Capítulo 8: Arthas el Despiadado.

Todo el mundo en Undercity dormía tranquilo.

Sylvanas se despertó de golpe, asustada al haber escuchado la voz de Arthas diciéndole que se llevaría su tesoro más preciado.

Una vez se recompuso, se levantó, se dirigió al cuarto de su hijo y se paró cuando vio la puerta abierta. Cerró los ojos.

Que no sea cierto lo que me estoy pensando.

Abrió la puerta y allí, estaba el Caballero de la muerte, cogiendo a Shawn en brazos.

-Feliz cumpleaños, Sylvanas.

Levantó su mano y lanzó una espiral de muerte a esa mujer, haciendo que cayera al suelo,la dejó sin habla hasta que sacó fuerzas para gritar su nombre:

-¡Arthas!

Varian, al escuchar ese grito se despertó asustado, se dirigió hacia el sonido y entró en la habitación.

La elfa estaba en el suelo, se acercó a ella y su cara era indescifrable. El hombre miró por toda la habitación en busca de aquel niño, el cual hacía poco rato había estado mirándolo dormir.

No estaba.

-Se lo ha llevado.

-¿Qué?

-Arthas se ha llevado a mi hijo.

Sylvanas comenzó a llorar de tristeza y rabia, Varian la abrazó y la consoló, él también comenzó a derramar lágrimas.

Mientras tanto, en IceCrown, el caballero de la muerte se hallaba cerca de la Ciudadela, con su hijo en brazos. Entró en el edificio y lo llevó a su habitación.

Cuando el niño se despertó, se quedó paralizado. Esa no era su habitación.

-Buenos, días, hijo mío.

Shawn lo miró con desconfianza, Arthas se acercó a él amenazadoramente.

-Tu madre fue muy mala al irse de aquí, ahora, te toca a ti pagar los errores que ella cometió.

El pequeño profirió un grito ahogado cuando su padre le tocó suavemente la cabeza, lo que vino después, era como la oscuridad misma.

Momentos después, un remolino de tierra apareció a sus espaldas, era Neltharion.

-¡Casi lo estropeas todo, Arthas!

-¡Si tenia que esperar a que me dieras permiso, nunca lo habría podido hacer!

Los dos hombres se miraron desafiantes, ninguno cedió.

-Espero que sepas muy bien lo que estás haciendo. No te olvides de que puedo matarte en cualquier momento.

Y tal como vino, desapareció.

En esos momentos, en Theramore, Jaina no creía lo que estaba haciendo. Había ayudado a Arthas a llevarse a aquel niño que tan bien le caía.

¿Cómo podía seguir tranquila, sin sentimientos de culpa?

Desde que aquel hombre había venido a visitarla, y le había informado de que a su amado aún le quedaba una parte de humanidad, no había vuelto a ser la misma.

Había debilitado cuidadosamente la "barrera" que había puesto Sylvanas en su ciudad, permitiendo a Arthas entrar sin ser visto ni notado.

En su habitación, Neltharion apareció lentamente, y la asustó.

-¿Qué fáciles de asustar son los humanos, me divierte.

-Usted...

-¡Oh, por favor! Llámame Prestor. No me gustan las formalidades.

Jaina dudaba de si hacerle caso o no, optó por la primera opción. Al fin y al cabo, ese hombre era el único que le había dado esperanzas de recuperar a Arthas, pero lo que le dijo después no se lo pensaría nunca.

-Me ha pedido que venga a buscarte, Jaina.

-¿Para qué? - Él tuvo que evitar fruncir el ceño, la verdad es que esos humanos eran incomprensibles para él.

-Cuanto más tiempo pases con él, menos tiempo tardará en volver a ser lo que era.

No tuvo que decir nada más para convencerla.

Dos días después, Shawn abría los ojos pero esta vez no hubo emoción alguna.

-¿Qué tal te encuentras, hijo? - El pequeño le miró.

-Bien, padre.

Arthas sonrió maliciosamente y se prometió que todavía haría sufrir mas a Sylvanas.