Hola a todos espero que estén muy bien! Quiero agradecerles a todos absolutamente todos! Por leer mi fic! Y por la infinita paciencia que tuvieron… Sé que me demore demasiado con el nuevo capítulo. Pero lo importante es que aquí esta. Espero de todo corazón que les guste, ya que esta hecho para ustedes! ^^
Gracias por sus Reviews y su apoyo ya que es eso lo que me motiva a continuar con esto. Espero que les guste.. Y disculpen si el capitulo esta algo corto.
Bye byee!
CAPITULO 9
Ambos se encontraban caminando de regreso, tomados de la mano, en el fondo algo confundidos por los raros y precipitados sucesos de ese loco día.
A Edward le costaba caminar, ya que su automail estaba algo flojo, sus partes se habían dañado por el impacto de todas las caídas en aquella competencia con Winry.
De todas maneras se esforzaba para que su gritona mecánica no lo notara… Se lo diría mañana o cuando la encontrase de buen humor. Aunque ahora parecía ser un buen momento para decírselo, no lo quería arruinar con charlas técnicas y superficiales, el camino, estaba silencioso y así estaba bien, la atmosfera era muy agradable y no hacía falta de la ayuda de palabras.
Llegando a la casa de Pinako, se podía divisar que la oscuridad reinaba en el ambiente pero sin embargo, voces y golpes sordos provenían de ella.
Extrañado, el joven alquimista comenzó a agudizar el oído, para ir descubriendo que esas voces se le hacían conocidas de algún lado.
— Hace frio. Apresurémonos a entrar… — Pidió la joven mecánica con una leve sonrisa de complicidad, no comprendida por el alquimista.
Lo tomo del brazo y lo llevo arrastras, el último tramo que quedaba hacia la casa.
Oyendo cada vez con más claridad esas susurrantes voces….
Al entrar los impactó el silencio, con tanta intensidad que casi pareció golpearles la cara, pero todo cambio tan de repente cuando encendieron las luces de la sala que se encontraba en penumbras.
Un número elevado de personas salió al instante de detrás de los muebles.
— ¡Sorpresa! — Gritaron todos — Feliz cumpleaños Edward!
Los ojos de Edward se abrieron de par en par totalmente sorprendido. Todas las personas a las que podía llamar amigos estaban ahí.
El coronel Mustang, la teniente Hawkeye, Breda, Armstrong, Havoc, Fury, Falman, absolutamente todos. Todas esas personas a las cuales veía muy seguido en el cuartel general y que juntos tantas veces llevaron a cabo peligrosas misiones, esas personas que querían a los hermanos Elric tal y como eran, sin importar ningún tipo de pasado. Todos tenían su propia historia y el pasado de una persona era lo que menos importaba para ellos.
Se habían reunido en una fiesta sorpresa, una fiesta para el Edward Elric, habían dejado su trabajo para ir hasta Resembool a verlo.
— Gracias… — Susurró el joven. Fue todo lo que pudo formular debido a la emoción.
Todos observaban felices con satisfechas sonrisas en sus rostros.
El enorme pastel de chocolate y fresas, con celestes velas encendidas, decoraba la mesa de la sala de Pinako.
— Feliz 17 años Ed… — Susurro la joven mecánica en su oído.
— No habrá trabajo solo por hoy acero!
La voz de Mustang severa y altanera como siempre provenía del otro extremo de la sala. La teniente Riza Hawkeye estaba a su lado con sus cabellos rubios sueltos, algo muy poco común en ella. Havoc con su rutinario cigarro en los labios los observaba receloso mientras Black Hayate que estaba acunado en sus brazos lamia simpáticamente su cara, y Armstrong se limpiaba el rastro de lágrimas en sus ojos.
— Feliz cumpleaños Hermano! — Gritó Alphonse con mucha Alegría.
Su hermano menor a quien le debía tanto y con quien había pasado tantas cosas estaba ahí alegre festejando su decimo séptimo cumpleaños también, muy alegre y sin rencor alguno por los sucesos del pasado.
— Muchas Gracias a todos! ¿De quién fue la idea?
Pinako salió de detrás de toda la gente con una sonrisa triunfal y de autosuficiencia.
— Todo fue idea de Pinako — Comentó el mayor Armstrong — También ordeno que rompiéramos tu automail para que te vieras obligado a venir. Excelente Perspicacia.
— Abuela! Eso hiciste? — Chillo Winry
— Pero… la lucha con Scar. ¿Acaso fue falsa? — Los ojos ámbar del mayor Elric se abrieron como platos de la sorpresa.
— No fue falsa Acero. El plan para romper tu automail salió mal por culpa de Falman y Breda… Y Scar apareció sorprendiéndonos a todos.
— ¡Lo sentimos coronel! — Se disculparon ambos al unísono.
— Tu! Debí saberlo coronel fosforito!
— Acaso los niños de hoy en día no saben respetar a sus superiores?— Replica Mustang con exagerada frustración y suspirando resignadamente.
— Apaga esas velas niño. Antes de que estropeen mi pastel. — Dijo Pinako con tranquilidad dirigiéndose a Edward.
El aludido dirigió su mirada al grande pastel cuyas velas seguían ahí, consumiéndose con cada segundo que pasaba.
— Adelante — Lo animó Winry con una gran sonrisa de felicidad en su rostro.
Edward se dirigió dudoso a la mesa y se acerco a las velas listo para apagarlas con un soplido pero algo lo interrumpió…
— Acero, no te olvides de tus tres deseos. — Mustang se encontraba con una gran sonrisa que destellaba simpatía, algo muy atípico en alguien como él.
Sea como sea la atmosfera de felicidad que había en ese momento contagio a Edward que cerró sus ojos pidiendo los tres deseos. Algo muy tonto he imposible a su parecer, pero solo por hoy podría dejar las especulaciones y dejarlo pasar…
"Solo por hoy confiare en lo imposible, en todo aquello que no creí nunca… Si, solo por hoy" Luego de estos pensamientos sopló sus velas.
Aplausos y ladridos inundaron la habitación al reincorporarse Ed dio un vistazo a todos su amigos y a su familia de pronto algo lo levanto del suelo y abrazó con fuerza.
— Feliz cumpleaños Edward Elric! — Armstrong llorisqueaba y estrujaba a Edward con tanta fuerza que este no pudo evitar toser.
— Mayor Armstrong no puedo respirar… — Ed con voz casi inaudible y sofocada.
Armstrong dejo en el suelo al joven alquimista, pero algo no salió del todo bien, ya que este cayó al suelo de rodillas sin poder mover su pierna izquierda. Falman y Breda corrieron a ayudarlo, pero Armstrong ya lo había tomado entre los brazos.
— Ed! Te encuentras bien? — Se preocupo Winry
— Si, es solo mi automail… No puedo moverlo
— QUE? — Grito Winry con energía.
— Lo siento yo… Creo que fue en la carrera.
Winry suspiro con cansancio y resignación intentando calmarse.
— Nunca podrás ser cuidadoso no? Está bien lo reparare… Pero te costara el doble! Ni creas que por ser tu cumpleaños…
— ¡Pero si fue tu culpa! — Interrumpió Edward
— No se diga más! Mayor Armstrong ayúdeme a llevarlo al taller. Pondremos a Edward una pierna provisoria.
— Esto es vergonzoso… — Se quejo Edward en voz baja mientras el Mayor lo tomaba entre sus brazos.
Ya en el taller Winry se encontraba quitándole cuidadosamente el automail a Ed. Una vez desconectado de sus nervios y el automail libre. Lo examino con Lentitud.
— Mmm… Me tomara toda la noche luego de que todos se vallan a dormir. Por el momento deberás andar con este repuesto. — Mientras colocaba una pierna de metal muy básica. — Te servirá para caminar y correr si desea esforzarte mucho, pero nada más, solo hasta que repare tu automail.
— Esta bien… Gracias Winry. — Mientras intentaba ponerse en pie con su pierna provisoria.
— Deja que te ayude. — Dijo Winry, tomando a Edward de sus manos para ayudarlo a incorporarse.
Al dar un paso el rubio pedio la estabilidad y se tambaleo. Winry se acerco rápidamente tomándolo de un brazo y la cintura para que no se cayera. Sin intención alguna pudo notar los duros músculos de Edward en su brazo y sus abdominales bien definidos, poniéndola súbitamente nerviosa.
— Esto es vergonzoso… — Susurro el muchacho. — Tu ayudándome a sostenerme?
— Siempre voy a estar ahí para que no caigas… — Respondió mientras iba perdiendo la voluntad y se acercaba cada vez más a él.
Ambos se miraron fijamente. Edward la tomo firmemente de la cintura acercándola a él lo más posible…
— Lo sé… — Susurro mientras se acercaba cada vez más a su femenino, níveo y suave rostro que se iba tiñendo de un dulce color carmín.
Edward beso a Winry de una manera muy tranquila y suave, pero con tal firmeza que la inhibía. Ambos labios ardían y la sangre corría desbocada por todos los rincones del cuerpo. Tal parecía como si hubiera un sol entre los corazones de ambos, prensado como los pétalos de una rosa, entre las páginas de un libro grueso quemando el papel, quemando todo a su paso.
Edward separo sus labios de los de la joven mecánica con dulzura, mientras acariciaba su rostro enrojecido. Winry cerraba sus ojos y disfrutaba de las bonitas sensaciones que surgían en su interior.
— Deberíamos volver, si queremos algo de té y pastel — Logro decir en voz baja Edward.
— Lo sé — Entrecerrando los ojos — Solo un beso más, que nunca se sintió tan real…
— Eso es chantaje… — Susurro Edward mientras unía nuevamente sus labios a los de la mujer.
Y ambos se encontraban ahí en el iluminado taller de automails, un lugar muy común, pero que hoy brillaba con un dejo romántico que nunca antes había tenido… Con solo aquellas herramientas de testigos…
