Symphogear y sus personajes no me pertenecen.

u.u Quiero un helado.

La leyenda del dios del sol.

07: Calidez perdida (segunda parte)

-¿Estás bien? No llegabas y no sabía qué pensar, Chris-chan, tenía tantas ganas de verte- Miku hablaba abrazando a la mencionada.

-A… ¿Te conozco?- Chris preguntó mirando de reojo a la que todavía la abrazaba. Chris había dejado de abrazar a la desconocida poco antes de que alguna de ellas empezara a hablar.

Miku reaccionó a esas palabras, deshizo el abrazo para mirarla a los ojos y encontrar a una peli-blanca realmente confundida. Las lágrimas no dejaban de salir. Miku retrocedió un paso bajando los brazos, era como si se volviera a romper su corazón, sus ojos mostraban la desesperación de saber que… -No eres… - Miku agachó la cabeza limpiando sus ojos insistentemente con la manga de su blusa – Perdona, yo… - dio otro paso hacia atrás y apretó sus puños en sus ojos para dejar de llorar – jeje – levantó la cabeza – disculpa, te confundí con alguien más- terminó la sentencia dedicando una sonrisa a la chica frente a ella.

Chris no entendía por qué pero sintió decepción al saber que no era ella a quien esa chica llamaba – No importa, um… hace frío deberías abrigarte – cruzó los brazos e infló el pecho - no que yo sea quién para hablar de eso pero sé que los mortales sienten frio con facilidad, nosotros los dioses, por el contrario, somos inmunes a esas sensaciones - dicho esto miró de reojo a la jovencita – Oye… no eres de aquí, ¿verdad? –

-Hehe, sí soy de aquí-

-¿Ah sí? ¿Dónde vives? ¿A qué dios veneras? ¿Sabes quién soy?-

-Eres la heredera del dios del fuego, vivo a las orillas de la prefectura del viejo templo de la reencarnación-

-Ya veo, eres adoradora de aquella diosa ¿A quién esperabas?-

Poco a poco Chris dejó de estar tensa y Miku, aunque no como lo había planeado, disfrutaba de la compañía de aquella joven diosa. Había algo que le causaba confusión ¿Por qué Chris no la recordaba?

A unos metros de ahí, oculta entre los árboles, Tsubasa observaba todo. Ese era el plan, solo observar, sin embargo un hombre apareció para atacar a Miku.

En una reacción rápida, Chris cargó a Miku y dio un fuerte salto que las llevó al otro lado del puente. Antes de que pudiera preguntar algo, el hombre habló.

-Mi diosa, aléjese de ella- el hombre estaba preparándose para volver a atacar.

-¿Qué? ¿Qué haces aquí?- Chris seguía cargando a Miku, estaba a la defensiva.

-Su padre me envió a cuidar de usted, la criatura con la que está, es aquella que se autoproclama como diosa del sol y quiere destruir a su padre-

-¿De qué estás…? ¿De qué está hablando?-

-Esa criatura quiere destruir a los dioses-

-¿Es… Es cierto?-

En ese momento de confusión el hombre aprovechó para volver a atacar a las diosas. Si lograba deshacerse de la joven diosa del sol, seguramente el dios del fuego estaría tan complacido que le ofrecería algún puesto importante dentro del grupo selecto del dios del fuego.

A escasos metros de las diosas, el hombre tuvo que retroceder. Miles de espadas cayeron del cielo.

-¿Es eso lo que tu dios te dijo?- Tsubasa apareció detrás del hombre, empuñando su espada contra el cuello de aquel sujeto.

-No me puedes hacer daño- el hombre sonrió arrogante – el dios del agua y todos sus sirvientes están a la disposición del dios del fuego, ¿no te llegó el aviso?-

-Yo no sigo órdenes de nadie, ahora dime, antes de que me deshaga de ti, ¿cómo es eso de que esa criatura quiere destruir a los dioses?- Tsubasa hablaba en voz baja cerca de la oreja del hombre.

-¿Chris-chan?- Miku le llamaba pero la peli-blanca seguía perdida en sus pensamientos – Chris-chan – acarició la mejilla de la mencionada haciendo que por fin reaccionara.

-¿Eres una diosa?- fue lo primero que se le ocurrió decir a la heredera del fuego.

-Perdóname- Miku agachó la cabeza.

-¿Lo eres?- A pesar el tono en que preguntaba, Chris seguía firme en cargar a Miku en sus brazos.

-Sí- dijo apenas audible, esperando una reacción violenta de la peli-blanca. Pero esa reacción violenta no llegó.

Unas llamas naranjas comenzaron a formarse en torno a la diosa del fuego, rápidamente esas llamas se volvieron azules y quemantes.

-¡Chris-chan no lo hagas!- Miku recordaba ese comportamiento, era una faceta de Chris que siempre le había aterrado. Solo atinó a cerrar los ojos y abrazarse fuertemente a la peli-blanca.

La mirada asesina de Chris estaba fija en el hombre que las había atacado, en un parpadeo el hombre estaba ardiendo en llamas azules ante la cara estupefacta de Miku y Tsubasa, fue muy rápido pero esos alaridos provenientes del cuerpo en llamas rápidamente cesaron.

Miku estaba sollozando, Chris seguía furiosa, Tsubasa también estaba enojada.

-Así que eres la diosa del sol- finalmente Chris habló. Con suavidad dejó a Miku ponerse de pie –no importa lo que diga mi padre, te protegeré- esas potentes llamas azules poco a poco se iban apagando.

-Yukine, ¿estás segura?, no sabes nada de lo que está ocurriendo-

-Entonces explícamelo para que tenga un motivo por el cual perdonar tu vida- ahora dirigía su mirada asesina a su senpai.

Tsubasa rio por lo bajo – Si te hubiera dicho antes no me habrías creído, acompáñame – Tsubasa se acercó a Miku para cargarla y llevarla rápidamente al viejo templo de la luna, Chris se lo impidió. Un poco sonrojada y enojada le dijo a Tsubasa que ella llevaría a Miku. Así, Chris volvió a cargar a Miku en sus brazos mientras Tsubasa la guiaba al viejo templo de la luna.

En el templo de la reencarnación Serena leía un libro mientras Kanade y Hibiki tenían una sesión de entrenamiento. Hasta ahora Hibiki no había sido capaz de plantar un solo golpe a la otra portadora de Gungnir y eso la desesperaba un poco, finalmente solo corría ya cansada intentando en vano siquiera poder tocar a la pelirroja.

-Wajajaja, ey, ey, Hibiki, mira esto- Kanade se divertía de lo lindo jugando con la joven guerrera, ella ni siquiera tuvo que activar su armadura. Por otra parte Hibiki, con todas las ventajas posibles, estaba jadeante, cansada y tirando golpes ya sin dirección.

La joven guerrera del sol por fin se resignó y se dejó caer al suelo, agitada y agotada, miró fijamente la esfera de energía que Kanade había empezado a formar, rápidamente esa esfera de energía empezó a tomar una forma diferente. Esa fuerte luz desapareció al instante mostrando un objeto. Kanade había formado una especie de lanza usando material de su armadura.

-Woaaaah- Hibiki miraba impresionada, ella jamás había podido materializar un arma, y cuando su dios existía Kanade apenas lograba manejar suficiente su propia armadura - ¿cómo aprendiste a hacer eso?-

-Mucha práctica – sonrió orgullosa la pelirroja.

-¿Entonces tendré que entrenar miles de años para conseguir materializar mi propia arma?- Hibiki estaba ya sentada en el suelo, ya había desactivado su armadura y ahora pensaba en voz alta. Poder materializar un arma era cosa seria si quería proteger a su nueva diosa. Aunque al ser una guerrera sagrada relativamente nueva, olvidaba que ellos no eran milenarios como los dioses.

-Hm, miles de años- susurró apenas audible para sí misma la guerrera de la sanación - ¡Oye! No necesitas tanto tiempo – se acercó a Hibiki y se inclinó frente a ella – además, no es que te haya faltado en todo este tiempo. No estoy aplaudiendo tu estilo de combate pero tampoco puedo negar que es efectivo- le guiñó.

Siguieron platicando de sus armaduras. Ambas poseían una parte del Gungir original y para Kanade era difícil todavía ahora soportar la energía, para Hibiki era todavía tolerable pero no suficiente para demostrar una fuerza divina digna de un guerrero sagrado.

-Agh, me duele todo el cuerpo- se quejó la peli-naranja cuando se puso de pie.

-Pero fue un buen entrenamiento, tus cantos han mejorado aunque todavía se escucha el titubeo den tus notas- Kanade le ayudó a ponerse de pie – esperemos que para la próxima puedas al menos darme un golpe en la mejilla, jajaja- la pelirroja recargó sus brazos en la nuca.

-Tehe, poco a poco, Kanade-san- Serena dejó de leer su libro para mirar a las dos guerreras que se acercaban a ella.

-Sí, sí, sí, poco a poco, total, tenemos todo el tiempo del mundo- dijo entre burlona y sarcástica.

-Tachibana-san, creo que es hora de que regreses con tu diosa-

-Sí, ya es noche – en efecto el cielo era oscuro – seguro Tsubasa-san debe estar esperándome con ella en el templo, jejeje-

Las tres se dirigieron rumbo a la salida del templo de la reencarnación, ahí Serena pidió a Kanade llevar a Hibiki al viejo templo de la luna, le pidió saludar a María en caso de que por algún motivo estuviera ahí.

-En serio, me sorprende que esté enojada contigo- Kanade.

-¿Tuvieron alguna discusión?- preguntó inocente la peli-naranja.

-Digamos que aquí Serena es pésima hablando de ciertas cosas- Kanade señalando a su diosa.

-Oh, ¿fue su culpa?, inesperado-

-Tehehe, las personas son muy impulsivas cuando jóvenes, ¿no crees, Kanade-san?- Serena cubriendo su risa.

-Oye oye, si lo dices así suena como si estuviéramos viejas-

- Pffff jajaja- Hibiki echó a reir -no están viejas, solo han vivido mucho tiempo-

-Mira que atreverte a decir esas cosas frente a mi diosa, tienes agallas o estás deseosa de probar mis puños-

Luego de bromear un poco más, Hibiki fue escoltada por Kanade hasta el templo de la luna, donde ya estaba la heredera del fuego escuchando una historia de lo más increíble.

De vuelta al día anterior. María había hecho una visita al templo de Serena después de despedirse de Tsubasa. Específicamente llegó a preguntar si Serena sabía de la vieja reliquia de la luna.

-Lo sabía-

-¿Por qué no me lo dijiste?-

Ambas estaban en la cabaña de descanso de Serena y Kanade. Afuera del pequeño cuarto Kanade descansaba recargada contra la puerta.

-Hay cosas más importantes que proteger-

-¿Qué puede ser más importante que un arma que abre portales dimensionales y te permite controlar criaturas de esas dimensiones?-

-María-

-No sé qué pensar-

-No es algo por lo que debas mortificarte –

-Pero por culpa de esa cosa… -

-Te aseguro que no fue tu padre quien asesinó a la madre de Tsubasa-san, sabes que él y el dios del agua se respetaban-

-A-además, eso quiere decir que el dios del fuego tiene un arma muy poderosa de su lado-

Serena miraba las reacciones alteradas de María. Sabía que era importante y en realidad preferiría no saberlo pero vivir tanto tiempo con los mortales le había enseñado algo, no importa si eres un dios, la ambición también te puede cegar. Serena no era tonta, todas las cosas que había leído, todo lo que había estudiado de los cantos de la diosa de la música para ayudar a Kanade a mejorar su enlace con Gungnir, todos los recuerdos recibidos de su lazo con sus propios antepasados. Serena sospechaba del objetivo real del dios del fuego desde hacía mucho pero no podía permitirse hacer algo al respecto porque, para empezar, Serena era la diosa más débil de todos y la que poseía una cualidad única y anhelada incluso por los dioses.

-María, lo que está ocurriendo, ¿sabes de qué magnitud es el problema real? No es solo un problema con la diosa del sol, no es solo la ambición del dios del fuego, no es solo la muerte de la madre de Tsubasa-san. El dios del agua ya ha tomado una posición en este tablero de ajedrez. María, pronto tendrás que elegir tu posición en esta guerra-

-¿Qué… guerra?-

-El mundo tiene una oportunidad de recuperar su curso. La sola existencia de la pequeña diosa del sol es señal de la inevitable guerra que se aproxima entre nosotros los dioses-

-No estoy entendiendo-

-Que la tiranía del maldito de Adam está pronta a terminarse y él lo sabe – Kanade entró al cuarto – y no sabes cuánto ansío por poner mis puños en su jodida cara-

-Fue Adam quien mandó a destruir al antiguo dios del sol-

Hubo un momento de silencio, María estaba estupefacta, ¿por qué Serena decía eso? ¿Cómo podía decirlo con tanta seguridad?

-¿Qué pruebas tienes? ¿Cómo podrías demostrar que es cierto lo que me dices?-

-¿Alguna vez escuchaste los cantos de la diosa de la música?-

-… Sé… Sé que desde hace mucho perdió la cordura, escuché a muchos dioses hablar de que la diosa de la música enloqueció después de aquel incidente y que desde entonces solo crea ruido-

Era verdad, Serena también sabía del evento que provocó la locura de la diosa de la música.

-María, pase lo que pase, esta guerra que se aproxima, no es algo en lo que Kanade y yo vayamos a participar. Si decides hacerlo… lamento decirte que no tendrás mi apoyo. Pero no te preocupes, tampoco apoyaré al dios del fuego-

María la miró indignada - ¡Es un asunto importante, tú misma lo dijiste! Además, ¿si mi padre no fue quien asesinó a la madre de Tsubasa entonces quién fue? Conoces mejor que cualquier otro dios la obsesión de mi padre por demostrar que era poderoso, ¿insinúas que todas las cosas que nos hizo a Shirabe y a mí están justificadas?-

-No estoy hablando de eso-

Kanade se interpuso entre María y Serena, solo por si acaso.

-¡Sabes que él… kh… sabes que él jamás se preocupó realmente por nosotras, sabes que solo nos usó para aumentar su fuerza, sabes lo que provocó en el cuerpo de mi hermana! ¡¿Qué planeaba hacer con todo eso?!-

-Había algo que él deseaba proteger-

-¡¿Su ego?!-

-Él realmente deseaba ser un héroe, mi admiración por la luna nunca fue solo por tu belleza, también fue por su ingenua determinación-

Kanade debía detener eso, Serena estaba empezando a enojarse, su cuerpo se lo decía.

….

De vuelta al viejo templo de la luna, Hibiki encontró una visita inesperada.

Antes de que el templo fuera campo de batalla para la guerrera del sol y la heredera del fuego, Tsubasa tuvo que inmovilizar a Chris y, gracias a que Kanade había acompañado a Hibiki, la pelirroja pudo contener a la guerrera del sol.

-¡¿Qué hace aquí?!- Hibiki estaba siendo sometida boca abajo contra el piso.

-¡Maldición, senpai, suéltame!- Chris estaba inmóvil en su lugar gracias a los kagenui enterrados contra su sombra.

-Soltaremos a ambas después de que escuchen- Tsubasa estaba detrás de Chris, Miku miraba preocupada escondida detrás de Tsubasa.

Chris ya había escuchado eso de que ella y Miku ya se habían conocido. A petición de Miku se omitió la parte donde sabría que eran novias. Escuchó sorprendida de no sentirse sorprendida al saber que su padre era una persona que en lugar de respeto imponía miedo en los mortales. Le parecía sorprendente que ella hubiera conocido a la diosa del sol desde tan pequeñas y aun así le sorprendía más que su cuerpo sintiera algo extraño al estar cerca de Miku. Le parecía inimaginable que hubiera hecho algo tan descabellado como arriesgar su vida para, al parecer, salvar a la diosa del sol y después de estar recuperándose en el centro médico de Tsubasa ser llevada de regreso al templo del fuego de manera sospechosa por su padre. No recordaba nada de eso, solo recordaba que había un enemigo peligroso suelto, que era su prioridad deshacerse de él y estaba frente a ella. Después llegaron Kanade y Hibiki y al instante la calma cesó.

Mientras escuchaban la narración por parte de Tsubasa, tanto Hibiki como Chris se miraban de manera asesina. Para cuando la guerrera del agua terminó su narración, Chris ya estaba calmada y Hibiki seguía sometida contra el piso.

-Mi padre ha estado borrando mis recuerdos, ¿es por eso que no logro recordarte?-

-Es posible-

Miku respondió un poco calmada, Chris no parecía dudar y tampoco se veía enojada.

-Oye, senpai, ¿hay alguna manera de saber si hicieron algo en mi cerebro?- Chris estaba determinada a recuperar esos recuerdos borrados de Miku. Si era verdad todo lo que le habían contado sentía que había algo que no le habían dicho, tal vez al recuperar sus recuerdos su corazón pudiera tranquilizarse.

-No creo que la tecnología en el templo del agua pueda servir pero estoy segura que el templo de la luna debe tener el equipo suficiente. Sabes que la especialidad de los dioses de la luna es la tecnología-

-Perfecto, entonces vayamos a pedir ayuda al templo de la luna- Chris estaba lista para ir.

-No creo que sea conveniente- habló Kanade – ya es muy tarde incluso para que tú estés afuera, tu padre tiene un horario muy estricto contigo, sospechará si no regresas de inmediato a tu templo-

-Entonces vayamos mañana-

-Tampoco es así de fácil, primero necesitamos que el equipo médico del templo de María esté listo y eso puede llevar unos cuantos días en el mejor de los casos, además debemos pedir permiso a María- poco a poco Kanade suavizó el agarre de Hibiki.

-Entonces hablemos con María-san, Chris-chan, mañana puedo hablar con ella, tú por ahora regresa a tu templo- Miku agarró la mano de la mencionada.

Chris se sonrojó y desvió la mirada, Hibiki hizo un puchero, Miku estaba siendo muy cercana a la heredera del enemigo y a pesar de eso, no sentía hostilidad.

-De… de acuerdo, regresaré con mi padre pero si mañana olvido lo que ocurrió hoy por… por favor… - cubrió su cara con la mano mientras desviaba la mirada – um… senpai, te encargo ponerme al tanto d lo que pasó hoy-

-Jajaja, como ordene la diosa del fuego- Tsubasa hizo una reverencia – por ahora será mejor que ya regreses con tu padre, no sé qué dirá cuando descubra que el soldado que mandó a seguirte ha desaparecido-

-Ya me encargaré de eso- Chris infló el pecho, eso era fácil, no sería la primera vez que se deshiciera de un soldado por ser débil. Si un soldado le aburría o le desagradaba para ella siempre era fácil incinerarlo. –Oye tú – habló a Hibiki que por fin se ponía de pie y sobaba sus muñecas – más te vale que cuides bien de tu diosa, si no lo haces apropiadamente yo me desharé de ti con ms propias llamas-

-No necesitas decirme qué hacer, ella es MI diosa, moriría por ella sin dudarlo-

-Hmph, no es necesario que mueras, solo no dejes que algo malo le pase- Chris empezó a avanzar hacia la salida.

-Flamitas, te acompaño- Kanade le llamó acercándose a Tsubasa – Te veo esta noche – dio un rápido beso en la frente de su novia y le guiñó para después correr a alcanzar a la heredera del fuego.

Tsubasa sonrió bobamente mientras veía a su novia alejarse con Chris.

-¡Ahem!- hibiki tosió para llamar la atención de la peli-azul - ¿Podemos confiar en ella?-

-Créeme, no hay nadie más confiable que ella, especialmente tratándose de Kohinata-

Miku se sonrojó, era obvio. Después de lo ocurrido sabía que aunque Chris no la recordara, ese lazo especial entre las dos seguía existiendo. Miku se sonrió animada, pronto recuperaría a su novia y esta vez ella tendría el poder para protegerla incluso de su propio padre.

-Esta vez yo la protegeré- Miku hizo un puño y sonrió animada.

Le molestaba un poco admitirlo, pero era la primera vez que Hibiki veía esa sonrisa llena de confianza en su radiante sol. Su radiante sol, su amada diosa.

Desde que Chris escuchó y miró las cosas que Tsubasa y Kanade, e incluso algunas que Miku le dijo del dios del fuego, la joven heredera no sabía qué pensar de su propio padre. Especialmente porque no le parecía ajeno o difícil de imaginar.

Que su padre era un hombre violento, soberbio, que más que respeto lo que recibía de sus seguidores mortales era miedo. El dios del fuego era un hombre frío, sanguinario, y ella no podía negarlo. Si se ponía a recordar, su padre nunca trataba con respeto a los mortales, siempre los miraba como seres inferiores, siempre buscaba su propio bien, era un hombre ahogado en su propio ego. ¿Pero qué había de ella?

La trataba bien, eso no lo podía negar… ¿O no?

Siempre la tenía entrenando, extenuantes horas de entrenamiento riguroso, el único momento del día en que la trataba como a un igual era cuando le hablaba de sus planes a futuro, donde ella regiría a los humanos guiada por él.

Era verdad que su padre era frío incluso con ella y por eso mismo ella era un poco distante de los demás. Era verdad que él solo la saludaba por las mañanas pero porque se reunían para entrenar con la reliquia del fuego…

¿Y qué había de los años anteriores? ¿De cuando ella era sólo un concepto? No podía recordar nada. Ni siquiera esas anécdotas que la diosa del sol le contó. Ni siquiera esas heridas indecibles que supuestamente le había hecho su padre. Y ahora que lo pensaba, era verdad que su cuerpo tenía muchas cicatrices. Todas esas, productos de entrenamientos rigurosos a los que se sometió desde pequeña, o al menos eso es lo que le dijeron.

Chris se levantó de su gran cama, se desvistió y se miró ante un gran espejo en su habitación.

-Tch-

Había demasiadas cicatrices, algunas estratégicamente ubicadas. Casi sentía nauseas al ver su cuerpo con detenimiento. Por primera vez, desde lo último que recordaba, entendió gracias a su cuerpo que su padre no la amaba.

Habían pasado los días, Miku, Tsubasa y Kanade hablaron con María respecto a la situación de Chris. María no dudó en apoyar, pidió a los médicos y científicos del laboratorio del templo de la luna que dieran prioridad a la solicitud de la diosa del sol. Así en unos días más el templo de la luna ya contaba con un equipo capaz de manipular las terminales nerviosas para activar o desactivar los recuerdos. María miraba orgullosa el logro de sus científicos. Debía admitirlo, el personal que trabajaba en su templo era inigualable.

Una noche, el dios del fuego llamó a su hija. Gracias a que Tsubasa la mantenía al tanto cada día, Chris de alguna manera repetía la charla respecto a la verdadera naturaleza de su padre, y ese día no fue la excepción. Así que estaba preparada para lo que su padre le fuera a decir, o eso creyó hasta que llegaron a una habitación secreta.

-¿Padre? ¿Para qué es esto?- frente a ella estaba esa gran esfera de energía.

-Hija mía, esto es nuestro futuro, nuestro legado. Con esto nadie podrá hacernos frente, con esto seremos invencibles, con esto el sol por fin dejará de existir-

La gran esfera de energía se sentía igual que ella, la peli-negra que cada día olvidaba y ahora sabía de eso, y era deber de Chris adueñarse de todo eso, de todo ese poder. Ahora veía que era verdad lo que se decía del dios del fuego. Le parecía estúpido no haberlo notado antes, todos esos entrenamientos, los sacerdotes, los soldados… todo cobraba sentido ahora. Su padre era un monstruo. Y eso no era todo, ella misma se recordó portándose igual que él.

-No…- dio un paso hacia atrás – No… -

-¿Chris?-

-¡No quiero!-

La heredera del fuego echó a correr fuera de ese lugar, después se transformó con su reliquia y desapareció en la noche.

-M…- Tsubasa se quejaba en sueños – m… – sus leves quejidos despertaron a Kanade quien la abrazaba por la espalda, las sábanas ligeras se removieron dejando al descubierto sus cuerpos desnudos – m… -

Kanade finalmente despertó y al ver el comportamiento de Tsubasa la acercó un poco más a ella y empezó a cantar una suave melodía, poco a poco Tsubasa dejó de quejarse. Kanade besó su cabeza y trató de conciliar el sueño una vez más. ¿Cuánto tiempo podría estar así con su amada mortal? No quería pensar más en eso.

Continuará…

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

~(-w-)~ Yey

Dodger el perro: Q.Q esperemos que la recuerde. Gracias owo/

Próximo capítulo:

-Hay una enorme diferencia entre tú y yo-

-Si apartas la vista por un segundo es tu fin-

-¿Estás segura de esto? –

-Este será nuestro secreto-

-Hagan eso en casa-

¬w¬/ Saludos!

Autor del mal.