Hola. Aquí está un nuevo capítulo de esta historia. Aviso que las completaré todas, pero para no tenerlas en simultáneo, finalizare primero esta, que es más larga. Gracias por leer.
Detrás, ira y dolor, delante...el futuro.
El amanecer era frío, girones de niebla se levantaban al rededor y el aliento del monje producía un leve vaho mientras le contaba a su compañera lo ocurrido la noche anterior, al menos lo que él sabía.
- Lo siento Miroku...- el monje medio sonrió al escuchar su nombre de labios de la exterminadora, ella ya no le llamaba "Excelencia" - pero es todo tan confuso, ¿Porqué Inuyasha haría algo así? El dañó a Kagome, la rechazó. Siempre ha querido a la otra sacerdotisa, ¿ Porqué ahora ella dice que Inuyasha irá por Kagome, y porqué ella tenía que irse? Si como dice, Inu esta con una youkai, no podía solo sellarla, destruirla...
- Ella ya no quiere a Inuyasha, e Inuyasha realmente no la quiere a ella, al menos no en el modo que debería - el era un sagrado, pero no por ello menos humano, tal vez antes no había visto, pero ahora lo hacía - Entiende Sango, Inuyasha es un hanyou, nunca aceptado por unos ni otros, su madre era una princesa humana que fue despojada de todo lo que era cuando fue evidente que se había involucrado con un youkai e iba a parir a un medio demonio...- la voz se le cortó, el aire antes frío pero agradable, era pesado, opresor...
- Y mi "honorable padre" - las dos últimas palabras rezumaban rabia, Inuyasha emergia del bosque colindante a los límites de la aldea, acompañado de Natsuki - no hizo nada, dice que fue a salvarnos la noche que murió, mi madre siempre lo decía, ella le amaba y siempre creyó que era bueno, yo al contrario, creo que más nos hubiera ayudado si hubiera deshecho su unión con la madre del maldito - Miroku sabía que se refería a Sesshomaru en esto último. Sango había sacado a Shippo de la cabaña y avisado a la anciana miko, quien levantaba una barrera, pero aún así ni a Inuyasha o su acompañante parecía interesarles la aldea. -...el debió hacer eso y tomar por esposa a mi madre, y yo sería su heredero, cualquier youkai se rendiría a mí por muy hanyou que fuese, si el poder del Oeste me respalda.
Las palabras flotando entre ellos, Miroku nunca imaginó...Inuyasha siempre había dicho no querer saber nada ni tener que ver con sus derechos o la herencia de sangre youkai que pudiera tener...pero, ahora lo veía claro, solo lo había ocultado mediante el desprecio o Indiferencia, pero era lo que más ansiaba, sentirse reconocido, poder, grandeza. El había sido el alfa de esta pequeña manada, pero la hembra alfa que había sido Kagome, quien los unió a todos, se había ido a completar su misión, con su hermano, el Daiyoukai pura sangre, el primogénito del General Taisho, no con él. Esto iría mal, mucho peor, cuando se enterara de...
- ¡Tonto! ¡Tonto! No sabes nada - el pequeño Shippo gritaba desde los brazos de Sango. Ella le tapó la boca con una mano, la otra sosteniendo fuertemente su hiraikotsu, la nekomata a su lado con el pelo erizado, alerta para defender a su dueña y los suyos. Sango vigilaba a la youkai de cabellos dorados y ojos verdes, pero ella no parecía tener interés en intervenir.
- ¿ Qué es lo que no sé?- los ojos dorados del hanyou viajando de Sango a Miroku. Hasta Sango sabía que los emparejamientos youkai solo podían ser rotos con la muerte del compañero, y también creía que el General Taisho no era la clase del que mataría a su esposa emparejada, por mucho que amara a la madre de Inuyasha, así como también sabía que en el estado en que se encontraba el hanyou no era prudente decir eso - que no puedes asegurar que tu padre no te habría dado un lugar a su lado, no vivió lo suficiente para ello- dijo en su lugar.
Natsuki paso la lengua por sus labios, "astuta" pensó mirando a Sango, ella como youkai sabía que los emparejamientos solo los deshacía la muerte y el General no habría matado a la Señora del Oeste...- pero pudo tomar precauciones para garantizar que la señora debiera velar por ti, pobre Inuyasha...- le dijo mientras se sostenía de su brazo.
- ¿ Donde esta Kikyo? - el hanyou ignoró a su acompañante y miró a todos lados, sin encontrar a la miko, ella tenía los fragmentos, los necesitaba para convertirse en youkai completo, necesitaba al monje y la exterminadora para que Kagome volviera, ella volvería por ellos.
- No la hemos visto desde la tarde anterior - dijo el monje, Sango asintió - pensamos que estaba contigo, nunca acampa con nosotros si no estas.
No supo qué lo dejo al descubierto, pero el medio demonio estrecho los ojos y con las manos en puños le gritó
- ¡Se ha ido, monje traidor! Se ha ido y tu sabes donde - se lanzó a el con las garras preparadas, mientras la youkai miraba sorprendida " el imbecil planeaba que viajará junto a una miko, ni que estuviera con ella, sino para qué quería a la tal Kagome" , ya lo averiguaría más tarde.
- ¡Detente! - gritaba el monje mientras expandia reiki quemando las manos de Inuyasha para defenderse, pero el hanyou resistía, el no tenía la misma resistencia, ya estaba siendo más lento, su energía disminuía "lo sabe, o se lo imagina, que de algún modo me enteré, así como sabe que ella se llevó los fragmentos, quiere llegar a ella" Miroku jadeaba, Sango luchaba con la youkai que viendo la tardanza de Inuyasha para acabarlos se había decidido a atacar, la exterminadora estaba herida en una pierna pero no cedía terreno " no dejes que llegue a Kagome" " llevaré los fragmentos conmigo, el querrá tenerlos, no debe" " cuidalos monje". Las palabras de Kikyo resonaban en su mente mientras arrojaba el sutra, clavado en el pecho del hanyou estampandolo contra un árbol, Sango lanzó su boomerang mandando al suelo a la youkai. Tuvieron el tiempo necesario para montar en Kirara y escapar.
-¡Malditos! - el grito de Inuyasha se fue perdiendo conforme se alejaban.
La mañana era gris, el sol estaba opaco entre las nubes, era un día frío, pero ya no nevaba. Habían avanzado a buen paso, el youkai lideraba la marcha, Kagome junto a él, con su traje de miko, Jaken les seguía halando las riendas de Ah-Un y Rin montaba al dragón.
- Creo que los demás fragmentos los tiene Kikyo - mencionó la miko mientras sentía la perla, de la cual tenían las tres cuartas partes, balancearse sobre su pecho- no parece haber más y la miko de la anterior aldea hablo de una sacerdotisa muy parecida a mí, con una joya extraña y que viajaba con un hanyou, un monje, una exterminadora y un kitsune - Shippo, su pequeño, esperaba que estuviera bien.
- Hn - fue lo único que provino del Lord para asegurar q la escuchaba, Kagome no sabía si estaba de acuerdo o si rechazaba su sugerencia.
- Sesshomaru...- llamó, casi en un susurro, entonces en se detuvo abruptamente, con un brazo la empujó hacia atrás, mientras su otra mano se posaba en la empuñadura de su espada "Bakusaiga" se dijo mientras lo veía escudriñar el cielo.
Ella no veía nada más que nubes grises, el sol que se esforzaba por pasar entre ellas sin conseguirlo, pero confiaba en el Daiyoukai y el sabía que había algo. Extendió un poco su reiki, tratando de localizar alguna presencia pero el la miró y le dijo que era mejor que se replegara.
Los tres entraron con el dragón en una gruta y Kagome colocó una barrera, a ojos vista, no había nadie y la gruta estaba vacía pero ellos podían ver y oír lo que pasaba.
Solo entonces el Lord del Oeste quito la mano de la empuñadura de su espada sin dejar de mirar el cielo gris.
Una sombra que no distinguía fue bajando desde el cielo hasta pararse frente al Lord.
- Sesshomaru-sama...- Miroku era el único apto para explicar, Sango casi desfallecia, el la sostenía para que no cayera. Esperaba llegar a una aldea, pero al parecer la nekomata los había llevado allí. - esta todo mal, Inuyasha...- el youkai frunció el seño, no lo había detectado cerca, pero ellos siempre viajaban con el. Extendió su youki, rastreando cada presencia...no estaba. Miro hacia la cueva y en ese instante la barrera desapareció y Kagome corrió hacia sus amigos.
- ¡Sango! ¡Miroku! ¡Shippo! Pequeño, ven- Extendió sus brazos mientras lloraba, el kitsune miro de reojo a Sesshomaru y al no encontrar peligro se lanzó alegremente al regazo de la que consideraba madre.
-¿Qué pasó? ¿Quién...? - los ojos marrones brillando en comprensión, mientras miraba a Jaken ayudando a Miroku a acomodar a Sango en la gruta. - Fue Inuyasha...- dijo con voz fría y profunda. Traición, ellos eran un grupo, una manada, aunque ella se hubiese ido, Sango, Miroku y el pequeño Shippo habían sido también compañeros de lucha y travesías de Inuyasha, le aceptaban, le querían, y el les había hecho esto.
- Kagome...- las manos le temblaban, tenía la vista borrosa pero escuchaba a su amiga, su hermana, sintió sus suaves manos tomar una de las suyas.
- Estarás bien, lo prometo Sango, estarás a salvo- escuchó que ella le decía, luego la oyó sollozar, pero el sonido era lejano " no llores" quiso decir, pero no salió palabra de sus labios, luego todo fue oscuridad. Miroku veía, las manos en puños a sus costados, los ojos que siempre tenían una mirada alegre, ahora oscurecidos por preocupación y enojo.
- Necesito que salgan por favor, debo curarla - dijo Kagome lo más calmada que pudo. Todos salieron, Sesshomaru se giraba para irse- ¿Podrías... si ella...? - el se detuvo, sus miradas se cruzaron mientras asentía rozando la empuñadura de Tensseiga- estaré cerca, aún así, estarás bien, ella también.
Kagome reviso a Sango, sacó alcohol, hilo, aguja y vendas de su mochila, aún tenía suministros, los últimos que había traído. Limpio la herida de su amiga con gasas y alcohol, luego cosió "no sabía, pero tuve que aprender, la primera herida que suturé era de Inuyasha" al instante se detuvo y sacudió la cabeza. Aún había pensado que aunque el no la amara, al menos le tendría respeto, pero no había sido así y ya no había lugar para el pesar.
Cuando termino, guardo sus cosas en su mochila, la miró con nostalgia, recordaba a su hermano queriendo tomar a escondidas golosinas que llevaba para sus amigos en Sengoku, a su madre ayudándole a empacar provisiones..., la cara del abuelo cuando la veía salir con la mochila a reventar "las enfermedades que te invento serán ciertas" le decía el anciano. Se preocupaba por ella. Alejo sus recuerdos y salio.
Miroku lucia aliviado, incluso los niños. Cuando ella suspiro, liberando tensión, el youkai de ojos dorados la miró y asintió.
- Ella debe descansar...- dijo mirando a Sesshomaru. El era el Alfa, esperaba que aceptara estos nuevos integrantes en su manada.
- Nos quedaremos aquí - fue todo lo que dijo. Jaken fue tirando de las riendas de Ah-Un, seguro a buscar suministros, era casi medio día pero el sol seguía siendo un pequeño disco dorado opaco entre nubes ligeramente grises.
Rin le mostraba su "colección de piedras raras" como ella las llamaba, a Shippo.
- Esta la encontré en el claro donde Sesshomaru-sama beso a Kagome-sama, yo los vi, y el señor Jaken también. - dijo mientras sostenía en alto una roca roja con vetas grises. Kagome se sonrojó, Miroku ocultó la sorpresa con una falsa tos, el Daiyoukai que descansaba en la base del árbol no se movió, pero la miko supo que había oído.
- Miroku, cuéntame... - le pidió la muchacha una vez que el rubor abandonó su cara.
El día paso lentamente. Miroku le contó a Kagome lo que Kikyo le había dicho antes de irse y luego lo que ocurrió con Inuyasha. El monje creía que Sesshomaru dormía, seguramente, porque cuando contó lo que él medio demonio dijo de la unión de los padres del Lord del Oeste "una rama crujió por el viento" dijo. Ella se sobresaltó, creía más probable que Sesshomaru hubiera clavado sus garras en la base del árbol donde estaba.
-¿Dónde pudo haber ido? - la muchacha tenía que dar con Kikyo primero, si Inuyasha la encontraba...
- No se exactamente, dijo que iría al norte.- el monje miraba la fogata donde se asaban peces y partes de un ciervo para la cena.
- Podemos ir al vuelo - dijo Kagome, tenían a Kirara y Ah-Un para ellos.
- No, es más fácil que nos encuentren asi- el youkai de ojos dorados los miró.
Sango despertó y Miroku la ayudo a sentarse mientras Kagome le llevaba comida. Más tarde entraron todos en la cueva. La miko abrigo a su amiga con más pieles y todos se fueron a dormir, menos Sesshomaru, que vigilaba cerca de la entrada de la gruta.
"Kagome estaba parada en la muralla frontal de un castillo, piedra maciza, sin salientes donde el enemigo pudiera escalar. El viento azotaba tanto que pensó que caería. Miró a su alrededor y pudo distinguir mikos, monjes y soldados youkai. Todos esperaban. ¿Qué esperaban? Vio al frente, una explanada por la que se aproximaba el enemigo. Soldados de negra armadura, o de púrpura, truenos y relámpagos acompañaban el batir de los tambores de guerra. La luz de un relámpago le permitió ver dos estandartes, una pantera acechando sobre un fondo color rojo y un dragón gris, ojos rojos y el fondo era púrpura con flecos dorados en el extremo inferior.
Vio a Sesshomaru, lideraba su ejército, un youkai a su lado clavó el estandarte de un Inu blanco aullando a una medialuna hecha de hilo de plata, también con flecos dorados en los extremos.
Los arqueros youkai que estaban en la muralla con ella cargaron flechas, las mikos también, ella soltó la suya y el resplandor de poder la cegó.
Cuando abrió los ojos vio a Sesshomaru, estaba de pie frente a ella sin su haori, los ojos dorados brillando con fuego, deseo. Una brisa le hizo darse cuenta que ella solo llevaba la parte superior de su traje de miko, que apenas tapaba la parte superior de sus muslos.
El se acercó y ahueco su trasero entre sus manos ávidas, haciendo que ella enrollara las piernas en sus caderas. El traje de miko resbaló un poco por sus hombros dejando a la vista el nacimiento de sus pechos.
- Kagome...- la voz ronca de Sesshomaru provocó que se erizaran sus pezones.
- ¡Sí! - mitad susurro mitad gemido. Luego la joven se perdió en su boca, que besaba, mordisqueaba y le daba placer allí donde pasaba. Lo sintió empujar hacia su interior, un beso suyo, caliente y ansioso para calmar el dolor de su virginidad perdida. Más fuerte, más rápido, sus cuerpos sudados, las uñas de la mujer clavando se en su espalda su centro apretandose alrededor de sus embestidas. Caía en una espiral de placer y el la seguía, llenandola de su simiente. - Kagome...- su nombre susurrado en la bruma del éxtasis. "
- Kagome...- la chica abrió sus ojos asustada. El fuego se había apagado, aún así no tenía frío, sino una fina capa de sudor que la cubría.
Sesshomaru la miró, ella pudo ver un segundo el brillo de la confusión en su mirada. Luego lo vio ir a la salida de la cueva, era noche cerrada ahí afuera. "¿Qué fue eso...?" se preguntó mientras volvía a acomodarse en el saco de dormir.
Este es el fin del cap. El próximo veremos de vuelta a Kikyo y... a alguien más jejeje. Espero les haya gustado. Gracias por seguir leyendo.
07/06/2017
Gracias a todos los que leen, serán uno o dos cap por semana. El próximo estará el domingo o lunes por la noche. Los días de no actualización responderé reviews y escribiré. Cualquier pregunta o duda del cap, las contestaré por PM
