Entre las estrellas

Desde los inicios de Berk, la familia Haddock a gobernado al pueblo. Esto se debe al gran fundador de Berk el cual fue un vikingo, se dice que fue uno de los primeros vikingos que apareció en Escandinavia. No se sabe cuál era su nombre, pero apellidaba "Haddock ". Llegó a la isla con una cantidad reducida de hombres. Cuando llegó a la isla, no estaba solo. Es en este punto donde se inició la guerra que aún prevalece en el presente, la guerra con los dragones.

Antes de la gran separación del gran consejo de vikingos, no conocían la existencia de dragones. El primer hallazgo se dio por el vikingo apellidado Haddock. Debido a la gran cantidad de poder que poseían las bestias aladas, algunas tribus de vikingos ayudaron en la lucha, sin embargo, no duraron mucho. Muchas tribus desertaron de la guerra y se alejaron todo lo posible de aquellas coordenadas, para nunca tener que ver otra vez a esas bestias. Otras se quedaron en la lucha, pero con el tiempo solo dos tribus quedaron al frente, la de Berk y los guerreros más fuertes de toda la élite vikinga, los "berserkers".

Los berserkers eran guerreros de élite, portaban tal título por pelear semidesnudos y sin armas. Obviamente sus costumbres cambiaron al entrar en la guerra con los dragones, no pudieron apartar más las armas. Se dice que estos vikingos eran ajenos al miedo. En el campo de batalla los berserkers se convertían completamente en bestias que solo deseaban ver correr la sangre de sus enemigos.

La guerra continuó así, sin parar, muertes por todas partes. Ahora el Archipiélago era habitado por más tribus de diferentes partes del planeta azul. Solo habían dos tribus vikingas. Y ambas tenían un tratado de paz.

El jefe de Berk debía tener el apellido Haddock obligatoriamente. Si este no era el caso, solo una familia podía tomar el cargo, los Jorgenson. Los Jorgenson eran como hermanos de los Haddock. No eran de la misma sangre, pero en los inicios de Berk, ayudaron para la formación de la isla. Esto les dio la confianza de jefe, tal así que se firmó un contrato en caso de no tener un heredero Haddock. Si este llegara a ser el caso, los Jorgenson tomarían esta plaza por derecho. Nunca a sucedido, los Haddock siempre han tenido herederos.

Los Jorgenson son una familia de fuertes guerreros, su principal característica es su cuerpo robusto, poseen cualidades muy buenas para el combate cuerpo a cuerpo y con armas. Aún así, no eran tan agresivos y fuertes como los berserkers.

No es nada raro que hayan deseado el trono desde hace décadas. Y cierto enano de la actualidad deseaba más que nada alcanzar ese objetivo.

Patán Jorgenson, el joven más fuerte de su generación, todos tienen confianza en que el será el nuevo jefe de Berk. Nadie cree en el débil y pequeño Hipo; hay una gran diferencia entre ambos, si que la hay. Hipo es débil e inseguro, torpe y siempre sus inventos resultan traicioneros. Por otro lado, tiene la inteligencia que ningún vikingo en Berk posee, también es muy ingenioso y táctico. Su primo, Patán, es todo lo contrario, es fuerte, ejemplo a seguir de muchos. Sin embargo, no es inteligente, es bastante tonto de hecho. A pesar de no planificar bien sus estrategias, lo recompensa con su gran fuerza.

Ahora, los aldeanos prefieren a Patán de jefe, pero esto no puede darse. El tratado que se firmó hace mucho dice que si hay un heredero Haddock, este debe y está en su obligación de tomar el puesto. Así que básicamente Hipo tendría que desaparecer o morir para que Patán tome el cargo, aún así el pequeño enano desea tener a Berk ante sus pies.

—1…2…3…4… Sí, que bueno eres Patán. – se elogiaba así mismo el enano, mientras hacía flexiones. Patán era bastante vanidoso, apreciaba sus grandes bíceps y a veces los besaba. Lo sé, completamente asqueroso.

—¡Patán! – lo llamaba una voz varonil. El pelinegro dejó de hacer sus ejercicios y se levantó para presenciar quién lo había interrumpido.

El enano estaba entrenando en la arena, se sentía más inspirado escuchando el rugido de dragones. Patán se giró hacia la entrada de la arena y vio entrar a un vikingo algo viejo. Se trataba de su mentor, Bocón.

—Patán. ¿Qué estás haciendo aquí? Sabes que está prohibido entrar sin autorización. – regaño el vikingo a su alumno, quién solo lo miraba con arrogancia.

—Está bien Bocón, no volverá a pasar. – respondió molestó el pelinegro. – Veo que ya nadie puede entrenar tranquilo. ¡Estúpidas reglas! – maldijo mientras caminaba hacia la salida del ruedo muy molesto.

—No te quieras pasar de listo muchacho. – regañó el mentor a Patán. – las reglas son las que nos mantienen vivos. – siguió hablando con seriedad. Patán si se merecía una llamada de atención, pues era muy rebelde.

—Justo a eso me refiero, reglas, reglas y más reglas… No te casas de vivir así. – dijo El pelinegro reprochando a su mentor.

Bocón se quedó muy decepcionado, cómo era posible que sus alumnos hablen de esa manera. Bocón sabía sobre lo difícil que era instruir a Patán, por qué… el Jorgenson es muy creído y arrogante.

—No es lo que me guste o lo que te gusta, las reglas existen por una razón. – explicó el mentor, sin embargo Patán ponía sus caras de reprocho. – déjame darte un ejemplo claro; ¿ crees que podemos ser amigos de los dragones? – preguntó el mentor mirando a Patán que se quedó callado.

—¡Claro que no? Cómo crees… eso sería la peor burrada que uno haría. – exclamó el pelinegro muy alterado.

—Vez, a eso quiero llegar, la normas nos protegen. – volvió a decir Bocón tratando de hacer entrar en razón al pelinegro sobre las reglas impuestas por Estoico.

Patán pensó un momento, las palabras de su mentor si tenían sentido. Sin embargo no fue suficiente para convencer al vikingo sobre su ideología.

—Solo en algunos casos, aún así no me convences – respondió cortante el pelinegro. Por Thor… qué había que hacer para que entre en razón. – Y te diré algo, cuando "yo" sea el jefe…todas las estúpidas reglas se pueden ir al diablo. – terminó de decir Patán, para luego retirarse del lugar dejando a un Bocón sorprendido y a la vez confundido. ¿Qué no estaba consiente que nunca podrá ser jefe?.

....

En un lugar muy pero muy alejado de la arena, podían escucharse muecas de dolor. Pues en ese lugar 2 jóvenes vikingos experimentaban con el furia nocturna.

—Un intento más – decía el castaño, con una apariencia muy lastimada, tenía rasguños y golpes por todo su cuerpo, su ropa estaba sucia y rasgada.

—No Hipo, ya basta, creo que por hoy fue suficiente. – comentó el rubio preocupado por su amigo al verlo en tal estado.

—No Patapez, no hay tiempo. Debo lograrlo a como de lugar. – dijo firme el castaño para luego subirse en el lomo escamoso del furia nocturna.

—Pero estás muy…

—Eso es lo de menos, tenemos que lograrlo. – dijo muy seguro el castaño mientras se elevaba hacia arriba por milésima vez.

Hipo y Chimuelo estaban intentado volar por casi una hora, sin éxito alguno por la inexperiencia del castaño. Cada vez se estrellan con algo, o peor aún se soltaban el uno al otro. Sin embargo, con los muchos intentos que realizaban fueron progresando y mejorando poco a poco.

En este intento Hipo abrió la cola con el mecanismo del pie, Chimuelo reguló bien su cuerpo. Todo parecía ir de maravilla, pero Hipo voló más y más alto alejándose de Berk. La sensación que sentía fue… estupenda. Aquí era donde las cosas se complicaba más, Hipo no tenía equilibrio, cada vez que Chimuelo se balanceaba, Hipo caía.

Mientras se elevaban más y más, Hipo fue perdiendo el equilibrio, Chimuelo optó bajar nuevo para que la caída que estaba por suceder no fuera tan rápida y así le dé tiempo de salvar a su vikingo amigo.

Chimuelo cambio su dirección hacia abajo, mas fue interrumpido por su amigo, quién lo jaló de su cuello y lo dirigió hacia el frente nuevamente. Chimuelo no pudo poner resistencia por la soga anclada a su ancho cuello.

Hipo estaba por caer del lomo de Chimuelo, sin embargo, con los muchos intentos fallidos de hace unos momentos, sí aprendió algo y le sirvió para mejorar. Esta vez se tuvo mucha fe así mismo y partió hacia adelante elevándose mucho más.

Nada ahí abajo se comparaba con aquel viento tan cortante que soplaba en lo alto. Hipo se fue alejando de Berk sin tener rumbo alguno, solo quería seguir disfrutando de aquella sensación bella y excitante. Sintió eso que ningún otro vikingo de Berk tenía, "libertad " y estaba dispuesto a dejarlo todo por eso. Ya no le importaba nada, sus pensamientos solo se centraban en disfrutar aquel vuelo. Por un momento pensó en dejar todo, y cuando digo todo es todo, su hogar, su familia, su amigo, su boda… Pronto se le revolvió el estómago al recordar aquella boda, aquella chica…

—No puedo dejar a Astrid, no puedo. Hay algo que no me deja, sé que ella fue muy cruel conmigo pero… No sé, tal vez nuestra boda…¡NUESTRA BODA! – recordó el castaño, su deber que aún debía cumplir con su suegra y nuera era lo que llegó a la mente del castaño.

Chimuelo estaba empezando a entender el lenguaje de los vikingos, pasar tanto tiempo con aquel castaño sí le trajo algunos beneficios. Y al escuchar lo que su humano decía, solo suspiraba.

—Chimuelo tenemos que ir por las decoraciones… - le comentó Hipo a su dragón. Chimuelo solo asintió, el dragón estaba dispuesto a hacer todo por el hombre que le dio la oportunidad de volar nuevamente. – Bien amigo, la madre de Astrid me dijo que los barcos de los mercaderes estaban al sur, en una isla lejana. No perdamos tiempo, ¡Vamos allá! – partiendo a toda velocidad sobrevolando las nubes.

....

—Dónde está, maldición… sabía que esta era una mala idea. – se decía el rubio muy preocupado moviéndose de un lado a otro. – tal vez deba pedir ayuda. Sí, eso debo hacer. – habló al aire para luego salir corriendo hacia la salida pero… - No, no, no… no puedo hacerle esto a Chimuelo. Si les cuento a los demás, seguramente lo matarían sin piedad. – se espantó el rubio al darse cuenta verdaderamente lo que estaba por hacer.

A pesar de sus preocupaciones, el rubio decidió esperar y confiar en su amigo vikingo y su amigo dragón. Se dedicó a mirar el cielo, el cual estaba apunto de tornarse de un azul oscuro, pues el sol ya estaba perdiéndose en el mar congelado.

....

Hipo volaba buscando aquel lugar donde los mercaderes arribaron sus barcos. Pero no había nada, no había rastros de una sola isla, solo se veía grandes masas de agua. Ya estaba perdiendo la paciencia, ver agua y nada más lo desesperaba, y mucho.

Alejándose un poco de las islas que rodeaban Berk, el mar ya no se hallaba congelado, si habían obstáculos de hielo, pero nada grande.

Buscaba y buscaba pero nada, ningún rastro de la famosa isla. No solo cruzó por su mente sino que estaba apunto de abandonar la misión e irse a casa. Para desahogarse gritó al aire, Chimuelo lo miró muy triste.

Cuando toda esperanza era nula, Chimuelo activó un tipo de ultrasonido púrpura. Hipo se quedó sorprendido con la acción, y las sorpresas no acababan, pues Chimuelo voló por su cuenta, Hipo lo dejó dirigir, confiaba en Chimuelo como no lo hacía en nadie. Al cabo de unos minutos llegaron a aquella isla que habían buscado tanto. Hipo quedó con los ojos súper abiertos y una inmensa alegría le entró de repente.

-¡Llegamos! ¡Llegamos! – festejaba Hipo agitando sus brazos hacia arriba. – Lo conseguimos Chimuelo ¡Ahora quién es el pescado parlanchín! – gritaba al aire para desahogarse en modo de festejo.

La alegría de aquel castaño era inimaginable, se veía tan emocionado. Por fin uno de sus planes funcionó, y este era el mejor que a tenido. Sin embargo recordó que la misión aún no estaba cumplida y estaba dispuesto a completarla.

Era evidentemente que ambos habían llegado, pues casi completa estaba rodeada por muchísimos barcos. Y no todos los grandes barcos eran de mercaderes, otros tenían modelos que nunca antes se habían visualizado en tierras vikingas.

—Chimuelo desciende – ordenó firme el castaño, Chimuelo obedeció bajando a un lugar con bastantes árboles.

La isla estaba rodeada por decenas de barcos, y obviamente estaba habitada por los mismos dueños de estas. Era como una especie de refugio o un lugar donde puedan abastecerse de sus necesidades. No había casas en la isla, pero si un gran campamento. Más a la derecha se veía un gran mercado. Los mercaderes estaban usando esta isla temporalmente, hasta que pase la helada, ya que la isla era como una especie de centro entre todas las islas a su alrededor, facilitándoles su abastecimiento de mercancía para poder vender en las demás islas.

Hipo ocultó a Chimuelo en una caverna asegurándose que nadie lo viera, la noche estaba por llegar y debía apurarse. Así que sin más, tomó la lista de materiales y emprendió viaje a aquel campamento. No tardó mucho en llegar y se sorprendió al ver la cantidad de gente que yacía en el lugar. Eran altas horas, incluso estaba por anochecer y muchas personas hacían sus compras.

El campamento era como una especie de mercado, un mercado gigantesco. Había puestos de venta por todo lado, con mercaderes que jamás había visto en su vida. Todo el sector estaba iluminado con diferentes colores de fuego. Los pasajes decorados con toda clase de flores hermosas. Si que estos mercaderes se asentaron bien. Y lo más interesante, mucha pero mucha gente. Las personas no eran solo vikingas, muchos en gran parte provenían de diferentes tribus no vikingas. La vestimenta de la gente era variada, unos vestía con largas túnicas, otros con armaduras sumamente pesadas.

Hipo no podía creer lo que veían sus ojos, tanta alegría y festejo, nunca antes había visto algo así. El castaño iba caminando con una gran sonrisa. No solo había puestos de venta, también bailaban y bebían a todo dar. El ambiente era bastante alegre.

Hipo se acercó a un puesto de venta de flores, la variedad que ofrecía el mercader era inmensa. Nunca antes vio tanta hermosura en una flor, excepto a Astrid, pensó. La lista que poseía indicaba solo unos pocos tipos de flor. El castaño estaba dispuesto a llevarse todo el puesto, pues el dinero no era un problema para el hijo del jefe. Las flores que pidió su suegra eran muy comunes, así que decidió comprar las más hermosas y llevando también semillas para plantarlas.

—Fue un gusto hacer negocios contigo muchacho. – dijo el mercader amablemente.

—Si fue un gusto. – respondió el castaño. – "Ahora a las telas " – pensó el castaño.

Mientras caminaba por el inmenso mercado se fijó en un hermoso collar de perlas brillantes. Sin esperar fue a preguntar su precio, si era muy elevado pero valía la pena. El castaño pensaba en regalárselo a su rubia y futura esposa. A pesar de gran precio del collar Hipo lo compró. Aquellas perlas de diamante le recordaba a esos hermosos ojos azules que poseía Astrid.

—La mujer que lo reciba debe ser muy afortunada. – le comentó el mercader a Hipo.

—Mas bien yo soy el afortunado. – respondió el castaño muy feliz.

—Jóvenes como tú hay pocos muchacho, no miento al decirte que vales mucho y espero tu novia lo sepa. – dijo el mercader, tal vez lo dijo por ser amable y vender sus productos, o, hablaba enserio.

—Gracias – agradeció el castaño retirándose del lugar muy alegre.

Ahora sí, Hipo se fue directo a las telas. Cuando llegó a un puesto de venta, compró las telas que Hely pedía, no hubo mucha controversia como con las flores, pues a pesar de tener gran variedad de telas no se diferenciaban mucho.

—Gracias por comprar muchacho. – dijo el mercader.

—Disculpe, también busco una tela sumamente dura. – dijo Hipo recordando la cola improvisada de Chimuelo.

—Por el invierno he. – dijo el mercader sacando una tela muy gruesa.

—No, esa tela es muy gruesa y perjudicaría al vue… - se detuvo al darse cuenta que estaba apunto de contar su más grande secreto.

—Qué pasa joven. Se siente bien. – preguntó el mercader confundido por su cliente.

—No es nada, no se preocupe. Creo que mejor ya me…

—Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras. – interrumpió un joven haciéndose presente en el lugar.

El joven tenía una edad parecida a la de Hipo, era de la misma estatura del castaño, pequeño, pelirrojo y rizado, era delgado igual que Hipo. Su cabello era rojizo y tenía ojos azules. Vestía con una chaqueta entallada con mangas largas de color negro con unos pantalones ajustados de color negro. A pesar de ser delgado como Hipo se notaba sus músculos en sus brazos y piernas, estaba en muy buena forma física. Lo más interesante fue aquel arco gigante resguardado en su espalda. El joven parecía ser un cazador.

Hipo lo miró asustado al oír "secreto ". ¿Acaso aquél joven descubrió su secreto?, probablemente no, pero el castaño es muy precavido y nunca se tomaba nada a la ligera.

—Hola, cómo estás. – preguntó el joven, no parecía vikingo a pesar de tener su piel blanca y ojos azules.

—Bien… – respondió extrañado el castaño. Primero le dijo una frase que no tenía sentido, o tal vez metafórico sí, cosa que el castaño se dio cuenta y por esa razón no confiaba en aquel muchacho.

—¿Bien? Me alegra mucho. – dijo con un tono muy extraño. – haciendo compras para la casa…

—No, yo solo compraba telas para… mmm… mi pueblo, sí, mi pueblo necesita tela por esta terrible helada. – dijo nervioso Hipo inventando algo rápido y dejar el tema de lado.

—¿Tu pueblo? – respondió el joven poniendo una cara de, a mi no me engañas.

—Sí – dijo el castaño nervioso con esa sonrisa tonta que lo delata.

—A quién presta su frazada, le toca aguantar la helada. – le comentó el joven a Hipo con aquella extraña sonrisa.

—Pues sí, pero todo por mi pueblo, ¿no?. – decía Hipo, quería dejar el tema de lado pero este joven parecía no dejarlo ir.

—Es difícil dirigir la caballería si piensas que te ves gracioso montando a caballo. – comentó el pelirrojo aún con esa extraña sonrisa.

Este último comentario dejó más paranoico por dentro al castaño, cada vez estaba más seguro que debía salir de aquel lugar y rápido. Aquel joven parecía ser amable, sin embargo también presentaba malicia en aquel tono de voz poético y su sonrisa maléfica.

—A qué… te refieres. – dijo Hipo tratando de fingir que no entendió la referencia del joven.

El pelirrojo respiraba fuerte y lentamente y dibujo nuevamente esa sonrisa en sus labios antes de responder…

—Estoy seguro que tú me entiendes mejor que nadie. – respondió el pelirrojo mirándolo con aquellos ojos azules tan grandes.

El castaño tragó duro que casi se atraganta con su propia saliva.

—No tienes por qué mírame así, solo son tonterías mías, jaja. – dijo el pelirrojo con ese tono agudo.

—Sí, sí claro, no te preocupes. – respondió Hipo tranquilizándose un poco. Sin embargo… –Bueno, lo mejor será que yo me baya… —decía el castaño mientras retiraba su pierna izquierda para apartarse pero un papel cayó de su mochila.

El joven vio inmediatamente aquella hoja de papel que yacía ante sus pies. Hipo también se dio cuenta y no hizo nada más que mirar paralizado al reconocer el contenido de aquella hoja.

—Qué es esto – preguntó el joven levantando el papel mientras lo observaba con atención.

—Eso...es un prototipo para…

—Volar – completó el joven al castaño.

—Sí, así es. Cómo lo sabes – preguntó confundido el castaño, pues aquel dibujo era creación de Patapez y solo un genio podría entender aquellos cálculos y números anotados en la hoja.

—Creo que no hay que ser tan inteligente para verlo. – respondió el pelirrojo.

—Ohh, entiendo. Sé que es una tontería, me refiero a que….quién creería que un humano puede volar. – comentó el castaño, acababa de salir del otro tema sobre la tela y ahora se enredó en otro aún más peligroso.

—Solo las mentes pequeñas creerían que es imposible. – respondió el pelirrojo.

—Enserio crees eso. – dijo con una pizca de sorpresa.

—Claro, y supongo que para eso deseabas las tela. – dijo el pelirrojo casi acertado con sus suposición.

Hipo no confiaba para nada en aquel sujeto, pero si la única forma de salir de ahí era responder a aquel muchacho con su mirada intimidante, pues entonces los haría. Hipo suspiro antes de hablar con la verdad, bueno con casi toda.

—Sí, era para eso. – respondió el castaño más confiado y calmado.

—Si ese es el caso, yo usaría metal en vez de tela, aunque consigas una tela de gran soporte igual se puede hacer trizas si estás en tormentas o corrientes de vientos. – habló el pelirrojo dejando a Hipo muy sorprendido por aquellas sugerencias.

—Veo que sabes mucho sobre el tema, ¿has construido ya uno…? –preguntó curioso el castaño, lo más obvio sería que sí construyó uno, parecía tener gran conocimiento en el área.

—No, la verdad no. Es la primera vez que veo algo así. – respondió el pelirrojo con sinceridad. El joven sí era muy inteligente.

—Bien, pues muchas gracias por su sugerencia…

—Varok – completó aquel joven revelándole su nombre.

—Gracias Varok y espero te baya bien. – se dependía el castaño estrechando su mano poniendo aquella sonrisa tonta y divertida.

—Sabes, en muchas partes me conocen como pastor. – decía el pelirrojo mientras apretaba la mano de Hipo con fuerza, el castaño no hizo más que aguantar. – y un buen pastor se queda detrás de sus ovejas preferidas. – terminó de decir, soltando a Hipo y retirándose del lugar.

El castaño pensaba en cada palabra de aquel joven misterios, pero ya no tenían mucho tiempo pues el sol se había ocultado por completo dejando un cielo totalmente de azul marino con estrellas brillantes. Entonces prosiguió comprando las demás cosas de la lista. Le tomó algo más de tiempo, pues caminaba con mucha precaución para no toparse nuevamente con aquel joven. Una vez que terminó de hacer las comprar soltó un largo suspiro.

Ya se iba dirigiendo al bosque para encontrase y retirarse con Chimuelo a Berk, aunque no quería dejar aún el lugar, pero la necesidad lo obligó. De pronto vio un puesto de metal, entonces recordó las palabras de Varok, se acercó al lugar a preguntar, y efectivamente existía un metal delgado como hoja y no era tan pesado, así que no perjudicaría con el vuelo.

Hipo le pidió al mercader decirle el tipo de metal que era y cómo lo fundia. El mercader todo amable respondió todas sus dudas y así Hipo se fue de aquel lugar con más conocimiento como herrero. Ahora iba a poder construirle una cola mejor a Chimuelo con metal puro, el metal que se necesitaba no era muy difícil de conseguir, es más, ese metal existía en Berk.

Con muchas cosas en mano, Hipo se fue precavido al bosque. Antes de adentrarse a aquellos árboles alejados del campamento, se fijó de un lado a otro para revisar que nadie lo hay visto o seguido. Seguro de estar solo, se adentró hacia aquel verde ambiente. El bosque era muy oscuro de noche, mas no para el castaño quien vivía y respiraba el aire de bosque en Berk.

No demoró mucho en hallar la caverna donde se alojaba la bestia más temida, Hipo entró de inmediato por lo apresurado que estaba, el dragón dormía pero despertó y solo rugió saludando a su amigo. El castaño cargó todas las cosas que traía en Chimuelo y partió hacia las estrellas.

Volando por ese azulado cielo Hipo se sentía tan bien, cada vez que volaba sentía libertad. Esa libertad que nunca tuvo en su pueblo, o más bien, que nunca se la dieron. Los aldeanos eran cada vez más cruel es con el joven ocasionando que Hipo no fuese o no quisiese caminar por la aldea temiendo a los insultos de la gente.

—Sube más, más, más…–ordenaba Hipo a su dragón quien aleteaba sus alas con más intensidad para elevarse más arriba. Hasta que llegó a un campo de estrellas, así es, podía ver claramente las estrellas. Todo parecía estar cubierto de humo de diferentes colores, y con estrellas más resplandecientes que la luna, mas no se quedó atrás, la luna se encontraba en su clímax. El castaño pensó estar en el mismo Valhalla.

Hipo se tiró de espaldas para echarse el lomo del dragón, Chimuelo mismo disfrutaba el cósmico campo. Ninguno de los dos había visto algo así en su vida, Chimuelo siempre estaba cazando y matando, así que ni tenía tiempo para disfrutar de su vida. Hipo simplemente no podía volar.

Volaron por las estrellas por un par de minutos, después bajaron y retomaron su rumbo a Berk. La misión estaba cumplida, se diría que ese día fue el mejor día de Hipo en toda su vida.

Llegando a Berk, aterrizó en la cala de siempre, la oscuridad de la noche pudo camuflarlo para no ser visto por ningún aldeano de Berk.

—Dónde estará Patapez. – se preguntó el castaño, su amigo no se hallaba ahí, claro que era lo más obvio, Hipo tardó horas en regresar.

Hipo dejó a Chimuelo descansar, había sido un día largo de golpes, sin embargo ambos amigos se encontraban satisfechos. Hipo al fin pudo ver y sentir qué era ser un dragón, Chimuelo logró volver a los aires a volar. Una cosa era evidente, ahora ambos se necesitan el uno al otro.

El castaño se retiró de la cala rumbo a su casa. Pensó en ir con Patapez para contarle toda su experiencia que vivió con Chimuelo, mas no pudo por el miedo a sus padres de su amigo. Al igual que toda la aldea, los padres de Patapez miraban a Hipo como una completa decepción.

Cuándo por fin llegó a su casa, puso las compras en la mesa de madera, así mañana no se le olvidaría entregarlas a su futura nuera. Todos sabemos lo de distraído que es Hipo y no sería de esperarse una sorpresa con las compras.

Antes de ir a la cama se quitó su morral y lo tiró al piso por lo cansado que se encontraba, sin embargo, la mochila al impactar contra los tablones de madera escuchó algo dentro la mochila. La levantó del piso y abrió aquel botón para ver el contenido del morral. Se trataba del collar de diamantes que compró para su prometida, al verlo podía imaginarse a la misma Astrid, pensó en sus hermosos ojos azulados.

Finalmente se llevó el collar a su cuarto para colgarlo en su cama. Se cambió de ropa y se lanzó a sus suaves sábanas para descansar su cuerpo.

—Hoy ha sido un día estupendo – pensó el castaño antes de caer en un profundo sueño.

La cola al fin estaba terminada, la relación con Astrid parecía estar mejorando, la misión estaba cumplida. La vida de Hipo parecía mejorar. Esperemos que el día siguiente sea igual de bueno para el castaño.

LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SON DE DREAMWORKS

Antes de terminar la semana, lo logré. Una cosa, no creo subir 2 capítulos como es de costumbre. Estoy entrando en exámenes y subiré solo un capítulo.Ahora díganme, ¿les gustó?

Pequeños spoilers...

Desde ahora habrá incorporación de nuevos personajes, como lo es "Varok".Varok, es un personaje que verán mucho, supongo que ya se dieron cuenta. Quiero que vean la actitud de este personaje como yo la imagino. Varok es un personaje muy filosófico e inteligente, incluso más que Hipo y Patapez juntos. Irán conociendo su historia y verdaderas intenciones en los siguientes capítulos.

Déjeme sus comentarios y sugerencias, qué les gustaría ver próximamente...

Ahora los dejo con los comentarios del capítulo anterior.

DjGuilox-018: Hola, eso mismo busqué en estos capítulos, alejar un poco el tema hiccstrid, sé que es el tema central pero había que darles un tiempito. Patapez si es muy obsesivo con los dragones, lo vimos en las películas y las series.Sobre su distanciamiento, gracias por tu sugerencia y la tomaré en cuenta; me gustaría que me dijeras las chicas que tienes en mente, ya que los celos vendrán cuando Hipo resalte en el entrenamiento. Cuéntame, qué te pareció el capítulo.

Scorpionxs: Claro que no será Brutilda, siento que si Astrid de verdad va estar celosa debe ser alguien que le ponga pelea en todo aspecto. No creo poder agregar a Heather, tengo un futuro diferente para ella jeje. Lo más probable es que cree otro personaje para este papel. Cuéntame, qué te pareció el capítulo.

El loco nocturno: Eso mismo quería mostrar, el pánico y demás emociones que sintió. Y tranquilo que los celos ya están cerca. Cuéntame, qué te pareció el capítulo.

Solo yo xd: Seguiré, esta semana no subiré 2 capítulos sino uno. Cuéntame, qué te pareció el capítulo.

duran-sergio : El Hiccstrid volverá en el siguiente capítulo, aunque no te aseguro que será de buena manera. Sobre otro ship...mmm dime tú, qué ship te gustaría ver. Cuéntame, qué te pareció el capítulo.