Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer


Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.

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Capítulo 9

El amanecer llegó demasiado rápido para Isabella, ella esperaba tener más tiempo para pensar, pero parecía que el tiempo estaba en su contra. La noche anterior le contó a Rosalie los rumores de la oficina, quien la escuchó atentamente hasta que terminó de hablar, su amiga se mostró de acuerdo con Edward, no debía renunciar, y lo más sensato sería ignorar cualquier comentario.

—Tengo el presentimiento que será un día demasiado largo —comentó mientras bebía su café.

Había conseguido dormir algunas horas, pero su cansancio era evidente.

—Entonces deberías irte de una vez para que termine pronto —aconsejó Rosalie, podía ver la indecisión en la mirada de Isabella e hizo todo lo posible por animarla.

—Estoy esperando a Edward, nos iremos juntos —explicó aliviada, no sabía si hubiera sido capaz de llegar sola después de saber lo que sus compañeros de trabajo pensaban de ella, así que agradecía la presencia de su amigo—. Le dije que no era necesario, pero él insistió, a veces es demasiado terco.

—Él sabía que tratarías de inventar una excusa para no ir.

Rosalie sonrió y evitó hacer algún comentario inapropiado sobre Edward, para ella era evidente los motivos por los que él hacía todo eso, aunque su amiga no se diera cuenta, y dudaba que Edward fuera consciente de sus propios sentimientos.

Ellas estaban listas para salir cuando escucharon el timbre de la puerta y ninguna se sorprendió al ver a Edward. Rosalie se despidió y se marchó enseguida, ya que tenía una reunión temprano, pero prometió llamarla para saber cómo le había ido.

Isabella miró nerviosa el camino, mientras más se acercaba más ganas sentía de dar media vuelta y regresar al departamento, inventar cualquier excusa o simplemente renunciar.

—Tranquila, debes actuar como siempre, se supone que no sabes nada —dijo Edward tratando de animarla y prácticamente obligándola a entrar en el edificio.

Saludaron a la recepcionista y a todos los que se cruzaron en su camino. Isabella se sintió mejor cuando llegó a su escritorio, aunque ahora conocía el motivo por el cual todos la evitaban.

—Nos vemos en el almuerzo —gritó Edward antes de marcharse a su oficina.

La noche anterior estuvo pensando en alguna manera de arreglar esa situación, para él era evidente que Isabella no hizo nada para que iniciaran los rumores, así que decidió que la ayudaría.


Andrew despertó aquel día con un objetivo en la mente, tenía claro lo que debía y quería hacer. El no saber cómo iba a reaccionar Isabella lo inquietaba, sin embargo, no estaba dispuesto a cambiar de idea. No tomó en cuenta ninguno de los consejos de Emmett, no le importara lo que sus empleados pensaran de él, ni siquiera iba a considerar la opinión de su hermana, que estaba seguro no tardaría en enterarse y presentarse ante él exigiendo una explicación. Confiaba en sus instintos, y con una gran sonrisa en el rostro salió de su casa rumbo a la oficina, en el trayecto se detuvo a comprar una rosa y luego, sin más demora, condujo hasta su destino.

—¿Una rosa? Pensé que serías más original —dijo Emmett al ver a su amigo llegar.

—Es el inicio —contestó y no le dio oportunidad a decir más, ya que siguió con su camino.

Al llegar notó que Isabella estaba concentrada en la computadora y no notó su presencia. Se acercó sin hacer ruido y le susurró al oído «Buenos días, Isabella».

Ella se sobresaltó y ahogó un grito, se llevó la mano al pecho y se apartó lo más que pudo.

—Disculpa por asustarte —dijo sonriendo mientras le extendía la rosa.

Ella lo miró sin comprender nada, y dudosamente aceptó el obsequio. No pudo evitar observar a su alrededor, era evidente que habían llamado la atención, hizo todo lo posible por ignorarlos, sin embargo, no lo consiguió.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Andrew al notar que permanecía inmóvil en su lugar.

—Lo siento, gracias —respondió y trató de concentrarse en su trabajo, empezó a decirle cuál era su agenda para ese día y le mostró los documentos que tenía pendiente de revisar.

Andrew estaba divertido con aquella muchacha y más al ver su nerviosismo, sabía que se debía al hecho de que todos los observaban.

—Pasemos a la oficina y ahí terminas de ponerme al día —dijo interrumpiéndola, y ella lo siguió.

Isabella dejó la puerta abierta y se mantuvo cerca para salir de inmediato, no necesitaba que los demás siguieran hablando de ella.

—¿Qué sucede? —cuestionó Andrew al verla tan alejada.

—Nada. —Trató de mostrarse normal, pero quería salir de ahí.

Él se acercó a la puerta y la cerró, tomó la mano de su secretaria y la llevó al sitio en donde normalmente se sentaba.

—No sé por qué quieres que las cosas entre nosotros cambien, pero te advierto que no voy a permitirlo —aseguró y se sentó frente a ella.

Isabella se estremeció al ver sus ojos, notó algo extraño en ellos y, por un instante, pensó en marcharse. Sin embargo, comenzó a hablarle nuevamente de los documentos para poder volver a su escritorio.


La mirada inquisidora que le dirigía su esposa lo puso nervioso, le dio la impresión que podía ver a través de él. «Tal vez me descubrió», pensó mientras esperaba a que ella hablara. Alice llegó a la empresa Hale y subió directamente a la oficina de su esposo, entró y le ordenó a Rosalie que saliera de ahí, sin importarle el asunto que pudieran estar tratando. Rose quiso responderle, pero Jasper se lo impidió e insistió en que los dejara solos.

—Dilo de una vez —pidió Jasper sintiéndose descubierto, no quería retrasar más el momento.

—¿Es cierto que vas a viajar la próxima semana? —preguntó furiosa.

—Sí.

—No lo puedo creer —contestó indignada—. Cómo es posible que vayas a estar fuera en nuestro aniversario.

Alice continuó hablando, pero Jasper no le prestó atención, estaba aliviado por no haber sido descubierto.

—Iré contigo —resolvió Alice.

—¿A dónde? —cuestionó él sin saber cómo reaccionar.

—Si tú sales de viaje, yo te acompañaré a partir de ahora —dijo con mucha seguridad, en su mente empezó a planear todo lo que haría en sus vacaciones.

—Es un viaje de negocios, no voy a tener tiempo para ti —replicó, tratando de hacerla entrar en razón. Para él no era conveniente su compañía y tampoco la quería, tenía planes con Irina y no deseaba modificarlos—. No puedes dejar solos a los niños, ellos te necesitan.

—Ni siquiera notarán nuestra ausencia —respondió sin ninguna duda, confiaba en Carmen y en sus cuidados—. Será como una segunda luna de miel.

—No, yo me iré y tú te quedarás en casa con los niños esperando mi regreso, como lo has hecho siempre. Después saldremos a algún sitio si es que quieres celebrar nuestro aniversario. —No iba a permitir que ella arruinara sus planes y mucho menos que dejara solos a sus hijos.

—Pero…

—No voy a continuar escuchándote —dijo elevando un poco el tono de su voz—. Ahora, retírate que tengo mucho trabajo.

El enojo de Alice aumentó, tomó su bolso y salió de la oficina, ella no permitiría que Jasper se fuera solo, no le importaba a quien tuviera que recurrir para conseguirlo.


Isabella se sentía asfixiada en su trabajo, tenía la sensación que todos la observaban y criticaban, pero también el cambio de actitud de Andrew la desconcertaba. Él siempre la trataba amablemente, pero ahora le parecía diferente, como si quisiera decirle algo. Prácticamente toda la mañana tuvo que estar en su oficina, las pocas veces que había salido por unos papeles a su escritorio, sintió que la seguía con la miraba y estaba atento a cada uno de sus movimientos. En varias ocasiones, él le tomó de la mano o se acercaba demasiado, y ella no lograba concentrarse.

—Vamos a almorzar —dijo Andrew sacándola de sus pensamientos, le extendió la mano esperando por ella.

—Lo siento, quedé de almorzar con Edward —contestó y se puso de pie—. Seguramente ya me estará esperando.

—No creo que eso sea posible, Emmett dijo que tenían mucho trabajo y seguramente pedirían que les lleven el almuerzo a su oficina —explicó, él tenía todo planeado para que los encuentros entre Edward e Isabella fuesen nulos, al menos dentro de la empresa.

Isabella de inmediato se comunicó con Edward, y efectivamente él no podía acompañarla.

—Entonces, ¿vendrás conmigo? —preguntó con una sonrisa triunfal. Ella lo consideró por unos instantes, pero finalmente aceptó, pensó que quizá todo estaba en su mente y no existía ningún cambió en la actitud de su jefe. Además, lo menos que deseaba era ir sola al lugar en donde sabía estarían todos sus compañeros de trabajo.


Alice llegó a la mansión de los Hale y tocó la puerta por varios minutos, pero parecía que no había nadie, estaba por marcharse cuando el auto del señor Hale llegó. Lo saludó y pidió hablar con él de algo importante. Entraron a la casa, Alice se sorprendió al ver todo vacío, él le explicó que estaban por salir de viaje con su esposa y que la casa permanecería cerrada hasta su regreso, por lo que todo el personal estaba de vacaciones.

—Vine a pedirle que, por favor, no envíe a Jasper de viaje, sus hijos y yo le necesitamos. Él casi no pasa tiempo con nosotros —dijo tristemente.

—Alice, ese asunto no está en mis manos, él y Rosalie son los que dirigen la empresa, yo no tengo nada que ver —contestó, él conocía la manera de ser de Alice y estaba seguro que sólo fingía su tristeza, ya que podía ver la ira en su mirada.

—Por favor, hable con él, Rosalie puede ir en su lugar.

—Lo siento, no puedo interferir, y si no tienes nada más que decir…

Alice se enfureció y lo interrumpió, empezó a gritar y a romper lo poco que había a su alcance. Estaba acostumbrada a siempre obtener lo que quería e iba a hacer todo lo posible por conseguirlo.

—¡Ya basta! —gritó él y logró sujetarla. Empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho, pero aun así no quiso soltarla.

—¡Suéltame! —exigió y forcejeó para liberarse—. Yo sólo quiero que Jasper se quede conmigo.

El dolor que sentía se intensificó cuando Alice lo golpeó en el pecho.

—¿Se encuentra bien? —preguntó asustada al ver a su suegro pálido en el suelo.

—Ayúdame —pidió y le extendió la mano. Ella pensó en llamar una ambulancia, pero al ver que se desmayaba se puso nerviosa y salió corriendo.


Edward almorzó con Emmett en la oficina, no entendía el motivo de quedarse a trabajar, ya que prácticamente no tenían nada pendiente, todo estaba en absoluto orden; además, lo que tenía que hacer bien lo pudo haber realizado después del almuerzo.

—Hoy podrás marcharte temprano. —Terminó de decir Emmett.

—¿Qué?

—Es porque te quedaste y como no tenemos nada pendiente, podrás irte.

—Está bien —contestó sin ganas, pensando en qué habría pasado con Isabella «seguramente está molesta por haberla dejado sola», pensó.

—¿Te preocupa algo?

—No, nada.


Isabella escuchó atentamente el poema que Andrew terminó de recitar y lo miró deslumbrada, él sabía cómo hablarla, qué decir o cómo tratarla para que se sintiera mejor. Había admitido que el detalle de la rosa le encantó, y en pocos minutos se sintió nuevamente cómoda a su lado.

La hora del almuerzo pasó rápidamente, sin embargo, ella adoptó una nueva actitud. Decidió que no le importaría lo que los demás pensaran, se dedicaría a hacer bien su trabajo y continuaría con su amistad con Andrew.

—Te ves más relajada —comentó Andrew mientras iban de regreso en el auto.

—Lo estoy, creo que estaba haciendo un problema de algo sin importancia.

—¿Cuál era el problema? —preguntó a pesar de que él ya lo sabía.

—No creo que deba decírtelo. —Se quedó pensativa, si bien había dicho que no le importaría, no consideró la reacción de su jefe cuando se enterara de los rumores.

—¿Por qué?

—Porque no vale la pena.

—Aun así quiero saberlo. —Andrew estacionó el auto y abrió la puerta para ella, caminaron juntos hasta que llegaron a la oficina.

Isabella fue directa a su escritorio para continuar con su trabajo, Andrew pensó en hablar con ella, pero en ese momento era imposible, unos clientes ya lo esperaban.


Alice llegó a su casa todavía nerviosa. Uno de sus hijos la vio y corrió hacia ella para abrazarla.

—Ahora no, Alec —le gritó y bruscamente lo apartó de ella para correr hacia su habitación.

El pequeño se quedó en silencio viendo las escaleras por donde había desaparecido su madre segundos antes.

—Seguramente está muy cansada —dijo Carmen al acercarse, ella presenció la escena a lo lejos, conocía el carácter de Alice y sabía que no le demostraba mucho cariño a sus hijos, pero jamás pensó que lo trataría de esa manera—. Ven, vamos con tu hermano a jugar.


Edward salió temprano de su oficina y antes de marcharse pensó en buscar a Isabella, consideró esperarla hasta la hora de salida.

—No es necesario, Edward, puedes irte —insistió Isabella, ya que sabía que ese día no saldría temprano.

—Puedo esperar, de todos modos no tengo nada más que hacer. —Se encogió de hombros—. Y, puedo ayudarte con tu trabajo.

—Te lo agradezco pero no —dijo sonriendo, no quería ocasionarle molestias—. Además, recuerda que quedamos en ir con Rosalie y ya que no podré salir pronto, al menos tú podrías pasar por ella al trabajo y luego nos reunimos para la cena con sus padres.

Rosalie les había contado que sus padres salían de viaje y los invitó a una cena que harían para despedirlos. Como querían que fuera sorpresa, habían organizado todo en casa de los Cullen, y Rosalie era la encargada de llevar a sus padres.

—Rose se enojará si no llegamos a tiempo —comentó Edward, la había visto molesta un par de ocasiones y si quería continuar siendo bienvenido en su departamento era mejor no hacerla esperar—. Iré por ella y luego recogeremos a sus padres, creo que te dará tiempo de llegar a mi casa y no te preocupes si llegas antes, ya que sabes que mi mamá te recibirá encantada.

—Lo sé, por alguna razón Esme parece quererme.

—Es porque sabe que eres una buena persona —contestó mientras se acercaba a ella, la rodeó con sus brazos y le dio un rápido beso en la mejilla—. Nos vemos en la noche —dijo antes de marcharse.

Andrew lo vio despedirse y llamó a Isabella a su oficina. Él quería preguntarle sobre su cita con Edward, pero no iba a admitir que escuchó su conversación, así que le recordó la conversación que había quedado pendiente e insistió hasta que, finalmente, ella le contó sobre los rumores existentes en la empresa.

—Parece que te he traído muchos problemas —dijo él sin dejar de observarla fijamente.

—No ha sido tu culpa, ni la mía.

—Lo sé. —Se levantó de su asiento y caminó hacia ella—. ¿Te molesta mucho lo que dicen?

—Me incomoda, no quiero que nadie tenga una idea equivocada, sin embargo, sé que no puedo hacer nada para detenerlos. —En un inicio, consideró hablar con ellos, pero sabía que sería inútil. Andrew tomó su mano y empezó a acariciarla, ella de inmediato se apartó.

—No te apartes —comentó sonriéndole—. ¿Es tan malo que te relacionen conmigo?

—No es eso, solo que no quiero que inventen cosas. —Trató de disimular su nerviosismo, estaba desconcertada.

—Yo te quiero, Isabella —admitió y la atrajo hacia él—. Me atraes.

Ella únicamente lo miraba, no sabía qué decir ni cómo actuar, así que simplemente se dedicó a escuchar. Pensó en marcharse, pero él la sujetaba fuertemente y había una parte de ella que se negaba a alejarse. Así que permaneció inmóvil mientras él se acercaba lentamente a sus labios, y un sinfín de emociones la invadió cuando la besó.


Edward esperó a Rosalie afuera de la empresa Hale, se alegró cuando ella le permitió conducir su auto, conversaron animadamente mientras ella le daba las indicaciones para llegar a su casa.

—¿Estás seguro que mi amiga llegará a tiempo? —inquirió Rosalie.

—Por supuesto, puede que llegue antes que nosotros, así que hay que darnos prisa.

Se estacionaron frente a la casa y bajaron del auto, en ese momento otro coche llegó. Rosalie saludó a su mamá, quién había salido a realizar unas últimas compras antes del viaje.

—Vinimos a invitarlos a cenar —explicó Rose mientras Edward ayudaba a cargar las bolsas—. Por favor, no voy a verlos en mucho tiempo y necesito que compartan esta última noche conmigo.

—¿Estará Jasper presente? —preguntó su madre.

—Sí, él irá —contestó Rosalie un poco molesta, al principio no quería invitarlo, pero Isabella la convenció de hacerlo.

—Bien, entremos y le diremos a tu padre. —Abrió la puerta sonriente, pero se detuvo al encontrar varias cosas rotas y temió que algo malo hubiera ocurrido.

Edward y Rosalie entraron deprisa, miraron a su alrededor desconcertados, Rose corrió a buscar a su padre y empezó a llamarlo, no tardó mucho en encontrarlo.

—¡Papá! —gritó al verlo en el suelo, se acercó a él y empezó a hablarle.

Edward llamó a una ambulancia y luego se acercó a su amiga para ver si podía ayudar en algo, la madre de Rosalie lloraba mientras esperaba que despertase.