Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista a la que extraño demasiado los findes.
A mi Miss Swan tata favorita porque pronto me iré con ella a vivir, a Vero porque es un cielo y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista
CAPÍTULO 9 EL AMOR NO ES EGOISTA
Las semanas iban pasando con lentitud pasmosa, Emma y Regina habían convertido en costumbre encontrarse al menos dos veces a la semana en el campo de lirios y, cuando no podían verse, intercambiaban mensajes mediante campesinos por lo que continuamente se comunicaban, echándose de menos cada día que no podían estar juntas.
Sus encuentros eran castos, tiernos y cargados de momentos dulces en los que la morena obsequiaba a su princesa con su dulce voz entonando melodías para Emma desconocidas, donde aprendieron mediante besos castos o apasionados, a conocerse, a conocer sus miradas, comunicarse sin palabras.
Mirando las estrellas, envuelta en la cálida capa oscura de su Regina, y con su cabellera rubia desperdigada sobre el pecho de su amada, Emma hablaba de libertad, de escapar juntas a reinos lejanos donde sus apellidos no significaran nada, donde fuesen libres de amarse, de estar juntas sin un adiós.
Regina escuchaba los sueños de su amada con el alma encogida pues conocía una verdad que a Emma se le había negado toda su vida, no había nada más allá de Toletum, solo el mundo real y en ese mundo su princesa no tenía cabida, su joven amada era una muchacha atrapada eternamente en el siglo quince.
Conocía la profundidad de sus sentimientos, se había enamorado de la joven Swan sin poder evitarlo y estar a su lado conseguía hacerla feliz como no lo había sido nunca antes en su vida.
Se aferraba al tierno afecto que Emma le regalaba de manera egoísta puesto que sabía que esa historia tenía fecha de caducidad, en cuanto el gobernador metiese las garras terminaría con ellas, por lo que disfrutaba de cada segundo a su lado, alimentando sus fantasías de amor eterno al verse sin valor de apartarse de ella, a pesar de que era lo mejor para ambas y lo sabía.
Cada vez que la princesa pronunciaba con tedio y asco el nombre del duque Cassidy, las entrañas de la morena ardían de celos y rabia, aunque estaba atada de pies y manos puesto que si el Gobernador decretaba ese matrimonio como válido ella no podía hacer nada. En esos momentos odiaba vivir en ese mundo donde sus destinos eran escritos por gente ajena, buscando una mayor audiencia y perdiendo la libertad de decidir cómo vivir sus vidas. Sus ojos oscuros se teñían de dolor mas la princesa raras veces se percataba de ello, perdida en sus propias fantasías de amor eterno.
Se dedicaba a vivir el día a día, disfrutando de sus emociones desbordadas, de cada beso que su princesa le regalaba, de cada segundo a su lado. Las semanas iban pasando y en la residencia de los Mills, todos se habían percatado de los cambios realizados en la joven heredera del título. Luci estaba preocupada por su amiga, no era un secreto que el Gobernador había pedido que Regina rompiese el corazón de la joven princesa mas en los ojos de la morena se podía leer el amor creciente que esta llevaba en su interior. Las más cercanas a la morena sabían que algo no iba bien en el plan inicial.
Una noche, entrando agotada a su alcoba, la morena se percató de que había una rosa blanca sobre su almohada, reconociendo el mensaje en el acto. Luci la estaba citando en el cobertizo y extrañada bajó a reunirse con ella, hacía mucho que no la reclamaba.
Entrando en ese lugar secreto donde sabía que no eran observadas por las cámaras, se encontró de frente con Luci y Trish, las más jóvenes de la familia, muy distintas y a la vez buenas amigas.
Trish Mills había llegado poco después que Luci a Toletum, también trasladada aunque jamás explicó los motivos de su condena, de cabellos rizados, castaño claro y ojos penetrantes, junto a Luci eran sus más allegadas, amigas en las que confiaba.
Luci se dirigió a ella en ese momento, con voz temblorosa pero decidida ya que estaba realmente preocupada por Regina.
-Gina, Trish y yo nos estábamos preguntando qué pasa por tu cabeza
-"¿En qué sentido?"
-En el sentido que llevas en las nubes semanas y me temo que es por Emma Swan
-"Luci no quiero hablar del tema"
-¿Por qué? ¿Por qué no quieres escuchar la verdad? ¿No quieres escuchar que con tus actos estás condenando a Emma a una muerte segura?
-"No morirá por mí, no voy a permitir que le hagan daño, renuncié al trato con el Gobernador, no quiero ser libre si eso conduce a la muerte de la princesa"
-Cuanto más tiempo alimentes sus fantasías de amor eterno, más dura será la caída Regina, no saldrá bien y lo sabes, el amor no es egoísta y tú lo estás siendo, te aferras a ella sabiendo que va a costarle la vida
-"No permitiré que le hagan daño…"
-No podrás protegerla sin la cabeza sobre tus hombros, el Gobernador pedirá tu muerte y se la proporcionarán con gusto, hay mucha gente que te odia Gina… ¿Cómo crees que se tomará Emma Swan tu muerte?
Regina se mantuvo en silencio pues sabía que todo cuanto Luci y Trish le habían dicho era cierto. Estaba siendo egoísta al mantener a Emma a su lado. Suspiró pues sabía que su historia tenía que llegar a su fin, de tal manera que su Emma no sufriera.
Salió del cobertizo sin decir nada, el cansancio al igual que el sueño la habían abandonado y, sin pensar en las posibles consecuencias de sus actos, ensilló a Rocinante y puso rumbo al palacio de Emma.
Sabía que su princesa estaría dormida pero necesitaba verla, hablarle cuanto antes, decirle adiós cuanto antes. Llegó al hogar de su amada y dejó el caballo unas millas alejado para no llamar la atención. Su atuendo oscuro le permitía camuflarse en esa noche sin estrellas y, recordando como su amada le había descrito sus aposentos intuyó dónde se podía encontrar. Sacando su puñal de la bota y usándolo para ayudarse en su escalada nocturna, subió por esa pared de piedra y hiedras, un paso en falso y fallecería pero no le importaba, estaba concentrada en su labor y en la inminente visita a su amada.
Tardó más de lo que tenía previsto mas al llegar a la ventana, para gran alivio la encontró abierta y penetró sin hacer ruido en el interior, acostumbrando sus ojos a la penumbra lentamente, divisó la enorme cama con dosel en la que descansaba su amada, su cabellera rubia desperdigada sobre los almohadones y su rostro teñido de paz y serenidad, la sonrisa que adornaba su rostro dormido le dejó sin aliento y lentamente se acercó a ese lecho donde reposaba su princesa.
Con cuidado apartó un mechón de sus cabellos liberando por completo su rostro, un leve contacto que despertó a la princesa sobresaltándola. Sus ojos claros se clavaron en ella que en la penumbra consiguió silenciar sus labios para que no gritara, colocando con suavidad su mano sobre ellos.
-"Mi princesa no gritéis, soy yo Regina"
-¿Regina? ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo habéis entrado?
-"Trepando"
-Estáis loca, podíais haberos matado mi señora
-"Pero no lo hice… Princesa vengo a hablaros"
-¿No podíais esperar a verme mañana mi señora?
-"No, no podía"
Su voz abatida, la forma en la que se sentó sobre el lecho mirando un punto inexistente y su suspiro de frustración, consiguieron que la princesa se enderezara preocupada, pensando que algo le había pasado a su amada.
-¿Qué ocurre Regina? ¿Por qué estáis abatida?
-"Mi amor… esto que tenemos debe acabar"
-¿Terminar? ¿Por qué?
-"Porque estamos jugando a un juego peligroso princesa, no deseo que sufráis daño alguno por mi causa"
-Pero Regina, yo quiero estar con vos, a vuestro lado…
-"Mi familia y vuestra familia nos perseguirán hasta el fin del mundo mi princesa, jamás nos dejarán amarnos… Creedme que he sufrido tomando esta decisión pero es la acertada"
-¿No me amáis mi señora?
-"Precisamente porque os amo debo marcharme de vuestro lado, vos habéis visto con vuestros propios ojos el alcance de esta guerra, no quiero llevar vuestra desgracia, vuestro dolor sobre mis hombros… Lo mejor para ambas es no volver a vernos Emma"
Sus ojos aguamarina estaban teñidos de lágrimas, mas en el fondo comprendía demasiado bien los motivos de la morena para alejarse de ella, la estaba protegiendo de la deshonra, del repudio de su familia, la estaba cuidando renunciando a ella, le estaba demostrando una vez más cuán noble tenía el alma.
Busco sus labios en la penumbra y los besó, un beso casto con sabor a lágrimas pues Regina había estallado en un silencioso llanto, decirle adiós fue más doloroso de lo que creía. Emma sintió que le ardía el vientre, la necesidad de regalarle a Regina todo cuanto era para que esta la recordase eternamente nació en sus entrañas, obligándola a profundizar ese beso, solicitando un tímido acceso a cada rincón de la boca de su amada como había aprendido a hacer. Regina se lo concedió con gusto y la pasión se apoderó de ellas, encendiendo sus cuerpos.
Al separarse para tomar aliento, los jadeos sordos y los latidos de ambos corazones resonaban en la estancia, mientras la morena apartaba los cabellos del rostro de su amada, pegando sus frentes, manteniendo un tímido contacto.
-Supongo que al final me casaré con el duque Cassidy
-"Será lo mejor para vos mi amor"
-Regina… si otro va a tenerme en contra de mi voluntad no quiero que sea el primero
-"¿Majestad?"
Con los ojos cargados de asombro y pasión, Regina vio como lentamente su princesa se deshacía de la fina capa de tela que le servía de atuendo durante las noches, dejando que la luna dibujara su hermosa figura, su desnudez. Con la mente en blanco y sin saber cómo actuar, olvidándose de que esa escena estaba siendo televisada y seguramente medio mundo la estaba mirando en directo, simplemente se perdió en la mirada clara de la princesa tragando saliva con dificultad.
-Quiero que vos seáis la primera Regina, quiero ser vuestra pues os pertenezco desde ese baile de máscaras.
Un nuevo beso, esta vez impaciente y hambriento, prácticamente devoró los labios de Emma con una pasión arrolladora. Había viajado hasta ahí para decirle adiós mas no podía negarse a tomarla, a marcarla como suya, a regalarle una última noche que ninguna iba a olvidar.
Con un suave susurro, la tela de su capa se deslizó por su espalda hasta terminar sobre el suelo, al igual que el sonido sordo y metálico de su espada al chocar contra la piedra. Las manos impacientes e inexpertas de la princesa buscaban deshacerse de sus ropajes con ansiedad y Regina la ayudó con gusto, retirando una a una sus prendas, entre hambrientos besos y caricias que quemaban como el fuego.
Tumbando a la princesa sobre su lecho y deshaciéndose de sus últimas prendas, pegó sus cuerpos ansiosa mientras sus labios devoraban el blanco cuello de su amada, besándolo y mordiéndolo, provocándole gemidos ahogados puesto que no quería despertar a todo el castillo.
Emma se aferró a su trenza oscura, liberando sus cabellos que cayeron en cascada sobre su rostro, cabellos oscuros y ojos ennegrecidos de pasión, una pasión salvaje y arrolladora que había dejado a la princesa sin aliento.
Regina aprisionó sus muñecas por encima de su cabeza mientras ella se dejaba hacer, completamente eufórica y confiando plenamente en la morena. Sus labios bajaron de su cuello al nacimiento de sus pechos, donde se entretuvo un buen rato, jugando con su excitación, besando y mordisqueándolos con suavidad, soplando sobre ellos para endurecerlos y sonriendo puesto que podía notas como la humedad de su princesa se hacía cada vez más evidente con sus atenciones.
Bajando lentamente por su cuerpo, regándolo de besos aquí y allá, entreteniéndose en esos lugares en los que descubría un mayor acogimiento, finalmente llegó a su objetivo y el aroma dulce de la joven Swan invadió sus sentidos, los jadeos ahogados de la princesa la incitaron a continuar con su dulce tortura, a deleitarse con el sabor de su amada y, con gran ceremonia, besó ese lugar prohibido para devorarlo lentamente, como si estuviese degustando el manjar más exquisito. Los jadeos y pequeños grito de su amada invadían su alma, dándole valor para acelerar los movimientos de su boca, las caricias de su lengua, llevándola al cielo en cuestión de minutos.
Emma se aferró a las finas sábanas, sintiendo como si una explosión naciese en su interior y se expandiese por todo su ser, era una sensación exquisita y se le nublaron los sentidos al sentir su piel arder con cada una de las caricias de su amada. Estalló en un grito que ahogó con su almohada, lágrimas de placer y felicidad caían por sus mejillas, no se arrepentía en absoluto de haberle entregado a su Regina todo cuanto era, todo su ser, mas la morena no había terminado, no estaba saciada, quería más de ella y con gusto se lo proporcionaría.
Cuando la sintió buscando sus labios hambrienta correspondió a su beso, beso salado, beso con sabor a ella misma, gimió con ganas al sentir el calor de su piel pegada a su cuerpo, al pasar sus manos por la espalda de su amada, marcada por extrañas cicatrices por las que no se atrevía a preguntar. Sus besos se volvieron violentos, hambrientos y empezó a humedecerse una vez más, curiosa por esas nuevas sensaciones que se apoderaban de su cuerpo con cada toque de su morena.
Regina, con suavidad, le abrió una vez más las piernas colocándose entre ellas, presionando su centro húmedo a medida que profundizaba sus besos. Cuando cortó el contacto para retomar el aliento, los ojos claros de su princesa estaban oscurecidos por el deseo, los cabellos de ambas estaban enredados y sus rostros perlados de sudor al igual que el resto de su piel, aunque Regina no tenía suficiente, era su adiós, su última noche y se iba a marchar tras haberla poseído por completo.
-"¿Estáis segura de esto majestad? Una vez hecho no puede deshacerse, podríais buscaron un problema serio"
-Os amo Regina Mills, nadie más que vos tiene el derecho a tomarme
-"Quizás os haga daño mi princesa"
-Confío en vos
La besó una vez más, con una confirmación muda de que iban a sellar sus destinos para siempre y, lentamente para no dañarla, su dedo se fue introduciendo en su interior, hasta romper ese freno que le impedía poseerla por completo. Un pequeño quejido y una lágrima nacieron en su princesa más sus tiernas atenciones y sus besos cargados de amor y confianza fueron suficientes para clamarla. Cuando vio que el dolor dejaba pasos a gemidos de placer, se atrevió a introducir un segundo dedo, llenándola por completo y gimiendo al sentir como el interior de su princesa la recibía aprisionándola.
Entre besos cada vez más largos e intensos, empezó a jugar con el vaivén de sus caderas, embistiendo cada vez más rápido a su princesa mientras esta ahogaba sus gemidos besándola con pasión, arañando su espalda y aferrándose a sus cabellos con fuerza, incapaz de resistir el fuego arrollador que se había apoderado de su alma.
Tomando más confianza en sí misma, buscó que la morena profundizase más sus embestidas moviendo sus caderas. Un movimiento frenético que acariciaba el sexo de Regina llevándola al éxtasis. La joven Mills había perdido la cabeza, en ese momento solo existían ellas dos y el clímax que cada vez estaba más cerca, los gemidos y arañazos de Emma la estaban llevando al cielo junto a la torpe e inexperta fricción que esta le otorgaba sobre su intimidad, mientras la princesa se dejaba arrastras por la cantidad de emociones que los dedos de Regina en su interior le estaban regalando.
El orgasmo las golpeó con una fuerza arrolladora, tirándolas sobre el lecho exhaustas, completamente agotadas y con sus cuerpos perlados de sudor. Regina apartó los cabellos mojados de su amada liberando su rostro y una sonrisa nació en ambas, quizás era el adiós pero jamás olvidarían esa noche.
Tras un tiempo remoloneando entre los brazos de su amada, llegó el momento en el que debía marcharse sin mirar atrás. Se vistió lentamente bajo la atenta mirada de su Emma, mirada cargada de dolor y comprensión, Regina estaba buscando salvarla y ella lo sabía.
Una vez completamente vestida, tomó la rosa que había llevado para su princesa, la última que iba a regalarle y se la entregó en silencio, no hacía falta pronunciar palabra alguna, se habían dicho adiós haciendo el amor hacía solo unos instantes.
La joven Mills se levantó y se marchó hacia la ventana, echando un último vistazo a su amada, viendo como amargas lágrimas caían de sus ojos verdeazulados mientras llevaba la rosa a sus labios, pudo escucharla jurándole que la amaría toda su vida por lo que descendió de ese lugar sin mirar atrás, con el alma rota y el corazón destrozado mas sabiendo que estaba haciendo lo correcto, que sus actos podían salvarle la vida a Emma.
Una vez en tierra, constató que no quedaba mucho para el amanecer, debía apresurarle pues en cuanto el gallo cantase y todos los guardias volvieran a sus puestos estaría perdida. Con paso ligero corrió hacia el punto exacto donde había dejado a Rocinante cuando un golpe sordo que no se esperaba la derribó y al instante su mundo se oscureció por completo.
*NOTA DE LA AUTORA: Espero que esta escena Porn me haya quedado bien, sigue siendo todo un desafío para mí escribir ese tipo de escenas.
