Aclaración: este es un capítulo en que el narrador es España. ¡Explico! Me pareció interesante incluir un episodio especial en que un tercer personaje, "alguien que está fuera de la relación", diera su opinión sobre el trato que tienen Estados Unidos y México. Algo más común en el sentido de que "anda de chismoso" xDDDD porque viéndolo bien, siempre hay personas alrededor que tienen algo que decir. Claro, incluyendo sus propias emociones... ¡o algo así!

Pero tampoco significa que habrá demasiados de estos capítulos: sólo este -con España- y otro -con Inglaterra- ¡ya saben, por ser los más allegados xDDD! ... y puede que se vea medio SpaMex, ¡no es su imaginación! (?)

Aclarado eso, continuemos~~


III - Invasión - III


Había cosas que no se controlaban

Había cosas que simplemente ocurrían

Había cosas que sucedían de repente y que no podían detenerse, aun cuando la incredulidad y la negación inundaban cada etapa del proceso

Había momentos en que las figuras de los buenos tiempos pasados ya no tenían sentido

Dolía, ¿no es así? La traición

Aquello fue una sorpresa

Nadie en Europa hubiese esperado que algo parecido ocurriera. No así, y no con las desiguales condiciones que no hacían de aquel evento una guerra, sino una invasión

No era una batalla entre dignos adversarios, sólo una humillación que demostraba que un país era capaz de perder su honor con tal de vencer

Inglaterra reprobó tajantemente el suceso. Prusia hubiera deseado patearle la cara, si su situación se lo hubiese permitido. Austria presenció la forma en que un niño podía apuñalar por la espalda. Italia lloró, porque eso no hacían los aliados. Romano se enojó, ya que algo así ni siquiera lo habían sufrido ellos. Rusia observó con odio silencioso, analítico. Francia lo apoyó en vista de enemistades que tenía con la administración de su ex colonia. Él, como España, desaprobó toda acción, teniendo que mantenerse al margen por los problemas propios

Él, como Antonio, odió profundamente a Jones

Lo hizo porque traicionó a Alejandro

¿No se suponía que eran allegados? ¿No se suponía que Rodríguez confiaba en él y siempre lo veía como su apoyo incondicional?

Dolía, ¿no es así? Cuando los amigos te traicionaban

Aquello fue una sorpresa

Nadie en Europa hubiese esperado que Estados Unidos, por eventos en los que se entrometió y otros que tuvo el cinismo de propiciar, declarara la guerra contra México

No con todas las dificultades que lo acosaban

No cuando trataba de encontrar el camino hacia una política eficiente, en medio de las deudas que lo acosaban y con la limitante de no contar con lo necesario para explotar su tierra de manera efectiva. No cuando ya había sufrido la pérdida de Texas

No cuando se suponía que eran amigos

Aquello no fue guerra, fue una invasión

¿Qué oportunidad tenía Rodríguez, en tales condiciones, contra Jones? Sólo resultaría una verdadera tragedia para el derrotado

Toda Europa lo sabía. México lo sabía. El mismo Estado Unidos lo sabía, y por eso lo explotó

Como botín obligó al gobierno mexicano a cederle más de 2 millones de kilómetros de territorio. Un espacio en que geográficamente podría caber Francia junto con Bélgica y Holanda

Le quitó la mitad del país, y con ello, la mitad de su vida

Dolía, ¿no es así? Cuando aquel en quien confiabas te despojaba de tu dignidad

Nadie en Europa lo vio de buena forma

Incluso Inglaterra, que seguía teniendo mucha estima a su ex colonia, reconoció la falta de escrúpulos en dicho acto

Claro, lo sabían, pero no pudieron hacer nada

Él no pudo hacer nada, aun cuando deseó con firmeza enfrentarse con la nueva potencia de América

Defender a Alejandro, apoyarlo, acompañarlo en la batalla, ganar o perder a su lado…

Eso deseaba como Antonio y como España

Como ambos, ya no tenía derecho

Dolía, ¿cierto? Cuando se dejaba sola a una persona amada

No hubiera podido hacer algo, de todos modos: ya no era el Imperio Español ni tenía el poderío de antes, menos la capacidad de los grandes años… y tampoco gozaba del permiso del moreno para convertirse en su apoyo

No desde la lucha por su Independencia y cuando demostraron lo peor de ellos mismos: Alec por libertad. Él por egoísmo

Lo sabía

Quizá por eso odiaba a Estados Unidos

—¿Dónde está México?

Los dos terminaron siendo muy parecidos

Aquel secretario no le respondió

No hubo saludo ni una presentación formal. No hubo un recibimiento cálido ni confianza en alguno de los rostros que presenciaron su figura en el dañado Palacio Nacional

Todos lo reconocieron y nadie bajó la cabeza como antes, cuando pasaba por ese mismo portal y recibía las reverencias respetuosas

Nadie lo anunció ni emitió sonido, a comparación de la pompa tradicional y de las palabras de bienvenida que el mismo Virreinato de Nueva España pronunciaba con honorable seriedad

Los dos lastimaron a Alejandro

Los dos se aprovecharon de él y se lo echaron en cara como si fuese el destino inevitable. Lo humillaron y lo obligaron a que se refugiara en su propia cáscara, evitando que pudiesen apreciar de nuevo la sonrisa divertida y contagiosa

Fueron parecidos…

Pero Alfred fue peor

TOC TOC TOC

Tocó cuando el secretario lo dejó frente a una puerta en la parte más apartada del edificio

La madera se notaba húmeda, algo vieja y oscura por los azotes naturales de la intemperie, pero abandonada y hueca... igual que el resto de las habitaciones alrededor. Era como si todos hubiesen huido de repente

TOC TOC TOC

Volvió a tocar, distinguiendo el sonido interior de objetos cayéndose y otras siendo movidos

Jones fue peor porque ejecutó aquella invasión a pesar de todo. ¿No eran amigos? Alejandro y él

—Jah, Fernández — la puerta se abrió un poco, dejando ver parte del rostro cansado y ojeroso del menor. La frase se escuchó fastidiada y burlona, sin energía, ausente y tan estancada ahí. Sólo ahí — Genial, lo único que me faltaba era ver tu pinche cara de cobrador impotente

Él nunca lo hubiera traicionado de tal forma, y aunque su tiempo compartido no fue el mejor, nunca hubo un quiebre de tal calibre

Dolía, ¿cierto? Cuando la invasión te quitaba más de lo que hubieras imaginado

— Oh, sí, sí, lo siento — dijo con el mismo tono sin ninguna intención de abrir — Discúlpeme, España — emitió una sonrisa ladeada con sarcasmo — Pero este no es el mejor momento para hablar sobre el monto de deudas que el gobierno mexicano tiene con el suyo. En cuanto nuestra situación se estabilice un poco más, tenga por seguro que le daremos aviso

— Yo… no vengo en calidad de "España" — quiso sonreír, y seguramente lo consiguió, pero eso no emitió cambio alguno en el otro — Por ahora sólo soy Antonio

— ¡Ah! Qué bueno que lo aclaras… entonces, no te importará que te diga… —tomó aire — ¡VETE MUY A CHINGAR A TU PUTA MADRE!

Azotó sonoramente la puerta, cerrándola en su propia cara… o esa fue la intención, porque no llegó a realizarse: alcanzó a detenerlo metiendo un pie por la ranura y sosteniendo el impacto con el brazo, oyendo de paso el gruñido de frustración contrario

Él no había sido un amigo para México, ni siquiera un tutor en el que pudiese encomendarse

Pero Estados Unidos sí lo fue

De alguna manera que no pudo controlar, el antiguo 13 Colonias se las arreglaba para ver a su Nueva España, al grado de que se volvieron grandes amigos

Nunca le gustó ese niñito de actitud impertinente y sonrisa estúpida, aun cuando era consciente de que Rodríguez no podía pasarse la vida aislado, como alguna vez pretendió aprovechando lo alejado que estaba geográficamente de Europa, e incluso de sus parientes del Sur

Alfred consiguió lo que él no pudo, pero provocó lo que jamás se hubiera atrevido

Aquello no tenía que haber sucedido

— ¡¿Qué demonios te pasa?! — le gritó en cuanto se adentró en la habitación, retrocediendo apenas unos pasos por inercia — ¡No sé quién demonios te crees para venir así, pero te vas largando! ¡No tengo el pinche humor para ver tu jeta de imbécil!

No hubiese pasado si hubiera permanecido a su lado, como debía ser

—Alejandro, escúchame… —se acercó despacio, reparando en el sitio: no había nada en pie, sino escombros de muebles, papeles, tela y polvo por doquier… ¿Qué había pasado? — No vine a molestarte, en serio

—¡Oh, pues qué gran sorpresa! Normalmente vienes a joderme con tus malditos cobros —se mantuvo en su sitio con aspecto huraño, incluso descuidado — No tienes nada que hacer aquí, ¡lárgate! ¡Eres una puta molestia!

La libertad y la independencia eran pequeñas a comparación de la seguridad

Si él no se hubiese ido, jamás hubiera permitido que Jones hiciera aquello

Dolía, ¿cierto? Cuando miras atrás y te das cuenta que sólo era cuestión de tiempo

—Por favor, yo sólo… —suspiró, no molestándose por su actitud. Era normal que reaccionara así — Sólo vine a ver cómo estabas

— … ¿qué cómo estoy? ¡¿Qué cómo carajos estoy?! ¡Mírame, maldita sea! ¡MÍRAME! —se alejó un poco, dejando que lo observara por completo

Contuvo un jadeo de tristeza, viéndolo con seria preocupación

Lucía tan débil, delgado, ojeroso y enfermo… su estatura había disminuido visiblemente y el cabello le caía por la frente, dándole un aspecto casi lastimero… pero nada llamó tanto su atención como la cicatriz a lo ancho del puente de su nariz…

… y aún más, la del cuello…

—¡¿Cómo crees que estoy, eh?! ¡Y no finjas que te importa! Cabrón pendejo, ¡no voy a ser tu jodida burla! —se alejó de nuevo, haciendo a un lado cualquier objeto dándole un puntapié — ¡No voy a ser la maldita burla de nadie! ¡NUNCA MÁS! ¡NUNCA MÁS, ME OYES!

—Nadie trata de hacer eso

—¡Nadie volverá a verme la cara de estúpido! — respondió sin escuchar realmente. Tomó la pata de una silla y la aventó con fuerza al otro lado del cuarto, estrellando el cristal de la ventana — ¡Nadie, nadie, nadie, nadie, nadie, nadie, nadie! ¡NADIE!

Esa cicatriz… parecía que le atravesaba completamente la garganta, destrozándola y apenas dejando unos trozos de piel unidos… estaba roja, rosado por el músculo que se notaba, algo quemada y muy maltratada, con un corte irregular que imitaba dientes…

Aquello no fue una guerra, sino una invasión que no reparó en lo que dejaría a su paso

Dolía a final de cuentas

Siempre iba a doler

—No todos somos como Alfred

— ¡NO VUELVAS A MENCIONARLO! — gritó de repente, acercándosele amenazante — ¡Ese malnacido hijo de puta no existe! ¡NO EXISTE! ¡NUNCA HUBO ALGUIEN CON ESE PINCHE NOMBRE DE MIERDA, ¿ENTIENDES?!

—Pero…

—¡No existe! — lo sujetó del cuello de la camisa — ¡Nunca lo hizo! ¡JAMÁS PASÓ NADA! ¡Nunca nos reímos, nunca jugamos, nunca nos conocimos! ¡NUNCA EN TODA LA MALNACIDA HISTORIA FUIMOS AMIGOS!

Eso era lo que más ibas a extrañar ¿cierto? La amistad que no tenía valor ante la grandeza y al poder

—Alejandro —pasó los brazos por su espalda con rapidez, acercándolo antes de que fuese rechazado — … tienes razón

Nunca fueron amigos

Lo abrazó el tiempo necesario, los completos instantes en que gritó sobre su pecho y lloró de frustración, de humillación, de preguntas que no iba a realizar en ningún momento

Lloró porque aquello era cierto: nunca existió una amistad

Gritó como si los pulmones fueran a estallarle en cualquier momento. Lloró como si fuera la primera vez que lo hacía. Se aferró a su agarre lastimándolo, casi en señal de que no quería caer en ese abismo sin fin… o quizá, en busca de arrastrar a alguien con él

Iría, si eso le ofrecía un consuelo

Y la palabra "amigos" resonaba sin fin, sin objeto y sin destinatario

Eso era lo que más iba a extraña

Porque dolía

Siempre iba a hacerlo

Había cosas que no se controlaban, puesto que la situación lo rebasaba

Había cosas que simplemente ocurrían, porque existía la ingenuidad y la negación

Había cosas que sucedían de repente y que no podían detenerse, aun cuando aquello no ofrecía justicia

Había momentos en que las figuras de los buenos tiempos pasados ya no tenían sentido, porque no había espacio para ellos

Dolía, ¿no es así? La invasión de 1848…

Dolía, porque el amor no se comparaba al poder y al prestigio

No fue suficiente para ellos

Nunca lo era