Notas de traductor:
¡Señoras y señores! Una serie de avisos…
1. Hace 11 días se cumplió un año de que subí mi primera traducción. Y estoy bastante emocionado por seguir en esto. No podría expresar mi agradecimiento con palabras… ¡Yo {corazón} readers!
2. ¡Feliz Navidad! Atrasada, claro… ¡Y Feliz Año Nuevo! Por adelantado...
3. Este capítulo tiene un detalle… ¡No está completo! El capítulo original estaba demasiado grande; por tanto, en un gesto completamente selfish de mi parte, lo dividí. Ya le mandé un PM a la autora, y si tiene problemas con ello, pues lo corregiré después. Esto es para que me sea más fácil la traducción y para no dejarlos sin lectura tanto tiempo… Supongo que seguiré haciendo esto en los demás capítulos, así que prepárense para estar en ascuas más frecuentemente…
Gracias a DarkPotterMalfoy (con su hermosa y maratónica entrega de reviews), HeartSun, xonyaa11, kawaiigiirl, Alexiel Viely, kotte, KhrisTB, sailor mercuri o neptune, Sthefynice, FanFiker, Maeliza Malfoy, Aeren76, Dany de Criss, Anne Sie, Lunatica Dark y un Guest por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores…
Con el capítulo anterior alcancé la maravillosa cantidad de 100 reviews, por lo que este capítulo (y el que sigue, que será la segunda parte de éste), se lo dedico a mi entrañable amigo DarkPotterMalfoy… Lean sus historias, las y los pondrán a sudar… :D
Una vez más, nada me pertenece. Ni Rowling ni alguna otra cosa que aparezca en este capítulo.
Y sí, lo revisé ligeramente. ¡Comenten si hay errores, por favor!
Vale, acaba mi perorata.
Disfruten…
PARTE 1
Navidad. Harry no había pensado siquiera qué podría regalarle a Draco para Navidad. Y qué extraño era eso, entendió Harry. Estaba sentado a la mitad de la clase de Historia de la Magia, preguntándose qué podría comprarle a Draco Malfoy para Navidad. Sólo faltaba una semana, así que tendría que comprar algo en Hogsmeade el sábado u ordenar algo por lechuza, lo que le tomaría un tiempo. Había sido fácil escoger regalos para Hermione y Ron. Harry no tenía idea de qué se le compraba a un ex némesis, al que ahora estaba viendo en secreto. Harry miró de reojo a Draco. El rubio tenía la cabeza gacha y estaba garabateando en una pieza de pergamino. Su brazo derecho estaba cubriendo el papel, para que no pudiera ver qué era. De cuando en cuando, miraba a Harry y luego regresaba su mirada al papel.
—¿Qué estás haciendo? —articuló Harry, la siguiente vez que Draco lo miró. El chico sólo sonrió de lado y negó con la cabeza, moviéndose para que le fuera más difícil a Harry ver el papel. Harry frunció el ceño y reconoció lo que no estaba bien. Draco no estaba sosteniendo su pluma; ésta estaba sobre el escritorio. ¿Con qué estaba escribiendo si no era con su pluma?
Harry repasó el lugar con la mirada. Ron lo estaba mirando con curiosidad. Harry bajó la mirada a su propio pergamino y fingió que estaba escribiendo notas. Sabía que Ron los había visto, a él y a Malfoy, intercambiando miradas. Tendría que fingir otra pelea con Draco; bien podría comenzar ahora. Harry sacó su varita y apuntó a la pluma de Draco.
—Mobilipluma —murmuró y la pluma comenzó a elevarse del escritorio de Draco. Harry movió su varita con cuidado y la pluma comenzó a rebotar. Draco alzó la mirada y entendió lo que estaba pasando; luego, estiró la mano para tomarla. Harry sonrió de lado e hizo que se elevara un poco más. Miró de reojo a Ron, que estaba riendo en silencio en su asiento. Draco estaba tratando de tomar su pluma; los alumnos en el salón estaban riendo. Hermione frunció el ceño.
Draco maldijo, volteó el pergamino sobre su escritorio, antes de que Harry pudiera verlo, y se paró para intentar tomar la pluma bailarina. Binns seguía hablando; cada vez más alumnos estaban mirando al rubio. Harry movió su varita hacia abajo y la pluma cayó al suelo. Draco tomó la pluma y le gruñó a Harry, antes de sentarse de nuevo. Sacó un libro de su mochila y lo dejó caer sobre el escritorio. Bajó la cabeza y comenzó a leer, alzando la cabeza en ocasiones, para fulminar a Harry con la mirada.
Por fin, la clase terminó. Draco se puso de pie con rapidez y salió del salón, mirando a Harry con el ceño fruncido. Harry guardó su pluma y su tinta con parsimonia. Parvati tenía una clase en el salón de enfrente y el moreno sabía que la chica estaría esperándolo afuera de la puerta. Si esperaba lo suficiente, ella tendría que irse para su siguiente clase y él podía llegar tarde a Encantamientos. Aunque Flitwick había estado tan impresionado con el encantamiento convocador de Harry durante la primera prueba que habría podido saltarse la clase, y el profesor estaría emocionado.
—Vamos, Harry —dijo Hermione con impaciencia, llegando hasta su escritorio—. No puedes evitarla toda la semana. Vas a tener que hablar con Parvati en algún momento.
—No si puedo evitarlo —dijo Harry entre dientes. Cada vez que hablaba con la chica, ella sólo reía.
—Harry, ¿aquí no es donde Malfoy estaba sentado? —preguntó Hermione con el ceño fruncido, mirando el escritorio.
Harry se giró con lentitud y miró a donde la chica estaba, junto al escritorio de Draco.
—Em, sí, supongo. ¿Por qué?
—Por estas manchas en el escritorio. ¿Te recuerdan a algo? —Hermione estaba girando la cabeza, para tratar de verlas en un ángulo diferente.
Harry se acercó y miró. Había unas manchas desvanecidas y oscuras en el escritorio. Las manchas se veían como un rostro. Harry entrecerró los ojos; se veían mucho como un rostro.
—Harry, es un rostro, ¿no lo ves? Aquí está la boca y la barbilla y la nariz, y parece como si llevara una… ¡Harry! ¡Eres tú! ¡Te dibujó a ti! —Harry se detuvo. Era su rostro, en manchas de carbón sobre el escritorio. Draco había estado dibujándolo. Cuando giró el papel porque Harry había estado levitando su pluma, y luego puso su libro encima… Debía hacerse pasado algo del carboncillo al escritorio.
—¿Qué es eso? —Ron se acercó desde la entrada, donde había estado checando a Parvati por Harry, asegurándose de que le chica se fuera. Hermione estaba mordiéndose el labio y señalando las líneas del rostro de Harry—. ¿Por qué, en el nombre de Godric Gryffindor, estaría dibujándote? —Ron lo miró, horrorizado. Harry abrió su boca pero ninguna palabra salió.
Hermione los miró a ambos, con el rostro un poco pálido.
—¿Creen que sea algún tipo de magia negra? ¿Algo así como las muñecas haitianas de vudú de las que la gente habla?
Las palabras de Hermione sacudieron a Harry: agarró la manga de su túnica y borró las manchas con prisa.
—¡Oye! ¿Qué estás haciendo? —Ron jaló el brazo de Harry, pero las manchas ya no estaban—. ¿Por qué lo hiciste? ¡Era evidencia!
—¡No era nada! Sólo unas manchas raras que se parecían un poco a mí si entrecerrabas los ojos. Como los muggles que ven a la virgen María en una papa. —Harry miró a Hermione y luego a Ron—. En verdad no se parecía a mí para nada.
Hermione se veía insegura.
—Creo que debería checarlo en la biblioteca, para estar segura. Nunca he escuchado acerca de ese tipo de maldición, pero…
Harry apretó los dientes.
—Mira, vamos a llegar muy tarde a Encantamientos. Será mejor que nos vayamos. —Tomó a Hermione de brazo y la arrastró hacia afuera del salón.
OoOoOoO
La noche siguiente se encontró con Cedric y Draco para otra lección de patronus. La vez anterior sólo habían sido capaces de producir un delgado rastro de valor plateado de las puntas de sus varitas.
—Vale, ya tienen el encantamiento aprendido. Sólo recuerden que deben pensar en el recuerdo más feliz que puedan, y juntar todos esos sentimientos en el encantamiento. Sientan como fluye por su brazo y a través de la varita.
Draco y Cedric estaban parados a cada lado de Harry, en el centro del vestidor.
—¿Listos para intentarlo de nuevo? —dijo el moreno.
Cedric sonrió y asintió. Draco sólo asintió secamente.
—De acuerdo. —Harry sacó su varita—. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres. ¡Expecto patronum! —El ciervo de Harry salió, completo, de la varita del moreno. El chico apenas lo miró; se giró con rapidez para ver la varita de Draco. Un velo brillante de plata formó un escudo y luego desapareció. Harry escuchó la risa de gusto de Cedric y se giró para ver una gran ave plateada, volando alrededor de los cuernos de su ciervo.
—¡Lo lograste! —Harry palmeó la espalda de Cedric y miró los dos patronus. El de Cedric se desvaneció después de un minuto y se convirtió en volutas plateadas que cayeron al suelo—. Eso fue increíble. ¡Nunca antes había visto un patronus ave! Casi parecía una corneja o un cuervo.
—Un cuervo —dijo Draco—. Demasiado grande para ser una corneja.
—De acuerdo, Draco, esta vez es tu turno. Un recuerdo feliz. Siéntelo en tu varita.
Cedric seguía sonriendo, por la emoción de haber producido un patronus.
—Oye, Harry. —Cedric se acercó al chico y le susurró al oído.
Harry se sonrojó.
—Yo…
—Vale la pena intentarlo —dijo Cedric guiñándole el ojo—. Estaré practicando por acá. —Se metió a la oficina.
—¿A dónde va? —preguntó Draco, para luego mirar su varita, como si se preguntara por qué no lo estaba obedeciendo. Harry se acercó a Draco y le quitó la varita de la mano—. ¿Qué estás…? Mmph —Harry agarró a Draco y lo envolvió con sus brazos. Lo obligó a caminar hacia atrás hasta que quedó contra el casillero. El moreno pasó sus manos por el pecho de Draco y metió su lengua en la boca del otro. Draco gruñó y comenzó a responder al beso. Draco tomó la cabeza de Harry y lo jaló hacia sí. Harry se detuvo abruptamente y le regresó la varita al rubio; el chico la agarró automáticamente. Harry se paró detrás de él y susurró:
—Piensa en lo más feliz que puedas imaginar, y sólo hazlo.
Draco se giró para encarar al moreno.
—¿Estás bromeando?
—No.
—Está bien. Expecto Patronum. —Draco mantuvo la varita firme. La bruma plateada brotó de su varita y formó por unos segundos un animal grande, de cuatro patas… El rubio bajó la varita y el animal desapareció.
—¡Lo hiciste! —Harry gritó emocionado—. Inténtalo de nuevo. —Draco dijo el encantamiento de nuevo y el animal se formó de nuevo, brincó por el vestidor y desapareció. —Una pantera, tu patronus es una pantera. —Harry sonrió, mientras negaba con la cabeza—. Tiene sentido, siempre pensé que te movías como un gato montés.
—¿Un gato montés? ¿Cómo es que alguien se mueve como un gato? —protestó Draco, a pesar de que estaba riendo, emocionado, mientras miraba el punto donde había desaparecido su patronus.
—Un patronus bastante genial, Draco —dijo Cedric, desde la puerta—. Supuse que necesitabas un poco de incentivo extra, para motivarte.
OoOoOoO
Harry, Ron y Hermione estaban al principio de la calle principal de Hogsmeade.
—Nos veremos en una hora en Las Tres Escobas, ¿cierto? —dijo Hermione, mirando a los dos chicos—. ¡No vean en qué tiendas voy a entrar!
Ron y Harry intercambiaron miradas. Sabían que Hermione hacía todas sus compras en la librería Smythwick's, y no era probable que ellos fueran a comprar ahí.
—Vale —confirmó Harry—. Una hora—. Afortunadamente, ya había comprador los regalos de Ron y Hermione, durante el fin de semana anterior. Se movió con rapidez hasta llegar a la tienda de plumas Scrivenshaft's. Había varios alumnos de Hogwarts en la tienda, y Harry curioseó entre varias plumas y pergamino a la vista. Por fin, la multitud se despejó y Harry pudo acercarse al mostrador.
—Mandé una orden por lechuza… Soy, em, Harry…
—¡Harry Potter! —Los ojos del vendedor se dirigieron automáticamente a la frente de Harry—. ¡Tenemos su orden y está lista para usted! ¿Le gustaría revisar el kit? —Harry repasó el lugar con la mirada y vio que otros alumnos en la tienda lo estaban mirando.
—¡No! —dijo Harry de golpe—. ¡Estoy seguro de que está bien! Sólo envuélvalo y me lo llevaré—. Harry sacó los galeones suficientes para pagar por el paquete y salió de la tienda. Se apresuró para encontrarse con Ron y Hermione en Las Tres Escobas. Hermione fue la última en llegar, cargando unos paquetes grandes y rectangulares.
—¡Por fin terminé! —dijo, sonriendo—. Harry, ¿puedo usar a Hedwig para entregar los regalos de mis padres?
—Seguro, estará encantada de salir —dijo Harry, repasando la taberna con la mirada. Draco estaba en una mesa del otro lado del lugar. Ron y Hermione también lo habían visto. Hermione miró a Harry con nerviosismo.
—Sólo porque no pude encontrar algo acerca de maldiciones oscuras que involucraran dibujar a la victima, no significa que no existan, Harry —dijo Hermione—. Si pudiera entrar a la sección prohibida…
—Hermione, en serio, olvídalo —dijo Harry con impaciencia—. No me han salido granos, ni he babeado, o algo por el estilo. Sólo era una mancha en un escritorio.
—Me parece raro, Harry —dijo Ron, mirándolo inquisitivamente—. Siempre has estado dispuesto a ver lo peor de Malfoy. ¿Por qué ahora no?
Harry se encogió de hombros y le dio un trago a su varita.
—No lo sé. Supongo que no es tan malvado. Si va a tratar de hacer algo, va a hechizarme o hacerme tropezar, no usar magia negra. Bueno, Hermione, ¿cuándo vas a decirnos con quién vas a ir al baile? De todas formas, vamos a enterarnos en tres días…
OoOoOoO
La mañana de la víspera de Navidad
Harry se levantó temprano, mientras Ron y los otros aún dormían. Juntando sus prendas, se metió al baño para vestirse. Bajó a la sala común, que seguía vacía. Con rapidez, abrió la puerta del túnel: el regalo de Draco seguía en los escalones, donde lo había escondido la noche que habían regresado de Hogsmeade, junto con una canasta que Dobby le había dado. Bajó los escalones, esperando que Draco no se hubiera quedado dormido y que estuviera esperándolo.
Habían acordado encontrarse antes del desayuno en la víspera de Navidad, pues les sería imposible alejarse de sus amigos durante los siguientes dos días. Harry supuso que casi todos los Gryffindors dormirían hasta tarde y no notarían que no estaba en su cama.
Harry entró a los vestidores y sonrió cuando vio a Draco en la oficina, esperándolo.
—Feliz Navidad —dijo con una sonrisa y un beso, mientras notaba que Draco había puesto un disco navideño en el tocadiscos y que había prendido la chimenea.
Draco le regresó el beso malhumorado.
—Demasiado temprano para que algo sea feliz, joder. ¿No podíamos vernos esta noche?
Harry sonrió.
—Habrá mucha gente entrando y saliendo de los cuartos, dejando regalos. Mira, tengo algo que te hará sentir mejor. —Harry se sentó frente a la chimenea y abrió la canasta—. Desayuno.
—Estás sentando en el suelo —dijo Draco. El rubio seguía parado y miraba a Harry.
—Es un desayuno picnic, y uno hace picnics en el suelo, no en sillas —respondió Harry.
—Uno hace picnics sobre mantas, no en el suelo —dijo Draco, mientras caminaba hacia el gran armario—. Hay una diferencia. —Abrió el mueble y sacó un bulto verde. Caminó hacia Harry y extendió el bulto para revelar una manta con una gran serpiente enroscada, el emblema de Slytherin. Con un movimiento de sus brazos, extendió la manta sobre el suelo y se sentó, mirando a Harry. Con un labio temblándole, Harry se movió y se sentó junto al otro chico sobre la manta, cargando la canasta consigo.
Draco se enderezó mientras miraba en la canasta.
—¿Cómo lograste hacer esto?
—Le pedí a Dob… a uno de los elfos que nos prepararan una canasta de desayuno —dijo Harry encogiéndose de hombros. No estaba seguro de si Draco sabía que el ex elfo de los Malfoy estaba en la cocina, y si acaso le importaba, pero no quería causarle problemas a Dobby. Comenzó a sacar panecillos, pasteles y un termo con chocolate caliente. Tomó un bollo pegajoso—. Habías dicho que siempre querías besarme en el desayuno. Esta es tu oportunidad.
—Ajá —dijo Draco, mientras mordía el bollo y luego se acercaba a Harry, para darle un pegajoso beso—. Supongo que puedo perdonarle por la atroz hora. En especial, si compartes ese chocolate caliente.
—Oops, no hay tazas —dijo Harry, mirando en la canasta vacía. Típico en él, Dobby había olvidado poner platos o tazas.
—No te preocupes —dijo Draco. El chico se acercó al escritorio y sacó una taza de un cajón—. Podemos compartir. —Abrió el termo y sirvió el chocolate humeante en la taza—. ¿Estás listo para mañana? —preguntó con una sonrisa, mirándolo por encima del borde de la taza mientras le daba un trago al líquido, para después darle la taza al moreno.
Harry hizo una mueca.
—No, estaré feliz cuando termine. Al menos, ha dejado de seguirme por todos lados.
—¿Cómo lograste hacer eso? —preguntó Draco.
—No lo sé, sólo lo hizo. Probablemente, Hermione habló con ella. Es buena para ese tipo de cosas.
—¿Hablar con la gente?
—Sí, yo soy muy malo para ello.
—Hablas bien conmigo, casi siempre.
—Tú no eres una chica —dijo Harry entre dientes, con la boca llena de bollo.
—Gracias por notarlo. —Draco se inclinó hacia delante y lamió un poco de caramelo del labio de Harry. El chico dejó caer el bollo sobre la manta, estiró las manos y jaló a Draco hacia sí. Sus labios y dientes chocaron en un frenesí, mientras Draco presionaba a Harry más y más, hasta que quedaron recostados sobre la manta, con Draco arriba. Harry repasó la espalda de Draco con sus manos, de arriba abajo, extasiándose por las sensaciones. Draco estaba sosteniendo su propio peso con sus brazos, uno a cada lado de Harry. Sus lenguas danzaron juntas, y Harry podía sentir los sabores del chocolate, del caramelo y de Draco, y simplemente quería más.
El moreno estiró las manos y batalló para desabotonar la camisa de Draco. Por fin consiguió hacerlo, y pasó sus manos por el pecho del rubio. Draco respondió empujando su pierna entre las de Harry. El moreno gruñó por el contacto, elevando sus caderas para frotarlas contra las de Draco. Movió sus manos para agarrar las nalgas de Draco, acercándolo aún más.
Varios minutos después, respirando con dificultad, Draco se apartó. Harry vaciló y se levantó del suelo. Miró a Malfoy, que estaba limpiando moronas de bollo de su jersey.
—Es por esto que la gente civilizada no hace picnics —dijo, gruñendo, con las mejillas coloradas, contrastando con la palidez de su piel.
Harry se acercó y besó lentamente un lado de su cuello.
—Hmmm. Creo que es por esto, precisamente, que las personas hacen picnics.
—No comiences de nuevo, o nunca abriremos nuestros regalos —susurró Draco, tomando la barbilla de Harry y girándolo hacia él, para besarlo con ganas en los labios—. Y, al menos, yo estoy ansioso por abrir regalos.
Harry sonrió y se puso de pie. Tomó el paquete que había dejado por la puerta.
—Feliz Navidad, Draco. —El rubio le sonrió con gusto y se acercó a la silla. Harry se recargó contra el escritorio y miró, nervioso, cómo abría el paquete, mientras se mordía el labio. De repente, comenzó a tener dudas. ¿Y si había estado equivocado?
Draco abrió el regalo con cuidado; no rompió el papel, sino que retiró con cuidado la cinta adhesiva de cada lado.
—Parece un libro… —Harry sintió ganas de quitárselo de las manos y romper el papel por él. Por fin, el regalo estuvo libre. La caja de madera, con bisagras, tenía dos cubiertas. Draco miró a Harry con curiosidad, para luego abrir ambas cubiertas. Miró la caja sin decir nada por tanto tiempo que Harry quiso arrebatársela de las manos y disculparse. Por fin, Draco alzó la mirada, con sus grises ojos oscuros e inexpresivos—. ¿Cómo lo supiste?
—Entonces, ¿está bien? No lo sabía con seguridad —le dijo Harry, ansioso.
Draco sacó el lápiz de carboncillo y lo sostuvo por un momento.
—Es maravilloso… —Harry suspiró de alivio. La caja para artista estaba llena de lápices de colores y de carbón, un sacapuntas y pinturas pasteles. Un fajo de papel para dibujar estaba acomodado cuidadosamente dentro de la tapa.
—¿Pero cómo lo supiste? —repitió Draco, con una pequeña sonrisa maravillada en su rostro.
—¿Recuerdas ese día en clase de Binns? Giraste tu dibujo… y dejaste una marca en el escritorio y la vimos —dijo Harry, acercándose hasta estar junto a Draco.
—¿La vimos? ¿Quiénes? —preguntó Draco, alarmado.
—Oh, em, Hermione lo notó al principio, y notó que las manchas se parecían a mí, y, em, Ron…
Draco negó con la cabeza con preocupación.
—¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque casi no hemos tenido oportunidad de hablar, pero está bien. Hermione pensó que estabas haciendo algún tipo de maldición. Y lo borré antes de que Ron lo viera bien.
—Está bien porque Hermione pensó que era una maldición. —Draco negó con la cabeza, sin poder creerlo—. Pero…
—Después de que lo vi, recordé todas esas veces que te había visto con manchas en tus manos o en tus mangas. —Harry se encogió de hombros—. Siempre me confundió, porque eres tan… fastidioso. Entonces, ¿por qué te permitías estar manchado? Una vez que vi el dibujo lo entendí… y todo tuvo sentido.
Draco se puso de pie y, con cuidado, puso la caja sobre el escritorio y envolvió a Harry con sus brazos.
—Gracias. Nadie me ha dado un regalo tan perfecto jamás.
—Entonces, ¿sí dibujas? —dijo Harry con alivio—. ¿Acaso me…? ¿Podría ver tus dibujos alguna vez?
Draco asintió, sonrojándose.
—Sí, dibujo. Te los mostraré, pero primero tienes que abrir tu regalo. —Draco caminó hacia el armario y sacó el gran paquete que las tres lechuzas le habían entregado. Le dio el paquete al moreno. El rubio se veía nervioso y no soltó el paquete al instante—. Espero que esté bien. De hecho, le pregunté a Cedric si pensaba que tú… bueno, ábrelo.
Harry tomó el paquete y comenzó a romper el papel. En cuanto reveló el borde de lo que estaba adentro respiró profundamente y miró a Draco, que lo estaba viendo, sin expresión en los ojos. Harry retiró el resto del papel y se quedó donde estaba, recargándose contra el escritorio, sosteniendo una pila de discos de vinilo con sus manos temblorosas.
—Sé que no son los álbumes de tu madre, y probablemente no son los mismos… pero pensé que, tal vez… —Draco dejó de hablar cuando Harry puso la pila de álbumes sobre el escritorio y comenzó a revisarlos—. Cedric me ayudó. Conocía a los grupos de los que habías hablado y yo mandé una lechuza a una tienda de música, que también tiene álbumes muggles, ordenando cualquier álbum que tuvieran de ellos… —Draco se detuvo cuando Harry lo agarró por la cintura y enterró el rostro en su cuello.
Con cuidado, Draco rodeó a Harry con sus brazos.
—Lo siento… —Harry alzó las manos y cubrió los labios del rubio con sus dedos, para evitar que hablara. Respiró una vez más y se enderezó. Sus verdes ojos brillaban.
—Es perfecto, son perfectos. Nunca pensé que podría… —Harry negó con la cabeza y se giró para ver la pila de discos. Los agarró y caminó hacia la manta. Draco vaciló por un minute y se unió a él.
—Éste era uno de ellos… —Harry sostuvo el álbum con cuidado, como si se fuera a romper si lo agarraba con mucha fuerza—. Recuerdo que lo escuchaba y me preguntaba si ella lo había escogido, o tal vez mi papá. No parecía ser algo que una chica escuchara. —La cubierta del álbum mostraba una imagen del torso de un hombre, metido en pantalones de mezclilla, con una bragueta.
—¿Quieres que lo ponga en el tocadiscos?
Harry dudó.
—No, pon éste… —Harry le dio el álbum que en la cubierta tenía una cuadrícula con los rostros de los músicos.
—¿Los Beatles? Qué nombre tan raro para un grupo…
Harry se encogió de hombros; estaba separando los discos en dos montones: los que había oído en la alacena y tres que nunca había escuchado. Draco caminó hacia el tocadiscos y puso el álbum que Harry le había dado con cuidado.
La aguja del aparato se acomodó sobre el disco y hubo un momento de silencio. Luego, el acorde inicial llenó el cuarto. Harry cerró los ojos y se quedó sentado en absoluta quietud. Sintió que Draco se acercaba a y se sentaba detrás de él. Draco abrazó a Harry con sus piernas y con sus brazos. El chico sintió que Draco apoyaba su barbilla sobre su hombro. Con un suspiro, Harry se recargó contra él.
It's been a hard day's night, and I been working like a dog
It's been a hard day's night, I should be sleeping like a log
But when I get home to you I find the things that you do
Will make me feel alright
You know I work all day to get you money to buy you things
And it's worth it just to hear you say you're going to give me everything
So why on earth should I moan, 'cause when I get you alone
You know I feel ok *
—¿Está bien? —susurró Draco.
—Está bien —dijo Harry en voz baja, escuchando la música con los ojos cerrados y agarrándose de los brazos de Draco. Estaba temblando ligeramente. La música sonaba muy fuerte, como pudo notarlo, porque sólo la había escuchado con los audífonos puestos. Escuchar las notas llenando el cuarto hizo que la música cobrara vida. Con los ojos cerrados, sintió como si estuviera de vuelta en la alacena, en la oscuridad, escuchando e imaginando cómo era su madre. A pesar de que tía Petunia era su hermana, las imágenes mentales de Harry de su madre nunca se parecían a ella. Su madre siempre tenía cabello largo y una sonrisa feliz, y se la imaginaba con el cabello oscuro como el de él…
Para cuando la tercera canción hubo terminado y Harry hubo comenzado a sacudirse más, fue demasiado. Escuchó que Draco se removía detrás de él…
—Olvídalo. —Draco se puso de pie y sacó su varita, deteniendo la música. Harry lo miró confundido.
—Estoy bien, te lo juro, es sólo que…
Draco estiró la mano. Harry la tomó y dejó que Draco lo levantara.
—Baila conmigo.
—¿Qué? —dijo Harry, casi riendo.
—Es víspera de Navidad, por la mañana, y no voy a dejar que te pongas todo sentimental. —Draco lo miró—. Ambos vamos a bailar con chicas mañana. Quiero bailar al menos una pieza con mi novio.
Harry lo miró sorprendido.
—¿Eso es lo que soy? ¿Lo somos?
Draco se sonrojó.
—Bueno, estamos intercambiando regalos de Navidad, besándonos y poniéndonos sentimentales. ¿Cómo nos llamarías? ¿Enemigos con derechos?
—Novios funciona para mí —dijo Harry, riendo.
—Vale, entonces baila conmigo. —Draco le ofreció la mano.
Harry se pasó la mano por el cabello, manteniéndose apartado.
—¿Y qué hay de tus dedos?
—Esa es la belleza de no hacer bailes lentos, hay menos riesgo de lastimarse los dedos. —Draco movió la varita hacia el tocadiscos y la música comenzó a sonar. Harry cerró los ojos, esperando a escuchar la música, sintiendo cómo Draco sostenía sus manos. Sintió que Draco soltaba una de ellas y, al sentir sus dedos en la barbilla, abrió los ojos. Los grises orbes lo miraban profundamente—. Confía en mí… —Harry asintió y no rompió el contacto visual, mientras sentía cómo Draco lo jalaba para bailar.
Before this dance is through
I think I'll love you too
I'm so happy when you dance with me
I don't want to kiss or hold your hand
If it's funny try and understand
There is really nothing else I'd rather do
'cause I'm happy just to dance with you *
Bailaron durante cuatro canciones completas, y Draco dirigía a Harry por el cuarto girando, chocando las caderas y riendo.
Mientras la música se detenía y escuchaban cómo la aguja se despegaba del disco, el silencio llenó el cuarto. Harry se sostuvo de Draco, con el corazón a mil por hora. Harry respire con profundidad y lo miró.
—No sé cómo agradecértelo… Nadie ha hecho…
Draco lo besó con suavidad.
—Temía que llegara a ser… demasiado. Triste, en lugar de bueno.
—Es bueno. Me tomaste desprevenido. Lo gracioso es que nunca había escuchado la música en alto. Siempre fue con los audífonos puestos, en la oscuridad de esa pequeña alacena. Es mejor aquí, contigo.
—Es una música bastante rara… —Draco vaciló; Harry pudo notar que no quería ofenderlo.
—Sí, no se parece a los grupos mágicos. Los instrumentos son guitarras, batería y teclados. Y los niños muggles de ahora, escuchan diferentes cosas. Más al borde, más ruidosas. Sin embargo, estos grupos fueron bastante revolucionarios para su tiempo, cuando mi mamá era adolescente. Mi maestra en primaria decía que la BBC no quería pasar sus canciones.
Después de un rato, Harry dijo:
—Tenemos que regresar, ¿verdad? —EL chico vio la hora—. El desayuno en el Gran Comedor va a la mitad.
—¿Qué vas a decirles acerca de dónde has estado? —preguntó Draco.
—Les diré que fui a caminar. —Harry señaló la salida con un gesto—. Le daré la vuelta al castillo por ese lado.
—¿Estás listo para mañana en la noche?
Harry hizo una mueca.
—No. Preferiría enfrentarme al dragón de nuevo.
—Sólo sé un completo idiota y ella lo entenderá —dijo Draco, encogiéndose de hombros.
—Eso no es muy amable.
—Pero sería mejor que tenerla siguiéndote, como si fuera un cachorro, toda la noche.
—Es fácil para ti decirlo. Y para Cedric. Ambos van a ir con chicas que saben…
—Es tu elección, puedes expresarlo… Me pregunto cuál sería el encabezado en El Profeta: "Exclusiva: El Niño que Vivió Gay"
—Ja, ja.
Harry repasó el cuarto con la mirada.
—Voy a dejar los álbumes acá abajo, no tiene sentido llevarlos arriba, donde no tengo un tocadiscos. ¿Estaría bien si bajo cuando pueda y escucho los discos?
Draco asintió.
—En tanto prometas que no te pondrás triste o depresivo. Esa no es la razón por la que te los regalé.
—Te lo prometo. —Harry miró el escritorio, donde el kit estaba abierto—. ¿Vas a enseñarme tus dibujos algún día? —preguntó Harry, inclinando su cabeza un poco. A pesar de que sabía que a Draco le gustaba dibujar, aún no podía imaginarse al Slytherin sentado y dibujando cosas de verdad.
Draco asintió lentamente.
—Te lo mostraré la próxima vez. Pero tal vez no te guste… Nunca he tenido lecciones, claro. Padre no considera que el dibujar sea una habilidad apropiada de los Malfoy.
OoOoOoO
Harry entró al Gran Comedor con Parvati prendida de su brazo. Aún se sentía raro por haber visto a Hermione con Viktor Krum. ¿Por qué no le había dicho que iba a ser la pareja de Krum? ¿Qué se había hecho en el cabello? Harry estaba tan ocupado preguntándose tantas cosas que apenas notó que habían caminado por todo el salón, y que habían llegado a la mesa principal. Parvati estaba sonriéndole a todos. Harry se sentó en la silla desocupada junto a Percy. Dirigió su atención a Cedric y vio que el chico retiraba la silla para Cho. Harry se puso de pie con prisa e hizo lo mismo por Parvati. La chica lo miró fríamente. El moreno ni siquiera se atrevió a mirar a la mesa de Slytherin.
Percy estaba parloteando acerca del ministerio y Hermione y Krum estaban platicando, con las cabezas juntas. Harry se estiró para escuchar de qué estaban hablando, y se dio cuenta, riendo, que Hermione estaba intentando enseñarle a Krum a decir su nombre. No pueden estar saliendo, pensó con alivio, si ni siquiera sabe cómo decir su nombre.
Harry repasó el lugar con la mirada y sus ojos se posaron automáticamente en la mesa de Slytherin. Draco estaba sentado junto a Pansy; su túnica era negra, de terciopelo. Pansy llevaba un conjunto rosado y esponjoso. Ambas túnicas juntas parecían hacer énfasis en cuán equivocada era la pareja. Draco giró su cabeza y se encontró con los ojos de Harry.
—Deja de verme —articuló, y se giró para escuchar a Blaise.
De repente, la comida terminó y las luces bajaron. Los otros campeones se pusieron de pie con sus parejas. Harry se dio cuenta, horrorizado, que en verdad iba a tener que bailar con Parvati, enfrente de todos. Cedric asintió al verlo, para darle confianza, mientras se dirigían a la pista de baile. Por un breve momento, Harry se preguntó qué pensarían Cho y Parvati si sugería que cambiaran de parejas. No era que le molestara bailar con una chica, pero sabía que Cedric no iba a permitirle avergonzarse a sí mismo. La música comenzó y Parvati se agarró de Harry ansiosamente. Todas las instrucciones cuidadosamente detalladas de Draco se fueron por la ventana, y Parvati dirigió a Harry por el baile completo. Harry miró de reojo a Draco, que estaba riendo y negando con la cabeza. Harry se encogió de hombros y esperó a que la canción terminara.
Con alivio, vio como otras parejas, incluyendo a Draco y Pansy, entraban a la pista de baile. Por fin, la canción terminó, y Harry llevó a Parvati al borde de la pista.
—¿No vamos a bailar la que sigue? —preguntó, haciendo un puchero.
—Oh, em, quiero encontrar a Ron… y Padma. —Harry caminó hacia la mesa de Gryffindor, donde encontró a un enfurruñado Ron, sentado junto a Padma…
OoOoOoO
—Llegó el correo —dijo Ron, con la boca llena de comida. Harry alzó la mirada para ver a las lechuzas entrar volando al Gran Comedor. Sonrió cuando vio a Hedwig volando en círculos y dirigiéndose a él, con un rollo atado a la pata.
—¿Quién te envió una carta usando a Hedwig? No le mandaste nada a Canuto, ¿verdad, Harry? —Hermione se veía preocupada.
—No lo sé. —Harry le dio un trozo de salchicha a la lechuza y desató el rollo. Hermione y Ron lo estaban mirando.
—¿No lo vas a abrir? —preguntó Ron.
—Oh, em, seguro. —Harry se sonrojó. Esperaba que Draco no hubiese utilizado a Hedwig para mandarle algo que no pudiera abrir frente a Ron y Hermione.
Conteniendo el aliento, desenrolló el papel. Era un dibujo a lápiz de Harry sobre su escoba, sosteniendo el huevo dorado, con el colacuerno húngaro persiguiéndolo, con las alas abiertas. Harry estaba riendo en el dibujo; su cabello parecía ser despeinado por el aire.
—Ése es un buen dibujo de ti, Harry —dijo Hermione lentamente—. ¿Tiene una nota o algo? —Harry se sonrojó y negó con la cabeza.
—No, no hay nota o firma.
Ron jadeó.
—¿No crees que Malfoy…?
—¿Por qué Malfoy haría un dibujo de mí y me lo mandaría usando a Hedwig? —Harry rio—. Después estarás diciendo que le gusto.
—Bueno, sí hizo ese dibujo tuyo sobre el escritorio…
—Esas solo eran manchas. En serio, ¿podemos olvidarnos de manchas raras en escritorios? —Harry gruñó, estirando el brazo para quitarle el dibujo a Hermione, que estaba analizándolo, buscando una firma.
—Probablemente sea de otro admirador secreto —dijo Neville, que había estado mirando por encima del hombro de Hermione—. Harry tiene varios de esos.
Harry guardó el rollo en su mochila y, hasta ese momento, se atrevió a mirar a Draco, en el otro extremo del salón. Sus ojos se encontraron por un momento y Draco le sonrió ligeramente, antes de girarse para hablar con Goyle, que estaba junto a él.
OoOoOoO
Cedric se acercó a Harry mientras regresaba del almuerzo.
—Entonces, anoche todo pareció ir bien, ¿no?
—No estuvo tan mal. Parvati está un poco molesta conmigo. —Harry se encogió de hombros—. Cho no se molestó contigo.
—Bueno, tal vez sea porque ella sabe que estoy saliendo con Simon y que solo fuimos como amigos, y porque bailé más de una canción con ella.
Harry sonrió con remordimiento.
—Sí, no soy bueno en eso de la decepción.
—Bueno, hay honor en ser honesto; solo necesitas encontrar una manera de caminar por el borde hasta que puedas ser completamente honesto acerca de quién eres. —Cedric se detuvo—. Entonces, ¿tú y Draco intercambiaron regalos?
Harry se sonrojó y asintió.
—Te contó, ¿verdad? ¿Lo que me iba a comprar? —Cedric asintió y puso una mirada preocupada.
—Anoche mencionó que temía que te pusieras…
—¿Como un idiota llorón? —Harry sonrió de lado.
—Más o menos.
—No puedo creer que encontrara los álbumes. Nadie me había dado un regalo tan considerado. Mis tíos me mandaron un pañuelo. —Cedric lo miró confundido—. Ya sabes, para sonarte la nariz. Siempre me mandan algo completamente inútil, para que sepa que no es que lo hayan olvidado, sino que lo recordaron y no les importa.
—Eso es… —Cedric negó con la cabeza—. Ni siquiera sé cómo responder a eso.
Harry hizo un gesto con la mano, ya no intentaba entender a los Dursley.
—Pero el regalo de Draco… Fue impactante, lo admito, pero escucharlos hizo que me diera cuenta cuánto ha mejorado mi vida en los últimos cinco años. Tengo muchas cosas por las cuales estar feliz, y ahora puedo compartirlas con Draco y contigo…
—¿Y qué hay de compartirlas con tus otros amigos? —preguntó Cedric con curiosidad.
—Algún día —dijo Harry—. Lo estuve pensando anoche. Había al menos cinco o seis parejas homosexuales anoche, bailando. Tal vez solo necesite superar mi miedo a lo que los demás dirán.
—Ese sería un paso grande, Harry, pero no hagas nada apresurado. Y en especial, no lo hagas sin consultarlo con Draco. No sería posible predecir qué tipo de respuesta causaría. De por sí, el torneo está llamando mucho la atención hacia tu persona. Por cierto, ¿cómo vas con lo del huevo?
Harry rio.
—Bastante mal. ¿Tú?
—No tengo idea… Oh, algo más. No es que quiera agrandar tu lista de preocupaciones, pero anoche Cho habló acerca de ti un poco…
—¿Qué? —Harry preguntó confundido.
—Digamos que está interesada en ti. —Cedric rio y palmeó a Harry en el hombro, mientras se iba caminando.
Genial, pensó Harry, otra chica de las que me debo de cuidar. Al menos, ella no ríe y chilla.
OoOoOoO
Harry se levantó del escritorio al oír la aguja del tocadiscos levantarse del disco, regresando a la posición inicial.
—Escucho peticiones, ¿qué les gustaría escuchar ahora?
—Pon el raro de los Pebbles… —dijo Draco, sin alzar la mirada de su bloc de dibujo.
—¿Los Pebbles? —Harry rio—. ¿Te refieres a los Stones? (1)
—Como sea, pebbles, rocks… El que tiene la bragueta.
Harry asintió y sacó Sticky Fingers de su caja. La bragueta en la cubierta estaba abajo, cortesía de la curiosidad de Draco.
Harry puso la aguja sobre el disco y regresó a sentarse a la mesa, junto a Cedric.
—¿Cuándo vas a mostrarnos lo que estás haciendo?
—Cuando se los muestre… —dijo Draco relajado. Había estado dibujando por la última hora, solo alzando la vista ocasionalmente, para mirar a Harry y Cedric.
Por fin, Draco les había mostrado sus dibujos a Cedric y Harry unos días atrás. Los había sacado del cajón del escritorio y se había apartado mientras Cedric y Harry los veían. Había dibujos de Slytherins en su sala común, de Snape, de McGonagall, de Cedric y muchos dibujos de Harry. El chico estaba maravillado por la forma en la que Draco podía capturar a alguien, con solo unos cuantos trazos de su lápiz. Otros eran dibujos más elaborados y detallados, que debían haberle tomado horas.
Harry negó con la cabeza con sorpresa.
—¿Cómo es que haces todos estos dibujos sin que alguien se dé cuenta? Es increíble. —Cedric asintió, mostrando que estaba de acuerdo.
—Eres muy talentoso, Draco. —Alzó un dibujo de Harry entrando al Gran Comedor—. No puedo creer cómo fuiste capaz de capturar la mirada que Harry tiene cuando entra a un lugar.
Harry alzó la mirada.
—¿A qué te refieres con mi mirada? No tengo una mirada.
Draco y Cedric rieron al mismo tiempo.
—Sí la tienes: entras e inspeccionas el salón, analizas el nivel de peligro y… —Cedric dejó de hablar.
—Luego te avientas, te adentras en lo que sea que te rodea —continuó Draco, riendo—. El único lugar al que no entras así es al salón de Snape. A su salón, entras deslizándote, mostrando que preferirías estar en otro lugar que no fuera frente a él. Ahora entiendo por qué odia tenerte en su clase. Obviamente no quieres estar ahí.
Harry miró el dibujo.
—Bueno, no quiero estar ahí. Como sea, yo no lo llamaría "mirada", es solo sobrevivencia. Creo que me dibujaste más alto, para que me note más en el dibujo.
—Prerrogativa del artista. Te dibujo como te veo —había dicho Draco, airosamente.
Harry trató de mirar el dibujo mientras regresaba a su silla. Draco frunció el ceño y lo giró, para que no pudiera verlo.
—¿A cuál de nosotros estás dibujando?
—No es tu asunto. Trabaja en tu ensayo de Transformaciones, aún te faltan al menos treinta centímetros por escribir. Yo ya terminé.
Cedric alzó la mirada.
—Hablamos u oímos música, no ambos. No me puedo concentrar. —Sonrió mientras lo decía, moviendo la pluma al ritmo de la música.
Harry rio y levantó su pluma; habían podido encontrarse tres veces desde el Baile de Navidad, a escondidas para estudiar y practicar sus patronus. Sin embargo, las clases habían comenzado de nuevo, e iba a ser más difícil encontrarse.
Draco alzó la mirada.
—¿De qué está cantando?
Can't you hear me knockin, ahh, are you safe asleep?
Can't you hear me knockin, yeah, down the gas light street, now
Can't you hear me knockin, yeah, throw me down the keys
I've been begging on my knees
I've been kickin, help me please
Hear me prowlin'
I'm gonna take you down *
Draco alzó la mirada de nuevo y sonrió de lado.
—Cuando gustes rogar de rodillas… házmelo saber.
Harry ignoró a Draco.
—Algunas personas piensan que es acerca de alguien que intenta obtener drogas de un vendedor. Otros piensan que es acerca de una chica. A mí me encanta la guitarra al final de esta canción… Siempre tuve la fantasía de que me convertiría en un gran guitarrista y que me escaparía de los Dursley.
Hubo una pausa en el tocadiscos y la siguiente canción sonó. Draco le sonrió a Harry.
—Mi baile.
—¿Ésta? —Harry preguntó con sorpresa, mientras se oía "Wild Horses".
—Definitivamente —murmuró Draco, jalando a Harry de su silla.
Cedric cerró su libro.
—Creo que los dejaré para que bailen, e iré a escribirle una carta a Simon en mi cuarto. Recuerden que el toque de queda es en media hora.
Draco y Harry apenas se dieron cuenta que se estaba yendo. Harry se balanceó con Draco, moviendo ligeramente los pies.
—Pensé que arrastrar los pies no estaba permitido —murmuró Harry.
—Cállate —dijo Draco, mientras lo besaba.
I know I dreamed you a sin and a lie
I have my freedom but I don't have much time
Faith has been broken, tears must be cried
Let's do some living, after we'll die
Wild horses couldn't drag me away
Wild, wild horses, we'll ride them some day*
OoOoOoO
Ron, Hermione y Harry se detuvieron de golpe junto a la cabaña de Hagrid, para la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Hagrid no estaba afuera, esperándolos. Una bruja, que se presentó como la profesora Grubbly-Plank, estaba ahí, y estaba explicando que ella iba a dar la clase. Se giró y los llevó a los potreros. Harry y el resto se quedaron atrás, preguntándose qué había pasado con Hagrid.
—¿Qué sucede?
—¿Dónde está Hagrid?
—¿Preguntándose dónde está su precioso Hagrid? —se burló Pansy Parkinson—. Deberían leer esto.
Draco estaba parado junto a ella, con su máscara fingida de desdén en el rostro. Harry lo miró; Draco sabía algo. Estaba pálido, más de lo usual, y Harry sintió por primera vez un cosquilleo que le indicaba que algo estaba a punto de ponerse muy feo. Draco no quiso mirarlo a los ojos y apartó la mirada.
Hermione había tomado la copia de El Profeta. Luego, jadeó. "El Gigante Error de Dumbledore".
Ron, Hermione y Harry se detuvieron y leyeron el artículo.
—¿Cómo pudieron? ¿Qué importancia tiene quiénes son sus padres? —Hermione estaba bastante enfadada. Harry leyó las frases que Draco había dicho para el periódico. Los Slytherins los estaban mirando. Goyle estaba riendo y leyendo sus secciones favoritas del periódico.
—¡Draco Malfoy! ¿Cómo pudiste decir semejantes mentiras? —gritó Ron.
Harry no pudo escuchar la respuesta de Draco. Escuchaba un zumbido mientras miraba el artículo. ¿Cómo era posible que alguien que le importaba tratara de esa forma a los demás? ¿O que tuviera esas ideas? Comenzó a sentirse nauseabundo, y supo que necesitaba alejarse de ahí con rapidez.
—Esto es demasiado —se obligó a decir, mirando a Draco—. Ahora sí te pasaste. —Creyó ver a Draco encogerse, pero tal vez solo lo había imaginado. Se giró y se alejó caminando, con Hermione y Ron detrás de él.
—Deberíamos ir a ver a Hagrid —dijo Hermione preocupada—. Asegurarnos de que está bien.
Harry asintió y los siguió hasta la cabaña de Hagrid. En lo único en lo que podía pensar era en que, durante la noche anterior, cuando habían estado abajo en los vestidores y oyendo los álbumes y riendo, Draco sabía que El Profeta iba a publicar ese artículo.
No hubo respuesta al golpeteo en la puerta de Hagrid. Harry sospechaba que el semigigante estaba dentro, pero no había nada que pudieran decir para hacer que abriera la puerta. Se rindieron y regresaron al castillo. Al llegar a la puerta, Draco estaba ahí. Harry sabía que había estado esperándolos.
—Oye, cara rajada, ¿temes que…?
Harry sacó su varita.
—Silencio. —Y continuó caminando sin mirar atrás. Estaba temblando de ira. ¿Cómo había podido equivocarse tanto con Draco? Había pensado que el Slytherin había cambiado en verdad; ése había sido su error. La actitud de Draco hacia Harry había cambiado, pero por dentro seguía siendo el mismo idiota prejuicioso que había insultado a Hagrid en la tienda de Madame Malkin, cuatro años atrás.
Hermione y Ron estaban hablando acerca de cómo podían ayudar a Hagrid. Harry no podía concentrarse en lo que estaban diciendo.
—Voy a regresar a Gryffindor —dijo entre dientes.
—¿Te sientes bien? —preguntó Hermione preocupada.
—Solo tengo un dolor de cabeza.
—¿Es tu cicatriz, Harry? —La chica miró su frente.
—No, solo un dolor de cabeza regular.
Afortunadamente, el dormitorio de chicos estaba vacío. Harry se arrojó sobre su cama y cerró las cortinas. Miró el dosel rojo. Nunca debía haber confiado en Draco. Malfoy, ahora es Malfoy, se regañó Harry. Se cubrió los ojos con el brazo y deseó que su dolor desapareciera. ¿Cómo era que Malfoy lo había engañado para que creyera que le importaba? ¿Todo había sido una trampa? ¿Acaso el siguiente artículo de El Profeta sería una exclusiva acerca de él y Malfoy saliendo?
Harry pudo escuchar a los otros regresando y preparándose para la cena.
—Em, ¿Harry? ¿Estás ahí dentro? —dijo Ron.
Harry se obligó a contestar.
—Sí.
—¿No vas a venir a cenar?
—No, tú baja. No tengo hambre. —Harry no podía concebir la idea de sentarse en el Comedor y mirar a Draco, no, Malfoy, alardeando con sus amigos, acerca de la gran broma que le había jugado a Harry Potter.
—¿Estás seguro? ¿Quieres que te traiga algo?
—No, no te molestes —replicó, pensando para sí mismo: vete, Ron, solo vete y déjame ser miserable.
Había pasado una hora desde que Ron se había ido cuando Harry escuchó el toque familiar en la ventana. Se obligó a acercarse y ahí estaba Hedwig, con una nota atada a su pata. Harry desató la nota y le dio a Hedwig una chuchería.
Necesito hablar contigo.
Maldito idiota, qué agallas de seguir usando a Hedwig. Harry arrugó la nota y la arrojó a la chimenea. Hedwig voló por el cuarto hasta llegar al lado de Harry, que estaba sentado en la cama. El chico estiró la mano y acarició a su lechuza gentilmente.
—No es tu culpa. Sé que solo te convenció para entregarla.
Harry evitó a Malfoy con éxito por la semana entera. El chico no había intentado mandar otro mensaje, ni se había tratado de comunicar con él en los pasillos. Bien, pensó Harry. Por fin había entendido el mensaje. Eso no evitaba que Harry mirara el dosel de su ventana cada noche. Preguntándose cómo iba a conseguir soportar el día siguiente, viéndolo durante las clases.
El sábado, todos iban a ir a Hogsmeade. Harry nunca sintió menos ganas de unirse, pero sabía que era mejor que estar miserable en su cuarto. Ya lo había hecho toda la semana. Los Gryffindors anduvieron por el camino hacia Hogsmeade. Harry escuchó a Hermione inspirar, y el chico alzó la mirada. Cedric los estaba esperando en la base de la colina.
—Harry, sé que algo ha estado mal esta semana. Y creo que tiene que ver con Cedric, no tienes que… —Hermione lo tomó de la mano. Harry rio.
—No tiene nada que ver con Cedric, Hermione, en serio.
—Harry, por favor, ¿quieres que me quede contigo? —Claramente, Hermione no le creía.
—No —dijo Harry de golpe—. Los alcanzo en el pueblo.
Los otros Gryffindors miraron extrañados a Cedric, mientras se acercaban a él por el camino. Harry se detuvo pero les indicó que siguieran andando. Cedric lo saludó con un gesto y una sonrisa. Hermione continuó caminando, pero seguía mirando hacia atrás. Harry apretó los dientes y miró por encima del hombro del Hufflepuff, sin querer mirarlo.
—Vas a tener que hablar con él, Harry —dijo Cedric en voz baja.
—No hay nada de qué hablar.
—No voy a meterme en medio de esto. Y le dije lo mismo. Pero necesitas hablar con él al menos una vez, para que sepas qué terreno están pisando.
Harry rio amargamente.
—Ya no hay un "nosotros". Solo es el jodido Draco Malfoy y el idiota Harry Potter, que fue lo suficientemente idiota para…
Cedric alzó las manos.
—Como dije, no quiero meterme en este asunto. Soy amigo de los dos. Necesitas decirle lo que sea que te has estado guardando toda la semana.
Harry respiró profundamente.
—Sí, vale. Dile que lo veré esta noche allá abajo. De todas formas, tengo que ir por mi Saeta de Fuego.
—¿Y tus discos? —preguntó Cedric.
Harry sintió que sus ojos se llenaban con las lágrimas que se había rehusado a derramar durante toda la semana. Negó con la cabeza, rehusándose a derrumbarse.
—Supongo que voy a perder esos álbumes dos veces. De ninguna manera podré quedarme su regalo ahora.
Cedric estiró la mano para tomar a Harry del brazo pero el chico se apartó y comenzó a descender por el camino. Entre más rápido terminaba con Malfoy, mejor.
OoOoOoO
Harry sintió los ojos de Draco en él durante toda la cena. Escuchó a medias las pláticas de todos, acerca de su día en Hogsmeade, mientras revolvía su comida sobre el plato. Finalmente, se puso de pie y le dijo a Hermione que iba a regresar a la torre.
—¿Quieres que vaya contigo? —preguntó—. Si quieres hablar de lo que sea…
—No, solo necesito estar solo.
Con rapidez, Harry subió las escaleras. La sala común estaba vacía y el chico se metió detrás del tapiz hacia el túnel. Harry suspiró de alivio cuando entró a los vestidores. Malfoy aún no estaba ahí. Caminó hasta el casillero donde había guardado su equipo y su escoba. Sacó todo y lo acomodó con cuidado en la entrada del túnel de Gryffindor; no quería olvidarlos una vez que terminara de hablar con Malfoy.
Entró a la oficina. Los álbumes seguían sobre el escritorio. Estiró la mano y repasó con cuidado la línea del submarino en la cubierta de cartón del álbum "Yellow Submarine", de los Beatles. No sabía que estaba llorando hasta que una lágrima cayó sobre el álbum. Enfadado, limpió la cartulina y se limpió el rostro. No iba a hacer eso; no iba a derrumbarse.
—Harry. —La voz de Malfoy se oyó desde la entrada. Harry no se giró.
—Es Potter para ti —dijo, lo más fríamente que pudo—. Solo vine por mis cosas.
—No hagas esto, por favor —dijo Malfoy en voz baja—. Déjame explicarte.
—No hay nada qué explicar. —Harry golpeó el escritorio con el puño y giró para encarar a Malfoy—. Esto, lo que sea que fue, se acabó.
El rostro de Draco estaba pálido. Sus grises ojos estaban llenos de lágrimas. Harry pasó a su lado y Draco estiró el brazo para tomar uno del moreno.
—Necesito hablar contigo.
—No. —Harry miró la mano que agarraba su brazo y luego al rubio, que estaba a unos cuantos centímetros—. No puedo salir con alguien que odia a otras personas solo por quiénes son sus padres. Con alguien a quien le importa muy poco uno de mis amigos.
—No fue así —escupió Draco. Harry trató de recuperar su brazo.
—Suéltame.
—No. —Draco lo agarró con más fuerza—. Harry, por favor…
—No me llames "Harry". —El moreno estiró su brazo derecho y golpeó a Draco, con toda la ira que había estado acumulando toda la semana, haciéndola un puñetazo que hizo contacto directo con el pómulo del rubio. Su cabeza se echó hacia atrás y el chico cayó de espaldas. Harry se detuvo para levantar su escoba cuando escuchó que Draco iba tras él. Se giró y se encogió, y embistiendo, atrapó a Draco fuera de balance, tirándolo al suelo. Draco lo golpeó en un costado, tratando de hacer que lo soltara. Harry dio rienda suelta a su ira, golpeando a Draco en donde podía. Draco zafó su brazo y golpeó a Harry en la nariz. De inmediato, el moreno sintió el sabor metálico de la sangre en su boca y garganta. Draco dejó de batallar y trató de tocarlo con su mano abierta. Harry se hizo para atrás, sentándose en el suelo, mareado por el dolor del golpe.
—Diablos, Harry. Lo siento.
Harry se limpió la sangre que brotaba de su nariz con su mano libre. Se obligó a ponerse de pie y miró a Draco.
—Parece que regresamos a donde empezamos. —Se giró y se dirigió a la entrada del túnel, sacando su varita para abrir la puerta.
—No puedes regresar a Gryffindor con ese aspecto —dijo Malfoy en voz alta.
—No me digas lo que puedo o no puedo hacer —dijo Harry en voz baja. Estaba recargado contra la pared, con la cabeza gacha—. No tienes el derecho.
—Tú tampoco —dijo Malfoy—. No puedes decirme con quien puedo o no puedo hablar.
Harry se giró.
—No, no puedo… Lo que puedo hacer es decirte que no voy a ser amigo de alguien que dice y cree cosas tan llenas de odio. —Sintió la sangre cayendo de su rostro y se la limpió con enfado—. En verdad… me gustabas, Draco. Y fui muy feliz aquí abajo. Pensé que tu también, pero tenías que arruinarlo…
—Lo sé. Lo siento. —Draco no se había parado; seguía sentado en el suelo, donde habían peleado, con los brazos sobre sus rodillas.
Toda la furia pareció abandonar el cuerpo de Harry, mientras el chico se deslizaba contra la pared y se sentaba en el suelo, a unos metros de Draco. Cerró los ojos y echó la cabeza para atrás. Se tocó la nariz. El sangrado había parado.
—¿Te la rompí? —preguntó Draco, mirándolo.
—No lo creo. No se oyó. Tendrás que intentarlo mejor la próxima vez.
—No quiero que haya una próxima vez.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Harry en voz baja, aún sin mirar a Malfoy—. Lo del artículo, ¿Por qué lo hiciste?
—No sé cómo pasó. Skeeter estaba hablando con todos nosotros, los Slytherins. Preguntándonos acerca de la escuela. Y alguien dijo algo acerca de Hagrid y el hipogrifo. Y ella siguió hacienda preguntas y todos estaban diciendo cosas malas acerca de lo que había ido mal en las clases de Hagrid. Los escregutos y todo eso. —Draco hizo una mueca—. Y ella preguntó si sabíamos que Hagrid era un gigante y todos se emocionaron y comenzaron a hablar de ello. Ni siquiera recuerdo haber dicho la mitad de las cosas que dice que dije. Pero es posible. Y su maldita pluma estaba escribiendo en el pergamino, quién sabe qué cosas.
—Su maldita pluma. —Harry hizo una mueca—. La mitad de las cosas que dice que dije en ese primer artículo fueron inventadas. Yo no habría dicho todas esas cosas.
—Si de algo sirve… Lo lamento —dijo Draco. Alzó la cabeza y miró a Harry. Con los ojos increíblemente oscuros.
—¿Lamentas haber dicho esas cosas acerca de Hagrid? O lamentas que esto —Harry movió su mano, como mostrando el cuarto—, terminó.
—Lamento haberte lastimado. Lo que creo, eso no es parte de nosotros, ¿o sí? ¿No podemos simplemente…?
Harry se puso de pie, negando con la cabeza.
—No puedo estar con alguien que piense de esa manera, Draco. Desearía… desearía que las cosas hubieran resultado diferente. —Harry se alcanzó a ver en un espejo e hizo una mueca. Se acercó a un grifo y se mojó el rostro con cuidado, retirando la sangre. Cerró la llave y se miró en el espejo de nuevo. Draco estaba parado detrás de él.
—Es lo que mi familia me enseñó. Lo metían en mi cabeza cada día. Sangre sucia, mestizo, odio por cualquiera que no fuera sangre limpia.
Harry sostuvo la mirada de Draco en el espejo y negó con la cabeza lentamente.
—Necesitas comenzar a pensar por ti mismo. Yo soy un mestizo. Cuando haces a un lado a todos los mestizos y los nacidos de muggles me incluyes a mí. No puedes quererme y al mismo tiempo creer que yo y todos los que son como yo somos menos que tú y que tu familia, porque ustedes son sangre limpia. Si no crees que eso es cierto, entonces necesitas aprender a alzar la voz por lo que crees que es correcto, no seguir la corriente con tu padre. No puedes tener ambas cosas. —Se giró y se dirigió a la salida. Luego, tomó sus cosas—. Nos vemos.
—No te vayas, Harry, por favor —rogó Draco, pero Harry abrió la puerta con su varita y entró al túnel sin mirar atrás.
OoOoOoO
*Créditos de las canciones
"A Hard Day's Night" (La noche de un día duro), escrita por John Lennon, y con créditos para Lennon–McCartney (en el álbum A Hard Day's Night)
"I'm Happy Just to Dance with You" (Estoy feliz, solo bailando contigo), escrita por John Lennon y Paul McCartney (en el álbum A Hard Day's Night)
"Can't You Hear Me Knocking" (¿No puedes oírme tocar?), escrita por Mick Jagger y Keith Richards (en el álbum Sticky Fingers)
"Wild Horses" (Caballos salvajes), escrita por Mick Jagger y Keith Richards (en el álbum Sticky Fingers)
(1) Pebble significa "guijarro", y stone es "piedra".
En mi perfil les dejaré un post en el LJ con las traducciones de las canciones, ¿les parece?
Hasta la próxima…
Adigium21
