Esta es una traducción del relato "The Chosen", de Lyon's Own.

Por supuesto, los personajes pertenecen originalmente a J.K. Rowling...

EL ELEGIDO

Capítulo 9

-¿ Estás loco ?. ¿ Qué has hecho ?- Prakash gritó en la cara de su compañero de traición. La Ciudadela había sido atacada por cazadores, ¡ Cazadores ! Y para su vergüenza, el Señor de la Casa Tipu no mostró ni la ferocidad ni la astucia del tigre, su estandarte en la batalla. En lugar de ello, abandonó a su familia, a sus amigos, y a su Clan, a que hicieran frente al peligro solos. Se mezcló entre las sombras y fue traído a los pies de Barnabus, como un perro.

Barnabus limpió su cara de saliva y miró a Prakash con disgusto. –Fue un riesgo necesario y calculado-. Dijo, con increíble condescendencia, como si el otro fuese un chico totalmente idiota. – El número miserable de Prometidos apuró las cosas de un modo inaceptable. No habría tiempo para completar el ritual antes de la Elección si yo no hubiese orquestado esta demora significativa. Debes aprender a ver las cosas más ampliamente, Prakash. ¿ Qué son unas pocas vidas, si resultan en la supervivencia de toda Nuestra Clase ?- Su voz era espesa, se pegaba a la piel de Prakash, y rezumaba pestilencia, rancia, como un animal pudriéndose. El olor parecía trepar por su nariz y clavárarsele en la garganta, casi produciéndole náuseas por su hediondez.

Por primera vez, desde que Barnabus se le acercó con el plan de derrocar al Señor Draconis, Prakash tuvo miedo. Había admirado la astucia y ambición de su compañero consejero, había visto en él la respuesta a la erosión de los valores y tradiciones de su Clase. ¿ Pero, esto ? Comenzaba a darse cuenta de que Barnabus no tenía reparos en destruir a quien se le cruzase en el camino. Nadie estaba a salvo de su hambre de poder. Nada le era sagrado. Prakash se dio cuenta de que él era dispensable. Tal vez se había equivocado dándole su apoyo, pero ahora, ya era tarde. Todo lo que podía hacer era afrontar la tormenta y rogar a la Gran Madre que le diera fuerzas para soportarla.

Después de una infructuosa búsqueda en la Casa Tipu, Alexandre y Thayure relevaron a Tristán y a Akil de su responsabilidad, en la puerta del Prometido Raure. Tristán vio que su viejo amigo y camarada continuaba agitado por las revelaciones de la noche anterior. Sabía que el crimen contra la Señora Suruthi pesaba mucho en la mente del hombre de piel oscura, y aunque era poco lo que podía decir para consolarlo, por lo menos, le ofrecería su compañía y apoyo. Por eso, cuando Akil se dirigió a la ciudad, Tristán lo siguió.

No se sorprendió cuando los pies de Akil se detuvieron delante de la Casa Tipu. Los guardias de la ciudad no habían podido encontrar al Señor de la Casa, pero era impensado que Prakash no regresara a su hogar, y Akil no podía, en conciencia, dejar sin vigilancia a la Señora Suruthi.

Hicieron su camino atravesando las puertas abiertas que conducían al patio mayor de la Casa Tipu. Como todas las Casas de La Ciudadela, estaba construida alrededor de un patio grande y otros más pequeños. Las grandes columnas de piedra estaban esculpidas con las mismas volutas en relieve, características de la arquitectura de la ciudad, aunque salpicadas con representaciones de terribles tigres acechando entre el follaje de una jungla y servían de puentes con las viviendas de los niveles superiores. Dando hacia el atrio mayor, había balcones y ventanas de las viviendas de las familias residentes de la Casa Tipu, y varias entradas que se abrían hacia el patio, tenían colgados cortinajes bordados con emblemas familiares y runas protectoras.

Akil y Tristán cruzaron el patio, pasando por un arco para subir las escaleras hasta el segundo nivel, a la vivienda de los Sahas. Era un trecho corto hasta las habitaciones que daban al patio principal. Cuando Akil se sentó en un hueco frente a ellas, Tristán se sentó junto a él y apoyó la mano, cuidadosamente, en el brazo del guerrero.

-Cuéntame-. Dijo suavemente. –La mencionaste antes, pero...

Akil asintió, sus ojos perdieron el foco y su mente se sumergió en la corriente de su memoria.

-¡ Bibi, mírame . ¡ Mira Bibi !- Un pequeño vampiro llamaba a una mujer que lo vigilaba con ojos de halcón. Mientras él saltaba de poste en poste, en el patio. Cada poste tenía diferentes altura y anchura; y eran parte del entrenamiento de los bailarines. Pero, también era uno de los pasatiempos favoritos de los niños, que se desafiaban unos a otros para ver quién podía saltar más lejos, sin aterrizar en las virutas de cedro y pino que se desparramaban debajo.

Akil era ágil y saltaba de poste en poste, y cada vez que aterrizaba, lo recibían los aplausos de su adorada Bibi. –¡ Maravilloso, Akil, muy bien !

Ahora, que estaba seguro de que tenía su atención, el pequeño Akil hizo su movimiento más osado, con un gran salto mortal en el aire, aterrizó firmemente sobre sus pies, en las virutas. Su abuela rió y aplaudió, encantada, mientras él se acercaba.

- Vas arruinar al chico, Veradis-. Escuchó que decía su abuelo. –Crecerá siendo un vanidoso fanfarrón porque tú lo tratas constantemente como si hiciera cosas tan especiales que todo el mundo debería verlo.

-¡Ah, pero lo hace, Kofi!- Dijo ella, envolviendo al niño con sus brazos fuertes, dulcemente perfumados. –Él tiene el amor de su Bibi. ¿ Verdad, Liali ?

El niño rió y ella le tocó la nariz. –Sí, Bibi.

- Recuérdalo siempre, el amor te hace especial, Akil. El amor es una magia poderosa.

- Mi abuela fue una mujer extraordinaria-. Dijo Akil suavemente, volviendo al presente. – Ella siempre tenía una palabra de aliento para todos, y me apoyaba en todo lo que hacía...creía en todos mis sueños-. Con aire ausente, jugueteaba con un anillo de oro en su dedo pequeño. Tristán creyó que el anillo era un recuerdo de un amor perdido, ahora entendía mejor.

- Estaba tan orgullosa cuando fui aceptado en la Guardia de la Ciudad. Desearía que hubiese podido ver cómo me gané un lugar entre la elite-. Los ojos de Akil brillaron y su voz se endureció. –Le fue robada la oportunidad, todo le fue robado. Cada pizca de su vitalidad, su incansable brillantez, todo le fue robado por esa...abominación.

Tristán se volvió hacia su amigo. –Tu abuelo fue...

Akil resopló. –Un bastardo arrogante de la peor calaña. Según él, Kofi Okonkwo fue el mejor regalo de la Gran Madre a los de su Clase... Fue un habilidoso curtidor, a decir verdad, podía convertir el cuero más rudo en manteca suave con su talento. Era arrogante, porque nadie podía hacer mejor su trabajo.

El guerrero echó su trenza hacia atrás por sobre su hombro y suspiró. –Mi padre lo decepcionó, rehuyendo al negocio familiar y convirtiéndose en guerrero. El viejo Kofi le decía, a quien quisiera oírlo, que su primogénito tendría un final violento. Cuando la caravana que mis padres vigilaban fue atacada por cazadores, Kofi comprobó que tenía razón y jamás me permitió olvidarlo. Mientras crecía, debí oír miles de veces, que mis padres merecieron su destino por no escuchar sus consejos. Bibi decía que sus quejas eran un sinsentido y me crió honrando a mis padres y su dedicación en el cumplimienrto de su deber. Siempre me decía que además del Templo, no había otra vocación más elevada que la de proteger a los hijos de la Tierra.

Akil tocó otra vez el anillo, observando su brillo a la luz de las antorchas y recordando otro anillo dorado, uno infame. – Mi abuelo detestaba que Bibi lo contradijera, detestaba que ella sostuviera sus opiniones no obstante el amor que le profesaba. Así que, cuando un hechicero ambulante le ofreció un collar dorado que controlaría a Bibi, él saltó a lo que pensó que sería la solución a todos sus problemas con su voluntariosa esposa, y se lo regaló.

-Pero, Bibi, yo quiero aprender a manejar la espada como Ome. ¿ Puedo ir, por favor ?

- ¡ Veradis ! ¿ El chico está molestando con el entrenamiento de armas, otra vez ? Akil, ¿ Qué te dije sobre esas tonterías ? Tú aprenderás el oficio de tu tío y mío. No se hable más de guerreros.

Los ojos de Veradis Okonkow brillaron. –Escucha a tu co- - Al momento siguiente, todo brillo desapareció, y pareció canalizado por las piedras brillantes del collar. –Escucha a tu abuelo, Akil. Él tiene razón-. Respondió ella, al pedido de su nieto.

-Pero, Bibi...

- Akil, ¿ Qué te dije sobre ese estúpido nombre ? No lo usarás más. Ahora, ven, vamos a la tenería.

El joven Akil suspiró. –Sí, abuelo-. Respondió en voz alta, pero se inclinó sobre su abuela con una sonrisa escondida. –Te veré más tarde, Bibi. Te amo-. Le susurró.

Su sonrisa brillante desapareció cuando ella lo miró con ojos apagados. –Soy tu abuela, Akil. ¿ Quién es Bibi ?

Un Akil con los ojos llenos de lágrimas, salió corriendo de la habitación, y nunca vio la pena de su amada abuela, luchando en vano contra las piedras que brillaban con malevolencia, y con su corazón quebrándose al mismo tiempo que el de su nieto.

-Las piedras le arrebataban su vida. Parecía que se hacían más brillantes a medida que ella decaía. Y el viejo Kofi, ese tonto, nunca se dio cuenta de que mientras quebraba su resistencia, inclinándola hacia su voluntad, estaba matando su espíritu. Al final, ella sólo era una cáscara quebradiza de la mujer que había sido. Cuando él pensó que estaba lo suficientemente dominada, le quitó el collar, pero ya era tarde.

- ¿ Abuela ?- El hombre guapo, de tez oscura, llamó en voz alta, entrando a la sombría habitación.

- No hay ninguna maldita 'abuela' aquí, Liali-. Dijo ella, con su voz áspera y débil, sin trazas de su antigua musicalidad. – ¡Pero tu Bibi quiere tanto verte, Akil!- Le hizo señas para que se acercara a la cama.

Él se sentó y le tomó una mano frágil entre sus palmas fuertes y callosas. –El abuelo envió por mi Ab, Bibi. Dijo que estás enferma. Sé que no hemos hablado mucho estos años, pero...

-Sh, ahora no, Liali. No hay necesidad de explicaciones. Demasiado dolor, demasiada pena, y todo por culpa de esa vieja rata-. Tosió crudamente, pegándose a él mientras su delicada forma se sacudía. Akil la sostuvo hasta que pasaron los espasmos, luego le alcanzó un vaso de agua.

Ella lo tomó con una sonrisa suave y triste, y suspiró. –Todos estos años he estado luchando, Akil. Me he esforzado para volver a ser yo misma, para poder llegar hasta ti. He visto como crecías y te convertías en un gran hombre, y en lo profundo de mi interior. me has hecho sentir tan orgullosa.

Ella levantó la mano hacia la carne pálida donde había estado el collar. Los ojos llenos de lágrimas. –Esta cosa...con tan horrible magia, me encadenaba. Era una esclava a su merced, no podía expresar mis pensamientos, no podía-. Casi corrompió todo mi ser, Akil. Desearía, por la Gran Madre, desearía haber corrido la primera vez que lo ví. Me hizo...Dije, hice y pensé cosas que nunca hubiese dicho, ni hecho, ni pensado por mi misma. Quiero que sepas que nunca dejé de quererte , aunque eso me robaba la mente y el alma, nunca pudo robarme mi amor. Te amo tanto mi Liali, y siempre lo haré. Recuérdalo.

Se reclinó, cansada, y presionó sus labios secos contra la mejilla del hombre. –Baila por mi, Akil. Cuando los fuegos se eleven, recuerda a quién fui una vez y salta por mi vida. ¿ Recuerdas el juego de cuando eras niño, en los postes de los bailarines en el patio ? Eras tan libre entonces, lleno de vida y alegría, nada te detenía. Así debes vivir, Akil, y así me honrarás. Tú eres mi mayor alegría. Danza y canta para que mi alma se eleve libremente.

La voz de Veradis se hizo fuerte, aunque se quebrarba de dolor. –Sigue haciendo que tus padres y yo nos sintamos orgullosos. Siempre estaremos contigo, Akil. Debes saber que no hay mayor vocación que la de proteger a los hijos de la Tierra, mantenerlos a salvo de los cazadores, de los ladrones de almas-. Ella masajeó su cuello con fuerza. –Ladrones de almas, ladrones de vidas-. Murmuró, con lágrimas, sin fuerza. Se apoyó pesadamente en su nieto. –Estoy tan cansada, Liali...quédate con tu vieja Bibi por un rato, para que pueda descansar.

- Por supuesto-. La apoyó con cuidado y colocó la colcha sobre sus hombros. –Descansa, Bibi. Te amo.

Ella le sonrió, suavemente, dulcemente, y cerró los ojos marrones, heridos. Veradis nunca más los abrió.

- El viejo Kofi sucumbió a la pena dos días más tarde. Después de que esparcimos sus cenizas, encendimos los fuegos. Y dancé, Tristán-. Miró a su amigo a los ojos. – Como nunca antes, dancé con el poder de la Tierra en mi. Y canté, pero sólo por ella.

Akil apretó sus puños sobre los muslos, el enojo forzó la salida de sus garras y brotó sangre entre sus dedos. –Le juré que nunca dejaría que otra mujer sufriera ese destino, y por los dioses, le arrancaré el corazón a Prakash si no quita eso del cuello de la Señora Suruthi. Lo juro, por la Gran Madre, Tristán, lo juro.

A pesar de su juramento tan significativo, Akil estaba al final de la fila cuando se trataba de buscar justicia y respuestas del Señor de la Casa Tipu.

- Debes tener una gran confianza en los Guardias de la ciudad, como para andar paseando cuando estamos en alerta de ataque, Señor Consejero-. Marjeta emergió de las sombras, junto a la puerta principal de la Casa Tipu, al tiempo que Prakash cruzaba el patio subrepticiamente.

Este hombre tenía poca semejanza con el pomposo fanfarrón que ella conocía. Este hombre era furtivo y no miraba de frente. Esto le importaba poco a la Castellana, la culpa que manaba de él era tan fétida como su sudor.

- Se- Señora Marjeta- Se inclinó apenas. –Yo-yo no la había visto aquí...¿ qué está haciendo ?- Preguntó, finalmente, en un intento por recobrarse. –Es – estoy sorprendido de que no esté usted en los jardines con los demás, evaluando el daño y recogiendo los restos-. Agregó despacio, con dolor, ante el pensamiento de las vidas que se habían perdido esa noche.

- Ah, sí, estuve allí-. Replicó ella, tranquilamente, con una voz sinuosa y ondulante, como una serpiente lista para atacar. –Además de en otros lugares, qué raro que nadie recuerde verlo a usted esta noche, en ningún lado.

Prakash se aclaró la garganta. -¿ Realmente ? Ah, bueno, verá, había tanta confusión durante el ataque, y después...bueno...

- Sí, después...- Los ojos de Marjeta se entrecerraron. -¿ Dónde estuvo, Señor Consejero ?- Sus palabras eran cortantes, filosas, como latigazos en la noche oscura y silenciosa. -¿ Dónde estaba usted cuándo la Señora Suruthi fue llevada al Hospital cubierta en quemaduras ? ¿ Dónde estaba usted cuándo su esposa lo necesitaba ? ¿ Dónde, cuando su hijo e hija supieron de las heridas de su madre ? ¿ Dónde cuándo su Casa, Señor Prakash, necesitó a su líder y guía ? ¿ En los jardines ?- Levantó una ceja y se acercó, dejando que sus palabras se cargaran de sarcasmo. -¿ No ? ¿ Tal vez en Kynaston ?

Él retrocedió, como si la distancia retrasara el ataque.

- O, tal vez...¿ Tal vez en los túneles ? ¿ Traicionando a toda Nuestra Clase y entregándonos a los cazadores ?- Marjeta gritó lo último y él tropezó con sus propios pies, aterrizando duramente en las piedras del pavimento del patio.

-¿ Qué ? ¡ No ! Yo nunca...

Marjeta desechó sus protestas. –Señor Prakash Bhushnan de la Casa Tipu-. Dijo, alto y claro, pero fríamente, mientras se encendían luces alrededor y caras curiosas aparecías en las ventanas y en los pórticos. –Se le acusa de asalto y de exponer al peligro a su esposa, la Señora Suruthi Bhushnan, por el uso de un collar de control, de sospecha de traición y de colaboración en el ataque de los cazadores que tuvo lugar esta noche en los jardines bajos. Por orden del Gran Señor, está usted bajo arresto.

Con estas palabras, cinco de los guardias de la ciudad y el Capitán Nicodemus se adelantaron, saliendo de entre las sombras. –No pasará, señor Prakash-. Dijo el Capitán, cuando los ojos del hombre se dirigieron a la puerta abierta. –Venga voluntariamente-. Ordenó.

Mirando alrededor, a las caras anonadadas en el patio, rápidamente, Prakash sopesó sus opciones, podía ir calmadamente con todo el aire de sospecha siguiéndolo, o tal vez, podía desacreditar al Gran Señor. -¡ Soy inocente !- Gritó, a los que se habían reunido. –¡ Miren cómo el advenedizo señor trata con sus detractores, en lugar de esforzarse en fortalecer nuestra seguridad y descubrir a los traidores entre nosotros, él somete a la fuerza a los inocentes ! ¡ Sus tácticas bajas se revelan ! ¡ Miren como intenta manchar mi honor y mancillar mi nombre ! ¿ La Casa Tipu soportará semejante ultraje ?

Prakash pasaba su mirada, desafiante, de la Castellana al Capitán de la Guardia, convencido de que, en cualquier momento, su Casa saldría en su defensa, echando a los intrusos y manteniéndolo a salvo hasta que el Gran Señor en persona lo buscara. Esto le daría el tiempo que necesitaba desesperadamente para reforzar su apoyo y contactar a Barnabus.

Pero, silencio e incredulidad respondieron a su desafío. Él no sabía que las heridas de la Señora Suruthi eran bien conocidas en la Casa Tipu, así como la causa de su lenta recuperación. Esperó por una respuesta...uno, dos, cinco...diez, doce, Marjeta levantó la mano y los guardias lo ataron con magia y cadenas, llevándoselo.

Dulzura Letal, 12 de enero de 2012