Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomé prestados para mi historia.


Capítulo V

Amor Complicado

Parte 2

Por Monikawaii

— ¡Déjenme pasar! ¡Demonios! —una muchacha con una falda muy corta corría por las calles desesperada y apurada, su cabello agarrado con una trenza se movía en un vaivén—. ¡Mi hijooooo…! —gritaba, obteniendo las miradas curiosas de la gente—, ¡Está a punto de naceeer!

Por fin se había acabado todo, al fin iba a poder tener a su hijo en sus brazos y eso lo hacía muy feliz después de todo lo que había tenido que pasar.


Akane había decidido dejar de trabajar, pues una vez que su barriga se convirtió en algo enorme, le era imposible continuar con el trabajo arduo de maestra en el jardín de infancia en el que había empezado hace unos meses. Las artes marciales también estaban prohibidas para ella lógicamente. Así que Ranma tuvo que encargarse entonces de mantener el hogar hasta que el niño naciera y ella pudiera hacerse cargo. El dinero que habían ahorrado con las ganancias del año anterior en el dojo, empezó a escasear debido a los caros antojos de su hermosa esposa embarazada. Simplemente no podía decirle que no. Así le demostraron las innumerables veces que tuvo que huir, antes que ella dijera algo, sin embargo esa vez le fue imposible.

—Ranma —le había dicho.

— ¿Sí…? —le contestó cansadísimo por el arduo día que había tenido en ese restaurante, que estaba lleno de hombres indecentes y groseros; además de haber tenido que lidiar con la tira de malcriados de sus alumnos del dojo, que obviamente no lo querían a él sino a Akane—. Ya verán esos mocosos —dijo para él, pero ella logró escucharlo.

— ¿Qué pasa? ¿Qué les hiciste a mis niñitos? —preguntó ella con toda la inocencia del mundo, pero queriendo molestarlo, cosa que a él no le hizo ninguna gracia.

— ¡¿Qué les hice, dices?! ¡¿Yo?! —levantó la voz mientras recordaba a esos pequeños demonios, que le habían hecho la vida imposible desde que se enteraron que su lindísima profesora estaba embarazada.

—Pues sí, obviamente debes haberles hecho algo para que te molestaran —recalcó en tono de burla—.¿No, bebé? ¿Verdad que tu padre no sabe cómo tratar a los niños? —decía mientras se tocaba la barriga, hablándole también a su hijo.

— ¡Mira, Akane! ¡Si sigues en ese plan, entonces…!

—Entonces... ¿Qué? —lo miró intensamente y luego sonrió—. Veo que al menos te quité el cansancio, porque todavía te quedan ganas de pelear.

— ¡Yo no tengo ganas de…! —pero fue callado por los dedos de su esposa.

—Tranquilo, ya vendrán mejores días —se sentó en la cama y luego le dedicó otra mirada—. Querido…

Sabía que algo se venía, o algo quería y se había antojado, muy pocas veces lo llamaba así, ya antes lo había hecho, por esas razones; una vez le pidió frutas que ni sabía que existían, chocolates suizos, hasta pulpo, y eso era carísimo, ya se estaba preparando para escapar…

— …grejo —no había escuchado eso. No "eso"

—Quiero comer cangrejo —ella era consciente de que casi no había dinero, pero no podía con sus antojos, era algo que nunca había sentido con tanta devoción y deseo.

—Sabes que eso… —carraspeó.

—Sí, pero él quiere también —lo miró abriendo y cerrando los ojos de manera bastante coqueta.

Y finalmente él no se pudo resistir. Akane sabía como manipularlo.

Él no entendía por qué hacía lo que sea para satisfacerla de todas las maneras posibles, pero recordó la razón por la cual caía en sus encantos, porque cuando le traía lo que pedía la miraba contenta, su rostro de pronto se iluminaba y lo enamoraba de nuevo dándole un beso de agradecimiento. Le hacía muy feliz verla así, es por eso que empezó a trabajar haciendo lo que más odiaba, teniendo que convertirse en chica, poniéndose ese provocativo traje de mesera, y atendiendo a hombres lujuriosos. A veces pensaba que era demasiado, pero no tenía remedio.

Aunque no hubiera dinero, trabajaría duro al siguiente día.

Y así fue. Ese día consiguió más propinas de lo previsto, pues había utilizado sus encantos femeninos. Fue al supermercado y compró lo que Akane deseaba. Al llegar a casa, la encontró dormida, pensó que eso era algo bueno pues decidió que él cocinaría, de todas formas, no iba a arriesgarse a que ella lo arruinara, con lo caro que costó.

—Estuvo delicioso… —Akane se había levantado y se había ido a su habitación, echándose boca arriba en la cama y acariciándose la barriga en señal de satisfacción.

—Por supuesto, eso fue porque lo hice yo —respondió él, colocándose a su lado.

—Hasta cocinaste para mí… —sonrió.

— ¡Ja! Pues claro, no iba a permitir que tú lo arr… —se tapó la boca antes de terminar.

— ¡Permitir qué! —giró su rostro enojado para mirarlo.

—No, nada… —rió nerviosamente —. Akane…

— ¡Nada, ¿No?! —agarró rápidamente una almohada y si la lanzó en la cabeza—. ¡Te conozco lo suficiente!, ¡No querías que yo lo hiciera! ¿No?

—Pues, Akane, ya déjalo así… —trató de calmarla.

— ¡Sigues siendo el mismo idiota de siempre! —y se echó a llorar.

¿Desde cuándo se ponía a llorar cuando él le decía lo mal que cocinaba? Nunca lo había hecho, siempre lo golpeaba, pero nunca esto. No sabía como reaccionar.

—Oye… Akane, espera por favor… no llores —intentó acercarse.

— ¡Buaaaaaaaaaaaaa…! —mocos le salían de su nariz—. ¡Ahora ya no te diré nada!

—Akane… ¿Qué cosa? —Ranma desesperado buscaba la manera de tranquilizarla y más aún con esa revelación—. Ya, ya —se acercó para abrazarla y sorprendentemente no lo rechazó.

Y se calmó en sus brazos, ni siquiera ella comprendía qué es lo que le sucedía, nunca había sido tan sensible antes y menos por una idiotez como esa.

—Dime, ¿Qué pasó? —le preguntó mientras la miraba como se limpiaba los mocos con su brazo y sonrió.

—Ven —lo tomó de la mano y se sentó en la cama de nuevo. Luego tomó otra vez su mano y la colocó en su barriga de siete meses—. Lo vi, Ranma —dijo con lágrimas en los ojos—. Vi como se movía a través de mi piel... háblale y podrás verlo tú también.

Después de ese día que no había podido sentir a su hijo, esto era el paraíso. Comenzó a hablarle, su boca sólo decía monosílabos, pero aún así, pudo observar esas patadas que duraban segundos a través de la piel de su mujer. Parecía que podía reconocer su voz, cada vez que él decía algo, se movía muchísimo.

Y su memoria trajo también esos recuerdos en que lo vio por primera vez, ese día en que su esposa se hizo la ecografía. Al final recibieron su primera foto que guardó celosamente en una caja.

Y así transcurrieron sus días con ella. Entre tragos amargos y también momentos agradables, así era cómo había decidido que sería su vida.

Aún así, nada lo preparó para los hechos que ocurrirían, el día que él decidió nacer.


Se había ido como siempre a trabajar al dojo, en la tarde volvió corriendo a casa, ya que faltaba muy poco para que Akane dé a luz por fin, así que se dirigió allí para asegurarse de que todo estaba bien. Lucía tan preocupado, pero ella de un grito lo mandó al trabajo, diciendo que estaba bien y que no tenía que preocuparse. Ese día el restaurante estaba atiborrado de gente y no le quedaban manos para nada.

¡Ranma!

¡Señorita!

¡Venga acá!

¡Quiero un café!

Gritos y gritos por todo el lugar.

— ¡Ranma! —lo volvieron a llamar.

— ¡Ahhhh! ¡Qué es lo que quieres! —su voz femenina resonó por todo el lugar, sorprendiendo a todos los presentes, en especial a su jefe, quien era el que había dicho su nombre.

¿Ahora qué? ¿Lo iba a despedir? Justo ahora que necesitaba el trabajo.

Su jefe lo miró con cara de pocos amigos.

—Dejaré pasar esto sólo porque es una situación de emergencia.

— ¡Discúlpeme! —y optó por la posición del tigre caído.

—Tu madre está al teléfono —le dijo poniéndole en su oreja el auricular—. Parece que vas a ser padre —dijo con una sonrisa que sobresalía de su frondoso bigote. Él era el único en ese lugar que sabía acerca de su maldición.

Ranma ahora corría a toda velocidad hacia el hospital.

—Pero qué terca es —murmuró—. Diciéndome que todo estaba bien...

Su madre estaba con Akane, quién estaba a punto de dar a luz. Maldijo en sus adentros por no estar en esos momentos con ella.

— ¡Déjenme pasar! —gritó con todas sus fuerzas, mientras se deshacía del mandil que llevaba puesto. En el momento en que escuchó "Luz", dejó el auricular del teléfono y había salido a toda velocidad sin escuchar nada más.

Había llegado en tiempo record al hospital, su velocidad no se comparaba ni al mejor maratonista de la historia.

— ¡Señorita! —se dirigió a una enfermera que estaba en el área de admisión—. ¡Mi… esposa! —su voz estaba entrecortada por el cansancio—. ¡Está... a punto de dar… a luz! ¡Dónde es... la sala de partos!

Pero la susodicha lo miraba confundida.

— ¡Por favor! ¡Es urgente! —esta vez tuvo que levantar la voz.

—Pero…

— ¡No tengo tiempo que perder!

—Pero usted es una mujer, ¿Acaso escuché mal?

Sí que lo había olvidado, se agarró los pechos y confirmó su lamentable estado.

— ¡Demonios! —por eso es que odiaba tanto su maldición, en estos momentos no le ayudaba en nada.

Felizmente su madre apareció por detrás, calmando su furia incontenida.

—Será mejor que te cambies.

—No tengo ropa de chico. Esto es tan vergonzoso.

Su madre esbozó una pequeña y dulce sonrisa.

—No te preocupes, Ranma —le dijo dándole un paquete con sus ropas dentro y una tetera—. Akane empacó tu ropa también en la maleta que sería para el bebé.

—Pero… ¡¿Cómo está ella?! —replicó—. ¡Quiero verla!

—Ella está bien, posiblemente esté aquí toda la noche —respondió Nodoka—. Ve a cambiarte primero y lo verás.

Se vistió como un rayo, volviendo a su cuerpo con el que sí se sentía cómodo. Entró rápidamente a la habitación donde estaban todas las mujeres a punto de dar a luz, unas les quedaba poco tiempo y se las llevaban en camillas, otras estaban sentadas. La buscó por toda la sala y allí, en el fondo, se encontraba ella; de pie.

— ¡Akane! ¡Qué haces parada! ¡Es peligroso! —la agarró tratando de sentarla en la camilla.

— ¡Qué…! ¡Qué te pasa, estúpido! —gritó empujándolo hacia la otra esquina. Su fuerza seguía siendo la misma.

— ¡Pero…! —increpó él.

— ¡Estoy bien! ¡No voy a morir ni nada!

—Pero…

—Voy a tener un bebé, no es nada del otro mundo. No estoy enferma ni nada. Además la enfermera dijo que si caminaba, él saldría más rápido —dicho lo último le sonrió—. Y de verdad, ya quiero que salga.

Las palabras de Akane lo tranquilizaron bastante, además su aspecto no lucía para nada mal.

—Ven acá. Siéntate —golpeteó un lado de la cama, dejando en claro que lo quería quieto.

—Sí —obedeció, aunque se encontraba un poco nervioso.

Nodoka los miraba contenta, la química que ambos emanaban era enorme, lo supo desde el día que vio por primera vez a "Ranko" y Akane juntos. Y se alegró tanto cuando se enteró junto con los demás que habría un heredero.

Él la tomó de la mano, en estos momentos de su relación, ya no existía la vergüenza de demostrarle cariño a la mujer con la que compartía su vida.

— ¡Ay! —se quejó Akane.

— ¡Qué! ¡Qué! ¡Akane! ¡¿Estás bien?! —se puso de pie rápidamente mientras veía que ella se sentaba en la cama y se retorcía de dolor—. ¡Akane! —en ese momento sintió una mano tocando su hombro suavemente.

— Cálmate, hijo. Es sólo una contracción —su voz era como un calmante para él—. Es el precio de ser mamá.

Pero aún así, no podía evitar sentirse impotente al no poder calmar su dolor. Pero pronto volvió a detenerse.

Y así transcurrieron seis horas. Y cada vez los dolores eran más frecuentes.


A la mañana siguiente, sus párpados se abrieron por la abrumadora luz que ingresaba en sus pupilas, vio a su alrededor y su esposa le daba la espalda encima de una cama de hospital. Se sintió extraño, no recordaba nada.

Cuando llevaron a Akane a la sala de partos, el prácticamente rogó para ingresar, aún así no lo dejaron, así que usó su clásico truco de convertirse en chica, poniéndose un traje de enfermera, a saber de quién diablos se lo robó y así pudo entrar. Pero no aguantó, apenas oyó como su esposa lo maldecía, en palabras que jamás escuchó de ella, agachó su cabeza y al instante en que vio el conducto por donde saldría el bebé, se desmayó. Definitivamente no habría podido ser doctor… ni enfermera.

— ¡Mi hijo! ¡Dónde está! —Akane se giró y le hizo una mueca despectiva.

—Aquí… —y le dio la espalda de nuevo.

Maldijo ser tan cobarde, se había perdido todo el nacimiento de su hijo, era imperdonable.

—Ranma, ¿Qué no quieres verlo? —lo llamó con su voz de ultratumba.

Se acercó un poco y allí estaba. De pronto se sintió invadido por una inmensa alegría. Su bebé succionaba uno de los pechos de su esposa. Era tan pequeño y arrugadito, sus ojos estaban cerrados disfrutando las caricias que su madre le brindaba. Su corazón no podría soportar una emoción de esa intensidad nunca más.

— ¿Quieres cargarlo? —le preguntó ella emocionada.

—Pero él…

—No te preocupes, ya terminó de tomar su leche. Ven, sostenlo.

—Sí…

Y no le importó nada más. Ni que luego los demás hicieran un tremendo escándalo al llegar, ni que por eso casi los botan a su padre y su suegro por llorar en demasía. Ni porque sus ex autoproclamadas prometidas llegaron con miles de regalos. No escuchó nada, ahora sólo estaba su esposa Akane y su pequeño hijo Shun.


Notas: De nuevo tengo que disculparme por haberme tomado tanto tiempo sin actualizar. Primero porque estuve en unos pequeños problemas, después porque estuve bastante ocupada, luego porque había renunciado a mi trabajo (pero eso sí fue para bien). Además de eso, se me fue completamente la inspiración, estuve un tiempo preguntándome ¿por qué es que escribía fics? ¿ya no estoy lo suficientemente grande para esto? Y esas cosas. Supongo que serán dudas existenciales que uno tiene de vez en cuando. Pero sí que obtuve mis respuestas, es porque me gusta, le agarré un completo agrado a esto de escribir. Me ayudó a conocer personas geniales que nunca pensé que encontraría en este mundito. Y porque aún cuando esté grandecita, me importa un comino lo que digan los demás sobre mis gustos y manías.

Bueno, ya que me desahogué hablando, ¿Qué les pareció este capítulo? Debo decir que tendrá un tercera parte, porque aún tengo algunas ideas, jeje.

Ah, busqué un nombre que sonara bonito y con significado para el hijo de ellos dos. Shun me gustó bastante y significa caballo veloz, sobresaliente, excelente.

Este episodio va dedicado a Romina (Randuril) porque siempre está al pendiente en mis continuas desapariciones (en la que no me voy por mucho tiempo, pero aún así) para mí eso es muy valioso. Además porque el otro día me metí a su blog y casi me muero de la vergüenza, jaja. Romi, sé que te gustan mucho las historias donde ellos están casados, por eso también esto va para ti.

Saludos a todos quienes comentaron el capítulo anterior.

Pronto vendré por más.

Sophy.