Los personajes principales le pertenecen a Stephanie Meyer la historia es mía queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de la historia sin mi autorización.


Capítulo 8

Asombrosa.

—A lo largo del tiempo, el arte se ha clasificado de muy diversa manera, desde la distinción medieval entre artes liberales y artes vulgares o «mecánicas», pasando por la moderna distinción entre bellas artes y artes menores o aplicadas, hasta la multiplicidad contemporánea, que entiende como arte casi cualquier manifestación de la creatividad del ser humano. La sucesiva ampliación de listado de las...

Apunté lo que el profesor decía, moviendo mi pie a un ritmo que sentía en las venas. El profesor Banner era como un antiguo Elvis Presley, el rey del Rock. Me imaginé en una pista de baile sola moviéndome y saltando al compás de la música...

—Señorita Swan, ¿Podría responder la pregunta? —Me sonrojé profundamente. Rayos, me habían cachado pensando en el rey del rock.

La prensa seguía queriendo verme pero no habían logrado tener una sola declaración mía ya que había prohibido que me pasaran visitas a mi camerino en The Doll's Salon. A parte, aunque tenían mi nombre y donde vivía, no sabían mi aspecto exacto y no sabían que seguía estudiando, por lo que por lo menos, en la universidad, tenía algo de tranquilidad. Claro, ¿cómo una bailarina podía estar estudiando en la universidad? Gentuza, eso es lo que esa gente, que prejuzga antes de saber nada, solo por un trabajo.

Por suerte, Aro no había puesto problemas y desde la noticia, The Doll's Salon estaba más lleno de personas que de costumbre y hasta cierto punto eso era un beneficio para él.

Hicimos nuestro show especial, nos colgamos de las barras americanas y dejamos caer los listones para enrollarnos en ellos de forma aeróbica. Sentí los flash de varias cámaras al apuntar a mi rostro pero las ignoré y seguí en lo mío. Era mi momento de distracción y ellos no iban a arruinarlo por mucho que tomarán fotografías.

Cuando el show terminó, James me hizo señas para que me le acercara y me ofreció una botella con agua.

—¿Estas muy ocupada? —Fruncí el ceño ante su pregunta y negué.

—No. Tenemos un show más dentro de una hora pero Tanya puede cubrirme ¿Por qué lo preguntas? —James suspiró un poco avergonzado antes de responder.

—Hay una ricachona esperándote en los camerinos. Insistió mucho en verte, dice que te conoce. No es periodista.

—No estoy esperando a nadie —admití aunque podía ser Rosalie. James solo se encogió de hombros y me dejó allí de pie, pensando en si debía ir o no, así que me decidí y caminé hacia los camerinos luego de dejar a Tanya encargada del siguiente show. Y, efectivamente, una mujer rubia que no era Rosalie, con unos ojos que me parecieron conocidos me miraba sentada, con sus piernas cruzadas, como si fuera una princesa, en mi asiento. Era una mujer bastante alta, que, aunque se conservaba muy bien, se le notaba que tendría unos cincuenta años. Era delgada, pero no escuálida y parecía una muñeca de porcelana, por la piel tan clara que tenía y por ese porte tan tieso que mostraba. Se levantó cuando reparó en mi y examinó mi ropa o quizá la falta de ella con ojo crítico, mirándome desde mis pies hasta mi peluca rubia enrollada en un moño calculador.

—Me dijeron que me esperaba —dije tomando una bata para cubrir mi corsé verde limón, incómoda por la forma en que me miraba. La mujer volvió a sentarse y tomo el periódico que yo había tenido guardado en mi tocador, como si fuera suyo, extendiéndolo. Luego sus ojos verdes se enfocaron en mi rostro intentando encontrar algo. No supe leerla, ella era críptica. Había muy pocas emociones en su rostro pero una era bastante visible en ella y es el desagrado que sentía. Yo no le agradaba en lo más mínimo.

—Te pareces mucho a tu madre.

—Me lo han dicho —contesté, tensa y a la defensiva, sin saber que más decir esa mujer que parecía salida de una revista de mujeres ejemplares. Conocía a mi madre y obviamente ella no era tan ejemplar. No que mi madre hubiese sido mala pero esta mujer no parecía del tipo de mujeres qué se ensucian las manos de ninguna forma. La rubia se levantó y murmuró

—El mundo es un pañuelo —Tomó en sus manos una bufanda de plumas rosada como si tuviera mierda antes de continuar mirándome con sus ojos escrutadores, mientras la lanzaba a su lugar anterior.

—Renee quiso robarse a mi marido y ahora tú quieres robarme a mi hijo...

—No entiendo —la interrumpí. Ella sonrió sin humor y continuó como si yo no la hubiera interrumpido.

—Por supuesto que no ¿Cómo puede entenderme una basura de la calle como tú? —¿Cómo? ¿Quién narices se cree esta estirada que es?

—Nadie me ofende en mi camerino —gruñí cuando ella soltó el insulto. Esto era mucho para mí y estaba a punto de dejar sin ojos a la rubia.

—Tú no vas a darme órdenes —murmuró —. No me gusta que se metan con lo que es mío, y Edward es mío, ¡Es mi hijo! Voy a protegerlo de ti. —En ese momento es cuando reconocí sus ojos. La madre de Edward. Me sorprendió cuando se acercó a mí como si quisiese golpearme, aún así solo me amenazó.

—Escúchame bien, basura callejera, y entiéndelo de una vez. No vas a arruinarme ¿Entiendes? Soy la dueña de todo lo que mi hijo tiene y ¿Adivina qué? Te quiero lo más lejos que puedas de él y eso incluye que dejes de enseñarle a esas estúpidas a bailar.

—No es usted quién toma ese tipo de decisiones señora -le aseveré alejándome un paso. Ella levantó su mano pareciendo que iba a golpearme e instintivamente cerré mis ojos y le puse mi mejilla dispuesta a aceptar un golpe y a devolverle un par.

—¡Elizabeth! —Ambas saltamos en cuanto la voz Edward llegó a nuestros oídos. La rubia palideció yo maldije en voz baja cuando me di cuenta de lo que estuvo a apuntó de pasar.

—¿Qué haces aquí? —preguntó la tal Elizabeth, temblorosa, cerrando sus manos en puños. Edward caminó hacia ella y la tomó del brazo para sacarla del camerino sin ni siquiera mirarme. Me dejé caer en mi silla y suspiré un par de veces antes de sentir mis ojos llenarse de lágrimas. Esa mujer era mala y me daba miedo ¿Cómo podía conocer a mi madre? ¿Por qué no la detuve y la largué de aquí? Podría haberlo hecho fácilmente, pero no pude. Esa mujer transmitía maldad.

—Maldición, maldición, maldición —farfullé mirándome en el espejo. Mi maquillaje se había corrido y necesitaba arreglarlo

—¿Estás... Bien? —preguntó Edward sorprendiéndome, limpie mis ojos con fuerza y me levante

—Sí, no te preocupes —logré murmurar antes de tomar el mi kid de maquillaje y comenzar a abrirlo con las manos temblorosas ¡Maldito broche!

—Deja eso yo lo hago —dijo tomando suavemente mi brazo. Suspiró pesadamente cuando abrió el kid y levantó su mirada.

—Lo siento. —negué con la cabeza. Él no tenía que sentirlo, la que se iba a dejar golpear por su madre era yo. Él me había defendido de esa mujer, me había defendido de propia su madre.

—Es... Un poco tonto que una mujer de su edad pueda jugar con la mente de alguien como yo —Cedí, un poco molesta mientras arreglaba mi maquillaje. Edward se encogió de hombros y se sentó en una silla que estaba cerca de la mía.

—Bueno, te tomo desprevenida. Elizabeth suele ser así con todos

—Es tu madre Edward. —Apunté. Edward volvió a encogerse de hombros restándole importancia

—Puede ser difícil lidiar con ella a veces —bufé y escuche a Edward reírse.

—Me hizo sentirme como una niña que hizo algo mal —refunfuñe cruzándome de brazos. Edward sonrió y tomó mi mano, obligándome a descruzarlas, mientras me miraba volteándome para que estuviéramos frente a frente. Joder que ojitos más bonitos tiene.

—Eres una mujer asombrosa —Tocó su frente y dijo sonriendo —. Lo sé. —Qué sonrisa tan hermosa. Miles de maripositas volaron a nuestro alrededor y muchos corazoncitos me golpearon la cabeza con fuerza. Pero la magia se quebró cuando Tanya entró y me miró molesta, obligándonos a poner espacio entre Edward y yo.

—Caius te está buscando.

¡Rayos!

—Ve tú —dije sintiendo un escalofrío recorrerme. Edward frunció el ceño, observándonos sin soltarme la mano ¡No había soltado mi mano! Tanya, en cambio, solo lo ignoró.

—Dijo que te quiere a ti —Miré a Edward un momento antes de asentir. Caius es un hombre tenebroso. Siempre ha querido que me acueste con él, pero, joder, él me asusta y yo ni loca, ni por un millón de dólares me acuesto con ese.

—Tengo que trabajar —susurré. Edward inclinó su rostro a un lado mientras soltaba mi mano y preguntó

—¿Trabajar? —asentí tímidamente. Este hombre me hace hacer cosas que nunca hago. Yo, ¿tímida?

—Ese hombre siempre pide un privado así que... tengo que ir.

—No sabía que hacían show privados —murmuró incómodo, arreglándose los lentes mientras me miraba molesto. Me levanté alejándome de Edward, quién pareció impresionado cuando dejé caer la bata y suspiré antes de contestarle.

—Sí, pero los privados no incluyen sexo, al menos no los míos. —Algo brilló en los ojos de Edward, pero no dijo nada y yo tampoco. Mi vida es esta, yo la escogí, así que tampoco iba empezar a quejarme por tener que bailar frente a un pervertido, después de todo eso era lo que pagaba mi universidad y mis facturas.

Caius siempre fue un hombre tenebroso, lo repito, parece una escultura hecha de granito con unos ojos oscuros y un cabello rubio que estaba pegado a sus mejillas con algún espray para el cabello barato, pero no podía negarme a bailar. Él tenía una obsesión insana conmigo. Le había dicho mil veces que no y al pobre no le entraba en la cabeza, en ninguna de las dos. Suspiré al ponerme tras el telón de la zona de los privados. Esta, sin duda, iba a ser una larga noche.

Los privados son un cuarto que tienen una barra americana, en un pequeño escenario y un sillón cómodo. El mío está dividido por vidrio que parece una vitrina que se abre desde adentro por un botón que está en el suelo cerca de mis pies. Nunca me gustó la música que Aro escoge para los privados, por lo que siempre traía mi propia música. Caius me lanzó un beso que me hizo estremecer, yo cerré mis ojos e ignoré todo, incluyéndolo.

Asombrosa, Edward me había dicho asombrosa y a pesar de que su madre casi me arranca el rostro, eso no importó en cuanto él me miró y sonrió. Estoy jodida, muy jodida. Edward no puede hacerme sentir estupideces como las mariposas que bailan en mi estómago, mientras yo bailó en el tubo.

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—¡James! —El rubio levantó la mirada de la copa que servía y me miró con atención.-La señora que paso a verme, tiene prohibido volver a entrar. -James asintió y despachó la bebida antes de poner sus codos en la barra y hacerme una seña para que me acercara.

—¿Qué hay entre tú y el baby? —Sonreí ante el apodo que James le había puesto a Edward y me incliné sobre James como si fuese a decirle un secreto.

—No es de tu incumbencia —susurré golpeándole la mejilla. James rodó los ojos y luego se encogió de hombros.

—Entonces no vale la pena que te cuente la que se ha armado hoy cuando el baby sacó a la anciana de tu camerino. —Sonrió, el muy maldito sonrió como el gato ese de Alicia en el país de las maravillas y si no lo hubiera tenido tan lejos le rompo la barbilla al muy hijo de su...

Adorable madre, no sean mal pensados que barbaridad.

—¿Estas jodiéndome verdad? —pregunte sentándome en la barra. James achicó sus ojos y luego sirvió varias bebidas antes de contestarme.

—Lo siento ángel pero me gustan más las rubias naturales. —Guiñó y luego se me acercó suspirando teatralmente

—¿Y bien? ¿Qué hay entre tú y el baby? —volvió a preguntar cerca de mi, me encogí de hombros.

—Podemos ser amigos ¿Sabes?

—Te creería —comenzó a decir antes de destapar unas cervezas y luego de entregarlas continuó —, pero sería como fingir que Kate no es mi esposa.

Sirvió unos tragos más y yo fruncí el ceño diciendo

—¿A qué refieres? —James volvió a hacerme una seña para que me acercarse y luego de golpear mi mejilla, respondió.

—No es de tu incumbencia.

—¿Sabes que puedo contarle a Kate sobre Victoria no? —Fingí que no me importaba hablar, mirándome las uñas, pero bueno, James no lo captó como una broma. Me tomó la mano y tiró de mí, sorprendiéndome.

—Claro. Hazlo y te corto como a un limón —Me soltó y yo me enderecé. Me había sorprendido —. Los hombres ángel somos como el delicioso pollo frito de mi madre, sabroso y crujiente, pero fácil de conocer la receta. El baby tira baba por ti. -Me reí y negué pero James no me dejo hablar.

—Si no le gustaras tantito, no habría sacado a su propia madre del club, como si fuera una león cazando. —James se alejó de mi cuando un chico le pidió jugo y fue a traerlo a la bodega. Y yo... Yo me quedé allí como una tonta. Pollo frito ¿Cómo podía James comparar a Edward con el pollo frito?

Joder estoy rodeada de locos.


Hola a todo el mundo! Pues sí, parece ser que Bella está rodeada de locos. ¿Cómo se puede comparar a Edward con el pollo frito? No tiene ni pies ni cabeza.

En el capítulo anterior, mucha gente pensó que la persona que delata a Bella a la prensa es Alec. Bueno, deciros que no es él. Ya lo dijo Ann en el grupo. Es otra persona

Espero, realmente, que estéis disfrutando la historia y que, para aquellos que hayan podido, hayáis podido disfrutar de unas pequeñas vacaciones de Semana Santa. En España hay mucha tradición, y yo personalmente, me la he pasado de procesión en procesión.

Como siempre, queremos agradecer a todas aquellas personas que siguen la historia, ya sea anónimamente, como por un review. Para estas últimas, nombraron, ya que leemos todos con mucha ilusión:

Patymdn, Janeth a Sandoval, Vero Grey Cullen, fireworkath, caresgar26, DiAnA Fer, marieisahale, .10, Jade HSos, Tecupi, solecitopucheta, caniqui, Titima, Paola Lightwood, freedom2604, Bella Cullen Halliwell, angie cullen mellark, pussycat doll, Kris, Paola Michelle Rivas, cary - carinio, cavendano13, yasmin-cullen, zujeyane, pattitoo, In My Paradise, yoliki, LucyGomez, Karen McCarthy, Duende Cullen, Blue Armanda, Tisha S.U, ElaSalvatoreCMG,Jazmin, AdriZuMe Cullen, pera l.t, Arlette Cullen Swan, akire33, Evelyn Stewart, yessifer cullen hale, EmmaBe, vanes, phinbella2012, Tata XOXO.

Para phinbella2012 y Tata XOXO, gracias por seguir también en esta historia y que disfrutéis mucho, aunque os hayáis incorporado con la historia con unos pocos capítulos.

Nos leemos el próximo sábado

Jpv22