Disclaimer:
Las obras de Harry Potter ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. Sólo es de mi autoría la trama de esta historia y no autorizo su publicación, entera o parcial, en otro sitio sin mi consentimiento.
Chicas/os malas/os! No he llegado a los 5 reviews esta semana, pero aún así quería cumplir con una entrega extra que prometi (en realidad prometi que llegaba a los 5 subiría, pero mis lectoras fieles igual merecen el nuevo cap jeje) asi que aquí se los dejo, hasta pronto!
Capítulo 9.
Draco ubicó a Luna en la mesa de Slytherin y tomó asiento a su lado, junto a Pansy Parkinson, que arrugo el entrecejo y frente a Theodore Nott que ojeaba un libro y Blaise Zabini, que sonreía complacido.
—Hola —saludó Luna mientras se servía pavo y ensalada—.
—Hola —saludó Zabini obligando con la mirada a Pansy a hacer lo mismo—.
—Hola Luna _Nott había levantado la vista por un momento para saludarla y continuar ojeando su libro luego—.
El saludó tan personalizado de Nott, que solía ser muy reservado, le resultó extraño a Draco, pero más extraño le resultó que Luna iniciara una conversación con el chico como si se conocieran.
—Veo que has usado el libro que te recomendé, ¿te ha servido?
—Sí, ha sido muy útil, pero necesito información de los hombres lobo para completar mi ensayo para Pociones sobre la poción matalobos- contestó el castaño.
El carraspeo del blondo cortó la conversación.
—¿Se conocen? _preguntó mirando fijo a Nott.
—Claro —contestó Luna— venimos al mismo colegio— Zabini tuvo que reprimir una carcajada— y Theodore leía una tarde un libro en los jardines del colegio cuando le advertí que tenía la cabeza llena de Torposoplos, pero él se resistió así que tuve que espantarlos con mi revista.
—Ella me golpeo para ser más precisos.
—Luna desde ahora es mi ídolo— se carcajeo Blaise—.
—Entonces noté que en realidad estaba haciendo deberes de Aritmancia y que quizás no fuera fácil y por eso los Torposoplos lo seguían, así que le recomendé el libro que usa Hermione.
—Fuera de eso, ambos participamos de las clases de apoyo para estudiantes menores, es por eso que nos conocemos _aclaró Nott—.
—¿Tú Nott das clases de apoyo? —se burló el rubio—.
Sí, sumará puntos extra a mis EXTASIS, además faltaba un estudiante de Slytherin para formar el grupo de apoyo y debía ser uno con buenas calificaciones, tú y Blaise se negaron, además matarías a los alumnos que no aprendieran rápido y Blaise se reiría de ellos, y McGonagall los quiere sanos física y mentalmente.
—Ambos colaboramos en las clases de repaso, él se ocupa de algunas materias y yo de otras, además nos recomendamos libros para nuestros deberes.
En ese momento a Theodore Nott le hubiera gustado silenciar a Luna al ver el rostro inexpresivo de Draco, él lo conocía muy bien y sabía que no le gustaba quedar mal en público, mucho menos en segundo plano y menos si sospechaba de segundas intenciones en su amistad con Luna.
—Qué extraño Theodore que nunca hayas mencionado ni las clases, ni a Luna —comentó Draco al pasar—.
—No me pareció necesario, es una más de mis actividades. Yo no cuestiono las prácticas de Quiddich de Blaise y tuyas.
~O~
Draco y Luna ya habían estabelecido una rutina sin proponérselo. Compartían Cuidado de criaturas mágicas, donde ya era habitual que trabajaran juntos (lo cual Hagrid agradecía, pues alguien debía proteger a las criaturas de ese arrogante rubio). Compartían Adivinación y Herbología. Los viernes, cuando Draco salía de su clase de Runas, pasaba por Luna al salón de encantamientos para ir al comedor a tomar el té o acompañarla hasta la entrada de su sala común. Esa tarde, como los dos viernes anteriores, Draco pasó por Luna al salón de encantamientos, pero esa tarde la rutina a la que nuestro rubio se estaba habituando se rompió. Vio salir a la mayoría de los alumnos de Griffindor y Revenclaw, pero no vió salir a Luna.
Finalmente vió salir a Potter y a la comadreja pequeña y no tuvo otra opción más que preguntarles, ya estaba bastante impaciente y enojado por haber tenido que esperar.
Potter, Weasley —saludó—.
—Malfoy.
—¿Luna sigue adentro?
—Ya han salido todos —respondió la pelirroja—.
—¿Por qué motivo la buscas? —el niño que vivió lo escrutó con desconfianza—.
—Eso no es de tu incumbencia Potter, pero te diré que necesito entregarle algo.
—Dile Harry —Ginny codeó a su novio —creo que son bombones susurró para que el ojiverde la oyera.
—Debe haber ido a visitar a los Tresthals —contestó resignado Potter— yo no pude acompañarla porque tenemos entrenamiento con Ginny en el campo y debemos prepararnos antes. Debe estar en el bosque, dijo que luego vendría a ver las prácticas.
Draco simplemente asintió con la cabeza, no le agradecería la información al cara rajada, pero tampoco hacía falta, porque a pesar de pelear con él constantemente (y hay que decirlo, muchas veces por mera diversión) , Harry entendía que esa inclinación de cabeza era un mudo "Gracias".
El rubio se giró con elegancia y emprendió su camino.
—Ginny, esos bombones ¿no estarán hechizados, o sí?
—¡Harry!
~O~
Se encaminó hacia el exterior del castillo, estaba realmente furioso. «¡Cambiarlo a él por esas inmundas criaturas! Era realmente indignante, más si recordaba que Lunática pensaba llevar en su paseo a Potter. Además dejarlo esperando, ¡un Malfoy esperando!, era realmente inconcebible. Era a él a quien siempre debían esperarlo las chicas, después de todo la espera valía la pena, joven, rico ,más que rico y apuesto por sobre todo. Cualquier otra rogaría por tener su compañía. Ni siquiera se había dignado a avisarle que se iría sola, que no lo esperaría, faltando a su encuentro».
Cada paso que daba se enojaba más. Aunque ciertamente no habían acordado nada explícitamente, le recordó una voz en su cabeza. Pero eso no importaba, ella sabía que él iría a buscarla y aún así se había atrevido a irse sin avisarle nada.
Caminaba con paso firme y elegante, parecía aún más alto por lo tenso que iba, en una de sus manos llevaba la caja de bombones que Narcisa le había pedido que le entregara a la rubia de grandes ojos.
"Recuerda hijo, una caja es para ti y la otra para Luna. No olvides dársela de mi parte", decía en la carta de su madre.
Finalmente llegó al margen del bosque, y allí la encontró.
Estaba descalza, vestía todavía el uniforme escolar y llevaba un bolso cruzado.
Ese uniforme de seguro era el que había elegido su madre, pensó, la pollera era más corta y entallada que la del año anterior y dejaba sus piernas blancas, pero bien formadas, a la vista. Tenía la camisa arremangada y la corbata verde y azul floja. Hablaba con una criatura, pero llegaba a entender qué decía, un caballo alado pequeño de color negro, y cerca de ellas dos más grandes. Bien, al menos los animales sí existían.
Aún sin voltear lo saludó.
—Hola Draco.
El rubio, que se había quedado sorprendido por la escena, había olvidado su enojo por un momento, pero la voz de la chica lo trajo de nuevo ala realidad.
—¿Se puede saber qué haces aquí y por qué no me esperaste?
—Vine a alimentar a los Tresthals. Lo siento, no pensé que te molestarías —Luna bajó la mirada— pensé que tal vez aprovecharías para hacer otra cosa que te gustara, no es necesario que pases tanto tiempo conmigo por obligación, aún no nos hemos casado. Lo siento, no volverá a pasar.
Draco relajo un poco su ceño fruncido y de algún modo se sintió incomodo, pero el enojo no lo abandonaba del todo.
—Es necesario, estamos prometidos nos guste o no. La próxima vez avísame, no me gusta que me hagan esperar, me he perdido del té incluso.
—Te avisare, lo prometo. ¿Quieres pudín? Es mi preferido —dijo la chica mientras sacaba de su bolso un recipiente con el pudín y se lo entregaba—.
De acuerdo, estaba enojado pero tenía hambre, así que lo tomó y comió.
—¿Por qué estás descalza?
—Me agrada sentir el suelo bajo mis pies, además algunas de mis pertenecías han vuelto a desaparecer.
El pequeño Tresthal se acercó Draco y refregó su hocico en el pantalón del muchacho.
—Creo que le agradas, acaricíalo.
La cara de asco del rubio ante la situación disminuyó al pasar su mano sobre el pequeño caballo alado, que se veía muy a gusto con los mimos recibidos.
—¿Quieres dar un paseo? ¿Has volado en Tresthal alguna vez? —preguntó la chica—.
Se acercó a uno de los Tresthals más grandes y después de acariciarlo subió en él.
—He volado en escoba, ¿Qué tan diferente puede ser?
—Si no subes no lo sabrás.
Draco siempre fue arrogante y vanidoso, y la insinuación de que no sabía y no se atrevía a hacer algo lo llevó a montar al animal detrás de Luna y cuando éste empezó a tomar carrera no tuvo otra opción más que abrazarse a ella. Luna lo sintió rodearla con los brazos y una sensación cálida la invadió. La respiración de él en su nuca le produjo un escalofrío, aunque bastante agradable. Una sensación extraña, pensó.
El cabello de Luna olía a manzana y el viento lo hacía volar. No le hacia ninguna gracia tener que casarse con ella, pero al menos le consolaba saber que olía bien, demasiado bien. La sintió estremecerse y cayó en la cuenta entonces de que la incomodaba, claro, ni siquiera la lunática podía resistirse a sus encantos. Además de seguro no estaba acostumbrada a cierto tipo de contactos íntimos. Lo tendría en cuenta, sería útil para molestarla de vez en cuando, ya que ninguna otra cosa parecía afectarle, los comentarios o burlas de sus compañeros parecían no hacer mella en ella.
Volaron por encima de los terrenos del colegio y rozaron el agua del lago, vieron desde lejos el campo de Quiditch y a los Griffindor's que iban retirándose. Luna recordó entonces que no había asistido a la práctica de los chicos.
—Olvidé ir a ver la práctica.
—Ya terminaron, no creo que hayas perdido de mucho de todos modos —Sonrió de lado con burla—.
—Siempre voy a las prácticas de Griffindor, algunos de ellos han sido muy buenos conmigo. Se han esforzado mucho, creo que merecen ganar.
—Tendrás que ir a las prácticas de Slytherin también, ya que soy tu prometido ahora y merezco ganar porque soy muy bueno —de algún modo el comentario de la chica lo hizo sentir molesto—.
—Será mejor que volvamos o nos perderemos la cena, espero que haya postre de chocolate.
—De acuerdo. Te gustan mucho los postres parece.
—Sí, papá siempre dice que las cosas dulces hacen más alegres el día.
Creo que tú y yo podemos llevarnos bien, no eres tan malo como quieres parecer. Y ya que debemos casarnos aunque no lo hayamos decidido, sería bueno que nos llevásemos bien.
Draco lo pensó y, a pesar de que la idea no era agradable, la chica tenía razón, lo mejor sería llevarse bien.
—Me parece bien, hay que conservar las apariencias. ¿Puedes hacer eso?
—Creo que puedo hacerlo, mientras nos respetemos y seas amable.
—Puedo intentarlo.
