Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a J. K. Rowling.

Esta historia y todos los lugares, escenarios, nombres, hechizos y personajes originales de esta historia son míos y no autorizo el plagio.

Recuerdo que a los usuarios que dejen reviews sin cuenta en fanfiction les contesto en mi perfil.

¡CAPÍTULO DEDICADO A TOM FELTON POR SU CUMPLEAÑOS!

-Capítulo 8- Elfinas y hadas

Se le veía demacrado. Tanto sufrimiento había hecho que en tres años envejeciese lo que no lo había hecho en veinte años de matrimonio. Tenía los ojos hundidos en las corvas, unas oscuras ojeras acentuaban sus pómulos. Su pelo, largo, lacio y rubio había perdido su brillo y si se miraba con la suficiente atención. Estaba más delgado y eso que siempre lo había sido. Su porte orgulloso a duras penas se mantenía ya que sus hombros cansados soportaban cada vez más peso.

A la señora Malfoy le daba la sensación de que se parecía cada vez más a un fantasma que al orgulloso hombre que fue. Pero seguía amándolo como hacía desde que tenía once años, quizá incluso más. Verlo sufrir de esa manera la atormentaba por eso durante las noches velaba su sueño. Sabía que eran los únicos momentos en los que podía descansar. Sus pociones de sueño eran las que le proporcionaban esos momentos de paz. Por eso ella dormía siempre con la varita bajo la almohada para evitar que nadie alterase esa frágil armonía que dulcificaba por escasas horas el rostro de su esposo. No podía evitar pasarse las noches mirándolo, en ocasiones acariciando su bello rostro de piel de alabastro. Y aprovechaba esas largas pero a la vez que efímeras horas para pensar en su hijo, en Draco, cuyo rostro era tan similar al de Lucius.

Los amaba tanto… de hecho fue en una de esas veladas de vigilia cuando se le ocurrió todo el plan. Todo el montaje para que los "niños" saliesen impunes. Nadie movía hilos como las Black, era algo con lo que se criaban. ¡Anda que no había visto ella a su madre engañar a gente, o a sus hermanas engatusar a los chicos de Hogwarts para que hiciesen cualquier cosa que ellas quisieran! Ella misma había movido hilos y hecho chantajes sin cesar hasta que le presentaron a Lucius, creado momentos a solas con él, cualquier cosa que hiciese que el reparase en ella, hasta que consiguió que sus padres los prometieran.

Manipulación, manipulación a gran escala, manipular a todo el mundo mágico. Que todo el mundo mágico se crea una realidad creada por ella. ¿Quién susurró que habría que encargarles algo gordo a los jóvenes, que habría que probarlos? Ella. ¿Quién dio la idea de desestabilizar a Potter desde dentro a Alecto Carrow? Ella. ¿Quién había sugerido a Granger? Ella. ¿Quién había hecho a Andrómeda mover hilos en la Orden para enviarlas a esa "misión de reconocimiento"? Ella. Ella iba a salvar a su hijo de un destino horrible. Ella iba a salvar el buen nombre de los Malfoy. Ella la mujer en la sombra, ella iba a destruir al Señor Tenebroso desde dentro.

Con esa misma manipulación había conseguido que Lucius se calmase y entendiese lo que favorecería a su familia el tener a Granger en ella. Consiguió que pusiese a un lado sus discriminatorias ideas de la Sangre y que los dejase por una vez actuar a Draco y a ella. Él no debía dar la sensación de estar acabado por eso le había confiado el plan para que tuviese una esperanza más y pudiese seguir siendo el Lucius Malfoy de siempre. Él confiaba en ella, nunca había tenido razones para no hacerlo y no volvió a preguntar ni por Draco, ni por Theo, ni por ninguna de las tres jóvenes de la Orden.


Cuando Hermione se despertó esa mañana no fue por algún juguetón rayo de sol, ni por ningún ruido molesto, ni por que la estuviesen moviendo, ni siquiera porque hubiese recuperado horas de sueño y no estuviera cansada. No, desde luego no fue por eso, sino por el frío horrible que sentía. Durante toda la noche había estado calentita, lo normal teniendo la chimenea encendida, pero el caso es que seguía tapada con las mantas, unas gruesas mantas por las que no se colaba ni una traviesa ráfaga de aire frío. ¿A qué se debía ese frío atroz? Se revolvió un poco intentando cubrirse mejor, y entonces fue cuando se dio cuenta de algo.

Draco no estaba. Se había ido. Por eso el frío. Toda la noche siendo abrazada por él había estado calentita, se había sentido segura. Y ahora él no estaba. Se sentó en la cama y con la mirada le buscó por la habitación. No estaba allí. Se sintió repentinamente decepcionada y se reprendió por ello. ¿Desde cuándo era bueno tener al hurón oxigenado cerca? Desde nunca. Tenía que ser fría. Se conocía. Sabía que le gustaban los retos y Malfoy era uno muy grande. No podía permitirse el ser una Elizabeth Bennet, a ella no le saldría bien y de hecho Malfoy distaba mucho de ser Mr. Darcy. No podía. Puede que estuviesen casados pero no iba a enamorarse de él. No. Definitivamente sería como el jersey de la señora Weasley, tendría que fingir que le gustaba pero seguiría pareciéndole horrible.

Así que apartando esa sensación de desamparo al no hallarlo a su lado se cerró con fuerza la bata y se puso de pie. Fue hacia el baño de la habitación cuando vio una fina línea de luz bajo la puerta. Entonces Draco estaba ahí, dedujo y se alejó de la puerta. Esperaría a que saliese.

Mientras tanto para aprovechar el tiempo dio una vuelta por la habitación. Se asomó al vestidor y soltó una risita al ver lo grande que era y la cantidad de trajes que había en él. Desde luego Malfoy era más presumido que ella en cuestiones de aspecto.

Luego vio un hermoso escritorio de madera noble, tallado, sus patas parecían las de un dragón, ostentoso, pero a ella le pareció extremadamente bonito, quizás era lo que más le gustaba del dormitorio. Sobre él había un montón de libros con títulos desconocidos pero que seguramente leería en un futuro próximo. Ya iba a coger uno de ellos cuando oyó un ruido a su espalda y al girarse vio a Draco apoyado en la columna de su cama mirándola burlón.

-No puedes evitarlo ¿verdad? Es ver un libro y volverte loca ¿no?

Ella sonrió un poco avergonzada porque la hubiese pillado in fraganti.

-Vístete, nos vamos después de desayunar.

-¿Eh? ¿A dónde? –preguntó confusa-.

-Al Ministerio de Magia, ¿a dónde si no?

Hermione abrió los ojos como platos.

-¿Me vas a dejar salir de aquí?

-No. Yo voy contigo. Hay que formalizar el matrimonio, si no, no serviría de nada. Mi madre estará allí para darte tu varita y Luna y Nott también, tienen que firmar como testigos y nosotros como los suyos.

Hermione estaba conmocionada. Iba a salir al mundo mágico. No estaría retenida. Podría avisar a Harry y… No. Narcissa dijo que no. Deberán creer que es un matrimonio de verdad. Bueno, de hecho lo era.

-No creas que podrás avisar a San Potter. El Ministerio está bajo el control del Señor Oscuro.

Maldición, la había pillado. ¿Tan predecible era?

-Lo sé. Bueno, me voy a vestir.

Miró por la habitación. Dio un par de vueltas y luego encaró a Draco que estaba colocándose la corbata con la varita.

-¿Y mi ropa?

-Busca en el vestidor-dijo sin mirarla-.

Ella entró en el armario y solo encontró la ropa de Draco y pesados y ropa de mujer que para su gusto era demasiado formal incluso para ella. De lo que encontró cogió un vestido largo por las rodillas de color negro con motivos plateados, unas medias semitransparentes grises y unos zapatos de tacón medio, de color negro. Cogió la ropa y se fue al baño.

Se peinó, se lavó la cara y se vistió. Justo cuando iba a salir vio que había un pequeño bolsito con maquillaje y dudó de si ponerse o no. Conociendo a su suegra, lo que más le agradaría sería que sí aunque solo fuera un poco. Suspiró y casi con temor cogió un bote en el que ponía "MÁSCARA DE PESTAÑAS WONDER, para hacer tu mirada todavía más mágica". Cuando fue a abrirlo el cepillo comenzó a flotar en el aire intentando acercarse a sus ojos. Ella soltó un gritito sorprendida pero enseguida se sobrepuso y dejó que la maquillase. Se sorprendió al ver como la había dejado la máscara las pestañas. Bastante mejor de cómo lo habría hecho ella, eso seguro.

Miró el resto del maquillaje pero decidió que ya era bastante avance por un día. Salió del baño y se encontró con Draco sentado junto al escritorio leyendo el Profeta.

-¿Alguna novedad?

Él dejó de leer y la miró de arriba abajo. Ella cambió el peso de un pie a otro incómoda.

-Coge un abrigo. El Ministerio no tiene calefacción central.

¿Solo eso? ¿Era lo único que se le ocurría decirle? Pues se iba a enterar, la próxima vez que quisiese salir se pondría vaqueros, deportivas y una camiseta de leñador, pensó molesta.

Cogió una gabardina negra y fue hacia la puerta que estaba sujetando su marido.

-Gracias –murmuró pasando a su lado-.

Draco cerró la puerta y la precedió por el pasillo hasta el salón.

Allí los esperaba una elfina. Iba vestida con un almohadón sucio idéntico al que llevaba Dobby. Hermione sintió como se incendiaba por la ira mientras que Draco se sentó a desayunar tan tranquilo.

-¡Malfoy! ¡¿Cómo te atreves a tener a elfos domésticos trabajando para ti?! ¡Libérala ahora mismo!

-A ver Grang… Hermione ella no quiere…

-¡Claro que no quiere! ¡No ha conocido otra cosa! ¡Eso no es excusa para tenerla esclavizada!

De pronto una voz chillona hablo temerosa.

-Discúlpeme ama Malfoy pero a Misa le gusta trabajar para los amos. Misa se siente honrada por poder servir a la noble casa de los Malfoy y espera poder seguir haciéndolo el resto de sus días. Misa sería muy feliz si así fuese.

-¡Le has lavado el cerebro!

-No le he lavado nada. Acéptalo, los elfos son felices así.

Hermione le lanzó una mirada compasiva a la elfina.

-Pero Misa, estoy segura de que tú serías mucho más feliz si los amos te pagasen un sueldo justo por tu trabajo y pudieses vivir en unas condiciones mejores.

-¡Oh, el ama es muy amable pero Misa no necesita nada para ser feliz más que servir a la noble casa de los Malfoy!

-Pero Misa, si pudieses descansar de vez en cuando.

-Misa no necesita descansos. A Misa no le cansa servir a los amos.

Hermione resopló frustrada y tras pensarlo unos segundos decidió cambiar de enfoque.

-¿Sabes? Si descansases un par de días a la semana podrías servirnos mejor.

Entonces la elfina se entristeció, sus enormes ojos se inundaron de lágrimas

-¿El ama no está contenta con el trabajo de Misa?

-¡Claro que sí! ¡Lo tienes todo perfecto, pero no puedes trabajar siempre porque te acabarás cansando o poniendo enferma y no podrás trabajar para nosotros! A demás me gustaría que aceptases una paga para poder comprarte cosas para ti.

-Pero Misa no necesita más que un rincón de la cocina para dormir.

Al oír eso Hermione sintió que su corazón se encogía de pena para luego hincharse de ira. Trató de calmarse pero no pudo y entonces explotó.

-¡Sí no aceptas los días de descanso y una paga digna te liberaré, Misa! ¡Te juro que lo haré, te lo juro por todos mis antepasados muggles!

La elfina soltó un gritito similar a cuando pisas una bocina y se arrojó llorando a los pies de Hermione.

-¡No, ama por favor! ¡Misa lo acepta! ¡Misa lo acepta! ¡Misa hará todo lo que el ama quiera! ¡Misa es una elfina buena! ¡Misa lo acepta! ¡Misa lo acepta!

Hermione se agachó junto a ella y poniéndola de pie le secó las lágrimas.

-Tranquila Misa, sé que eres una buena elfina, por eso quiero que hagas eso, es lo mejor para ti.

-Si el ama lo dice Misa sabe que es verdad, pero no sabe si le parece bien al amo.

Hermione miró a Draco que estaba acabando de desayunar tan tranquilo.

-No te importa, ¿verdad?

-El que me importase… ¿cambiaría algo?

-No.

-Bien, no importa. Si te dijese que no estarías incordiándome hasta que aceptara.

Hermione sonrió y miró a Misa.

-Tus días de descanso serán el miércoles y el jueves.

-Como el ama ordene.

Hermione sonrió satisfecha y se sentó a desayunar en el extremo de la mesa opuesto a Draco. Al cabo de un rato se dio cuenta de que Luna y Theo no estaban.

-Oye, Malf… Draco ¿dónde están Luna y Nott? ¿No van a desayunar con nosotros?

Él la miro como si fuera realmente idiota.

-Grang… Hermione, la verdad es que no sabía que fueses tan estúpida. ¿Dónde crees que están?-dijo haciendo énfasis en el "donde"-.

-No tengo ni idea por eso te lo… ¡oh! –cuando se dio cuenta de que Draco se refería a "la cama" se quedó pasmada y un poco sonrojada siguió comiendo-.

El rubio que no se había perdido detalle de su expresión soltó una carcajada que hizo que Hermione se sintiese más ridícula de lo que ya se sentía. Le miró furiosa y se encontró con algo que no esperaba, el Slytherin estaba sonriendo de verdad, no de manera cínica. Y cuando sonreía así (debe decirse que era la primera vez que Hermione veía este "suceso paranormal") su rostro se relajaba, sus fracciones se dulcificaban y estaba realmente atractivo.

-¿Te gusta lo que ves?

Fue entonces cuando se dio cuenta de que se había quedado mirándolo fijamente.

-Más quisieras.

Y tras Draco esperar pacientemente a que su esposa acabase de desayunar y aplicarse correctamente unos fregotegos en los dientes, se metieron en la chimenea y partieron hacia el Ministerio de Magia.


Aquella mañana Luna tuvo el despertar más agradable de su vida. Empezó con unas caricias a lo largo de su columna y unos suaves besos en su coronilla. Sin abrir los ojos se removió sobre su almohada, una cálida, suave y resistente almohada. Theo. No puedo evitar soltar un suspiro. Poco a poco fue abriendo con un aleteo sus rubias pestañas. Sus ojos azules se encontraron con los de su esposo, si bien de distinto tono, del mismo color. La adoración que él sentía por ella le aportaba un brillo especial en la mirada.

-Luna, te amo.

Luna sonriendo se apoyó suavemente en su pecho para alzarse y besar los finos labios de Theo. Algo revoloteó cerca de su oreja, probablemente una corda, un hada del amor. Seguramente se había visto atraída por el aura de amor que rodeaba al joven Nott. Eso la sorprendió en sobremanera pues solo se acercaban cuando alguien amaba realmente a otra persona. Y sintió unas ganas de corresponderle tan terribles que casi le cortaron el aliento.

-Te amaré Theo. Estoy segura de ello.