Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo pongo el trama. ^.^
Hoy es un capítulo largo n//n gocen ;D
Petición
Edward Cullen.
Realmente no sabía cómo hacer esto de un modo correcto. Bella era tan perfecta. ¿Cómo hacerle para convencer a un ángel de que te elija a ti cuando tiene a un mundo entero con el que podría estar? No tenía la menor idea. No entendía por qué Bella me había escogido a mí y no a alguien más. Obviamente, ella debe de tener a toda una fila de hombres esperándola, y ella, como si nada, me eligió a mí, cómo si los demás no existieran.
A mí.
Estaré agradecido por toda mi vida de que allá tomado esa decisión, pero, es que aún no entiendo. ¿Cómo un ángel me pudo ver a mí sobre todos los demás? Estoy seguro, de que nunca podré saberlo. Ella nunca me dejara de sorprender… ahora, sólo necesitaba saber una sola cosa:
Cómo mantenerme alejado de Bella hasta la noche.
Esta claro que soy débil… no puedo estar ni un segundo sin que mis pensamientos se vayan directo a mi hermoso ángel: mi hermosa Bella. Pero, claro esta, no puedo hacer nada de lo que tengo planeado si estoy con ella. Pero, sentía que me moría con la simple idea de no estar casi nada de mi día junto a ella… era algo insoportable. Ya no podía hacer nada por mi mismo sin no pensar en mi querida Bella.
Mire hacía el techo, como si de ahí fuese a caer mi solución –algo que muchos hacían cuando buscaban esperanza, pero que sólo con mucha imaginación y una actitud extremadamente positiva se puede lograr-.
Sin contener más mis impulsos –y realmente sin darme mucha cuenta de lo que estaba haciendo-, agarre mi celular y me dispuse a marcarle a mi hermosa Bella…
-¿Bueno? –dijo, con una voz interesantemente distraída.
-Bella, amor…
-¿Edward? –pregunto, sin dejarme terminar lo que iba a decirle.
-Sí, soy yo –dije, e, inevitablemente una sonrisa corrió por mi rostro.
-Oh, Edward, hace mucho que no hablamos –dijo, en tono dramático, aunque un poco divertido.
-Bella, hablamos esta mañana –dije, riéndome.
Escuche cómo su risita adulzada se desprendía de sus hermosos labios. No pude hacer más que sonreír. Realmente no entendía cómo es que había podido vivir sin ese ángel que al nacer se convirtió en la hermosa chica que ahora es.
-Sí, ya sé, pero es que me encanta hablar contigo: escuchar tu voz… -susurró y en su voz se podía distinguir una sonrisa muy clara en sus labios.
-Acabas de decir una de las cosas que se ha vuelto una de las cosas que me encanta hacer desde que te conocí. –Sentí, que mi voz sonaba especialmente empalagosa. Nunca me había sentido así y jamás había escuchado mi voz de ese modo.
Sólo Bella podía conseguir cambiarme a lo que ella quisiera, con una sola mirada.
-Eres muy lindo, Edward –me dijo de la nada.
No me esperaba en lo más mínimo que dijera algo como eso; pero me encanto, nunca me quejaría. Simplemente escuchar esas palabras de sus labios hacía que mi corazón bombeara más de lo que regularmente lo hacía. Era una sensación única, que sólo una persona especial podría lograr: Bella Swan.
-Tú igual. Y juro, que no hay nadie que te logre igualar –susurre sin poder evitarlo.
Tenía que decir lo que sentía, nunca podía pensar mis palabras cuando estaba con Bella: su belleza me deslumbraba demasiado. Me hacía sentir como un completo idiota: una sensación que nadie me había hecho sentir y que no había sentido antes. Pero, ella lo lograba sin duda alguna.
Luego de eso, nos pusimos a hablar un rato de cosas u poco más triviales, pero, no por eso deje de halagarla:
-Edward, me siento muy consentida por ti –y rió.
Eso fue lo que me dijo luego de una hora dándole puros halagos. Pero, era lo que sentía, no podía simplemente dejarlo morir en mi garganta: tenía que dejarlo salir o no podría estar tranquilo conmigo mismo.
Mientras hablábamos, mi mente iba maquinando cosas relacionadas a mis planes. Tenía que poder hacerla mi novia para el final del día, o en serio no podría vivir tranquilo conmigo mismo. Es que, ella no es un capricho, no es un simple amor pasajero. No. Ella es, y será, la chica más hermosa que mis ojos han visto jamás y con la que estoy seguro, a como que me llamo Edward Anthony Masen Cullen, que hare todo lo que se crea posible hacer para mantenerla junto a mí, y mucho, mucho más.
-Bella, ¿qué vas a hacer en la noche? –pregunte, sin poder aguantármelo ni un monito más, le tenía que preguntar con urgencia.
-Nada… creo –soltó una dulce risita que sonó más bien como campanitas.
-¿Qu-quieres salir conmigo? –pregunte, con un poco de miedo incrustado en mis palabras. La idea de que me rechazara sonaba aún más aterrorizante que cualquier otra cosa.
-¡Claro! –contesto con una voz tan emocionada que sólo me pudo hacer reír de los nervios.
La idea que estuviese emocionada sonaba hermosa… pero, eso sólo significaba que tendría que esforzarme al doble. Si ella se decepcionaba, eso representaría una negación a mi propuesta. Eso no lo podría aceptar. Me mataría.
Bella Swan.
Ya quería que llegara la noche. Por desgracia, aún son las dos de la tarde y Edward dijo en la noche. Eso es hora indefinida. ¡Ya quería que llegara esa hora! No podía soportarlo, Edward no había venido a mi casa.
Lo sé, sonaba como una de esas niñitas que siempre quieren estar pegadas a sus novios. Pero, aquí hay una diferencia enorme: él no es mi novio… por desgracia. Yo quería que lo fuera… pero, parecía que sólo íbamos a ser amigos por siempre. Eso es muy injusto. Me gusta mucho, mucho… pero, al parecer a él no le gusto tanto cómo dice que le gusto. Bueno… al menos tuve la emoción de que se convirtiera en mi novio por un rato muy mínimo… aunque, es triste ver como las ilusiones que te fuiste formando, se caen por la borda de los sueños que uno tiene, sin ver atrás ó las lágrimas que llegar a tirar, ellas sólo se caen y no vuelven más…
Bueno, tampoco tenía que ser tan dramática. Quizá y las cosas no son cómo yo las pienso, pero ¿y si sí? No me gustaría tener que afrontarme a la misma decepción con la que antes jalaban mis cadenas el día en el que lo conocí. Aunque, si no hubiese sido por esa decepción, nunca lo hubiese conocido. Así que no tan malo.
…Pero, es diferente. Con él ya no me creó capaz de dejarlo. Pero a Félix sí, él es más mi mejor amigo y realmente ya no lo puedo ver como nada más que como un amigo… es algo muy irreal.
En cambio, a Edward lo puedo ver cómo mi amigo, novio y muchas cosas más en el transcurso de nuestras vidas. No me gustaría que de un día para otro se fuera y me dejara.
-¡Bella! –gritó mi papá desde la planta baja.
Baje, sin decir ni una sola palabra. Sólo concentrándome en pisar correctamente los escalones y de saltar el tercero para que no emitiera ese irritante sonido.
-¿Qué pasó? –pregunte, con una sonrisa de oreja a oreja intentando pensar que la persona que mi papá estaba cubriendo con su cuerpo era mi adorado Edward.
-Mira quien vino a verte –dijo, y se alejo.
Mi sonrisa se esfumo al instante al ver que la persona que había estado en el marco de la puerta era nada más y nada menos que Nahuel, mi antiguo compañero, que según él había sido cómo mi novio, sin besos ni nada. Ya no había vuelto a tratar con él, no quería verlo ni en pintura. ¿Cómo se atrevía a venir a mi casa después de todo lo que me hizo? Era un descarado.
-Bella, querida –dijo, abriendo sus brazos para que me acercara a él. Pero, claro está, no lo hice.
-¿Qué quieres Nahuel? –pregunte del modo más frío que encontré en todo mi ser.
Pero, es qué esperaba ¿qué lo recibiera con los brazos abiertos? ¿Qué corriera a darle un beso? Que idiota e ingenuo. Una persona tan tonta como él jamás se merecerá eso. No, ya no más.
-Bella, amor, yo sólo quería pasar a verte –susurró.
Suspire pesadamente y camine hasta él, le tome de la mano y lo saqué del pórtico de mi casa, hasta el pequeño bosque que estaba al lado de ésta.
-¿Qué demonios hacer aquí? –pregunte de un modo muy agresivo.
Él no tenía ningún derecho a llegar cómo si nada a mi casa.
-Ay, Bella. ¿No me vas a decir que ya me olvidaste? –Soltó una fuerte risa burlona que me dio ganas de golpearle esa carnosa boquita que tiene.
-¡Cállate! –le escupí cada una de las palabras en su cara de niño bonito.
-Bella, a nadie engañas –dijo, agarrándome del antebrazo y juntándome a él-. Yo sé que me extrañas y que quieres estar conmigo…
-¡No! –grite interrumpiéndolo-. Yo ya tengo a alguien más en mi vida –le informe con una sonrisa triunfante y, de inmediato, el rostro de Edward llego a mis pensamientos.
Más sin embargo, Nahuel sólo me quería humillar. Se empezó a reír a mandíbula abierta como si le hubiese contado el mejor chiste en toda el área limítrofe.
-Bella… tú siempre me querrás a mí –dijo, con una sonrisa prepotente. Tenía muchas ganas de borrar esa sonrisa con un puño bien marcado.
-Eso quisieras, idiota –escupí y luego agregue-: jamás fuimos novios, nunca nos besamos, te quería… pero eso se acabo en el momento en el que tú…
Pero no pude terminar la frase, él me había silenciado con una suerte cachetada que me hizo hasta girar la cara.
-Te odio –le dije simplemente.
Mis ojos ya estaban llenos de lágrimas de coraje; quería golpearlo, en este momento ese deseo me dominaba totalmente, más sin embargo, sabía que no era para nada lo más conveniente, así que me tuve que abstener.
Salí corriendo, él intento detenerme, pero no lo logró. Yo fui más rápida y misteriosamente no me tropecé ni nada por el estilo.
(…)
Ya faltaba poco para que dieran las seis de la tarde y el cielo ya se veía de un brillante color perla, listo para volverse negro en cualquier momento; y Edward no me había ni llamado ni nada.
Luego del incidente con Nahuel, me había quedado en mi cama, me dormí por dos horas, pero, de ahí me la pase mirando hacía el techo, pensando en Edward solamente. No podía hacer nada más. Estar en el bosque con el sucio de Nahuel, me hizo sentir una pava. Sentía que engañaba a Edward y lo peor del asunto, es que Edward no era mi novio ni nada parecido, bueno, algo parecido, pero no lo era… aún. No importaba. Ahora, estaba él en mi vida y no lo podría dejar ir, y, mucho menos, iba a dejar que Nahuel arruinara mi vida, apareciéndose otra vez en ella.
Me levante de mi cama y me dirigí hacia mi ropero y agarre mi ropa y mi neceser y camine hacia el baño. Me metí en él y empecé a bañarme.
El agua relajaba mis músculos y me ayudaba a pensar sobre todo lo que me había pasado en el día. No era mucho, pero necesitaba pensarlo bien.
El modo misterioso de Edward al hablarme, el aparecimiento de Nahuel… no entendía por qué Nahuel se había aparecido así ó, mejor dicho ¿para qué? No entendía nada que hacer aquí, en mi casa, no tenía derecho. Él me había engañado, aunque, realmente nunca fuimos novios, pero según él sí y entonces, eso concluía que me había engañado, según él.
-Idiota –susurre, mientras el agua seguía golpeando mi cuerpo, retirando todo el shampoo de mi cabello.
Igual, no importaba mucho, simplemente, él era el idiota, yo no podría hacer nada, sólo mantenerme lejos de él, no acercarme a él y tampoco pensando en él. Ya lo había tenido borrando hasta que se volvió a aparecer. Bueno, sería fácil volver a borrarlo. No hay problema.
Cuando mi cabello estuvo libre de shampoo, y mi cuerpo enjabonado y limpio, cerré la llave del agua y salí de la regadera, envolviéndome con la toalla que estaba colgada en el percho que estaba al lado del lavabo.
Me vestí rápidamente y seque mi cabello; baje las escaleras, y me encontré con mi padre viendo la televisión.
-Oh, Bella –dijo, cuando me vio bajar-. ¿Vas a algún lado? –pregunto, un tanto extrañado, por mi ropa.
Me había vestido con una falta tableada de color azul oscuro y una blusa de tirantes color rojo. Tenía puesto unos zapatos abiertos negros y me había puesto mis pulseras y collares que usaba sólo en momentos importantes.
-Em, eso creo –dije, sintiendo como un pequeño rastro de sangre corría hacia mis mejillas.
-¿Vas a volver a salir con Tanya? ¿O con Alice y Rosalie? –preguntó un poco más interesado de lo normal, y, añadió-: ¿Ó vas a ir con Nahuel?
Tenía una sonrisa de oreja a oreja y un pequeño rastro rosado en sus mejillas. Yo sabía que a él le agradaba Nahuel, pero a mí no, y no lo iba a volver a tratar así que ni lo esperaba, no importaba lo mucho que a mi papá le agradase, a mí no.
-¡No! –dije un poco histérica-. Nahuel es una persona con la que ya no voy a volver a tratar jamás.
Mi voz sonó firme, y mi papá no me contraataco en lo más mínimo. Se limitó a asentir y yo me dirigí al comedor, esperando a Edward… esperaba que no tardara tanto, pero, por si acaso, agarre una hoja y un lápiz y me puse a dibujar. Estaba muy aburrida y siempre me gusto hacer eso cuando estaba así.
Me puse a dibujar un ángel; no era especialmente muy buena dibujando, Alice era mejor, pero, a mi me gustaba mucho y no era nada mala, según mis amigos y familia. La verdad, cuando lo termine me encanto como quedo, tenía unas alas esponjosas y grandes, sus ojos eran grandes y de estilo anime, sus labios eran regordetes, pero de perfectos. Su nariz recta y respingada. Era Edward… mi ángel Edward…
Mire el reloj de mi celular, y vi que ya eran las ocho de la noche. No lo podía creer… seguro Edward ya no vendría. Eso me dolió, sentí un pellizco en el pecho, en mi corazón y, seguido, una lágrima solitaria bajo por mi mejilla.
Escuche unos toquecitos con los nudillos, en la puerta.
Mi corazón dio un vuelco y corrí, literalmente, hacía la puerta. La abrí con desesperación y, ahí, se encontraba Edward, recargado en el marco de la puerta, con una sonrisa torcida que podría darle un ataque cardiaco a cualquiera.
-Edward –susurre y lo abrase, sin poder evitar el impulso.
Escuche su musical risa y sus brazos rodeando mi cintura.
-Vamos, ¿quieres? –dijo, cuando nos separamos.
Sentí la mirada de mi padre clavada en mi espalda y mis mejillas se cubrieron al instante de un rojo carmín. Sonreí y me gire hacía Charlie.
-Voy a salir, papá –me despedí de él con la mano y tomé la de Edward y él me dirigió hacía un flamante Volvo plateado que estaba iluminado sólo por la luz de los faroles de la calle.
-¿Es tu auto? –pregunte, cuando él me hablo la puerta del copiloto. Vi su pequeña sonrisita en sus labios.
-Sí, orgullosamente sí –dijo.
Estaba orgulloso de su auto, eso era divertido. Me senté en el asiento y él cerró la puerta, lo vi rodeando el auto y entrar a la cabina del conductor.
-¿A dónde vamos? –pregunte con curiosidad cuando arranco el auto y lo puso en movimiento.
-A un lugar especial –susurró con cariño.
No proteste, no aporte nada. Preferí quedarme callada y tranquilita viendo el paisaje; estaba muy oscuro y me causaba un poco de sueño. Creó que me quede dormida mientras no llegamos.
-Bella –susurró Edward, y sentí unos leves empujoncitos en mi hombro.
Gimoteé y abrí poco a poco mis ojos.
-Llegamos –dijo Edward, se acerco a mí y me dio un cálido y suave beso en los labios.
Sonreí inconscientemente, él me estaba volviendo adicta a él, y, mucho más, me estaba volviendo adicta a él, no podía ya estar lejos, ahora, por su culpa nunca me podría alejar de sus andares, siempre sería su sombre él quiera ó no.
-¿Dónde estamos? –pregunto, en un intento vano de asomar mi cabeza por la ventana del conductor, pero, Edward no me dejo ver más allá de su bello rostro.
-Ven y descúbrelo –susurró en mi oído, antes de salir rápido del auto para rodearlo y abrirme la puerta.
Sentí mis mejillas encenderse ligeramente y tome la mano que él me había ofrecido, y baje del auto.
Cuando estuve fuera del auto, divise hacía enfrente y me encontré con una de las cosas –ó quizá la cosa-, más hermosa que había visto en toda la extensión de mi vida.
Al frente mío, había un hermoso prado, lleno de flores y árboles de gran tamaño. Todo estaba iluminado únicamente por la luz de la luna llena; había colorido por todos lados, las flores tenían colores tan vivos que incluso en la oscuridad se podían apreciar. Los árboles eran de gran tamaño y con troncos firmes y de un color café –porque sí, misteriosamente eran cafés-.
En medio de todo el prado, había un círculo que estaba hecho con girasoles, y, en medio de ese círculo, había una pequeña mesa para dos, que estaba tendida con un mantel blanco y, con otro de color verde. En el centro de la mesa había un candil de oro, que tenía las velas ligeramente humeantes y le daba un toque elegante. Los vasos eran de fino cristal y con bordes dorados en la parte superior. Los platos eran lo mismo, pero en lugar de ser de cristal, eran de blanco mármol.
-Edward –dije, y, sentí cómo él llegaba a mi lado y me rodeaba con una sola mano mi cintura-. E-es –me volteé hacía él y me lance a su cuello-, es simplemente hermoso.
Creó que empecé a llorar, porque mi cara se sintió ligeramente húmeda.
-Siempre te daré lo mejor –susurró contra mi cabello y segundos después deposito un beso en la coronilla de ésta.
Me guió hacía la mesa y me senté, él se sentó justo enfrente de mí y tomó mi mano entre las suyas. No me había dado cuenta de que había un plato cubierto para que no dañara la comida que estaba en él. Comida qué, por cierto, había preparado Edward: lasagna. Sabía deliciosa, la mejor que había probado en toda mi vida.
-Bella –dijo Edward, parándose de la mesa y situándose a un lardo de mí, yo me acomode lo justo para poder estar enfrente de él-. Mi querida Bella –susurró con cariño-. Sé que realmente nos conocemos hace muy poco, pero, no puedo creer que este corto plazo de tiempo allá sido lo justo para que me volvieras loco y dependiente a ti. –"Hay cariño, hablas por mí."- No puedo creer que me hayas gustado cómo nadie en este mundo lo ha llegado a hacer. No lo puedo concebir, pero es la pura y simple verdad. Y, contra la verdad ¿qué podemos hacer sino más que aceptarla? –En ese momento, se arrodillo, poniendo su mano sobre su muslo-. Y, yo he aceptado mi realidad y la he recibido con los brazos abiertos, y, esa realidad eres tú, tu belleza y la locura que provocas a todo mi ser. No lo podía creer, pero, ¿qué más da? Te quiero demasiado, no lo puedo negar en lo más mínimo, así qué: Bella, mi hermosa Bella ¿quieres ser mi novia?
Cuando termino de hablar, juro que mis mejillas debían de estar más mojadas que si hubiese llovido. Lo único que pude hacer en ese momento, fue arrojarme a él –tumbándonos a los dos, por cierto-, y darle un enorme y largo eso en la mejilla, para luego pasar a su boca.
-Te quiero con locura, Edward, mi Edward –susurre de un modo posesivo-. Y, claro que sí.
Nos volvimos a fundir en otro beso, pero, esta vez un poco más corto.
:'D?
.: * ฆℓƷҳ * :.
