+STAGE 09: IRA+

¿Inesperado? Sí, pero pasó.

Fue la voz de él la que salió cuando presionaste el botón, fue él el que llamó para preguntar por mí y fue él el que dijo las palabras que tú no podías, fue él el que se había atrevido a visitarme en tu ausencia y fue él el que se animó a preguntar por tu hijo como si tuviera derecho.

Cosa que tú obviamente no pudiste soportar ni por casualidad, por eso te quedaste mirando la máquina esa con más odio que de costumbre y escuchaste el mensaje de él como unas diez más aparte de la primera, hasta el punto en que tus pupilas se dilataron dejándote prácticamente en blanco y tus dientes se asomaron por tu boca como queriendo arrancarte la piel.

Quizá fue para torturarte o algo parecido, pero... realmente a mí la situación me dio miedo, encontrarme cara a cara con tu odio esparcido por toda la habitación y con la ira que claramente se dejaba ver en tu rostro ahora blanco, a lo que volvía a resonar entre nosotros la voz de él como macabramente y el ruido del botón cada vez que presionabas hasta romperte las uñas.

Tragué saliva apenas se cruzaron por mi cabeza las consecuencias de algo como esto, pude verte claramente en medio de una pelea al estilo callejera y con los nudillos apretados manchados de sangre fresca, a la par en que él había dejado de retorcerse de dolor y simplemente yacía tirado en el suelo como el cadáver de una víctima.

E imaginarme a mí en medio de una situación de ese estilo... sinceramente fue lo peor que me pudiera haber pasado, verme arrodillada frente a él temblando de miedo y así cargarlo en mis brazos como queriendo irme con él, para después estrecharlo contra mi pecho de una manera hiriente y dejar que mis lágrimas mojaran su rostro ahora pálido.

A raíz de tu actitud frente al teléfono, mi mente estaba jugándome una mala pasada de la peor manera y así me tenía temiendo tras de la puerta de la habitación, a ver cuál llegaría a ser tu reacción obviamente violenta y si yo tendría que inclinarme inevitablemente en defensa de él.

Pasaron entonces como unos diez minutos más hasta que te moviste, dejaste andando por última vez su voz en ese oportuno mensaje y así te inclinaste para agarrar insensatamente las llaves, a la par en que fuiste poniéndote tu sucia chaqueta en tanto caminabas y entonces dejaste la casa de un puertazo que a mí me sacudió el alma.

Sin embargo esa reacción de tu parte no me dio ningún tipo de seguridad, salir así de la casa como si estuvieras siendo arrastrado por la ira y dejar que fluyera por la puerta la rabia que te desbordaba por dentro, porque todo este tiempo te habías portado como un idiota prácticamente ciego y ahora estabas frente a una situación que obviamente se te había escapado de las manos.

Lo tenías a él ocupando el lugar que supuestamente era tuyo ahora, lo tenías a él haciéndole visitas clandestinas a la que futuramente sería tu mujer y lo tenías a él al pendiente del hijo que supuestamente creías tuyo, lo tenías a él metiéndose con la familia que de alguna manera intentabas cuidar y lo tenías a él haciendo lo que tú por renegado te negabas a hacer.

Todo así en conjunto fue demasiado para ti, que volviera a repetirse la misma hormonal historia entre nosotros tres y que encima tú volvieras a quedar en el medio, de una manera que ahora te hacía ver sinceramente estúpido y que estaba castigándote otra vez por no aprender de tus errores.

Pero yo no podía dejarte cometer ninguna locura con ese semblante violento, no podía dejar que anduvieras por la calle haciéndote el loco y andar persiguiéndolo a él por toda la ciudad como un cazador, sólo porque habías salido únicamente para darle muerte segura y para que él no volviera a hacerte quedar como un boludo nunca más en tu vida.

AÚN SABIENDO QUE, YO TENÍA LA CULPA.

Por eso salí tras de ti sin ponerme a pensar en lo que pudiera llegar a pasar, salí tras de ti sin evaluar las posibilidades de que proyectaras esa violencia hacia mí y que fuera yo la que terminara azotada por tus golpes de animal, para que entonces fuera él el que me sostuviera hirientemente en sus brazos y que fuera él el que llorara amargamente sobre mi apagado rostro.

Únicamente me concentré en seguirte como alguna especie de espía, fui moviéndome tras los árboles a medida en que recorriste las húmedas calles y así te perseguí por los lugares más despoblados de la gran ciudad, olvidándome quizá de las excusas que tendría que preparar para lo siguiente y para el momento en que por fin pudiera alcanzarte luego de horas de persecución.

Entonces me guiaste a un lugar prácticamente a las afueras de la ciudad, parecía quizá una fábrica abandonada del tamaño de una mansión de ricos y prácticamente ocupaba más de la mitad del descampado de esa ocasión, que sólo lo tenía de accesorio a él en aquella especie de balcón y que estaba unido a las escaleras oxidadas que parecían a punto de romperse.

Seguramente este era el lugar donde él venía a pensar, por la manera en que miraba despreocupadamente hacia el cielo hoy gris y por la manera en que yacía tirado ahí con los brazos tras la cabeza, achicando los ojos si estrellaba una gotita contra su cara y frunciendo el ceño ante el primero de tus pasos que crujió entre los tambaleantes escalones.

QUE QUISIERON DERRUMBAR, EL FUTURO DE ÉL Y YO.

-Tienes buena memoria, todavía-te habló, medio cómico-¿Cómo sabías que ESTABA aquí?-

-No sé-dijiste, de mala gana-Adiviné-

-¿Hmm?-te vio, de reojo

-Después de todo...-contaste, algo tranquilo-Si no estás aquí, estás cojiendote a Maka-soltaste y él, se puso en alerta-Y como Maka está en la casa...-moviste, las manos-Bueno, supuse que estarías aquí-

-¿Viniste a PELEARME?-se puso, de pie-No ME voy a contener, ¿eh?-

-Me estoy controlando, ¿entiendes?-le hablaste, calmado-De lo contrario, ya estaría moliéndote a golpes-

-Ah, bueno-se sacudió, los pantalones-No es que a MÍ me falten ganas, ¿eh?-atacó, también-Te DARÍA una golpiza ahora mismo, imbécil-y así, te le viniste encima

-¡Escúchame una cosa, tú!-le tomaste, por la remera-¡Vas a cerrar la boca, si no quieres que te mate!-apretaste, peligroso-¡Y te vas a ir de aquí y no vas a volver nunca más!-achicaste, los ojos-¡No vas a seguir metiéndote con lo mío, hijo de...!-

-¡¿Lo tuyo?-te buscó, roña-¡¿Qué carajo es tuyo?-te jugó, de vivo-¡¿Maka?-se burló, sonriendo-¡Ni tú te la crees, imbécil!-y así, te escupió un ojo

-¡Cierra la boca!-lo sacudiste, bastante-¡Vas a tener que borrarte esa sonrisa de mierda de la cara!-dijiste, malvado-¡Porque te gané, Black Star!-le fanfarroneaste, obvio-¡Ella está conmigo, no contigo!-

-¡Está contigo porque te tiene miedo!-remató, seguro-¡Loco de mierda!-

-¡¿Y tú qué mierda sabes, eh?-le agarraste, con fuerza-¡¿Por qué no te fijas que tú también tienes algo de loco?-intentaste, hacerle la cabeza-¡Si no, Maka estaría contigo, ¿no?-

-¡No está CONMIGO porque te tiene miedo!-te gritó, repetidamente-¡A ver si te entra en la cabeza, chiflado!-

-¡Chiflado un carajo!-tiraste, como para arrancar-¡Tú y tu estúpida calentura no me van joder más la vida!-casi, lo estrangulaste-¡Y lo mismo va para Maka, si no deja de estar en celo!-y ahí, él reaccionó

-¡No la metas a ella!-te tomó, de la camisa-¡Esto es entre tú y YO!-me defendió, como un caballero-¡Pero, si te atreves a tocarla, te JURO que...!-

-¡¿Me vas a matar?-le hiciste, burla-¡¿Tú y cuántos más, Romeo?-

-¡YO mismo voy a encargarme de ti!-te tiró, con rabia-¡Hasta enterrarte bajo tierra!-cambió, su semblante-¡¿Entendiste, loquito?-

-¡No te tengo miedo, cagón!-lo amenazaste, con los dientes-¡Te vas a hacer en los pantalones, antes de intentar matarme!-

-¿¡Ah, sí?-te dio, pelea-¡PONME a prueba, mierda!-

Reaccioné al primer par de golpes que ambos intercambiaron, apenas los puños empezaron a volar en la disputa que se había armado arriba y apenas él escupió un poquito de sangre desde el estomágo, donde le había quedado estacado el golpe que le habías plantado y que entonces remató con un ataque para desarmar tu mentón.

Pero no pude permitir que esta actitud machista llegara a mayores, salí corriendo de mi escondite hasta el lugar en que se manifestaban violencia y así hice lo posible para detenerlos entre los gritos de mi llanto, a la par en que seguían atacandose como si fueran dos bestias hambrientas y como si estuvieran luchando por un pedazo de carne joven pero viejo.

Ahí tú lo echaste para atrás empujandole el torso medio desnudo, que a él le hizo retroceder unos cuantos pasos y sacarte los dientes como para despedazarse la piel, cosa que yo idiotamente aproveché como una oportunidad y me prendí de su brazo rogandole insistentemente que se detuviera.

Sin embargo sus instintos asesinos reemplazaron a su semblante amoroso, por eso inconsientemente me empujó como para que me desprendiera de él y fue su brazo potente el que me apartó con violencia inhumana, para que así mis pies resbalaran entre el piso a punto de romperse y me encontrara rodando por las escaleras hasta el punto en que se dislocara mi espalda.

Que esa vez me detuvo contra unas barras de metal oxidado, que se mezclaron con el dolor que se salía por mis poros y con aquello que se escurría entre mis piernas asquerosamente, lo mismo que manchó cada centímetro de mi piel ahora sucia y que parecía de un rojo que nunca antes en mi vida había visto.

UN ROJO IRA.