Nuevo capitulo. Contiene bastante NR18. Palabras de alto contenido sexual. Tu decides si continuar leyendo o no, yo no me hago responsable ;) eso si, si continuais, disfrutadlo y un review...no le hace daño a nadie ^^
Capitulo 9
Lisa se despertó con las primeras luces del alba. El calefactor se había apagado. Estaba completamente desnuda, pero no tenía frío, abrazada como estaba a la espalda de Greg. Él también se había desnudado por completo y ahora reposaba así entre sus brazos. Un hermoso hombre desnudo, con las nalgas apretadas contra su vientre, la espalda pegada a su pecho y las piernas enredadas en sus piernas.
La noche anterior, él le había demostrado cuánto la quería. Ahora ella tenía que hacer lo propio y también mostrarle lo que él se había perdido durante los años que no habían estado juntos. Se trataba de una pequeña venganza por el daño que sabía que acabaría sufriendo debido a la muerte de él. Si, sabía perfectamente que no tenía la culpa de su propia muerte, pero… Indirectamente, si no hubiera abusado de vicodina…
Ella tenía una de sus manos apoyada en el hombro de él. Con el otro brazo le rodeaba la cintura, y su mano… Ella sonrió. Su mano estaba colocada justo en el lugar más conveniente.
Suavemente, ella acarició el vello que crecía en su pecho, maravillándose de sus poco marcados, pero existentes músculos. Sus costillas ondulaban bajo sus dedos y ella le pasó las yemas por encima, por un lado y luego por otro, mientras sonreía al oírle respirar profundamente.
¿Se habría despertado ya? Parecía que no. Con la palma de la mano le acarició el vientre liso y siguió bajando hasta donde se encontraba su vejiga en dirección a su entrepierna. Allí encontró lo que estaba buscando.
House estaba todavía dormido, pero algunas partes de su cuerpo empezaban ya a despertarse. Ella sonrió apoyando la cabeza en su espalda.
No obstante, al momento, su sonrisa se volvió amarga. No podía evitar pensar en como cada minuto era menos tiempo para estar con él, deseando poder parar el reloj, detener el tiempo y prolongar lo que era inevitable. Quisiera o no, la abandonaría dejándola con una vida desprovista de amor y sensualidad, y ella no quería ver cómo pasaba. Se sentía egoísta, pero… No podía verle marchar.
De manera que le quedaba aquella última mañana para disfrutar de él, para acariciarlo y para construir los recuerdos que la acompañarían durante el resto de su vida.
Tomó su miembro con la mano y se desperezó bajo el efecto de su caricia.
Aquello le fascinaba, su órgano masculino se endurecía tan rápidamente. Lo abarcó con toda la mano, desde la palma hasta la punta de los dedos, midiendo su longitud. Y luego lo recorrió de arriba abajo en toda su extensión, disfrutando de su textura, de las ligeras ondulaciones, y en la punta, con el pulgar, acarició en círculos la sensual cabeza. Una gota de humedad mojó la yema de su dedo y ella la extendió formando un círculo más pequeño.
-Por dios, Lisa -la voz de House, sonaba ronca y adormecida.
Ella se alzó apoyándose sobre un codo, le besó en el hombro, y luego se lo mordió.
House dio un salto y se dio la vuelta quedando de cara a ella, con la sábana enrollada alrededor de la cintura, casi haciéndole el amor con la mirada. Incluso sintió como se ruborizaba ante los penetrantes ojos azules del nefrólogo.
Para sorpresa de ella, su mirada cambió y la miraba con ojos suspicaces. ¿Acaso había estado despierto todo el tiempo? ¿O esa era la mirada con la que solía despertarse?
No importaba. No tenía tiempo suficiente para descubrir la respuesta.
-Te debo esto -dijo ella señalándose.
Él dirigió la mirada a la marca de sus dientes que le había dejado a ella en el cuello y se acercó para rodearla con los brazos.
-No -dijo Cuddy apartándolo con las manos-. Ahora me toca a mí.
Él intentó abrazarla de nuevo. -Es mi turno -insistió ella con determinación. Esperaba que no pusiera mucha más resistencia, pues, ambos iban a salir ganando. Ella se iba a vengar de sus mordeduras, las cuales la habían vuelto loca, y además iba a quedarse con el mejor recuerdo de por vida: sus besos, sus caricias, mientras él… Iba a morir contento, como siempre había deseado. Cuddy movió su cabeza quitando esos pensamientos insanos de ella. Debía afrontarlo.
-Harás que lo sienta -dijo House cerrando los párpados y sabiendo a la perfección que hiciera lo que hiciera no se arrepentiría de todos sus actos en la noche anterior.
-Oh, sí. Eso es lo que pretendo.
House sonrió. No había mejor forma de empezar el día. Lisa acarició su torso y se quedó mirando su rostro, disfrutando de aquellas vistas, de la pureza de sus ojos azules, de aquellos labios que tanto placer le habían proporcionado. Quería recordarlo todo de él, pero quería conservar especialmente en la memoria la expresión de su cara en aquel preciso instante, endurecida con anticipación, con la mandíbula ligeramente tensa.
Greg movió las piernas por debajo de las sábanas.
-Ya lo estoy sintiendo, si es que eso cambia algo las cosas.
Cuddy sonrió ante el acto de traición.
-Ni un ápice.
El sol empezaba a despuntar por los resquicios de la ventana bañándolo con su luz, mostrándolo en toda su belleza. Ella no hubiera imaginado jamás que pudiera existir un hombre tan maravilloso; porque sí, tras la máscara de indiferencia que solía usar en su día a día, se escondía un hombre caballeroso, sobre todo cuando se trataba de satisfacer a una mujer.
Echándose el cabello sobre uno de los hombros, cogió un mechón y le frotó el cuello. Vio cómo su nuez se movía de arriba abajo mientras tragaba saliva.
House colocó las manos sobre los hombros de ella y empezó a masajearlos con movimientos circulares, aun con los ojos cerrados.
-Tú no tienes que hacer nada -murmuró Cuddy contra su piel.
-Si no hago nada…. -Abrió los ojos y miró hacia abajo con evidencia.- Se acabará demasiado pronto.
-Eso no puede ser -rió ella-.
Cuddy apartó su melena del cuello de él, deleitándose en sus facciones. Era tan atractivo, tan masculino. Los huesos de su cara le daban una expresión de fuerza que intimidaba. Su barba era una oscura sombra alrededor de su mandíbula que le arañaba los dedos con los que ella lo acariciaba .Su nariz, tamaño estándar; sus ojos, la volvían loca; sin embargo sus orejas -se rió entre dientes-, sin duda, eran bastante grandes, pero nadie se atrevería a decírselo por miedo a que él se ofendiera. O puede que se echara a reír, dependiendo del humor del momento, porque en el fondo no era presumido y le importaban poco las opiniones de los demás. Aún así, le gustaban sus orejas perfectamente acopladas a su cráneo; su lóbulo la tentaba a besarlo. Y cuando lo hizo, las manos de él se apretaron sobre sus hombros. Animada, le pasó la lengua por los pliegues de la oreja. Él gimió.
Levantando la cabeza y mirándole a los ojos, la decana dijo:
-He encontrado algo que te gusta.
-Me gusta todo lo que me haces -sonrió como sólo lo hacía para ella.
Los labios de él se movían con tal precisión que Lisa no podía apartar la mirada de ellos mientras quedaban grabados en su memoria. Aquellos labios gruesos y suaves, creados especialmente para darle placer a ella.
Poco a poco, ella bajó la cabeza hasta que sus bocas se juntaron y tomó su labio inferior entre los dientes. Lo mordió suavemente. Sacó la lengua y con ella acarició el labio superior. Y entonces se besaron, se besaron como dos personas poseídas por la pasión, por el deseo… Por el amor.
¡Cuánto lo amaba! Ella se sació de aquella boca abierta, moviendo la cabeza adelante y atrás, hundiéndose una y otra vez con incitante glotonería.
Él se quedó quieto bajo sus besos, entre aquellas manos que le acariciaban el pecho y se apretaban a sus bíceps. Su única respuesta fue besarla él a su vez.
Su cuello estaba tenso y endurecido, y sus hombros rígidos. Cuddy bajó la cabeza por el pecho de él y agarrando un pezón entre los labios lo chupó delicadamente.
-¡Dios! -exclamó arqueándose sobre la almohada. -Lisa…
-¿Hum?
A ella le encantaba aquello. Tener a aquel hombre fuerte e invencible a su merced. El todo poderoso House que no se dejaba intimidar por nadie, mucho menos por una mujer. Adoraba pasar las uñas por sus costillas y sentir como se le tensaba el estómago mientras aguantaba la respiración, excitándose al sentir sus caricias sobre su abdomen, su punto débil. Saber que debajo de las sábanas la estaba esperando su recompensa. Nada podía interrumpir aquellos últimos momentos juntos…
Cuddy se secó apresuradamente una lágrima en su pecho. Mostrando una sensibilidad que ella no hubiera esperado de él, House preguntó:
-¿Cuddy?-Intentó alzarle la barbilla.
Ella echó la cara a un lado y luego bajó por su cuerpo, intentando distraerlo con el simple recurso de besarle en el diafragma, exactamente en el lugar en que las costillas se unían al esternón.
-¿Cuddy? -Su voz era débil, pero todavía intentaba verle la cara.
Ella movió una mano sobre su cadera y luego la pasó por el muslo. Aquel muslo, el izquierdo… Ella intentó rodearlo con una mano y apretárselo, pero era demasiado ancho. Demasiado duro.
Era obvio, era con el que más fuerza hacía, pues el derecho…acarició su cicatriz delicadamente y House sintió cosquillas. Él se rió.
La decana oyó el sonido de su risa a través del vientre, allí donde tenía apoyada la oreja, y le recompensó con un beso en el ombligo, explorándolo con la lengua y degustando la esencia de su piel.
Una de las manos de él descendió hasta rodearle un pecho con la palma.
Ella le agarró esa mano y se la apartó colocándosela sobre su propio torso.
-Ya te lo he dicho. Lo voy a hacer yo.
«Estoy memorizando tu cuerpo. Estoy tomando nota del placer. Estoy intentando asegurarme de que jamás podré olvidarte. Ni tú a mi, allá donde vayas», pensó Cuddy.
-Si esperas que refrene mis manos yo… Sólo, creo que será mejor que me las ates a la cama.
Ella alzó las cejas. Y sonrió.
-No es una mala idea.
Más bien era una muy buena idea, ya que sabía que él intentaría retenerla a su lado a toda costa, y ante sus súplicas, ella era débil. Demasiado débil.
Cogiéndole las manos, se las colocó entre los postes de la cabecera de la cama.
-Imagínate que te las he atado. Eso ayudará.
-Lo dudo -dijo él con voz ronca, pero sin apartar las manos de los postes de la cama.
Ella deslizó una mano por debajo de las sábanas, y las levantó mientras se introducía bajo ellas y miraba como si lo que fuera a encontrar allí fuese una gran sorpresa.
House pensaba que no iba a resistir mucho más con las manos allí, sin poder tocarla. Sintió como el dedo índice de ella se deslizaba por lo largo de su miembro. Resbaló lentamente hacia abajo hasta tocar la punta con sus labios y pasó la lengua por ella en círculos.
Los músculos de brazos y piernas de él se tensaron. Los nudillos se pusieron blancos de la fuerza que ejercía sobre el cabezal de la cama.
-Por todos los cielos… Lisa-dijo en un gemido ronco con un tono de sorpresa y placer.
Cuddy apartó la boca de su tarea, con una mueca graciosa y las cejas alzadas, mirándolo desde abajo.
-No sabía que invocabas a todos los dioses… -dijo riendo, haciendo que su aliento chocara contra su pene, haciéndole sentir un escalofrío.
-Es que esto es el paraíso -dijo todo lo rápido que pudo.
Ella volvió a besarlo con toda su boca y luego se detuvo para chupar la punta una sola vez. Iba a hacerlo delirar.
House gimió alto y claro hasta que su voz se apagó. Lisa alzó la mirada.
-Si no te montas ahora mismo encima de mí, voy a acabar en tu boca y después tendrás que esperar una hora para tu propia satisfacción.
-Oh, ya encontraremos algo que tú puedas hacer entretanto —dijo ella con voz cansina.
Pero ella tenía que tomar una diligencia. Así que se deslizó por encima de su cuerpo, tomándose su tiempo, besándolo y restregándose contra él como si fuera una gata en celo. Pero luego vaciló un momento y se detuvo.
House la miró y ella sonrió tiernamente besándolo. House se quedó mirando confusamente, no tenía ninguna intención de mover las manos en aquella postura. Cuddy frunció el ceño y lo besó de nuevo, aún tenía ánimos de burlarse de ella en aquella postura.
Ella se había colocado a su lado, con una de las rodillas encima de su vientre. Todo lo que tenía que hacer era pasar el muslo por encima de él, colocarse sobre su miembro y tomarlo. Él parecía no tener prisa. Una sonrisa coqueta apareció en sus labios. Nunca podría hacerle daño, a pesar de las múltiples tonterías que había hecho con Lucas. E incluso él era incapaz de hacerle daño, ni por mucho que se esforzara como cuando hablaban sobre la maternidad. Ella lo sabía con la misma seguridad que sabía que siempre lo amaría.
Sin dudarlo más, ella se montó sobre él. El colchón se hundió bajo sus rodillas. Las blancas sábanas se arrugaron. House estaba rígido debajo de ella, con todos los músculos en tensión, Cuddy se dio cuenta de que en aquel momento ella estaba empezando a dominarlo. Todavía tenía las manos agarradas a los barrotes de la cama y su abdomen se hinchaba con cada respiración; era completamente suyo, suyo… Por el momento.
Colocándose encima de sus caderas, ella se apretó contra él abriéndose sobre su miembro erecto, disfrutando al saber que él estaba cerca, tan cerca de penetrar en ella. Pero ella siguió manteniendo el dominio de la situación.
-Aún no, aún no -murmuró.
Porque sentía placer al rozarse contra él, al verlo retorciéndose y en tensión bajo su propio cuerpo. Ella metió las puntas de los dedos suavemente entre la hendidura de su clavícula y su pecho. Le acarició los pezones en círculos y luego le acarició el vientre. Luego, dejándose caer encima de él, le besó los labios y le susurró:
-Eres tan delicioso, ahí tumbado, como si fueras un regalo que acabo de abrir pero del que todavía no he disfrutado -Cuddy rió ante la frase que soltó, justo en ese momento.
-Pues disfrútame —dijo él desde debajo de ella, alzando las caderas.
Se movió un poco y colocó todo su cuerpo firmemente encajado al del nefrólogo, pues el movimiento de House con sus caderas, provocó en ella tal oleada de deseo que sintió que se iba a deshacer encima de él.
Sintió que si volvía a hacer aquello otra vez ella acabaría por perder la cabeza. Desesperada por alargar aquel momento -su último encuentro-, dijo:
-No te muevas, recuerda que soy yo la que controlo la situación.
Él se rió con una ronca risa burlona.
-¿Control? No eres tú la que controla, ni yo tampoco. Estamos los dos a merced de nuestras pasiones.
House volvió a reírse. La miró a los ojos, desafiándola, mientras se soltaba de los barrotes de la cama. Lentamente, él la abrazó, le acarició los muslos, deslizó las manos sobre sus caderas…
Cuddy sintió un escalofrío que le recorría la espalda y su cuerpo se aflojó en una dulce oleada de pasión. Él tenía razón. Era la pasión la que los dominaba.
Él la animó a que se pusiera de rodillas, se ajustara a él y encontrara el centro húmedo y caliente de su cuerpo. Se detuvieron los dos a la vez, saboreando aquel momento de anticipación, sin apartar la mirada el uno del otro.
En una espera que era ya un éxtasis. El gradual empuje de él introduciéndose en el cuerpo de ella fue el más grande e imponente movimiento que hubiera hecho durante toda su vida. Cuddy lo tomó en un suave movimiento que se aceleraba poco a poco, con paradas en medio que lo hacían tan gratificante que se le saltaban las lágrimas de los ojos
Con cada nueva embestida, la respiración de él rasgaba su garganta y ella dejaba escapar un gemido de indefensa necesidad. Aquella unión, a pesar de que ya lo habían hecho dos veces antes, todavía parecía algo nuevo, un milagro de placer.
Él llegó al punto más profundo de ella; la llegó a tocar tan profundamente por dentro, con tanto calor, que ella sintió que la estaban marcando con hierro al rojo vivo. La decana se movió rápidamente hacia arriba, casi separándose por completo de él, pero House la agarró por las caderas y volvió a introducirse en ella hasta el fondo.
Los dos empezaron a gemir a gritos, cayendo juntos en la trampa del éxtasis. Ella empezó a moverse más rápido, con el colchón rebotando bajo el peso de sus rodillas, a cada lado del cuerpo de él. Le encantaba aquello: los olores, los sonidos, el calor, la cercanía… Todas esas sensaciones envolviéndola en el mejor de los orgasmos jamás experimentado.
Moviéndose a un ritmo aún más acelerado, ella se dejó caer por completo sobre él y colocó la boca junto a su oreja:
-¡Soy tuya!
-¡Sí! -los ojos de House brillaban de satisfacción y deseo.
Cuddy se apretó más a él para sentirlo más adentro.
-Y tú eres mío…
-Si… -gimió él, viniéndose en su interior.
-No… No me dejes nunca. Te quiero…
En cuanto House se quedó dormido, Cuddy salió de la cama. Era surrealista salir de aquella forma de su cama, de su propia casa, pero lo necesitaba… Necesitaba ocupar su mente en otra cosa que no fuera House, su muerte, y lo que acababan de hacer. Decidió acortar sus vacaciones y regresar al hospital…
Una vez se vistió rápidamente, cogió a Rachel y salió de allí sin mirar hacia atrás…
House despertó al medio día. Estaba completamente desnudo, pero no tenía frío. Abrió los ojos y miró alrededor. Estaba solo. Todo en silencio. Le pareció la mar de extraño, teniendo en cuenta que no era su casa… Y que Rachel a esa hora debía estar intranquila esperando la comida. Su estomago rugió nada más pensar en comida.
No obstante su mente la ocupaban otras cosas en ese momento.
Suspiró. Solo. En casa de la decana. Se irguió y buscó su ropa interior. Allí encontró una simple nota.
"He salido…No te preocupes por Rachel, está conmigo. Siento no haberte dicho nada".
Arrugó la nota y la tiró a un lado. Si no era él el que huía, era ella. Y así siempre, un círculo vicioso. Los dos unos cobardes miedosos del futuro; un futuro en común, aunque esta vez, al parecer, más corto…. Frunció el ceño. Era por eso que ella… Por eso ella había pasado la noche con él. Simplemente, porque para ella, era un futuro a muy corto plazo… Un futuro hasta mañana.
Se vistió y se marchó de allí. Tenía una ligera idea de dónde podía enfrentarla…
Continuará….
