Hola nuevamente!, Nos volvemos a leer, sólo que esta vez, comienza un nuevo año. Bueno, este capítulo recién sale del hornito (^^) quería terminarlo un poco antes pero, hasta que no terminé por fin con la esencia del capítulo, mis principios me prohibieron cortarlo. Así que, ha quedado un poco largo, ¿para qué les voy a mentir?. Pero también lo pensé como un bonus-track ya que por dos semanas no actualizaré, voy de merecidas vacaciones =D. No obstante voy a escribir allá para intentar no atrasarme al volver.

Bueno, como intro voy a decirles que este capítulo es un poco más revelador en cuanto a la psicología de Harry. Sé que no hago más que meterme en el personaje de ella, pero ahora intenté equilibrar un poco. Espero que les guste. :)

Ahora sí, respuestas a los reviews:

miel-tonks: Gracias por tu sincero espionaje. ¡Me encantó el análisis! La verdad es que, personalmente, también me encantan sus conversaciones. Esa idea de que se conozcan pero en realidad no se sepan para nada, me atrae demasiado. Además me encanta sentir que poco a poco se hacen íntimos en todos los sentidos. Que bueno que lo captaras, =). Me alegra también que te guste, espero volver a leerte. Saludos!.

ricitos de menta: Espero que en este capítulo se note un poco más la magia jajaja. En realidad, fue un poco duro imaginar todo de nuevo una vez que ya tenía una idea muggle preconcebida, pero algo hay. :) Te pido me hagas saber qué te pareció. Saludos!.

fatty73: Jajajaja me encantó tu definición "Harry parece el psicólogo de Ginny". Bueno, a decir verdad, quién no ha hecho uso y abuso de sus amistades sin que éstas le cobraran por oírlas jajaja. No obstante, yo me imaginaba algo parecido, no tanto como un psicólogo, pero sí como alguien intuitivo, que le brinda a ella otro modo de ver las cosas, que no tiene nada que ver con su modo racional y cuadrado de ver la vida... y ese análisis que él hace por ahí parezca psicológico, pero en realidad, es más intuitivo. No sé qué opinas?. Espero leerte, saludos!. :)

Rocidito Azul: Creo que parte de lo que dices es verdad. Harry no se da cuenta que el trato que él le da no es de amigos, y que sólo logra confundirla más. No obstante, pienso que no es adrede. De pronto él actúa con ella como siempre se manejó en la vida.. pero en una persona tan racional y estructurada, es como una sacudida. En cuanto a lo de zarandearla, creo que un poco de eso hay en este capítulo, a ver si lo encuentras o sólo quedó como idea. Y... por último, lo de Jack y Ginny.. Si, claramente, yo pienso igual.. aunque no sé quién hará que termine, si él o ella.. es algo complicado el personaje de Jack. Ya pronto lo profundizaré. Saludos!.

Reyna: No puedo creer que me hayas dicho eso! jajaja. Hace tanto tiempo tengo ganas de hacer un fic compartido... Un segundo, ¿era esa tu propuesta no? jajajaja. Si es esa, me encantaría. Si no, pues, no tengo inconveniente en ayudarte con la trama :). Estoy un poco cansada de mis "siempre iguales historias". Mandame un mail después y arreglamos bien. Si no contesto en seguida es porque ya salí de vacaciones, pero te contesto a la vuelta. SALUDOS!

pottershop: Me interesó mucho tu pensamiento acerca del título, de hecho, creo que a mí me quedó algo de lo que dijiste en tu review en MI INCONSCIENTE jajaja. porque mientras lo escribía, entendí que había algunas de esas acciones 'descarriladas' que mencionaste. A ver si te parece lo mismo. Gracias como siempre, por ser tan dedicada y escribirme. Me encantan tus aportes :) SALUDOS!.

Ahora sí. Capítulo!.

Besos. Ceci


Capítulo 9: Insistencias

-Así que... esto es una feria- observó Harry, maravillado por la cantidad de stands que había frente a ellos, decorados con trozos de tul blanco y algún que otro moño o decorado en dorado- ¿A dónde vamos primero? A donde quiera que mire hay gente vestida de blanco y negro, me marean- sonrió- demasiados novios para mí.

-Pues, a ti te encontraré fácil ¿no es así?- miró su atuendo- No veo ningún otro valiente como tú, dispuesto a usar eso- se burló- ¿Qué tal si damos una ojeada a las cosas que venden?

-¿Andas buscando suplementos para alguna de tus próximas bodas?- Ginny se encogió de hombros.

-Bueno, una nunca sabe.

Él asintió y comenzaron a andar, aún del brazo. Miraban los alrededores, maravillados por el despliegue escénico que se gestaba frente a sus ojos. Y no obstante, todo parecía tan natural, y la gente estaba tan a gusto, que parecía contradictorio a la razón. Todos los vendedores iban vestidos con el mismo tono, como insignia y para no ser confundidos con los consumidores. Los hombres llevaban fracs de color celeste, aparentando ser padrinos de boda. Las mujeres vendedoras, estaban con vestidos de un tono azul marino. Cada vestido y traje eran distintos, pero la tela y el color, era igual para todos.

Se detuvieron primero, en un stand que vendía vajilla de una notoria excelente porcelana. Parecía ser claramente importada. Ginny se detuvo abriendo ampliamente los ojos. El brillo de la misma, captó toda su atención.

-¿Sabes qué son estas?- le preguntó Harry, levantando cuidadosamente una taza, para examinarla de cerca. Ella negó con la cabeza, asombrada- Las importan de Turquía.

-¿Por qué?

-Pues, allá se especializan en hechizarlas correctamente. Es una colección bastante inusual, y refinada- afirmó, mirándola en detalle mientras le explicaba- El efecto más básico que tienen, es que no necesitan lavarse... pero eso lo tiene cualquier vajilla hoy en día- la miró por encima de su lente- Estas- remarcó- tienen algo especial- alzó las cejas sonriendo- Si te fijas, hay una taza para cada bebida caliente, que se sirva a lo largo y ancho del mundo. Por eso es una colección tan amplia. Una vez que las compras, lo único que debes hacer para probar cualquiera de ellas, es agregarle el agua caliente y...¡Voila!.

-¡Excelente!- dijo, maravillada.

-Si. Así valen también- la volvió a apoyar- Si algún día te casas, te regalaré un gran juego de estas- le sonrió y continuó su andar.

-Cómo que, "si algún día me caso"- lo persigió, falsamente indignada- ¿No me crees capaz de contraer matrimonio?- él rió.

-Pues, para ello, primero debes arreglar tu inconveniente con Jack. Encuéntrale solución a ello, y luego hablamos de porcelana- se burló.


Continuaron caminando por los alrededores, eran casi las cuatro de la tarde cuando terminaron de recorrer los stadns.

Por la cantidad de gente que Harry había visto entrar a la feria y el despliegue de la misma, pensó que sería un lugar atiborrado de gente. Pero, aparentemente, el ministro había pensado en todo, y había agrandado de forma notoria, la superficie de la feria. ¿A dónde estarían esas grandes filas de la entrada? Se preguntó. Incluso cuando habían entrado en la pequeña carpa, esa gente ya no estaba adentro. La feria, sin lugar a dudas, estaba bien preparada para recibir un alto caudal de visitantes, sin ser un estorbo.

Un stand llamó poderosamente la atención de Harry. En lugar de vajilla y chucherías, había algo así como una gran exposición de animales mágicos domésticos. El morocho se acercó con creciente curiosidad. Detrás, apareció la pelirroja, que lo observaba por encima de su hombro. Él le habló de perfil, sin dejar de mirar los animales.

-¿Qué se venderá aquí?- preguntó en voz alta a su acompañante. Pero antes de que ella pudiera manifestar su incredulidad, un hombre ancho y grande, salió de detrás del velo de tul.

-Servicio, señor- respondió servicial- Vendemos un excelente servicio.

-¿Cuál sería ese?

-¿Tiene una mascota?- preguntó vivaz, el vendedor.

-Si, una serpiente- Ginny se sorprendió. ¿Cómo era que no sabía aquello?

-¿Tienes una serpiente de mascota?- le preguntó ella, anonadada. Harry sonrió, asintiendo.

-Bueno- continuó el vendedor- Supongamos que usted desea prometerse. Supongamos que quiere proponerle matrimonio a su flamante novia- señaló a la pelirroja.

-Nosotros no...- comenzó ella, pero fue interrumpida.

-Supongamos- continuó el vendedor, sin escucharla- que desea hacerlo de un modo... poco convencional. ¡Nosotros...!- puso su mano en el pecho- Le enseñaríamos a su serpiente, en este caso, a llevar los anillos por usted, y que se presente en el momento que usted desee dar la susodicha sorpresa- sonrió orgulloso.

-¡Excelente!- manifestó- Novedoso. Me gusta- exclamó a Ginny.

-Si bueno, no creo que sea la mejor manera de hacerlo- se encogió de hombros. Ella sonrió al vendedor y siguió camino. Harry hizo lo propio, y la siguió- Con que... una serpiente- él sonrió.

-¿No te lo había mencionado?

-No. Al parecer, aún hay cosas de ti que desconozco. Después de todo, hemos estado dos días enteros hablando de mí, no me sorprende.

-No es para tanto tampoco- se desentendió- Linx y yo nos entendemos bien- se encogió de hombros, risueño.

-¿Linx...? ¡Oh!, la serpiente- él asintió- ¿Y qué piensa Nathali al respecto?

-Bueno, aprendió a tolerarla. De todos modos, Linx convive conmigo, no con ella- Harry luego sonrió espontáneamente- Aunque me oye hablarle, no tiene ni remota sospecha de que, en realidad, Linx me entiende.

-Ha de ser muy obediente contigo- se burló.

-¿Linx?- preguntó, confundido. Ginny rió.

-Nathali también.

Ambos sonrieron, y luego continuaron su camino, pausadamente. La verdad es que ninguno tenía muchas más ganas de mirar tontas chucherías que no irían a comprar. Pero el día recién empezaba, y aún había bastante de la feria por recorrer. Una vez que hubieron pasado la parte comercial de la misma, se toparon con una pequeña cola de gente que esperaba para subirse a 'La gran rueda'. Harry tironeó su brazo.

-No hay mejor forma de recorrer Londres, que desde arriba, o eso dicen. 'La vuelta al mundo' nos dará tiempo para apreciar la magnitud del país ¿no te parece?- acotó Harry.

-Emmm...- sólo dijo.

Harry tomó su mano y la dirigió a la fila. No debieron esperar más de treinta segundos, cuando la gran rueda se detuvo ante ellos, con un compartimiento vacío, para dos, esperándolos ansioso. Harry la dejó pasar y luego subió tras ella, procurando cerrar la pequeña puerta, adecuadamente. Luego se sentó a su lado y la rueda comenzó a girar lentamente.

-Vamos en subida- anunció casi emocionado.

-Si, lo noté- tomó su mano repentinamente y le dio un leve apretón. Él miró sus manos, contrariado, y luego a ella.

-¿Qué sucede?

-Nada...- carraspeó, incómoda.

-¿Qué?

-Me asusta un poco la idea- confesó. Harry sonrió.

-¿Le temes a las alturas?- ella negó rápidamente.

-No, claro que no.

-Ginny, mira a un costado. Mira hacia abajo- ya estaban a más de veinte metros de altura, suspendidos en el aire. Ginny amagó con mirar, pero luego se irguió, arrepentida- ¡Le temes!- la acusó.

-No, claro que no- repitió.

-¿Cómo haces para volar si le temes a las alturas?

-¡Que no le tengo miedo! Además, en la escoba yo decido qué hacer...- miró con preocupación las bisagras del propio compartimiento en forma de pequeño globo aerostático.

-Si no le temes, ¿Qué te sucede entonces?

-Sólo... No me siento muy cómoda con la idea de que mi vida penda de un hilo...- miró hacia arriba, el mecanismo de la rueda- O, mejor dicho, de unos trozos de metal.

-Ginny, no está pasando nada. Apenas nos movemos.

-Si bueno... Tú aprecia la vista, yo... cerraré los ojos un momento- parecía perturbada.

-Lo lamento, no sabía que tuvieras...

-¡No le tengo miedo!- lo interrumpió, mirándolo fijamente y apretando con fuerza su mano.

-¡Auu!- se quejó. Ella lo soltó apenas, sin dejar de cubrir su mano.

-Lo siento.

-De acuerdo...- resopló- Hablaremos de algo, así te distraes ¿si?- ella asintió- Bueno... te ves...- la miró- te ves bastante cambiada ¿no? Nada que ver a cómo venías esta mañana.

-Esto es absurdo- se quejó tras su patético intento de salvar la situación.

-¡No!, lo digo enserio. ¡Mírate!, con el pelo suelto, ropa cómoda- la señaló- bueno, ahora no tanto. Pero mira, si hasta te estás aventurando a cosas que ni pensabas. Eso tiene que ser bueno, ¿no?

-Si, bueno, el cambio de look era algo menos arriesgado ¿no te parece?

-Vamos Ginny, sólo se vive una vez.

-Exacto, por eso me encantaría que durara.

-Nada puede pasarte...- se irguió orgulloso, con excesiva pomposidad- yo estoy contigo. Ella rió con ironía.

-Menuda confianza.

-¿Qué? ¿No crees que sería capaz de salvarte?- Ella lo miró con el ceño fruncido.

-¿Lo preguntas enserio?

-Bueno, si tú de verdad lo dudas, yo de verdad lo pregunto.

-Dudo que tus insignificantes manos nos ayuden a llegar tranquilamente al suelo, si esta terrible máquina se viene abajo.

-No seas exagerada.

La conversación quizás había ayudado en algo a la pelirroja; a pensar en otra cosa. De hecho, el pensamiento que le siguió a la idea de que la rueda cayera, y el hecho de que había decidido subirse en ella, era uno referido a su discusión con Jack, del día anterior. En lo que él le había mencionado sobre Harry, y cómo él, habiendo llegado hacía unos días, ya había parecido desbaratar un sinfín de cuestiones que antes eran impensables para ella. Y lo más anormal del caso, era que se sentía cómoda aún en las cosas nuevas y extrañas para ella. Por ejemplo, su pelo. De pronto, no tenerlo cargando de su cráneo resultaba tan liberador, aunque desconcertante a la vez. Sentía como si, en cualquier momento, pudiera alguien agarrarla de él. Eso era... se sentía vulnerable; como si cualquiera pudiera venir de un segundo a otro, a cortárselo y dejarla desnuda. Pero aunque expuesta, sentía ahora que tenerlo recogido sería una especie de atadura. ¿Acaso era eso muy exagerado? Porque de verdad creía sentirlo. Ese tipo de libertad superflua jamás la habría conseguido por cuenta propia. Luego sonrió.

-Me siento cómoda con el pelo así- solo dijo, como dando por finalizada una disertación interna. Luego meneó un poco su cabellera y le sonrió, inquiriéndolo con la mirada.

-Te dije que te quedaría mejor- se sorprendió por el repentino cambio de tema. Decidió abordarlo con naturalidad, con la esperanza de que ella olvidara su temor- De todas formas, ¿por qué lo llevas tan largo?- continuó entreteniéndola.

-¿Está mal?

-No, sólo que no entiendo porqué lo llevas así, si en verdad no disfrutas ni haces uso de sus beneficios.

-Pues- se encogió de hombros- Me di cuenta que, cuanto más largo el cabello, más variedad de peinados podía hacer para adaptarme a distintas ocasiones- Harry la miró incrédulo unos segundos, y luego se echó a reír con ganas. Ginny se quedó mirándolo.

-¡Por Dios! Hasta qué punto eres estructurada.

-¿Qué?

-Si hasta usas un corte de pelo seguro, para poder prevenir cualquier situación. Usas un corte seguro para mantenerte al margen de problemas estéticos- sentenció.

-¿Qué dices?

-Que eres tan poco aventurera y tan temeraria, que prefieres la incomodidad durante todo un mes, para poder lucir bien sin preocupaciones, un solo día- ella continuó mirándolo sin entender el punto- ¿Te acuerdas el cambio que te dije que supe que necesitabas ni bien te vi? Pues a eso me refiero. A romper tus esquemas.

-No creo que mis esquemas se basen en un corte de pelo.

-No, Gin, pasa por tu forma de pensar. Si no tuvieras esa mentalidad, el pelo no sería problema. Pero es sólo un reflejo de tu modo de vivir... o más bien del modo en que te muestras. Me pregunto...- se detuvo unos segundos- Me pregunto porqué no podrás mostrarte siempre, como eres en tu casa. Tú no lo ves, pero eres despreocupada cuando estás bajo tu propio techo. Prolija pero no quisquillosa. Eres atenta, pero no obsesiva. Y por sobretodo, parece ser el único lugar donde en realidad eres libre. ¡Si hasta usas un pijama improvisado, que ni siquiera hace juego! Y haces lo que sea con tu pelo, con tal de que no te moleste. ¿Te has fijado en eso? ¿O todo lo que te digo es nuevo para ti?- ella lo miró unos segundos y luego retiró su mano de la de él.

-No- confesó luego de unos segundos, algo cohibida- Ya lo sé. Te dije que me agarraste de improvisto ese día...- carraspeó- que contigo me he mostrado con transparencia, sin siquiera ser consciente de ello. Sé que con Jack soy una, con mi jefe soy otra, y con mi ahijado también. Pero...- se encogió de hombros- es más fácil así. Sé qué espera cada persona de mí, y me adapto.

-¿Que crees espero yo de ti?- Le preguntó él. Harry la buscó con la mirada y ella respondió con la propia, intrigada. En sus ojos vio completa curiosidad por la respuesta, no era ninguna trampa.

-Que sea yo misma- aventuró. Él sonrió.

-Claro que sí- respondió con entusiasmo.

-Por eso eres casi el único con el que me siento cómoda. Y es extraño, porque hace unos días me resultabas irritante- razonó.

-Quizás el que no se mostró completamente sincero entonces, fui yo.

-No- negó con la cabeza- tú siempre fuiste tú, sólo que no supe interpretarte. Quizás...-agregó, pero luego pareció arrepentirse. Por unos segundos buscó algunas palabras en su interior, y continuó- Quizás, tengas razón con lo del cambio, y quizás el cambio que necesito pase por ahí- él la miraba, atento- Digo, una vez que se reconoce el problema, lo único que se puede hacer es solucionarlo ¿no?. Yo tengo que admitir, soy polifacética... en el mal sentido. Tengo una personalidad para cada persona con la que trato- calló unos segundos- Supongo que debería empezar a unificar todas esas facetas y...- suspiró y miró al frente, como por fin entendiendo algo- Con Jack primero que con nadie.

-Me parece perfecto- se sinceró, apoyándola- no esperaba una decisión menos lógica viniendo de ti.

-No obstante... me temo que, de hacerlo... a Jack no le gustará la verdadera Ginny- susurró.

-Entonces es un idiota- dijo sin siquiera pensarlo.

Ginny levantó la mirada y se chocó con la de él. La miraba fijamente. Ella buscó en sus ojos alguna señal que delatara aquel extraño tono de voz que había usado en esa frase. Casi sonaba como... enfado. ¿Por qué le enfadaría que Jack no la quisiera por ser ella misma?.

-¿Por qué lo sería? Tu has dejado de interesarte en tus respectivas mujeres, por haber cambiado su "personalidad"- marcó comillas- Está en el derecho de cualquiera, Harry. Si yo le vendí una imagen de mí, que no es real, y luego pretendo cambiarla, es lógico que él se sienta desconcertado- miró la vista a un costado, apenada- ...y no quiera saber nada más conmigo.

-El no darte la oportunidad, ya lo convierte en idiota. Y el hecho de que él, en todos estos años jamás se haya dado cuenta de lo que yo noté, en sólo un vistazo, lo convierte en un egoísta desinteresado. Esa es mi opinión- zanjó el tema.

-Eso quizás te lo conceda- se encogió de hombros. Luego agachó nuevamente la cabeza, resignada- Eso fue otra cosa que me descolocó cuando te vi. Parecías el único capaz de descifrar realmente lo que sucedía en mí cabeza. Y quizás... hasta me enojé un poco con él, por no saber hacer lo mismo- confesó, y luego lo miró para dilucidar si alguna de sus palabras lo había perturbado. No encontró nada raro. Ella se encogió de hombros y continuó- De todas formas, creo que estamos tomándonos un tiempo. Al menos eso me hizo creer cuando fui a verlo... ¡Demonios! ¡Y si no fue así, yo misma le pediré su maldito tiempo!- se exasperó repentinamente.

-¿Qué?- se sorprendió- ¿Tú quieres separarte de él?- ella lo miró y luego relajó sus facciones.

-No- confesó- en realidad no... ¡Pero Dios sabe que ese hombre sabe exasperarme!- luego miró a Harry, algo cohibida- No...- repitió- No quiero separarme de él. Hay cosas de él que extrañaría horrores, y otras tantas que... no podría dejar ir. No- quiso convencerse- Le he tomado demasiado cariño. Quizás unos años atrás sí, pero... creo que ya es algo tarde para eso. Él es parte importante de mi vida- luego miró a Harry- Si hubiera podido renunciar a él, lo habría hecho el mismo día que me aseguró que jamás tendría un hijo suyo- sonrió apenada. Harry se quedó unos segundos mirándola, sabía que aquel tema era delicado para sus nervios, por lo que prestó mayor atención para que no tuviera que repetírselo luego. Ginny continuó- El muy bastardo lo sugirió. Se llenó de coraje y me dijo que lo entendía si yo prefería irme con otra persona, tener el hijo de otro hombre- negó con la cabeza- como si todo lo que él me daba no fuera suficiente- Ambos se quedaron en silencio unos segundos. Harry apoyó delicadamente, su mano, sobre el brazo de ella, condescendiente.

-Entiendo porqué te lo dijo- confesó Harry- Creo que sería la primer reacción de cualquier hombre que realmente amara a la mujer que tiene a su lado- Ginny lo miró instantáneamente y se hundió en sus pupilas. Había algo detrás de esa mirada, como un mensaje subliminal, que a ella le estaba costando horrores captar. Se quedó mirándolo, contrariada- Creo que eso lo hace completamente desmerecedor del apodo "egoísta"- sonrió apenado. Ella asintió con una pequeña sonrisa carente de felicidad.

-¿Ya ves cómo no es tan malo?- Ginny sacudió levemente su cabeza, como cambiando de tema- Dime, Harry... Tú querrías ser padre tarde o temprano, ¿verdad?

-Si. Más tarde que temprano, pero sí.

-¿Con Nathali?

Harry dudó unos segundos. A decir verdad nunca se la había imaginado a Nathali con nada que no fuera un par de anotadores en la mano, y su gran maletín laboral, en la otra. Siempre trabajaba tanto que, dudaba le encantara la idea de ser madre.

-No lo sé- se encogió de hombros- nunca hablamos de ello.

-Pero tienen una relación seria ¿no?

-Ambos estamos enamorados, si eso me preguntas.

-Pero... su relación, ¿va a algún lado?

-No lo sé, Gin- se enderezó y sacó su mano. Parecía incómodo- Creo que sí. No estaría con alguien si no supiera que podría profundizar la relación.

-No te enfades, sólo quiero llegar a una idea.

-No me enfado.

-¿No crees que irás a casarte con ella?

-No creo que ella quiera casarse conmigo.

-¿Por qué no?

-Pues... tiene una idea más libre de la pareja. Para ella, con vivir juntos y ser felices, es suficiente.

-¿Y para ti?

-Para mí también, aunque no estaría en contra del matrimonio tampoco.

-O sea que, si ella blanqueara su situación y te dijera que quiere vivir contigo pero no tiene en mente casarse jamás, tú... ¿aceptarías?- él se encogió de hombros.

-Por el momento no me importa casarme o no.

-No te importa casarte, pero, ¿tendrías un hijo más adelante?- él asintió- Harry tienes treinta y cuatro años, ¿Cuánto más tarde esperas que sea? ¿Nunca pensaste que sería hora?

-No- negó seguro- Para mí no es cuestión de edades, sino de momentos. Cualquier edad para mí, hubiera estado bien. Pero no sucedió.

-¿No buscarías que suceda?- lo miró fijamente, sintió que él evadía su mirada.

-No creo que Nathali estuviera de acuerdo- dijo pausadamente, luego agregó- En realidad, no creo que se plantee nunca esa idea. Al menos no hasta los cuarenta.

-¿Por qué?- se sorprendió.

-Pues... ama su trabajo. Trabaja doce horas diarias, los días que se lo toma con calma.

-¡Oh mon dieu!- perjuró asombrada.

-No creo que sea el momento adecuado para ella, para pensar en un niño.

-De acuerdo, a ella la entiendo. ¿Pero tú? ¿Por qué no querrías un niño ahora?

-No dije que no lo quisiera.

-Pero a ella tampoco le has dicho que sí lo quisieras, ¿por qué?- él se encogió de hombros.

-No lo sé, Gin.

-¿Acaso no es importante para ti?

-¡Claro que es importante! ¡Tengo treinta y largos...!- soltó espontáneamente exasperado. Ginny quedó pasmada- ¡Me encantaría tener un hijo al cual enseñarle todo lo que yo tuve que aprender por cuenta propia!

De pronto, Harry sintió como si sus roles se hubieran invertido. Momentáneamente él había ocupado el lugar del reprimido, de aquel hombre al que debía adivinarle los sentimientos, porque sabía guardarlos en un lugar muy apartado de la mirada ajena. Luego se hizo consciente de la expresión de Ginny, y de cómo ella parecía haberse percatado de lo mismo. Al parecer no era la única con algunos secretos en su pareja. Harry se calmó e intentó explicarse.

-Hay situaciones que no pueden forzarse...- Soltó en un resoplo. Ambos se quedaron callados luego del pequeño exabrupto. Ginny midió sus palabras, previamente.

-Quizás...- soltó con cautela- sea hora de empezar a velar por tus propios intereses ¿no lo crees?- él la miro fijamente, intentando dilucidar su mensaje- Por lo poco que sé, tú no estás apegado a ninguna profesión laboral, entonces... ¿qué te detiene a llevarlo a cabo?- Harry pensó unos segundos en aquello que realmente quería hacerle ver la pelirroja.

-Nat...- susurró, más para sí, que para ella.

-Si- asintió- Pero tampoco se lo has dicho, así que... técnicamente no tiene la culpa- él la miró con el ceño fruncido. Ginny dejó pasar unos segundos y luego le sonrió con naturalidad- Bueno, parece que ambos tenemos cosas que hablar en la pareja, ¿no crees?- Luego miró la vista, ya más tranquila- ¡Sin duda ha sido una salida productiva para ambos!


Media hora más tarde, ya habiéndose bajado de la gran atracción giratoria, caminaban con lentitud, a la deriva. No habían vuelto a retomar conversación sobre nada serio, desde que Harry se abrió a ella. Ginny, interiormente, lamentaba haber sacado a colación, algo tan íntimo para él. Estaba segura de que él no se había dado cuenta de sus propios deseos, ni de cómo estos no se irían a cumplir a corto plazo, hasta que la pelirroja sacó el tema. Pero también estaba orgullosa de haberle hecho reflexionar. Ella estaba agradecida de las cosas que Harry le estaba haciendo ver en su vida, lo menos que ella podía hacer, era intentar pagarle con la misma moneda. Él se mostraba seguro, pero por dentro, tenía algunos temas aún sin resolver. Y estaban tan reprimidos, que él mismo se había vuelto ciego a ellos.

Ginny ya se estaba cansando un poco de caminar enfrascada en sus propias disertaciones. Tenía imperiosas ganas de hablar con él. Pero él, definitivamente, estaba muy entretenido en sus reflexiones. Caminaba mirando al piso y, francamente, no debía de tener idea hacia dónde iban.

-¿Y bien?- sorteó ella, esperando su vivaz mirada. Esta nunca llegó. Sintió que le había hablado al viento- Estaba pensando que, podríamos comprarle algo a Nathali, ¿qué dices? Quizás algo a Jack- comenzó a pensar en voz alta- Aunque, ahora que lo pienso, casi todo aquí tiene rastros mágicos. Jamás podré hacerle un regalo decente- se lamentó.

Harry, que caminaba con la cabeza gacha, no le prestó atención. Pero repentinamente, le surgió el recuerdo de cómo se hablaba.

-Tengo hambre- sólo dijo, como si fuera un niño aburrido, esperando que su madre, o lo alimentara, o lo sacara de una vez de ese asqueroso lugar. Ginny resopló, ofuscada.

-De acuerdo. ¿Quieres que nos vayamos?

-¿Irnos?- se sorprendió, y la miró preocupado- ¿A dónde? ¿Por qué?

-Pues... Querías comer, ¿no?

-Pero aún no recorrimos toda la feria. Dijiste que aquí se podía comer también, ¿o no?

-Si, pero... pensé...- Ginny dejó allí la idea- De acuerdo, creo que es en aquella carpa- señaló a unos cincuenta metros enfrente suyo- Me pregunto qué menú conyugal ofrecerán.

Se adentraron en la carpa. Ambos se detuvieron en la entrada, maravillados. Parecía un circo ahí dentro. El interior de la carpa no sólo tenía el tamaño de, al menos, la mitad del total de la extensión de la feria, sino que también, tenía enormes cantidades de mesas, y en un costado, algunas pequeñas carpas.

-Carpas dentro de una carpa- susurró el morocho.

Harry y Ginny se encontraban cerca de una de las pequeñas carpas, y no pudieron evitar asomarse a la entrada para investigar. Lo que había dentro, era una pequeña mesa, preparada acogedoramente para dos personas. Luego entendieron que, las que ya estaban ocupadas por verdaderas parejas, tenían el pequeño toldo de entrada, cerrado. El resto de ellas, invitaba sugerentemente, a comer dentro.

-¿Quién querría más privacidad?- soltó la pelirroja- Esta carpa es inmensa y sólo hay dos mesas ocupadas- dijo aún sin salir de su asombro.

-Pues... esta vacía porque todas las parejas se han aislado- observó. Se quedaron unos segundos más de pie, y luego se miraron.

-Bueno, vamos- lo apuró ella con la mano- tú elige, tú tenías hambre.

-Sí, claro. ¿Dónde...?- la miró dudoso.

-¡Pues yo que sé!- respondió incómoda- Dónde gustes.

Harry comenzó a caminar con cautela hacia el centro de la gran carpa, todas sus mesas alrededor estaban vacías. La pelirroja caminaba detrás de él, por lo que Harry hacía de cuenta que estaba buscando la mejor ubicación, pero lo que en realidad intentaba, era mirar por encima de su hombro, e identificar la mirada de la pelirroja. ¿Esperaría que él se dirigiera a una de las carpas con mayor intimidad? No descubrió nada inusual en el rostro de la pelirroja, salvo que estaba maravillada, mirando en todas direcciones. ¡Demonios! ¿Por qué debía elegir él? Aquello era en extremo, incómodo. Por fin eligió una mesa cualquiera y le ofreció el asiento a ella primero. Esperó a que ella se sentara y luego rodeó la mesa para sentarse justo enfrente suyo.

Una vez que se hubieron sentado, sobre sus platos vacíos aparecieron los menúes. Había tres combinaciones distintas. Los precios eran los mismos para cada uno. Ambos se miraron antes de tomar el papel. Sólo luego de darle la primer ojeada, notaron que había algo más allí. De lejos, se escuchaba una música que, claramente se estaba tocando en vivo. Volvieron a mirarse, y luego, Ginny descubrió que la carpa, no sólo era inmensamente redonda, sino que había un pequeño puente, también de tela, que conectaba con otra carpa.

-Creo... que hay una especie de recepción- sorteó ella. Él miró a sus espaldas, en dirección al pequeño puente.

-Pues... yo creo- se volvió para mirarla- que lo que ves allí, es la pista de baile. ¿Has ido alguna vez a una boda en la que no se baile?

-Creo que no.

En un pestañear, y tras una pequeña explosión de humo, apareció un elfo doméstico, vestido de pequeño, elegante y gracioso frac. Ambos se sorprendieron.

-Buenas noches, señores. ¿Qué menú gustarán?- preguntó una cordialidad excesiva, que no llegaba a trasmitirse en las facciones de su rostro.


Ya habían comido el entremés, compuesto por unos pequeños canapés de aceitunas, caviar y huevo, y el plato principal ya casi llegaba a su fin. Ambos habían pedido el mismo menú, en cuyo caso, el plato principal estaba basado en un amplio filet de salmón ahumado con salsa de algas variadas.

No habían vuelto a cruzar mayor palabra durante la cena. Cierto radar interno en la pelirroja, le advertía que, cualquiera de los temas de conversación que a ella le interesaba tocar entonces, lo enojaría más, o quizás, lo deprimiría mejor.

Harry, por su cuenta, se demoraba en cada detalle presentado sobre su plato. Cómo la pequeña punta del tenedor, atravesaba la delicada carne rosada del pescado. Cómo, al mojarlo levemente sobre la salsa, la pequeña mancha verdusca, se expandía sobre el trozo de carne. Cualquier cosa le resultaba interesante y llamativa, antes que sus propios pensamientos. Intentaba evitarlos a como dé lugar. Pronto se encontró en la disyuntiva de que, ni las reacciones de su comida, ni los detalles de su plato, lo lograban alejar de los pensamientos. Decidió que no tenía más apetito, y corrió levemente el plato para alejarlo de su olfato.

La pelirroja buscó su mirada para entender qué sucedía en su cabeza, y si había algo en el mundo, que ella pudiera hacer, capaz de remediarlo. No encontró nada, ni siquiera, la torpe mirada del morocho. La estaba evadiendo. O quizás, simplemente no quería que se adentrara en sus ojos y así, en su mente. Extrañas cosas estaban sucediendo en aquel aparente vacío. Y si había algo de lo que estaba seguro, era de que no deseaba que ella se topara con las dudas que empezaban a asolarlo poco a poco.

Ginny despegó sus labios para decir algo, pero se calló cuando el pequeño elfo volvió a aparecer, con dos pequeños platos en sus manos. En cada uno, había una gran porción de pastel de boda. El elfo los apoyó sobre la mesa y desapareció sin pronunciar sílaba.

Harry miró el postre con cierta culpa. Miró a Ginny fugazmente que seguía observándolo, esperando alguna respuesta. Harry sonrió falsamente, incómodo, y tomó uno de los platos.

Comió callado. Frente a sus ojos, tenía un nuevo objeto de distracción. Aún no había visto los distintos detalles en el plato del postre, quizás eso lo salvara unos cuantos minutos más. Mientras tanto, la escuchaba comer lentamente. Se notaba que le gustaba, aunque hacía el mayor esfuerzo por reprimir cualquier signo de satisfacción. Harry sonrió impulsivamente, sintiéndose un egoísta. Engullió el pedazo de un sólo bocado más, y levantó la vista.

Ginny casi se atragantó al verlo con las mejillas manchadas, y la boca llena del bizcochuelo. Comenzó a reírse, pero se obligó a detenerse para no atragantarse. La pelirroja tosió un par de veces hasta que se recuperó del todo. Cuando volvió a mirarlo, él ya había tragado. Harry se pasó la servilleta y quedó como nuevo. Luego él, le sonrió con inocencia, lo cual, de cierta manera, maravillo a su acompañante. Ginny se quedó largos segundos, mirándolo, abstraída. Él seguía sonriendo, ahora divertido.

-¿Quieres bailar?- le preguntó, poniéndose de pie.

Ella se quedó inmóvil en su lugar. Lo observó detenidamente, esperando algún indicio de burla. Al no encontrarlo, le sonrió. Harry extendió su mano, la cual ella tomó. Comenzaron a caminar lentamente hacia el pequeño puente que comunicaba con la pista de baile. Harry la llevó del brazo.

Cuando llegaron a la pista de baile, toda la gente que parecía no haber estado nunca en la recepción o en la feria, ¡o en Londres!, estaba amontonada en aquella tienda. No por nada, esa carpa, era aún más grande que el comedor. Y si bien ni bien entraron estaban pasando música electrónica, puesta con intención de llevar a cabo algo parecido a un carnaval, cuando se ubicaron como para empezar a bailar, el DJ cambió rotundamente la música.

Como si la escena de la cena no hubiera sido lo suficientemente incómoda, cuando Harry iba a tomar iniciativa para comenzar a bailar, comenzó a sonar un lento que lo descolocó por completo, dejándolo en una especie de stand-by frente a su acompañante, y en ridículo, en frente a todo el resto de la gente (si se hubieran interesado en mirarlo).

Ginny sonrió para sus adentros, parecía la escena de una película de medio pelo. De pronto le resultó curioso descubrir que, después de todo, aún quedaba algo de vergüenza dentro de la personalidad de su amigo. Aún quedaba algún sentido de la ubicación. Al verlo aún detenido, como preocupado, Ginny se rió de él.

-¿Quién diría que sentirías vergüenza después de todo?- dirigió la mano de Harry en su espalda, a la altura de la cintura, y tomó su mano izquierda, con la propia derecha. Luego sonrió- Para ser un aventurero, te incomodas con sorprendente facilidad.

A Ginny le dio la impresión de que él iba a refutarle su comentario, pero si realmente iba a hacerlo, se quedó a mitad de camino, pues cerró la boca, y se acercó a ella con seguridad. Luego pareció salir de su trance, y le sonrió como le sonreía el Harry despreocupado que, si mal no recordaba, había llegado a su casa el jueves pasado, por error.

-Mucho mejor- lo felicitó.

Cuando se quisieron dar cuenta, bailaban con naturalidad, cómodamente en los brazos del otro. No hablaban, en efecto. No obstante, el silencio no era el mismo que el que se había apoderado de ellos en la carpa del banquete.

A Ginny no le sorprendió descubrir que Harry tenía una capacidad aparentemente nata, con los pies. "Después de todo, parece ser así en todos los aspectos de su vida" pensó con algo de fascinación. Y, como si fuera lo más normal del universo, se hizo extremadamente consciente del calor que la mano del morocho emanaba sobre su cintura, incluso a través de la tela de su vestido. Le dio la impresión de que sus mejillas comenzaron a arrebolarse, mientras vívidos recuerdos de la noche pasada a su lado, se presentaban sin piedad en su mente.

-¿Te encuentras bien?- le preguntó, sinceramente preocupado. Ella sonrió con arduo labor y asintió.

Harry la acercó instintivamente más a sí, enfrentándose directamente con su mirada, unos centímetros por debajo de la suya. Ginny lo miraba fijamente. Parecía traerse algo entre manos, pero no podía continuar mirándolo para descubrir de qué se trataba. Si no rompía aquel contacto visual enseguida, él se daría cuenta de que ella estaba soñando despierta, con aquella noche. Bajó rápidamente la vista, atormentada ante la idea de que él realmente lo notara. Sentía un calor casi sofocante. Comenzó a percatarse de la cantidad de gente que había alrededor que, si bien bailaban con espacio suficiente, parecían asfixiar el aire.

Su mano, la cual Harry sostenía, comenzó a sudarle denunciando su incomodidad y... su exceso de calor corporal. Ginny esquivaba la mirada del morocho. No entendía qué le estaba sucediendo, pero no lo iba a mirar hasta no descubrirlo. Una imagen de él desnudo, sobre su cuerpo, comenzó a castigarla mentalmente. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso no había tenido suficiente con las cuatro veces consecutivas?

-Este tema me gusta- comentó Harry, completamente ajeno a la sublevación de hormonas que se estaba llevando a cabo dentro del cuerpo de su amiga.

A Ginny le costó una inmensidad, callar sus propios pensamientos, bajar los decibeles, y agudizar su audición, para luego intentar arduamente, distinguir qué tema era. Todo eso, con la imagen en su cabeza, de un Harry aún vívidamente desnudo, haciéndole el amor. Pestañeó varias veces como intentando apaciguar las imágenes, y distinguió la melodía.

-"You're wonderful tonight"- dijo, sonriendo con torpeza. Él asintió.

-Si. Si fuera mi boda... definitivamente este sería el tema principal- confesó. Ella le sonrió

-Lástima que jamás vayas a casarte- dijo, con real pesar.

-Bueno, ¿qué más da?- se encogió de hombros- Si no voy a casarme, bailemoslo ahora como es debido- la apretó más contra sí, y le alzó las cejas en un gesto sutil pero sugerente.

Harry la dirigió derecho a su hombro, esperando que ella reposara en él, mientras disfrutaba de la inusual cercanía de sus cuerpos, de la suavidad del roce de pieles. Puedo escuchar, como si fuera un sonido ubicado a kilómetros de distancia, el suave roce de las telas de su vestido. Era un sonido casi hipnótico que lo transportó directamente a aquel sonido cálido y sutil, que habían generado las ropas de ella, al caer de su cuerpo mientras él la desnudaba con sus manos. Era absurdo pero, de pronto, se reprochó internamente por no reclamar una de las carpas de los banquetes, para mayor privacidad. Al reconocer lo que ese pensamiento significaba, y como por arte de magia, su sentido del olfato pareció espabilarse y, de un segundo al siguiente, se sintió abrumado por la fragancia que lo invadió. La esencia dulzona, casi floral, que se coló por sus fosas, era sin lugar a dudas, el perfume característico de los cabellos de la pelirroja. Lo había notado ya, varias veces en el día... en la semana, inclusive. Pero sobre todo, aquella noche. Era un perfume que, si lo agarraba de improvisto, lograba dejarlo algo tarado, desarmado. Cerró los ojos, entregándose por completo a la exquisita sensación que lo invadía. Sus pies se movían por propia necesidad de tener a la pelirroja, cerca suyo. No se dio cuenta en seguida, pero él restregaba su mejilla suavemente, contra los cabellos color fuego. Sentía extraños tormentos en su rostro, como si fuera dulce y suave seda contra la tersa piel. Sonrió, aún con los párpados cerrados. Sonrió al recordar la exuberante sensación en la palma de su mano, al recorrer libre las zonas de su piel. Pequeñas imágenes de aquel alocado suceso, se le presentaban con frecuencia cuando la miraba, pero en aquel momento, y aún con los ojos cerrados, no podía pensar en otra cosa que en su creciente deseo de repetir la experiencia. ¿Pero por qué, si su curiosidad estaba saciada? No obstante, su cuerpo no demostraba lo mismo.

Bajo los últimos acordes de la empalagosa melodía, Ginny abrió inmensamente los ojos al reconocer la reacción en él. Quizás sus ojos lo disimularan, pero su entrepierna no podía. Ginny sólo atinó a mirarlo, confundida. Pero cualquier reproche o duda, se evaporó al encontrarse con aquella mirada, mitad dulce y confidente, mitad lasciva y peligrosa. Entreabrió sus labios por propio instinto de la cercanía, pues no podía decirse que supiera qué acotar. Harry pareció no darse cuenta de sus dudas, pues se inclinó los últimos centímetros y, mientras su mano levantaba suavemente el mentón, dirigiéndolo hacia sus labios, se dejó hundir en aquella cavidad suave y húmeda.

La canción se detuvo, al igual que el baile pausado de ambos, pero sólo porque tenían mejores cosas en las que ubicar su atención. Él la había empezado a besar con una ternura inconmensurable, rogándole con sus labios, que lo aferrara con fuerza. Cuando Ginny rodeó su cuello con sus brazos, él profundizó el beso, adentrándose en la que, en adelante, sería la cavidad de su perdición. Al percatarse de ello, llevó el beso a un nivel un tanto menos pacífico, atormentándose con aquellas sensaciones que, si bien recordaba, su memoria no hacía justicia.

Su erección pareció erigirse más, llevando a ambos a un roce que los conducía a una clase de perdición exquisita. Comenzaban a necesitarse, y lo sabían. El beso se hizo más anhelante, más desesperado y más agresivo, pero ella supo amoldarse a las prontas expectativas del morocho, sólo consiguiendo que éste la aferrara más, y comenzara a pergeñar más de una alternativa para hacerla suya en algún recóndito lugar de la feria.

Había tanta gente al rededor, que nadie notaba que entre ellos pronto habría un arrebato. Nadie notó tampoco, que las manos del morocho buscaban abarcar cada vez más zonas de su cuerpo. Incluso ellos fueron incapaces de notar que estaban quedándose sin aire, hasta que por fin el corazón parecía salírseles.

-Harry...- suspiró en un intento de reproche.

-Gin...- respiró con ahínco, entre besos- Quiero hacerte el amor.

Le confesó Harry, mientras se desvivía por lo que parecía un intento de devorar sus labios. Ella abrió los ojos, cegada de pasión, para encontrarse con unos ojos turbios a causa de lo mismo. Ella asintió, desesperada. Él volvió a besarla con apremio.

-La carpa...- sólo llegó a decir.

Harry supo exactamente a lo que se refería. Él mismo había pensado en ello, segundos antes. Él asintió y tomó su mano sin dudarlo un sólo instante más. La condujo rápidamente por el pequeño puente, hasta la gran carpa del banquete, la cual prácticamente, seguía vacía.

Él detuvo abruptamente su andar y se giró para miararla.

-¿Qué suce...?- pero él no la dejó continuar. Volvió a abrazarla con posesiva pasión, y degustó enérgicamente sus labios.

-Lo siento- susurró entre besos- No puedo abandonarlos por más de unos pasos- dijo mientras hacía alusión a sus labios, con su mirada. Ginny sonrió, y Harry volvió a besarla con arrebato.

-La carpa...- susurró nuevamente, aún más apurada que él. Él asintió besándola una última vez, y se giró para continuar, llevándola de la mano.

Ginny sintió que su corpiño vibraba con fuerza. Tironeó levemente la mano del morocho, para captar su atención. Cuando éste se dio vuelta, sin detener por completo el paso, la vio tomando, de entre sus pechos, un pequeño celular. Ginny atendió, aún siendo dirigida, a paso algo más lento, hacia una de las carpas.

-¿Ron?- atendió el celular, algo agitada. Rogó internamente que no se le notara en la voz- Hermione- casi gritó- ¿qué sucede?- Ginny se puso algo seria- Aguarda, háblame tranquila... ¿qué pasó?- Ginny apretó levemente la mano de Harry, a lo que él detuvo por completo el andar apresurado de ambos. Ginny soltó su mano para taparse el oído- ¿Dónde estás? ¿Qué ocurrió?- se preocupó. Era claro que Hermione hablaba a las apuradas- ¿Pero cómo?- se desestabilizó- ¿En dónde está?- La castaña le dijo algunas palabras más- ¡Oh, por Dios! Ya mismo vamos para allá. No te preocupes- cortó.

Harry la miraba algo perturbado. Sus pupilas aún guardaban el asomo de la pasión, pero sus facciones estaban cubiertas de dudas. Ginny lo miró con los ojos brillosos.

-Ron ha tenido un accidente mientras volvía de llevar a los padres de Hermione, no saben qué tan grave es...- dijo trabajosamente. Harry la atrajo a sí sin pensarlo. La abrazó con fuerza- Hermione debe ir al hospital. Necesita que vaya a cuidar a Liam.

-Te acompaño- afirmó, seguro.


Cuando Harry le propuso que se aparecieran en la casa da Hermione, no estaba segura de que él fuera a lograrlo, después de todo, él no volvía a América porque no podía aparecerse. No obstante, él le había explicado que parecía no tener problema en aparecerse en Londres, "Supongo que es porque está cerca de ti" agregó como al pasar. Ninguno le dio mayor importancia al comentario, después de todo, sus cabezas estaban en otro lado. Ansiaban llegar aprisa. Y si no era en ello en lo que pensaban, las ideas que le seguían, estaban referidas a lo que casi sucedía y odiaban no haber terminado.

Se miraron una sola vez más. Algo en los ojos de la pelirroja le pedía perdón y se ahogaba en pena, y algo muy profundo en los de Harry, la abrazaban consoladoramente, asegurándole que ya habría tiempo más adelante para sus arrebatos de pasión.

Por fin aparecieron en el living de la casa familiar. No se veía a Hermione por ningún lado. Se miraron, algo preocupados. Ginny dio el primer paso en dirección a las escaleras. Se asomó con cautela.

-¿Herms?- susurró- ¿Estás arriba?

Una Hermione nerviosa, con la melena completamente alborotada, y los ojos coloradamente brillosos, bajó en una brisa casi frenética. Le hizo señas a Ginny y la pasó de largo, entrando en la cocina.

-Gracias por venir tan rápido...- le dijo desde el ambiente contiguo- Lo siento, no me puedo quedar a hablar...

-¿Qué pasó?- preguntó Ginny, aparentemente hacia la pared.

-Pues... Ron volvía del aeropuerto, en la camioneta. No me han dado detalles- dijo algo llorosa- Sólo me dijeron que fuera lo antes posible a San Mungo- salió de la cocina con una mochila en la mano. Se detuvo al lado de la pelirroja- Lamento haberte hecho venir tan tarde.

-Hermione, no es problema. Asegúrate de decirme qué tiene...- dijo apenada. Ella afirmó. Luego pareció percatarse de la presencia de Harry. Lo miró contrariada.

-Harry, no te había visto...- él le restó importancia. Hermione pareció entonces, percatarse de los trajes que ambos llevaban puestos. Volvió a mirar a Ginny, con cierta cautela- ¿Había interrumpido algo?- preguntó intentando que fuera confidencial. Ginny negó con la cabeza.

-Si se trata de mi ahijado y mi hermano, no has interrumpido nada. Estábamos en la feria- se encogió de hombros.

-Herms- agregó Harry, ambas voltearon a verlo- ¿Quieres quedarte? Yo puedo ir a ver cómo está- ella negó con la cabeza.

-No, necesito verlo. Además, sólo dejan pasar a personas cercanas, y sólo una. No dejan que vaya a verlo más de una persona...- se disculpó- Al parecer, es más grave de lo que me están diciendo. ¡Oye!- se volteó a mirar a su cuñada- Molly y Arthur no saben nada... No quise decirles hasta no saber bien. Creo que es tarde para avisarles hoy.

-Descuida, no les diré nada.

-Otra cosa. Liam está arriba, creo que duerme... no sé si le dediqué el tiempo preciso, quizás se despierte- se atolondró.

-Oye, tranquila... yo lo cuidaré- Ginny la abrazó con fuerza- Cuida a mi hermano y... llámame ni bien tengas noticias- Ella asintió. Luego miró a Harry para despedirse con una mirada, y desapareció.

Harry y Ginny se quedaron estáticos, aún aturdidos por la rapidez con la que todo el asunto se había llevado a cabo. Luego se miraron, presos de sus dudas.

-¿Estás bien?- se preocupó él. Ella asintió con rapidez.

-Espero que no sea grave- confesó. Él sonrió apenado y luego se acercó a abrazarla.

-Ya verás cómo no es nada. Ese hombre es gigante- dijo haciendo alusión a la manera sobrenatural en que habían crecido los músculos de su amigo- Creo que no le resultará mayor gravedad.

-Si, eso creo- lo abrazó también.

Él la separó apenas, para mirarla de lleno a los ojos. No entendía qué le estaba pasando, pero como por arte de magia, se le presentaban todos los impulsos propios del galán. Sentía ganas de acudir en su ayuda, como si su felicidad formara parte de la propia. Sentía constantes ganas de besarla, como si fueran algo más que amigos y ella, por consecuencia, le debiera sus labios y cada uno de sus besos. Y por sobre todo, quería no sentirse extraño en aquella sensación. No era real que no sentía culpa, la realidad era que, de nada le serviría a ella saber que la sentía, si de todos modos quería volver a tenerla en sus brazos. Era hipócrita sólo por pensarlo.

Y allí estaba ella, acurrucada en sus brazos... pavoneándose de todo lo que tenía, capaz de tentarlo, y que jamás le pertenecería. En lugar de mostrarse agría y desinteresada como para menguar su agonía, ella se amoldaba al calor de sus brazos, y se deleitaba con sus palabras de prosperidad. La muy desgraciada gozaba de su consuelo, atormentándolo cada vez un poco más.

Ginny seguía mirándolo plenamente, intentando leer sus pensamientos, pero sin éxito. Podía jurarse que no tenía la menor idea de las cosas que pasaban por su cabeza, en ese preciso momento. Si supiera que su amigo era en lo último que pensaba en aquel instante, sería un monstruo a sus ojos.

Como atraído por ley de gravedad, fue inclinándose poco a poco sobre sus labios. Ginny lo miraba fijamente. No daba indicios de querer ser besada, pero tampoco apartó su posición. Aquella idea lo perturbó un poco, por lo que, siguió acercándose, pero a un paso más lento que el de antes. Cuando sus narices se rozaron, él se detuvo; a inspirar valor, y a registrar en sus ojos en busca de una posible negativa. No había tal cosa en ellos. Simplemente lo miraba, parecía no percatarse de la cercanía ni de lo que él buscaba en ella.

Él comenzó a rozar sus narices en una suave caricia. Necesitaba sentir que ella ansiaba ser besada. No podía besarla sin su entusiasmo y consentimiento. Hacía tan sólo unos minutos, casi se desnudaban y ahora... la muerte. Ginny cerró cálidamente los ojos, para disfrutar de aquella pequeña y eléctrica conexión.

-Harry...-susurró, más como en un suspiro, aún sin tener en claro qué decir.

Él registró en su voz, un dejo de anhelo, lo cual fue suficiente para llenarlo de valor. La besó por fin, suave y pausadamente. No era pasión lo que los unía ahora, no. Sino el entendimiento de que algo mayor y más profundo, los conectaba de a momentos, quizás desde siempre. Despacio, con su mano, rodeó el cuello pecoso y lo atrajo un poco más a sí. Necesitaba sentir su piel bajo sus propias manos. Ella profundizó el beso, abriendo sus labios y liberando su lengua a una expedición erótica. Harry sintió cómo, aquella iniciativa, lo abrumaba, haciéndole perder el control a cada segundo. Ginny rodeó su cintura para apegarse a él.

Cuando ambos sintieron que el aire les escaseaba, Liam comenzó a llorar en el piso superior. Ambos se separaron, a la par que abrían los ojos y se miraban. Él apoyó su frente en la de ella.

-Tal parece que hoy no te podré besar como es debido- la miró penetrante. Ella se sintió usurpada sólo por aquella mirada. Le sonrió mitad inocente, mitad incómoda, y luego se separó.

-Debo subir a ver...- señaló la escalera.

-Te acompaño- afirmó.


Harry se había disculpado unos segundos, con excusa de ir a cambiarse de ropa. Aquel traje apretado y ridículo, lo hacía exasperarse un poco a esas alturas de la noche. Se quitó bruscamente la corbata fucsia mientras pensaba en lo inusual que se había tornado el día. Amaneció ameno y agradable, y poco a poco fue nublándose su alegría. Y cuando creyó que ya nada podía ser peor, se había dejado llevar por una abrumadora nube de deseo, cayendo rendido a los labios de la pelirroja.

Algo no andaba bien en toda aquella situación. Habían estado a punto de concretar la situación dos veces, ambas fallidas. Y ahora, su amigo internado y el hijo de este, llorando en el piso superior. Era como si lo oliera.

Aquella no sería una noche pacífica, no señor. Resopló. Todo sería más sencillo si su jadeante deseo por estar con ella, hubiera menguado un poco aunque sea. Pero nada.

Diez minutos más tarde, Harry se encontró subiendo las escaleras con paso sigiloso. Miraba con cautela el pasillo, intentando adivinar cuál sería el cuarto del niño. Escuchó leves susurros en la puerta ubicada en el medio del pasillo. Se encaminó hacia allí, precavido.

Cuando llegó al marco de la puerta, vio a la pelirroja, en el centro de la habitación, con aquel ridículo y entallado vestido blanco, inclinándose levemente para tomar a Liam. Estaba de espaldas a la puerta y, hasta dónde él podía entender, no había escuchados sus pasos. Se reposó en el marco de la puerta, observándola con gran análisis. En realidad eran sus caderas las que estaban siendo analizadas por él, en aquel momento. Tenía un cuerpo único, eso lo había notado desde el primer día. Pero sólo en las últimas horas, había llegado a entender, la extraña manera que éste tenía, de obrar en su cordura y su deseo. Sintió una familiar punzada y una pronta erección.

Pero rápidamente se olvidó de todo aquello. Por encima del hombro de la pelirroja, vio asomada, la cabeza del pequeño bebé, enrojecida por el llanto. Sintió un repentino vacío en el pecho y una congoja casi palpable. Podrían llamarlo exagerado, pero casi había identificado cómo se derretía su corazón, con aquella simple escena.

Ella se balanceaba suavemente de un lado a otro, en un movimiento tan simple y tan natural como el mismo aire que respiraba. Liam seguía llorando pero ya más tranquilo. De a ratos se ahogaba en pequeños espasmos, o un pequeño hipo lo amedrentaba. Pero por lo demás, parecía estar a gusto en sus brazos.

Harry se quedó sublevado a la extraña sensación nostálgica que lo invadió. Si bien la conversación de aquella tarde con Ginny le había abierto los ojos a su verdadero anhelo más remoto, no fue hasta ver a aquella criatura en sus brazos que entendió lo mucho que significaba para él, aquella maravillosa sensación que debía sentirse al brindar una vida.

Pronto se sintió inestable, como si todos los cimientos sobre los cuales había construido su vida, carecieran de sentido de un segundo al otro. Y sólo entonces fue capaz de entender a Ginny en un cien por ciento. Ella ya se había resignado a aquella idea. O, al menos, a la idea de concebir biológicamente hablando. Sintió pena por ella, nadie en la vida parecía más adecuada para dar vida, que aquella mujer. Y luego... luego entristeció más aún, pero por sí mismo. Su futuro no era muy distinto que el de ella. Él también estaba de algún modo, inhabilitado para concebir; la mujer con la que estaba probablemente no querría saber nada con aquella idea. O eso creía.

Ginny se giró, Liam en brazos, para salir del cuarto, cuando se topó con su postura soberbia contra el marco, sus brazos cruzados y sus ojos penetrantes. Juraba que internamente estaba burlándose de ella. Pero luego indagó un poco más en sus ojos y halló turbación .

-¿Te encuentras bien?- se acercó a él con cautela.

-Si, bueno...- se aclaró la voz y se paró derecho- Fue el shock inicial- dijo señalando al pequeño de un año- No lo conocía... bueno, en realidad sí lo vi antes... pero... no estaba tan cuerdo como ameritaba la ocasión- se rascó, incómodo, la cabeza.

-Pues... ahora lo estás ¿no? Te lo presento. El pequeño caballero aquí presente se llama Liam Andrew Weasley, es hijo de tus dos mejores amigos: de él sacó los ojos- señaló las dos piedritas celestes- y de ella, bueno... tú sabrás- hizo un gesto alusivo a sus retorcidos y castaños bucles.

-Es hermoso...- dijo sin dudarlo, con una gran sonrisa.

Liam, somnoliento, lo miró y luego le sonrió. Harry sintió cómo temblaba el piso, bajo sus pies. Otra vez aquella sensación de inestabilidad. Pero esta vez, lo que se destruía no eran sus cimientos ni mucho menos... esta vez sentía cómo se rompía una coraza que, nisiquiera sabía que existía. Era la coraza que dividía sus años. Sintió que, a partir de ese momento, dejaría de ver la vida como un empedernido adolescente, y comenzaría a verla como un adulto. Luego sacudió levemente sus pensamientos. Aquel no era su hijo, ella no era su esposa, y aquella... no era su casa. ¿Por qué sentía todas esas cosas? Le costó cierto trabajo tragar saliva, y luego la miró, confundido.

-¿Puedo tenerlo?- le rogó con la mirada, extendiendo los brazos.

Ella dudó un segundo, pero la seria expresión en su rostro la hizo recapacitar. Asintió y le entregó al niño con delicadeza. Harry lo tomó como si fuera una pequeña esfera de la cual no podía quitar los ojos de encima.

No, no era su hijo. Pero entendió que no podía esperar a ser adulto para el día en que tuviera uno, debía comenzar entonces. Porque si algo ya había comenzado a gestarse en su cabeza, era la necesidad de una familia. Tendría un hijo, pero antes... sería un adulto.

La miró a Ginny, con una sombra de tormento en sus ojos y luego, bajó la vista, avergonzado.

-¿Nunca has sostenido a uno?- le preguntó ella, intrigada por el brillo de sus ojos. Harry miró al niño y luego a ella. Negó con la cabeza gacha- Y... ¿Qué se siente?- lo miraba mecerlo con temor. La imagen la maravillaba.

-Pues...- miró los cachetes del niño- Es... extraño- Liam estiró sus manitas, sonriente por su trato. Harry sonrió en respuesta- Extraño y necesario- sonrió.

-¿Verdad? ¿Ahora entiendes lo que te decía?- Harry la miró, serio, pero no encontró su mirada, Ginny lo miraba a Liam, pero estaba ida- Que te roben la oportunidad de tener algo así en tu vida...- suspiró- Cada vez que lo veo- hizo alusión a Liam- pienso en ello y... bueno, francamente, es un tormento...- Ella acarició la suave mejilla del niño- Lo amo con todo mi corazón, y es un amor incondicional pues... sé que es lo más cerca que estaré de... bueno... tú sabes.

Harry se quedó tildado en aquella escena casi patética; ambos sostenían un hijo ajeno, se hacían ilusiones de cosas que les resultaban imposibles, al menos al corto plazo. Ambos sentían una clase de amor filial / paterno que no era la apropiada. ¿Qué les sucedía? Eran adultos, sabían las consecuencias de sus actos. Ella había elegido permanecer con el hombre que jamás le daría un niño. Y él... bueno, él no tenía un futuro nada prometedor tampoco. Estaba atado a una relación hermosa y juvenil, la cual había elegido por comodidad y emoción, pero si había que ser francos, jamás se habían planteado ciertos deseos como la paternidad, porque ambos eran algo inquietos, inconstantes y lozanos. Sabía que ni bien buscara virar la relación hacia algo más maduro y carcelero como los quehaceres domésticos del 'ser padres', no importaba cuánto amor hubiera en Nathali, lo mandaría a volar.

Se sintió atrapado en una congoja inacabable. Allí estaba, llevando la misma vida que, hacía días, era idílica para él; sólo que ahora, ya no era suficiente. Aquella idea de insatisfacción lo paralizó. Pero al mismo tiempo también, le aterrorizó las entrañas. Debía huír. Pero debía haber huído hacía días.

Sin decir nada, Harry extendió los brazos y le devolvió al niño. Ginny lo tomó de precipitadamente, confundida por la urgencia aparente y pronta del morocho. Harry agachó la cabeza, dio media vuelta, y se fue con rapidez.

-¡Harry...!- lo llamó, preocupada.

Harry bajó las escaleras de a zancadas, perdiéndose rápidamente en el piso inferior.


A los quince minutos, Ginny bajó, con Liam en brazos. Aún no lograba que se calmara.

Se adentró en la cocina y se encontró con Harry, de espaldas a ella, inclinado sobre la gran mesada, cansado.

-Pensé que te habías ido a casa...- susurró con cautela. Él no dijo nada- He intentado hacerlo dormir pero... creo que tiene hambre. ¿Quieres darle el biberón?

-No- dijo secamente, lo cual la desconcertó un poco.

-De acuerdo, era sólo una idea. Pensé que te gustaría ya que arriba parecía...

-No- repitió, claramente conteniendo algo con gran labor- Arriba no pareció nada- zanjó. Luego se dio vuelta. Sus ojos estaban llenos de una sombra inusual en él. La misma apatía que trasmitían sus palabras, adornaba sus ojos- Yo no alimentaré a ese niño, ni lo haré dormir, ni simularé que es una situación normal. ¡Todo esto es una locura!- soltó.

-¿Qué sucede contigo?- se indignó y cubrió a Liam más entre sus brazos, por instintiva protección.

-¿Qué sucede conmigo? Eres tú la que parece estar desubicada- señaló la casa- ¡Esta no es tu casa! ¡Esta no es tu vida!

-Ya sé que no es mi casa, Harry. Es la casa de mi hermano, ¿qué pasa contigo?

-Llegas y te haces dueña de los problemas- señaló nuevamente al niño- Quieres solucionar todas sus molestias, darle todos los caprichos, cumplirle todos los deseos...

-Pues, para eso me llamó Hermione. Quería que lo cuidara, no entiendo cuál es tu problema.

-¡Que no es tu hijo!- su rostro se transformó en algo sombrío y desagradable, algo que ella jamás creyó encontrar en él.

-¡Eso ya lo sé!- respondió ofendida.

-¡Entonces deja de tratarlo como lo tratas, de mirarlo como lo miras! ¡Jamás será tu hijo!

Harry parecía desquiciado, como si estuviera lidiando con mil dudas internas. Ginny retrocedió algunos pasos. Cierto temor se había adueñado de ella. Definitivamente Harry no estaba en sus cabales en aquel instante.

-No quiero que grites de eso modo frente a Liam- se puso firme- Ni tengo porqué tolerar que me grites de ese modo a mí. Como bien dijiste, esta no es mi casa, pero tú eres sólo un invitado así que puedes irte. Yo aquí tengo cosas que hacer.

Se dio media vuelta, dispuesta a irse. Pero caminó dos pasos y se detuvo bruscamente. Quizás... él no estaba tan bien como pensaba. Quizás, aquella era una reacción lógica si... Ginny se dio vuelta lentamente, observándolo con cautela. Lo vio levemente más sereno, reflexivo. Lo examinó varios segundos con el ceño fruncido, y luego se acercó pausadamente hacia él.

-¿Qué significó esto, realmente?- le preguntó, intrigada y, a decir verdad, un poco aturdida. Aquella pregunta lo descolocó también a él. Por algún motivo se esperaba aquello, pero no tan pronto. Ella era lista después de todo- Digo...- continuó- Esta escena... ¿qué?

-¿qué?

-¿Acaso tú sentiste eso?

-¿Qué?- se sorprendió, aunque, no tanto.

-Eso que mencionaste de... creerlo mi hijo, creerla mi casa... ¿Acaso tú sentiste esas cosas?

-¿Qué dices?- intentó desentenderse.

-Pues... lo único que justifica tu estúpida escena de recién sería eso- Harry no respondió. Ginny bajó los hombros, despegándose de aquella postura soberbia, y se acercó, comprensiva, a él- Oye... Está bien, te entiendo. Tú lo dijiste, fue un shock. Pero- sonrió burlona- no hace falta que proyectes.

-Yo no...

-Si, vas a decirme que no... pero lo que vi en tus ojos- lo señaló- fue auténtica ira. Y sé que no estás enfadado conmigo, pues yo no pienso ninguna de las cosas que nombraste. Es claro que tu inconsciente te ha jugado una mala pasada...

Luego se acercó a él sin reservas.

-No está mal desear ciertas cosas- le aseguró y luego miró al niño- Es natural- se encogió de hombros. Luego volvió a mirarlo- Date tiempo.

-No. Esto no está bien...-dijo, ya no enojado, más bien apenado.

-¿él qué?- se irritó.

-¡Esto Gin!- quebró por fin- Esta estúpida bajada a tierra que tengo siempre que veo la vida de Ron- suspiró- Esta envidia molesta que siento al encontrarme de lleno con todo eso que decora su vida que...- negó con la cabeza, callando- es una tontería.

-No. Ya veo que no lo es.

-Es sólo que... siempre envidie lo mismo en él... envidia de la buena- agregó- pero envidia al fin. Siempre rodeado por un aura familiar que jamás conseguiré. Supe que no la conseguiría, cuando éramos chicos y pasaba las vacaciones con ustedes- se lamentó- lo supe cuando lo encontré nuevamente hace unos días. ¡Demonios! ¡Lo supiste tú esta tarde, cuando dijiste todo eso de ser o no ser padre! Jamás tendré esas cosas... Y ahora esto...- miró a Liam- Tú no tienes idea, pero es un golpe muy bajo, Ginevra- la miró a los ojos. Ginny le devolvió una mirada doblemente expresiva.

-Claro que la tengo... la sufro todos los días, Harry- sintió una repentina empatia- Tú lo has visto tan sólo una vez. Yo llevo un año con él y ese golpe bajo constante. ¿Crees que no saco cuentas al final del día, sobre cómo vivo mi vida? ¿Crees que me hace feliz?

-No merezco esta bajada a tierra. ¡Mi vida estaba bien! Sin niños, sin problemas, sin romances... ¡No necesitaba nada de esto!

-¿Y acaso yo tengo la culpa?

-Claro que sí. Por tu culpa estoy aquí ahora. Por tus anhelos, ahora anhelo yo lo mismo. Por tu vínculo con él- señaló a Liam- ahora... ahora...- sintió cómo se le quebraba la voz y calló. Volteó a darle la espalda. Respiró profundo, intentando calmarse- ¿No te das cuenta lo que sucede, Gin?

-Si- confesó- Sólo que, desde mi punto de vista, no parece tan grave.

Harry volteó desafiante, pero no habló

-Pienso que sólo estás confundido pero, en realidad no es tan grave. Tú tienes una seguro fabulosa novia, que no pensaba en ello pero que, si le dices, estará encantada.

-No conoces a Nathali.

-Ni tú sus prioridades. Debes dejar que ella elija. Hasta entonces, ¿por qué te harás problema?

-Pues... porque yo no quería nada de esto.

-Claro que lo querías, sólo que no era consciente.

Ginny miró a Liam y luego a Harry. Ella le extendió al niño, rogándole con la mirada, que lo sostenga.

-Vamos... al rato me dices si lo querías o no. Ahora míralo, los dos sabemos que no es tuyo, pero... ¿Querer uno así, no fue acaso lo primero que pensaste?

Harry no respondió, sólo recibió al niño. Cuando sus manos hicieron contacto con la piel de Liam, sus facciones cambiaron radicalmente.

-Vaya, parece que no soy la única que necesita un gran cambio- sonrió, poniendo sus brazos en jarra, intentando romper el hielo- ¡Vamos! Te sacaré el mal gusto... te dejaré alimentarlo.

-¿Será lo mejor?

-¿Acaso prefieres cambiar sus pañales?

-No, me refería a... si sería lo mejor para la situación. Esta que estábamos discutiendo- dijo, de pronto sintiéndose un idiota. Aquella criatura lo hacía sentirse un tonto.

-Harry, vas a alimentarlo, no irá a vivir contigo.

Se dirigió a la heladera y sacó el biberón.


Ginny, luego de que alimentaran a Liam, había intentado durante horas lograr que se durmiera. Eran ya casi las dos de la mañana, el niño debía dormir en algún momento. Pero cada vez que ambos intentaban acostarlo en la pequeña cuna, Liam pataleaba y lloraba como si alguien hubiera muerto. Su rostro se tornaba bordó de un segundo al otro, de a ratos podía ser un verdadero fastidio.

Luego, Harry se dio cuenta, como si el más allá lo hubiera iluminado, que Liam quería un poco de atención. Él se lo había arrebatado a la pelirroja y lo había ubicado en el corralito, donde sus ositos y juguetes reposaban. Harry comenzó a jugarle entonces, intercalando, de tanto en tanto, un propio bostezo. A los pocos minutos, la pelirroja notó que Liam copiaba su cara somnolienta y su pequeña boquita imitaba algunos de sus bostezos.

Ginny ayudó a Harry a levantarse del piso antes de que se quedara dormido sobre la inestable montura para niños.

-Este niño es un insatisfecho- se quejó, medio dormido- siempre quiere más...- Harry estaba claramente agotado. Tres horas con un crío habían sido demasiado como primer experiencia.

Por fin, visto que ambos hombres se dormían y no sabía a cuál sostener primero, Ginny tomó a Liam en brazos, y guió a Harry hacia la habitación de Ron y Hermione. Harry se acostó en la cama matrimonial por puro impulso y necesidad, bostezó una vez más.

Ginny rodeó la misma y acostó al niño en el medio. Por último, ella misma se acostó en el otro lado para servir de barrera. Liam por fin parecía predispuesto a dormir. Bostezó ampliamente, y cayó dormido.

Ginny, reposada en el respaldo de la cama, acariciaba los bucles del niño con una ternura fraternal, mientras sus ojos se reposaban sin descanso sobre su pequeña siluetita dormida. Sus pensamientos se nublaron de negatividad al razonar que, quizás nunca sentiría la emoción de tener un pequeño como él, gestando en su vientre. Su rostro se llenó de pena y notable desilusión.

Harry pareció espabilarse luego de varios segundos de dar vueltas en la cama, como acto fallido de sueño. Abrió los ojos y se encontró con una Ginny melancólica y que, para nada, estaba enterada de que él la observaba.

Harry se acomodó sobre el respaldo y se dedicó a mirarla a ella y al objeto de su devoción. Había nacido para ser madre, se le veía en los ojos.

Luego, una loca idea se le cruzó en la cabeza. Aquel día, ella le había hecho sentir todas las emociones con una rapidez inconmensurable. ¿Cómo podía ser que, en una misma hora, hubiera pasado de sentir una candente fogosidad, un imponente anhelo por su cuerpo; para sentir después, aquella sensación de cercanía emocional y desinteresada? Pronto recordó lo frustrado que había sido su intento de aquella noche. Sonrió.

Ginny, como leyendo sus pensamientos, volvió el rostro y lo miró, burlona.

-Creí que tenías sueño.

-Si bueno, pero hay cosas más importantes- alzó las cejas en un ceño involuntario y acertadamente sugerente. Ginny sonrió con ironía.

-Apuesto que a la tarde habías pensado terminar la noche de esta manera- dijo con sarcasmo, guiñándole un ojo.

-No. Admito que no- se encogió de hombros. Luego miró el pequeño gesto cariñoso que su mano le otorgaba a los pequeños bucles castaños- Pero este final ha superado todas mis expectativas- le sonrió con sinceridad.

Y no había mentido. Imaginarla a ella siendo madre, era un final espectacular para el agitado día que ambos habían vivido... y eso, bueno... no podía ser muy bueno para el futuro de Harry. "Es horriblemente preocupante" pensó para sus adentros. Luego la vio sonreírle y se olvidó de todo. "Pero, qué sería la vida sin un poco de preocupación".


¿Qué les ha parecido?

Hasta la próxima!.