba. Extendió la pata. Llevaba una carta, ella la cogió y enseguida alzó el vuelo sin esperar respuesta. Tenía el sello de San Mungo y se apresuró a abrirla. La leyó detenidamente y volvió apresuradamente hacia la Mansión. Toc toc toc. Ginny tocó la puerta.

-Adelante -contestaron al otro lado.

-Draco, lamento molestarte pero me ha llegado una carta de San Mungo.

-¿San Mungo? ¿Sucedió algo? -Preguntó preocupado. Ella negó con la cabeza y le mostró la carta. El la tomó y además, sentó a Ginny en su regazo.

Ginevra Weasley:

Buenas tardes. Ya han pasado varias semanas y no se nada de la recuperación del señor Malfoy, ni de cómo llevas el trabajo. Necesito que te presentes cuanto antes, tus prácticas terminan en dos días y hay que presentar los informes.

Afortunadamente para ti, hay un puesto de trabajo vacante, te daré más detalles en cuanto regreses.

Posdata; el señor Malfoy deberá venir también a una última revisión.

Atentamente,

Sanador Stuart Francis Johnson

-¿Y por qué debo de ir yo? -Preguntó él, extrañado.

-Tiene que ver si he hecho bien mi trabajo, Draco, hay que ponerlo en los informes de mis prácticas -respondió ella-. Por Merlín ¡tienen un puesto libre! -Exclamó animada y contenta.

-Eso quiere decir... que entrarás a trabajar oficialmente en San Mungo como medibruja -dijo él en un hilo de voz.

-¡Sí! ¡Por fin se cumplirá mi sueño! ¿No es genial? -Dijo y lo abrazó. Pero él no reaccionó, ella pareció darse cuenta y lo miró extrañada-. Parece que no estás contento por la noticia -dijo frunciendo el entrecejo.

-Sí, claro -contestó él con media sonrisa-. Lo que pasa es que… bueno volverás a la Madriguera y con tu trabajo no podré verte tanto como quisiera... -se sinceró. Ella pareció meditar lo que él le había dicho. Después de un rato, le contestó.

-Bueno, volveré a la Madriguera pero a recoger las cosas que dejé allí -prosiguió- tengo alquilado un departamento, allí he vivido desde que empecé a formarme -terminó con una sonrisa.

-Aún así…

-Entonces... ¿qué tienes pensado tú? -Interrumpió ella.

-Bueno… ahora que has aceptado ser mi pareja pues… pensaba que podíamos vivir juntos… quizás -dijo él haciendo una mueca graciosa.

-Yo no digo que no deberíamos pero... ¿cómo lo haríamos? -Preguntó ella- no puedo vivir aquí, en la Mansión contigo, Draco, estamos muy alejados de todo... y además, mi departamento es pequeño para dos personas... ni si quiera tiene chimenea…

Él pareció pensarlo detenidamente.

-Ginny, escucha, tengo negocios en Londres, el Londres muggle. Más adelante te contaré los detalles. -Añadió al ver que ésta se sorprendía-. San Mungo se encuentra ahí y podríamos vivir en un departamento cerca.

-Parece una buena opción -dijo ella asintiendo.

-¡Claro que lo es! -Contestó él abrazándola por la cintura y dándole un beso-. Empezaré los trámites lo más rápido posible.

Ella asintió.

-Ahora tengo que ir a la Madriguera.

-Claro, pero te acompañaré. He de hablar con tus padres acerca de nosotros y de nuestros planes. ¿Te parece bien? -Preguntó él con una sonrisa.

-Mmmm, preferiría que no. -Dijo ella pensativa-. No es por nada en especial, créeme, pero quiero preparar el terreno para informales a mis padres.

Él asintió.

-Está bien, de acuerdo -contestó-. Supongo que te quedarás a almorzar allí... ¿vendrás a cenar? -Preguntó él inocentemente.

-Sí, claro -dijo ella acercándose a él y besándolo-. Nos vemos más tarde -sonrió.

Draco masculló un "adiós, cuídate" y en seguida se puso a terminar el trabajo. Inmediatamente después, empezó los trámites para buscar un nuevo departamento. Todo marchaba realmente bien.

Eran cerca de la una y media de la tarde cuando Ginny se apareció finalmente en la Madriguera. Había pasado por su viejo departamento para recoger varias de sus cosas olvidadas allí. El que lo hubiera alquilado ya amueblado fue un buen acierto, ya que sólo poseía pocas cosas, entre ellas su ropa y pequeños objetos personales y decorativos. Empacó todo y utilizó un hechizo reductor. Se puso en contacto con el dueño y le avisó del desalojamiento del lugar. Como quedaban pocos días para final de mes, todo se hizo más fácil. Después de varias horas y, cansada por todo el ajetreo que tuvo que hacer, por fin se encontraba allí, en la puerta. Debatiéndose si entrar o no. Indecisa. Un tanto temerosa a la reacción de sus padres cuando les contara acerca de sus últimas decisiones, sobre todo, cuando les dijera que vivirá con su pareja.

De pronto se oyó un ruido dentro, seguido de unos pasos acelerados y una risita infantil. La reconoció enseguida y entró.

-¡Hola! -Bramó ella alegre.

-¡TÍA GINNY! -Gritó la voz de niña y corrió a abrazarla. Era rubia, de unos cuatro años, con dos coletas y pequeños ojos azules muy alegres que hacían destacar sus abultadas mejillas sonrosadas.

-¡Mi pequeña Sussy! ¿Cómo estás? ¿Y tu hermanito Sam? -Dijo Ginny alzándola en sus brazos y dándole un sonoro beso en la mejilla a la pequeña.

-En la cocina con la abuela y papá.

Ginny se dirigió con ella hacia allí y abrió la puerta. El olor a comida se hizo presente y, su madre, mientras sartenes y cacerolas se encontraban en el lento fuego, servía té a un hombre rubio de larga melena atada en una coleta, este estaba de espaldas, con un niño pequeño sentado en sus piernas. Su cuñado Iosif se giró, las miró a ambas con una gran sonrisa y se levantó con el niño aún en brazos a saludarla.

-¡Ginny! ¿Cómo estás? -Preguntó él, abrazándolas.

-Muy bien Iosif ¿Y tú? -Preguntó-. ¡Hola mamá! -Saludó y dirigiendo su vista al pequeño, dijo- Hola Sam... ¿No vas a saludar a tía Ginny? -El pequeño rubio de pelo corto, ojitos azules y mejillas sonrosadas, muy parecido a su hermana, la miró y enterró la cabeza en el pecho de su padre haciendo un puchero-. ¿Qué le pasa al pequeño Sammuel? -Preguntó ella acariciándole el pelo al niño.

-Ha roto sin querer su escoba de juguete y esta triste -respondió la pequeña Suzanne.

-Ehhhh, pequeñín... no estés triste. -Sam sollozó y se abrazó a su padre-. ¿Qué os parece si mañana vamos al Callejón Diagón a comer un helado? -Preguntó dirigiéndose a los dos niños.

Los pequeños se pusieron alegres rápidamente y los dos adultos los bajaron de su regazo. Inmediatamente después, se pusieron a jugar entre ellos. Ginny y Iosif se sentaron en la mesa de la cocina con Molly, que añadió una taza más a la mesa mientras charlaban y esperaban que la comida estuviera lista.

-¿Dónde está Charlie? ¿No ha venido con vosotros? ¿Habéis llegado hace poco? -Preguntó Ginny.

-No -contestó su cuñado apesadumbrado- quería venir para estar con tus padres y los demás... pero un trabajo de última hora necesitaba su presencia, no se pudo negar. Llegamos sorpresivamente hace un par de horas. Íbamos a venir más temprano pero el traslador se retrasó.

Charlie, el segundo hijo del matrimonio Weasley, trabajaba en Transilvania, Rumanía, como criador y domador de dragones cuando conoció a Iosif Bălan, su actual marido. La difunta y única hermana de este, Sorina, falleció con su marido Tadeus, de origen muggle, en un accidente de tránsito. Cuando la desgracia ocurrió, la pequeña Suzanne tenía dos años y Sammuel sólo tres meses. Iosif se hizo cargo de sus sobrinos y los crió como suyos, con la ayuda de su entonces novio Charlie. Un año después, se casaron y adoptaron legalmente a los pequeños. Iosif y su hermana mayor Sorina, fueron abandonados por sus padres cuando éstos eran muy jóvenes, por lo que permanecieron juntos y ella siempre cuidó de él, hasta su último segundo de vida.

-Espero que venga la próxima… -dijo Molly con un deje nostálgico.

-¡Claro que vendrá! -Interrumpió Iosif- no faltará a mi cumpleaños... aunque lo traeré a rastras si es posible -rió-. Quiero celebrarlo aquí... con la única familia que me queda. -Molly le cogió de la mano y Ginny le acarició la espalda, un breve momento de tristeza los inundó a los tres. Después de un rato, Iosif prosiguió-. Pero cuéntame Ginny... ¿en qué estás ahora mismo? ¿Sigues como medibruja? -Preguntó con una sonrisa sincera.

-Precisamente, os tengo una buena noticia… -titubeó-. Hay un puesto libre y ahora que se acaban mis prácticas, y creo que lo aceptaré -respondió ella ufana.

-¿Sí? ¡Enhorabuena! -Exclamó su cuñado.

-Ginny, cariño eso es maravilloso. ¡Ya verás tu padre cuando se entere! -Gritó la señora Weasley.

-¿Enterarme de qué? -Prorrumpió Arthur alegremente desde la puerta trasera de la cocina, apareciendo sorpresivamente-. ¡IOSIF! ¿Qué…? ¿Y Charlie? ¿Pasó algo? ¿Y los niñ…? -Soltó Arthur preocupado, que se vio interrumpido instantáneamente.

-¡ABUELO! -Chillaron los pequeños al unísono y corrieron hacia él abrazándolo.

-Ahhhh, aquí están -profirió Arthur alzándolos a los dos y abrazándolos con un gesto de alivio-. Justo iba a preguntar por ustedes -dijo dándoles un beso a cada uno.

-Papá Weasley, no se preocupe, está todo bien, vinimos a visitarlos -dijo Iosif acercándose y dándole un abrazo-. No se alarme que Charlie está bien.

Después de los saludos, pequeñas charlas sobre las últimas noticias de ambas familias y los correteos de los niños que se habían trasladado al patio de la cocina para seguir jugando, Ginny varita en mano, puso la mesa. Llamaron a los niños y se sentaron todos a tomar el almuerzo, que consistía en una rica sopa de cebolla y una menestra de verduras fritas y asadas, con tocino y huevos. Una vez acabado y tomando todos tarta de manzana de postre, siguieron conversando amenamente.

-Y tu Molly... ¿por qué estás tan contenta querida? -Preguntó el señor Weasley.

-Ahhh… es que yo le decía a mamá y a Iosif que posiblemente empiece a trabajar en San Mungo después de mis prácticas. ¡Hay un puesto vacante! -Interrumpió Ginny a su padre.

-¡Eso es genial hija! -Exclamo él orgulloso- esto hay que celebrarlo.

En una charla bastante animada sobre otras cuestiones durante el postre y la posterior taza de té, fueron cambiando de un tema a otro hasta que a Ginny finalmente "se le olvidó" hablar a sus padres sobre sus intenciones. Los niños plenamente agotados, a las tres y media de la tarde se quedaron profundamente dormidos y Iosif se retiró a descansar con ellos a las habitaciones que les pertenecieron a Fred y George, para poder estar con sus pequeños. Ginny no tenía sueño alguno, pero subió a su habitación con su bolsa. Se cambió de ropa y se puso cómoda. Viendo el equipaje reducido de su anterior departamento, recordó los sucesos recientes. Así que después de un rato trasteando por su habitación un poco nerviosa, decidió bajar y hablar con sus padres, a los que encontró todavía en la cocina, charlando animadamente.

Después de interrumpirlos, les contó sobre su relación con Draco Malfoy. La confesión de los sentimientos de él hacia ella... La aceptación de ella ante el noviazgo; obviamente omitiendo el detalle de que se unió a él, ya que sólo les dijo que después de la cena, se retiró a su departamento… Sus planes de vivir con él en el Londres muggle, cerca del Hospital San Mungo y de los negocios que éste posee… Y por último, la reciente entrega de su hasta ahora pequeño hogar. Ella aguardó visiblemente nerviosa a que el matrimonio hablara. Después de unos minutos y miradas entre los dos, el señor Weasley fue el primero que habló:

-Bueno hija… Nosotros lo único que queremos es que seas feliz independientemente de la persona que sea… ¿Él te hace feliz? -Preguntó el hombre tomando la mano de su hija entre las suyas.

-Si papá, lo hace -contestó ella mirándole a los ojos.

-Eres mayor de edad hija -añadió Molly- y si es tu decisión y estás segura... adelante -admitió ella sinceramente.

-Gracias mamá. Gracias papá.

-Bueno cariño, la verdad es que me esperaba esto -admitió Molly y Ginny se sorprendió tanto que parpadeó confundida- quizás es demasiado pronto para mi gusto…

-¿A qué te refieres mamá? ¿Cómo que te lo esperabas? -Preguntó atónita.

-Aquellos días en los que desapareciste y él no te encontraba... la primera vez que vino a la Madriguera, me preguntó la dirección del departamento donde vivías y yo reticente, no se lo di, pero me preocupé. -Ginny asentía con la cabeza, totalmente anonadada-. Te envié la carta con dulces y cuando llegó tu respuesta, me quedé más tranquila. Pero un día después, él vino de nuevo y me dijo que te había encontrado hospedada en el Caldero Chorreante y que no querías salir de allí… Hija, me contó todo lo que había sucedido -dijo comprensiva.

Más impactada que antes a ser posible, Ginny boqueó como pez fuera del agua, mientras buscaba las palabras adecuadas para decir. Finalmente y recordando las palabras que le dijera su madre, dijo:

-¿Por eso me deseaste suerte, mamá? ¿Ayer cuando fui a cenar con él?

-Si cariño, la verdad es que vi sinceridad y arrepentimiento en él y recordé su preocupación por ti los días anteriores...

Segura y feliz por sus recientes decisiones, Ginny siguió hablando con sus padres de ese y otros temas. Después de un largo rato, subió a su habitación a descansar, esta vez sí, un poco. Después de un par de horas despertó. Ya era cerca de las ocho de la tarde y se metió a darse una ducha para relajarse. Se lavó el pelo y lo dejó húmedo. Se puso ropa informal y cómoda, y guardó en su bolso una muda de ropa. Finalmente bajó las escaleras. En la sala de estar se encontró a todos conversando animadamente, se unió a ellos y después de media hora, se levantó despidiéndose de los adultos y de los niños, prometiéndoles a estos que estaría mañana sin falta a la hora del almuerzo, para llevarlos a la heladería Florean Fortescue.

Tras un giño cómplice con su cuñado, una risita de su madre y un beso de su padre, se fue hacia la chimenea, y a través de la red Flu, llegó a la salita de la Mansión Malfoy. Esta vez no la recibió la elfina, sino Draco. También informalmente vestido, que ya estaba allí esperándola. Ambos se saludaron con un dulce "hola" y un beso que creció en intensidad. Se separaron después de unos minutos, buscando oxígeno, y rieron. Él la abrazó, le dio pequeños besos en el cuello, y le dijo "te extrañé" varias veces, a lo que ella respondía con dulces "yo también". Tras separase, ella iba a hablar de nuevo, pero él, poniéndole un dedo en los labios, susurró pícaramente:

-Ahora hablamos -dijo dándole otro beso mientras sacaba una venda de sus bolsillos.

-Draco... Mmmm ¿Qué…? -Intentó preguntar ella sonriente.

-¿Confías en mi? -Replicó él con una sonrisa ladina.

Ella asintió divertida y él le ató la venda a los ojos. Agarrándola por la cintura, la guió hacia la salida y la encaminó hacia el jardín. Una vez allí, se la quitó. Se quedó perpleja.

-Por Merlín… Draco… es… precioso ¿lo hiciste tu? -Preguntó ella enganchándose a su cuello, abrazándolo.

-Sí... para ti -admitió- ven vamos-. Le agarró la mano y entrelazó los dedos con los suyos.

En el centro del jardín, donde estaba la pequeña islita rodeada por el estanque, había una mesa con dos sillas, un mantel bordado rojo y otro blanco por encima, más pequeño que el otro. Encima de la mesa, dos copas, platos y tenedores finos y lujosos. Un candelabro rojo con velas blancas. Por último, una rosa encima de una fina servilleta de tela. Todo era increíblemente bonito.

Ginny abrazó una vez más a Draco, que, orgulloso de sí mismo por preparar aquello, le dio un beso que ella intensificó murmurando un "gracias". Él apartó la silla y ella se sentó donde estaba la rosa, que cogió y olió. Le regaló una sonrisa sincera a Draco y éste, llamando a Elia, le pidió que trajera la cena. Con amplias reverencias hacia los dos, la elfina se retiró tras dejar todo una mesa aledaña que hizo aparecer. Empezaron a cenar y hablaron de todo lo que habían hecho en el día. Ginny le contó que antes de ir a la Madriguera, pasó por su anterior apartamento y recogió sus cosas. Una vez allí, se encontró con su cuñado y sus sobrinos y hablaron de todo. También de sus padres. Él sonrió con suficiencia cuando ella le comentó que habían aceptado sus decisiones, y ella le sacó la lengua juguetonamente.

Draco por su parte le comentó que se había puesto en contacto con su abogado para que empezara los trámites de la compra de un departamento lo más cerca posible de San Mungo, pero cerca también de sus oficinas. O dicho de otra forma, en un lugar intermedio de los dos puntos. Ginny se sorprendió porque pensaba que iban a alquilarlo, pero él, la convenció de lo contrario. En varios días tendrían un piso en Londres totalmente amueblado y nuevo. Dejaría que una empresa mágica se encargara de todos los detalles. Comentó que después empezó a planear esa sorpresa para la pelirroja y que ese fue el resultado…

-¿Te gustó? -Preguntó cuando ambos bebían de su copa, minutos después del postre.

-Me encantó -respondió ella.

Los dos se levantaron y caminaron hacia la mansión. Después de un largo rato en la sala de los cojines, ambos se fueron a la habitación de él. Culminaron la noche con una entrega más de pasión.