Capitulo 9

Severus gimió atormentado, añorando el bendito escape de la muerte. El no podía creer que había sido tan estúpido para ser capturado de esta manera. Debería haber sabido mejor. Sabía mejor. Pero de alguna forma se había distraído, había bajado la guardia, y este era el resultado.

Severus había sufrido las torturas de su padre, sus compañeros, los merodeadores, y Voldemort. Había sufrido bajo Cruciatus más veces de las que quisiera recordar, por no decir de las menores, pero aun así dolorosas, maldiciones oscuras, humillantes y terribles hechizos, y por supuesto, el favorito Muggle, fuerza bruta. Probablemente había soportado más castigo que ningún otro mago vivo (excepto por aquellos que les gustan ese tipo de cosas), y su tolerancia al dolor era terriblemente alta. Pero no tan alta. No para esto.

Ahogo un quejido de angustia. No rogaría. No gritaría. No le daría a su atormentador la satisfacción. Incluso cuando se había retorcido bajo la varita de Voldemort, no había suplicado por misericordia, y no iba a comenzar ahora. Seguramente caería inconsciente en cualquier minuto…

La única cosa que le quedaba ahora era la venganza. Era lo que lo mantenía aferrado a la vida, lo que le prevenía buscar el dulce escape del suicidio. Todo esto era culpa del mocoso de Potter, y aunque fuera lo último que hiciera en este mundo, Severus juró que extraería su venganza del chiquillo.

Vio a su torturador acercándose, con un entusiasmado brillo en sus ojos, y rezo por su liberación. Por favor, por favor no más. Por favor – un traslador. Un aneurisma masivo. El regreso del Señor Oscuro. Alguien que me rescate de esta agonía.
-¡Severus!- Albus Dumbledore exclamo feliz. -¡Mira! Tienen una versión de ajedrez mágico, ¡con jugadores de Quidditch! ¡A Harry le va a encantar! ¿Quieres probarlo?-
Severus todavía no podía creer que no había sido lo suficientemente inteligente para mentirle al Director cuando noto que iba saliendo del castillo esa mañana y le pregunto a dónde iba. Debería haber sabido que Dumbledore insistiría en acompañarlo a comprar las nuevas cosas para la habitación de Harry, y debería haber esperado que el viejo loco convirtiera la que debió haber sido una corta y eficiente salida en este interminable y eterno infierno.

No se saltaron ninguna tienda. El porqué Dumbledore pensó que era necesario examinar muebles de cocina no lo comprendía Snape. ¿Acaso creía que Potter iba a participar en el 83º concurso anual de hornear pasteles? Habían pasado más de una hora en una maldita tienda de ropa blanca, debatiendo si Harry preferiría dragones animados o hipogrifos en sus sabanas. O mejor dicho, Albus debatía sobre las sabanas mientras Severus debatía apalearse hasta la inconsciencia. Y luego que el vejete se había decidido finalmente por hipogrifos, empezaron todo de nuevo por el color de las cortinas. Severus le recordó, con la última hebra de su control, que él vivía en una mazmorra. Una mazmorra sin ventanas, pero eso solo había hecho que Albus pasara de cortinas a alfombras.

En La tienda mágica del cuerpo, Snape había pensado que vendían algún tipo de pornografía mágica y estaba a punto de discutir con Albus que mientras Harry era un niño que estaba creciendo y tenía una natural y sana curiosidad, Snape no iba a animar ese tipo de cosas. Pero luego se dio cuenta, para su infinito horror, que era una especie de costosa tienda de artículos de tocador en la que ningún hombre que se respete, mago o Muggle, debía ser encontrado mientras viviera. Entre lo que parecían ser un millón diferentes de jabones, lociones, shampoo, cremas, talcos, y cosméticos (sin mencionar objetos vagamente obscenos de que cuya función Severus no quería saber) Albus comenzó un largo dialogo con la bruja tras el mostrador. Severus se escondió lo mejor que pudo entre la abarrotada y aromática mercadería, esta tienda hacia lucir a Ollivander vacía y espero por un ataque Mortífago.

Mientras Severus soportaba la curiosa mirada de los otros clientes (todas mujeres, por supuesto), Albus discutía el apropiado cuidado de la piel de los preadolescentes con más concentración de la que normalmente ponía en las reuniones del Wizengamot. Después que el Director hubiera comprado una bolsa llena de productos que la bruja garantizaba haría que Harry tuviera una adolescencia libre de granos, Severus se fue directo a la puerta, solo para ser arrastrado de vuelta por la magia de Albus.

Mortificado y sin palabras, ¡ese hechizo era utilizado por las madres en sus inquietos infantes! , Snape había abierto su boca para decirle al Director lo que pensaba de su comportamiento, cuando quedo sin habla por darse cuenta de que Albus y la bruja del mostrador estaban ahora discutiendo productos para el cuidado del cabello. Específicamente, ¡para el cuidado de su cabello! Todos sus reclamos, gritos, argumentos, e incluso cuando echo humo por las orejas fue completamente ignorado, y lo dejaron al lado del mostrador, bajo la amenaza de un hechizo pegajoso, su cuero cabelludo y su pelo fueron meticulosamente examinado. Para su intensa consternación, mucha de las clientas se unieron a la discusión, ofreciendo sus propios remedios y consejos, pasaron más de veinte minutos antes que pudiera escapar, con una igualmente grande bolsa como la que llevaban para Harry.

Esa tarde había decaído desde ese momento. En la tienda de ropa, actualmente había amenazado con enviarle un Avada a Dumbledore si no dejaba de seleccionar los más extremos ejemplos de ropa psicodélica. En la tienda de libros, Albus fue prevenido de no comprarle a Harry una librería privada que equivalía a la de Snape y Dumbledore combinadas por sus urgentes recordatorios de que Madame Pince seguramente se sentiría insultada y se pondría a llorar si él hacia eso. En la tienda de mascota, el director había querido comprarle a Harry una mascota, pero Snape logro persuadirlo diciéndole que Hedwig no iba a recibir bien la intrusión de un kneazle o un crup. (Ver definición al final de página)

Pero fue en la tienda de juguetes, predeciblemente, donde Albus se volvió completamente loco, y ahora Severus lo seguía rápidamente. -No. Mas. Juguetes. Albus,- Logro ladrar Snape con los dientes apretados. La pila de juguetes en el mostrador parecía ser del tamaño para abrir una sucursal en vez de ser para la habitación de un niño mago.
La cara del Director decayó. -Oh, pero Severus, ellos tienen…-

-No. No mas.- Viendo que el viejo mago iba a discutir, Severus se volvió astuto. -¿Y qué le vas a comprar para Navidad si le compras toda la tienda ahora?- le pregunto, rehusando imaginar cómo sería Navidad con el mocoso. Adornos, villancicos y suficiente alegría como para hacer a Snape sentir nausea por un mes.

-Hmmm. Tienen razón,- accedió finalmente Albus, y Snape no perdió tiempo en sacarlo de la tienda.

-Ooh, ¡espera! ¡Quidditch!- Dijo Albus, mostrándole a Snape mientras trataba de arrastrarlo hasta el punto de aparición.
-"Mientras tú estabas dudando en cuál sería el mejor material para las túnicas de Potter, Yo fui a la tienda de Quidditch,- le informo Snape, cruelmente ignorando la decepcionada expresión de Dumbledore.

-¿A lo mejor olvidaste algo?- le sugirió esperanzado.

-Navidad, Albus. Solo faltan unos pocos meses,- le recordó Severus, sin soltarle el brazo al viejo mago

Dumbledore suspiro, luego se alegro. -No puedo esperar a ver la cara de Harry cuando vea todo-

-No, Albus. No vas a convertir esto en una excusa para una fiesta sorpresa. No voy a tener mis habitaciones privadas invadidas por media Torre Gryffindor, y qué decir de los estúpidos miembros de la facultad como Trelawney.-

-Quizás solo algunos de los amigos más cercanos de Harry…-comenzó Albus.

-¿Puedes imaginar el desorden que causaría Hagrid si entra en mi cuarto de pociones? No.-

El Director suspiro derrotado. -Está bien, mi querido muchacho. Pero vas a tener que mostrarme la memoria de la expresión de Harry en mi Pensadero.-

-El mocoso todavía está trabajando el castigo por el asunto de la clase de vuelo," le dijo fríamente Snape.- Todavía no he decidido cuando le daré un par de los regalos más pequeños.-

Dumbledore suspiro nuevamente. -No deberías ser tan estricto, Severus. ¿No eras tú el que enfatizaba la importancia del refuerzo positivo?-

Snape frunció el ceño. "-Si no te gusta el trabajo que estoy haciendo no deberías haberme obligado a hacerlo. Te recuerdo que esta no fue mi idea.- Fue intensamente gratificante ver el leve asentimiento de Albus, aunque la sensación duro solo hasta las siguientes palabras de Albus.

-Muy cierto, mi muchacho. Por eso es tan satisfactorio verte abrazar esta empresa con tanta dedicación. Por lo que me dijeron Molly y Arthur estaban bastante impresionados por como manejaste a Harry anoche durante la cena. Dijeron que tenias un talento natural," sonrío Albus.

Severus apretó sus dientes. ¡Malditos, copuchentos Gryffindor!

El logro su venganza al no permitirle a Albus que le ayudara a arreglar la nueva habitación de Harry, aunque en retrospectiva hubiese sido mucho mejor que el Director hubiera tenido que lidiar con los elfos domésticos. Cuando aprendieron que la habitación era para el Señor Amo Harry Potter, las pequeñas criaturas se volvieron locas de la emoción y llegaron como treinta, moviéndose por la nueva habitación y dejándola lista para su nuevo ocupante. Snape tuvo que interceder en muchos argumentos entre las volátiles criaturas y le toco utilizar toda su astucia Slytherin para prevenir que utilizaran castigos masivos cuando decidían que un mueble luciría mejor en otra pared de la habitación después de todo. Cuando por fin la habitación estuvo lista a la satisfacción de ellos, él estaba convencido que hubieras sido más fácil hacerlo a la forma Muggle.

Cuando había despertado al chico de donde había dormido en el sillón de Snape, Harry había estado alternadamente avergonzado y encantado de saber que le había permitido quedarse a dormir en las habitaciones privadas del profesor. -Um, gracias por haberme dejado dormir aquí,- murmuro, sonrosado. Se apoyo en un brazo y se restregó los ojos. Wow , ¡el profesor incluso lo había dejado dormir en su sofá!

-Sí, bueno, era bastante tarde y tengo cosas más importantes que hacer que acompañarte de vuelta a la Torre,- le dijo Snape y luego lo agarro por una oreja, no fuera a pensar el mocoso que se estaba poniendo suave. -Ve a lavarte y vestirte, o te perderás el desayuno, lo amenazo, aunque no tenía ninguna intención de dejar ir al mocoso sin algo nutritivo en su estomago. -Los elfos están esperando para enviarlo."

-Está bien,- le aseguro Harry al profesor, y obedientemente se dirigió al baño. No quería causarle ninguna molestia más al profesor. -Agarrare un panecillo y me lo comeré camino a clases, ¡ay!- se detuvo cuando los fuertes dedos del profesor se cerraron nuevamente en su oreja y lo giraron para ver directamente al hombre.
Parpadeo sorprendido. El apretón en su oreja no dolía realmente, pero Harry sabía que no debía resistirse.

-Potter, si veo que te llenas la boca con golosinas, ordenare a los elfos domésticos que te den la comida en la boca por un mes,- lo amenazo Snape furioso. -Espero que comas tres balanceadas comidas al día, y que limites la cantidad de dulces. ¿Cómo esperas agregar músculo y altura a tu esquelética figura si no comes apropiadamente? Ranas de Chocolate y panecillos dulces y tres repeticiones de budín van a poner tu trasero tan gordo como el de la ballena de tu primo.

¿Comprendes?-

Con los ojos muy abiertos, Harry asintió. Sus familiares raramente le daban suficiente comida, menos preocuparse si era nutritiva o no.

-Discutiremos esto más profundamente después,- le prometió Snape con firmeza. -Por ahora, deberías hacerte el hábito de seguir el ejemplo de la Srta. Granger. Ella come bastante bien.-

Harry arrugo su nariz. -Ella siempre come hartos vegetales y cosas verdes,- protesto. -Ella come como una chica.-

-Y el Sr. Weasley come como un barril sin fondo, y tú, jovencito, estas en camino a una poca sana adolescencia lleno de granos y demás. Ahora haz lo que te dijo o lo lamentaras.- Y envió al chico al baño con una mirada. ¡En realidad! ¡Qué insolente y tan temprano en la mañana!

Harry se apresuro al baño y cumplió con su rutina mañanera. Su corazón estaba cantando. ¡Merlín, el Profesor Snape se preocupaba por él! No era suficiente para él que Harry comiera, sino que insistía que Harry comiera las comidas apropiadas. E incluso iba a enseñarle cuales eran, para que Harry creciera sano y fuerte. Harry le sonrío a su reflejo. El suponía que si fuera por el profesor, Harry seria más alto que Ron para el fin del año escolar. Sería un gran cambio de ser siempre el más pequeño de la clase.

Bien limpio, Harry tomo asiento en la pequeña mesa de la cocina de Snape, bajo la severa mirada del profesor. -Buenos días señor,- dijo Harry, recordando su modales un poco tarde.

-Buenos días,- respondió el profesor. Un plato de huevos, tostadas, y fruta aparecieron con un pop, y Harry sonrío feliz. -Asegúrate de terminar toda tu leche, Potter, y este frasco de suplemento dietario también. Esto te ayudara…con las carencias nutricionales de tu previa vida.-

Harry le dio a la poción una mirada dudosa, pero se dio cuenta que era mejor no protestar. Recordó como el Sr. Weasley le había dado vegetales extra, anoche en la cena, y decidió que era una cosa de padres.

-Tomaras una dosis diaria de esta poción,- continuo Snape, complacido de que Harry estuviera muy ocupado comiéndose los huevos para reclamar, -hasta que Madame Pomfrey me informe que estas en el nivel con los otros chicos de tu edad.-

-¿Tiene mal sabor?- pregunto Harry con un suspiro.

-Indudablemente.- Snape le sonrío al chico que gruño. Esto era muy divertido. Ni siquiera tenía su primera clase y ya había atormentado a un niño. –Estoy seguro que no has comenzado con las líneas que me debes –las mejillas coloradas de Harry confirmaron su sospecha - te reportaras conmigo para detención esta tarde, después de tu última clase."

-Ahhhhh,-protesto Harry. -¡Es viernes!-

-Y tú tienes detención,- le informo Snape. -¿Quieres tener detención el sábado también?-

Harry gruño y miro enojado a su fruta.

-¿Y qué planes tan emocionantes tenias para la tarde?- le gruño Snape, irritado ante la molestia del chico.

Harry encogió los hombros. -No sé. Solo creí que Ron y yo podríamos-

-Idiota. ¿Te has olvidado que el Sr. Weasley y sus hermanos van a la Madriguera después de la última clase?-

-Oh.- Harry pensó por un momento. Si Ron no iba a estar, no había mucho que hacer. Granger probablemente trataría de convencerlo de estudiar con ella, y aunque Dean y Seamus podrían incluirlo en sus planes, podía ser que no lo hicieran.

En realidad tenía que trabajar en esas líneas, y sería mejor que lo hiciera cuando podía contar con la ayuda del profesor en su escritura y no en la Sala Común donde todos verían que estaba siendo castigado. Dada la ausencia de Ron, el profesor tenía la razón: esa era la mejor hora para hacer las líneas, cuando no se estaría perdiendo nada más.

Harry miro al profesor. El hombre había seleccionado la mejor oportunidad para que Harry terminara con su castigo, cuando él no tenía otras actividades interesantes que hacer, y Harry se estaba quejando. Lo que era más, el Profesor Snape había sido terriblemente amable en no hacerle terminar las líneas rápido. Muchos otros profesores se molestaban sino les entregaban las líneas al día siguiente. -Lo siento,- murmuro culpable.

-Hm.- Snape, todavía con el ceño fruncido, no miro desde donde estaba leyendo una revista de pociones y tomando su café.

Harry se dejo caer en la silla. Ahora el profesor estaba enojado con él, y con razón. Solo movió la fruta en su plato, su apetito había desaparecido.

-Termina tu desayuno, mocoso odioso,- le ordeno Snape con firmeza. -Las clases comenzaran dentro de poco.- Se acerco y le arreglo el cuello de la camisa, que estaba todo chueco, al mocoso. Honestamente, ¿Acaso no podía vestirse solo?

Harry miro esperanzado por entre su flequillo. ¿Quizás el profesor no estaba tan enojado si le estaba arreglando la camisa a Harry?

-¡Te dije que comieras!- Snape le dio una palmada en la cabeza. Fue definitivamente un golpe no una caricia. Y ciertamente no le acaricio el cabello. No fue su culpa que sus dedos quedaran atrapados en ese nido de ratas.

Reasegurado, Harry sonrío y se trago lo quedaba del desayuno. -Sí señor,- murmuro tomando lo último que quedaba de leche.

-¡Y no hables con la boca llena!- le dijo Snape, pero el comentario no fue escuchado porque el mocoso se paro rápidamente de la mesa, tomo su mochila, y corrió a la puerta.

-¡Nos vemos esta tarde, Profesor!- grito Harry sobre su hombro.

-¡Es una detención, Potter!- le grito Snape enojado. -¡No una fiesta!- Ooh, se dijo molesto, le enseñare a este pequeño monstruo a temer sus detenciones. ¿Mandarle una feliz despedida? ¿Cuando tenía una tarde llena de castigos? Tendría al mocoso escribiendo hasta que se le cayeran los dedos, y después lo haría sufrir…

Cuando sus clases terminaron, Snape había recuperado su buen humor dejando a cuatro estudiantes de EXTASIS en lagrimas y dándole a Oliver Wood una detención que lo tendría pidiendo piedad. Una vez que terminara de fregar manchas que llevaban más de diez años en los escritorios de su salón, la espalda de Wood estaría adolorida por días. O al menos hasta que llegara cojeando a la enfermería.

El capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor se había disculpado cuando Snape lo azoto verbalmente por no haberle mostrado a Harry como hacer los ejercicios de estiramiento antes de la prueba, pero lo que casi había hecho llorar al muchacho había sido que Snape lo había amenazado con cambiar a Potter al equipo de Slytherin si los de Gryffindor no sabían cuidar bien a sus jugadores. Wood había dejado escapar asustadas promesas de que Snape podía desquitarse con él si encontraba alguna lesión en Harry.-Pero Sr. Wood,- Snape había respondido con su voz más sedosa, -Ya tenía planeado hacer eso.-

Después de todas las amenazas, el actual castigo fue un alivio para el tembloroso Wood, y ya estaba restregando un escritorio cuando Harry llego.

-Hola, señor,- dijo Harry educadamente, guardando rápidamente en un bolsillo la rana de chocolate que se estaba comiendo.

Snape le tomo la barbilla con mano firme, tomando un pañuelo blanco, limpio la cara del mocoso. -¿Hmmm?- lo miro amenazadoramente, mostrándole al mocoso los restos de chocolate, que ahora decoraban el pañuelo.

-Em… Era el cumpleaños de las gemelas Patil,- explico Harry suplicante -Les estaban regalando ranas a todos. Seria de mala educación rehusar.-

-No hay postre esta noche.- Pronuncio Snape en un tono que no permitía argumentos.

Harry suspiro. -Sí señor. ¿Por lo menos puedo terminarme la rana?- pregunto esperanzado.

-No.- Snape extendió su palma, y Harry tristemente le deposito la medio comida rana. Estaba un poco pegajosa después de haber estado en su bolsillo, se admitió a sí mismo. Snape la miro con desprecio y le envió un hechizo desvanecedor al dulce. Tomo a Harry por los hombros y lo movió hasta el primer asiento.

-Hola, Oliver,- Harry dijo cuando era llevado al asiento y paso al lado del Gryffindor.

-Hola, chico,- Wood le sonrío desde donde estaba doblado fregando una de las patas de una mesa.

-Esta no es una fiesta de té, Potter,- le gruño Snape. -Siéntate y comienza tus líneas.-

-Sí señor,- dijo Harry obediente, sacando pergamino y tinta de su mochila. Le habían asignado las líneas sobre sus familiares primero, pero sería más fácil terminar las del incidente de vuelo primero, ya que solo eran 200. Decidió que era mejor terminar una parte de sus asignaciones primero y se dispuso a trabajar en las 200 líneas.

Su estomago rugió cuando pensó en la perdida rana de chocolate pero se enfoco en su trabajo. ¿Qué era lo que Snape le había dicho que escribiera…? Oh, cierto, Harry comenzó a trabajar.

Salto asombrado cuando un vaso de leche y un plato de manzanas cortadas aparecieron en el escritorio frente a él.

Mirando al profesor, vio a Snape que le fruncía el ceño. -¡Ponte a trabajar, mocoso flojo!-

-¡Señor!- protesto Wood desde el fondo de la habitación, y Harry se giro sorprendido. -¡No debería llamarlo de esa forma!-

-Métase en sus propios asuntos, Sr. Wood, ¿o quiere limpiar las sillas además de los escritorios?- lo amenazo Snape.

Wood agacho la cabeza y volvió a trabajar, murmurando rebeldemente, mientras Harry comía su manzana alegre y se preguntaba porque tanto reclamo.
Había terminado toda su manzana y casi toda la leche cuando Snape puso una silla a su lado. -¿Como esperas que lea estos garabatos?- lo reto el profesor, mirando las diez o más líneas que Harry había escrito.

-Lo siento señor,- Harry dijo dócilmente.

-Mira. Esta es la forma apropiada de sostener una pluma, y, ¿donde compro esta patética excusa de pluma, Sr. Potter?-

-Erm, estaban en oferta en el Callejón Diagon, señor…-

-Obviamente estaba a bajo precio porque nadie sería tan tonto de comprar utensilios de tan baja calidad,- le dijo Snape desdeñosamente. -Toma. Esta es una pluma anti goteo. No voy a soportar más excusas quejosas de mala escritura por culpa de tu pluma.-

Harry iba a decir que no había dado ninguna escusa, quejosa o de otro tipo, pero se dio cuenta que sería rudo discutir cuando le habían obsequiado un regalo. -¡Gracias señor!-

Snape frunció el ceño horriblemente. -¡Déjate de hablar y trata de nuevo! No, no, afírmala así.- Después de quince minutos, la caligrafía de Harry había mejorado claramente, y Snape regreso a su escritorio. -¡Y si no tienes cincuenta líneas la próxima vez que vaya a chequear, Potter, te voy a mandar un hechizo que te deje pegado a la silla hasta el toque de queda!-

-Maldito murciélago,- vino flotando la voz desde el fondo de la sala.

-¿Dijo algo señor Wood?- murmuro Snape.

-No, señor,- Oliver replico dócilmente.

-¡Enderécese y míreme cuando le hablo, Sr. Wood!-

Los gemidos que emitió Oliver cuando se enderezo fueron puro placer para Snape. Wood gimió lastimeramente cuando su espalda se quejo por las pasadas dos horas.

-Estimado, Sr. Wood. Supongo que debí dejar que se estirara un poco antes de mandarlo a limpiar todos esos escritorios,- dijo Snape feliz. -Los músculos de su espalda deben estar anudados.-

-Sí señor,- Oliver hizo una mueca. Tenía que admitir, adolorido como estaba, que había una justicia poética en esta detención. Envío una mirada de disculpa donde Harry estaba echándole una ojeada sobre su hombro. En realidad no había sido su intención sobre trabajar al pequeño de esa manera, pero había sido tan emocionante verlo volar y agarrar la snitch una y otra vez.

Todavía hay una hora y media hasta la cena,- le dijo pensativo Snape, disfrutando como el capitán Gryffindor palidecía al ver que todavía le faltaban 90 minutos de agotadora labor.

"-Por favor señor,- trato Wood, -la prueba solo fue dos horas.-

-¡Y usted es mayor, mas fuerte, y, supuestamente, más sabio que un niño de once años, Sr. Wood!-

Suspiro. -Si señor.- Wood comenzó a agacharse nuevamente, pero se detuvo por el tono frío del Maestro de Pociones.

-Puede pasar lo que queda de la tarde considerando la lección que acaba d aprender.-

Wood miro con incertidumbre al Profesor Snape. ¿Qué significaba eso? ¿Lo iba a enviar a una esquina como a un niño de cuatro años? El idiota grasiento era capaz de casi cualquier cosa, mientras fuera humillante, doloroso, y que hiciera llorar hasta a un hombre adulto.

Snape dio vuelta los ojos. Palabras simples, los Gryffindor necesitan palabras simples e instrucciones claras, se recordó. -Asumo que puede contemplar sus acciones sin necesidad de hacer trabajo manual, ¿No es así Sr. Wood?-

-"¡Oh! Em, sí señor,- Oliver asintió rápidamente, presintiendo un indulto

-Entonces puede irse. Y espero un ensayo de dos pies para el día lunes sobre las responsabilidades de un líder, junto con otro de doce pulgadas en prevención de lesiones de espalda.- Sonrío maliciosamente. -Imagino que puede entrevistar a Madame Pomfrey en ese tema cuando la consulte profesionalmente. Si los dos ensayos no encuentran mi aprobación, entonces tendrás que entregar otros dos pies en lesiones deportivas y su prevención. ¿Nos entendemos?-"

-Sí señor,- Wood asintió miserablemente. ¡Dos ensayos extras! Adiós a su plan de practicar su vuelo el fin de semana. Y conociendo a Snape, probablemente terminaría haciendo el tercer ensayo también. Los hombros de Wood cayeron apesadumbrados, e inmediatamente lanzo un quejido cuando un dolor, como si le hubiera enterrado un cuchillo comenzó en su espalda. Por lo menos Snape prácticamente le había dado permiso para ir a ver a la enfermera. Suponía que le iba a prohibir usar algún tipo de remedio mágico, y era una grata sorpresa de realizar que Snape no era tan malvado.

Además, podía haber sido mucho peor. ¡El imbécil podía haber cumplido su promesa y haber convertido a Potter en una serpiente voladora! Le cerró un ojo a Potter, y el chico le sonrío.

Wood se sintió un poco mal de dejar solo al chico de primer año, con el Malvado Murciélago, pero por otro lado, no es como si su presencia hubiera ayudado al chico. Snape igual le había gruñido y retado todo el tiempo, incluso por su caligrafía, ¡por Merlín! ¿Cuál era su asunto si la caligrafía del chico era horrible? la Profesora McGonagall jamás entrometería su nariz de esa manera. Ella respetaba a sus estudiantes y no los trataba como a un montón de bebes. Wood había escuchado que Snape incluso les tenía una hora de dormir a los Slytherin de primer año, ¡Merlín! ¿Cuál es el punto de estar en una escuela lejos de casa si no puedes quedarte despierto hasta la hora que quieras?

Wood le hizo una seña a Harry y se dio la vuelta. -Gracias, profesor,- le dijo, pensando que sería bueno ser educado.

-¿Que parte de puede irse no entendió, Sr. Wood?- la enojada respuesta del profesor se escucho cuando salía por la puerta.

Notes:

Definición según Animales fantásticos y donde encontrarlos
Crup Clasificación del MM: XXX
El crup surgió en el sudeste de Inglaterra. Se parece mucho a un terrier Jack Russell, salvo por la cola bífida. Parece claro que el crup es un perro creado por un mago, ya que es totalmente leal a los hechiceros, mientras que con los muggles es feroz. Es un gran carroñero, come de todo: desde gnomos hasta llantas viejas. Las licencias para tener crups pueden obtenerse en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas; sólo hay que contestar a un sencillo test para demostrar que el solicitante es capaz de controlar al animal en las zonas habitadas por muggles. Los dueños del crup están legalmente obligados a cortarles la cola con un encantamiento seccionador indoloro cuando la criatura tiene de seis a ocho semanas: así se evita que los muggles se fijen en él (AF).
Kneazle Clasificación del MM: XXX
El kneazle es originario del Reino unido, aunque ahora se exporta al mundo entero. Es una criatura pequeña parecida al gato, tiene un pelaje moteado (jaspeado o a lunares), y sus orejas y cola son como las del león. El kneazle es inteligente e independiente y puede llegar a ser agresivo; aunque si se encariña con un mago o una bruja, es una excelente mascota. El kneazle tiene una misteriosa capacidad para detectar personas sospechosas o desagradables; además, sus dueños pueden confiar en que, si alguna vez se pierdes, el kneazle los guiará de vuelva a casa con total seguridad. Tienen hasta un máximo de ocho crías por parto y pueden cruzarse con gatos. Hace falta una licencia para tenerlos (como ocurre con los crups y los fwoopers). Las apariencias de los kneazles es lo bastante anormal para despertar la curiosidad de los muggles (AF).
Crookshanks, el gato de Hermione, es una mezcla entre Kneazle y gato, según J.K. Rowling; Pero no se sabe si Hermione tiene licencia para ello (PA).