¡Hola chicas! Les traigo un súper capítulo el día de hoy. Es el más largo que he escrito. Antes que nada les agradezco por su apoyo y sus hermosos comentarios. A todas nos partió el corazón el capítulo anterior,eso es solo la punta del iceberg, nuestro Sexymaru tiene mucho que contarnos. Pero eso no será hoy.
Este capítulo es una ventana al pasado. Para evitar confusiones les explicaré: cada escena sucede en una noche distinta. Es decir, lo que se narra en este capítulo sucedió en diferentes sueños. Si ya se que suena confuso, pero se irá aclarando poco a poco. Para tener una idea y no perdernos en la línea de tiempo, es prácticamente un sueño semanal. Luego entenderán porqué. ;)
Las letras cursivas narra lo que pasa con Rin que es paralelo a la historia.
Advertencia
El contenido de es para mayores de edad. No recomendado para personas con criterio sensible. Si a usted le disgusta la lectura con insinuación de filias sexuales favor de evitar la lectura.
No me hago responsable de los castigos o penas capitales derivadas de la lectura de este capítulo
Ninguno de los personajes me pertenece. Sus derechos son de R.T. yo solo los utilizo sin fines de lucro. La historia es mía.
¡ADVERTENCIA!
EL CONTENIDO DEL SIGUIENTE CAPÍTULO CONTIENE VIOLENCIA, SEXO NO CONSENTIDO, LENGUAJE VULGAR Y EXPLÍCITO.
NO ES APTO PARA PERSONAS CON CRITERIO SUSCEPTIBLE.
SE RECOMIENDA DISCRECIÓN.
EVÍTESE LA PENA DE LEER ALGO PERTURBADOR.
Sin otro particular, disfruten
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The Howling by BloodyP
Capítulo 8: Memorias de la noche I. Luna creciente.
….
Rin deambulaba por la bruma onírica. El cordón atado en su mano izquierda la guiaba por senderos inescrutables. Parpadeó lentamente sin ser consciente del todo. Miró a su alrededor notando como de un momento a otro pinceladas de colores comenzaban a formar diversos matices en la niebla. Giró el rostro cuando un fuerte resplandor la cegó momentáneamente. Abrió los ojos poco a poco acostumbrándose a la luminosidad.
Altos árboles crecían majestuosos en la ladera de la montaña. Un imponente cumbre coronaba el paisaje que se presentaba ante Rin. Con los ojos castaños observó una fogata en medio de lo que podía nombrar como una especie de campamento. Por lo menos quince personas bordeaban la circunferencia de una improvisada arena de batalla. Vestidos con ropa de piel de animal que cubrían lo indispensable, hombres y mujeres de distintas edades contemplaban en absoluto silencio el feroz combate que se llevaba a cabo.
En el centro del claro una pareja estaba inmersa en un duro enfrentamiento. Ambos jóvenes apenas pasaban la veintena. La jovialidad y temerario arrojo en sus movimientos delataban su sed por recorrer el mundo.
Rin se sorprendió desde su sueño, ambos eran las personas más bellas que había conocido nunca.
El joven era alto y fornido. El cabello de un inusual color gris cenizo se mecía con sus movimientos desde la coleta alta. Llevaba un pantalón hecho con pieles marrón de algún animal y una camisa ceñida sin mangas con un hombro descubierto. Un par de muñequeras de cuero del mismo color de las pardas botas. Su piel presumía un color bronceado trigueño, con los músculos de los brazos definidos. Sostenía entre sus grandes manos un Bokken¹ analizando a su contrincante. En su mirada ambarina podía notarse el deleite.
La joven frente a él era sencillamente hermosa. Era alta y esbelta, con las forma llenas y abundantes. Su largo cabello platinado estaba atado en un par de colas altas dándole un aspecto más joven e infantil que contrastaba con su formado cuerpo. El flequillo cubría la marca de luna creciente de su frente enmarcando su piel blanca. Sus ojos dorados y brillantes igual que el oro amarillo, medían a su rival en busca de puntos débiles. Sus delicadas manos sostenían su Gun¹ con firmeza. Sus labios delgados y sensuales se apretaban con enojo mientras trataba de regular su respiración. El top de cuero que usaba se agitaba hacia arriba al compás de su respiración, hundiendo su esternón con cada inhalación profunda. El short corto descubre sus piernas largas y torneadas evidenciando diversos cardenales en todo lo largo del fémur.
El viento sopló con su helado aliento rompiendo la tensión entre los contrincantes. Un madero seco crujió bajo las llamas incandescentes indicando con su estallido el inicio de un nuevo intervalo de combate.
La joven frunció el ceño y afirmó su agarre. Tomó impulso emitiendo un grito de batalla y se abalanzó sobre su contrincante con el arma en posición vertical. Su cuerpo delgado y ágil le otorgaba una velocidad sorprendente a la hora de hacer giros y esquivar ataques.
El joven sonrió complacido cuando la vio acercarse. Inclinó su cuerpo hacia atrás preparándose para amortiguar el golpe. Entrecerró los ojos levemente sorprendido cuando al bloquear el ataque la madera de su bokken vibró contra su palma por la fuerza del impacto. Pero lejos de asustarlo, solo incrementó la excitación que siempre lo poseía en medio del calor de la batalla. Aguantaba la presión de las armas que lo empujaban hacia abajo. La joven sonreía confiada por su certera estocada, pero él era mejor. Cambió el peso de su cuerpo a la pierna trasera girando sobre su pie pivote con un ágil movimiento desestabilizando el equilibrio de su contrincante. Aprovechó ese instante de confusión para contraatacar con una estocada dirigida a la espalda femenina.
La joven impulsó su cuerpo con la energía cinética que obtuvo al perder su equilibrio y se impulsó hacia arriba en un salto mortal por encima del guerrero evitando el certero golpe por apenas una milésima de segundo. Cuando sus manos tocaron el suelo, empujó su cuerpo hacia atrás ejecutando a la perfección tres volteretas para amortiguar su caída. Se incorporó agitada y sumamente sorprendida. Logró esquivar el golpe gracias a sus agudos sentidos. Sonrió soberbia ajustando su Gun en posición de ataque. No volvería a subestimar a ese sujeto.
El joven peliplata afirmó su bokken y corrió al encuentro de su rival, era su turno para ser preciso.
Una serie de rápidos y fuertes golpes se abalanzaron como una lluvia interminable de impactos sobre la madera de las armas. Pero ninguno hería del todo al rival. Ambos poseían una agilidad sublime, la elegancia en sus movimientos era palpable. Juntos ejecutaban una danza de guerra eximía. Se separaron agitados sin lograr del todo su objetivo, midiéndose con la mirada produciendo un cortocircuito sin poder salir de la sorpresa.
En los ojos del trigueño brillaba el asombro. Nunca creyó que existiera una mujer capaz de seguirle el ritmo en la lucha ni mucho menos que fuera lo suficientemente hábil para propinarle un golpe. Recorrió con su mirada ambarina la silueta menuda y llena que respiraba agitada y sonrió sintiendo como se encendía en él una intensa chispa de deseo.
La joven ofuscada sostenía su arma. Jamás se había enfrentado a un sujeto tan fuerte. Todos los hombres del clan del Norte, al que pertenecía, a pesar de ser poderosos no eran capaces de conectarle un par de golpes certeros. La habilidad nata con la que nació le conferían un genio artístico para la batalla. Nunca ha sido derrotada en un combate, su invicta racha infunde un respeto solemne entre la gente de su clan extendiéndose más allá de su territorio. Pero ahora estaba siendo humillada por un extranjero que se burlaba de ella. ¿Quién se creía que era ese imbécil para jugar con ella de esa forma? ¿Qué creía que era, una tierna gatita? Para ella era obvio que no estaba usando toda su fuerza y medía sus golpes, que aunque no eran suaves, no tenían la más mínima intención de lastimarla. Frunció los labios y arrugó el entrecejo indignada. Le enseñaría a ese perdedor a no burlarse de ella.
-¡Aaarrghhh!-
El enojo la impulsó a correr con una velocidad impresionante. En su nívea piel unas marcas púrpura aparecieron de la nada alrededor de sus muñecas, sus muslos y sus pómulos. Su cuerpo suave se endureció adquiriendo un tinte lechoso y pétreo denotando su furia. Los espectadores retrocedieron asustados, jamás la habían visto desplegar su poder de esa manera, ella que se caracterizaba por su indiferencia y su frialdad en la batalla, ardía como una energúmena sedienta de sangre.
Ese pobre diablo estaba muerto.
El joven sonrió fascinado. Esa mujer era dinamita pura. Envainó su bokken en el cinturón como si se tratara de una katana de verdad. Giró su cuerpo a la izquierda tomando la posición de battou¹ agazapándose en espera de su rival, moviendo sutilmente los dedos de la mano derecha cerca del mango. Esa gatita arisca aprenderá la lección número uno de la guerra: jamás ataques cegado por una emoción.
La distancia se acortó y la joven saltó dejando caer su arma con una fuerza asombrosa. Le arrancaría la cabeza a ese cretino miserable. Pero sus ojos se entrecerraron cuando un relámpago fugaz la cegó y de un momento a otro estaba en el suelo desarmada. Respiraba agitadamente con los ojos abiertos de par en par sin terminar de entender. ¿Qué diablos había sucedido?
El Gun cayó unos metros más allá partido a la mitad a causa del impacto. El guerrero estaba parado frente a ella apoyando su arma en medio del espacio de las piernas descubiertas. La miraba hacia abajo divertido por la expresión perturbada que lucía su bello rostro ante la súbita derrota, disimulando lo mejor que podía con una sonrisa burlona el dolor intenso en su muñeca derecha. A pesar de su técnica infalible, la guerrera había logrado herirlo.
-Creo que perdiste.-
La joven abría y cerraba la boca sin lograr entender. Lo fulminó con la mirada apretando los labios y los puños cuando el extranjero le extendió la mano derecha con la intención de ayudarla a levantarse en un gesto caballeroso. La peliplata se puso de pie con violencia dejándolo con la mano extendida. Ese maldito egocéntrico no se reirá de ella de nuevo. Levantó el rostro con insolente descaro enfrentando al apuesto hombre que le llevaba un poco más de una cabeza. Apretaba los dientes con los ojos centelleantes de frustración cuando el guerrero sonrió de lado regalandole una perfecta sonrisa
Él la miraba maravillado. Reparando en cada forma de la curvilínea figura con insolente descaro en compensación por todos los golpes que recibió en todo el cuerpo durante el combate. Sencillamente era hermosa, su piel blanca y tersa le figuraba tan suave que moría por tocar con la yema de sus dedos cada rincón de piel nívea. El largo cabello platinado desprendía un hipnótico aroma de frutos silvestres. Sus ojos eran tan fríos como el metal del que estaban hechos. Su aspecto había vuelto a la normalidad luego de desarmarla, pero apenas ahora reparaba en la curiosa marca que portaba en la frente. Sonrió irónico, no podía describirla mejor, ella relucía como la luna: lejana y fría, peligrosa y mortal.
-Fue un buen combate-
-¡Hmm!-
La joven giró sobre sus talones con fuerza indignada y afectada ante la cercanía del extranjero. Con su largo cabello abofeteó el rostro del guerrero cuando sus coletas volaron por los aires y se marchó de ahí contoneando las caderas con la cabeza levantada con superioridad, perdiéndose al poco tiempo en la espesura del bosque.
El joven se acarició la mejilla agraviada con una sonrisa de incredulidad. Esa si era una mujer con temperamento. Observó el sendero por donde la vio marcharse con sus ojos de cazador.
-¡Hey Tōga!-
El aludido se mordió el labio inferior ansioso. Una llama se había encendido en su pecho, su cuerpo entero se estremecía ante el apasionante desafío sintiendo un calor acumularse en su entrepierna. Se prometió que no descansaría hasta aplacar ese insaciable deseo que la gatita salvaje había sembrado en él.
El público permanecía en un incrédulo silencio. Ninguno de los presentes esperaba que su joven lideresa perdiera el combate ante el extranjero. Nunca antes había sucedido. No existía en el territorio del norte hombre o mujer capaz de hacerle frente, pero ese extraño había llegado de muy lejos aceptado el desafío y había salido victorioso sin siquiera usar toda su fuerza. Todos lo miraban boquiabiertos sin salir del estupor. Era sencillamente un hombre increíble.
-¡Hey Tōga! ¡Despierta Animal!-
-No me molestes Myoga. ¿Qué quieres?-
El joven Myoga, diez años mayor que el peligris, cruzó los brazos disgustado,elevando una ceja con reproche. Él desde un principio no estuvo de acuerdo con esa tonta idea de ir retando a los líderes más fuertes. Ahora el ambiente que los rodeaba era silencioso pero en cualquier momento podían tornarse violento. Ese clan en particular se caracterizaba por su comportamiento impredecible.
-¿Terminaste de jugar?-
-Aún no. Esa mujer tiene que ser mía.-
El joven castaño abrió los ojos sorprendido. Frunció el ceño de inmediato y se acercó a su amigo tomándolo con fuerza del brazo. Miró a su alrededor antes de susurrarle severo.
-¡¿Estás demente?! Creo que tanto golpe te afectó el cerebro. Ella está fuera de tu liga.-
-¿Por qué? Es la mujer que estaba buscando. Es perfecta-
-Estás loco. Esa fiera te capará antes que permitir que le pongas una mano encima. Y si estos trogloditas te escuchaba hablar así de su líder nos harán picadillo.-
-Eso lo veremos.-
El hombre movía la muñeca herida con movimientos circulares. Tenía la mirada fija en la dirección que la joven tomó antes de desaparecer en el bosque. Estaba seguro que volvería a verla y ya deseaba con ansias ese encuentro.
…
Rin observó cómo todo a su alrededor se deshacía como trozos de papel. El cordón brilló con fuerza y ella continuó su camino. Todo pasaba frente a sus ojos como las páginas de un libro. Se detuvo cuando el escenario cobró vida y movilidad. Sumida en el trance, contempló el color oscuro de las aguas del lago.
La luna llena brillaba con su gloria y majestad esa noche. Sumergido a pocos metros de la orilla, el joven guerrero de la visión anterior tomaba un baño bajo la luz de las estrellas. Estaba solo. El largo cabello húmedo estaba suelto sobre su espalda flotando en la superficie del agua.
Rin volvió el rostro notando como junto a ella estaba la hermosa joven de cabello plateado. Mirando con un mohín los movimientos del peligris. Parpadeó sorprendida observando la manera en la que la joven se acercó altiva a la orilla del lago.
-¡Hey! Estaba buscándote.-
El hombre sonrió satisfecho desde su posición cuando escuchó la dulce voz de su presa. Llevaba poco más de tres meses sin saber de ella luego de aquel combate, era sumamente reconfortante percibir su embriagante fragancia acariciando sus sentidos. Lamentó que el viento soplara en su contra y no le permitiera disfrutar de ese delicioso aroma a frutos silvestres que despedía ese sedoso cabello.
-Buenas noches, ¿Qué puedo hacer por ti?-
-¿No piensas girarte? Es de mala educación dejar a una dama con la palabra en la boca.-
-Estoy siendo cortés en este instante.-
La joven cruzó los brazos sobre el pecho y torció los labios sensualmente. Su corazón latía apresurado de indignación y ansiedad. Llevaba mucho tiempo esperando este momento, no iba a permitir que ese vulgar vagabundo la sorprendiera de nuevo.
-Pues a mí no me lo parece-
El hombre dentro del río ensanchó su sonrisa. La obstinada gatita estaba cayendo en su trampa maestra. Se había propuesto como reto personal conquistar el esquivo corazón de la líder del Norte. Quería que la indiferente chica tomara la iniciativa de buscarlo. Solo bastaba con dar su descripción y sabría con facilidad dónde encontrarlo. Él era dueño de las tierras del Oeste, el líder más fuerte de todo el sur de Francia, no debía ser tan complicado.
-Estoy desnudo. No quisiera importunar-
-No me interesa. Necesito hablarte-
El joven emitió una risa ronca. ¡Vaya que la Gatita tenía su carácter! Decidido a complacerla, giró en dirección de la orilla del lago quedando cautivo de su belleza. Verla de nuevo fue como una epifanía. El largo cabello platinado estaba atado en una trenza floja que caía por uno de sus hombros hasta rozar su muslo. Usaba un top y una falda de cuero marrón enseñando la deliciosa piel del abdomen y las piernas, permitiéndole apreciar la belleza de sus formas llenas. En su rostro estaba pintada la indignación, seguramente seguía enfadada por haber perdido contra él. Con calma fue caminando hasta ella sintiendo como el agua descendía descubriendo su piel húmeda y la manera en la que el viento besaba su cuerpo con su frío aliento.
La joven lo miraba fijamente. Usaba todo su autocontrol para que su rostro no delatara lo que realmente sentía en esos momentos. La brisa traía consigo el aroma masculino de pinos y mirtos alterando sus hormonas de manera incomprensible. Tal vez debió esperar a que se vistiera para enfrentarlo pero nunca se ha caracterizado por su paciencia. Ella era indómita, instinto puro. Nada ni nadie le decía qué hacer. Un nudo comenzaba a formarse en su vientre conforme el escultural cuerpo masculino emergía de las aguas. Era perfecto con el cuerpo fuerte, musculoso, duro y dotado. Sus ojos recorrieron su anatomía con el mismo descaro con el que él recorría el suyo, manteniendo una mirada impasible en su rostro bello.
Estando frente a frente, la tensión sexual era demasiado asfixiante. Ambos luchaban contra sus instintos para no rendirse ante el contrario. Todo se trataba de una lucha constante de poder y sumisión.
-Aquí me tienes. ¿Qué es lo que deseas?-
La joven alzó la mirada altiva comprendiendo la sugerencia y la invitación escondida en esa oración. Apreciando los detalles masculinos de su rostro. El tono de sus ojos eran de un dorado más oscuro, eran ojos de cazador. De pómulos altos y barbilla fina. Un encanto andrógino hacía de él una obra de arte. Su sonrisa se esculpía en su rostro elevando la comisura de sus labios de manera sensual.
-Vengo a decirte que no creas que nuestro combate a terminado.-
-¿Viniste hasta aquí solo para decirme diez palabras? ¡Vaya! Debo interesarte mucho más de lo que creí-
-Fueron once. Pensé que eras un genio. Por lo visto no eres lo que los rumores dicen-
-¿Ah sí? ¿Y qué es lo que dicen?-
La joven lo miró con suspicacia cuando el hombre ladeó la cabeza con los ojos dorados brillando con ironía. El muy maldito se divertía poniéndola en evidencia, con esa simple pregunta y su presencia en un territorio ajeno al suyo, era más que obvio que ella había estado averiguando sobre él. El infeliz era astuto, tenía que admitirlo. Pero a pesar de su desliz, le dejaría en claro que no permitiría que se burlara de nuevo. Vino por su revancha y la tendría.
-Me sorprende que no lo sepas. -
-Lo sé, pero quiero escucharlo de tus labios. Me gusta el sonido de tu voz-
-...-
-¿Y bien?-
-Por todos lados se rumora que eres un idiota-
-Auch. Vaya que eres ruda-
-Como sea. Nuestro combate no ha terminado -
-Por supuesto que terminó. Perdiste.-
El joven miró complacido como el rostro femenino mutaba a uno indignado y furioso. Esa orgullosa mujer odiaba perder. Era porfiada hasta el hartazgo y sacaría provecho de la situación para guiarla hasta donde quería. Ya la había obligado a recorrer la distancia que separaba sus territorios en busca de una revancha. Comparado con eso, solo debía pujar un poco más para romper su resistencia.
-Eso solo fue suerte. Me tomaste por sorpresa.-
-Pensé que serías una mejor perdedora. Admite que soy más fuerte que tú.-
El joven líder tomó entre sus manos su largo cabello y comenzó a exprimir el exceso de agua. Con los ojos fijos en la expresión de la joven que lo miraba ofuscada pero que no se perdía detalle de los movimientos de su cuerpo. Tal y como lo sospechó no le era indiferente, por mucho que ella se esforzara en demostrar lo contrario.
-No seas tan egocéntrico.-
-No lo soy. Es la verdad. Te derrote en un combate justo. Todos lo vieron. Así que supéralo Gatita.-
Una fuerte cachetada le viró el rostro. El joven cerró los ojos y con calma fijó sus orbes doradas dilatadas por un creciente deseo. La mujer le miraba con el ceño fruncido.
-No vuelvas a llamarme así. Mi nombre es Irasue. Líder de la manada de los clanes del Norte. No permitiré que un don nadie como tú me falte al respeto.-
-No eres muy inteligente si provocas a un licántropo en luna llena. Y mucho menos si es más fuerte que tú. -
El tono bajo y grave de la voz de aquel hombre le erizó el cuerpo, excitándola ante el mensaje oculto en esa oración. Se sintió perdida en la mirada ámbar oscurecida por el mismo deseo que se acumulaba en su vientre, pero se obligó a mantenerse firme y ocultar lo mucho que le afectaba su cercanía. Levantó la barbilla con soberbia cuando él se acercó reduciendo la distancia entre sus cuerpos.
Una pesada energía los envolvía. Las feromonas alteraban sus instintos, despertando de una manera intensa y caótica un mar de emociones indescriptibles. Un fuerte magnetismo sexual los atraía irremediablemente, podían sentirlo como pequeñas corrientes eléctricas estimulando sus zonas erógenas.
Tōga colocó su mano izquierda en el menudo cuello de Irasue ejerciendo presión, pero ella no doblegó. Levantó el rostro insolente con una furia fluyendo por sus ojos al saberse vulnerable y a merced del poderoso guerrero. El contacto entre ellos era exultante, tenerse tan cerca nublaba el poco juicio que les quedaba. El hombre enseñó los dientes aumentando la presión de su mano, pero no pudo someterla, sólo logró que ella le clavara las largas uñas en su mano como protesta. No se quedaría quieta bajo su férreo agarre. La mirada retadora e insolente solo despertaba en él un deseo de someter su voluntad y poseer su cuerpo.
-¿Qué estás esperando? ¿No tienes las agallas?-
Sonrió ante la provocación. Esa mujer lo volvía una bestia irracional.
-Te demostraré de lo que soy capaz-
Irasue abrió los ojos cuando una mano afirmó posesivamente su cintura, pegándola al cuerpo macizo. Su corazón latía desmesurado, un escalofrío recorrió sus piernas que amenazaban con ceder bajo su peso. El nudo en su centro incrementó cuando sintió los duros músculos abdominales rozar contra la suave piel de su tripa. Su intimidad se humedeció sin poder evitarlo cuando el miembro semi erecto se aplastó contra su vientre. El adictivo olor de pinos y mirtos que emanaba de él, enviaba una silenciosa orden a su cerebro para que dejara de pensar con claridad.
-Aprenderás a ser una gatita sumisa-
Abrió los ojos cuando el tibio aliento rozó su rostro y sintió su intimidad humedecerse con mayor intensidad ante los susurros. Ese hombre la calentaba solo con musitar cerca de ella con esa ronca voz de terciopelo. Un suspiro escapó de sus labios incapaces de protestar. En medio de ese instante de duda, su boca fue invadida por una lengua sedosa y húmeda.
Fue como contemplar fuegos artificiales.
Tōga arremetía con un hambriento y apasionado beso degustando la boca femenina. Con su mano derecha pegaba el menudo cuerpo contra sí y la mano izquierda que sostenía el cuello acarició toda la sensible piel hasta llegar a la nuca profundizando el beso. Era sencillamente una exquisita sensación. La espera había valido la pena si podía perderse en el paraíso.
Irasue se resistió al principio golpeando con sus manos el fuerte pecho pero fue arrastrada por la pasión del hombre. El calor en su vientre aumentó cuando sintió los fuertes pectorales con las palmas de sus manos. La presión con la que la pegaba a su cuerpo era exquisita, su beso aunque brusco y salvaje era placentero si la tibia saliva inundaba los rincones de su boca en una adictiva fusión. Cerró los ojos y correspondió el beso con la misma pasión y entrega. Deslizó los brazos alrededor del cuello masculino acariciando los duros contornos a su paso, sonriendo complacida cuando la dura erección golpeó contra su vientre.
Las manos del hombre recorrían las curvas femeninas dejando un ardiente rastro a su paso. Poco a poco las respiraciones se volvían jadeos y la necesidad de tenerla nublaba su juicio. Doblegaría la altivez de esta mujer. La tendría gimiendo bajo su cuerpo hasta llenarse de ella. Y cuando por fin lograra domarla, juntos liderarán la manada más poderosa de todos los tiempos.
Cortó el beso cuando el aire se terminó y no perdió tiempo en besar la tibia piel del cuello. Estaba perdido en el placer del que estaba seguro gozaría cuando un dolor agudo detuvo su avance. El fuelle lo abandonó y se dobló sobre sí mismo, cayendo de rodillas mientras que con una mano resguardaba su adolorida entrepierna.
Irasue respiraba agitadamente con los puños apretados. Su rostro estaba sonrojado y algo descompuesto. Sin decir nada, se dio la media vuelta y salió corriendo de ahí.
Rin la miró pasar a su lado. Volvió la vista al frente notando como el hombre alzaba la mirada desde su martirio mientras sus ojos enrojecieron y su cuerpo comenzaba a convulsionar preparándose para la metamorfosis.
Apoyada contra un árbol. Irasue se abrazaba a sí misma. Tenía las mejillas sonrojadas y el corazón latiendo acelerado. La ola de calor y deseo poco a poco amainaba trayéndola de vuelta a la realidad. Nunca antes se había sentido de este modo. Sus ojos miraban hacia la luna. Ese sujeto era poderoso, era obvio que ella no era rival para él. Pero su orgullo la obligó a retarlo. Ella no era una mujer que se conformara, estaba acostumbrada a ganar, a ser la mejor. Pero su obstinación la llevó a quemarse con un ardiente deseo, uno que él también sentía. Cerró los ojos calmando sus latidos.
Rin flotaba observando dentro de la impasibilidad de su sueño como Irasue abrió los ojos sorprendida y comenzó a correr a toda velocidad. Su agitada respiración se apreciaba como un vaho blancuzco. Sus piernas torneadas daban saltos ágiles como una gacela evitando los arbustos y esquivando los árboles.
Tenía que darse prisa.
Pronto sus pasos se detuvieron abruptamente cuando una inmensa sombra blanca cayó a unos pocos metros de ella impidiéndole el paso. Irasue respirando con dificultad trataba de sosegar su asombro. La bestia que se levantaba frente a ella era sencillamente enorme, un ser descomunal con el pelaje blanco con las puntas grisáceas alcanzaba sin esfuerzo los dos metros y medio de altura parado sobre sus patas traseras.
-Te advertí que no provocaras a un licántropo que es más fuerte que tú.
-No te tengo miedo. ¿Has olvidado quién soy y porqué me llaman la 'Diosa Canina'¹?-
Un remolino de energía púrpura se formó a los pies de la joven rodeándola verticalmente. Sus cabellos se soltaron de la trenza elevándose conforme el remolino cobraba fuerza e intensidad. En menos de cinco segundos un licántropo con el pelaje plateado retaba hostil al enemigo. Era de complexión mucho más menuda, su cuerpo era pétreo y estilizado, con una cintura estrecha y brazos más delgados. En su talle se observaba un busto prominente cubierto de un pelaje plateado en su totalidad que tomaba matices metálicos bajo la luz de la luna. En su frente la marca de luna creciente resaltaba con su coloración púrpura en medio de la plata. El hocico delgado enseñaba los dientes con violencia, alistando la zarpa para atacar con garras largas y filosas. Su transformación no era tan descomunal como la de Tōga pero no dejaba de ser letal.
-Sigues pareciendo una Gatita.-
Fue la provocación que necesitaba. La mujer lobo se abalanzó sobre su rival con las garras extendidas enzarzándose en un combate mortífero. Golpes, gruñidos, piel rasgándose, la tierra hundiéndose y la naturaleza destrozada eran el resultado de la trifulca. Dos de las bestias más poderosas de toda la región sur de Francia se medían en un combate desigual. A pesar del aspecto espeluznante, Irasue era por mucho más débil que el colosal licántropo, y en esta ocasión, el hombre de mirada dorada no estaba conteniendo su fuerza, estaba reafirmando su dominio y ella no podía hacer mucho al respecto.
Nunca antes se había sentido intimidada ante un oponente. Siempre usaba su inteligencia para encontrar los puntos débiles y atacar hasta quebrar la resistencia. Pero Tōga era diferente. Era una montaña sólida de fuerza descomunal. No existía debilidad en su técnica de combate. Era un artista marcial en toda la expresión. A pesar de su peso, era ágil y mantenía una velocidad constante, los ataques que impartía eran letales y no dejaba cabos sueltos. Irasue con mucho esfuerzo podía librarse de los golpes mortales dirigidos a sus órganos vitales. Gruñó de impotencia. No podía perder contra él. No de nuevo.
La hembra arremetió con más violencia. Tōga apretó los dientes esquivando un veloz zarpazo que iba directo a su cuello. Esta mujer en verdad lo quería muerto, pero él no sería condescendiente, no esta vez. Por ser un caballero ahora lidiaba con el ego herido de una gatita arisca. Esta noche le dejaría en claro su poder sometiéndola por completo, era la única manera de salir vivo de esta situación. Retrocedió un par de pasos para tomar impulso, pero ella fue más rápida pateandolo con su pata derecha justo en el abdomen e inmediatamente girar su cuerpo en el aire y asestar otra patada en su mandíbula enviándolo tres metros hacia la izquierda.
Agachado sobre sus patas Tōga meneó la cabeza enfocando su vista, había sido una buena sacudida.
Irasue no perdió tiempo y aprovechando que su enemigo estaba caído, corrió con zarpa lista para cercenar su cabeza. Pero de nuevo se vio sorprendida. Una milésima de segundo antes de que sus garras lograrán su objetivo, la enorme manaza interceptó su golpe llevando su menudo brazo por detrás de su espalda en una maniobra que fue incapaz de ver.
Respiraba agitada presa en la llave que mantenía su brazo retorcido de una manera dolorosa. Gruñía de impotencia. Cometió un error importantísimo al confiarse. No cabía duda que el hombre era un gran guerrero.
-Ahora aprenderás a respetarme. No me importa quién eres. Si no eres lo suficientemente fuerte no deberías retar a alguien que es más poderoso que tú.-
-Cierra la boca. Eres un tramposo-
-Te vencí por segunda vez. Deberías agradecer que permaneces con vida.-
-Prefiero morir-
-En ese caso. Reclamaré mi premio.-
El licántropo cerró la mano alrededor de la muñeca apresada retorciéndola de tal manera que la hembra arqueara la espalda exponiendo el delgado cuello. Con sus fauces olfateó el pelaje metálico sintiendo como su presa se retorcía intentando escapar. Sonrió cuando un atisbo de feromonas acarició su nariz, ésta mujer lo deseaba tanto como él a ella. Con su garras arañó el cuello expuesto, escociendo la piel a su paso hasta acunar uno de los grandes montes estrujandolo con fuerza.
La hembra gruñó y con su mano libre clavó sus filosas garras en el trapecio del licántropo soportando el dolor cuando él jaló hacia abajo su brazo frenando su ataque. Irasue apretó con fuerza los dientes para no gemir adolorida, si se movía un centímetro más su hombro podría dislocarse. Arqueó su espalda con la esperanza de minimizar la presión sobre su extremidad a sabiendas de lo expuesta que estaba ante el enemigo. Gimoteó cuando la bestia acercó su enorme hocico al hueco entre su cuello y su hombro libre incrementando la presión en la llave. Echó su cabeza hacia atrás en una postura sumisa cuando su muñeca izquierda fue aprisionada por la zarpa colosal.
La mente del Tōga era un océano de contradicciones. Una parte de él sabía que no era correcto lo que estaba a punto de hacer. Pero su instinto le decía que era la única manera para hacerse respetar. Irasue era una mujer independiente que no se inclinaría ante un hombre débil, si quería hacerla su esposa primero debía someter su indomable espíritu. Doblegar el carácter voluntarioso que presumía con un despliegue de testosterona y fuerza bruta. Su cuerpo estaba ansioso por llevar a cabo una de las empresas más gloriosas de su juventud, su miembro estaba erecto e hinchado, listo para la copulación. Con brusquedad rompió la llave sobre la muñeca femenina y sin soltarla, giró el brazo con un movimiento opuesto, sosteniendo ambas manos con su zarpa izquierda contra el vientre femenino.
Irasue se estremeció cuando sintió en su nuca el aliento caliente del macho alfa. Un escalofrío recorrió su espina despertando su excitación cuando con la mano libre, la bestia blanca comenzó a estimular sus pezones escondidos bajo el suave pelaje hasta endurecerlos. No pudo evitar gemir ansiosa cuando las olas de sugestivo placer viajaron por su sistema nervioso humedeciendo su vagina. Intentó arrebatarse del firme agarre pero su propio deseo la detuvo cuando sintió el falo erguido y duro frotándose contra el nacimiento de su cola oscureciendo el pelo plateado con los fluidos que brotaban de la enrojecida y grotesca cabeza.
-Te enseñaré a respetar a un verdadero macho-
Irasue no pudo responder. Su cuerpo estaba obedeciendo una orden silenciosa víctima de las feromonas que nublaban su mente y del deseo arrasador que palpitaba en su vientre. Se arrebató débilmente en un último y desesperado intento por recobrar la cordura pero se supo perdida cuando el macho mordió con fuerza la piel de su cuello sometiéndola por completo.
-¡Ahhh!-
Su cuerpo se relajó por arte de magia. Toda su resistencia se evaporó cuando sintió el pesado cuerpo apoyarse en ella descendiendo hasta hincarla. Su respiración estaba agitada por la excitación. Su vagina predispuesta se lubricaba copiosamente cuando las manos del licántropo arañaban con sus filosas garras la longitud de su talle y acariciaban sus pezones erectos. Su rebeldía y altivez quedaron sepultados por el inmenso placer del que era víctima, su interior se contraía anhelando la liberación que sabría, alcanzaría pronto.
Tōga gruñía ansioso. Con sus manos monstruosas navegaba por el cuerpo de la hembra sumisa. Acunaba sus pechos con cierta brusquedad, pero sabía que era necesario para domarla, para dejar en claro su dominio. Acariciaba y pellizcaba los duros botones haciéndola estremecer de placer, restregando contra su espalda baja su potente erección simulando penetraciones. Quería dejarle en claro que no escaparía esta vez. Mordió con un poco más de fuerza obligándola a recostarse sobre sus rodillas, con el peso de su cuerpo la mantuvo en cuatro patas. Cuando sus sexos se rozaron por la posición la penetró de una sola estocada.
Irasue gimió adolorida gruñendo violentamente y removiendose para huir de su captor. Pero ya era demasiado tarde, su hinchada y sangrante vagina se había amoldado al enorme falo encajandose en él a la perfección, tal y como la llave de una cerradura. El dolor en su centro y la presión en su cuello incrementó a un punto insoportable obligándola a permanecer muy quieta. La sangre de su virginidad manchaba la verga del imponente macho.
Las manos del lobo recorrieron los costados y el pecho de la hembra, estimulando sus pezones una y otra vez esperando que su cuerpo se amoldara a él. Le hubiera gustado que fuera distinto que fuera una entrega total y consciente, pero no podía negar la enorme excitación que lo recorría. Se sentía vigoroso,cuando sintió como el cuerpo de la esquiva mujer se rendía al suyo. La presión de las paredes vaginales estaban succionando su miembro con fuerza estremeciéndolo. La humedad de los sexos ansiosos aumentaba lubricándose copiosamente para alcanzar una experiencia más placentera. La sintió relajarse ante su tacto y aflojó el agarre de su mandíbula.
La humedad se resbalaba por sus piernas indicando que ella estaba lista cuando poco a poco se comenzaba a remover en busca de un mayor contacto otorgándole su permiso para invadirla. Deslizó la longitud de su dureza hasta retirarse casi por completo y la embistió lenta y profundamente. La hembra se estremeció ante la lenta estocada arqueando la espalda hacia atrás buscando más contacto enterrando las garras en la negra tierra para darse soporte. Pero el monstruo no estaba dispuesto a ceder, la follaria como él quisiera, a su propio ritmo, torturandola hasta obligarla a suplicar por placer.
Continúo con el lento vaivén castigandola a ella y a sí mismo en una hipnótica y placentera danza. La mujer lobo desde hacía mucho se había entregado voluntariamente, su cuerpo bailaba al ritmo de las profundas estocadas gimiendo cada vez que el macho tocaba un punto sensible en su interior. Las paredes vaginales estrujaban deliciosamente al invasor sintiendo con claridad su forma y disfrutando de su tamaño, llenándola por completo. Su cuerpo vibró cuando ella movió sus caderas en busca de mayor fricción. El placer que sentía no era suficiente para aplacar el inmenso calor en su vientre. Comenzó a frotarse contra él en busca de más contacto pero el agarre en su cuello incrementó lastimandola.
La hembra gimió y detuvo su empresa. Como castigo Tōga se quedó quieto, gruñendo quedamente. Pero sus manos viajaron a los pezones erectos retorciéndolos con brusquedad excitando a la mujer. Se deleitaba escuchando sus gemidos anhelantes. El cuerpo caliente de la hembra estaba al borde del orgasmo, pero él no quería satisfacerla. No sin antes asegurarse que aprendió la lección. Se obligó a mantenerse inmóvil aunque su erección doliera.
-¡Tōga por favor!-
¡Ah! Las palabras mágicas.
El líder se retiró casi por completo y se introdujo con violento deseo. Arremetía contra su centro una y otra vez hundiéndose en su interior con frenesí. Los chasquidos eran excitantes y sugerentes, el ritmo de las embestidas rompía el pesado silencio del bosque. La hembra movía sus caderas en busca de esa fricción reconfortante. Ambos estaban jadeando sintiendo sus cuerpos arder.
Tōga aflojó la mordida gruñendo de placer en la oreja de la sumisa hembra que apretaba su miembro con deliciosas succiones, estaba seguro que pronto alcanzaría su orgasmo. Los movimientos se volvieron más desesperados, sincronizó el movimiento de sus caderas con el de sus manos que estimulaban los sensibles pezones. Sintió a la hembra lloriquear cual cachorro cuando el orgasmo la arrastró, aullando quedamente mientras los nudos en su vientre se deshacían. El macho sintió como su miembro era estrujado sin piedad por el fuerte orgasmo femenino. Mierda. Iba a correrse.
El final fue arrollador. Ambos jadeantes ante el esfuerzo y el placer. Sus genitales hinchados permanecían unidos. El licántropo lamió repetidas veces el cuello mordido y la cabeza de la hembra que temblaba debajo de él resintiendo aún los efectos del éxtasis. No podía moverse, estaba atrapado en el interior de su hembra. Respiró profundo y se recostó sobre ella disfrutando de su calidez.
Poco a poco ambos cuerpos disminuían su tamaño regresando a la normalidad. Hombre y mujer permanecieron abrazados intentado recobrar el aliento. Ella giró sobre su eje recostándose sobre el pecho amplio de Tōga, dejándose envolver por los brazos fuertes que la marcaron como suya.
Tōga la cobijó en su pecho, con su mano libre comenzó a jugar con un mechónde sedoso cabello. Ninguno de los dos quería hablar y arruinar el momento. Actuaron como adolescentes hormonales en su primer celo, pero fue inevitable. La tensión sexual los atraía peligrosamente como dos imanes. Ninguno podía negar que era esto lo que deseaban.
-Sé mi Reina Irasue-
-¿Qué?-
-Lidera la manada conmigo.-
-¿De qué hablas?-
-En dos lunas seré nombrado Alpha y quiero que estés a mi lado.-
La mujer se incorporó apoyándose sobre uno de sus codos mirando con sus ojos de asombro el tranquilo perfil de su amante. Sabía que en poco tiempo un nuevo Alpha sería coronado, el consejo de ancianos de su clan aclamaban a aquel que sería el líder más joven de toda la historia, pero no tenía idea de que se tratara de Tōga. En su mirada una chispa de deseo volvió a encenderse. Ella, ambiciosa por naturaleza, escalaría hasta la cima del poder de una manera u otra.
-¿Entiendes lo que me estás pidiendo?-
-Si. Eres la compañera que necesito.-
-¿Qué te hace pensar que quiero serlo?-
- Aceptaste que te montará, me perteneces-
-¿Crees que porque me cogiste eres mi dueño?-
El hombre enfocó sus mirada ambarina en la mujer recostada contra él. Contemplarla bajo la luz de la luna fue más excitante que antes. El cabello largo caía hacia un costado, sus pechos firmes y llenos lo tentaban enseñando los sonrosados pezones. Su miembro de inmediato se irguió duro y caliente. Con un movimiento rápido se colocó encima de ella frotando la palpitante cabeza de su pene en la entrada femenina aún húmeda por la sangre de su virginidad y los fluidos de su anterior unión.
-Yo soy el líder de las tierras del Oeste. Y de ahora en adelante, tu dueño-
La mujer frunció el ceño y giró su cuerpo colocándose encima de él. Con sus delgadas manos apoyándose en el pecho masculino, flexionó las rodillas a cada lado de la cadera del hombre y se sentó en la hinchada erección penetrándose a sí misma.
-Corrección. Tú me perteneces.-
La mujer comenzó a moverse de arriba hacia abajo buscando su placer. Las manos del hombre afirmaron sus caderas para darle apoyo y ayudarla a encajarse más profundo. Sus ojos nublados por el deseo grabaron en su memoria la excitante visión de tener a la mujer más hermosa e indomable de todo Céneves, montándolo con maestría.
-¿Aceptas Inu no Kimi¹?-
-No podría ser de otra manera Inu no Taisho¹. Seré tu Reina.-
Los gemidos de la mujer pronto llenaron el silencio del bosque. El agarre en sus caderas incrementó empujándola hacia abajo cada vez que las caderas masculinas se elevaban para penetrarla con más fuerza, queriendo llegar tan profundo como la estrechas paredes lo permitieran. Perdida en su placer no se percató en qué momento el peliplata se sentó con ella a horcajadas en su regazo mientras la embestía y comía de los pechos anhelantes.
-¡Tōga!-
El aludido mordió con fuerza el botón que paladeaba entre sus dientes apremiando la súplica.
-¡Ah!-
El orgasmo la golpeó como una bola de demolición. La tensión en su vientre estalló por todo su cuerpo como una ola de alivio. Su cuerpo flácido se mecía como el de una muñeca en los brazos macizos del hombre. Tōga la recostó en el piso separando sus piernas. Se hincó y comenzó a embestir con fuerza afirmando las caderas de su mujer. El hinchado miembro estaba siendo estrujado sin piedad asfixiándolo con un abrumador placer, pero verla sudada y sonrojada con los ojos cerrados disfrutando de su orgasmo era más excitante que antes. Tenerla doblegada y sumisa ante él, era la mejor recompensa que pudo anhelar. Era como tener la falsa certeza propia de la juventud que podría lograr lo que sea que se propusiera. Su verga se estremeció un par de veces antes de vaciarse en el cálido vientre.
-Maldición-
El hombre se dejó caer sobre el pecho suave y sudoroso tratando de recobrar el aliento. La pareja se mantuvo abrazada bajo la luz de la luna llena. El bosque sumido en silencio aulló con su sinfín de sonidos.
Rin permanecía flotando sobre ellos, sintiendo en su corazón como aquel pajarillo que habitaba en su pecho se agitaba nervioso. Algo importante estaba a punto de suceder, y de alguna manera se sentía ansiosa por eso. Una fuerte corriente de aire sopló con tanta fuerza que la elevó más arriba hasta acariciar las nubes.
…
La pelinegra parpadeó pesadamente sumergiéndose en la bruma onírica. El cordón plateado brillaba con una intensidad nunca antes vista, como instándole a prestar atención. Una forma animal comenzaba a formarse en el extremo del cordón, era borrosa y hecha con la misma neblina, como una nube difusa. Rin obvio el curioso detalle y con sus ojos aletargados miró hacia el escenario que se había formado de repente.
Se trataba del mismo bosque pero la vegetación era diferente. Los troncos de los árboles crecían retorcidos. Una gran altar de piedra con un par de lobos tallados en la dura superficie, se elevaba en la parte norte del extraña claro. Un desagradable escalofrío la recorrió por un momento, como si ya hubiera visto ese lugar antes pero no lograba recordar de dónde. La bruma con forma de animal atado al cordón comenzó a ascender llevándola consigo, de manera que Rin pudiera observar todo a gran detalle.
Un gran grupo de personas estaba aglomerado a los alrededores divididos en segmentos encabezados por cuatro blasones principales. El clan del Norte, situado a la derecha de la plataforma rocosa, alzaba en alto un blasón azul cielo con una luna creciente en el interior. Irasue encabezaba al serio grupo. Portaba una estola blanca sobre sus hombros desnudos. La marca en su frente se lucía con orgullo denotando el ilustre linaje al que pertenecía. En su rostro una sonrisa de satisfacción adornaba sus serios gestos, su hambre de poder está saciada de momento, no pudo haber elegido a un mejor consorte que aquel que estaba siendo coronado Alpha.
El clan del Sur portaba un blasón verde aceituna con unos picos marrones en el centro. Su representante era un hombre de tez bronceada y largo cabello negro. Sus ojos color zafiro resaltan entre los gestos severos y la espesa barba oscura. Vestía sobre su ropa de piel la coraza de una armadura, unos calentadores y unas muñequeras combinaban con el atuendo de batalla. Kiba era conocido por su increíble velocidad, no existía en todo el bosque un licántropo más veloz que él.
El clan del Oeste situado en la parte central se erguía una bandera dorada con un lobo blanco aullando en el medio. Todos los miembros rebosaban de orgullo y alegría. Su joven líder llenaba de orgullo a su casta con sus únicas habilidades y su asombrosa fortaleza. Myoga estaba al frente del numeroso grupo vistiendo con un camiseta y un pantalón de cuero negro con las hombreras de una armadura, sostenía en alto el blasón como nuevo líder del clan. Su sonrisa no podía borrarse de su rostro, solo esperaba que el idiota de su amigo saliera vivo de esto para poder molerlo a golpes de felicitación.
El clan del Este lucía una bandera escarlata con un murciélago negro en posición de vuelo. El líder de la jauría era un hombre tosco con el cabello blanco y largo. Taigokumaru era el jefe con más edad que los otros líderes, de nariz aguileña y gestos toscos, vestía con una extraña túnica elaborada con la piel de un oso negro, confiriéndole una apariencia flacucha y extraña. Todos los integrantes del clan miraban con absoluto fastidio la ceremonia que se llevaban a cabo. Ellos estaban en contra del nombramiento, les parecía una falta de respeto hacia las costumbres que un lobezno inexperto llevará sobre sus hombros una responsabilidad tan grande.
De alguna manera que Rin no terminaba de comprender, sabía que estaba presenciando un hecho insólito. La figura de nube y niebla la guío hacia el centro del campo. Cerca de la gran plataforma.
Un grupo de diez personas encapuchados por túnicas observaban con aprobación la ceremonia. Todos ellos tenían la cabellera blanca como signo de su edad y sabiduría. En el centro de todo, usando nada más que un taparrabo, con unos extraños grabados de pintura cubriendo su cuerpo, Tōga permanecía hincado frente a un hombre que vestía una túnica ritual y una extraña máscara de lobo en la cabeza.
El inmenso bosque des Cénneves poseía una estricta jerarquía. Cada uno de los cuatro clanes principales están representados por el líder más fuerte y capaz de su grupo. A su vez, estos líderes estaban sometidos al poder y voluntad de un solo jerarca, el Alpha, el eslabón más fuerte de toda la sociedad de licántropos. Puros, impuros y mestizos estaban subordinados a la voluntad del jefe que ejercía los designios del legado ancestral que pesaba sobre sus hombros. El consejo de ancianos se encargaba de preservar las tradiciones y mantener intacta su forma de vida. Ellos eran los que conocían los secretos y mantenían bajo control a los Licántropos Auténticos, los ancestros vivientes de la mística raza. Seres que vivían en la profundidad del bosque en un estado salvaje y puro sumidos en un letargo profundo para su propia protección.
El hombre de la túnica recitaba con voz gutural unos cánticos arcanos. Los ojos en blanco revelaban un abismal trance. Los lobos y los licántropos en forma básica comenzaron a aullar celebrando la coronación. Los líderes que sostenían los estandartes golpeaban el suelo con el mástil de madera coreando las exclamaciones cuando el hombre de la máscara colocó una marca en la frente del joven peligris. El anciano retrocedió hasta el borde del altar, alzando los brazos al cielo.
-¡Inu no Taisho Vivat Rex!¹-
El Joven hombre se dobló sobre sí mismo pegando la frente a la tierra negra. Un dolor inenarrable recorría su ser cortándolo molécula por molécula. Sus órganos eran estrujados por una fuerza invisible quebrando su resistencia. El calor en su cuerpo lo abandonó perlando su piel con una capa de sudor. Miles de escalofríos recorrían su espina dorsal enviando dolorosas descargas a cada parte de su cuerpo. Apretó los dientes con fuerza, hundió los puños en la tierra tratando de soportar la transformación. Por un instante su corazón que latía desbocado se detuvo extenuado por el esfuerzo sobrehumano del que era víctima. Pero antes de que la vida abandonará el cuerpo del joven líder, una luz plateada palpitó en su interior. Fue como si se desatará un sello dormido en lo más profundo de su ser. Los espectadores contemplaron asombrados como una sombra colosal se alzaba majestuosa.
Este hecho insólito no ocurría en más de 200 años. El recién nombrado Inu no Taisho era el primer licántropo puro con apenas veinticinco años en sobrevivir a la transformación final. Pocos eran capaces de dominar semejante metamorfosis y no morir abrasados por el inmenso poder ancestral de un verdadero Licántropo Auténtico. Los gritos de júbilo se alzaban por todo el claro del bosque. El peligris cerró los ojos sintiendo el poder y la fuerza recorriendo su cuerpo, en el centro de su pecho podía visualizar la llama del principio elemental de la magia que vivía dentro de él. Cuando abrió los ojos carmesí contemplando desde su descomunal altura a todos sus nuevos vasallos, levantó el cuello y aulló con fuerza, estremeciendo con las vibraciones de su espeluznante llamado a todas las criaturas alrededor.
Desde el suelo Irasue sonrió orgullosa en medio del mar de gritos regocijantes. Sin duda su amante y futuro consorte era el ser más fuerte y poderoso de toda Francia.
Rin podía sentir el dantesco aullido retumbar contra su espíritu. Se sentía inmersa en el furor de la celebración. Un tibio sentimiento brotaba de su pecho fluyendo por todo su cuerpo. El doble latido revoloteaba dentro de su pecho con devoción y orgullo. El cordón plateado brillo con fuerza cuando una fuerte corriente de aire la obligó a cubrirse el rostro con los brazos. Cerró los ojos con fuerza cuando el vértigo la invadió.
….
Distrito XIX arrondissement Buttes-Chaumont. Zona residencial. 05:30
La morena abrió los ojos con calma. Observando el techo de su recámara repasaba sus sueños extraños. Su largo cabello negro estaba desparramado sobre la blanca y suave almohada. Se sentía aletargada, como si aún estuviera deambulando en el limbo de la irrealidad. Con su mano izquierda palpó la superficie del colchón en busca del hermoso lobo. Por un momento le pareció sentir por debajo de las sábanas la perfecta anatomía de un brazo humano. Entrecerró los ojos extrañada apretando repetidas veces la extremidad presa entre sus delgados dedos.
Giró el rostro lentamente y frunció el ceño confundida cuando sus ojos castaños se encontraron con el lobo durmiendo a su lado. Aturdida por la incoherencia, Rin levantó la manta para descubrir la pata del can. Qué extraño. Casi podía jurar por un momento que sintió el brazo de una persona y no la pata del lobo.
El despertador sonó con su estridente entusiasmo ahuyentando los pensamientos extraños de sus ojos confusos¹. La morena sacudió su cabeza con energía y se puso de pie. El día acababa de comenzar y debía darse prisa.
TBC
…
Notas finales: ¿Qué tal? ¿Asombroso, no? Tal vez se preguntarán qué rayos acaban de leer. Pues bien, como les mencioné en el capítulo anterior, es hora de prestarle atención al superpoder de Rin. Recuerden que el vínculo la une a Sesshomaru de una manera especial, y ella siempre ha tenido 'poderes' de premonición. Este es el primer vistazo a la historia de los padres de Sesshy. Habrán más fragmentos con el fin de que podamos entender qué fue lo que desató la guerra civil. Pero ya no diré más para no dar spoilers. ¿Alguna notó el parecido con su hijo? Yo creo que sacó lo mejor (peor) de ambos :v. Por ahí van quedando pistas ;)
A todas aquellas que estaba esperando zukulencias, espero haber llenado sus expectativas. Prometo seguir esforzándome, eso del lemon no es algo que se me de muy bien, estoy algo oxidada n.ñU.
Espero no haberlas confundido mucho, de todas maneras, aquí las notas de la lectura.
Bokken: El bokken (木剣 boku, "madera", y ken, "sable"?) es un sable de madera. Es utilizado fundamentalmente como un reemplazo o representación del sable real o katana.
Gun: Shao Huo Gun (palo ardiente o palo de fuego) fue creada por el monje Kinnara紧那罗 a finales de la Dinastía Yuan (1260 – 1368). Es un Palo largo, para la práctica del ''gun shu''.
Posición de Battou:Se denomina battōjutsu (en japonés: 抜刀術) a las técnicas de desenvainar la espada y battōjutsu surge de los enfrentamientos casuales, no del campo de batalla, sino de momentos en los que el bushi, o guerrero recibía un ataque de forma imprevista. En estos momentos se revelaba el "Sakki", que significa "sed de sangre" y reaccionaban rápidamente desenvainando y cortando, poniendo a salvo su vida o la de su superior
Inu no Kimi/ Diosa Canina: Me tomé una licencia artística. Todas sabemos que el nombre de la mamá de Sessh es Irasue, pero también se le conoce como Inu no Kimi, así que cuando se casé con Tōga y tenga un alto mando en la manada, su nombre cambiará.
Inu no Taisho: Significa Capitán o Señor de los perros. Pasa lo mismo que con el nombre de Irasue. Inu no Taisho también es conocido como Tōga, por lo que me pareció oportuno que su nombre oficial como alpha y jefe supremo cambie al momento de la coronación.
He ahí el motivo por el cual ambos se llaman así mientras se divierten :v.
Inu no Taisho Vivat Rex: En latín significa 'Larga vida al rey Inu no Taisho'. Sé que es un poco ilógico que en Francia se hable latín, pero ignoro si existe algún lenguaje arcano, así que las licencias artísticas están a la orden del día ^o^U.
Ojos confusos: es el verso principal de la canción con el mismo nombre de L'arc en Ciel. (Blurry Eyes). La letra de la canción me recordó un poco a lo que vive Rin estando en sus sueños. Además de que ¡Me fascina esa canción! ¡Hyde te adoro! :3
Por último agradecerles de nuevo todo su apoyo y su cariño con el fic. Nada de esto sería posible sin ustedes. ¡Son maravillosas!
¡Nos vemos pronto!
